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lunes, 20 de junio de 2016

PECADO de Laura Restrepo.

Editorial: Alfaguara.
Fecha publicación: marzo, 2016.
Precio: 18,90 €
Género: Narrativa. 
Nª Páginas: 352
Edición: Tapa blanda con solapas.
ISBN: 9788420419183
[Disponible en eBook;
Puedes leer el primer capítulo aquí]


Autora

Laura Restrepo (Bogotá, 1950) publicó en 1986 su primer libro, Historia de un entusiasmo (Aguilar, 2005), al que siguieron La Isla de la Pasión (1989; Alfaguara, 2005 y 2014), Leopardo al sol (1993; Alfaguara, 2005 y 2014), Dulce compañía (1995; Alfaguara, 2005 y 2015), La novia oscura (1999; Alfaguara; 2005 y 2015), La multitud errante (2001 y 2016), Olor a rosas invisibles (2002; Alfaguara, 2008), Delirio (Premio Alfaguara 2004), Demasiados héroes (Alfaguara, 2009 y 2015), Hot sur (2013) y Pecado (2016). Sus novelas han sido traducidas a más de veinte idiomas y han merecido varias distinciones, entre las que se cuentan el Premio Sor Juana Inés de la Cruz de novela escrita por mujeres; el Premio Alfaguara de novela 2004; el Prix France Culture, premio de la crítica francesa a la mejor novela extranjera publicada en Francia en 1998; el Premio Arzobispo Juan de San Clemente 2003, y el premio Grinzane Cavour 2006 a la mejor novela extranjera publicada en Italia. Fue becaria de la Fundación Guggenheim en 2006 y es profesora emérita de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos.

Sinopsis


Virtudes y crímenes son intercambiables entre sí y reversibles: la naturaleza desdoblada del pecado, sus varias caras de poliedro.



Como sacados de un cuadro de El Bosco, los protagonistas de este libro son Arcángel, el adolescente asesino; Luis B. Campocé, el ejecutivo adúltero; Emma, la descuartizadora; una pareja incestuosa; un verdugo apodado La Viuda; las Susanas, tres hermanas indiferentes o vanidosas, y el Siríaco, profeta soberbio.



La perturbadora y ambigua idea de pecado se encarna en todos ellos. El jardín de las delicias ha dejado de esta colgado en el museo y se muestra más real que nunca, vivido por estos personajes de carne y hueso que nos confiesan al oído su particular relación con el mal. ¿Hasta qué punto son culpables? Sobre el lector recaerá el reto moral de condenarlos o, tal vez, de indultarlos.

Con la fuerza y la sensibilidad que caracterizan su literatura, Laura Restrepo indaga en la complejidad ética de la transgresión a través de una narración inquietante, original, por momentos aterradora y al mismo tiempo dulcemente humana. Cada pecado trae consigo su correspondiente culpa, pero también su gota de alivio.



[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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En ocasiones me suele ocurrir que los relatos me piden una relectura, especialmente si están magistralmente escritos. Sé que hay lectores que suelen decir que los relatos los dejan a medias pero pensando mucho quizá el enfoque es erróneo. Lo mismo somos nosotros, los lectores, los que dejamos a media los relatos. Me explico. La habilidad de un escritor en este género debe ser sobresaliente. Escribir una novela con todos sus peregiles, sin límite en la extensión, facilita las cosas a la hora de contar una historia. No ocurre así con la brevedad de un relato, en el que el autor ha de condensar en unas cuantas páginas todo un argumento, sin dejarse nada atrás y consiguiendo encandilar al lector. En esa extraordinaria capacidad reside la magia del relato y para ello, quizá el lector tenga que hacer un esfuerzo extra. Por eso digo que, ocasionalmente este género me pide una relectura pues de otro modo sí puede suceder que me quede incompleta.

Es lo que me ha pasado con Pecado, el nuevo libro de Laura Restrepo que leí a principios de abril y en el que me he embarcado por segunda vez la semana pasada. Aunque Pecado no es un libro de relatos propiamente, al menos su autora lo concibió como una novela, el hecho de que esté compuesto por nueve historias relativamente breves induce a considerarlo como tal. Mi sensaciones con la segunda lectura han venido a corroborar lo que os explicaba antes. Ahora, he llegado a percibir matices que se me escaparon con la primera lectura y el resultado final ha sido mucho más satisfactorio.

Con una estructura cíclica que se abre con Peccata mundi (1) y se cierra con Peccata mundi (2), la autora colombiana nos propone un paseo por un compendio de historias en las que el mal está muy presente, con unos personajes que, a su modo, construyen su propio código moral, una ética peculiar con más de un doblez y que en ocasiones conduce al sacrificiosiendo el hilo conductor, de un modo un otro, el cuadro El Jardín de las Delicias de El Bosco, que en su día perteneció a Felipe II, donde él «veía los secretos de su alma». Tal es así que, la faja que acompaña al libro viene a decir «Un viaje al corazón del mal inspirado en El Jardín de las Delicias».




Analizar el cuadro de cerca supone sumergirte en un mundo extraño pues no deja de ser una obra ambigua y oscura, un tríptico con tres fases, quizá los tres estados del hombre: la pureza, lo mundano, y la depravación. Fue una obra por la que el monarca, del que se dice que «Su cabeza es la de un moralista y su cuerpo el de un libertino» [pág. 19] y al que sus pecados en vida no le debajan ascender a los cielos, sintió fascinación. Y así como para el que fue llamado el Señor de Negro se convirtió en una obsesión, también será una obra por la que los personajes de este libro se sientan atraídos. 

Resulta interesante tener la pintura a la vista o bien representada en nuestra mente mientras se lee este libro pues son múltiples las referencias a los detalles pictóricos que la componen, en una descripción casi meticulosa que invita a indagar sobre el pintor y su intención a la hora de plasmar en estas tablas una alegoría del mundo.

martes, 12 de abril de 2016

ENTREVISTA a LAURA RESTREPO (Pecado).

Autora

Laura Restrepo (Bogotá, 1950) publicó en 1986 su primer libro, Historia de un entusiasmo (Aguilar, 2005), al que siguieron La Isla de la Pasión (1989; Alfaguara, 2005 y 2014), Leopardo al sol (1993; Alfaguara, 2005 y 2014), Dulce compañía (1995; Alfaguara, 2005 y 2015), La novia oscura (1999; Alfaguara; 2005 y 2015), La multitud errante (2001 y 2016), Olor a rosas invisibles (2002; Alfaguara, 2008), Delirio (Premio Alfaguara 2004), Demasiados héroes (Alfaguara, 2009 y 2015), Hot sur (2013) y Pecado (2016). Sus novelas han sido traducidas a más de veinte idiomas y han merecido varias distinciones, entre las que se cuentan el Premio Sor Juana Inés de la Cruz de novela escrita por mujeres; el Premio Alfaguara de novela 2004; el Prix France Culture, premio de la crítica francesa a la mejor novela extranjera publicada en Francia en 1998; el Premio Arzobispo Juan de San Clemente 2003, y el premio Grinzane Cavour 2006 a la mejor novela extranjera publicada en Italia. Fue becaria de la Fundación Guggenheim en 2006 y es profesora emérita de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos.

megustaleer - Pecado - Laura RestrepoSinopsis


Virtudes y crímenes son intercambiables entre sí y reversibles: la naturaleza desdoblada del pecado, sus varias caras de poliedro.

Como sacados de un cuadro de El Bosco, los protagonistas de este libro son Arcángel, el adolescente asesino; Luis B. Campocé, el ejecutivo adúltero; Emma, la descuartizadora; una pareja incestuosa; un verdugo apodado La Viuda; las Susanas, tres hermanas indiferentes o vanidosas, y el Siríaco, profeta soberbio.

La perturbadora y ambigua idea de pecado se encarna en todos ellos. El jardín de las delicias ha dejado de esta colgado en el museo y se muestra más real que nunca, vivido por estos personajes de carne y hueso que nos confiesan al oído su particular relación con el mal. ¿Hasta qué punto son culpables? Sobre el lector recaerá el reto moral de condenarlos o, tal vez, de indultarlos.

Con la fuerza y la sensibilidad que caracterizan su literatura, Laura Restrepo indaga en la complejidad ética de la transgresión a través de una narración inquietante, original, por momentos aterradora y al mismo tiempo dulcemente humana. Cada pecado trae consigo su correspondiente culpa, pero también su gota de alivio.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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La autora colombiana Laura Restrepo pasó por Sevilla hace unas semanas para presentar su nueva novela Pecado, un compendio de ocho historias independientes con un hilo conductor común, el mal y con una obra pictórica como telón de fondo, El jardín de las delicias de El Bosco. 

Laura Restrepo es una mujer con un amplio bagaje y con un sinfín de experiencias acumuladas año tras año en su trayectoria como periodista y/o como escritora. A veces, cuando me siento a conversar con personas como ella, siento que el mundo se abre ante mí y me desvela un universo que jamás hubiera pensado. Sin duda, aprendo mucho de estos encuentros, momentos en los que, en ocasiones, la persona que tengo enfrente desnuda su alma. 

De Pecado, del mal en todas sus variantes, de personajes con una moral dudosa, de sufrimiento, de dolor y por supuesto de Colombia, hablamos con Laura Restrepo. Esto es lo que nos contó.    


Marisa G.- Laura, hasta donde yo sé, usted siempre ha sido escritora de novelas. Con Pecado se adentra en un formato nuevo, ¿no?

Laura R.- A mí me gusta verlo como una novela, al menos, la concebí así, pero sí tiene una estructura mucho más abierta. Hay un hilo conductor que la recorre pero luego tiene capítulos independientes entre sí aunque todos giran alrededor de lo mismo. 

El jardín de las delicias de El Bosco está siempre presente en el libro, un cuadro que representa la gran épica del pecado original y al que todos los personajes se enfrentan tarde o temprano. El pecado es como un poliedro, tiene muchas caras, muchas interpretaciones y me gusta penar en cada uno de esos capítulos como cada una de las caras de ese pecado.


M.G.- Efectivamente, se puede entender como una novela con capítulos que se pueden leer de manera independiente y que tienen un denominador común, esa tendencia al mal de ser humano. Me gustaría saber por qué usted ha querido reflejar en estas historias esa parte oscura del hombre.

L.R.- Creo que es algo dual. Por un lado, muchos de los personajes se enfrentan al mal pero, por otro, tienen herramientas o construyen su propio código ético o sacan de algún lado la fuerza para poder enfrentarse a ese mal. Yo no quería historias de gente destrozada, que el mal les pase por encima y los muela, quería personajes que, de alguna manera, por pecaminosos o sangrientos que fueran sus crímenes, mantuvieran una cierta dignidad o ética interna, que les permita enfrentarse a lo que están haciendo. Por ejemplo, hay una historia titulada Pelo de elefante que trata sobre un verdugo. Quizá sea el personaje más religioso de todos porque interpreta como un ritual cada una de sus ejecuciones. Para eso leí mucho sobre el terror en la revolución francesa, como toda una sociedad se arma de una peculiar ética que le permite pensar que pasar por la guillotina a cientos de personas puede ser una formulación ética. Pero como te digo, está el mal y su contra-cara, una dignidad humana que permite enfrentar al hombre contra el mal o bien lidiar con él. 

M.G.- El personaje de esa historia que comentas es el que quizá tenga algo más de conciencia que los demás, especialmente al actuar como lo hace en el desenlace.

L.R.- Yo creo que es el más atormentado de todos porque hay algunos que simplemente no tienen noción de que lo que están haciendo es realmente malo. 

M.G.- Fíjese que estas semanas me ha estado persiguiendo el mal en formato literario. He leído sus pecados pero también me enfrenté a otra novela cuyo protagonista era la propia reencarnación del mal.

L.R.- ¿Sí? ¿Cuál?

M.G.- Pues Historia de un canalla de Julia Navarro.

L.R.- Ah, claro. Yo estuve en la presentación de ese libro.

M.G.- Me parece muy curioso que en tan poco tiempo haya leído dos libros en los que el mal es el eje de la trama. Es como si quizá el ser humano estuviera llegando a unos límites desorbitados y desde un punto de vista, en este caso literario, hubiera que hacer una llamada de atención para advertirnos que estamos trasgrediendo demasiado los límites.

L.R.- Es que realmente es así. En el caso del libro de Julia aparece la corrupción que no se llega a entender y menos aún la tolerancia de los seres humanos que seguimos votando por los corruptos. En cierto modo se han convertido en un ejemplo ético a seguir. Creo que es a eso a lo que se enfrenta Julia, pero claro  hay otras formas de mal que también empiezan a cubrirte como una manta que asfixia, por ejemplo el maltrato a la naturaleza que claramente empieza a mandar un mensaje de advertencia porque no da más de sí, la indiferencia frente al sufrimiento de todos los demás seres humanos, -¡cómo puede avanzar tanto la raza humana con sectores de población que está pasando tanto sufrimiento!-, el maltrato del ser humano a los animales,... Como tú dices, el tema de alguna manera se impone porque lo sentimos muy encima.

M.G.- Hay que crear conciencia. No podemos seguir avanzando en esta dirección porque vamos a perder la posición de seres racionales.

L.R.- Y una dirección que además no lleva a ningún sitio. Se desploma la ética religiosa que nos indicaba lo que estaba bien o mal, lo que era pecado y lo que no, y encima no construimos una ética civil que la reemplace. No sabemos lidiar con nuestro entorno, nos hacemos los locos. Sin duda, esto no es casual.

M.G.- El libro se llama Pecado pero el concepto de pecado desde el punto de vista religioso en estos tiempos ha quedado difuminado. El mal se concibe hoy desde otro ángulo, es otra dimensión. No sé si estarás de acuerdo conmigo.

L.R.- Sin duda. La palabra pecado está pasada de moda. Es una palabra de misal o me gusta pensarla como palabra de bolero, ese Pecado, tremendo bolerazo, que tiene tanta magia, pero entiendo que es una palabra que juzga y eso no lo quería en el libro. 

Quería que el libro se llamara Peccata mundi, entre otras cosas porque la decisión de escribir el libro la tomé aquí, en un bar sevillano que se llama Pecata mundi

M.G.- ¿De verdad?


L.R.- Sí, sí... un bar al que fui con unos amigos sevillanos. El pecado habrá desaparecido de otras partes del planeta pero en Sevilla lo sacan a caminar por las calles. Aquí tenéis una capacidad de representación simbólica que a mí me parece prodigiosa, seas religioso o no. Y quería llamar al libro Peccata mundi porque además lo ubica más temporalmente. Peccata mundi tiene que ver con la gran discusión teológica de los tiempos, incluyendo la época de El Bosco, cuando la palabra pecado tenía otro tipo de resonancia. Hoy en día ha ido perdiendo contenido pero no pierde el eco.

M.G.- Ha comentado usted antes el cuadro El jardín de las delicias de El Bosco, una pintura sumamente simbólica. No sé si usted cuando pergeñó la idea del libro ¿inmediatamente lo conectó con el cuadro o esa conexión vino después?



L.R.- No. Recuerdo que de pequeña mis padres me llevaron varias veces al Prado para verlo pero además tenían representaciones en la casa y de niña yo tenía la sensación de que me tenía que esconder para mirarlo. Había algo oculto ahí, algo perturbador pero también muy fascinante. Es, junto con Las Meninas de Velázquez, el cuadro que más visitas recibe. Hay tanta ambigüedad en ese cuadro... No sabes si te está planteando algún tipo de moral o si, por el contrario, es algo totalmente antimoral. Por ejemplo, el pecado y el castigo es básicamente lo mismo. La lujuria es el pecado y cuando se castiga en el infierno es precisamente mediante actos lujuriosos. Hay mucha ambivalencia. Además es muy inquietante ver cómo la frontera entre los humanos y los animales se ha borrado. Hay hombres que parecen insectos, le salen patas de donde no corresponde. Es tremendo.

M.G.- Este año se está celebrando el quinto centenario de la muerte de El Bosco y creo que el Museo del Prado está organizando unas jornadas en las que usted va a colaborar.

L.R.- Sí. Están montando un vídeo donde salen escritores a hablar del cuadro y me invitaron a participar. Yo siempre vi el cuadro en la sala 56A con una multitud de personas y ahora, para filmar el vídeo, me llevaron a las 8 de la mañana, cuando el museo estaba todavía desocupado y lo vi allí, en solitario. Me di cuenta de que el cuadro es enorme, algo de lo que no había advertido hasta ahora y además es un triplico que te envuelve, tiene una cosa magnética tremenda, se sentía el rugido del cuadro. Es fascinante. 

M.G.- Felipe II también es un personaje que aparece en estas historias, un monarca con una vida muy peculiar, al margen de su rol de monarca, tenía unas obsesiones oscuras...

L.R.- Es una figura muy ambiguo también. Su obsesión con el mal es absoluta. Fue llamado a erradicar el mal de su sagrado imperio católico con esa maquinaria de la Inquisición que también es un máquina de tortura muy parecida a la representación que hace el Bosco del infierno. 

La figura de Felipe II es muy interesante. Hice varias visitas a El Escorial, buscando esos símbolos duales. Por ejemplo, la parrilla, el emblema que aparece por todos lados en El Escorial, está marcada en las piedras, en los escalones, en las paredes. La parrilla la pone Felipe como su gran emblema porque es el instrumento de tortura para San Lorenzo, que muere asado por su fe, pero al mismo tiempo, Felipe está mandado a la hoguera a gente porque tienen una fe que no es la suya. Entonces, ¿quemar es bueno o malo?

M.G.- Es una doble moral, ¿no?

L.R.- Una doble moral, sí. Son los elementos de la perplejidad, ¿cómo ha hecho la humanidad para moverse con ciertos cánones que en el fondo son totalmente móviles y duales?

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