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lunes, 9 de marzo de 2020

LA NOSTALGIA DEL LIMONERO de Mari Pau Domínguez


Editorial: Espasa
Fecha publicación: octubre, 2019 
Precio: 19,20 €
Género: Narrativa 
Nº Páginas: 440 
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubiertas 
ISBN: 9788467056372 
[Disponible en eBook y Audiolibro; 
puedes empezar a leer aquí]


Autora

Mari Pau Domínguez (Sabadell, 1963), tras licenciarse en Ciencias de la Información, comenzó su carrera en El Periódico de Cataluña y Diario 16. Posteriormente ha participado como periodista en el inicio de la televisión matinal en España, en TVE (Por la mañana), los telediarios así como en diversos programas de entrevistas de TVE, Telemadrid (Telenoticias y La Hora de Mari Pau), la cadena SER, la radio y la televisión pública de Cataluña, así como en Castilla La Mancha TV y en La Sexta y 13TV. 

Ha sido presidenta del Consejo de Administración de la Radio Televisión Madrid. Desde que en 1993 publicara su primer libro, han aparecido novelas como La tumba del irlandés (2000), Dime que no eres tú (2006), El diamante de la reina (2008), La casa de los siete pecados (2009) –distinguida con el I Premio CajaGranada de Novela Histórica– y Una diosa para el rey (2011), Las dos vidas del capitán -recreación histórica del caso Odyssey- (2014), y la última La corona maldita (2016), así como el ensayo sobre maternidad Ahora o nunca. Además, es autora del poemario El universo en ciernes, que se ha convertido en un discolibro en el que han colaborado entre otros Miguel Ríos, Ana Belén, Víctor Manuel y Luis Eduardo Aute.

Sinopsis

En las páginas de esta novela al lector le parecerá que se reencuentra con viejos conocidos, casi parientes muy cercanos cuya historia no sólo merece sino que conviene recordar: sus protagonistas son Concha, andaluza emigrada a Cataluña en los años 60, y su hija Paz.

Tras un traumático divorcio que la deja prácticamente en la ruina, económica y también emocional al comprobar que su matrimonio había sido una farsa, Paz regresa a la antigua casa familiar, un lugar del que se fue para no volver. Estaba harta de ser «la catalana» durante los veranos en el pueblo de Sevilla de donde proceden y «la andaluza», el resto del año en su barrio de Barcelona. Vuelve con muchas cuentas pendientes y una amarga sensación de fracaso que cuadra muy bien con la crisis social y política del país.

Paz nunca ha conocido los detalles de la historia de su madre, Concha, una mujer llena de energía y pasión, que va plantando cara a los reveses que se le van presentando: la decepción de su matrimonio, las terribles riadas del 1962, la dureza de los primeros años en Cataluña, la imposibilidad de realizarse a través de una historia de amor en la madurez, y la distancia cada vez mayor con su única hija, en la que proyecta todas sus ilusiones.


[Información tomada directamente del ejemplar]



La palabra "emigración" figura como un vocablo en negrita dentro del diccionario español. ¿Quién no tiene un abuelo, un tío, un amigo que, un buen día, decidió hacer la maleta, dejar atrás su tierra y buscar un futuro mejor? Alemania y Suiza fueron dos de los destinos elegidos. El cine español está lleno de largometrajes que narran el periplo de esos emigrantes y las penurias que tuvieron que pasar fuera de su tierra. De hecho, Francia sigue siendo un país que acoge a muchos hombres y mujeres durante la época de la vendimia. Pero para emigrar, no hacía falta traspasar fronteras. Cataluña era una tierra con ganas de prosperar en este país que languidecía bajo la dictadura. Necesitaba mano de obra, y hasta allí se fueron muchos extremeños, murcianos y andaluces. Cataluña fue conocida como "la novela provincia de Andalucía". ¿Les esperaba el paraíso? Obviamente no, pero allí sí encontraron el trabajo que escaseaba en sus lugares de origen, allí formaron una familia y allí hicieron su vida. Algunos consiguieron adaptarse a los cambios. Otros nunca dejaron de padecer la enfermedad de la nostalgia.

Mari Pau Domínguez escarba en la historia de su familia para construir la trama de La nostalgia del limonero. La novela está inspirada en hechos y personajes reales y, aunque no deja de ser una historia de ficción, sí recoge bastantes episodios reales de su familia, según pudimos saber durante la ruta literaria que realizamos junto a la autora por Osuna, uno de los escenarios de la novela. Con Diego y Concha, protagonistas de esta historia, la autora quiere rendir homenaje no solo a sus padres, sino a todos esos hombres y mujeres que, como decía antes, dejaron su casa y se encaminaron hacia "un futuro incierto". 

La nostalgia del limonero se articula a través de dos líneas argumentales. La primera recrea el pasado, que se inicia en 1955. Diego y Concha viven en Osuna, un pueblo de la campiña sevillana. Ella es la más pequeña de cuatro hermanos, hija de un guardia civil, la joven "más bella y deseada del pueblo", que tiene muchos pretendientes. No le interesan los hombres hasta que aparece Luis Méndez, hijo del terrateniente, un seductor nato que sabe que ostenta el poder para conseguir todo lo que se propone, incluso conquistar el corazón de la joven Concha. Pero las diferencias sociales son tan insalvables que ese amor solo puede tambalearse. No importa, el destino ya ha elegido otro pretendiente. Diego es un joven que conocía mundo, "de complexión atlética, muy bien parecido, moreno de piel aceitunada y con expresión insolente en el rostro". Destinado en Tánger, se muestra desafiante, altanero y desarrolla con la joven un juego de seducción. Ambos se enamoran pero la relación entre ambos no será fácil. De entrada, la familia de ella se opone. Diego es de clase muy baja, no tiene estudios y encima lleva años en Marruecos, rodeado de moros. No serán pocas las objeciones que presenta la familia de la joven y no pocas las veces que intentan romper la relación. Aún así, ellos cogen por la calle de en medio, como se suele decir, y se mudan a Cataluña, en busca de una vida mejor. Allí tendrán que adaptarse a las costumbres de Barcelona, entablarán nuevas amistades, construirán entre todos una familia postiza en la que apoyarse en los momentos más complicados. Sin embargo, una tragedia sacude Barcelona y, más concretamente, los barrios más humildes, donde malvivían los emigrantes. Las riadas de 1962 se llevan muchas vidas por delante y dejan un reguero de destrucción. Aquel trágico suceso supuso un antes y  un después en la vida de Concha y Diego. Mientras ella intenta recomponer su vida, olvidar y seguir adelante, a Diego le mudará el carácter, y le invadirá una oleada de nostalgia y tristeza que nunca más lo abandonará.  Aún así, y con idas y venidas a Osuna, la pareja seguirá afincada en Barcelona, donde nacerá su hija Paz. Habrá desencuentros en el matrimonio, mudanzas a barrios más prósperos y también amores truncados. La vida de Diego y Concha se convierte en una noria.






Otra de las líneas argumentales ancla la trama en el año 2012. Para entonces, Concha se ha quedado viuda, tras la muerte de Diego varios meses atrás, debido al Alzhéimer. Paz, la hija de ambos, tiene 50 años y está en pleno proceso de divorcio de su marido Mario. Periodista y escritora, se siente destruida y busca el refugio de la casa familiar. Para ello dejará atrás Madrid y se muda de nuevo a Barcelona, donde retomará amistades y se reencontrará con su pasado. Un hallazgo entre las viejas pertenencias de un altillo sacan a la luz una realidad que golpea a Paz duramente. Un hatillo de cartas remitidas por Pedro, aquel niño que ella conoció en Altea en 1973, durante las vacaciones de Semana Santa, revolverá aún más su vida y provocará importantes fisuras entre su madre y ella. Traicionada, así se siente Paz.

La nostalgia del limonero es una novela que no solo habla de emigrantes y dificultades para superar obstáculos y construir una vida digna, también habla de secretos, de viejos amores, de nuevas ilusiones, de oportunidades perdidas y otras que surgen de repente. Para ello, la autora permite al lector recorrer la vida de los personajes desde el año 1955 hasta el 2012, casi sesenta años para lo que emplearán importantes saltos en el tiempo. Ambas líneas transcurren de forma paralela, hasta llegar a un punto en el que ambas convergen. Ninguna de las dos líneas predomina sobre la otra, y ambas resultan igual de interesantes. Sin embargo, el pasado ocupa mayor parte de la narración y para mí, es la parte de la trama que más me ha gustado.

Con respecto a los personajes, aunque Diego y Concha ostentan el protagonismo principal, estamos ante una novela coral, por lo que serán muchos los nombres que anden entre estas páginas. La construcción de sus personalidades es sólida y mutable, lo que otorga a los personajes mucha verosimilitud. Diego es uno de los personajes que más va a evolucionar a lo largo de las casi cuatrocientas cincuenta páginas. Como dije antes, las riadas del año 1962 lo marcarán para siempre. Si bien, de joven era un muchacho alegre e impetuoso, con ganas de vivir y de luchar, aquel acontecimiento lo sumerge en una profunda pesadumbre. Osuna vuelve a él cada vez con más fuerza, aumentando su deseo de regresar a la tierra en la que fue feliz, abortando su aventura de emigrante. Diego es un personaje que causa mucha ternura en el lector, pues lo veremos naufragar en muchas ocasiones, y sentiremos el deseo de tenderle una mano. 

Sin embargo, el efecto que la tragedia ocasiona en Concha es diametralmente opuesto. De niña fue siempre valiente y obcecada. Se resistía a desempeñar el papel que la sociedad le tenía asignada. El adoctrinamiento a través de la Sección Femenina, que se empeñaba en convertir a las mujeres en buenas cocineras, costureras y fieles esposas, no estaba hecho para ella. Concha tenía sueños y luchó siempre por conseguirlos, aunque solo encontraba una dificultad tras otra. Sin embargo, la novela nos enseñará que, dentro de sus posibilidades, y sabiendo que "lo que uno desea y lo que la vida le ofrece no siempre coinciden", ella se labrará un camino y se adaptará a los tiempos que le ha tocado vivir.

En cuanto al resto de personajes, por supuesto habría que hablar de Paz, hija única de un padre que vive con la amargura pegada a la piel, una madre a la que nunca dejaron ser lo que deseaba, que se ve en una tierra extraña, con un marido que se hunde por momentos y que, si ella no tira del carro, la familia no sigue adelante. Paz y Concha no son tan distintas. En realidad, si analizamos su esfera amorosa, observaremos que en ambas se repiten ciertos patrones como la oposición de unos padres a una relación sentimental que, quizás sí o quizás no, es contraproducente para la hija. En cualquier caso, el personaje de Paz viene a representar esa búsqueda del amor, esa recuperación de un amor de juventud que, tal vez, hoy ya no es lo que era.

Pero, hablando de personajes, hay dos -Carmen y Manuel, hermanos de Concha-, que no quiero dejar atrás, y cada uno de ellos se alza en un extremo. Si Manuel es ese hermano con el que Concha establece una bonita relación de confianza, ese hermano que protege a su hermana y le tiende una mano en los momentos más difíciles, Carmen es todo lo contrario. Este último personaje, maquiavélico, sibilino, egoísta y envidioso, otorga jugo a una familia en la que, como en todas, hay buenos y malos. Pero mejor no desvelar nada al respecto.

En cuanto a los escenarios, los personajes se mueven entre Barcelona y Osuna. El pueblo será ese lugar en el que veremos la juventud de Diego y Concha. Sin excesiva profundidad, se hará referencia al casino, al cine, a las calles y lugares que, de un modo u otro, marcaron los primeros años de la pareja. Y muchos de esos lugares pudimos verlos in situ, durante la ruta literaria que la editorial organizó como antesala de la presentación de este libro en Sevilla. Solo puedo decir que fue mágico recorrer la misma calle Carrera por la que Concha se dejaba ver en compañía de sus amigas Dolores y Anita, siempre pendiente de los mozos que, a su vez, no le quitaban ojo. De ello os hablé un poco en la entrevista a la autora (que puedes leer aquí) y en este vídeo os muestro el recorrido.




No se ahonda mucho en la historia de Osuna más que con pequeñas pinceladas, aunque sí se dibuja la atmósfera de un pueblo, cuya máxima diversión para los jóvenes era pasear las tardes de domingo. Sin embargo, a Barcelona sí la veremos evolucionar. Obviamente, a la llegada de Diego y Concha, la ciudad no tiene el esplendor de hoy. El centro muestra unas Ramblas muy distintas de lo que conocemos hoy, y un barrio chino en el que la decadencia campaba a sus anchas. Debo aclararte que en esta novela no vas a encontrar ningún componente político relacionado con Cataluña.  La autora ha querido dejar fuera de la historia la polémica del independentismo, lo cual le agradezco profundamente porque, de otro modo, le hubiera restado belleza a la novela.

Con una prosa evocadora y emotiva, escrita en tercera persona, y con abundantes citas literarias, que recorren el mapa emocional y literario de la autora, la narración transita a un ritmo sosegado, alterado en los puntos claves, por diversos acontecimientos que imprimen más vértigo a la historia. Considero que Mari Pau Domínguez ha medido muy bien los tiempos para impedir que el lector pierda interés. 

Poco más puedo añadir. La nostalgia del limonero ha sido una lectura bonita y entrañable, cercana, humilde y casi palpable, con unos personajes llenos de dudas y miedos, reales, que han conseguido acercarme a la emigración andaluza de los años 50 a través de una historia, la de Diego y Concha, que recomiendo a todos los lectores.


Películas mencionadas en La nostalgia del limonero:

Zarak (Terence Young,1956)
De repente, el último verano (Joseph L. Mankiewicz, 1959)
Perros callejeros (José A. de la Loma, 1977)






martes, 25 de febrero de 2020

MARI PAU DOMÍNGUEZ: 'Era el momento de dar voz a tantas personas que vivieron como mis padres'

La propuesta no podía ser más interesante. La idea de hacer una ruta literaria por la villa ducal de Osuna, un municipio de la campiña sevillana, en compañía de la autora Mari Pau Domínguez, y algunos medios de comunicación, se me antojaba del todo irresistible. No podía faltar a ese encuentro con la literatura para festejar, en cierto modo, la publicación de la nueva novela de esta autora catalana que posee importantes raíces andaluzas. 

La nostalgia del limonero ha sido una lectura entrañable, cálida y reconfortante, llena de vida con todo lo que ello implica: alegrías y, en el caso de Diego y Concha, los dos protagonistas principales de esta historia, muchísimas penalidades. La nostalgia del limonero rinde homenaje a todas esas personajes que en los años 50 y 60 dejaron sus lugares de nacimiento en busca de un paraíso. Eran años de miseria y hambre, años en los que había que tomar una decisión. O te quedabas anclado a la tierra que te vio nacer, donde no existía ninguna posibilidad, o dabas un paso al frente en busca de un futuro mejor. Es lo que hicieron Diego y Concha, que optaron por abandonar Osuna y emigraron a Cataluña con la esperanza de mejorar su vida. Pero lo que allí encontraron no fue precisamente un paraíso. Aún así, la pareja consigue establecerse en Barcelona, ciudad que recibió el nacimiento de su hija Paz. 

Inspirada en hechos reales, regada con multitud de anécdotas familiares y recuerdos de infancia de la misma Mari Pau Domínguez, La nostalgia del limonero es una novela que rezuma el aroma de otros tiempos. Y hasta Osuna nos desplazamos, para recorrer junto con la autora  las calles, las plazas y los rincones de este pueblo, donde Diego y Concha pasaron parte de su vida, y a donde volvieron durante las vacaciones estivales. Pero Barcelona ya era su hogar.



Marisa G.- Mari Pau, hoy hemos pasado un día fabuloso. Hemos hecho un recorrido estupendo por muchos de los lugares de Osuna que aparecen en la novela. Casi he visto a Diego y a Concha paseando por estas calles.

Mari Pau D.- A mí también me ha parecido un paseo precioso. La verdad es que estoy muy contenta.

M.G.- Llevas unas ocho o nueve novelas publicadas, muchas de ellas de corte histórico. Me pregunto por qué has decidido publicar ahora la historia de tu familia.

M.P.D.- Creo que era el momento de dar voz a tantas personas que vivieron como mis padres. El momento político y social por el que pasa Cataluña me hizo comprender que una novela como esta tenía que ver la luz. Es algo que jamás me había planteado, contar las vivencias de mis padres, pero resulta necesario hablar de todas esas personas que, como mis padres, marcharon a Cataluña entre los años 50 y 60 para trabajar, para deslomarse y dejarse casi la vida, en sentido prácticamente literal, como ocurrió a tantos que sufrieron las riadas de Barcelona en el año 1962. Todos esos hombres y mujeres que dejaron atrás su lugar de origen y emigraron a Cataluña contribuyeron con un grandísimo esfuerzo, con renuncia y muchas dificultades a construir, mejorar y a hacer más próspera una parte de España. Tenía que contar esta historia, y no por mi familia, sin por reflejar la vida tan dura de tantos miles de personas. Ahora era el momento, ahora que hay muchos dirigentes políticos, algunos de ellos en prisión, que creyeron tener el derecho de segregar una parte de España, saltándose la ley, incluso. ¿Pero qué derecho? Con toda esta situación convulsa, mi madre me decía que, ahora que ya se sentía catalana, ¿qué iba a pasar?, si ahora iba a tener que decir que tenía al resto de su familia en el extranjero, en otro país. Y encima, escuchas a ciertos políticos decir que los catalanes no tienen nada que ver con los andaluces, como si vinieran de otro planeta. Es demencial, cuando resulta que hasta aquí han llegado tantas y tantas personas de fuera, cuando somos catalanes mezclados. Precisamente esa mezcla es lo que enriquece.  

Esta novela está teniendo mucha repercusión. Hay muchos hijos de emigrantes, gente que me ha escrito o me ha llamado para darme las gracias, porque se ven reflejados en la historia, o son capaces de ver a sus propios padres en Diego y en Concha. 

M.G.- Cuentas la historia de tus padres como un reflejo de todos esos andaluces, extremeños, murcianos que se marcharon a Cataluña. Casi se puede definir esta novela como la historia de un éxodo.

M.P.D.- Puede ser sí. Además era muy curioso porque, generalmente un miembro de la familia marchaba a Cataluña, en plan avanzadilla, a comprobar si realmente aquel era el paraíso que le habían contado. Y una vez que ese primer emigrante se asentaba, entonces llegaban los demás. Obviamente, Cataluña no era un paraíso. Allí pasaban muchas dificultades pero, desde luego, estaban mucho mejor que en el pueblo. 

Los emigrantes solían vivir todos agrupados en la periferia. Era su manera de protegerse, de cuidarse y ayudarse los unos a los otros. Eran como guetos en los que resultaba más fácil sobrevivir porque, además, era la parte más económica de Barcelona. Así se forjó el Cinturón Rojo, formado por los pueblos de la periferia, donde era fácil conseguir el voto socialista, de ahí lo de Cinturón Rojo.

M.G.- La novela la construyes con dos hilos narrativos. Por un lado está el pasado, la historia de Concha y Diego, pero también hay un presente más reciente con un toque de suspense. Las dos líneas van avanzando de forma paralela.

M.P.D.- Así es, ha sido una estructura compleja pero a la vez apasionante porque esto, o te sale bien o es un pastiche. Procuré emplearme a fondo para que todo casara bien. 

Efectivamente, hay una trama sentimental de suspense con la que invito al lector a acompañar a Paz, la hija de Diego y Concha. Es un viaje que tiene muchos caminos y muchas posibilidades de desembocar en una cosa o en otra, un viaje hacia el pasado en el que Paz, sin habérselo planteado hasta ese momento, decide emprender una búsqueda. He procurado que el lector se identifique con ella y, conociendo su historia, emita sus propias reflexiones.

M.G.- Estamos ante una novela y, como tal, hay ficción pero, escuchándote a lo largo del día de hoy, me doy cuenta de que gran parte de la novela es real. Hay muchos episodios sacados de la realidad.

M.P.D.- Es una novela muy real. Y las cosas que no pasaron, que son invención literaria, están tan al hilo de todo lo que aconteció que también parecen reales. En esta novela me he esforzado mucho para que los personajes parezcan de carne y hueso, para que los puedas imaginar perfectamente, caminando por la calle. 



M.G.- Por eso la novela llega tanto al lector porque la sentimos, casi la podemos palpar. Los personajes son extremadamente humanos. 

M.P.D.- Esa era la intención, que fuera una historia y unos personajes con los sentimientos a flor de piel, que fuera una novela que tuviera emoción y emocionara. En el fondo, es como la vida, en la que pasas rachas más emotivas que otras, o en la que a veces estás de vuelta de todo. De una manera u otra, el ser humano necesita sentir y eso es lo que pretendido con esta novela, que el lector sienta.

M.G.- Hablando de los personajes, algunos van a evolucionar más que otros. En su juventud, Diego era una persona muy echada para delante, que podía con todo. Sin embargo, tras vivir las riadas del 62, cambia radicalmente. Y será Concha la tome las riendas de la familia. Son dos personajes que evolucionan pero en direcciones opuestas. 

M.P.D.- A ellos les ocurre como puede ocurrirle a cualquiera en la vida. Concha es una mujer que nunca ha salido de su pueblo, que no la dejaron estudiar, que no le permitieron ser lo que ella quería. Le han cortado tanto las alas que, cuando se ve en Barcelona, en la capital de la modernidad en esa época, tiene mucho más claro que Diego que de ahí no se van a mover. Es verdad que tendrán que pasar por situaciones tremendas pero ella racionaliza la situación y sabe que, por muy mal que estén en Barcelona, en el pueblo estarán aún peor. Concha, como muchas de las mujeres de la época, tenía un sentido práctico de la vida, mucho más que los hombres. Así que, al final se quedan en Barcelona y hacen allí su vida porque es ella la que va a tirar del carro. 

Diego, a partir de las riadas, vivió el resto de su vida con la esperanza y la añoranza de regresar a Osuna, pero Concha sabía que en Osuna no tenían nada que hacer.

De todos modos, hubo mujeres que también tiraron la toalla. Concha tiene una gran amiga, emigrante como ella, que acaba tomando una decisión muy dramática, porque no puede soportar las dificultades, porque todo le sobrepasa, porque no se siente en ningún sitio y porque la vida le pesa. Pero por lo general, las mujeres aguantaron y tiraron del carro. Estoy convencida de que muchos hombres, si hubieran estado solos, se hubieran vuelto a sus pueblos, aunque allí no hubiera habido ni futuro ni presente.

M.G.- Mari Pau es la creadora de Paz. Pau y Paz. Es inevitable preguntarte, ¿qué hay de la autora en el personaje?

M.P.D.- En Paz hay buena parte de mí. Es un personaje en el que se ve perfectamente lo que me inculcaron mis padres, especialmente mi madre. Paz es un personaje que tiene mucho que ver conmigo, en cuanto a la fuerza, a la idea de que en la vida tienes que marcarte un destino, y luchar por él, como sea. Hay que hacerlo y no rendirse nunca. Paz es idéntica a mí en eso. Ni ella ni yo nos rendimos nunca, pase lo que nos pase. Es algo que me inculcó mi madre y me siento muy orgullosa de ello.

M.G.- Es una novela donde hay personajes muy buenos, gente buena que ayuda a los demás, pero también hay villanos.

M.P.D.- Como en la vida misma. Además, en casi todas las familias, si empiezas a rascar un poco, salen unas historias terribles. Envidias y miserias, hay en todas las familias, y en la de Cocha y Diego también. 

M.G.- La novela está colmada de citas. Aparece mucho Juan Marsé con Últimas tardes con Teresa. ¿Por qué la elección de tantas citas?

M.P.D.- Se trataba de contar una crónica sentimental, que tenía mucho que ver conmigo y mi familia, pero quería también hacer un recorrido literario por aquellos autores que han sido tan importantes para mí. La literatura me ha ayudado muchas veces en mi vida. Y a Paz le pasa igual. Si te fijas ella era una niña que, al crear mundos ficticios o leerlos, se abstraía de la vida que llevaba en un barrio que no le acababa de gustar. Sin embargo, era la vida que tenía que llevar. La literatura ayudó a Paz, tanto como me ayudó a mí, de ahí la inclusión de tantas citas. 

M.G.- La horquilla temporal es muy amplia. Abarca de los años 50 hasta prácticamente la actualidad. En ese transcurso, no solo vamos a ver evolucionar a los personajes, como ya henos hablado, sino también vamos a ver cambiar las ciudades. Es algo que se ve especialmente en Barcelona. 

M.P.D.- Es precioso ir viendo la evolución de una ciudad tan grande como Barcelona. Los pueblos no evolucionan tanto aunque, por suerte, Osuna ya no es la que era. Pero en Barcelona sí se ve una evolución importante, especialmente en los años 80, previos a las Olimpiadas.

M.G.- La novela no tiene tintes políticos pero sí me ha llamado la atención la última frase de la Nota Preliminar. Me ha parecido una frase cargadísima de significado.

M.P.D.- Claro, claro. Deliberadamente en la novela no hay de política, pero nada de nada. Sin embargo, sí hay una declaración de intenciones previa. Precisamente empezábamos así esta entrevista, con el por qué de esta historia ahora, pues porque parte de un momento político y social muy determinado y quería dejar claro eso. Cataluña era de todos, es de todos, y esperamos y aspiramos a que Cataluña siga siendo de todos. Pero igual que Galicia, Andalucía o Madrid. Es una declaración de intenciones y con eso es suficiente. No quiero hacer un alegato político con la novela porque, además no es necesario. El lector, cuando terminar de leerla, será capaz de sacar sus propias conclusiones. Es mucho más interesante que el lector haga ese ejercicio, a que se lo de todo mascado. 

M.G.- El título no puede ser más bonito. Ese limonero es todo un símbolo.

M.P.D.- Es un símbolo precioso. Ese limonero simboliza la añoranza y la nostalgia que acompaña a los personajes en muchos momentos. Es un recuerdo que tengo de mi infancia. Cuando acababan las vacaciones, mi padre metía limones gigantes e inmensos en un saco y nos los llevábamos a Barcelona. No sé como aguantaban meses y meses en el frigorífico. Eso ya no ocurre pero, aquellos limones, tenían  una cáscara muy gorda. Es uno de los recuerdos más bonitos que tengo de mi infancia. 

M.G.- Hoy hemos hecho un recorrido por Osuna, ¿qué queda de la Osuna de Concha y de Diego?

M.P.D.- Queda el alma del pueblo, quedan sus calles, como la calle Carrera, San Pedro o Sevilla. Queda el cine San Pedro, aunque se cae a pedazos, pero parece que lo van a rehabilitar, y menos mal que no van quitarlo para poner una hamburguesería como ocurría en Madrid. Quedan sus palacios o, al menos, las fachadas, con esas piedras que tienen alma propia. Yo lo siento así. 

M.G.- Y quedan tus recuerdos, Mari Pau.

M.P.D.- También mis recuerdos, es verdad.

M.G.- Bueno, pues yo te agradezco este paseo tan bonito que hemos dado por el pueblo de tus padres. Te agradezco de corazón esta jornada tan interesante que hemos pasado a tu lado y felicidades por la novela, porque es preciosa.

M.P.D.- Muchas gracias a ti. Me alegro que te haya gustado.


Sinopsis: En las páginas de esta novela al lector le parecerá que se reencuentra con viejos conocidos, casi parientes muy cercanos cuya historia no sólo merece sino que conviene recordar: sus protagonistas son Concha, andaluza emigrada a Cataluña en los años 60, y su hija Paz.

Tras un traumático divorcio que la deja prácticamente en la ruina, económica y también emocional al comprobar que su matrimonio había sido una farsa, Paz regresa a la antigua casa familiar, un lugar del que se fue para no volver. Estaba harta de ser «la catalana» durante los veranos en el pueblo de Sevilla de donde proceden y «la andaluza», el resto del año en su barrio de Barcelona. Vuelve con muchas cuentas pendientes y una amarga sensación de fracaso que cuadra muy bien con la crisis social y política del país.

Paz nunca ha conocido los detalles de la historia de su madre, Concha, una mujer llena de energía y pasión, que va plantando cara a los reveses que se le van presentando: la decepción de su matrimonio, las terribles riadas del 1962, la dureza de los primeros años en Cataluña, la imposibilidad de realizarse a través de una historia de amor en la madurez, y la distancia cada vez mayor con su única hija, en la que proyecta todas sus ilusiones.




viernes, 2 de septiembre de 2016

LA CORONA MALDITA de Mari Pau Domínguez.

megustaleer - La corona maldita - Mari Pau Domínguez

Editorial: Grijalbo.
Fecha publicación: mayo, 2016
Precio: 21,90 €
Género: Novela Histórica.
Nª Páginas: 352
Edición: Tapa dura con sobrecubierta.
ISBN: 9788425353246
[Puedes leer las primeras páginas aquí;
disponible en eBook]

Autora

Mari Pau Domínguez (Sabadell, 1963) es periodista. Comenzó en los estudios de Sant Cugat de TVE. Ha desarrollado su carrera profesional en los telediarios y en diversos programas de entrevistas en TVE, Telemadrid (Telenoticias y La hora de Mari Pau), la cadena SER, la radio y la televisión públicas de Cataluña, así como en Castilla La Mancha TV. Actualmente colabora como columnista del ABC y como tertuliana en La Sexta, Telemadrid, TVE, 13TV y Onda Madrid. 

Desde que en 1993 escribió su primer libro, ha publicado otras seis novelas: La tumba del irlandés, Dime que no eres tú, El diamante de la reina, su primera novela histórica, La casa de los siete pecados (Grijalbo, 2009), con la que obtuvo el I Premio CajaGranada de Novela Histórica, Una diosa para el rey (Grijalbo, 2011) y Las dos vidas del capitán (Grijalbo, 20111), obras alabadas por el público y la crítica y que la han confirmado como una de las voces más originales y valoradas de la narrativa histórica española actual.

Con La corona maldita, Mari Pau Domínguez nos ofrece una historia fascinante del primer Borbón que fue rey en España. Un hombre contradictorio, obsesivo y acosado por los fantasmas del tiempo y de la muerte.

Sinopsis

El destino de Felipe V, el primer Borbón que reinó en España, y de la mujer que estuvo a su lado en el lecho y en el trono.

Abrumado por el peso de una corona que nunca deseó, Felipe V encuentra en Isabel de Farnesio, su segunda esposa, a una mujer inteligente y ambiciosa, además de a una ávida cómplice en sus escandalosos juegos de cama. 

Pero ni siquiera la reina puede vencer los enormes miedos y ataques de melancolía que asaltan a Felipe cada vez con más frecuencia. El rey vive acosado por las sospechas de que una maldición se cierne sobre su figura y su dinastía, la de los Borbones. Cuando la obsesión empieza a hacer mella en su ánimo, acaba por convencerse de que sólo su abdicación podrá salvar a España, y a sí mismo, del abismo del caos.

Con su magistral sensibilidad narrativa, Mari Pau Domínguez nos abre la puerta de las alcobas reales para mostrarnos la atrevida intimidad del primer rey Borbón y su compleja relación con el destino que habían marcado para él.

Una novela cautivadora, escandalosa  y fascinante.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar] 

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Así empieza La corona maldita:


[Lectura de las páginas 11 y 12 - Cap. 1]



«Una novela cautivadora, escandalosa y fascinante». De esta forma se describe la nueva novela de Mari Pau Domínguez y, en esta ocasión, no puedo estar más de acuerdo con la sinopsis redactada por la editorial. La corona maldita es cautivadora porque engancha al lector a través de la figura de Felipe V, un hombre con más sombras que luces, cuyo reinado, al margen de la prosperidad que supuso para España, estuvo marcado por su deseo irrefrenable de poner coto a su destino.

También es escandalosa sin llegar a lo morboso. Felipe V era un adicto al sexo. Al contrario de lo que se pudiera pensar, su fuego interior fue creciendo con los años, aunque otras cuestiones que mencionaré más adelante terminaron por sumirlo en desolación. Son numerosísimos los pasajes en los que se describen escenas de cama, con bastante lujo de detalles pero siempre narrado desde un prisma jocoso y ameno.

Y finalmente es fascinante porque sin duda la vida del monarca lo fue, a pesar de que iba arrastrando su destino como alma en pena. Diversos son los temas que la autora aborda relacionados con la forma de ser de Felipe V, y es que Mari Pau Domínguez retrata al hombre y no al monarca. Sobre su reinado se ha escrito al derecho y al revés pero ¿cómo era realmente Felipe V? ¿Cuáles eran sus miedos, sus desvelos e incertidumbres? ¿Cómo le hizo frente a un reinado que ni quiso ni deseó? Todo ello es lo que vamos a encontrar en La corona maldita.

Ahora que un nuevo curso escolar está a punto de comenzar me viene a la mente aquellas aburridas clases de Historia, llenas de datos y fechas. Es innegable que la novela histórica, la escrita con rigor y precisión, ayuda en el aprendizaje de los diversos hitos históricos, muchos de los cuales se me hicieron bastante cuesta arriba durante mi época estudiantil. Ahora bien, a la hora de enfrentarse a una novela histórica resulta imprescindible conocer si la narración cuenta con muchas o pocas licencias literarias. Según nos pudo comentar Mari Pau Domínguez en la entrevista que le realizamos hace un par de meses (puedes leerla aquí), esta novela se ajusta a la realidad de la vida cotidiana de Felipe V con bastante exactitud por lo que la parte ficcionada ha sido mínima, y eso la convierte en una novela aún más interesante. 

En La corona maldita nos sumergimos de lleno en los años en los que Felipe V fue rey de España, inaugurando el linaje de los Borbones. La narración abarcará una horquilla temporal que comprende aproximadamente unos quince años, desde 1714 momento en el que contrae matrimonio en segundas nupcias hasta 1733, describiéndose los años finales de su vida de manera muy resumida en el desenlace.

Felipe V llega a España por imposición de su abuelo Luis XIV, el rey Sol. Nada tenía en común la corte española con la fastuosidad versallesca y eso es algo que se percibe desde las primeras líneas de la novela. El joven Felipe, siendo solo un adolescente, pasó de la luz a la oscuridad, de la alegría y el desenfreno francés a los remilgos de la corte española, siempre enlutada, inhiesta y triste. Como para no deprimirse. Y si habéis leído las primeras páginas cuyo enlace os dejo bajo la ilustración de la cubierta o bien habéis oído el audio que os he dejado, sabréis que la novela comienza a  mitad de camino con un Felipe V reflexivo, preguntándose si algún día existiría la figura de un predecesor bajo el título de Felipe VI. No deja de ser curioso semejante inicio en los tiempos en los que estamos, cuando hace un par de años que Juan Carlos I abdicó en su hijo Felipe. Pues bien, veinte años han transcurrido desde aquel 16 de noviembre de 1700 ante toda la corte francesa, momento en el que su abuelo le comunicara que tenía que hacerse cargo de la corona española, sustituyendo así al linaje de los Habsburgo y acatando la decisión testamentaria del último Austria, Carlos II, el Hechizado. Se le cayó el mundo encima pero la paz entre ambas naciones exigía un sacrificio y Felipe V se entregó de lleno no sin pesar.

La corona maldita narra cómo fue ese trance, esa llegada de Felipe V a España, con qué costumbres se encontró, y cómo se desenvolvió en un ambiente en el que él se consideraba un extraño. Pero igualmente la novela contará las dolencias que tuvo el monarca, su afición desmedida a las cuestiones de cama, concretamente con la que fue su segunda esposa, Isabel de Farnesio, los problemas a los que tuvo que hacer frente durante su reinado o los cambios que introdujo en la corte.

Concretamente, sobre su afición al sexo la autora nos desvelará las consecuencias que aquel desenfreno produjo. Su vigor dejaba a las damas completamente extenuadas, sin perdonar el coito diario y poniendo en práctica juegos sexuales importados desde Francia, como el juego del Impávido, sobre el que os animo a buscar información si desconocéis en qué consiste, o bien su gusto por emplear dildos en los encuentros amatorios. Y como comenté antes, son muchas las escenas sexuales que recoge la novela, siempre narradas con mucho gusto y elegancia, sonsacándonos más de una sonrisa. No obstante, no deberíamos catalogar hoy a Felipe V como un pervertido o un ninfómano. Bajo aquella adicción  se escondía su temor por la muerte, de ahí que se esforzara en aquellos menesteres que otorgaban vida. Porque Felipe V, aprisionado bajo el yugo de una corona que le horadaba el alma, necesitaba sentirse vivo y libre. 

Y muy relacionado con la muerte, otro de los temas que se tocan en la novela es su obsesión por el paso del tiempo. Como si de Chronos se tratara Felipe V quería adueñarse del tiempo y manipularlo a su antojo y la única manera que se le ocurrió para ello es pasarse las horas estudiando el mecanismo de los relojes. Nos contaba Mari Pau Domínguez en la entrevista mencionada anteriormente que la importante colección de relojes que hoy conserva Patrimonio Nacional comenzó con Felipe V gracias a su deseo de conseguir los relojes más singulares fabricados por relojeros tan conocidos en el momento como Thomas Hildeyard, artífice del famoso reloj de las cuatro fachadas que tanta importancia tiene en la novela. 



Aceptación del destino, muerte, paso del tiempo, sexo,... son cuestiones que tejen la trama de esta novela teniendo como principal protagonista a Felipe V y a su segunda esposa, Isabel de Fanersio. En el fondo, como lectores vamos a terminar por sentir compasión por aquel rey que nunca quiso serlo, al menos yo así lo he sentido. Como bien describe la autora en la novela, en diversas ocasiones quiso esquivar o repeler una corona que el destino se empeñaba que ceñirle una y otra vez y aquello le provocó un desánimo que no podía controlar. De este modo, era fácil que alternara la euforia con el abatimiento, como si padeciera ciclotimia, aunque lo que realmente padea Felipe V era depresión, enfermedad que por entonces no estaba clasificada y que, por ende, sus médicos confundían con melancolía. El resultado fue que Felipe V se volvió más y más maniático a medida que envejecía, sufriendo alucinaciones y teniendo desvaríos hasta el punto de considerarse un vampiro como Arnold Paole, de quien la leyenda cuenta que fue un soldado serbio que tras fallecer volvió a la vida para beber la sangre de sus vecinos.

Pero si Felipe V es una figura que te tocará la fibra, cautivadora te resultará su segunda esposa Isabel de Farnesio, una mujer, una reina o un personaje que me ha conquistado por completo. Me lo he pasado muy bien descubriendo la psicología de esta mujer, a la que en principio se la consideró como una bobalicona sin entendederas pero que supo ponerse en su lugar. Me ha encantado verla disfrutar del fulgor de su marido, utilizando sus armas de mujer para conseguir de su esposo lo que se proponía, tramando y vigilando a unos y a otros para garantizarle a sus hijos un futuro esplendoroso, manejando a los diversos personajes como si fueran piezas de ajedrez, o  bien intentando ayudar a un marido que parecía más desquiciado a cada momento. Si Felipe V es el personaje que arrastra su alma por la novela, Isabel de Farnesio es una sibilina encantadora que otorgará mucho resplandor a la novela. 

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