Mostrando entradas con la etiqueta Dimas Prychyslyy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dimas Prychyslyy. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de julio de 2023

GALA PREMIOS DE NOVELA ATENEO DE SEVILLA 2023

A finales de junio tuvo lugar la habitual gala de entrega del Premio de Novela Ateneo y el Premio Ateneo Joven de Sevilla. Como suele ser habitual, el acto tuvo lugar en el Patio de la Montería de los Reales Alcázares de Sevilla, y de nuevo tuvo como maestro de ceremonias al periodista sevillano Cristóbal Cervantes.





Sirve la gala como momento de reencuentros. Escritores, editores, medios de comunicación y alguna autoridad local, como el recién estrenado alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, acudieron aquella noche a uno de los lugares más mágicos de la ciudad, para conocer, durante el trascurso de una cena, el nombre de los dos nuevos ganadores.

Con el patrocinio de la Fundación Unicaja y Ámbito Cultural de El Corte Inglés, a principios de 2023 volvieron a convocarse los Premios de Novela Ateneo de Sevilla. A esta edición se han presentado un total 233 obras, en la categoría senior, y 37 obras en la categoría junior, destacando cada vez más la procedencia internacional de las obras presentadas. 

De ese total de obras, y tras diversas deliberaciones por parte del jurado, quedaron los siguientes finalistas:


LV PREMIO DE NOVELA ATENEO DE SEVILLA

16.- Un edén llamado Summer. Henry Layard (pseudón.). Un relato sobre los fascinantes comienzos de la civilización.

25.- La ambición africana. Juan Severo (pseudón.). La ambición política y sus consecuencias.

41.- El fruto del destierro. Meridio (pseudón.). Crónica de una comarca sevillana a los largo del siglo XX.

49.- La canción de las nubes. Juan Mayo (pseudón.) Viaje interior del protagonista a las decisiones del pasado.

53.- La maldición de Jericó. Luis Miguel Sánchez Tostado. Intriga histórica sobre unos inquietantes pergaminos del Mar Muerto.

98.- En tu ausencia. Ángeles Olivenza (pseudón.). Una intrincada red de traficantes de armas en la guerra civil española.

109.- Atenea 2.0. 1401 (pseudón.). Primeros avances de la informática con la guerra civil de fondo.


XXVIII PREMIO DE NOVELA ATENEO JOVEN

28.- El peso del azar. Prince (pseudón.). Thriller ambientado en el entorno de las teleseries.

173.- Si la semilla muere. Laia (pseudón.). Recuerdos de la infancia y juventud que marcarán toda una vida.

179.- Un paso. María Palmer (pseudón.). Emigrantes de la antigua Unión Soviética en la España del siglo XXI.


Según nos informó Cristóbal Cervantes, en las reuniones que mantuvieron los miembros del jurado, fueron descartando obras de manera progresiva. 

En una de sus intervenciones, el periodista tuvo unas palabras de homenaje a una conocida mujer que fallecía el día anterior, «que llevaba el nombre de esta ciudad en su apellido y en su corazón», la actriz Carmen Sevilla, nacida en el barrio sevillano de Heliópolis. Al parecer, una de las calles de la ciudad llevará su  nombre.

Pero no fue el único homenaje de la noche. Cristóbal Cervantes también tuvo unas bonitas palabras para otro escritor y periodista, presente en la sala, que esa noche cumplía sesenta años, y que también había ganado el Premio Ateneo en 2018, con la novela El último señorito. Se refería a Paco Robles, quien pudo soplar las velas en el mismo momento.

Tras sendos homenajes, se dio a conocer que, en la última votación del jurado, quedaron como finalistas las siguientes novelas:

- La ambición africana de Juan Severo y En tu ausencia de Ángeles Olivenza.

- Si la semilla muere de Laia y Un paso de María Palmer.

Para conocer a los ganadores, el presentador solicitó que los miembros del jurado subieran al escenario. Hicieron acto de presencia don Emilio Boja Malavé, D. Fernando Fabiani Romero, Dña. Espido Freire, Dña. Mercedes de Pablos, D. Francisco Prior Balibrea, D. José Vallecillo López, D. Gervasio Posadas, D. Francisco Cañadas y D. Miguel Ángel Matellanes.

Acto seguido se procedió a abrir la plica que contenía el nombre del ganador del Premio de Novela Ateneo de Sevilla, recayendo en la obra EN TU AUSENCIA de Ángeles Olivenza, tras cuyo pseudónimo se esconde el escritor José Luis Gil Soto.

Autor

José Luis Gil Soto
(Badajoz, 1972) es ingeniero agrónomo, estudiante de Humanidades y escritor. Funcionario de carrera, ha pasado por diferentes puestos de responsabilidad en la administración autonómica y estatal desde 1998 y ha sido secretario del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos. En el ámbito literario, ha publicado La traición del rey (Styria, 2008), La colina de las piedras blancas (Styria, 2010), La dama de Saigón
(Kailas, 2015), Madera de savia azul (Ediciones B, 2019) y Lágrimas de oro (Espasa,2022).

La novela será definitivamente publicada bajo el título SI YO TE CONTARA.

Sinopsis

​A finales de julio de 1936, la embajada de España en París se convierte en el centro de compra de armas para la República. Los oportunistas y comisionistas desfilan por sus despachos con el fin de sacar provecho de la necesidad. Durante el mes de agosto, los intentos a la desesperada llevarán a Armando y Luz, un matrimonio español, a verse involucrados en los intentos de suministro de armamento para cada uno de los bandos en guerra. Ella lo cree muerto a él, y él la imagina en busca de un empleo para mantener a la hija de ambos. Sin embargo, los dos han sido reclutados por agentes con intereses antagónicos que los llevarán a la Alemania nazi en un intento desesperado por lograr abastecimientos para un país, España, que se desangra en una guerra civil. 

​Si yo te contara es la aventura vivida por Armando y Luz, la historia de la tercera España, aquella al margen de bandos, la compuesta por ciudadanos que sufrieron una guerra que no era la suya. Ellos sobrevivieron para contarlo, aunque tal vez, como tantos otros, tuvieran tanto que callar que no quisieran hacerlo.









José Luis Gil Soto, en conversación con los medios tras la recogida del premio, señaló que, a la hora de escribir, procura buscar un episodio desconocido. «Aunque la guerra civil es más que conocida, no está tan claro que la gente sepa que el gobierno de la República, en los primeros momentos de la guerra, intentó comprar armas al régimen nazi». Descubrir este tipo de información le anima a documentarse y le impulsa a sentarse a escribir. A su juicio, no es fácil escribir sobre la guerra civil porque todavía hay heridas abiertas, por lo que hay que acercarse a estos episodios «desde un punto de vista distante y aséptico, siendo muy difícil abstraerse».

Sobre los protagonistas de la novela, Gil Soto apuntó que no recuerda en qué momento de la documentación se le ocurrió que el matrimonio formado por Armando y Luz protagonizaran la parte de ficción de la historia, ni tampoco cómo se le ocurrió que ambos se dedicaran a comprar armas, por separado; uno para la República y el otro, para el bando sublevado, «y que estuvieran a punto de matarse entre ellos».

Tras escribir una historia sobre la guerra civil lo único que se puede es sentir desolación«por eso he preferido que los personajes formen parte de la tercera España»", personajes que se vieron obligados a participar en un bando o en otro «sin tener una ideología clara»

Aunque hay una única línea temporal, el autor reconoce que la novela se construye sobre dos hilos narrativos, uno dedicado a Armando y el otro a Luz.

 

Tocaba el turno de saber el nombre del ganador del Ateneo Joven, recayendo en la obra UN PASO de María Palmer, tras cuyo seudónimo se esconde el escritor Dimas Prychyslyy.

Autor

Dimas Prychyslyy
nació el 17 de junio de 1992 en Elisávetgrado/Kirovograd (Ucrania), aunque con ocho años se trasladó a Tenerife. Es graduado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y Máster en Escritura Creativa por la Universidad Complutense de Madrid.

Su primera obra publicada fue Mudocinética (2010), a la que siguieron los libros de poemas Los uranistas del Deux Magots (2011) y Molly House (2016), galardonado con el Premio València Nova, y ha colaborado en las antologías Despropósitos (2019), Piel Fina, poesía joven española (2019) y De la intimidad (2019).  Asimismo, ha coordinado la antología camp La devoción inflamada (2016), donde reúnen una serie de autores que exploran una estética que reclama su lugar en los estudios queer hispanos. En 2019 obtuvo el Premio Logroño para Jóvenes Escritores por su libro de relatos Tres en raya. En 2020 publicó Con la frente marchita en la editorial Dos Bigotes. Al año siguiente recibió el galardón especial Premio 25 Primaveras por No hay gacelas en Finlandia, publicado por Espasa.

Durante el curso 2016-2017 formó parte de la 15.9 promoción en la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores. También ha escrito sobre los poetas Roger Wolfe, Néstor Perlongher, Jaime Gil de Biedma o Luis Cernuda y un estudio sobre cine y literatura que profundiza en la obra de Eduardo Mendicutti y Eloy de la Iglesia, su importancia en el panorama poético actual y sus respectivos idearios líricos. Dimas Prychyslyy (nombre con el que ha firmado toda su obra) escribe tanto poesía como prosa, que considera distintas caras de la misma moneda para acercarse a temas como la identidad, la marginalidad o el homoerotismo.

La novela será definitivamente publicada bajo el título CUCHARA CUCHILLO TENEDOR.

Sinopsis
 
David es un profesor que intenta superar una ruptura sentimental. Mientras se adapta a la convivencia con su sobrino, que se ha instalado en su casa para cursar una carrera, solo cuenta con la compañía de su amigo, la Petricor, al que va contando sus miserias.

Es David también un escritor frustrado que decide contar su vida, incapaz de escribir nada mejor. Relata la historia de su familia, oriunda de un país de Europa del Este, el proceso de adaptación que atraviesa con su hermano en un país nuevo y las peripecias maternas que los llevarán a una nueva vida, hasta llegar a la universidad y el primer amor.

La antigua pareja de David vive en el ático del mismo edificio y David se ve obligado a verla pasar a diario en compañía de su nuevo novio. Las recetas y el sentido del humor de la Petricor no bastarán para combatir su depresión, hasta que un acontecimiento inesperado de alcance internacional hace que David vea las cosas de otra manera.

Cuchara cuchillo tenedor es una novela que se adentra en las ficciones familiares, siguiendo la premisa de la ya legendaria frase de una folclórica: “Cuando yo cuento las mentiras, las convierto en verdad”.









En la breve charla que mantuvo con los medios, Dimas aclaró que el título hace referencia a las tres primeras palabras que aprendió el castellano. El autor define su novela como «una forma de ficción propia de los hogares». Prychyslyy afirmó que lo más difícil a la hora de escribir esta novela «ha sido el despelotarse, pero en algún momento uno se tiene que explicar». Es una novela nostálgica en la que David, el protagonista, tiene algunas cosas en común con el autor. 

Para finalizar, en su discurso no faltó esa reivindicación en favor de los jóvenes escritores, que tantas dificultades encuentran a la hora de hueco en el panorama literario. «De alguna manera nos prostituimos». También tuvo palabras para el recuerdo de Antonio Gala, recientemente fallecido, ya que Dimas fue miembro becado de la fundación que lleva el nombre del escritor de La pasión turca.


El premio está dotado de 20.000 euros para el Premio de Novela Ateneo de Sevilla y 5.000 euros para el Premio de Novela Ateneo Joven según las bases publicadas.




Las novelas ganadoras verán la luz el próximo otoño de la mano de Algaida Editores. Será entonces cuando volvamos a ver a los ganadores con las novelas físicas, en rueda de prensa.

martes, 4 de mayo de 2021

CONVERSANDO CON LOS PREMIOS PRIMAVERA DE NOVELA 2021

El pasado 19 de febrero, se dio a conocer el fallo de la vigesimoquinta edición del Premio Primavera de Novela. Al ser una convocatoria especial, puesto que el premio alcanza su 25ª edición, editorial Espasa y Ámbito Cultural de El Corte Inglés convocaron, con carácter excepcional y único, el premio "25 Primaveras", para novelas escritas por autores menores de treinta años.

Reunido el jurado, se acordó conceder el Premio Primavera de Novela al periodista Pedro Simón por su novela Los ingratos. En el caso del Premio 25 Primaveras, el galardón recayó en Dimas Prychyslyy por su novela No hay gacelas en Finlandia.

Puedes ver la rueda de prensa en el siguiente vídeo:


[Canal de YouTube Planeta de Libros]


Con los premios concedidos y las novelas en las librerías, los autores iniciaron la promoción y pasaron por Sevilla. Ahí va la conversación que mantuvimos. 

Marisa G.- Lo primero de todo, felicitaros a los dos.

Ambos.- Muchas gracias.

M.G.- Y lo segundo, preguntaros qué os empuja a presentaros al premio.

Pedro S.- A mí las facturas. (Risas).

M.G.- (Risas) La sinceridad por delante.

P.S.- Bueno, ya en serio. He querido explorar esa otra faceta, porque yo soy periodista, que tiene que ver con un aliento estético, aunque creo que un reportaje tiene que tener también una intencionalidad estética. Me interesa que los reportajes emocionen. Pero quería probar esa otra cara y por eso me presenté a este premio.

M.G.- ¿Y tú, Dimas? Además, en tu caso, este premio es de convocatoria única y excepcional. Solo se ha convocado por festejar los veinticinco años del Premio Primavera de Novela. 

Dimas P.- Bromas aparte, a mí lo que me impulsa a presentarme es el desempleo. Aunque sea con carácter excepcional, me alegro que se haya convocado un premio así, para menores de treinta años. Premios de estas características para jóvenes escritores no hay muchos.

M.G.- Pedro, tu novela mira al pasado. Dimas, la tuya mira al presente. En este sentido, ¿hay algo de novela generacional en ambas?

P.S.- Es una buena pregunta. Creo que las dos novelas hablan de la soledad y de las relaciones humanas, de cómo se pervierten. No creo en eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Cualquier tiempo pasado es diferente, y en cada tiempo nos relacionamos de modo distinto. Vengo de un mundo analógico, y nos hemos tenido que enfrentar a ese impacto de las pantallas. Somos los últimos bucardos que se relacionan tocándose, hablando sin pantalla líquida de por medio. De eso habla Los ingratos. Y creo que la de Dimas habla de lo que viene después de eso. 

M.G.- De la otra cara de la moneda.

D.P.- Bueno, creo que la mía no es generacional en la medida en la que no describo una sola generación, sino que describo muchas. Es decir, una de las protagonistas tiene noventa y nueve años. Sin embargo, es cierto que la novela está contada desde el ahora más absoluto, mostrando cómo los personajes interactúan, unos con más aciertos que otros. Hay algunos que andan totalmente perdidos y han cambiado su forma de relacionarse. Por lo que he leído, la novela de Pedro tiene una pátina más nostálgica. En mi caso, no es así. Si algo tiene mi novela es la crítica. Me río de los nuevos usos amorosos, me río del patetismo millenials, del mamoneo hípster, y me rio de todo eso porque lo encuentro del todo inexplicable. 


Sinopsis: 1975. A un pueblo de esa España que empieza a vaciarse llega la nueva maestra con sus hijos. El más pequeño es David. La vida del niño consiste en ir a la era, desollarse las rodillas, asomarse a un pozo sin brocal y viajar cerrando los ojos en el ultramarinos. Hasta que llega una cuidadora a casa y sus vidas cambiarán para siempre. De Emérita, David aprenderá todo lo que hay que saber sobre las cicatrices del cuerpo y las heridas del alma. Gracias al chico, ella recuperará algo que creyó haber perdido hace mucho.

Los ingratos es una emocionante novela sobre una generación que vivió en aquella España donde se viajaba sin cinturones de seguridad en un Simca y la comida no se tiraba porque no hacía tanto que se había pasado hambre. Un homenaje, entre la ternura y la culpa, a quienes nos acompañaron hasta aquí sin pedir nada a cambio.


M.G.- Pedro, en el dossier de prensa hablas de tres palabras que para mí son fundamentales, -por favor, perdón y gracia-, como si se hubieran desvalorizado en estos tiempos. 

P.S.- Si. Puedes tener mucho dinero, una casa enorme y una trayectoria profesional brillante pero, en realidad, lo que tienes de verdad es lo que te han enseñado en casa, la educación con la que has crecido. Seguramente, eso tiene mucho que ver con una forma de educar mucho menos blandiblú que la que se emplea ahora, con un modelo de enseñanza menos «osito de peluche», con unos tiempos en los que el esfuerzo tenía mucho más sentido. Y a esas tres palabras que mencionas, añadiría otra: austeridad. Los que nacimos en los 70 nos criamos con austeridad, pero no una austeridad relacionada con la cicatería, sino con la generosidad. Se trata de educar a los tuyos para que sean más con menos. Que puedan crecer y desarrollarse siendo felices, teniendo menos pasta. Viendo las oportunidades que tienen hoy los jóvenes o los adolescentes, y la pinta que tiene esto, que no es muy buena, o sacamos la austeridad de la caja y la ponemos sobre la mesa para educar a los jóvenes como se debe o creo que, si seguimos así, no le hacemos ningún favor.

M.G.- Dimas, tú eres bastante más joven que nosotros. ¿Estás de acuerdo con las palabras de Pedro?

D.M.- Estoy totalmente de acuerdo. Veníamos hablando en el tren precisamente sobre la exigencia. Mi generación es bastante descafeinada. ¿Cómo no se le va a exigir a los niños en los colegios y a los jóvenes en la universidad? A esa falta de exigencia se le unen esas expectativas tan desmesuradas que nos han creado. Nuestra generación no ha crecido con esa austeridad, en sentido positivo, que comenta Pedro. A mí me han dicho que yo iba a ser más rico que mis padres, que iba a tener un trabajo mejor que el de mi padre,... Lo que somos es una generación hiperformada, pero también maleducada. Tampoco sabemos lo que es la resignación. Yo me planto hoy con mis dos carreras, mi máster y mi tesis doctoral para doblar camisas en el Zara y eso se lleva muy mal. Dar gracias por eso, no. Y perdón, pues que nos lo pidan a nosotros. Nos han criado con unas expectativas que luego no se corresponden con la realidad que nos ha tocado vivir. ¿Es un error de los padres? Muy seguramente porque el progreso tiene un tope. 

Por otra parte, opino que las cosas que se enseñan en casa hay que tamizarlas y pasarlas por el embudo de la actualidad. Esto es algo que planteo mucho en la novela. Por ejemplo, una persona transexual, criada en una familia conservadora del barrio de Salamanca, lo va a pasar mal. En una situación así, esa persona se tiene que rebelar por mucho que quiera a su familia. Si tu familia predica algo que va en contra de lo que tú eres, tienes que cortar lazos con la familia. La familia no es esa institución sagrada que nos venden. Tiene que haber flexibilidad por ambas partes.

M.G.- Por cierto, Dimas, el título de tu novela es muy llamativo. Leo que surge de manera casual, en una conversación con tu pareja, y que esconde una metáfora.

D.M.- Sí, es una metáfora de la libertad, de esto que estamos hablando, de decidir irte de tu núcleo familiar porque no te aceptan como transexual, o como persona que quiere progresar. Este título simboliza también la rareza. Obviamente no hay gacelas en Finlandia, pero en cuanto pronuncias esa frase, lo primero que se te viene a la mente es la imagen de una gacela corriendo por Helsinki.

M.G.- Pedro vuelves tu mirada al mundo rural a través de David, hijo de una maestra de pueblo. Hace décadas, la gente se iba de los pueblos a las ciudades. ¿Ahora no estamos viviendo lo contrario? ¿No hay como un éxodo y la gente está apostando más por el entorno rural?

P.S.- El libro cuenta la historia de una familia que vive en el ámbito rural, condenada, y subrayo lo de condenada, a terminar en la ciudad. Y subrayo lo de condenada porque aquello termina siendo una estafa por muchos motivos. Principalmente porque no había oportunidades para todos. Ahora mismo, nos hemos dado cuenta de que salimos muy rápido de esos ambientes y, de algún modo, estamos pensando en volver. El problema está en que no sé si hemos preparado bien la vuelta. No idealizo el mundo rural porque son sitios complicados en los que vivir. En un pueblo de Zamora, que a las 5 de la tarde sea ya de noche, no haya nada que hacer y no te cruces a nadie por la calle, es una cosa dura. El futuro de los pueblos está en que repiensen los que viven en los pueblos y no los que vamos a pasar el fin de semana y vemos el pueblo como un parque temático. 

De todos modos, y lo he dicho muchas veces, seguramente el verano más feliz que hemos pasado en nuestra vida fue aquel del pueblo. Solo por eso, los pueblos deberían ser declarados santuarios de felicidad.

M.G.- Los mejores veranos de mi vida los he pasado en un pueblo.

P.S.- ¡Lo sabía!

M.G.- Rodeada de olivos. Me lo pasaba pipa andando por el campo.

Dimas, sobre tu novela se habla de hiperconexión y soledad, un contraste brutal, pero es una realidad.

D.P.- Una realidad, sí. Parece contradictorio pero es así. Las redes sociales e Internet es una forma relativamente nueva de combatir la soledad. La soledad no ha cambiado, pero sí se ha incorporado esta forma de combatirla. Esta es la cuestión que abordo en la novela. 

M.G.- ¿Y esa soledad es la que une a toda esta red de personajes?

D.P.- Sí, exacto. Además, hay que tener en cuenta la deformación de conceptos como la amistad, la compañía,... Es algo que hemos vivido durante el confinamiento. Yo no colgaba el teléfono en todo el día. En aquellos meses hablé hasta con gente de la que no sabía nada desde hace muchos años. Y tienes la sensación de estar acompañado pero, en realidad, estaba haciendo el gilipollas, con perdón. Es que estaba solo en casa, delante de una pantalla. Esa es un tipo de soledad. 

M.G.- Estamos enganchados a las pantallas.

D.P.- Esa es la palabra, enganchados. A mí el móvil me da ansiedad. Tengo que estar mirándolo constantemente, aunque no haya sonado, ni me haya escrito nadie. 

P.S.- Los chavales de hoy en día lo tienen más complicado que nosotros por todo esto. Hay más facilidades para que se generen comportamientos adictivos. No sé qué consecuencias tendrá esto. Lo veremos dentro de quince o veinte años. Mi hijo, que tiene dieciséis años, me pidió el otro día que le volviera a poner la aplicación para controlarle el tiempo que pasa con el móvil. Él mismo se dio cuenta y creo que ahí está la clave. Da igual las campañas de publicidad, lo que le digan los padres, o los dispositivos capados, lo único es que ellos se dan cuenta de que ese mundo les quita tiempo para otras cosas. 

M.G.- Pero Pedro, que el problema se está extendiendo a los adultos.

P.S.- Sí, tenemos un cuelgue también.

M.G.- Bueno, hablemos de los personajes. En tu novela hay uno que me encanta. La madre de David es la señorita Mercedes. Yo he tenido una señorita Mercedes en mi vida y quizá por eso me gusta tanto.

P.S.- Es la maestra. Mi madre era maestra rural. Mientras que otro hermano se quedaba en Madrid, mi hermana y yo nos íbamos con mi madre a vivir al pueblo que fuera. Mi madre no era tan moderna como la de la novela pero fue tan pionera como ella. De algún modo era muy exótico que una mujer, en los años 70, trabajara en esta España nuestra. Eran mujeres que se sacaban el carnet de conducir, mujeres que llevaban pelucas, simplemente por cambiar de aspecto. Era algo que se llevaba. Tenían un sentido de la cultura un tanto elevado, empezaban a conocer idiomas. Ese viaje que estas maestras hacían, destino rural a destino rural, era una manera de inmolarse, para aportar un futuro mejor a sus hijos. Luego hablaban en el pueblo de que a su hijo le iba fenomenal en la capital. Ese era realmente el triunfo de estas mujeres. Por eso esta novela se llama Los ingratos porque en nuestras vidas siempre hubo mujeres que estuvieron ahí y que, sordamente, han conseguido que, por ejemplo, hoy estemos reunidos aquí los tres. 

M.G.- Hemos valorado muy poco a esas generaciones que lo han dado todo. Nos hemos dado cuenta ahora con todas esas personas mayores que han fallecido.

P.S.- Así es.


Sinopsis: Mario, dependiente de una librería y recién despedido, pasa las ocho horas de su jornada no laboral en el metro. Ha encontrado en el suelo de un vagón un papel con algo escrito: la lista de la última compra que uno hace en la vida. Tiene que verlo Damián, aspirante a escritor en los ochenta, que decide solicitar la ayuda de Claudia, cuyo trabajo es suplantar a algunos autores en sus redes sociales. Hay una marca en el papel que le resulta familiar y… Aquí empieza la búsqueda que los llevará hasta Olvido, bibliotecaria cómplice; a Aurelio, comisario de policía letraherido, y a Ástrid Lehrer, personaje en busca de autor.

Y mientras estos personajes «que no son capaces de separar el disfrute que les da la ficción del disfrute que les da hurgar en las vidas ajenas» se dedican a hacer de detectives salvajes, Misha batalla con su identidad sexual; su M., Isolina, con el abandono a través de una malsana relación con la comida que comparte con Antonio y Bea, y Zhora, encerrado en su casa, se ha bajado del mundo. Muy cerca de él vive Mar, una anciana de 99 años, contrapunto de paz y comprensión en el que encuentran consuelo los perdidos. Incluido el lector. 

No hay gacelas en Finlandia es más que una novela: es, además, un puzle con toques de Valle pero a lo Burroughs pasado por Bolaño, que el lector ha de construir con la convicción de que la lectura es una sutil forma de violencia y de que todos, personajes, autor y lectores, somos trozos de papel en recipientes de vidrio.


M.G.- Y Dimas, en tu caso, expones una galería de personajes muy extensa. A mí me ha llamado la atención Claudia, por su vinculación con las nuevas tecnologías, especialmente con Twitter. Sinceramente, para mí, Twitter es muchas veces un nido de víboras.

D.P.- Es lo que es. De un tiempo a esta parte, se habla mucho del síndrome del impostor. Es algo muy de mi generación. Hoy en día, decir que sufres de síndrome del impostor te da cierto caché pero claro, es una forma de redefinir las inseguridades de una generación. Claudia juega a esto. Ella imposta cuentas ajenas de una serie de escritores, que nos pueden recordar a algunos conocidos. Y también lleva cuentas de gente como yo, que acaba de saltar al panorama literario. Ella lo que hace es meterlos en problemas, creando polémica para que los mensajes se viralicen y los personajes tengan algún tipo de relevancia, aunque sea a través de la polémica. Claudia disfruta mucho con todo esto. Se siente muy cómoda en la máscara, opera desde las tinieblas, todo lo contrario de lo que le ocurre a otras personas, que necesitan darse a conocer y construir su identidad.

M.G.- Los temas de una novela y otra son muy distintos. En tu caso, Pedro, la novela habla del paso a la edad adulta, la desigualdad, el mundo rural... En el caso de Dimas, su novela habla de la soledad, las nuevas tecnologías, las relaciones,... Pero en ambas novelas se habla de sexo. En Los ingratos, encontramos la iniciación sexual. En Gacelas... aparece la identidad sexual.

P.S.- Sí, la niñez son los años de descubrimiento, mientras que la adolescencia son los años de las primeras decepciones. Hay cosas que a los niños les da miedo, que tienen que ver con las zonas grises, con las que no ven. En la novela, esa iniciación sexual es muy ingenua. Es como aquella paga que te daban y la gastabas en pagarle a Sarita por enseñarte el culo. Cosas de este tipo. Recuerdo todo aquello con mucha nostalgia. No quiero parecer viejuno, pero antes pensábamos que los pueblos eran algo muy peligroso porque los pozos no tenían brocal, pero a mí me resultan mucho más peligrosas ciertas situaciones actuales. Imagínate, ese sábado por la mañana, con un sol maravilloso que entra por la ventana, escuchando a Mahler mientras tu hijo, con diez años, está sentado en el sofá, enganchado al móvil, y viendo pornografía, que no va a entender, o viendo cómo degollan a un niño. Eso es como darle un plato de callos a un bebé de dos meses. No lo puede digerir porque no tiene estómago para eso. Los peligros de hoy son más jodidos porque son menos obvios y, por lo tanto, son más ineludibles que los de los años 70. Hoy todo es más sutil, más escurridizo, más líquido y por eso es más jodido ser joven hoy.

M.G.- Y en tu caso, Dimas, tenemos a ese personaje y su identidad sexual.

D.P.- Sí, y no solo la identidad sexual, sino la identidad de género. Ese es el problema de Misha. Su madre, con unos sesenta años, no lo sabe encajar y, sin embargo, la tía abuela, que es un mujer de noventa y nueve, es capaz de asimilarlo sin problemas. Aunque no sabe si referirse a ella en masculino o femenino, al menos le pregunta. Es la curiosidad y la necesidad de aprender lo que distingue a estos dos personajes. No se trata de tolerar, sino de interesarse.

M.G.-  Antes has comentado, Dimas, que en tu novela te ríes de muchas cosas. El humor en Gacelas... es trasfondo, elemento de apoyo,... ¿Qué peso tiene el humor en el libro?

D.P.- Hay personajes que son muy humorísticos, por ejemplo, esa mujer de noventa y nueve años, que te digo.

M.G.- Construyendo ese personaje te lo has tenido que pasar muy bien.

D.P.- Sí, sí,... No sabría decirte por qué. Quizá sea porque para mí es una figura ausente. Yo no he tenido una abuela pero me divierte mucho la gente mayor. Me parecen muy divertidas todas esas personas que ya vienen de vuelta de todo, que hacen y dicen lo que quieren. Esa mujer está inspirada en distintas personas que conozco y tiene cualidades que he tomado prestadas de personas reales.

M.G.- Para terminar, Pedro, ¿siempre seremos unos ingratos?

P.S.- Sí. Creo que es algo muy natural. Tampoco hay que rasgarse las vestiduras. Son ingratitudes condenadas a repetirse, de generación en generación. Lo único es que tenemos que racionalizarlo y saber que tenemos que dar las gracias antes de que sea tarde. Cuando hablo con mis amigos, antes de colgar el teléfono, les digo que los quiero. Y a mi madre se lo digo de vez en cuando, aunque suene cursi. Trato de hacer esa gimnasia. No quiero llegar a un tanatorio y pensar que tenía que haber dicho más te quiero.

M.G.- Para luego es tarde. Bueno, chicos, muchas gracias por este ratito. Felicidades de nuevo.

P.S.- Gracias a ti.

D.P.- Gracias.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...