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miércoles, 2 de diciembre de 2020

CANCIÓN DE CUNA (DRAMA - 1994)

Año: 1994

Nacionalidad: España

Director: José Luis Garci

Reparto: Fiorella Faltoyano, Amparo Larrañaga, María Massip, Carmelo Gómez, Maribel Verdú, Alfredo Landa, Virginia Mataix, Diana Peñalver, María Luisa Ponte.

Género: Drama

Sinopsis: Cuando a las puertas de un convento de clausura aparece un cesto con una niña dentro, las monjas sienten despertar su instinto maternal. La superiora y el médico del pueblo, que es el único hombre autorizado a entrar allí, llegan a un acuerdo: él adoptará a la niña, pero se la entregará a las monjas para que la eduquen.

[Fuente: Filmaffinity]


Ayer publicaba en redes sociales una fotografía, mostrando la última novela de Vanessa Montfort, La mujer sin nombre. Se trata de una historia que narra la vida de María de la O Lejárraga, una mujer a la que no se ha hecho la suficiente justicia. Su marido, Gregorio Martínez Sierra, fue un dramaturgo y escritor, al que se le atribuyen como un centenar de obras, como El amor brujo, pero ¿realmente todas eran de su única autoría? Bueno, en la novela de Montfort encontraréis la respuesta. Por mi parte, ya os hablaré con detalles de este libro, pero os adelanto que me parece una maravilla. 

Bien, en esa novela se menciona reiteradamente el título del que vengo a hablaros hoy. Canción de cuna fue escrita por el dramaturgo en 1911 y a él está atribuida, como se recoge en los créditos de la película. Según la novela de Montfort, la idea para escribir el texto surge tras leer en un periódico la noticia de un bebé abandonado a las puertas de un convento de clausura.

De la obra se han hecho diversas adaptaciones, tanto de factura nacional como internacional. La primera que encuentro data del año 1933, una versión estadounidense, dirigida por Mitchell Leisen. En 1953, México lleva a cabo otra adaptación, dirigida por Fernando de Fuentes. Pero, la supuesta obra de Gregorio Martínez Sierra no llega a los cines de nuestro país hasta 1961, de la mano del cineasta José María Elorrieta y con interpretaciones de Lina Rosales, Jaime Avellán, Soledad Miranda, Antonio Garisa. Posteriormente, José Luis Garci vuelve a adaptarla para el cine, en 1994. Es esta versión, que consiguió cinco Goyas (Mejor Actriz Secundaria - María Luisa Ponte; Mejor Fotografía, Mejor Dirección Artística, Mejor Diseño de Vestuario, Mejor Maquillaje y Peluquería) de la que vengo a hablaros hoy. 

La acción se ubica a finales del siglo XIX, en algún lugar de Castilla. No se especifica más detalle. En un viejo convento castellano, donde la vida transcurre entre la quietud, la soledad, la semipenumbra y el silencio, roto esporádicamente por el tañido de la campana que llama al rezo, viven un grupo de monjas de clausura que ven la vida pasar entre sus labores conventuales. Los encajes de bolillo, la recolección de fruta en el huerto, la lectura, la devoción a Dios, las tareas de costura, o la elaboración de las comidas son parte de las actividades a las que las monjas dedican su tiempo. No tienen más contacto con el exterior que el que le procura don José (Alfredo Landa), el médico rural que atiende a las religiosas, único hombre al que se le permite poner un pie más allá de la verja de clausura, a pesar de su agnosticismo. Él será el nexo de unión con la vida que sigue su curso lejos de este lugar, donde la política marca la actualidad, como los esponsales entre miembros de la realeza.

El día que la reverenda madre (Fiorella Faltoyano) celebra su onomástica llega al convento un inesperado regalo. Cuando la monja tornera abre la puerta del santo lugar, haya a un bebé de mes y medio envuelta en mil encajes. La llegada de la niña causa un gran revuelo de tocas y mantillas, y las monjas quedan embelesadas, enamoradas de ese ser diminuto que despierta inmediatamente el instinto maternal de las religiosas. ¿Qué hacer con esa criatura? ¿Deben las monjas hacerse cargo de ella? Seguramente, es hija del pecado, pero se la ve tan inocente... No sin cierta oposición por parte de alguna monja de aparente carácter avinagrado, la solución la tendrá don José. En Canción de cuna conoceremos parte de la vida de ese bebé que, a través de una significativa elipsis, veremos convertida en una jovencita casadera, a la que llamarán Teresa. El inicio y el fin, como la vida; el principio y el final de la niña en el convento.

La trama no se extiende en mostrar la vida conventual. Tampoco se centra en narrar el paso de los años de la niña entre esos muros. No se afana en las rutinas y la rigidez de horarios vespertinos. Ni siquiera contempla las dificultades o alegrías que podrían acarrear la crianza de una niña para unas mujeres, cuyos vientres jamás albergaron vida. Sin embargo, sí incide en la dificultad de las novicias para adaptarse a la dureza de la clausura. Son ellas, las jóvenes novias vestidas de blanco, las que aún tienen ilusiones y ensoñaciones; las que, en algún momento, reciben una reprimenda por haber buscado un resquicio que les haga sentirse vivas. Y como la vida es cíclica, de igual modo será el sentir de estas monjas, que un día vistieron el hábito blanco y, con los años, lo cambiaron por la sobriedad del negro.

Canción de cuna ahonda principalmente en las relaciones entre los personajes, que quedan dibujadas al vuelo pero con suma delicadeza. Parece que don José, un hombre que ha permanecido en la soltería, siente un cariño especial por sus monjas, a las que llegará a sentir como sus hijas. Su afecto alcanza más profundidad en el caso de la reverenda madre Teresa, siempre preocupado por su delicado estado de salud, a la que habla con una dulzura y ternura que conmueve. También es el médico el que aporta algún toque de humor, en sus diálogos con la monja tornera (María Luisa Ponte). 

A su vez, la cinta explora el vínculo entre la joven Teresa con sor Juana de la Cruz, la que se encargó de educar a la niña de forma más directa. Para la muchacha, esta monja ha sido como su madre, su auténtica madre, a la que confiesa sus dudas existenciales. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? Qué importa todo eso cuando la niña encontró el amor de muchas madres dentro de ese mundo que es tan ajeno a los nuevos adelantos del siglo, o al cambio de modas en el vestir que proceden de París. ¿Qué hay en ese mundo al que Teresa tendrá que hacer frente el día de mañana? ¿Hay también amor? ¿Puede existir la felicidad más allá de los límites del suyo, que lindan con ese río, a cuya orilla la joven pasea?

Amor (el prohibido, el maternal, el carnal, el otorgado a Dios), pero también la amistad, la bondad, el agradecimiento, el sacrificio, son  algunos de los temas que surcan la historia, haciendo hincapié en los misterios del alma humana.

En cuanto al repartocuenta con nombres bien conocidos, desde Fiorella Faltoyano, Amparo Larrañaga, Alfredo Landa y María Luisa Ponte -todos ellos espléndidos en su papel, que interpretan con un cariño que traspasa la pantalla, y muy bien caracterizados para recrear el paso del tiempo- a Maribel Verdú y Carmelo Gómez que, por entonces, tenían veinticuatro y treinta y dos años, respectivamente. Son precisamente estos dos últimos los que menos me han gustado. Verdú porque me parece poco creíble en su papel de adolescente enamorada, y Gómez porque, a pesar de ser un actor que me encanta y cuyo trabajo siempre me gusta, Garci optó por doblarlo (no lo entiendo) y el resultado me ha parecido deplorable. 

Canción de cuna cuenta con una ambientación fabulosa, en la que la luz juega un papel fundamental para crear atmósfera. El convento es ese lugar donde prevalece la semioscuridad, tímidamente interrumpida por los escasos haces de luz que se cuelan entre los muros del vetusto edificio. Y será la luz la gran protagonista en una escena final que conmueve y remueve por dentro.

Por otra parte, la banda sonora está llena de nostalgia y emoción. He leído que el tema central se reitera con frecuencia. Es cierto, pero a mí me parece una melodía tan bella que no me ha importado escucharla una y otra vez. 

Canción de cuna narra una historia sencilla pero con un hermoso toque melancólico, y ejecutada con una gran sensibilidad y una sublime delicadeza. Cuenta con escenas que se quedarán grabadas en tu retina. Es de esas películas para paladear, sin prisas, perdiendo la mirada en los recovecos de un convento en penumbras, como los del alma de sus personajes. Rodada en el Monasterio de Santa María de la Vid y en el Monasterio de Santo Domingo de Silos, en Burgos, es un largometraje lleno de quietud y recogimiento, de gestos, miradas y silencios que lo dicen todo, porque «saber mirar es saber amar».

En definitiva, y en contra los que opinan que es una película cursi, a mí me parece bonita, entrañable, tierna, conmovedora, hecha con amor y delicadeza, que nos transporta a otro mundo en el que la vida transita a otro ritmo.



Escena:                                                                                      Puedes adquirirla aquí:            

     

                                                                                     

miércoles, 18 de mayo de 2016

NOS MIRAN (TERROR - 2002).


Año:2002

Nacionalidad: Española.

Director: Norberto López Amado.

Reparto: Carmelo Gómez, Icíar Bollaín, Massino Ghini, Margarita Lozano, Manuel Lozano, Carolina Petterson, Karra Elejalde, Roberto Álvarez.

Género: Terror.

Sinopsis: Un inspector de policia de reconocido prestigio se enfrenta al caso más inquietante de su carrera. La desaparición de un importante empresario esconde tras de sí un misterio mucho mayor del que está dispuesto a aceptar. Pronto descubre que todas aquellas personas que un día se marcharon sin dejar rastro, esconden un terrible secreto relacionado con los terrores e inquietudes de su propio pasado. El policía vuelve así a encontrarse con un mundo ya olvidado, un mundo lleno de sombras, de seres que nos manipulan... y nos miran.




[Información facilitada por Filmaffinity]



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Buscar en internet noticias sobre casos de desapariciones sin resolver pone los vellos de punta. Las cifran asustan aunque es cierto que muchos de los expedientes que se abren anualmente -una cantidad ingente- terminan por resolverse de manera favorable pero, ¿qué ocurre con todas esas personas que un día, sin más, desaparecen? Muchos casos entre los que figuran hombres o mujeres o niños, con mayor o menor recursos económicos, de todos los puntos del país y del planeta quedan en el aire. La policía no es capaz de encontrar ni una sola pista o las que hayan no son más que fruto de personas malintencionadas que buscan un beneficio propio sin pensar en el daño ajeno. ¿Cómo es posible que cientos o miles de personas se esfumen como si se los tragara la tierra?

Nos miran es un largometraje basado en la novela Los otros de Javier García Sánchez. Desconozco sigue el guion se ajusta al argumento del libro pero, vista la película, no me importaría darle una oportunidad a la novela¿Y a qué resulta curioso que la novela se titule como esa otra película de Amenábar? A mí me lo parece. El libro se publicó en Ediciones B en el año 1998 y no fue la base de aquella película sino de esta. De hecho, este largometraje se iba a titular precisamente Los otros pero Amenábar se adelantó.

Bien, Nos miran comienza con unas escenas iniciales que nos llevaran a lo que parece un barrio humilde junto a las vías del tren. Allí Juan y Sara juegan con otros niños. No parece que la relación entre ellos sea natural. Algo extraño flota en el ambiente que nos hace recelar. Además, practican juegos peligrosos, retos que unos niños imponen a los otros para probar su valentía.

Sin que nos sea advertido sabremos que el tiempo ha pasado. Juan (Carmelo Gómez) es ya un adulto, un inspector de policía al que le han asignado el caso de desaparición del industrial Sergio Barreiro del que no se sabe nada desde hace tres años. La investigación le conducirá a un archivo que contiene infinidad de información sobre hombres, mujeres y niños que han desaparecido en las últimas décadas. Expedientes que contienen interrogatorios, fotos, vídeos, objetos personales de los desaparecidos fueron recopilados durante años por el policía José Medina (Karra Elejalde). Al parecer se dedicaba a investigar estos casos durante sus vacaciones o bien sacando tiempo entre una investigación oficial y otra. Poco después el policía tuvo que ser ingresado en un hospital psiquiátrico aquejado de locura. Juan, intrigado por la labor casi clandestina llevaba a cabo por Medina, decide hacerle una visita en el centro sanitario pero no averiguará mucho. Medina solo repite una y otra vez la frase "Nos miran", así que el inspector, en su afán de esclarecer los hechos que lo tienen cada vez más obsesionado, leerá los expedientes, acudirá a diversos especialistas y profesionales y llegará a una conclusión inquietante.




Además de todo lo que le ocurre en el plano profesional, el terreno personal y la infancia de Juan constituirán un valor añadido a un argumento que vuelve a destapar episodios del pasado. Los fantasmas de una infancia, a los que ya creía enterrados y olvidados, vuelven a salir a la luz para atormentarlo a él y a su propia madre. A esto hay que añadir que Juan tiene dos hijos pequeños - Alex y Laura- muy implicados en todo lo que el padre está investigando. 

Nos miran no es una película del terror propiamente dicho. Sí que es verdad que juega con el factor psicológico pero en realidad tiene más de suspense que de otra cosa. Además cuenta con un desenlace que pone su punto de dulzura a un guion que, a mi juicio está bien, aunque peca de una situación poco creíble que, a pesar de ser grave no trae consecuencias, y también hay algún detalle que no queda debidamente explicado pues no sabremos muy bien por qué algunas personas ven lo que ven y otras no. ¿Cuestión de sensibilidad extrasensorial? No lo sé. En cualquier caso, no he necesitado una explicación exhaustiva para disfrutar de la película. 

miércoles, 9 de marzo de 2016

AGALLAS (THRILLER - 2009).



Año: 2009

Nacionalidad: Española.

Director: Samuel Martín Mateos, Andrés Luque Pérez.

Reparto: Carmelo Gómez, Hugo Silva, Celso Bugallo, Mabel Rivera, Carlos Sante, Xavier Estévez, Isabel Blanco, Yoima Valdés, Rula Blanco y Tomás Lijó.

Género:Thriller.

Sinopsis: Sebastián, un delicuente de poca monta recién salido de prisión, decide buscar empleo en una pequeña empresa de Galicia. Pero no por vocación desde luego, sino porque algo le dice que el dueño de la empresa, Regueira, no se ha pagado el Jaguar con cangrejos. Mediante la astucia, se hace amigo de un encargado, Raúl, y consigue que le contraten. Regueira se lo cree sólo a medias, pero comprueba muy rápidamente que aquel joven de dientes mellados tiene agallas y decide convertirlo en su ayudante. Poco a poco, Sebas cambia de aspecto, se gana ropa nueva, nuevos dientes y sobre todo la confianza de su jefe. Parecerá haber llegado a la cumbre... o casi. Pero, Sebastián, tan listo y despiadado, ignora que forma parte de un juego que le supera.

[Información facilitada por Filmaffinity]



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No sé por qué motivo se me vino esta película a la cabeza. Quizá fuera porque me puse a repasar la filmografía de Carmelo Gómez, a raíz de hablaros de La playa de los ahogados hace unas semanas, otra película del actor desarrollada en tierras gallegas como esta. La cuestión es que recordé que Agallas me había gustado mucho, que trataba un tema que roza el topicazo pero que me dejó tan grata sensación que me parecía apropiada para hablaros de ella.  Os cuento.
 
Sebas (Hugo Silva) es un quinqui de poca monta que acaba de salir de la cárcel. Lo primero que hace al poner un pie en libertad es volver a saquear a su familia pero en esta ocasión no se lo van a poner nada fácil. En un visto y no visto Sebas se verá dentro de un autobús camino de Galicia. Allí, empleando malas artes, entrará a trabajar en Isolina, una empresa comercializadora de productos del mar, propiedad de Ramón Regueira (Carmelo Gómez), un potentado gallego con una casa enorme, una mujer espectacular y un Jaguar en la puerta. Pero su negocio no es más que una tapadera. En la empresa, Sebas hará buenas migas con Raúl (Celso Bugallo), el encargado, que tampoco vive mal. Una noche de borrachera y putas, Raúl le confiesa el secreto de su nivel de vida. A Sebas se le pone los ojos como platos queriendo comer del mismo pastel. Su objetivo será adentrarse en el núcleo empresarial, escalar posiciones y hacerse imprescindible. Raúl, viéndole las intenciones, hará todo lo posible por alejar al joven de un mundo en el que él se siente prisionero pero Sebas lo tiene claro y nadie va a pararlo.

Agallas es una película que evidencia la delincuencia de alto nivel en tierras gallegas, esa que tiene el narcotráfico como bandera en la que están implicados empresarios y autoridades. Es un mundo en el que solo se piensa en uno mismo, quieres llevarte el pastel completo porque una porción ya te sabe a poco, manejas los hilos, siembras dudas, inventas y trapicheas. Lo mejor de Agallas sin duda son sus giros. A eso de la mitad, se sucede uno tras otro y lo que en principio es una trama simple se torna más compleja, para llegar a un desenlace ante el que me quito el sombrero con un baile de papeles espectacular. Podrá parecer una película tonta y sosa, con algún toque de humor que deja a Sebas más tirado que una colilla, por usar una expresión de la calle, pero sin duda el desarrollo de los acontecimientos merece que nos sentemos a verla. 

miércoles, 17 de febrero de 2016

LA PLAYA DE LOS AHOGADOS (INTRIGA - 2015).


Año: 2015.

Nacionalidad: Española.

Director: Gerardo Herrero.

Reparto: Carmelo Gómez, Antonio Garrido, Tamar Novas, Celso Bugallo, Celia Freijeiro, Marta Larralde, Luis Zahera, Carlos Blanco, Pedro Alonso, Fernando Morán, Ernesto Chao.

Género: Intriga.

Sinopsis: Una mañana, el cadáver de un marinero es arrastrado por la marea hasta la orilla. Si no tuviese las manos atadas, Justo Castelo sería otro de los hijos del mar que encontró su tumba entre las aguas mientras faenaba. Pero el océano nunca ha necesitado amarras para matar. Sin testigos ni rastro de la embarcación del fallecido, el inspector Leo Caldas se sumergirá en el ambiente marinero del pueblo, tratando de esclarecer el crimen entre hombres y mujeres que se resisten a desvelar sus sospechas y que, cuando se decidan a hablar, apuntarán en una direcció inesperada.

[Información facilitada por Filmaffinity]



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Este fin de semana fui a ver Spotlight y pensaba hablar de ella hoy pero todavía tengo que recomponerla en mi cabeza. Así que, en su lugar, os traigo más cine español, La playa de los ahogados de Gerardo Herrero.

Había leído el libro homónimo de Domingo Villar mucho tiempo atrás. Recuerdo que, a pesar de gustarme la trama, no acabé con una sensación excesivamente grata. Algo me incomodaba en el estilo del autor. En cualquier caso, Galicia es uno de los puntos geográficos que me más me gustan como ubicación en los argumentos de un libro o de una película y si encima el actor principal es Carmelo Gómez (lo siento, tengo adoración por este hombre), estaba claro que no me iba a resistir

La playa de los ahogados se paseó por las carteleras de cine con muchísima discreción. De hecho se me escapó entonces y no ha sido hasta ahora, tras su lanzamiento en en DVD para alquiler, cuando me he acordado de ella y he decidido verla. El resultado es muy equiparable a mis sensaciones sobre la novela. 

Leo Caldas (Carmelo Gómez) es inspector de policía en Vigo con un vida dedicada únicamente al trabajo, así que, cuando le avisan de la aparición de un cádaver en las playas de Panxón, se volcará en el caso, ayudado por su compañero Rafa (Antonio Garrido)

Justo Castelo, alias el Rubio, es un marinero al que vieron salir en su barca una mañana de domingo para aparecer días después ahogado. Aparentemente todo hace pensar que se trata de un suicidio pero algunos cabos sueltos en la investigación desvelan que posiblemente ha sido víctima de un asesinato. ¿Quién tendría motivos para matarlo? El inspector Caldas indagará en su entorno y descubrirá que el marinero fue víctima de un naufragio diez o doce años atrás cuando era parte de la tripulación del Xurelo, un pesquero propiedad del capitán Sousa, en el que compartía faena con otros dos marineros, José Arias y Marcos Valverde. En el accidente, la embarcación llegó a hundirse y el capitán Sousa perdió la vida mientras que los marineros consiguieron salvarla.

Aquella trágica experiencia se convertirá en un punto de inflexión en la vida de los tres hombres que terminarán por romper su amistad sin que muchos vecinos hayan podido entender sus reacciones. Además, junto con el tópico con el que se etiqueta a los gallegos, aquello de que son grandes habladores pero que no terminan de concretar nunca nada (algo cuestionable), también flota en el ambiente esa naturaleza tan vinculada  a la superstición y al mundo de los espíritus. Es por ello que muchos temen hablar y más aún aquellos que aseguran haber visto al Xurelo navegando por las aguas de Panxón en las noches envueltas de niebla. Los que se atreven a hablar, cruzarán los dedos o tocarán madera pero ¿qué hay de verdad en todo ello? ¿Realmente el capitán Sousa murió en el naufragio? La investigación sacará a la luz muchos otros detalles, un secreto que ocultar, bocas que callar y hombres que buscan justicia.

Sobre el argumento que, a priori, viene cargado de intriga y suspense, he decir que me ha resultado bastante plano. La emoción se diluye como la arena entre nuestros dedos y no existe tensión narrativa ni siquiera en esos picos de la trama en que debería haberla. Por otra parte, algún que otro detalle está finamente hilado por lo que hay que estar muy atentos para no perder comba. No es algo que ocurra con frecuencia pero a mí se me escapó y tuve que dar marcha atrás. 

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