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miércoles, 15 de diciembre de 2021

ISMAEL (DRAMA - 2013)

Año: 2013

Nacionalidad: España

Director: Marcelo Pyñeiro

Reparto: Mario Casas, Larsson do Amaral, Belén Rueda, Ella Kweku, Sergi López, Juan Diego Botto, Mikel Iglesias, Gemma Brió, Óscar Foronda, Alain Hernández

Género: Drama 

Sinopsis: Ismael Tchou, un niño mulato de 8 años, se fuga en el AVE rumbo a Barcelona para conocer a su padre. Su única pista es la dirección de un apartamento, escrita en el remite de una carta dirigida a su madre. Cuando encuentra el edificio, en el apartamento sólo está Nora, una elegante mujer de unos 50 años.

[Fuente: Filmaffinity]

Cuando en 2014 se anunciaron las películas que estaban nominadas a los Goya, Ismael contaba con dieciocho candidaturas aunque definitivamente solo optó a una nominación. Me gustaba la propuesta de esta película. De entrada, me resultaba llamativo su reparto, con nombres como Belén Rueda, Juan Diego Botto, Mario Casas y Sergi López. Y si mi intención fue verla, lo cierto es que se fue quedando atrás y nunca tuve opción de sentarme a visionarla. Nunca, hasta anoche mismo. Llegado ese momento en que, después de un día de trajín consigues sentarte a las nueve y media de la noche, sin ganas de leer ni casi cenar, conectas Netflix y ahí estaba Ismael esperándome. Me alegró la noche, aunque la cosa fuera decayendo.

Ismael (Larsson do Amaral) es un niño mulato de ocho años con un sueño por cumplir. Quiere conocer a su padre, del que solo sabe que se llama Félix Ambrose (Mario Casas) y vive en Barcelona. Alika (Ella Kweku), su madre, no le ha contado mucho más. Sin embargo, y a través de una carta, el pequeño averigua la dirección exacta de su padre y escapa de casa para ir en su busca. Así llega a Atocha y toma un AVE dirección Barcelona. En el supuesto domicilio de su padre reside una mujer. Se trata de Nora (Belén Rueda), madre de Félix. Tras unos primeros instantes de estupor, ella le explica al niño que Félix ya no vive allí pero, conociendo la verdadera intención del pequeño, siente compasión y decide llevarlo al lugar donde reside su hijo.  Inician así un breve viaje, de apenas unas horas, que servirán para que abuela y nieto se conozcan. Y llegados a la casa de Félix, el reencuentro entre padre e hijo desatará una tormenta llena de reproches, heridas que vuelven a sangrar y palabras que nunca se dijeron. 

A la vez, la travesura de Ismael propicia el encuentro entre Alika y Félix, que no se ven desde hace muchos años. El reencuentro trae al presente recuerdos del pasado, de otra vida regada por la felicidad, pero que se truncó por cobardía y miedo. Todo se vuelve patas arriba. ¿Cómo cambiará la vida de estos personajes? 

Ismael ahonda en las relaciones padres/madres e hijos. De madres que no tienen tiempo para ocuparse de los hijos. De hijos que viven con desapego materno, y con un gran agujero en el pecho. De hombres que no son capaces de afrontar los retos de la vida. De mujeres con el corazón roto. Y de hijos, sobre todo de hijos, con tantas, tantas carencias.

Personajes

Nora es una mujer de negocios. Divorciada de un hombre inestable, ella se ha rehecho a sí misma. Es dueña de un restaurante en el que vuelca todo su tiempo y su ímpetu, por eso apenas tiene relación con su hijo Félix. 

Félix Ambrose es un joven profesor de un centro de ayuda a jóvenes conflictivos. En realidad, tendría que estar diseñando edificios pues estudió arquitectura pero, un accidente de moto, que le ha dejado una pequeña cojera, lo cambió todo. 

Félix es un hombre reservado que ha sufrido más de lo que su entorno conoce. Eso lo ha convertido en un escudo protector para sus alumnos, y a él acuden cuando tienen un problema.

Alika es una mujer dolida. Aparentemente es feliz con su marido Luis (Juan Diego Botto), quien adoptó a Ismael y de dio sus apellidos. Ella lleva una vida tranquila. Los recuerdos están escondidos en una caja de madera que jamás abre para no despertar los fantasmas del pasado. En cuanto a Luis, tendrá que asumir que no todo es lo que parece. Desde que conoció a Alika se ha hecho cargo de un niño al que ya considera hijo suyo. Sin embargo, las dudas comienzan a morderle.

El último personaje será Jordi (Sergi López), dueño de un hotel, un golpe de suerte cambió su vida para siempre. Sin embargo, siente una gran frustración. 

En cuanto a las interpretaciones y por sorprendente que me parezca, creo que Mario Casas está por encima del resto, incluso de la propia Belén Rueda. Quizá sea por la fuerza de su personaje, por ese dolor visceral que anida en su interior, y lo convierte en un hombre de hierro. Pero todo es fachada. En realidad, Félix es un ser vulnerable, con diversas heridas que no han terminado de cicatrizar.

Belén Rueda y Sergi López están correctos. Sin más. Mientras que el papel de Juan Diego Botto, algo más secundario, está muy desaprovechado. Una lástima

Sobre Larsson do Amaral y Ella Kweku, muy poco que decir. El niño tiene naturalidad y para su edad, no lo hace mal del todo pero tampoco emociona su historia. La madre se mantiene en un precario equilibrio.

¿Qué me ha gustado de la película?

A priori el argumento, aunque tampoco es muy novedoso. El punto de partida es ese deseo de Ismael por conocer a su padre, un sueño muy loable, que trastocará la vida de todo el mundo. La huida de Ismael sirve de vehículo para sacar a la luz toda la miseria y la basura que estos personajes llevan años ocultando. El niño, en su inocente propósito, será el detonante de situaciones llenas de reproches, dolor y lágrimas, en la que madres e hijos, padres y madres, se verán las caras y se dirán las verdades por primera vez. Ismael, sin proponérselo, ha propiciado que llegue el momento de la verdad y eso siempre es interesante.

En ocasiones la fotografía es preciosa. Y la banda sonora tiene momentos estelares. Suena una bellísima adaptación de "Te extraño", en la voz de Armando Manzanero, durante el desarrollo de una escena evocadora y nostálgica.

¿Qué no me ha gustado de la película?

El guion de Ismael tiene un error de bulto que descalabra toda la película. En las escenas iniciales vemos al pequeño en la estación de Atocha. Está solo y quiere coger ese AVE que lo lleve a brazos de su padre. Porta un papel en la mano que imaginamos es el billete de tren. Con algo de ingenio, consigue pasar la puerta de embarque tras mostrar su billete a la azafata. Y aquí vienen un par de preguntas. Uno: ¿cómo llega hasta Atocha? Posible respuesta: el niño puede que viva a escasos metros de la estación. Dos: ¿cómo ha comprado el billete de tren? Posible respuesta: ni se sabe ni se explica. Con esa duda girando alrededor de mi cabeza, continué con el visionado a la espera de que, en algún momento, tal circunstancia se explicara. Pero la explicación no llega en ningún momento. El espectador tendrá que hacer la vista gorda y un ejercicio de credibilidad muy contundente

Por otra parte, y con un metraje de 106 minutos, a la hora, el interés se evapora. La acción se ahoga en un pozo profundo y  ni siquiera consigue remontar gracias a un altercado final en el instituto de Félix. Poco a poco, la cinta va languideciendo hasta un final simplón que ni sorprende ni emociona. 


En definitiva, con un ritmo pausado y un montón de situaciones a las que no se le saca partido, Ismael entretiene. En un momento dado, la trama se vertebra en tres líneas -Félix /Ismael, Alika/Luis y Nora/Jordi-, que irán entremezclándose pero no hay profundidad en ninguna de ellas. A mi juicio, y aunque se deja ver, Ismael se queda en la superficie de un drama que podría haber dado más de sí.



La tenéis en Netflix.


miércoles, 24 de abril de 2019

EL FOTÓGRAFO DE MAUTHAUSEN (DRAMA - 2018)

Año: 2018

Nacionalidad: Española.

Director: Mar Targarona.

Reparto: Mario Casas, Richard van Weyden, Alain Hernández, Adrià Salazar, Stefan Weinert, Macarena Gómez, Frank Feys, Rubén Yuste, Eduard Buch, Efrain Anglès, Luka Peros, Igor Szpakowski, Marc Rodríguez, Joan Negrié, Roger Vilá.

Género: Drama

Sinopsis: Con la ayuda de un grupo de prisioneros españoles que lideran la organización clandestina del campo de concentración de Mauthausen, Francesc Boix, un preso que trabaja en el laboratorio fotográfico, arriesga su vida al planear la evasión de unos negativos que demostrarán al mundo las atrocidades cometidas por los nazis. Miles de imágenes que muestran desde dentro toda la crueldad de un sistema perverso. Las fotografías que lograron salvar Boix y sus compañeros fueron determinantes para condenar a altos cargos nazis en los juicios de Núremberg en 1946. Boix fue el único español que asistió como testigo. 


[Fuente: Filmaffinity]



Tenía que verla. Nada más toparme con el tráiler de El fotógrafo de Mauthausen se me encendieron las alarmas. No podía ser de otro modo tratando sobre la Segunda Guerra Mundial, el nazismo y los campos de concentración. Otro testimonio más, otro acercamiento más a aquel horrible acontecimiento histórico, tan necesario bajo mi punto de vista, porque este largometraje está basado en hechos reales. Aunque en la película no se recoge ningún dato al respecto, más allá de una escena final que muestra al verdadero protagonista testificando en los juicios de Núremberg, basta con introducir el nombre del protagonista en Google- Francesc Boix - para tener acceso a un montón de información sobre parte de su vida. 

El fotógrafo de Mauthausen narra el periodo en el que este comunista catalán pasó entre los muros de aquel campo de concentración desde que fuera apresado por los nazis en 1940. En el campo trabajó para el Servicio de Identificación, el Erkennungsdienst, encargado de retratar a todos los prisioneros a los que se les abría una ficha. Bajo el mando de Paul Riken, un oficial nazi enamorado de la fotografía al que se le apodaba 'Los ojos de Mauthausen', compañero infatigable de una Leica con la que inmortalizaba todo lo que ocurría entre aquellos muros, Boix no ocupaba un mal puesto. Frente a los trabajos forzados, las palizas, las duchas heladas, él se limitaba a auxiliar a Riken, hacer fotografías, revelarlas y clasificarlas. Era un privilegiado. 


Por los muros de Mauthausen pasaron más de 7.000 españoles. 
Venían de luchar contra Hitler con los soldados franceses,
venían de la miseria y del hambre de los campos de refugiados,
venían de perder una guerra civil...


La película se centra en el trabajo que Boix desempeñaba y en su importante papel una vez que los alemanes retrocedían en el campo de batalla. Con la proximidad de los aliados, la película muestra cómo los nazis intentaron deshacerse de todas las pruebas incriminatorias lo que incluía las fotografías y los negativos pero Boix pensó que aquello era un material demasiado valioso como para perderlo, así que, junto a sus compañeros, orquestaron un plan para, una vez finalizada la guerra, mostrar al mundo las atrocidades cometidas por los nazis. Cómo lo hicieron y por lo que tuvieron que pasar, lo dejo en el aire.

Pero antes de que el desenlace se precipite, El fotógrafo de Mauthausen indaga también en otros puntos importantes, como en la red que trazaron los prisioneros comunistas para salvar a miembros del partido, los 'Nacht und Nebel' (Noche y Niebla), o la jerarquía propia de los campos donde los Kapos eran aún más crueles que los propios nazis, o los trapicheos, intercambios y favores que los presos se hacían unos a otros con el objeto de sobrellevar una vida llena de carencias. Todo esto es lo que nos narra este largometraje dirigido por Mar Taragona (Secuestro, 2016), un guion al que le he advertido algún hilo poco trenzado. Se suceden hechos que considero no están muy bien explicados, lo que genera algún hueco e incomodidad, o se mencionan a personajes cuya identidad me costaba descifrar. Por otra parte, me ha parecido una película algo larga, con alguna secuencia demasiada extensa que tampoco aporta mucho, a la que, en casi la mayor parte del metraje le falta tensión y ritmo. Sin embargo, no puedo decir que no me haya gustado pues, a grandes rasgos la película cuenta con un argumento interesante que pueden disfrutar los que les guste la época.


Tras ser capturados por las tropas alemanas, Serrano Suñer, 
ministro franquista, les arrebató incluso su patria.
Para los franquistas no eran ni españoles .
Los nazis podían hacer con ellos lo que quisieran.


En cuanto a las interpretaciones, Mario Casas es el protagonista indiscutible al encarnar a Francesc Boix. Siendo un actor con el que generalmente no conecto ni de refilón, debo reconocer que en esta película no me ha disgustado del todo, por lo menos lo he entendido cuando hablaba. Quizá un plano final, cuando el dolor y el sufrimiento se hacen insoportable, me ha resultado menos creíble. Por otra parte, no estoy muy segura de que su físico sea el más adecuado para interpretar a un prisionero de un campo de concentración, por mucho que digan que adelgazó lo suyo para meterse en el personaje. Y hablando de Boix, cabe destacar también que la película muestra su lado más humano y bondadoso. En un entorno en el que el hombre se puede volver egoísta, pensar solo en sí mismo y salvaguardar su espalda, Boix se alza como paladín y protector de un niño pequeño, Anselmo Galván quien, separado de su padre nada más llegar al campo de concentración, se siente desvalido. Solo, indefenso y muerto de miedo, Boix intentará protegerlo en todo momento, procurando encontrarle trabajos livianos, comida y una cama caliente. Si esto es verdad o ficción, no sabría deciros.

Junto a Mario Casas vamos a ver a Alain Hernández en el papel de Valbuena, compañero de Boix en el Servicio de Identificación. Creo que tanto él, como el resto de secundarios, españoles y alemanes, están bastante correcto aunque a mí me ha faltado emoción. Por explicarme un poco, diría que todos interpretan bien su papel, creíble en la mayor parte pero, para tratarse de prisioneros de guerra no he sentido compasión alguna. Podía ver a un personaje muerto a palos, con la sangre seca en su cuerpo, hecho un jirón, o desnudo en plena nieve, tiritando de frío, y no sentir gran cosa. 

En cualquier caso, El fotógrafo de Mauthausen no es una mala película pero le falta sustancia. Tiene un argumento interesante y unas interpretaciones correctas pero no emociona. Le falta algo más que no sabría muy bien cómo definir, no sé si algún giro argumental más o más crudeza - y eso que ya lleva bastante-. No sé, la verdad. Eso sí, los créditos finales vienen acompañados por las fotografías reales que ponen los vellos de punta porque esas fotos, y no las que toma Boix en la película, sí son reales. 

En definitiva, aunque esperaba algo más de El fotógrafo de Mauthausen, no puedo decir que no me haya gustado. Creo que lo que más me ha interesado es conocer en parte los años de Boix en aquel campo de concentración y saber que, a pesar del peligro, tuvo la brillante idea de rescatar de las llamas esos negativos que luego serían pruebas más que suficiente contra los nazis por sus crímenes contra la humanidad.




Tráiler:

Puedes adquirirla aquí:

                                    



miércoles, 8 de junio de 2016

PALMERAS EN LA NIEVE (DRAMA - 2015).


Año: 2015.

Nacionalidad: Española.

Director: Fernando González Molina.

Reparto: Mario Casas, Adriana Ugarte, Macarena García, Alain Hernández, Berta Vázquez, Emilio Gutierrez Caba, Celso Bugallo, Laia Cosga, Fernando Cayo, Ramón Aguirre.

Género: Drama.

Premios: 2 Premios Goya (Mejor dirección artística y Mejor Canción).

Sinopsis: Es 1953, Kilian abandona la montaña oscense para emprender con su hermano un viaje a Fernando Poo, una antigua colonia española en Guinea Ecuatorial. Allí les espera su padre, en la finca Sampaka, donde cultiva uno de los mejores cacaos del mundo. En la colonia descubrirán que la vida social es más placentera que en la encorsetada y gris España, vivirán los contrastes entre colonos y nativos y conocerán el significado de la amistad, la pasión, el amor y el odio.



[Información facilitada por Filmaffinity]


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No he leído aún a Luz Gabás y no ha sido por falta de ganas como me pasa con tantos y tantos autores. Qué os voy a decir a vosotros del tiempo o de la escasez del mismo. La cuestión es que me apetecía mucho conocer la historia que se escondía tras su primera novela Palmeras en la nieve pero la lectura se fue quedando atrás, atrás, atrás,... y vi un rayo de luz cuando me enteré de su adaptación al cine, con todo lo que eso conlleva. 

La película llegó a las carteleras de los cines españoles y me volvió a ocurrir lo mismo que con el libro pero, como dice el refrán, a la tercera va la vencida y tras su lanzamiento en DVD, ya puedo decir que he saciado mi curiosidad.

Sobre la novela Palmeras en la nieve he leído muchas y muy buenas opiniones. Allá donde mirara alguien la había leído y había acabado fascinado con la historia pero, como siempre digo, esta reseña se ceñirá única y exclusivamente a la película que retrata, por un lado, esa Guinea Ecuatorial en época de colonia española, con las plantaciones de cacao, la convivencia de nativos y colones, el trabajo duro, las inclemencias del tiempo y el descontento de un pueblo que se veía cada vez más cercado. Por otro, conoceremos a unos jóvenes recios criados entre montañas que buscan un futuro en otras tierras para encontrar un amor apasionado, la revolución y un «Hasta luego» que se mantiene latente en la distancia y en el recuerdo.

La película va alternando pasado y presente, se inicia con una escena de amor desenfrenado en la isla de Fernando Poo. Estamos en 1970 y los amantes exprimen los segundos del encuentro con desesperación como si el mundo estuviera a punto de extinguirse. Acto seguido, la trama nos traslada a Pasolobino, una pequeña localidad de Huesca, donde asistiremos al entierro de Jacobo de Rabaltue en 2003. Después del sepelio, Clarence Rabaltue, sobrina del fallecido, encuentra un diario entre los papeles de la familia que supondrá el hilo del que se dispone a tirar para encontrar el ovillo.




Estas son las dos líneas temporales y geográficas a partir de las cuales se vertebra toda la trama. Por un lado, a principios de 1954 veremos a Kilian y Jacobo Rabaltue abandonar las montañas de Huesca con destino a Fernando Poo, a la finca Sampaka, donde trabaja su padre como encargado. Allí vivirán momentos muy tensos pero también de gran camaradería. Kilian, el hermano más joven, madurará en una tierra en la que se explota a los nativos casi sin compasión, y conocerá los rigores del amor en las noches del Santa Isabel. Pero él lleva en la sangre esa tierra y de ahí que se sienta más atraído por los autóctonos que por los colonos.

Por otro lado, Clarence, a raíz del hallazgo de una carta mencionando el envío de una cantidad de dinero periódica a África y una fotografía incompleta en la que se ve a una mujer con unos niños, emprenderá un viaje en busca del pasado de su familia. Llegará a una Guinea Ecuatorial diferente a la que conocieron sus antepasados y tendrá que pasar por diversas situaciones hasta llegar a su meta.

El argumento de la película, imagino que mucho menos extenso que el de la novela, es lo suficientemente interesante como para suponer una alternativa a tener en cuenta. Pero, y desconozco si esto ocurre así en el libro, me he topado con alguna que otra casualidad forzada en la trama actual que me ha molestado. No quiero desvelar mucho pero no es muy normal que uno llegue y bese el santo, que parte de la solución del misterio esté más cerca de lo que pensamos. Que las casualidades existen todos lo sabemos pero en novela o cine me parecen un recurso demasiado simple y asequible que dice muy poco sobre la creatividad del autor.

A su vez encuentro diversas carencias en cuanto a algunas cuestiones. Se hace mucho hincapié en que África es la tierra natal de Kilian pero en ningún momento se menciona si sus padres vivieron allí en el pasado. A eso le uno que, más allá del conocimiento que los espectadores tengamos sobre la historia de las colonias españolas, he echado en falta algo más de profundidad en cuanto al contexto político de Fernando Poo. Seguramente esta parte está perfectamente detallada en la novela pero en el cine hay que acortar y a veces se mete demasiado la tijera o se mete donde no se debe. 

En cuanto a los personajes habría que destacar a Kilian Rabaltue interpretado por Mario Casas al que me gustaría decirle lo que le diré más tarde. Se trata de un personaje en el que se percibe una evolución. Partirá del seno materno siendo un joven inmaduro que solo se ha visto rodeado por las montañas de Huesca. Maravillado por la belleza de los paisajes que encontrará a su llegada a África, se topará con un mundo muy diferente, muy duro, en el que los hombres se dejan la piel y se divierten durante el fin de semana con alcohol y mujeres nativas. El actor, a nivel interpretativo no lo hace mal. Tiene su momento de tensión y garra que salda bastante bien y por ese lado no tengo nada que objetar pero este actor podría aportar más fuerza si consiguiera resolver el problema que tiene, tanto él como otros actores y actrices jóvenes. Luego os cuento.




Jacobo Rabaltue es diametralmente opuesto a su hermano. Mayor que él, se apreciará ostensiblemente que es un joven con más mundo que Kilian pues ya ha visitado la Finca Sampaka anteriormente y ha trabajado allí. En cuanto a personalidad también es diferente pues es más desaprensivo, más desconsiderado, más soberbio pero por otro lado también me parece un hombre que no sabe lo que quiere, que tiene miedo a enfrentarse a sus sentimientos o es un inseguro. Su actitud nos desvelará un comportamiento que posiblemente su corazón no apruebe. El actor que da vida a este personaje es Alain Hernández y no me parece que lo haya hecho mal.

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