jueves, 17 de mayo de 2018

MARIA FERNANDA AMPUERO: 'Ser mujer es un caminar cotidiano con infinitas formas de violencia'

Las entrevistas, los encuentros con los autores son mágicos. No solo es un medio para conocer el trasfondo de una obra, la construcción de una historia, de unos personajes, la motivación de su creador o el mensaje que nos quiere transmitir. También son el vehículo perfecto para conectar con una persona, desahogarse, y soltar todo lo que uno lleva dentro. El mundo está plagado de indeseables pero, por suerte, hay mucha más gente brillante, inteligente e interesante con una vida llena de altibajos que han servido para afianzar los pies en la tierra, para madurar, para enriquecerse moralmente. Así creo que es María Fernanda Ampuero, una joven ecuatoriana (Guayaquil, 1976) que llegó a España hace más de una década, sin papeles, sin trabajo y con la idea de abrirse al mundo. A pesar de los baches en el camino, hoy se la ve feliz, al menos, así la percibo yo en su diálogo intenso y apasionado. 

Hace unos días hablamos, mucho. Una hora de amena conversación que dio para mucho más de lo que vais a encontrar a continuación. Salieron a relucir mil temas, muchos de los cuales puedes encontrar en su primer volumen de cuentos, Pelea de gallos (Páginas de espuma).


Marisa G.- María Fernanda, un placer conocerte. He estado leyendo sobre tu trayectoria. Has publicado dos libros de crónicas, 'Lo que aprendí en la peluquería' y 'Permiso de residencia' y ahora llegas con tu primer volumen de cuentos. 'Pelea de gallos' se compone de trece historias que son como una bofetada con la mano abierta para el lector. Impresionan mucho.

Mª Fernanda A.- Es lo que pretendía, que fueran cuentos que no te dejaran indiferente, tanto si no te gustan porque no es tu estilo, como si te gustan mucho porque eres ese tipo de lector que se permite sentir todo lo que yo quiero que sienta. 'Pelea de gallos' necesita de una complicidad enorme por parte del lector porque el cuento es muchísimo en muy poco espacio y todo lo que queda sugerido en la historia, el lector tiene que rellenarlo con su propia historia personal y sus propias percepciones del mundo. Para mí era muy importante que los cuentos fueran lo suficientemente duros pero no intolerables para que sigas con este pacto de poner tu propia experiencia como lector, como mujer o como hombre, como ser humano. Era muy importante para mí dar un puñetazo en el estómago. Incluso yo, mientras lo escribía, sentía que me faltaba el aire, me ahogaba. Es lo que suele ocurrir cuando te enfrentas a algo que te supera.

M.G.- Bueno, todo esto que comentas lo consigues desde la primera línea pero, ¿por qué escribir cuentos tan desgarradores?

M.F.A.- No me interesa otra cosa. No quiero dorar la píldora, ni poner paños calientes, crear simplemente un objeto bello o jugar con el lenguaje sin más. Creo que hay demasiados libros en esta línea y a mí no me interesaba añadir uno de esos libros más que olvidas tras haberlo leído.

El gran amor de mi vida ha sido la lectura. Los libros han estado en lo mejor y en lo peor, en todo mi crecimiento y son una parte importantísima de lo que yo soy. Me resultaba impensable la idea de escribir un libro que olvidas en un hotel o que lees en verano como mero entretenimiento sin más.

M.G.- Quiero contarte lo que he sentido al leerlos. Al principio es inevitable sentir cierto reparo, te asustan pero al mismo tiempo avivan la curiosidad. Creo que la propia dureza de la historia invita a seguir leyendo.

M.F.A.- Justamente. No quería algo grotesco o violento 'per se', solo por escandalizar. Lo que a mí me interesaba es que tú quisieras enterarte de lo que pasa en la historia y compartir el infinito amor que yo siento por los personajes. Sé que me vas a decir que los trato muy mal (risas), pero los quiero muchísimo. Son grandes víctimas del sistema, de la familia, de la sociedad. Mi idea es que tú también los quieras un poco. 

Por otro lado, también intenté que el lenguaje fuera transparente pero con una cierta belleza con la intención de restar dureza a la historia. Quería que tuviera estética, musicalidad. 

M.G.- Has buscado el equilibrio, ¿no?

M.F.A.- Sí. Creo que sería demasiado insoportable para el lector si tanto la historia como el lenguaje fuera solo golpe y violencia. 

M.G.- ¿Estos cuentos fueron surgiendo cada uno por su cuenta o tú los fuiste escribiendo ex profeso para construir este volumen de cuentos?

M.F.A.- No, de hecho yo no tenía ni la intención ni la obsesión por publicar. En cualquier caso, participé en un premio, el Premio Eñe, porque daban dinero. (Risas)

M.G.- Hay que vivir.

M.F.A.- (Risas) Por supuesto. Tenía esos cuentos ahí guardados porque escribo desde siempre. Mandé dos al premio y cuando me dijeron que había ganado tuve que preguntar con cuál de los cuentos. Mi agente actual leyó el ganador y me preguntó si tenía más cosas, le respondí que sí y ella fue la que se encargó de todo. Yo no hubiera soportado las negativas. Tengo cuarenta y dos años y es la primera vez que publico ficción cuando he escrito ficción toda mi vida. La literatura de ficción es mi gran pasión, desde siempre. Pero tenía una inseguridad inmensa. Siempre he tenido mucho reparo. Sin embargo, ahora estoy muy contenta por cómo ha surgido todo. No puedo estar en mejor editorial. Es muy mágico que sucedan todas estas cosas aunque tampoco quiero creérmelo mucho porque es lo peor que puedes hacer.

M.G.- Siempre hay andarse con cautela, es verdad.

M.F.A.- Y más en esto. De repente marcas un gol, tienes muy buena racha pero eso se puede agotar.

M.G.- Bueno, mientras tanto disfruta. Sigamos. Violencia y mujer. ¿Se podrían decir que esos son los dos grandes temas en estos cuentos?

M.F.A.- Sí, por supuesto, van de la mano. Casi todos los cuentos tienen como protagonista o como narrador a una mujer, salvo uno. Creo que es muy violento ser mujer. Ser mujer es un caminar cotidiano con infinitas formas de violencia. Que tú nazcas en la misma casa que un hombre y que tu vida, tus posibilidades, tu comportamiento, el sueldo, tus expectativas, las expectativas de los demás sobre ti, tu cuerpo, tu belleza, el ideal... todo sea distinto a lo de tu hermano no es más que otra forma de violencia. No sé cómo no nos volvemos locas.

Desde el momento en que una niña comienza a armarse como una mujer hay que aleccionarla en el miedo. Es probable que cuando nos digan que hay que sentarse bien, que no mostremos nada, que no usemos tal o cual prenda,... lo hagan por nuestro bien pero en todo eso hay un trasfondo terrible. Y es que resulta que alguien te va a mirar entre las piernas y claro, con cinco o seis años tú te preguntas que por qué alguien quiere mirarte ahí y empieza el terror. Te das cuenta que ahí afuera hay gente que quiere hacerle cosas a las niñas. Es horrible, una auténtica pesadilla. Hay que temerle a los hombres y esa niña se pregunta que por qué, pero si su papá es un hombre, si su hermano también lo es. ¿A qué hombres hay que tenerle miedo? Y luego está lo demás. Si no eres joven, mal. Si no eres delgada, mal. Si no estás casada, mal. Si no tienes hijos, mal. Miedo fuera, miedo dentro, miedo a envejecer, miedo a las calorías, miedo al miedo... ¿Qué es lo que quieren hacer con nosotras? Pretenden que seamos dominables. Pues bien, todo es un material enorme para una literatura de terror que sí se está empezando a escribir. Y en mis cuentos quise crear esta atmósfera de opresión, de daño y de cosas que no entiendes muy bien cuando eres niña o adolescente. Es algo que me obsesiona. Que estemos en Europa, en pleno siglo XXI, y que tenga que mandarles a mis amigas la foto del chico con el que he quedado y que además les adelante a qué bar vamos a ir, me parece increíble. Y en Latinoamérica ni te cuento. Hay países en los que tu madre te toma una foto antes de salir para saber cómo vas vestida. El miedo está ahí.

M.G.- Asusta solo pensarlo.

M.F.A.- No sé cómo hace la gente que tiene hijas. 

M.G.- Bueno, hay que dejar vivir a los hijos aunque los padres tengan el miedo como una segunda piel.

M.F.A.- Exacto.

M.G.- Pero, María Fernanda, en la nota de prensa dices que el hombre es un 70% de agua y un 30% de violencia. ¿Es por ello que en tus cuentos sale con frecuencia la palabra 'monstruo'?

M.F.A.- ¿Qué son la Manada? Son unos auténticos monstruos. Son unos chicos que salen a cazar. Son cazadores cuyo objetivo es pillar a una presa y vejarla de todas las maneras posibles. Y no solo eso sino también jactarse con sus amigos. Esto se hizo para que existieran los vídeos como si fueran trofeos de caza. Estos chicos no son algo excepcional porque si no, no se producirían tantas violaciones en el mundo. No se han escapado de ningún centro mental, son chicos con los que te cruzas en tu día a día. La monstruosidad está a nuestro alrededor. El monstruo puede estar sentado al lado tuya en el autobús o incluso puede ser tu padre.

M.G.- Se me están cruzando por la mente algunas noticias tremendas. De todos modos, también abordas más temas en tus cuentos. Nos hablas de la emigración, de la inmigración. De hecho tú te defines como periodista, mujer y emigrante. Tu experiencia sale en estos cuentos.

M.F.A.- Tenía que aparecer. Para mí ha sido la experiencia más brutal de mi vida. No fue hasta que estuve aquí y viví como 'el otro' cuando entendí de verdad las cosas tan horribles que nos hacemos los unos a los otros, simplemente con mirar hacia el otro lado. No necesitas patearme para que yo sienta que no estás haciendo nada por mí. Cuando eres inmigrante estás en una situación de desamparado. No tienes papeles, nadie te da trabajo y encima se ofenden si les pides una oportunidad. A mí me indignaba mucho comprobar que nadie decía nada. ¿Por qué en las manifestaciones en favor de los derechos por los inmigrantes solo acuden inmigrantes y asociaciones? Somos gente que ha venido con toda la ilusión de cambiar nuestra vida, huyendo de mil cosas y no importamos. Los refugiados sirios no le importan a nadie. Yo no quiero vivir en un mundo en el que los niños sirios crezcan y me pregunten: ¿tú qué hiciste por mí? Cuando llegué era una indocumentada, un número más pero yo era yo, una mujer capaz de hacer un sinfín de cosas. Así que sí, toda mi vida está atravesada por la inmigración y tenía que aparecer en mis cuentos.


M.G.- Muchas de las situaciones que salen en tus cuentos son muy vívidas, muy directas. Tal y como comentas con el tema de la inmigración, entiendo que has echado mano de tus experiencias personales en otros ámbitos.

M.F.A.- Sin duda, como en toda la literatura que creo que tú y yo amamos, hay cosas del autor porque creo que es la única forma de alcanzar la verdad. Ser verdad a pesar de ser mentira es una contradicción maravillosa. La literatura tiene que llegar al corazón de la verdad con puras mentiras. 

Obviamente en mis cuentos hay cosas mías. Quizá las cosas que los lectores creen que son más autobiográficas no lo son, y al revés. Como te decía antes, 'Pelea de gallos' no es un libro de divertimento. Yo padecí, envejecí y me trastorné escribiéndolo. Mis cuentos son más emocionalmente biográficos que biográficos a secas.

M.G.- Abres el volumen con un cuento tremendo. Bueno, en realidad todos lo son pero me refiero a 'Subasta'. Al principio el lector no tiene muy claro dónde está el narrador, pero tarda poco en averiguar que se trata de un lugar en el que se subastan personas. Leyendo esta historia se me cruzó por la cabeza que quizá está inspirado en alguna noticia de prensa que hayas leído o algo similar.

M.F.A.- Es muy raro porque yo juraría que esta historia me la contó un amigo periodista, sin embargo, a día de hoy, él dice que nunca me ha contado nada de eso. Así que, o estoy confundida de persona, cosa que dudo porque incluso recuerdo el momento en el que estábamos, o bien fue un sueño. En cualquier caso, sí te puedo decir que, un tiempo después de escribirlo, salió una noticia de una chica italiana, una modelo, que había sido secuestrada y posteriormente subastada en la Deep Web. 

M.G.- ¿Y el resto, María Fernanda? Por ejemplo, 'Griselda' esa historia de una señora que hace tartas. ¿Cómo te surgen estas historias tan truculentas en la cabeza?

M.F.A.- En mi barrio había una señora que hacía tartas. Estuvo viviendo allí un tiempo y recuerdo que a todos nos hacía mucha ilusión tener una tarta de las que hacía. No sé lo que le pasó después. Por supuesto no fue lo que se narra en el cuento. Imagino que se mudó o algo así. En cuanto a los demás, van saliendo solos o es mi truculenta personalidad. (Risas) 

M.G.- En 'Nam' hay mucho suspense e intriga con esa puerta cerrada que el narrador quiere abrir a toda costa por ver qué hay detrás y el resto de personajes intenta impedírselo a toda costa. Hasta que lo consigue.

M.F.A.- Ese cuento tiene parte de verdad. Yo tuve una amiga de padre gringo. En su casa había una puerta cerrada, siempre, y si preguntaba solo recibía evasivas. Siempre fui muy curiosa, me gusta saber qué hay detrás de las puertas, si los adultos bajaban la voz, yo quería saber de qué estaban hablando. El lector tendrá que averiguar lo que se esconde detrás de la puerta de ese cuento.

M.G.- ¡Menudo susto! Observo que los narradores en estos cuentos son principalmente mujeres jóvenes pero me llama poderosamente la atención las figuras paternas, la figura del padre concretamente. En tus cuentos los padres están ausentes, se han marchado, están mutilados, muestran rechazo por los hijos. Esa figura parte me ha producido un cierto desasosiego.

M.F.A.- Yo tuve una relación muy difícil con mi papá y supongo que siempre me quedó la obsesión de todo lo contrario, ser una niña muy querida por su papá. De todos modos, él fue muy importante para mí. Murió hace tres años y, como ya he comentado en otras ocasiones, si él estuviera vivo, este libro no existiría. No lo hubiera escrito y si lo hubiera escrito no lo hubiera publicado.

M.G.- No querías que lo leyera.

M.F.A.- ¡No! Simplemente no hubiera sido posible. Le hubiera generado vergüenza y no orgullo, que es lo que yo hubiera esperado. Hubiera sido algo trágico. ¡No!

M.G.- Es verdad que son cuentos duros. No hay filtros. Hablas sin tapujos, sin dulcificar, sin suavizar e incluso creo que muestras al ser humano en su vertiente más descarnada, ahondas incluso en componentes escatológicos.

M.F.A.- Es que yo soy así pero también decidí no usar eufemismos porque, en ciertos temas y en ciertos momentos, creo que el eufemismo forma complicidad con el mal. Me parece que el cuerpo y sus manifestaciones son importantes, comunican mucho y no tenía intención de evadir cosas.

M.G.- De camuflarlas.

M.F.A.- Eso. No quería rehuirle al asco, a lo escatológico. Es cierto que todos lo escondemos pero está ahí y hay que abrirse y hablarlo con naturalidad. 

M.G.- Entiendo. Bueno, última pregunta. La conferencia inaugural de la Feria del Libro de este año ha corrido a cargo de Almudena Grandes. Ella estuvo hablando de la literatura de género y la literatura femenina. Mostró su rechazo a la utilización de este término pero comentó que, por suerte, se está produciendo un 'boom' de mujeres jóvenes escritoras de Latinoamérica y mencionó países como México, Argentina, Chile, Colombia, Bolivia, Ecuador. Tú que has estudiado literatura y eres del cono sur, ¿qué opinas?

M.F.A.- Lo primero que tengo que decirte es que yo tampoco estoy de acuerdo con el término. En cuanto a lo demás, hay gente que dice que realmente existe un 'boom' latinoamericano femenino. Sin embargo, a mí me parece que se trata de otra cosa. Durante mucho tiempo las mujeres no han podido acceder a la alfabetización y visto así, es normal que se haya evidenciado una desigualdad entre la cantidad de hombres y la cantidad de mujeres que escriben. Por no hablar del típico rol de la mujer, dedicada siempre el cuidado del hogar y los hijos. Así que sí, es natural que se haya producido ese 'boom' pero tampoco te puedo decir que la Literatura Latinoamericana escrita por mujeres sea algo nuevo. No es ninguna novedad. Hay que desconocer muchísimo la historia de la Literatura Latinoamericana para creer algo así. No podemos obviar a Sor Juana Inés de la Cruz, ni a Clarice Lispector, ni a Elena Poniatowska. En cualquier caso, esta generación, la mía y la que viene, está aportando muchos más nombres de mujeres que de hombres porque durante mucho tiempo los únicos nombres conocidos eran los de ellos. Creo que la cosa va por ahí. 

Hasta hace un tiempo, nadie sabía nada de la literatura boliviana y ahora tenemos a tres grandes escritoras bolivianas, a Magela Baudoin, Giovanna Rivero y Liliana Colanzi, que son unos monstruos. Y en Ecuador, Mónica Ojeda con dos novelazas publicadas en España y a la que hay que prestarle toda la atención del mundo porque es jovencísima y escribe con un fuerza tremenda. ¿Hay que decir ¡por fin!? No lo sé pero, en cualquier caso, no me gusta llamarlo 'boom'.

M.G.- Porque siempre ha existido solo que ahora tiene más visibilidad, ¿es eso?

M.F.A.- Sí. De otro modo sería como patear la tumba de nuestras madres y abuelas, todas ellas mujeres extraordinarias a las que hay que darle su lugar. Por suerte, en muchos países empieza a rescatarse la obra de muchas mujeres que fueron olvidadas como Elena Garro. De ella la gente decía: 'ah, bueno, si es una poetisa'. Ocurrió lo mismo que aquí, con esa poetisa que escribía para niños.

M.G.- Gloria Fuertes.

M.F.A.- Exacto. La gente decía que escribía cantitos infantiles y de repente se empieza a sacar, y a sacar del olvido. Pues en Latinoamérica. No solo sería ignorante por mi parte sino también estúpido y pretencioso decir que nosotras somos las que hemos abierto la brecha.

M.G.- Cuando resulta que hay generaciones anteriores que ya lo hicieron. Hay que reconocer lo que se hizo antes.

M.F.A.- Completamente. Nosotras no estaríamos aquí sin ellas. Fueron tan brutales que, a pesar de que las luces iluminaban a los hombres y los escenarios eran solo para ellos, hoy conocemos sus nombres. Y las nuevas generaciones van a ser más brutales aún.

M.G.- Confiemos en que sea así. María Fernanda lo dejamos aquí. Un auténtico placer conocerte y conversar contigo. Mucha suerte con 'Pelea de gallos'.

M.F.A.- Muchas gracias a ti.

Comparto con María Fernanda su opinión respecto al impacto que un buen cuento debe provocar en el lector. Una pieza breve sin sustancia es demasiado insulsa, algo que no le ocurre ni por asomo a los cuentos incluidos en Pelea de gallos, de los que pronto os dará detalles. 



Ficha del libro

Editorial: Páginas de Espuma.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Nº Páginas: 120
Publicación: Marzo, 2018
Precio: 14,00€
ISBN; 978-84-8393-234-6
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí.
















3 comentarios:

  1. Muy buena entrevista. Gracias !
    Besos.

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  2. ¡Pedazo entrevista Marisa! me has dejado turulata perdida con la autora y sus palabras, cuanto queda por conseguir y cuanto hemos retrocedido o perdido...Muy buena.

    Besitos cielo.

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  3. Estupenda entrevista. Gracias por presentarme a esta autora. Y tomo buena nota de su libro. Creo que me gustará conocer a todos esos personajes que hay en él.
    Besotes!!!

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