miércoles, 15 de junio de 2016

GORILAS EN LA NIEBLA (DRAMA - 1988).

 


Año: 1998

Nacionalidad: EE.UU.

Director: Michael Apted.

Reparto: Sigourney Weaver, John Omirah Miluwi, Bryan Brown, Julie Harris, Iain Cuthbertson, Iain Glen, Constantin Alexandrov.

Género: Drama.

Premios: Varias nominaciones a los Oscar. Dos Globos de Oro (Mejor Actriz Principal y Banda Sonora Original), entre otros.

Sinopsis: Dian Fossey llega a África para confeccionar un censo sobre una especie en peligro de extinción: el gorila de montaña. Acompañada por un rastreador nativo comienza su trabajo y queda fascinada por la vida de esos animales, a los que no teme acercarse para estudiar su comportamiento. Entre Dian y los gorilas llega a establecerse una especie de extraña relación afectiva. En su afán por proteger la especie, la Doctora Fossey tendrá serios problemas con las autoridades y los cazadores furtivos, que venden las crías a los zoológicos y matan a los adultos para la fabricación de souvenirs.


[Información facilitada por Filmaffinity]


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El domingo pasado viendo los informativos de Telecinco me topé con un reportaje que hablaba de la sensibilidad de los animales. El titular decía: "Una manada de burros llora desconsoladamente al despedir a uno de ellos que ha fallecido"




El reportaje hablaba de los sentimientos de los animales, de cómo se cuidan los unos a los otros, de lo agradecidos que están con aquellas personas que los han cuidado desde el nacimiento. 

Las imágenes me llevaron a pensar en el amor incondicional que muchos sentimos por los animales y siendo este un blog literario, también recordé a todos esos autores que suelen manifestar su amor por los que ellos consideran un miembro más de la familia. Me acordé de Rulfo, de Mowgli, de Héctor,.... Y de todos esos amigos cercanos o lejanos que han sido felices juntos sus perros, gatos, loros, tortugas, patos, y demás... y de todos esos que han llorado su pérdida. 

Dado que el reportaje hacía referencia a Dian Fossey y a la película que retrata buena parte su vida, me entraron muchísimas ganas de volver a ver Gorilas en la niebla, una película que en su día me pareció una maravilla por su valor antropológico y zoológico, que refleja y narra la vida de esta mujer que encontró la muerte en África, luchando hasta el último momento por la protección y la salvaguarda de los gorilas de montaña.


Gorilas en la niebla comienza presentándonos a una joven Dian Fossey (Sigourney Weaver) que asiste a una conferencia sobre gorilas del profesor Louis Leakey en Louisville, Kentuky. Por entonces, contando con algo más de treinta años de edad, anhelaba dejar su trabajo actual en un hospital de la localidad para trasladarse a estudiar a los gorilas de montaña en África, animada por todo lo que había leído en los estudios del destacado zoólogo americano George Schaller. Su cabezonería la llevó a las montañas del África Central. Inicialmente se instala en las montañas de Kabara en el Congo para realizar un censo sobre los gorilas. Junto con Sembagare (John Omirah Miluwi), el rastreador que se convirtió en su mano derecha, exploraba la selva en busca de grupos de gorilas de montaña, el mayor de todos los primates que por entonces estaba en peligro de extinción pues los cazadores furtivos los apresaban para venderlos en el mercado negro. 

Dian Fossey se acercó a los gorilas para estudiarlos en su hábitat  natural y aprender de su comportamiento mediante técnicas de imitación hasta el punto de emprender acercamientos temerarios que podían costarle la vida. Sin embargo, ella nunca se amedrantó y sus estudios se consideraron de vital importancia, una ayuda esencial para comprender incluso la evolución del ser humano. Los años convirtieron su curiosidad en un amor incondicional y su afán por protegerlos la impulsó a luchar contra la matanza que se estaba produciendo, llegando a enfrentarse a las autoridades gubernamentales, y a remover cielo y tierra para acabar contra las injusticias perpetradas contra los animales. A todo ello había que añadir que en el país se estaba levantando una guerra civil y que el ejército pretendía expulsar a todos los blancos del territorio. Su campamento fue arrasado y ella expulsada a Ruanda.

Gorilas en la niebla narra los problemas a los que tuvo que enfrentarse la zoóloga en una tierra a la que le costó inicialmente adaptarse pero donde vivió las experiencias más maravillosas de su vida, incluida el amor con el fotógrafo Bob Campell (Bryan Brown). Igualmente desvelará la fascinante relación que llegó a mantener con los primates, quienes la aceptaron como un miembro familiar y conocido. Esa relación tan estrecha que llegó a mantener con ellos la obsesionó de tal modo que se volvió un enemigo cruel contra los que quisieran hacer daño a sus gorilas, como ella los llamaba. Su actitud defensiva y fanática le granjeó más de un enemigo y en aquellas montañas verdes, cerca de sus gorilas, encontró la muerte, un hecho que, a día de hoy, sigue sin esclarecerse totalmente. 





Fue enterrada en Karisoke, el que fue su lugar de estudio. Junto a su tumba, está enterrado Digit, un gran gorila macho muerto a manos de los furtivos, y otros tantos a los que ella amó y fallecieron como consecuencia de la barbarie humana. En su lápida figura la inscripció«Nyiramacibili» que significa «la mujer sola que los bosques».

No cabe duda que esta película narra una hermosa historia que prima por encima de todo lo demás, incluso de las interpretaciones, la labor de dirección o las localizaciones y por eso no me voy a parar excesivamente en esas cuestiones. Conocer lo que fue la vida de esta zoóloga es fascinante y, al tratarse de una película, es obvio que se haya eliminado mucha información. Para conocer toda la verdad, sería imprescindible leer alguna biografía autorizada de la zoóloga, en caso de haberla, y especialmente el libro que ella publicó en 1983 y que también lleva por título Gorilas en la niebla. Me parece que Dian Fossey hizo una labor encomiable y que debe reconocerse. Según se nos cuenta en el desenlace, la lucha emprendida por esta mujer que tuvo tan trágicas consecuencias para sí misma, supuso el final de la caza furtiva y la supervivencia de la especie. A día de hoy la población de gorilas sigue multiplicándose.




Y como digo no me voy a parar excesivamente en otras cuestiones más allá de la historia. La interpretación de Weaver es muy buena tanto en los momentos de felicidad como en los más angustiosos. Sí destaco especialmente el feeling que se siente entre ella y el actor John Omirah Miluwi que interpreta a Sembagare. Con la mirada se lo dicen todo.

martes, 14 de junio de 2016

ENTREVISTA a TONI HILL (Los ángeles de hielo).

Autor
 
Toni Hill (Barcelona, 1966) es licenciado en Psicología, aunque lleva años trabajando en el ámbito de la traducción literaria. En 2011 publicó su primera novela, El verano de los juguetes muertos (Debolsillo), que fue un éxito instantáneo de crítica y ventas, y cuyos derechos fueron vendidos a casi una veintena de países. A esta novela le siguieron Los buenos suicidas (Debolsillo 2012) y Los amantes de Hiroshima (Debolsillo, 2014), que completaron la exitosa trilogía de novela negra protagonizada por el inspector Héctor Salgado.

En Los ángeles de hielo, Toni Hill nos ofrece una magistral historia de intriga psicológica, que penetra en los rincones más oscuros de la mente humana a la vez que nos refleja el ambiente de unos años marcados por la guerra y la tensión social.


Sinopsis

Una ambiciosa intriga de tintes góticos ambientada en la pujante Barcelona de principios del siglo XX.

En la Barcelona de 1916, Frederic Mayol, un joven psiquiatra, se ve enfrentado a un misterio que afecta a la mujer que ama y a su lugar de trabajo: un sanatorio donde aún flotan tenebrosos secretos que se remontan a un pasado reciente, cuando el edificio alojaba un internado para señoritas de buena familia, el Colegio de los Ángeles. Para descifrar la verdad Frederic deberá sumergirse en los sentimientos más recónditos y perversos del ser humano, emprendiendo una investigación absorbente de la que nadie, ni siquiera él, saldrá indemne.


Toni Hill vuelve a demostrar su gran pulso narrativo y su habilidad para la creación de atmósferas en este fascinante best seller literario, poblado de personajes inolvidables y envuelto en un aliento inquietante.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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El día que El verano de los juguetes muertos cruzó el umbral de mi casa no me podía imaginar que pudiera llegar a pasar tan buenos ratos con su autor. Y lo digo no ya por lo que sus novelas me han hecho vivir, sino por ese par de encuentros que llevamos hasta ahora -y espero que sean muchos más- en los que no hemos dejado de reír. A juzgar por los momentos de pura extraversión, simpáticos y divertidos, se podría pensar que Toni Hill es autor de comedias pero a veces pienso que, aunque me sentara a hablar con él de la tragedia más terrible existente, sería imposible no llenar el aire de risas. 

Sin duda es un autor que invita de manera natural a las confidencias lectoras, haciéndome sentir cómoda y libre de decir lo que pienso. Por eso, a la mínima ocasión que tengáis, no dejéis pasar la oportunidad de conocerlo y de charlar con él. Ya veréis como vuestras risas y las de él se solapan en un diálogo ameno y distendido. Ni que decir tiene que sus novelas son muy recomendables también.

Hace unas cuantas semanas Toni Hill estuvo en Sevilla promocionando su última publicación, Los ángeles de hielo, una novela que nos ha gustado mucho. Y digo «nos ha gustado» porque tengo constancia de que somos muchos los lectores que hemos disfrutado de una novela con importantes tintes góticos y algo más. Os dejo con lo que nos contó.

Marisa G.- Toni, que gusto volver a verte. Me tienes muy intrigada con esta nueva novela, Los ángeles de hielo, que aún no he terminado de leer. Supone un cambio y no solo por la trama sino también por la editorial. Antes publicabas con Debolsillo y ahora con Grijalbo.

Toni H.- Bueno, en el fondo pertenecen al mismo grupo, a Random House. Y sí esta novela es un cambio no ya por la editorial sino porque aquí me meto en una historia que sucedió hace cien años, con tres voces narrativas, es como un puzle muy grande en el que las piezas van encajando. Estoy muy contento con el resultado. 

Fue la editorial la que decidió convertirla en tapa dura cuando ya estaba la novela terminada aunque ya sabía que se iba a publicar en Grijalbo. De hecho, después del éxito de la primera novela, acordé con ellos que habría dos novelas más de Héctor Salgado que saldrían en Debolsillo y luego otra distinta que saldría en Grijalbo.

M.G.- Entonces a tu primera novela le debes muchísimo.

T.H.- Se lo debo todo. Primero el tiempo que ahora tengo para poder escribir y la decisión de seguir escribiendo.

M.G.- Pues Toni, cuando nos vimos en aquel diciembre de 2014, me comentaste que estabas trabajando con varias tramas  pero no parecía que lo tuvieras muy claro. Me gustaría saber cuándo nacen estos ángeles.

T.H.- Bueno, yo creo que te mentí. (Risas).

M.G.- ¡Anda, qué pillo! (Risas)

T.H.- (Risas). No, no, verás. Lo que sabía seguro en aquel momento es que la siguiente novela iba a ser protagonizada por un psiquiatra y que iba a transcurrir en esa época. Y lo que seguramente no sabía era lo que iba a pasar exactamente. Por eso te dije que estaba jugando con diferentes tramas pero todas ellas sucedían en un escenario que yo ya había elegido. De hecho, los primeros apuntes que tengo de Frederic, del protagonista, son del año anterior.

M.G.- ¿Pero qué te inspira esta historia?

T.H.- Pues por un lado, quería hacer algo distinto y que se notara. Sin cambiar totalmente de género, sí me apetecía romper y alejarme un poco del policial más clásico. Y luego, los primeros años del siglo XX siempre me han parecido fascinantes. Viena es una ciudad que me fascina en ese periodo. Había todo un cúmulo de referentes, como Freud y el psicoanálisis, la psiquiatría, la represión sexual,... ideas globales a las que llevaba mucho tiempo dando vueltas para transformarlo en una novela. 

M.G.- Entiendo. Hay dos tramas que ocurren en dos hilos temporales, no muy distantes uno de otro, y una historia de amor. Y luego hay por ahí un personaje que no sé yo cómo podríamos definirlo. ¿Diríamos que hay fantasmas en esta novela?

T.H.- Hay fantasmas sí, sí,... pero no es una novela de fantasmas, no es el leif motiv de la trama. El fantasma es un añadido, algo más, un plus porque en el fondo la novela te habla de la inquietud, del desasosiego, de la incertidumbre. Frederic antes de ir a la guerra está muy seguro de su país y tiene grandes máximas. Luego se da cuenta de que la cosa no es como él pensaba. En resumen, esta es una novela de las incertidumbres del siglo XX que realmente son las mismas que las del siglo XXI.

M.G.- Y tampoco es una novela de terror.

T.H.- No, no,... Creo que el adjetivo que mejor la define es inquietante. La escena que se describe en las primeras páginas es muy difícil de olvidar con ese chico ajusticiado, esa chica muerta con el pájaro en la boca,... Todo eso se te queda grabado en la mente mientras lees la primera parte de la novela en la que no suceden cosas espectaculares, simplemente se van presentando a los personajes. El prólogo tiene muchas de las claves de la novela.

M.G.- Y esas dos líneas argumentales, una que transcurre en 1908 y otra en 1916, tienen un nexo en común, un edificio. Antiguamente había sido un colegio de señoritas, después pasa a ser un sanatorio. Este edificio que tú describes tan bien con esas gárgolas que son ángeles, ¿tiene algún referente real?




T.H.- Me lo inventé todo. Lo único que es real es el solar, que está precisamente en San Pol, en el pueblo de la novela. Me instalé allí el año pasado y fue allí donde escribí la parte central de la novela. Busqué un espacio en el que no hubiera nada, que estuviera a medio camino entre San Pol y el pueblo de arriba, San Cebriá,... Hay un espacio en medio del bosque que está vacío. Me podía haber buscado un edificio así porque seguro que en algún lado hay alguno pero es totalmente inventado.

M.G.- La atmósfera dentro del edificio es muy densa.

T.H.- Son ambientes cerrados. Cuando el edificio es un internado las jóvenes pueden salir pero no lo hacen nunca. Es como un microcosmos. Y al sanatorio le pasa lo mismo, viven como encerrados.

M.G.- Toni, ¿y alguna de estas dos tramas te ha gustado más que la otra? ¿Te ha costado escribir más una que otra? La parte del colegio me ha maravillado.

T.H.- Yo también disfruté mucho con la trama del colegio pero con la otra, bueno, bueno... Ya verás cuando sigas avanzando porque te esperan unas cuantas sorpresas por descubrir.

M.G.- ¿Si, verdad? Me dejas con una intriga...

T.H.- No te digo nada, ya verás. (Risas)

M.G.- Bien. Y hay personajes que saltan de la trama más antigua a la más actual y eso crea muchísimo suspense. Además nos vas adelantando información.

T.H.- Sí, lo voy haciendo así para generar esa tensión. El punto clave de toda la novela es el final de la segunda parte. Es un punto de ruptura en el que el lector se plantea lo que le están contando, te pone en duda y te cuestiones todo lo que has estado leyendo hasta ahora.

M.G.- Y que lo digas. Ahí es donde yo estoy ahora mismo. Pero en esta novela, ¿los personajes no tienen más carga psicológica que en las anteriores?

T.H.- Igual sí. Es una novela que va directo a la cabeza de los personajes, y de los lectores.

M.G.- Juegas mucho con lo que los lectores van pensando.

T.H.- Exacto pero es que hacía falta hacerlo así para este argumento. Es una novela sobre el psicoanálisis, sobre el pasado,... Si estás tratando este tema tienes que hacerlo desde dentro de la cabeza de los personajes y meterte en la cabeza de los lectores.

M.G.- Pero fíjate que, con tantos personajes, incluso se podría hablar de una novela coral. En la trama del internado está Águeda, la directora del colegio, un personaje que me ha fascinado, y luego está Griselda, esa tremenda joven que inquieta mucho.

T.H.- Griselda es el mal. Es una serpiente metida en el colegido.

M.G.- Pues aparte de su personalidad también me ha resultado muy curioso la elección de su nombre. He estado buscando el posible significado del nombre por si tenía que ver algo con su carácter.

T.H.- A los personajes tardo mucho en ponerles nombre pero una vez que se los pongo es muy difícil que se los cambie. Griselda fue para mí un nombre misterioso, quizá porque me recuerda a Giselle, la del ballet.

M.G.- Sí, quizá es eso lo que me aportaba el nombre y por eso lo busqué.

T.H.- No sé lo que significa, la verdad.

M.G.- No, si tampoco tiene un significado especial pero me inquietaba tanto.

T.H.- Por su parte, Águeda me daba una idea de solidez, de solvencia, muy organizada. 

M.G.- Águeda es un personaje que al final de la segunda parte se rompe.

T.H.- O se recompone, según como lo veas. 

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