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jueves, 3 de julio de 2025

BRAULIO ORTIZ POOLE: ❝La poesía es mi casa y la narrativa es sólo un paisaje que visito de vez en cuando❞

Braulio Ortiz Poole es un reconocido periodista cultural de Sevilla. Leer sus entrevistas y artículos en Diario de Sevilla es casi una obligación. Ha entrevistado a muchísimos más escritores de los que han pasado por este espacio y, en alguna que otra ocasión, hemos coincidido en esas charlas literarias. Amable, afable, cordial, Ortiz Poole escribe para los lectores del periódico, pero también lo hace para sus propios lectores.

La semana pasada tuve la oportunidad de compartir un café con él. Lo vi llegar, andando por la calle, e inmerso en su teléfono móvil. Algo que leía en su dispositivo lo tenía totalmente abstraído. Al verme, se excusó, y me hizo un resumen de los avatares de su vida. Hasta ahí, todo normal. Lo que me emocionó fue que me preguntara por mí, por mis propias circunstancias personales, y eso me hizo ratificar lo que ya suponía, que estaba ante una persona que se interesa por el otro. Ese interés lo vuelca en su propia escritura, en unos tiempos en los que, como él dice en esta entrevista, sólo pensamos en nosotros mismos.

Braulio Ortiz Poole acaba de publicar poemario. Lleva por título Hombres que dicen Aleluya, una suerte de híbrido entre la poesía y el teatro, que cuenta con las acotaciones propias de un texto dramático y tres personajes, tres bailarines que narrarán su interior a través de estos versos.

Os dejo con la entrevista.

Marisa G.- Braulio, recuerdo que te conocí o que hablamos por primera vez con La fórmula Miralbes, aquella novela que publicaste en 2016. Desde entonces, he advertido que te has centrado más en la poesía, ¿cierto?

Braulio O.- Sí. 

M.G.- ¿Por qué? ¿Qué te aporta la poesía que no te aporte la narrativa?

B.O.- Pues mira, es curioso, porque yo vuelvo a mis versos y me reconozco en ellos. Es como si, por alguna razón, fuera más fiel a quién soy en la poesía. En la novela, con eso de que urdes una ficción, de que te vales de unos personajes, quizá se cuelen cosas que, a lo mejor, no te representan tanto. La ficción no la controlas tanto como la poesía. Por eso me identifico más con lo que escribo como poeta y no tanto con lo que escribo como narrador. No reniego de lo que he hecho hasta ahora porque, al fin y al cabo, de todo se aprende y todo va conformando quién eres, pero digamos que la poesía es mi casa y la narrativa es sólo un paisaje que visito de vez en cuando. 

M.G.- La poesía que hoy leemos se aleja muchísimo de aquella que estudiábamos en la época del colegio o del instituto, tan estructurada, con sus cánones. Es un género que ha roto muchos esquemas, el más transgresor, pero, ¿todo vale cuando uno se quiere expresar a través de la poesía? Hay mucha gente que piensa que, hoy día, a cualquier cosa se le llama poesía. ¿Qué es la poesía hoy? ¿Cómo se escribe hoy poesía?

B.O.- Bueno, para mí, la poesía es algo que tiene una música. El ritmo es fundamental, aunque ya no son esas rimas encorsetadas. Sin embargo, a mí me sale de forma natural una cierta métrica, una cierta música. Hay poetas que me han dicho que siempre uso endecasílabos. Es algo que hago sin pensar, me sale de forma natural, de forma intuitiva. Al igual que hay gente que tiene intuición para la música, creo que tengo intuición para los versos, para las rimas internas, para esa música.

M.G.- Yo voy a establecer una especie de comparación entre la forma de escribir poesía hoy día y esas palabras que cierran el libro, las de Vicente Escudero, en las que se hace referencia al hecho de bailar de manera irracional, sin que los músicos tengan partitura o incluso sin que sepan música. Hago como un paralelismo entre esa poesía sin reglas y el hecho de bailar sin ninguna pauta.

B.O.- Sí. De todos modos, voy a volver a la pregunta anterior, a si todo vale. Y no, no todo vale. A mí me parece que hoy hay muchos chavalitos que escriben y publican poesía con mucho éxito, pero abres sus libros y se te cae el alma a los pies. Realmente tienen una expresión muy pobretona. La poesía hay que trabajarla, hay que filtrarla. No se trata simplemente de escribir unos versos adolescentes con los que se vuelca la frustración por un amor insatisfecho. Es algo mucho más complejo. Es una expresión del alma humana y, como tal, tiene que ser compleja porque el alma humana lo es. 

Y, por otro lado, me encantaba esa cita de Vicente Escudero. Realmente es maravilloso ser libre, sentirse libre, pero, para conquistar esa libertad, como hace Rocío Márquez, hay que conocer la tradición. No se da un salto al vacío. La gente que explora la vanguardia o quiere ser revolucionaria, a su modo, da un salto al vacío de manera premeditada. Lo hace porque necesita volar, pero antes ha tenido los pies en el suelo.

M.G.- Hombres que dicen aleluya es el título de este poemario. Me resulta muy original y destacaría tanto el continente como el contenido. No sé si empezar a preguntarte primero por los textos o por la estructura porque, abres el libro, y enseguida entiendes que hay algo más que poemas, una especie de vinculación especial con el teatro que también está presente en este poemario.

B.O.- Sí, de hecho le conté el proyecto a una amiga y me respondió que era como una obra de teatro. No había pensado que quizá tiene cierta dramaturgia, con muchas acotaciones y todo. Pero es que me interesa una poesía que rompe fronteras y coquetea con otras disciplinas porque la vida, al fin y al cabo, es una mezcla.

M.G.- Un híbrido.

B.O.- Sí y la literatura tiene que estar viva para que te llegue. Me gusta mucho ese cruce de disciplinas, ese cruce de historias, esa amalgama que la hace mucho más rica.

M.G.- A mí me produce mucha curiosidad la forma en la que os surgen las ideas a los que os dedicáis a escribir. ¿Cómo surge este proyecto, Braulio?

B.O.- Yo quería escribir sobre la idea de comunidad. Ahora somos todos muy individualistas y la sociedad se ha estructurado de tal forma que cada uno tiene que pelear por lo suyo y dar la espalda a los demás. Esto es algo que a mí me preocupa. Quizá se deba a mi educación de raíz cristiana pero es que me preocupa comprobar que hemos dejado de mirar al otro. Me da mucha rabia cuando voy andando por la calle, y le cedo el sitio a alguien para que pase, ver que ni da las gracias. Me parece muy triste que hayamos perdido esa comunicación con los demás. Así que buscaba un sitio en el que unos se apoyaran en los otros, que los unos encontraran alivio en los otros, y pudieran desarrollarse gracias a la ayuda de los demás. Por eso pensé que una compañía de danza era perfecta para eso. En este caso, son tres personajes que, por distintos motivos, están perdidos y extraviados pero se encuentran gracias a que el otro les da la mano. La danza me daba la oportunidad de hablar de comunidad y de compañía, de otras maneras de relacionarnos. Me parecía bonito reivindicar eso.



[Si prefieres oír nuestra conversación, play al vídeo]


M.G.-Pero, ¿por qué te fijas precisamente en la danza? Comunidades hay muchas...

B.O.- Porque la danza me emociona un montón. En otras ocasiones he dicho que, cuando veo a alguien bailar, pienso que tengo alma. Es como algo medio espiritual. Es un ejercicio muy físico y, sin embargo, invoca a los dioses, recuerda a los muertos, celebra la vida y el amor. La danza me gusta mucho como espectador y me ha hecho muy feliz. Quería reivindicar eso, la belleza y la alegría, que son tan fundamentales en un mundo tan triste como el que tenemos ahora. También quería dar las gracias a compañeros bailarines, compañeros incluso del colegio, que se han dedicado al baile. También, gracias al periodismo cultural, he conocido a muchos bailarines que han ido creciendo y yo he ido creciendo con ellos, al ver su evolución. 

M.G.- El libro se estructura en cuatro partes, que corresponden a cuatro personajes. Tres de ellos forman parte de la compañía de danza: Gennaro, Mateo y Theo. Y luego tenemos a Enrique, que es un espectador. ¿El lector llega a conocer, de alguna manera, a estos personajes? Por ejemplo, de Gennaro sí vamos a saber que es un bailarín en declive. ¿Llegamos a conocerlos?

B.O.- Espero que sí. Me fascina el material humano. Al escribir, me gusta meterme en los sentimientos de la gente. Esa cosa de encontrar tu lugar o esa necesidad de sentirse querido que tenemos todos. Eso me gusta explorarlo en la  poesía. Así que espero que los lectores conozcan a Gennaro, a Mateo y a Theo, al igual que los conozco yo porque he sentido sus inquietudes y sus esperanzas durante el tiempo que he estado con ellos. 

M.G.- Es curioso el ejercicio que has tenido que hacer porque, generalmente, cuando uno escribe poesía, es más un diálogo entre el texto y el escritor. Sin embargo, en este caso, al meterte en la piel de unos personajes, ha tenido que ser como rizar más el rizo. 

B.O.- Bueno, todo puede parecer muy metaliterario o muy complicado pero, una vez que te dispones a escribir, es fácil meterse en la piel del otro. De hecho, la literatura es eso, ¿no? Intentar deducir qué piensa el otro, y construir un puente que te acerca a los demás.

M.G.- A través de unos de esos personajes vemos que la figura de la madre está muy presente.

B.O.- Sí. Es un personaje que vuela de sus raíces y que las deja atrás. Quería preguntarme qué pasa con los ilusos. De niño siempre fui muy profundo [se sonríe] y, por entonces, ya pensaba qué pasaría cuando nosotros nos fuéramos de casa y dejáramos solos a nuestros padres. Yo soy el sexto de siete hermanos.  Éramos una familia numerosa y, sin embargo, me preocupaba mucho la soledad y el abandono de mis padres. Cuando mi padre murió, mi madre se quedó sola. Creo que ahí tenía una asignatura pendiente, una deuda que quería explorar. ¿Qué pasa con quien quiere irse y deja atrás las raíces? 

Con este personaje, fue su madre la que llevó al niño a la danza y la que le enseñó la belleza. Yo quería dar las gracias a mi madre, que me llevó al cine de pequeño y me hizo amar la cultura. La madre del libro me permitía hablar de la vertiente espiritual del arte. Muchas veces los que somos más descreídos encontramos en el teatro, en la danza, en el cine, en la literatura, un alivio, un consuelo, que a lo mejor el mundo real no nos da, pero sí nos da la ficción. Quería hablar de esa espiritualidad laica, por decirlo de algún modo, de que no somos un mero cuerpo y de la sensación de tener alma. 

M.G.- Dicen de tus poemas, y es algo que ya vimos en el libro anterior, que pones la mirada en la gente más desvalida, más de la periferia. Hay unos versos que te voy a leer: “Niños soldados / en un país sin guerra / disparan / su munición de odio al diferente” o "Aquí, al teatro, / vinimos los hombres que no teníamos casa / mendigos de espíritu,  / los heridos por bala y por hastío". ¿Qué me dirías de estos versos?

B.O.- Es que es algo que me interesa mucho.  El otro día me hicieron una entrevista y me dijeron que, claro, si uno baila solo en una esquina, pues se ríen de él y lo señalan. Y es que a mí los que realmente me interesan son los señalados. La gente que está bien integrada no tiene tantos problemas o tantas necesidades de ser aceptado como los otros. Me interesan los desvalidos, porque necesitan un abrazo más que nadie. Por eso, mi literatura se acerca mucho a los márgenes, porque creo que allí hay más necesidad de amor y más necesidad de vida. Y a lo mejor la vida se expresa de otro modo, pero ese que baila solo de una forma que puede parecer ridículo a los demás, en realidad tiene mucho valor. Baila solo y reivindica su soledad.

M.G.- Los lectores tenemos la mala costumbre de buscar al autor entre las líneas de su libro. ¿Hay mucho de Braulio Ortiz en este?

B.O.- Por supuesto, sí [ríe]. Estoy yo en todo lo que hago. Lo que decíamos antes que, como narrador, a lo mejor me camuflo más, pero aquí, aunque estoy hablando de otros personajes, el sentimiento de querer ser aceptado que tienen esos bailarines es el que tengo. Hay mucho de mi propia vulnerabilidad en estos poemas.

M.G.- Braulio, creo haber hecho bien los deberes. Me he dado cuenta de que cada una de las partes en las que se estructura el libro se inicia con un texto que forma parte de un artículo firmado por ti y publicado en el periódico. Si no me equivoco...

B.O.- Hay una necesidad de celebración de las cosas pequeñas de la vida y una voluntad de dar las gracias, que ya estaban en esos artículos y que ahora están en el poemario. La RAE define la palabra aleluya como demostración de júbilo y de gratitud. Y este libro quiero hablar también de gratitud.

M.G.- Siempre he envidiado a los que hacéis periodismo cultural. Has hecho muchísimas entrevistas. Yo no soy periodista, es algo que siempre recalco, pero sí he tenido la oportunidad de hablar con muchos escritores, de distintas edades, de distintos géneros. Es algo que me ha enriquecido muchísimo. Quiero pensar que es algo habitual que, a ti, por ejemplo, que has hablado con tantísimas personas, también te ha enriquecido.

B.O.- Claro. De hecho, este poemario puede entenderse como una carta de amor a los bailarines que he conocido en ese tiempo y que me han devuelto la fe en la vida y en la belleza. Y sí, para mí el periodismo cultural es un oficio, una vocación, que me ha hecho crecer muchísimo como persona. Yo no entendería quién soy sin todos estos años de periodismo cultural, que me han enriquecido muchísimo. Con todos los problemas que tiene la profesión, el balance, sin duda, es positivo.

M.G.- Y los textos, los poemas, ¿funcionarían bien si se leen de manera independiente? ¿Podemos abrirlo y leerlo sin seguir orden, sin empezar desde el principio hasta el final?

B.O.- Sí. La experiencia lectora es un acto de libertad. Cada uno puede leer un libro como quiera y muchas veces no importa tanto la trama, el argumento, como lo que te inspire ese fragmento. Y bueno, yo leo muchos poemarios sin orden y me parece fantástico.

M.G.- Hay algunos que sí tienen que ser leídos en orden. Algunos autores señalan que sus poemas hay que leerlos desde el principio al final, por orden.

B.O.- Bueno pero, al final, cada uno hace lo que quiere. El libro es ya del lector.

M.G.- Exactamente, el lector es libre. Hombres que dicen aleluya es el título. Hablamos de exaltación, de júbilo, de dar las gracias. ¿Cómo se gesta el título en tu cabeza?

B.O.- El título fue un poco accidental. Se convocaron unas ayudas a la escritura. Yo tenía el proyecto este, basado un poco en los artículos publicados en la sección Acción de Gracias y pensé en Hombres que dicen aleluya, como título. Me dieron la ayuda pero si cambiaba el título tenía que escribir al ministerio para pedir el cambio y al final, decidí dejarlo como estaba. Pero, en un principio, tuve mis dudas porque sonaba muy parecido al título del libro anterior, a Gente que busca su bandera, y temía que este libro pareciera como una segunda parte. Y no es así. Este es muy distinto al anterior. Tuve mis dudas y nada, al final, lo dejé. Es como mi nombre, Braulio, que suena raro pero ya se me ha quedado. Uno acaba aceptando los nombres que son accidentales. Lo importante es el contenido.

M.G.- Por supuesto, lo importante es el contenido. ¿Y tú, en los versos de quién te fijas, Braulio?

B.O.- De muchísima gente, pero en este libro en particular, por ejemplo, podía haber sido Chantal Maillard, que tiene un libro que se llama Matar a Platón, en el que se narra un accidente de un hombre aplastado por un camión y cómo los testigos van contando la escena. Entonces esa voz externa, esa voz que va recreando la vida, esas voces me parecían muy interesantes, y quizá sea una inspiración. Y luego la parte del espectador, la parte final, que es muy arrebatada, tengo a Luis Rosales como uno de mis referentes. Ese caudal poético que él tiene, tan espiritual y tan hermoso, a mí me ha marcado. Quiero que esté presente en todo lo que hago porque sería un mentor maravilloso.

M.G.- Estamos hablando de danza, Braulio. ¿Tú bailas mucho, aunque sea en soledad?

B.O.- En soledad y en compañía.

M.G.- ¿Bailas mucho? ¿Sí?

B.O.- Sí, me encanta bailar.  Todos somos distintos a la imagen que proyectamos y sé que proyecto la imagen de alguien...

M.G.- ...más tímido, más retraído,...

B.O.- Sí y, sin embargo, bailar es una de las experiencias más bonita, más liberadora y más gozosa que puede tener el ser humano. Hace una semana estuve en la boda de mi sobrina y no paré de bailar. Me encanta bailar. De pequeño veía los musicales de Gene Kelly y yo quería ser eso. El baile es una rebelión contra el aburrimiento.

M.G.- Te he leído por ahí que tienes en mente escribir algo, y aquí enlazamos con la pregunta de antes, que gire en torno a la figura de la madre. Sé que perdiste a tu madre hace relativamente poco tiempo.

B.O.- Sí, como los dos amábamos mucho el cine, quería hablar de ese vínculo. Éramos dos personas muy diferentes pero nos unía el amor por Cary Grant, por ejemplo. Así que me gustaría hablar de Cary Grant y de madres e hijos.

M.G.- ¿Y serían poemas?

B.O.- No, sería una novela, como una comedia amable.

M.G.- No tengo más preguntas que hacerte. Te agradezco mucho que nos hayamos tomado este café.

B.O.- A ti.

M.G.- Y espero verte con ese libro de la madre. Me encantará leerlo.

B.O.- A ver si puede ser porque las cosas tan sentidas necesitan de su tiempo.

M.G.- Gracias, Braulio.

B.O.- A ti. 

Sinopsis: Este libro está protagonizado por una compañía de danza y transcurre en el tiempo en que se representa un espectáculo, pero sus versos hablan principalmente de la vida. De cómo una serie de personajes heridos encontraron en el arte una forma de prolongar sus sueños y de redimirse. De la importancia de apoyarse en los otros y renunciar al individualismo que pregonan los anuncios. De cómo bailar fue siempre la manera de expresar sentimientos y explicarse lo humano, pero también de invocar a los dioses y anhelar ser eternos. Tras Gente que busca su bandera, que ganó el premio del blog Estado Crítico al mejor libro de poesía editado ese año, Braulio Ortiz Poole regresa con Hombres que dicen Aleluya, un poemario sorprendente que, como el mejor de los bailes, apela a la emoción y la belleza.


jueves, 6 de octubre de 2022

Encuentro con LUIS GARCÍA MONTERO. "UN AÑO Y TRES MESES"

El pasado 28 de septiembre, los termómetros marcaban 27º en Sevilla. En el interior de aquella sala se registraba una temperatura muy inferior. Nada tenía que ver la climatología de la ciudad ni la refrigeración industrial. Se trataba de la temperatura emocional. 

Luis García Montero acudió a Sevilla aquel día para presentar su nuevo poemario, Un año y tres meses (Editorial Tusquets), un volumen que el autor granadino ha dedicado a Almudena Grandes. Me dispongo ahora a recoger brevemente las palabras del poeta, pero resulta mucho más gratificante escucharlo a él, con su propia voz, que leerme a mí. Para ello os dejo el audio de aquel encuentro que García Montero tuvo con los medios de comunicación.  





El título

Fue ese el arranque de este encuentro, la aclaración del porqué de este título. «Este libro se titula así porque a Almudena le detectaron la enfermedad en septiembre de 2020 y murió en noviembre de 2021. Un año y tres meses después». En este poemario, el autor relata como mejor sabe, a través de la poesía, lo que supuso vivir con la enfermedad y la conciencia de la muerte que se fue instalando en su vida día tras día. El poeta afirmó que, cuando una persona vive una experiencia como esta, la vida pierde su sentido y tiene que ahondar en lo más profundo de su interior para recuperar ese sentido perdido. «Es un diálogo con el vacío y la desorientación».

La vocación por la poesía

El autor de Un año y tres meses confesó que escribir este libro ha sido difícil. En aquellas circunstancias no tuvo más opción que recurrir a la poesía. Ese ha sido siempre su vehículo para relacionarse con el mundo, «por eso acudí a la poesía, para encontrar sentido a lo que me estaba sucediendo y averiguar cómo la tradición poética había tratado los sucesos fundamentales de la condición humana: el amor y la muerte». Para García Montero, acudir a la tradición poética le sirvió para alejarse de un desahogo biográfico y acercarse a una reflexión sobre la condición humana, que transcendiera de su experiencia particular a una más general. En este sentido, dijo que había mucho de diálogo con la tradición literaria y aludió a obras como El libro del Buen Amor de Arcipreste de Hita, cuando se produce la muerte de Trotaconventos, a esos versos de Jorge Manrique («Nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar / que es el morir») o a poetas tan cercanos como Joan Margarit, «que también escribió un libro poco antes de morir y que se publicó de manera póstuma». Nos aclaró que, en ese libro, Margarit se atrevió a afirmar que ese año previo a su muerte había sido el más feliz de su vida. 

Joan Margarit falleció en febrero de 2021, nueve meses antes que Almudena Grandes. Su enfermedad había corrido en paralelo a la de la escritora. García Montero nos contó que, en aquellos meses de incertidumbres, Margarit y él hablaron mucho de la muerte. Y fruto de aquellas conversaciones y de las vivencias personales del poeta nació el poema que da título a la obra y que cierra el poemario.


Un año y tres meses

Como las narraciones de la lluvia

o los cuadernos de bitácora,

tuvo la enfermedad sus argumentos.


No me quejo de nada. Hoy sostengo

el optimismo amargo con el que respondimos,

septiembre, 2020,

cuando las citas médicas y el mar de los análisis

se mezclaron de un día para otro

con las arenas de la vida.

[...; pág. 67]


En este poema, el autor recoge la afirmación de su amigo Margarit, pero desde una perspectiva distinta. No desde el que se va sino desde el que se queda. «Después de una experiencia dolorosa y momentos muy difíciles, cuando el tiempo pasa y el dolor se convierte en convivencia con el recuerdo, yo también me atreví a decir que, a pesar de los malos momentos, ese año y tres meses de convivencia con la enfermedad iban a ser recordados como uno de los momentos más felices de mi vida». También reflexionó en voz alta, alegando que si algo duele mucho es porque ha sido importante. «La manera de despedirme de casi treinta años de convivencia con una persona es la felicidad de haberla podido acompañar durante los días de la enfermedad, de haberla podido cuidar, de haber podido cuidarnos, y de haber podido conversar con la vida y con la muerte». Todo esto es lo que ha ido escribiendo en el libro, todo ese diálogo con la enfermedad, con el miedo, pero también con la esperanza.

Completamente viernes

En 1998, García Montero publicó un poemario titulado Completamente viernes, a raíz del inicio de su convivencia con Almudena Grandes. Aquel volumen encuentra hoy su broche de cierre en Un año y tres meses.

«Tuve la suerte de que a Almudena le gustara mucho la poesía» y añadió con una sonrisa que siempre ha creído que ella se fijó en él porque era poeta. Recordó que el padre de Grandes fue también poeta y que en la narrativa de las novelas de la autora se puede encontrar fácilmente referencias a los poetas que le gustaban. «El corazón helado nace de unos versos de Antonio Machado». De hecho, sus lectores sabemos bien que, en sus episodios de aquella guerra interminable, estaba haciendo un importante homenaje a Benito Pérez Galdós. 

Comentó el autor que, al inicio de su relación, él le regalaba libros de poetas que a ella le gustaban mucho. «Y en la última página en blanco, siempre le escribía algún poema de amor que le iba escribiendo». Todos esos poemas, escritos en las páginas traseras de aquellos volúmenes que él le regalaba, fueron recopilados para conformar lo que luego fue Completamente viernes. «Estos poemas (refiriéndose a los que contiene Un año y tres meses) son como el cierre de toda una historia de amor convertida en convivencia con el recuerdo».

Adelantó que le gustaría reunir en un solo ejemplar los poemas de ambos volúmenes. «Quizá para el año que viene».

Pudor y Memoria

Aseguró Luis García Montero que, a la hora de escribir este libro, había tenido en cuenta dos cuestiones muy importantes. Por un lado, el pudor. «Los que somos muy partidarios de los espacios públicos solemos ser también muy partidarios del pudor a la hora de contar las cosas privadas». Considera que, hoy día, estamos muy acostumbrados a contar muy alegremente cosas íntimas y personales que nunca deberían traspasar a la esfera pública. «En una época de redes sociales, donde todo el mundo dice lo que piensa antes de pensar lo que dice y saca, sin ningún tipo de pudor, lo privado a lo público, la poesía siempre ha sido el ejercicio de intentar hablar de la intimidad pero de una manera absolutamente pudorosa que no se convierte en patetismo, en amarillismo o en insulto». Afirmó que el pudor poético lo había marcado mucho a la hora de escribir este libro.

Enlazó ese afán de publicitar nuestras vidas con la gestión del tiempo, asegurando algo de lo que todos somos conscientes, que vivimos en una sociedad con demasiada prisa. «Se está mercantilizando el tiempo, hasta el punto de convertirlo en un objeto de usar y tirar». En nuestros tiempos, sabemos que lo que hoy ha acontecido, mañana estará olvidado. De ahí que los bulos y las mentiras corran libremente porque de lo que ocurra hoy, nadie pedirá explicaciones mañana. No obstante, la literatura permite un flujo distinto. «La literatura que cuenta cosas lo que hace es mantener en el presente los recuerdos que considera importantes y establece un diálogo con el futuro».

¿Por qué no contar la experiencia en prosa?

Autor de ensayos y novelas, García Montero explicó que podía haber contado la experiencia a través de una novela. Declaró que estaba escribiendo artículos sobre la muerte y «de hecho creo que es importante hacer una reflexión en un ensayo sobre la muerte». Opina el poeta que, tras la pandemia, «con una sociedad tan hedonista, que ha creído en el canto y en la exaltación de la felicidad, que ha intentado borrar la muerte, la vejez, y olvidarse que hay ancianos, convirtiendo los lemas en derechos», resulta fundamental recordar que somos vulnerables, que no siempre podemos imponer nuestra razón, que debemos cuidarnos y cuidar. El autor cree necesario escribir un libro que reflexione sobre la experiencia de la pandemia, de la enfermedad, de la conciencia de que vamos a morir y de que se van a morir los que tenemos al lado.

Sin embargo, eligió escribir un libro de poemas porque «es el medio en el que me siento más seguro». También porque la poesía había sido el género cómplice en su relación con Almudena Grandes, desde que se conocieron en un encuentro literario en 1992. «Por eso decidí dedicarle un libro de poemas».


Un libro lleno de calma

Durante la convivencia con la enfermedad es necesario cuidar y cuidarse. «Almudena hacía un esfuerzo para no darle excesiva importancia a las cosas o por mantener el optimismo», incluso cuando todo se volvió mucho más difícil. La familia también trataba de aferrarse a la esperanza para ayudarla a resistir. «Durante una enfermedad, los cuidados son importantes, y uno de los cuidados fundamentales es la calma».

Esa calma es la que anidó en la familia durante aquellos meses angustiosos, una calma que él también vuelca en los poemas de este libro. En Resistencia, se habla de una visita de Almudena al hospital, «porque la cosa se había puesto muy mal». A pesar de las recomendaciones médicas, Almudena no quiso quedar ingresada. Decidió regresar a su casa, a lo que seguramente era su refugio. En ese regreso, con la autora en silla de ruedas, vivieron un momento tenso con un taxista. El conductor mostró malos modos pero tanto ella como él optaron por mantener la calma. Ser paciente con el taxista, que también tendría sus propias batallas, y ponérselo también fácil a Almudena en esos momentos tan complicados. «La convivencia con la enfermedad es una convivencia de intento de comprensión del mundo. La conciencia de vulnerabilidad hace que cualquier tipo de prepotencia o afán de autoritarismo quede fuera de lugar».

Resistencia

[...]

"No has querido quedarte ingresada esta noche,

así que regresamos al cuartel

y el taxista no pone buena cara

cuando nos acercamos en la silla de ruedas

hasta su posición.

 

El hospital, la cuesta, el maletero,

la lentitud de tus rodillas

al entrar en el coche,

asaltan su paciencia.

Yo no se lo reprocho, no sabemos

cuáles son sus batallas,

mientras la historia cae resumida en nosotros

y en tu mano que guardo entre las mías".

[...; pág. 35-36]


Madrid y los espacios

Durante el tratamiento médico, los médicos recomendaron a la autora hacer algún ejercicio suave. Caminar se convirtió en un ritual para Luis y Almudena, caminar por una ciudad que conocían pero sin haberla visto realmente. «Vas cruzando la ciudad y la vas mirando con otros ojos», con la mirada del resistente. En estos poemas aparece esa nueva ciudad que se abría ante ellos, un recorrido por los lugares que se mezclaba con el diálogo interior. «Lo que era cotidiano adquirió otra trascendencia y por eso Madrid tiene importancia en este libro».

Y otro escenario más, esa localidad gaditana que gustaba tanto a la autora, refugio veraniego de otros tantos novelistas, cantantes y poetas. Rota siguió siendo un escenario habitual en la vida de la pareja, tras el diagnóstico de la enfermedad. En ese pueblo, los paseos por la orilla también se convirtieron en costumbre a la caída de la tarde, cuando el sol calentaba con menos virulencia, para evitar las posibles reacciones adversas provocadas por el sol y la quimioterapia. «Resulta que el crepúsculo y el mar son metáforas de la muerte en la tradición poética. El paseo por la playa me hacía recordar la canción de Góngora, aquel 'dejadme llorar orillas del mar', que yo cambiaba a 'dejadme soñar orillas del mar....'»

Las palabras más duras: vómito y mudanza.

Estas dos son las palabras del poemario que ha elegido como las más duras para él. El vómito que le provocaba aquel whisky que bebía, al que acudía cuando ya no podía soportar más la situación, siempre procurando que Almudena no lo viera. Esa era su principal preocupación, que la autora no advirtiera esos momentos de derrota. 

La otra es mudanza. Desmontar el hogar en el que has vivido porque has comprendido que, para intentar volver a ti mismo, tienes que asumir que ya has cambiado, que la propia vida ha cambiado. «Empiezas a hacer mudanza y vas metiendo en una caja los recuerdos compartidos, hasta tu propio corazón, las ilusiones que ya no formarán parte de un futuro sino del pasado, y a ver cómo te entiendes con un presente donde ya el futuro ha perdido significación». 


Con estas palabras se dio por concluido el encuentro. Se estaba bien en aquella sala, en la que flotaba un silencio mágico, donde la nostalgia, el dolor, la ausencia, pero también el recuerdo, el amor, y la alegría de haber vivido, estaban sentados a aquella mesa. Salí de aquel lugar con el sosiego pegado a la piel. Fuera me espera un cielo azul y el habitual bullicio de esta ciudad. Pero yo seguía con la mente puesta en este encuentro, en las palabras de Luis García Montero, y en todo aquel amor que había visto en sus ojos.


Sinopsis: Los poemas dedicados a Almudena Grandes por Luis García Montero. 

Uno de los más hermosos libros de amor de la literatura reciente.

¿Es la tristeza, la devastación íntima, lo que nos da la medida de nuestro amor cuando perdemos al ser amado? ¿O será tal vez la intimidad de la convalecencia una extraña forma de ternura, el último asidero de la felicidad compartida?

Un año y tres meses reúne los poemas escritos por Luis García Montero a raíz de la pérdida de su mujer, Almudena Grandes. Son poemas que evocan con delicadeza y emoción contenida a veces, desatada otras, la enfermedad y la convalecencia de ella, la vivencia y la emoción de lo vivido. En sus versos se despliega el argumento del último paseo en verano, el diagnóstico inesperado, los cuidados, la noche de Fin de Año en el hospital, el desgarro del dolor, la casa vacía, los recuerdos convocados por la ausencia, los momentos de una larga historia de amor que aquí cobra todo su sentido.

Tal vez el libro más conmovedor de Luis García Montero, por la contención, la evocación serena de momentos angustiosos, la inmensa ternura evocando la complicidad y el recuerdo de la que ya no está. Tal vez por ello, y sin proponérselo, uno de los más hermosos libros de amor de la literatura reciente.

martes, 30 de enero de 2018

PATRICIA BENITO: "El secreto de la felicidad es querer lo que tienes"

Muchos sabéis que la poesía es mi género pendiente. No acostumbro a leer poemarios y mal que me pesa. Sin embargo, nunca digo no a conocer a todo aquel que se lanza al mundo de los versos, que se atreve a transmitir en pocas líneas lo más íntimo y personal. Para ello hace falta valentía y mucha sensibilidad, dos cualidades que me consta que posee Patricia Benito, una joven nacida en Las Palmas, a quien la poesía ha llegado en forma de aluvión convirtiéndola en una nueva voz emergente. 

Patricia visitó Sevilla hace unas semanas para presentar su debut con su libro Primero de Poeta. Casi sin creerse lo que le estaba ocurriendo, compartimos confidencias.

Marisa G.- Patricia encantada de conocerte. 

Patricia B.- Igualmente. Un placer estar en Sevilla.

[Imagen de Instagram @labenitoescribe]
M.G.- 'Primero de poeta' es tu primer libro, un libro que, en principio, escribiste para ti pero luego decidiste compartir con tu familia y más tarde subirlo a Amazon.

P.B.- Sí, mi editora me encontró justo en Amazon. El libro empezó a figurar entre los destacados y fue entonces cuando me llamó la editorial Aguilar para reeditarlo. Pero todo empezó con una foto que subí a Instagram, la de 'Vive, joder. Vive'. Se hizo viral. Yo había  hecho una tirada de trescientos ejemplares y a raíz de esa foto tuve que volver a editar más libros, como cuatro o cinco veces. Hasta que la editorial me captó.

M.G.- Cuando lo subiste a Amazon ni se te pasó por la cabeza que todo esto iba a ocurrir.

P.B.- No, no, para nada... Lo subí porque quería aprender a maquetar. Lo puse bonito y para Navidades se lo regalé a mi familia. También lo coloqué en una tienda on-line de libretas que llevaba. Pensé que si vendía alguno pues estupendo. Pero mi sorpresa fue que en una semana se vendieron los trescientos ejemplares y luego tuve que volver a encargar más. Hasta dos mil y pico.

M.G.- De todos modos, esto de escribir surgió cuando asistes a un recital, si no estoy mal informada, ¿no?

P.B.- Sí. Asistí a un recital de Escandar Algeet en Logroño porque me habían encargado comprar un ejemplar de su libro. Llegué tarde, después de salir de trabajar, y me quedé prendada. En primer lugar de él como persona porque es impresionante y luego porque descubrí que había una forma de expresarse distinta a todo lo que yo conocía. 

Siempre he sido muy cerrada a la hora de hablar de sentimientos. Además, por entonces estaba pasando una época complicada. No sentía nada, ni tristeza ni felicidad. Pero fue acudir a aquel recital y sentir que quería escribir cosas que no había escrito nunca, volví a sentir, y las cosas empezaron a hacerme ilusión. Escandar me hizo ver que todo podía ser distinto y tenía razón. Comencé a ver las cosas de otro modo, a escribir casi compulsivamente. Si estaba de paseo me quería ir a mi casa porque quería escribir y contar todo lo que sentía. Fue muy sorprendente para mí porque es que yo ni siquiera había escrito el típico diario adolescente. Y cuando tuve mucho material, lo junté y lo puse bonito. Solo por curiosidad.

M.G.- Se podría decir que fue la poesía la que vino a buscarte y no al revés.

P.B.- Sí. Todo lo que me está pasando con el libro es así. Tengo una amiga que dice que el libro tiene magia y camina solo, y es verdad. Yo acompaño al libro a los actos, a las presentaciones,... pero el que tiene vida es él. 

Creo que la poesía llegó en un momento en el que yo necesitaba una salida. Supuso luz para mí, como si hubiera estado durante mucho tiempo dentro de un cuarto oscuro y de repente alguien abre una ventana.

M.G.- ¿Pero tú eras lectora de poesía?

P.B.- No, no, no.... He sido lectora de novela negra o histórica toda la vida pero de poesía no. Nunca había conseguido enamorarme de la poesía. Supongo que se debe a que es un género al que te tienen introducir bien o te lo encuentras de repente como me ha pasado a mí. Tiene que haber alguien o te tiene que pasar algo que active esa parte de ti. Ahora sí leo mucha poesía e intento disfrutarla como una enana.

M.G.- ¿Y qué poesía lees?

P.B.- Intento leer a muchas mujeres como Ana Pérez Cañamares, que me encanta. En cuanto a los hombres, Ángel González, Luis García Montero, Benjamín Prado,... A todos ellos los tengo muy cerca de mi cama.

M.G.- Escandar Algeet es el que te hace el prólogo y dice de ti: '... Patricia ha dibujado su camino con tizas de colores que se difuminan al primer beso'. Dice unas cosas preciosas.

P.B.- Sí, tengo el prólogo más bonito del mundo. Escandar es muy buena gente. Él tiene un bar que se llama Aleatorio en Madrid donde hacen muchas actividades culturales y se hacen recitales de poesía. Y Carlos Salem, un amigo suyo que también es poeta, dice que Escandar ha abierto más mentes que botellines de cerveza. Y  es verdad porque Escandar te hace desaprender, un término que él usa mucho y a mí me encanta. Él consigue que te sientes y te plantees si todo lo que tienes en tu vida es lo que realmente quieres o porque la sociedad te ha guiado hasta ahí. Es maravilloso todo lo que dice.

M.G.- Pues sí que es bonito pero te diré que a mí tu libro me ha conquistado ya desde la biografía. Es muy buena. Me ha parecido muy emotiva y muy intimista, porque, ¿la poesía obliga siempre a desnudarse emocionalmente?




P.B.- Sí, no hay otra manera. La poesía tiene que tener verdad y para que haya verdad te tienes que abrir en canal. De otro modo no tiene mucho sentido. Además es que, en mi caso, la poesía la escribo para mí y si no lo hago a pecho descubierto no me sirve de nada y mucho menos lo va a entender la gente que lo lea. 

M.G.- Claro porque no olvidemos que todos estos poemas, en principio, eran para ti.

P.B.- Claro, claro. En teoría nadie iba a leer esto, ni siquiera cuando ya decidí que lo iba a poner como libro. No se lo enseñé a nadie porque era una época en la que estaba muy insegura. Me daba miedo tener una mala crítica o no tener ni siquiera la valoración suficientemente positiva como para seguir adelante. Sin embargo, yo necesitaba sacar aquello fuera y por eso no se lo mostré a nadie  hasta que ya estaba el libro hecho, hasta que ya no había marcha atrás. 

M.G.- Bueno Patricia, ¿y qué cuentan tus versos?

P.B.- Eso es muy difícil de responder pero podríamos hablar de que hay tres temas. Por un lado, vive el momento, pero no el carpe diem de tírate en paracaídas, sino el aprovecha el momento que estás viviendo ahora, este cuarto de hora, este rato. No estés pensando en lo que vas a hacer mañana ni estés pensando tampoco en lo que vas a dejar de hacer porque siempre vamos a tener peros. Si quieres hacer algo, hazlo. Luego también hablo de mí porque he querido analizarme, intentar mirarme dentro.  Cuando empecé a escribir me sentía muy chiquita. Hay mucho de auto-análisis. Y por último, hay auto-crítica amorosa. Mi poema preferido es 'Pero no de ti' y habla un poco de eso. Yo intentaba entender qué funcionaba mal en mi relación y me di cuenta que yo a veces me enamoro de las expectativas, no de la persona que tenía delante sino de lo que yo quería conseguir con esa persona. Ahí me di cuenta que yo no sabía querer bien y que estaba buscando otra cosa. En definitiva mis poemas hablan de amor, desamor, y vida.

M.G.- ¿El libro te ha servido para crecer?

P.B.- Sí, soy otra persona. A ver soy la misma porque me siguen gustando los macarrones con queso (risas) pero sí veo la vida de otra manera. He aprendido a equivocarme y a que eso no me dé miedo. Porque, además, hagas lo que hagas siempre va a ver alguien a quien no le guste. Lo importante es que te guste a ti. He aprendido a relativizar. Antes me costaba media vida decidir cualquier cosa y ahora no. Una vez que dejas de sentir miedo, te sientes mucho mejor.

M.G.- La frase que se hizo viral 'Vive, joder. Vive' es una frase potente. Es una orden que te diste a ti misma pero que sirve de orden para los lectores.

P.B.- Sí. Esa frase surgió un día que salí de trabajar del hospital, en la Unidad del Dolor. Fue un día muy duro y empecé a sentir rabia por la gente que podía vivir y no lo estaba haciendo, sino que perdía el tiempo quejándose por chorradas. El secreto de la felicidad es querer lo que tienes y no querer más. Si quieres más, pues lo buscas y si no, pues no pasa nada. Las cosas pequeñas son las que merecen realmente la pena. ¿Para qué quieres una casa enorme si al final solo necesitas una cama, un pijama,...? Una vez le preguntaron a Ricardo Darín por qué no se había ido a trabajar a Hollywood y respondió que para qué, si él tenía una ducha caliente todos los días. Y es verdad. 

M.G.- Cierto. Y  en cuanto a la estética, el libro está muy cuidado. Cuenta con citas de Bukowski, fotos en blanco y negro,... ¿El libro que tenemos hoy es tal cual tú lo hiciste para tu familia?

P.B.- El libro original era un poquito más pequeño y las fotos no estaban, aunque son todas mías. Pero el diseño, la bio, la cubierta,... todo eso es igual.

M.G.- Lo cuidaste mucho.

P.B.- Me lo curré mucho, sí.

M.G.- Ahora hay un boom muy potente en cuanto a poesía. Están saliendo mucha gente joven que escribe y también hay mucha gente joven que está leyendo poesía. Hace unos meses yo hablaba con una chica poeta, una chica, digamos, más tradicional en el verso, y comentábamos la corriente actual, gente que escribe sin patrón. Me hizo gracia porque ella denominó esta nueva corriente como 'poesía-pop'.

P.B.- He escuchado tres o cuatro nombres pero este de 'poesía-pop' me gusta. A mí esto ya no me afecta. Puedo entender que haya gente que este tipo de poesía no le guste, que no conecte con ella, porque a mí misma me pasa. Poemas de gente más joven que yo, que escriben sobre cosas por la que yo ya he pasado y olvidado, no me enganchan. Pero eso es una cosa y otra distinta es catalogar ese tipo de poesía como una mierda. Lo de uno ni es mejor ni peor que lo de otro. Además también tenemos el derecho a equivocarnos. No porque sea malo lo tengo que guardar. Ya aprenderé. Sería un error parar esta corriente porque hay gente que está leyendo y comprando libros. Eso es maravilloso.

M.G.- Estoy totalmente de acuerdo. Es que este tipo de poesía está llegando a más gente que los poetas clásicos de toda la vida. Todo es positivo.

P.B.- Hay gente que dice que esto es una moda y seguramente lo será pero cuando pase ya se verá lo que queda. De un autor puedes saltar a otro o, como en mi caso, yo no leía poesía y ahora sí. La cuestión es aprender y descubrir. 

M.G.- La vida te ha llevado por muchos caminos, algunos muy curiosos, ¿vas a seguir en la senda de la poesía o crees que esto ha llegado a su fin?

P.B.- Creo que me queda un ratito más en este camino pero no tengo ninguna meta. Además tampoco quiero forzarme ni publicar otro libro ahora, de manera inmediata. Si me tengo que forzar a escribir, no será verdad y eso no lo quiero. Prefiero no hacerlo. Si tan solo me quedo en un libro, pues bienvenido. Que sale otro porque tengo necesidad de escribirlo y cuando lo escriba además creo que merece la pena que se conozca, pues bienvenido también.

M.G.- Una curiosidad Patricia. En los agradecimientos mencionas las tiendas Natura, ¿y esto?

P.B.- Ah, sí (risas). Eso fue porque, cuando auto-edité el libro, me fijé que el perfil de Natura en Facebook había compartido la foto del 'Vive, joder. Vive' y les mandé un mensaje para agradecérselo. Me contestaron que el jefe, en las reuniones semanales, siempre sacaba el texto como elemento motivador y me pareció tan divertido que les mandé un libro en papel. A los días recibí un mensaje para darme las gracias y me preguntaron que por qué no lo vendía. Les expliqué que, siendo un libro auto-editado, no lo podía poner ni en librería ni en grandes superficies. Fue entonces cuando ellos se ofrecieron a venderlo en sus tiendas. Yo no lo sabía pero estaba hablando con el dueño de Natura. Me compró unos libros y los puso a la venta. Si los vendía bien y si no, pues se iba a quedar con aquella inversión. Se portó muy bien conmigo. Es un negocio que no ha perdido la esencia, hacen muchas cosas de ámbito social y a mí me ayudaron, por eso quería que aparecieran en los agradecimientos.

M.G.- Una historia divertida y curiosa. Pues Patricia, yo te deseo toda la suerte del mundo. Espero poder verte pronto con 'Segundo de poeta'.

P.B.- (Risas) Eso ya se verá. Muchas gracias a ti.

La vida está llena de sorpresas y de eso Patricia Benito sabe mucho. De no leer poesía, ahora se ha convertido en un referente con un pensamiento claro y una voz segura. Sus poemas bien podrían ser los nuestros. Y ahí reside la magia de este Primero de poeta. Y para muestra, Cuando estés aquí.









Ficha novela

Editorial: Aguilar.
Colección: Verso y Cuento.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Nº Páginas: 144
Publicación: Abril, 2017
Precio: 12,90€
ISBN; 9788403517455
Disponible en e-Book




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