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jueves, 30 de enero de 2025

LUIS GARCIA JAMBRINA: ❝La lozana andaluza me parece uno de los personajes más atractivos de la Historia de la Literatura española❞

El pasado día 15 pude conversar nuevamente con Luis García Jambrina, autor de la conocida saga protagonizada por Fernando de Rojas, el autor de La Celestina, al que el novelista zamorano convierte en pesquisidor de la Corte española. García Jambrina llegó a Sevilla para promocionar su última novela, El manuscrito de sangre, que constituye el volumen séptimo de la serie. En esta ocasión, el autor hace viajar a Fernando de Rojas hasta Roma. Con la misión de investigar la misteriosa muerte del papa Alejandro VI. En esta novela, el lector podrá codearse con esa familia a la que persigue una leyenda negra, los Borgia. 

Os dejo con nuestra conversación.

Marisa G.- Luis, un placer tenerte otra vez en Sevilla con otra entrega de la saga protagonizada por Fernando de Rojas. Tienes estas novelas y no hace mucho también lanzaste otro título sobre Unamuno. Querría preguntarte, al margen de que son dos nombres muy importantes de la literatura española, ¿por qué pones el foco precisamente en estos dos autores? ¿Qué es lo que te atrae de ellos, su persona, su literatura,...?

Luis G.J.- Bueno, esto tiene una prehistoria, de cuando escribía relatos breves y no novelas. Me empecé a centrar en escritores en el mundo literario. ¿Y por qué? Porque veía que en la Historia de la literatura, sobre todo la española, había muchos enigmas y misterios literarios en torno a grandes libros y figuras como el lazarillo, la celestina, el propio Cervantes, Unamuno,... Empecé a trabajar en ese territorio que creo no había explorado nadie, por lo menos de manera continuada, y así me salió la primera novela. No fue algo premeditado. En principio, iba a ser un cuento pero me salió una novela, El manuscrito de piedra. Fue ahí cuando encontré un territorio.

Mis novelas se definen como thrillers históricos, mezcla de novela histórica y novela negra, pero, sobre todo, son novelas de personajes. Para mí lo más importante es el personaje, personajes muy poderosos, con muchos recovecos, muy complejos y con una parte enigmática, más o menos. A raíz de esa novela, me di cuenta que aquello daba para una serie. Y las novelas que he escrito entre medias van también por ahí. Tengo una sobre Cervantes, menos conocida que estas, pero que también funcionó muy bien. Trata sobre la vida de Cervantes, contada por su peor enemigo. O sea que esto da mucho juego. Yo no entiendo por qué no se hacen más cosas de este tipo.

M.G.- Bueno, ahora estamos viendo más novelas así, protagonizadas por otros escritores españoles, que funcionan como detectives y demás. Parece que se ha puesto de moda.

L.G.J.- Sí, y viene de ahí, para qué vamos a engañarnos. Lo que pasa es que se olvidan del origen. Y encima, como he empezado otra serie, parece como que me he sumado a esa moda con las novelas de Unamuno, cuando resulta que viene de atrás. Pero bueno, me parece fenomenal, muy bien, porque siempre vi que ahí había mucho camino por explorar, que son personajes muy potentes, con mucho que decir, con una mirada especial sobre el mundo, aunque claro, no cualquier personaje tiene una mirada propia.

M.G.- El manuscrito de sangre es la séptima entrega de esta saga. Teniendo en cuenta que las cuatro primeras, en su título, tenían mucho que ver con los cuatro elementos, ¿en principio pensaste en enfocarte en esas cuatro primeras y luego decidiste seguir explorando el terreno?

L.G.J.- Sí, porque parecía que interesaba. Me encontré un territorio, un filón, y opté por hacer una tetralogía, siguiendo la pauta de los cuatro elementos. Y cuando acabé, volví a hacer otra tetralogía. Me pareció algo muy natural. Cuando salga la octava, ¿qué haré? Pues ya no lo sé. Meterme en otra tetralogía lo veo difícil, pero sí que puedo hacer una secuela o una precuela, que me apetece mucho. Pero bueno, esto es hablar por hablar. No he pensado mucho en ello. Sólo he pensado en terminar la tetralogía que completarán ocho novelas. El ocho es un número mágico. Y luego dependerá siempre de los lectores, que te sigan pidiendo más. Uno, por mucho que se empeñe, no puede matar a un personaje. Si el personaje sigue vivo, pues, al final, tienes que volver un poco sobre él, pero ya será de otra manera. 

M.G.- A través de tus novelas has movido a Fernando de Rojas por muchos escenarios dispares y por muchas horquillas temporales. ¿En qué te basas para elegir el contexto histórico, el tiempo, el espacio, a la hora de desarrollar estas novelas?

L.G.J.- Generalmente viene todo por los personajes. No ya solo por el protagonista sino que te vas tropezando con otros personajes, como, por ejemplo, fue el bufón de Carlos V, don Francés de Zúñiga, que encima había muerto asesinado y escribió un libro. Eso te condiciona. Ese personaje te lleva a la Corte o a Béjar, donde lo mataron. Pues ya está, ahí tienes Béjar y Salamanca, dos espacios que te vienen dados por el personaje.

La anterior, la de Nebrija, pues también me trajo aquí, a Sevilla. Aquí estaba el gran inquisidor Diego de Deza y lo llevo ahí, al castillo de San Jorge. No se trata de tener el espacio y luego lo llenas, sino que es el personaje el que te va llevando por las historias y los espacios.

Al Nuevo Mundo, pues también llego a través de un personaje,  fray Antonio de Zamora, que se va de Salamanca a las Indias, y allí se establece. Se le encarga a Fernando de Rojas que vaya allí a investigar unos crímenes. En fin, siguiendo un poco esto, lo que marcan los propios personajes.


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M.G.- Ahora vamos a ver a Fernando de Rojas en Roma, en pleno siglo XVI. ¿Cómo era la Ciudad Eterna en ese momento y, sobre todo, qué protagonismo cobra en el contexto europeo?

L.G.J.- Mucho porque era el gran foco, la capital de la Cristiandad, el gran foco religioso, espiritual, cultural. Roma era una ciudad que tenía muchas capas, una ciudad doble porque el Vaticano, la Santa Sede, es una ciudad dentro de la propia ciudad de Roma. Es el gran lugar donde se estaba cociendo todo. Además, en aquella época, tuvo lugar las guerras entre Francia y España por el reino de Nápoles o el enfrentamiento entre diversas repúblicas italianas.

Y luego la fisonomía de la ciudad tiene mucho de atractivo. Tenemos la Domus Aurea, un lugar que, que yo sepa, no se ha explorado literariamente porque es un sitio que hasta hace poco no se podía visitar. Se descubre justo en esa época. Bueno, lo que se descubre es lo que llamaban grutas, las primeras grutas. En fin, me parecía que lo tenía todo. Es una ciudad muy orgánica.

M.G.- Y con muchos contrastes, algo que veremos en la novela.

L.G.J.- Sí, exacto, donde en las casas de los pobres, igual te encontrabas una columna romana o una lápida del foro. Esto me parece apasionante, y todavía hoy Roma tiene esto.

M.G.- Y el Vaticano que también es una institución con mucho misterio.

L.G.J.- Sí. El Vaticano es lo más de lo más. Creo que es la época de mayor esplendor y, al mismo tiempo, la de mayor corrupción. Y, luego, era muy peculiar porque el papa era español, valenciano. Sólo ha habido dos papas españoles en toda la historia. Uno fue este y el otro su tío, otro Borja. Borja, en este caso, porque todavía no se habían cambiado el apellido. Roma me parecía un lugar fascinante. Era un burdel, la llamaban Roma putana, un burdel entero.

A esta novela le tenía ganas hace tiempo. Y el personaje te permite dar una vuelta de tuerca, meterlo en otro contexto, con otros problemas, en un momento con gente como Maquiavelo, los Borgia, Juan del Encina,...

M.G.- Y alguna jovencita más que ahora vamos a comentar. Pero, Fernando de Rojas ha sido enviado a Roma para investigar esas extrañas circunstancias en las que muere el papa Alejandro VI. También España tenía muchos intereses, la corona de Aragón tenía muchos intereses. Y has mencionado a los Borgia. Los Borgia de los que tanto se ha escrito, con una leyenda detrás, que no sé si justificada o no.

L.G.J.- No. Es una leyenda negra muy muy muy injusta. La novela intenta matizarla, aunque toda leyenda tiene una parte de verdad. Pero esta leyenda se construye políticamente. Se le tenía una inquina feroz a la familia Borgia y, por extensión, a los españoles, en general. Es una leyenda elaborada propagandísticamente, para poner en entredicho a esta familia y a los españoles, para que no volviera a haber ningún papa español. Y luego, también tiene que ver con el contexto de la guerra. Fernando, el Católico, tiene los ojos puestos en Italia. No sólo en Nápoles, de la que ya una parte pertenecía al reino de Aragón, sino también en los Estados Pontificios. El papa se aleja de Fernando por este motivo. Y ahí surge la leyenda. Lo dice la novela, todos los días se publicaban pasquines contra los Borgia, contra los españoles. Esa leyenda ha ido creciendo y ha sido objeto de tantas novelas, películas.

M.G.- Se ha desvirtuado.

L.G.J.- Totalmente. Se han cargado las tintas porque Alejandro VI y no era peor que los papas inmediatamente anteriores y posteriores, incluso podía ser mejor. Era corrupto, pero a lo mejor no tanto como otros. Esa corrupción estaba establecida ahí en la Santa Sede y luego todo eso del incesto, la relación con su hija, con Lucrecia o Lucrecia con los hermanos, todo eso es mentira. Es eso, son bulos, son noticias falsas para descalificar y destruir a esta familia.

M.G.- La leyenda se ceba mucho con Lucrecia, a la que siempre he visto como un títere en manos de su padre y de sus hermanos, porque, al fin y al cabo, era un instrumento para los intereses familiares.

L.G.J.- Pero eso se hacía en todas las grandes familias. A los hijos, y sobre todo a las hijas, las utilizaban para hacer alianzas de poder, etc. Los Reyes Católicos lo hacían también con sus hijas. Eso, hasta cierto punto, era normal en aquella época. Pero bueno, ella fue víctima, efectivamente, de esas guerras de poder, de esa manipulación, por parte del padre y de los hermanos. Pero claro, la leyenda negra dice que era ella la que envenenaba, con el veneno en el anillo. Y no es así.

Lo interesante de Lucrecia Borgia, lo fascinante, es esa imagen que tiene, que era muy hermosa también, pero es que además era muy culta, muy inteligente, debatía con los filósofos, los artistas, inspiraba a los poetas y artistas, era muy piadosa, quería mucho a los hijos. Cuando muere, uno de los hijos de un matrimonio anterior se encierra en un convento. Este tipo de cosas te dan otra imagen muy diferente. Aunque conserves parte de la leyenda negra, eso también fue verdad. Era bastante fiel con los maridos, aunque fueran impuestos por el padre. Lo malo de las leyendas es que, aparte de mentir, lo que hacen es simplificar a personas más complejas, con más aristas. Está muy bien esa imagen de Lucrecia como mujer fatal, misteriosa y malvada, pero es que la otra parte también es interesante y la enriquece, y eso es lo que he querido mostrar en la novela.

M.G.- Te hemos leído y escuchado decir que sobre Fernando de Rojas, desde que empezaste a escribir esta serie, esta saga, no se sabe mucho. Pero claro, has escrito ya siete novelas, eso te habrá permitido indagar mucho, ahondar en la figura. No sé si has llegado a descubrir algo especial sobre Fernando de Rojas.

L.G.J.- Nada. Ahora sabemos menos que hace diecisiete años. Hay cosas que ahora se ponen en cuestión. ¿Era converso? ¿Estudió en Salamanca? No están los libros de matriculas, se han perdido los de esos años. Por lo tanto, ¿con qué nos quedamos? Sobre la parte de Talavera, que es la menos interesante y sobre la que menos me he ocupado, bueno, sí que te demuestra algo sobre lo que yo no había pensado mucho al principio, en que realmente fue pesquisidor. Cuando trabaja como alcalde mayor, es el que tiene que impartir justicia, tiene que entrevistar a los testigos y luego ya dar un dictamen. De modo que no, que no sé más de la persona, no sé mucho más. Quizá sepa mucho menos de lo que sabía al principio. Por eso le doy esta vida ficticia. No pretendo hacer una vida novelada de él, porque no se podría, pero sí al menos darle una vida de ficción que, si no fue así, seguramente, desde un punto de vista simbólico, sí. Seguramente fue un personaje con doble vida, y por eso deja de escribir porque, de otro modo, no se entiende. Ese es otro enigma. Si tienes éxito con un libro, un éxito enorme, ¿no sigues escribiendo? Eso te da pie a imaginar. 

Mira, ahora hay una teoría de un profesor, que ha escrito un libro y varios artículos, que defiende que Rojas probablemente fue el autor de El Lazarillo de Tormes. Bueno, que es algo que dejaba yo entrever en la segunda novela.

M.G.- Quién sabe.

L.G.J.- Aquí juego con la idea de que podía haber escrito La lozana andaluza, como ella le pide en esta novela. Caben muchas cosas porque es una figura muy poderosa, de un gran poder de reverberación. Pero como no hay documentos, no hay nada que hacer. Es como lo del Lazarillo que, por mucho que se empeñen, hasta que no aparezca algo, todo son especulaciones y conjeturas. De todos modos, sí he aprendido con el propio personaje pero, sobre todo, cosas que podían estar implícitas en La Celestina, como la vida humana, el amor, el mal y cosas así.

M.G.- Has mencionado La lozana andaluza, a la que se hace referencia en la novela. Si no me equivoco se llama Aldonza. También te refieres a Francisco Delicado, el escritor de la obra. Es decir, ahí haces un juego muy literario.

L.G.J.- Claro, y además justificado, porque La lozana andaluza, como libro y personaje, es hija directa de La Celestina. La celestina era prostituta, tenía burdeles y pupilas, y tenemos a esta lozana que es la prostituta más popular de Roma. En la propia novela, ella dice que la celestina es un espejo donde las putas se reconocen. Literariamente es así. La lozana es hija de la larga descendencia de la celestina. Quería jugar con eso, haciendo que los tres -se refiere a Aldonza, la celestina y el escritor Francisco Delicado-, se conocieran, estuvieran juntos y tuvieran una relación. Jugar un poco. 

En mis novelas, lo más distintivo ha sido siempre eso, que meto mucha literatura, libros, personajes, escritores,... Trato de jugar un poquito con todo eso porque, además, es que me lo da la propia época. Francisco Delicado estaba en Roma en ese momento, el personaje de la lozana ejerce en Roma, y La Celestina era un éxito en Roma, con su traducción al italiano. Es decir, hay tantas y tantas cosas que encajan muy bien. Y bueno, haces ese juego. La lozana andaluza me parece uno de los personajes más atractivos de la Historia de la Literatura española.

M.G.- Es un personaje que le da vidilla a la trama, con su forma de ser y su carácter. 

L.G.J.- Claro, y con esa gracia, y esa manera de hablar y de comportarse. Es lo que hoy llamamos una mujer empoderada, libre, independiente, sin ataduras, con mucha sabiduría. Además es que no me lo invento, sino que ella lo dice así, y sale en el propio libro de La lozana andaluza. No necesito inventarme nada. Este personaje nace en esta época y Lucrecia Borgia es de esa época, también. Son dos mujeres absolutamente extraordinarias. Una real y la otra ficticia, pero extraordinarias. Por otro lado, en España, teníamos a la reina Isabel, la Católica, teníamos a Beatriz Galindo, la latina, o a Lucía Medrano. Y a tantas otras mujeres en ese periodo, un periodo que es único para las mujeres, desde finales del siglo XV a principios del siglo XVI. La época del Renacimiento es también el momento del resurgimiento de ciertas mujeres que acaban ocupando lugares importantes en la corte de los Reyes Católicos.  No hay necesidad de inventar nada. Está todo ahí. Lo único que tienes que hacer es casarlo todo para que quede armónico y coherente.

M.G.- Una época de mujeres como Lucrecia, pero también de hombres, cuyos nombres han llegado a nuestros días. No solamente están los Borgia. También habrá otro personaje, Maquiavelo. No sé si tendrá mucha fuerza o es, más bien, un personaje más colateral, más secundario.

L.G.J.- Bueno, sale en varios momentos y tiene varias conversaciones con Rojas. Son conversaciones muy jugosas porque se habla de poder, de la mentira como instrumento para el poder, algo que está ahora muy de actualidad. Es curioso que ese libro tan influyente -se refiere a El príncipe-, haya sido leído o no, está un poco en el subconsciente de todo el mundo medianamente culto. El libro está inspirado en César Borgia, y en Alejandro VI y en su padre. Ha sido siempre un libro muy influyente y ahora está de total actualidad porque, si algo caracteriza a nuestra época es cómo se utiliza la mentira, y no sólo para conseguir poder, sino, sobre todo, para mantenerse en el poder. Y todo viene de ahí. Bueno, pues en esas conversaciones se habla de esta cuestión. Rojas sigue siendo una persona todavía ingenua, porque no quiere dejar de ser ingenuo y cree todavía en la justicia, etc. Pero Maquiavelo ya es un cínico, ya anticipa muchas cosas. Y está bien ese debate, esas dos maneras de ver las cosas, de ver la política y las relaciones que había allí en la Santa Sede.

En la novela hay dos cónclaves muy disputados y tres papas. Uno que aparece ya en el momento de su muerte; el otro dura tan sólo veintiséis días; y el otro que empezará a gobernar en la Santa Sede. Hay concentradas muchas cosas y estos personajes no se limitan a hacer un cameo sino que tienen un papel importante en la trama y te ayudan también a entender la época. Y vemos que la historia se repite porque lo que ocurre ahora tiene su origen en lo que ocurrió hace quinientos años. 

M.G.- Séptima novela y te queda una octava, según comentas. ¿Te va a costar trabajo despedirte de Fernando de Rojas después de tantos años? Llevas muchos años escribiendo sobre él.

L.G.J.- Pero también me he distanciado de él en algún momento. Esto es como la vida en pareja. De vez en cuando necesitas tener tu espacio y distanciarte para luego volver. Así que, como lo voy alternando con otros proyectos, me hace volver a él con ganas, con ilusión. Si se acaba o no en un momento dado, como te digo, va a depender de los lectores. Si ellos quieren más manuscritos, posibilidades hay muchas. Yo no estoy cansado del personaje, ni muchísimo menos. Lo único que pasa es que surgen otros proyectos y me apetece hacerlos.

M.G.- Eso siempre es interesante.

L.G.J.- Claro. No siempre hay que apostar por lo mismo. 

M.G.- Y además se le da un respiro al lector. 

L.G.J.- También porque puedes saturarlo. Eso sí sería lo peor, saturar al lector. Pero bueno, creo que, tal y como va la cosa, de cuando en cuando, una aventura de Rojas viene bien. Y a mí me gusta volver. Además, me muevo un poquito como en mi casa.

M.G.- Ya tienes mucha soltura. Bueno, Luis, lo dejamos aquí. Un placer tenerte en Sevilla y volver a conversar contigo. Espero volver a verte en la próxima, con Fernando de Rojas, Unamuno, o cualquiera de esos proyectos que tienes en mente.

L.G.J.- Proyectos no falta. Gracias a ti. Me gusta volver, de cuando en cuando, a Sevilla y hablar contigo del nuevo libro, de la nueva criatura.

M.G.- Gracias.


Sinopsis: El Vaticano, 18 de agosto de 1503. El papa Borgia, Alejandro VI, muere en extrañas circunstancias después de varios días de agonía. El pesquisidor Fernando de Rojas deberá investigar el caso por encargo de su tío el embajador de los Reyes Católicos en la Ciudad Eterna. También tendrá que estar atento a las luchas de poder y de familia y a todo lo que ocurra en el cónclave que ha de elegir al nuevo papa, pues son muchos los intereses que están juego para España y Francia, que en ese momento se están disputando el reino de Nápoles.

La resolución del caso no va a ser nada fácil, pues Rodrigo Borgia tenía muchos enemigos y había dejado numerosas víctimas por el camino; tampoco van a faltar obstáculos, reveses, manipulaciones y nuevos crímenes. Por suerte, Rojas contará con la ayuda del clérigo y médico Francisco Delicado, el autor de La Lozana andaluza; de la propia Lozana, que con su gracia, belleza, astucia y desparpajo se ha convertido en una mujer libre, llena de recursos y muy popular; y del escritor y músico Juan del Enzina.

Por la novela, desfilarán también varios papas y cardenales, hermosas cortesanas y frailes seguidores de Savonarola, así como personajes tan conocidos como Maquiavelo o César y Lucrecia Borgia, una mujer tan hermosa como enigmática. A través de ellos, conoceremos la vida alegre y oculta de la “Roma puttana”, con sus numerosos burdeles llenos de prostitutas procedentes de medio mundo; los entresijos del Vaticano, que vive su época de mayor esplendor y corrupción; y un lugar tan fascinante como la Domus Aurea, el famoso palacio de Nerón, enterrado bajo una montaña de tierra y escombros, que por entonces acababa de redescubrirse, si bien muchos pensaban que eran grutas. 

El Rojas más audaz, transgresor y enamoradizo en una intriga absorbente y trepidante y en un escenario único y misterioso. Nunca sus pesquisas llegaron tan lejos.


martes, 16 de mayo de 2023

LUIS GARCÍA JAMBRINA: ❝Esta es una historia de amor en tiempos de guerra❞

Muchos son los lectores que conocen a Luis García Jambrina por sus manuscritos. El autor, nacido en Zamora, se dio a conocer como novelista con El manuscrito de piedra (2008), novela en la que ingeniosamente hizo protagonista a Fernando de Rojas. El que fuera autor de La Celestina se convirtió en pesquisidor, una especie de investigador oficial, en las novelas de este autor, viviendo diferentes aventuras que no siempre ocurren en el mismo lugar ni tampoco se desarrollan de forma lineal en el tiempo. A aquel manuscrito de piedra, le siguieron un total de seis más -El manuscrito de nieve, El manuscrito de fuero, El manuscrito de aire, El manuscrito de barro y El manuscrito de niebla-, todas ellas protagonizadas por de Rojas. Sin embargo, Jambrina opta en esta ocasión por dejar descansar al autor de La Celestina y construye una novela que recrea la retirada del ejército británico en tierras españolas durante la Guerra de la Independencia. Y como acostumbra este autor, no solo nos muestra los hechos históricos, sino que se adentra en la intimidad de los personajes para relatar cómo se pudieron vivir aquellos acontecimientos. 

A su paso por Sevilla, pudimos conversar con Luis García Jambrina sobre Así en la guerra como en la paz. 

Marisa G.- Luis, un placer volverte a tener otra vez por Sevilla con una nueva novela. Después de seis novelas protagonizadas por Fernando de Rojas, dejas descansar al personaje. En las páginas finales de este libro cuentas el por qué de esta novela, que no es algo que tú tuvieras en mente.

Luis G.J.- No, me tropecé literalmente con ella. Me tropecé con esta historia preparando El manuscrito de barro, intentando conocer una vía alternativa al camino francés. Contacté con un historiador al que conocí a través de Google. Él me enseñó ese camino alternativo pero también me explicó que, en el siglo XIX, huyeron las tropas británicas que eran seguidas por los franceses. Yo no conocía la historia de esta retirada. Sí había oído hablar de John Moore en Coruña, porque está enterrado allí y lo tienen por un héroe romántico, pero no sabía nada de la retirada de las tropas británicas. Aquello me interesó mucho. Visto allí, además en ese paisaje tan hermoso, pero que puede ser tan cruel y estremecedor con esas montañas. Me interesó la historia. Y a mi regreso, él empezó a enviarme relatos, testimonios de oficiales o de algún soldado que hablaba de la marcha de la muerte, como la llamaron algunos. Quise saber más. Y es cuando me tropiezo con los testimonios que hablan de mujeres que van con el ejército. ¿Mujeres?, me preguntaba yo. Pensé, como a veces sucede, que serían cantineras o prostitutas, que acababan acompañando a las tropas, pero no. En este caso hablamos de esposas de soldados que, en una determinada proporción, eran admitidas para que acompañaran a las tropas en campaña. Ahí empecé a documentarme por ahí. Quise saber algo más, quiénes eran estas mujeres, por qué lo hacían, cómo era el día a día en el campamento y en las campañas militares, y así la novela empezó a tomar forma. No se trataba solo de contar la retirada de John Moore, que ya se ha contado, aunque no en España y no en ficción, sino más bien en libros de carácter histórico o divulgativo en el mundo británico. En España, solo hay un cómic en gallego. Además, yo quería que la historia la contaran las mujeres.

M.G.- Te quería preguntar precisamente por eso, la elección de una voz femenina en un entorno bélico. Te interesaba mostrar la guerra a través de los ojos de una mujer.

L.G.J.- Sí, era exactamente eso. Lo estamos viendo ahora con la guerra de Ucrania, una guerra son muchas cosas y no solamente los bombardeos de los objetivos militares, sino que la guerra es también el bombardeo sobre ciudades u hospitales, es la llegada del invierno, que intensifica más las cosas, la pérdida de electricidad. La guerra son tiempos de espera donde parece que no sucede nada, pero todo se va degradando, deteriorando. Yo quería una mirada distinta y estaba justificado porque es que aquí no tenía que trasladar mujeres, como se hacen en muchas novelas, series de televisión y películas, que parece que cuentan las mismas historias que antes contaban con hombres, pero ahora con mujeres. No, es que aquí había mujeres, que fueron olvidadas. Ni siquiera se hizo un recuento. Se sabe más o menos cuántas fueron pero no cuántas volvieron. Sin embargo, de los soldados sabemos que murieron exactamente 7000 y pocos. 

En una guerra convencional, tenemos la vanguardia y la retaguardia. En el momento de la batalla, ellas se quedan en la retaguardia o en el campamento, pero en una retirada da igual, porque enseguida las que van a la vanguardia empiezan a rezagarse y los enemigos pueden aparecer por delante, por detrás, por los laterales. Me interesaba todo eso, cómo ellas padecieron y sufrieron esas penalidades que fueron igual o mayores que las de los soldados. Además, algunas iban con niños recién nacidos o que nacían durante los meses de campaña.

M.G.- Porque la vida seguía. Ellas iban con sus maridos y mantenían relaciones.

L.G.J.- Claro. Algunos eran matrimonios jóvenes que acababan de casarse. Para la protagonista y su pareja, la guerra fue como su luna de miel, su viaje de novios. La vida sigue, y el amor sigue, porque hacen más soportable la muerte, la destrucción y la barbarie. Y siguen naciendo hijos. De hecho, hay un momento en la novela en la que se describe con cierto detenimiento un parto en esas circunstancias tan dramáticas.

M.G.- Sobre la mujer hablaremos ahora extensamente. Luis, cada vez que leemos una novela tuya, que son novelas históricas, vemos que tú prefieres centrarte en las vivencias personales más que en los hechos históricos.

L.G.J.- Me gusta que lo digas porque es así. Para mí lo más importante son los personajes y sus vivencias. Su punto de vista, sus emociones, sus experiencias. Y luego eso sucede en un marco histórico. Ojo, no es que la Historia sea un telón de fondo. La Historia está muy presente, pero lo importante son los personajes. Y en este caso yo diría incluso que todavía más. Lo que importa aquí no son tanto esos hechos como la mirada desde la que se narran esos hechos. Eso era lo que había que construir aquí, una voz narrativa que fuera creíble, convincente como mujer y que fuera capaz de dar cuenta de hechos que son muy complejos. Ninguna guerra es simple, ni siquiera la de Ucrania en la que sí parece que los malos son los rusos y los buenos los ucranianos. Toda guerra tiene sus cosas y dentro de los rusos también hay seres humanos. Y en aquella época, todo era todavía más confuso, más incierto y menos claro. ¿Dónde están los buenos y dónde los malos? Los que eran aliados ayer, ahora son enemigos. Y los que eran enemigos tradicionales, ahora son los que vienen a salvar a los españoles. Quería mostrar todo eso, toda esa confusión, todo ese caos que supone también un movimiento de tropas a lo largo de un país en pleno invierno. Y mostrarlo no desde la perspectiva de un soldado, de un militar, de un político, de un cronista o de un periodista, sino desde la óptica de una mujer que ha ido a parar ahí. Ella tiene una especial sensibilidad, una cierta conciencia crítica. Es una persona extraordinaria en el sentido de que, a pesar de su origen, sabe leer y escribir. En principio, eso la hace diferente, para bien o para mal. Durante un tiempo oculta que sabe leer y escribir para que su marido no se sienta inferior. Bueno, pues para mostrar toda esa complejidad era importante contarlo de esta manera.

M.G.- Y por eso de leer y escribir, ella ejercerá en la novela como una especie de secretaria del General John Moore, al frente del ejército británico.

L.G.J.- Sí, eso me facilitaba ese acercamiento. Hay un momento en que el General Moore no se puede fiar de nadie porque le llegan informaciones muy contradictorias. Los oficiales están un poco recelosos y críticos con él. Necesita alguien que redacte algunas de esas numerosísimas cartas que tenía que mandar todos los días. Y ese acercamiento es importante para que ella nos muestre de primera mano cómo era ese personaje en la intimidad, o todas esas contradicciones que tenía y por las que está pasando en ese momento. Por un lado, lo obligan a combatir a los franceses. Por otro, él sabe que lo mejor sería hacer una retirada a tiempo, no ya cuando es demasiado tarde. 

Y luego también me interesaba que acabará conociendo al otro, al otro comandante en jefe, que es el mariscal Soult.

M.G.- Al que tenemos mucho cariño aquí en Sevilla. Le gustaban mucho nuestros Murillos.

L.G.J.- Sí, era bastante culto. Tenía muy buen gusto. Es un personaje también muy, muy controvertido. Puede ser un buenísimo militar, pero también era capaz de excederse en muchos momentos.


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M.G.- Bueno, no hemos mencionado que la protagonista se llama Catherine Gallagher, una irlandesa, esposa de un soldado. Está inspirada en un personaje real, en Catherine Exley, si no me equivoco. Esta señora, que escribió unos diarios, no participó en esta retirada propiamente, aunque a ti te habrá ayudado a construir el personaje.

L.G.J.- Sí. Catherine Gallagher está construida un poco a partir de todas esas mujeres de las que tenemos testimonios a través de diarios, cartas, memorias de oficiales y soldados británicos. Pero claro, yo necesitaba algún precedente y busqué hasta que apareció este diario, que está felizmente está publicado. ¿Y qué me brindó el diario de Catherine Exley? Pues, por un lado, detalles de cómo era el día a día de estas mujeres. Y no solo de cómo era, sino cómo ellas lo vivían. Hay un detalle que me llamó mucho la atención y que yo lo incorporo a Gallagher y a la novela, y es cómo contaba Catherine Exley lo duro y tortuoso que era caminar días y días con el mismo vestido, siempre mojado, porque no paraba de llover o de nevar. Nunca tenían tiempo para ponerlo al fuego. De hecho, a veces no podían encender el fuego y no dormían bajo techo. Entonces, empiezas a pensar y entiendes que un vestido mojado pesa como cuatro veces más que un vestido seco, según creo. Eso es lo que decían las lavanderas. Segundo, aumenta la sensación de frío. Y tercero, llevar ropa durante muchos días, no solo está mojada sino que está llena de lodo y barro que se va infiltrando, va produciendo rozaduras en la piel y casi todo el cuerpo es una llaga. Son rozaduras, no es una herida profunda. Pero si tienes que caminar horas y horas y horas con esas rozaduras continuadas, puede ser una cosa tremendamente dura y difícil. Bueno, pues ese detalle que nos brinda una mujer que no estuvo en esa retirada, pero estuvo en otra, en la de Badajoz y en otras campañas de la misma guerra en la península, me fueron útiles y además un poco avalaban esa idea mía de querer contarlo desde los ojos de una mujer, como si fuera un relato, un diario, unas memorias de esta mujer. O sea, hay un precedente. Una mujer lo hizo, ¿por qué no pudo haberlo hecho otra? Y eso es lo que ya me decide a escribir la novela.

M.G.- Lo que cuentas sobre las mujeres, la verdad es que sobrecoge. Había muchos prejuicios alrededor de estas mujeres porque las consideraban prostitutas. De hecho, ellas llegan a España y, en primer lugar, las acogen las monjas y son las propias monjas las que piensan que son mujeres de mala vida, por decirlo de alguna manera.

L.G.J.- Sí, había muchos prejuicios sobre esas mujeres porque no sabían que eran esposas de soldados, no se lo imaginaban. Si había mujeres con hombres, con soldados, llevando una vida libre, forzosamente tenían que ser prostitutas. Y ese prejuicio se unía al prejuicio de la religión, porque algunas eran anglicanas o protestantes. Gallagher, al ser irlandesa, era católica. Pero bueno, se produce ese choque cultural que se da en ese convento de Salamanca, donde fueron alojadas. Bueno, esto es también lo interesante de esta novela. Es una novela, digamos, de ámbito internacional. esto es también lo interesante de esta novela, que es una novela de ámbito, vamos a decir, internacional. Aquí coinciden ingleses, irlandeses, escoceses, cada uno con sus características. Y luego los franceses que, aunque no estén absolutamente presentes, están siempre flotando en el ambiente. Hay un choque cultural tremendo. Ingleses que además habían sido enemigos hasta hace dos días de los españoles, de forma tradicional. Bueno, todo eso hace que afloren todos estos conflictos, todos estos prejuicios, incluso en un convento de clausura. Pero bueno, afortunadamente estaba Sor María, eses otro personaje que servirá de intermediaria entre los dos mundos.

M.G.- Y estas mujeres no lo tenían nada fácil. Cuando una piensa en mujeres acompañando a sus maridos, a oficiales, por ejemplo. Te puedes imaginar que tenían una vida un poco cómoda, entre comillas, pero no fue así. Además todos los recursos de los que se disponían en el ejército estaban destinados a los soldados. Las mujeres, si se ponían enfermas o si tenían algún problema, quedaban desamparadas.

L.G.J.- Sí, sí. Se favorecían que acompañaran a sus maridos porque, lo que sostenía a los oficiales era la presencia de estas esposas. Se pensaba que con ello los soldados eran más dóciles y menos disciplinados. Pero, por otro lado, eran como si no existieran. No podían ir en los carruajes porque eran para la comida, el armamento y para los soldados heridos, así que ellas tenían que ir andando como los soldados de infantería. Solo se les daba media ración de lo que se le daba a un soldado. Y encima ellas, en algunos casos, tenían que atender a sus niños pequeños o recién nacidos. Las llamaban las seguidoras del campamento y las consideraban como una parte del equipaje. Peor que el equipaje, porque el equipaje iba en carruaje y ellas no. Pero así era y testimonios hay muchos en este sentido.

M.G.- Y si se quedaban viudas, se volvían a casar inmediatamente.

L.G.J.- También, también. Lo cual era natural, porque si ellas estaban allí es porque sus maridos estaban en las tropas. Una vez que el marido muere ya no tiene sentido que estén ahí, claro. O se casaban en uno o dos días, o se veían fuera del campamento, fuera de las tropas. Y en este caso en territorio extraño y perseguidos por los franceses. Así que, lo habitual era que se casaran de manera inmediata. Incluso el propio marido, de alguna manera tenía dispuesto con quién debía casarse su mujer al quedar viuda, con quien fuera persona de más confianza. Y esto está documentado en muchas partes, hasta el punto de que en una misma campaña una mujer podía casarse tres y cuatro veces. Hay algún personaje literario como Madre Coraje, que cuenta que se había casado siete veces. Es un poco una exageración, pero documenta que efectivamente esto era así.

M.G.- Y había un sorteo. No todas las mujeres podían ir acompañando a sus maridos sino que se elegía a seis mujeres por cada cien soldados.  ¿Cómo era la dinámica de este sorteo?

L.G.J.- Bueno, según el reglamento, el porcentaje de mujeres era de seis por cada cien soldados. Pero claro, había más solicitantes. La mayoría de las mujeres querían acompañar a sus maridos. Primero, porque eran jóvenes y estaban recién casadas. Segundo, porque en su país, ya fuera Irlanda o Escocia, no les esperaba más que la miseria y el hambre. Para seleccionarlas hacían un sorteo. De esto no hablan los testimonios militares de la retirada pero lo encontré a base de buscar documentación sobre la presencia de estas mujeres en el ejército británico. Las agraciadas en el sorteo, vamos a decirlo así, podían acompañar a sus maridos y las no agraciadas pues se quedaban. Además se habla de reacciones a veces muy violentas o dramáticas por no haber sido seleccionadas y quedarse en tierra, mientras que su marido tenía que ir a la península ibérica.

M.G.- Y no te olvidas tampoco de las mujeres españolas, porque es verdad que esta historia habla de personajes femeninos irlandeses, pero están en España y también haces referencias a ciertas mujeres en España. 

L.G.J.- Sí. La Guerra de la Independencia, a comienzos del siglo XIX, es importante porque, de una manera u otra, vemos una cierta incorporación de mujeres a la guerra. Además, en algunos casos, están anticipando cosas que luego serán cada vez más habituales.

En el caso de España, tenemos a esas heroínas, de esas primeras revueltas contra los franceses. Se habla de mujeres que tuvieron un papel destacado y que acabaron simbolizando esa incorporación de las mujeres a los conflictos. Unas, como heroínas militares, espías o seductoras de oficiales a los que luego mataban. Otras, pues en su papel de preparar vendajes, asistir a enfermos o portando armas en una batalla. El caso es que, en ese momento, vas viendo diferentes formas de incorporación de las mujeres a la guerra. Y de esto también se habla en la novela.

Distinto es el caso del ejército francés. En ese momento, sí admitía la presencia de algunas mujeres, pero que iban con una función muy determinada y que formaban un poco parte del ejército. Por eso tenían que someterse también a su mismo reglamento y a sus mismas leyes. Y en este caso se habla de cantineras, lavanderas y obviamente prostitutas. Pero lo que más había eran cantineras. Hay mucha iconografía de estas mujeres que iban con el barril, que se habla también en la novela, el barril con los colores de la bandera francesa, y que iban a veces a los campos de batalla para dar agua o alguna otra bebida a los soldados. Me llamó mucho la atención todo esto, estas diferentes formas de incorporación de mujeres a un contexto en el que no eran presencia habitual.

M.G.- No hemos mencionado el título, Así en la guerra como en la paz. Un título con el que planteas un juego.

L.G.J.- A ver, el título intenta significar muchas cosas. A lo largo de la novela, la propia narradora irá dándole sentido a ese título. En primer lugar, me gustaba jugar con esa fórmula del matrimonio, del casamiento, en la riqueza, en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, en la guerra y en la paz. Y así es literalmente. O sea, en la guerra y en la paz acompañaban a sus maridos. Y luego, por otro lado, para mucha gente, en este caso para muchas mujeres, la guerra no era algo completamente nuevo, sino que era parte de su vida diaria, habitual, una manera de vivir en guerra. Para las mujeres campesinas o de clase obrera, que además muchas se quedaron sin trabajo en ese momento porque empieza un poco lo que sería la primera revolución industrial, la vida es una guerra, una guerra por la supervivencia. Es una guerra por sobrevivir un día y otro día, encontrar alimento, encontrar techo, etcétera. De modo que, cuando llega una guerra, lo único que hace, como dice la protagonista, es agravar las circunstancias. Y eso no era algo absolutamente nuevo. La protagonista ha vivido en guerra constante, ha tenido que buscarse la vida, ha tenido que salir adelante, ha tenido que protegerse de muchas cosas, ha sufrido vejaciones, etcétera. Esa es la idea también.

Y luego, la idea de que en la paz siempre hay guerra y en la guerra también hay momentos de paz cuando, como decíamos, la vida se abre paso y se encuentran momentos para el amor, para la solidaridad, etcétera. Como se dice, los grandes conflictos sacan de nosotros lo mejor y lo peor y eso es lo que pasa con el ejército británico y con Catherine.

M.G.- El amor está muy presente en la novelas. Estamos hablando mucho de guerra pero esta es también una historia de amor.

L.G.J.- Es una historia de amor en tiempos de guerra. Así defino yo la novela. Lo que se opone a la guerra no es la paz, sino el amor. El amor es el motor que lleva a la protagonista a acompañar a su marido y también el que la salva de esas circunstancias, el que la lleva a sobrevivir. Y no solo a sobrevivir ella sino que a ayudar a otras mujeres con las que se va a encontrar por el camino. Hay solidaridad, lo que hoy llamaríamos hoy sororidad, entre ellas. Se dan cuenta de que o se unen o se van quedando todas por el camino. Esto se ve muy claro en la relación que Catherine tendrá con Bridget. Que, por cierto, es el único nombre y apellido que aparece en esos testimonios de los que hablaba antes. Se dice que era la mujer de un soldado muy popular en su compañía. Bueno, estas dos mujeres son muy diferentes pero ambas tienen mucha fortaleza y son muy animosas. Es lo que las ayuda a salir adelante.

M.G.-  Los escenarios son diversos. En la novela incluyes un mapa en el que podemos ver el recorrido de la retirada de las tropas británicas. Pero también nos cuentas cómo llegan a España.  Y luego hay otra cosa por la que siento curiosidad. ¿Qué es la piedra de la elocuencia?

L.G.J.- Bueno, ya has visto que en mis novelas el espacio es algo muy importante. Los lugares tienen que ser protagonistas y no meros escenarios. Además, esta novela nació del contacto físico con el espacio.

La novela arranca con la llegada de las tropas a Salamanca. Allí tienen que esperar un mes para que se reagrupe todo el ejército. John Moore tendrá que evaluar si merece la pena o no combatir a los franceses. En esa espera, aprovecho para que Catherine reconstruya todo su viaje, lo que ha sido su vida hasta llegar allí. Así que hablo de su procedencia, de Irlanda, de esa localidad tan peculiar con ese castillo y esa piedra de la elocuencia. Catherine tiene esa capacidad para explicarse bien, y para hablar en nombre de los demás. Me gustaba asociarlo a un lugar real y físico que existe. 

Si no muestras bien el paisaje no tiene sentido contar la retirada. Lo difícil de este caso era el clima, las dificultades del camino o las montañas. Unos lugares que pueden ser extraordinariamente bellos se convierten en algo extraordinariamente trágicos. La naturaleza desatada es un tema muy romántico.

M.G.- Para terminar, Luis, imagino que Fernando de Rojas volverá a aparecer en algún momento.

L.G.J.- Si, sí. No lo he matado (ríe). Solo lo he aparcado un tiempo. Creo que le va a venir bien a él, que le va a venir bien a mí, y también a los lectores.

M.G.- De acuerdo, esperaremos que vuelva a Fernando de Rojas y, mientras tanto, disfruta de Sevilla.

L.G.J.- Muchas gracias por tu complicidad.

Sinopsis: Un alegato en favor de la vida y el amor en un tiempo de ira y de destrucción.

Invierno de 1808-1809. El ejército británico al mando de sir John Moore es enviado a ayudar a la causa española durante la Guerra de la Independencia, pero al poco tiempo se verá obligado a replegarse a la ciudad de A Coruña perseguido por las fuerzas de Napoleón.

La irlandesa Catherine Gallagher, esposa de un soldado de infantería, nos cuenta desde dentro cómo fue el día a día de esa trágica retirada por tierras de Zamora, León y Galicia en un invierno especialmente duro e inclemente.

Basada en unos hechos históricos que conmovieron a la opinión pública de la época, esta novela da voz a las grandes olvidadas de entonces, aquellas mujeres que acompañaban, a veces con sus hijos, a las tropas británicas en campaña.

Una historia conmovedora llena de emoción, tenacidad y heroísmo, protagonizada por una mujer singular envuelta en unas circunstancias extraordinarias.

 

 

martes, 29 de octubre de 2019

LUIS GARCÍA JAMBRINA: 'Los españoles utilizaron las encomiendas para explotar y prácticamente esclavizar a los indios tahínos'

Fernando de Rojas fue el autor de La Celestina. Hasta ahí debe llegar nuestra cultura general, pero sobre su vida, ¿qué se sabe? Luis García Jambrina fabula con la vida del creador de Calisto y Melibea, y compone para él una serie de aventuras, en las que podremos ver a Rojas en situaciones dispares.

El manuscrito de aire es la cuarta entrega de esta saga que nos conducirá hasta la isla de La Española, donde Fernando de Rojas tendrá que llevar a cabo una investigación como pesquisidor real, tras el asesinato de toda una aldea de indios tahínos.  Sobre la novela, y sobre las verdades de la colonización de América, hablamos con su autor hace una semana.

Marisa G.- Luis, esta es la cuarta entrega de una saga que tiene como protagonista a Fernando de Rojas y que cuenta con títulos tan curiosos como 'El manuscrito de piedra', 'El manuscrito de nieve' o 'El manuscrito de fuego'. ¿Estos títulos corresponden a una cuestión de ornamento o verdaderamente tienen alguna conexión con las tramas?

Luis G.- Tienen relación, sí. Todo surgió con la primera novela, cuando se me ocurrió el título de 'El manuscrito de piedra', sin saber si la iba a terminar o no. Pero viendo que el personaje daba mucho juego y tenía muchas posibilidades, opté por hacer una tetralogía. Las primeras novelas se sitúan a finales del siglo XV, todavía con un pie en la Edad Media, cuando aún estaba vigente esa teoría de los cuatro elementos básicos del mundo.

M.G.- Dos preguntas obligadas. Al tratarse de la cuarta entrega, ¿es necesario leer las anteriores?

L.G.- No, no. Siempre las concebí como novelas autónomas. Da igual empezar por la cuarta, que hacerlo por la primera. De hecho, entre ellas hay un salto cronológico importante. La tercera entrega se sitúa tiempo después de esta. No es necesario seguir un orden. Lo verdaderamente importante es engancharse con el personaje y con toda esa atmósfera que lo rodea.

M.G.- ¿Y por qué fijarse en la figura de Fernando de Rojas, precisamente?

L.G.- Antes de escribir novelas, publiqué un par de libros de cuentos. En uno de ellos, construí varias tramas relacionadas con enigmas de la literatura española o con figuras como el autor del Lazarillo, Cervantes, Unamuno,... Me sorprendió que, siendo clásicos, terminaran por gustar a los lectores. La verdad es que intenté hacer algo atractivo, mezclando los enigmas con intrigas de carácter policíaco o elementos fantásticos. Fue entonces cuando me planteé seguir por esa línea y me fijé en Fernando de Rojas porque era una figura que siempre me había fascinado. Rojas escribió 'La Celestina' y, a pesar del éxito que tuvo en su día, no escribió nada más. Era un hombre que, en sí mismo, era todo un enigma. La mayor parte de su vida es absolutamente desconocida. No hay documentación, no existe una biografía de Rojas y además es imposible hacerla porque lo único que se conoce a ciencia cierta son sus últimos años en Talavera de la Reina, cuando ya llevaba una vida muy monótona y rutinaria, dedicada a su trabajo de jurista y de Alcalde Mayor, con su mujer, sus hijos, sus negocios. Procuraba pasar muy desapercibido porque era converso y además no ostentaba riqueza por temor al Santo Oficio. Eso fue un poco lo que me movió a convertirlo en personaje, primero de una novela, y luego de otras tres. A lo mejor, dentro de unos años escribo otras cuatro porque es un personaje que tira de mí, que quiere vida y desarrollo. 

M.G.- Al traspasar un personaje real a una novela de ficción, y más en este caso, en el que hay tantas lagunas, ¿sintió usted, en algún momento, temor por colocarlo en ciertas situaciones delicadas? 

L.G.- Sí, claro. En la primera novela, dudé muchísimo porque me planteaba si a los lectores iba a interesar encontrarse a Fernando de Rojas en el papel de detective. A pocos lectores les interesa los clásicos, ¿cómo le iban a interesar mis novelas?

M.G.- Pero no solamente fabula con el trabajo que desempeña sino que le construye toda una personalidad, con una vis cómica muy interesante.

L.G.- Del carácter, solo podemos deducir algunos datos de 'La Celestina, donde podemos encontrar humor, incluso del negro. También podemos hacer algunas suposiciones por su condición de converso, en el caso de que lo fuera realmente porque es algo que no está absolutamente demostrado. A partir de ciertas cuestiones, he ido tirando un poco del hilo y he procurado construir un personaje que sea atractivo. He intentado humanizarlo, que tenga dudas, ambigüedades,... como todo el mundo.

M.G.- En esta última novela, Fernando de Rojas tendrá que volver a desempeñar el papel de pesquisidor, empeño que ya ejerció en una novela anterior. ¿Qué es esto de pesquisidor? 

L.G.- Eso pertenece a la ficción, pero no es algo descabellado. Rojas era jurista y, por lo tanto, solía hacer pesquisas. De hecho, cuando trabajaba en Talavera de la Reina, es lo que hacía, resolver casos y litigios, aunque eran cosas menores, como problemas de lindes entre fincas. Lo convertí en pesquisidor real, enviado por los Reyes Católicos a la isla La Española, para investigar determinados asuntos que habían sucedido lejos de la Corte y sobre los que querían tener una visión.

M.G.- Es decir que el pesquisidor de entonces correspondería hoy al investigador privado, ¿no?

L.G.- Sí, exacto. El oficio existía y la palabra también que, por cierto, es bastante bonita, y se debería seguir usando. 

M.G.- Nunca la había escuchado pero sí, es bonita. Pero Luis, esta novela es una mezcla de géneros. Tiene un poco de todo, de histórica, de aventura, de novela negra, de romance. Es un compendio.

L.G.- Sí, siempre me ha gustado mezclar géneros, pero en este caso, creo que he llegado más lejos. Me parece que mezclar géneros es una forma de añadir atractivos a una trama. 

En este caso, el tema de fondo de la novela es más serio y más complejo que en las anteriores. En 'El manuscrito de aire' no se investiga el asesinato de una persona particular, sino de toda una aldea de tahínos, un asunto muy vinculado a un tema de actualidad, como es la colonización de América. Es una cuestión que suscita debate y he querido profundizar en este asunto pero ofreciendo al lector otros elementos añadidos, como por ejemplo, una intriga policiaca y una trama amorosa, factores con los que intento atrapar al lector. La trama amorosa está justificada en la novela porque, a través de ella, puedo mostrar el mundo de los tahínos. Rojas queda prendado de Higüemota, una mujer tahína que existió realmente, y es ella la encargada de mostrarle su cultura, tan desconocida y que, desgraciadamente, ha desaparecido al igual que la lengua.

M.G.- En la época en la que transcurre esta novela, Rojas ya había escrito 'La Celestina', libro sobre el que se hacen diversas referencias. Creo que usted acostumbra a hacer guiños literarios. 

L.G.- Sí, muchos. Y era algo que también me preocupaba porque pensé que no se iba a entender. Todo lo que huela a clásico, el lector común lo suele rechazar. En mis novelas, siempre hay mucho trasfondo literario. En la primera, aparecía la Celestina y había mucha referencia a la literatura de la época. En la segunda, salía el Lazarillo. Y en esta, he jugado con el hecho de que, el autor de la Celestina, acabe enamorado.



M.G.- La historia se desarrolla principalmente en la isla La Española, poco después de que Colón llegara a aquellas tierras. Vemos en la novela la relación que existía entre los tahínos y los españoles, que no era precisamente muy cordial.

L.G.- No, no... Y eso es rigurosamente cierto. Quería mostrar la situación de los tahínos en esos primeros años de la conquista y colonización. Cuentan muchos cronistas, algunos cargando las tintas más que otros, que los españoles utilizaron las encomiendas para explotar y prácticamente esclavizar a los indios tahínos. Pero las encomiendas no se crearon para eso, sino que eran sesiones de indios a españoles para que los cuidaran, los civilizaran y los cristianizaran. Debían darle algún trabajo remunerado y proporcionarles buenas condiciones. La reina Isabel, cuando vivía, hizo mucho hincapié en esto, pero la práctica fue muy distinta. Como digo, los españoles utilizaron las encomiendas para someterlos a unos condiciones de trabajo tremendas, para emplearlos en las minas de donde extraían el oro, algo que no era fácil. 

Hay muchos historiadores actuales que aseguran que la mayor parte de las muertes de los tahínos fue por enfermedades. Sí, es verdad pero es una verdad a medias, porque esas enfermedades no hubieran sido mortales si no hubieran sido obligados a trabajar de sol a sol, si no los hubieran desarraigados, algo tremendo para ellos, hasta el punto que la vida dejaba de tener sentido. Los alimentaban poco y mal, no los cuidaban,... Así que es normal que murieran de enfermedad.

M.G.- Pero esta realidad está muy camuflada en los libros de textos cuando se estudia la colonización de América, ¿no?

L.G.- Es una parte muy desconocida pero muy importante. Fue en esa isla y en esos años, donde comenzó todo y luego, todo lo que se ensayó ahí, se trasladó  a otras islas y al continente americano. 

En esta novela, he intentado contar la historia desde la mentalidad de la época. Si lees cartas, crónicas de indios o los escritos de Bartolomé de las Casas, te darás cuenta que era así. También decían que Bartolomé de las Casas era muy exagerado pero algo de verdad habría en lo que decía. Había mucha crueldad y todo era por la codicia. No es que los españoles quisieran acabar con los indios, no era un genocidio, sino una explotación, que incumplía las leyes de la época. Los indios eran súbditos del rey y, teóricamente, eran hombres libres.

M.G.- Claro, pero había un océano de por medio.

L.G.- Sí, había mucha agua de por medio, así que actuaban de una manera impune. Y luego estaba la ambigüedad del rey y de los que llevaban la política de Indias. El rey daba instrucciones para que se respetara a los tahínos. Como consecuencia de la actividad de los dominicos -la parte buena de esta historia-, que siempre se estaban quejando de cómo se trataba a los tahínos, se hicieron unas leyes que rara vez se respetaban.

M.G.- Es interesante también la opinión que tenían los descendientes de Colón sobre Fernando el Católico. Hablan de él como un hombre interesado.

L.G.- Es que fue así. No respetó las Capitulaciones de Santa Fé y privó al hijo de Colón de todos los derechos. María Álvarez de Toledo, la esposa de Diego Colón, es la que saca las castañas del fuego y la que pleitea contra el rey. Gracias a ella, se le reconocieron algunos derechos.

M.G.- Diego Colón ostentaba el cargo de Gobernador pero realmente la que llevaba las riendas era su esposa María.

L.G.- Sí, eso se dice, que ella era un poder en la sombra porque tenía más carácter que el propio Diego Colon. De él, se decía que era muy pusilánime y bastante ambiguo, con respecto al tratamiento de los tahínos. En ese sentido, no era mucho mejor que otros gobernadores anteriores o que la mayor parte de los españoles. María Álvarez de Toledo parece que era una mujer muy inteligente y muy luchadora, y además es la que va a transformar la vida en Santo Domingo, al llevarse a muchas damas de acompañamiento. Fue la que fundó la vida social de la isla, hasta tal punto que una de las calles más conocidas de la ciudad colonial de Santo Domingo es la Calle de las Damas, porque era por donde paseaban estas mujeres, un poco para exhibirse y encontrar marido entre los ricos

M.G.- Habría que verlas con esos vestidos, paseando por allí y con tanto calor.

L.G.- (Risas) Pues sí.

M.G.- Entre los temas, aparte del racismo, la política y el poder, en la novela también se trata la cuestión del medio-ambiente y la destrucción de la naturaleza en favor del progreso.

L.G.- Y eso es algo que no me lo he sacado de la manga. Leyendo a Fernando González de Oviedo, uno de los cronistas de Indias más importante, descubro que, con la llegada de los españoles, el mundo se transformó completamente. Ten en cuenta que a los indios se les traslada de un lugar a otro y abandonan sus cultivos. Se podría decir que se produce una especie de cambio climático.

Aunque parezca un tópico, los tahínos llevaban una vida muy integrada con la naturaleza. Cultivaban solamente lo que necesitaban, nunca hacían acopio de provisiones, y además de recolectar, podían cazar y pescar. Por otra parte, tenían mucho tiempo de ocio. En la novela retrato las fiestas y los juegos de pelota. Todo eso es real. En cuanto a sus creencias, tenían una relación muy especial con sus dioses a través de unas figuras que llamaban cemíes. En definitiva, su vida era parecida a la paradisiaca, aunque también tenían que sufrir los ataques de los caribes, que vivían en las Antillas menores y eran caníbales. A estos no les interesaba las tierras, sino que hacían prisioneros, se los llevaban y se los comían. A las mujeres se las llevaban a una isla, donde las tenían cautivas y las usaban para la reproducción. A las niñas las dejaban en la isla, a los niños se los llevaban, los engordaban y se los comían. Eso era lo infernal de sus vidas.

M.G.- En cuanto a los escenarios, las otras tres novelas transcurren en Salamanca. En este caso, cruzamos el charco. Imagino que el proceso de documentación habrá sido más complicado.

L.G.- Sí, por eso es la novela que dejé para el final porque el proceso de documentación ha sido largo y me ha tomado varios años. Luego, la escritura ha sido mucho más rápida porque tenía la historia en la cabeza. En estas novelas es tan importante la documentación como la escritura y yo me divierto mucho con ambos procesos. Además suelo escribir sobre temas o cuestiones que me interesan. De esta manera, me obligo a buscar e investigar sobre algún detalle.

Para documentarme, he tenido que viajar a Santo Domingo y ver lo que queda de aquellos años. Aún hay partes de la isla que se conservan muy bien.

M.G.- Para finalizar, y aprovechando lo que comentó al principio, ¿quinta aventura o nueva tetralogía?

L.G.- Bueno, estoy escribiendo la quinta novela de la serie. Pero también estoy pensando en hacer otra tetralogía, aunque no tengo claro en torno a qué. El personaje de Fernando de Rojas da mucho juego, por él mismo y por la época en la que vivió. Para bien o para mal, es la época más importante en la historia de España y Rojas es un buen testigo de todo lo que acontenció.

M.G.- Perfecto Luis. Pues esperaremos otras aventuras. Muchas gracias por este encuentro.

L.G.- Gracias  ti.


Sinopsis: La Española, día de la Epifanía de 1515. Una aldea de indios tahínos cercana a la ciudad de Santo Domingo sufre un devastador incendio, en el que mueren sus habitantes poco después de ser bautizados. Los frailes dominicos le piden al rey Fernando el Católico que envíe a Fernando de Rojas para que lleve a cabo las pesquisas del caso e informe sobre la situación de los nativos de la isla.

Así comienza una compleja trama en la que se mezclan la intriga detectivesca y la pasión amorosa, la búsqueda de la justicia y el descubrimiento del otro. A lo largo de su investigación, Rojas se encontrará con un Nuevo Mundo, repleto de misterio y de belleza, en el que tendrá que afrontar numerosas dificultades, hasta adentrarse en lo más recóndito y tenebroso de la isla, allí donde se oculta una verdad incómoda y difícil de asimilar.

Novela histórica, policíaca, de aventuras..., 'El manuscrito de aire' nos trasladas a los primeros años de la colonización de América, un tiempo de luces y sombras, ambiciones y sueños, horrores y contradicciones, que marcará un antes y un después en la vida de la Historia de España y de Occidente.

Puedes empezar a leer aquí.



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