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viernes, 11 de junio de 2021

LABORACHISMO de Javirroyo

Editorial: Lumen
Fecha publicación: febrero, 2021
Precio: 14,16 €
Género: cómic
Nº Páginas: 216
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788426409508
[Disponible en eBook;
puedes leer aquí]


Autor

Javier Royo Espallargas, alias Javirroyo (Zaragoza, 1972) es diseñador gráfico e ilustrador. Empezó colaborando en diferentes fanzines y en 1994 dio vida a su personaje más conocido, La Cebolla Asesina. En 2004 participó en el equipo de redacción y como autor del semanario de humor gráfico El Virus Mutante, junto a Forges, Gallego & Rey, El Roto y Peridis. Ha trabajado como ilustrador para varias editoriales y para publicaciones como Interviú (ilustrando los textos de Juan José Millás), El País, Visual o El Semanal, y es fundador, editor y autor de la publicación semanal de humor gráfico online El Estafador. Es el creador de la marca de vinilos decorativos Chispum, en la que colabora como autor. Es también coautor de los libros Martín Berasategui y David de Jorge (Premio Junceda), La tortilla de patatas y Grandes cócteles del mundo, y autor de La Escuela (Premio Cómic de Aragón), Life is sho y Homo machus (Lumen, 2020). Laborachismo es su último libro. Es un tipo feliz.

Sinopsis

Hace mucho tiempo, en una época muy, muy lejana llamada Paleolítico, las mujeres y los hombres del planeta Tierra pudieron estar en pie de igualdad. Pero el Homo machus, un ser que se creyó superior, institucionalizó la violencia y la dominación sobre la mujer e instauró el perverso Imperio Patriarcal, que dirige desde una estación acorazada con potencia suficiente para impedir cualquier perspectiva de progreso femenino. Desde entonces, algunas tropas rebeldes han logrado pequeñas victorias, pero, tras varios milenios, ha llegado la hora urgente de la deconstrucción del LABORACHISMO.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Viernes. Y por aquí andamos ya a más de treinta y cinco grados. Creo que es un buen día para hablaros de Laborachismo de Javirroyo. El ilustrador y diseñador gráfico publica este nuevo libro ilustrado en el que hace un repaso a la historia del machismo desde que el mundo es mundo. No es la primera vez que Javirroyo se plantea esta cuestión. En 2020 ya vio la luz Homo Machus, otro volumen ilustrado con el que el autor lanzaba diversas preguntas -¿Cuál es el papel del hombre ante el feminismo y las nuevas masculinidades? ¿Es posible cambiar las actitudes sexistas y el ecosistema machista?-, y con el que pretendía visibilizar el machismo como herramienta para luchar contra él. Vuelve a ser ese su propósito. 

Hablar de un libro como Laborachismo es fácil y difícil a la vez. Es fácil porque nos cuenta una historia a base de ilustraciones, un vehículo agradable y de cómoda comprensión. Y es difícil porque, para que entendáis todo lo que he sentido leyéndolo, os tendría que ir enseñando dibujo a dibujo. No obstante, además de fácil y difícil, Laborachismo es necesario. Lo son todos los libros a través de los cuales hay denuncia. Hasta que no tenemos las cosas delante de nuestras narices no somos capaces de verlo. Lo interesante, lo novedoso, lo original de este volumen es que nos acercamos al machismo desde un enfoque masculino. Ya os lo comentaba en la entrevista a Javirroyo (puedes leerla aquí). Me gustaría que más hombres alzaran la voz.

Laborachismo, con este título que nos propone un juego de palabras, invita al lector a viajar. De entrada, nada más abrir el libro, plantea un contraste.




El señor de la izquierda lanza una afirmación. A su juicio, categórica. Para él es una obviedad. Mientras que en la imagen de la derecha vemos a un grupo de mujeres del paleolítico que acorralan a un mamut para darle caza. Aquello era así. No hay invención posible. Las mujeres, aquellas hermanas nuestras que vivían sin tantas comodidades como nosotras, ocuparon un rol importante y activo. Fueron ellas las que salían a cazar, las que se encargaban de traer alimento a la tribu. De hecho, si observas el mundo animal, te puedes llegar alguna sorpresa porque las que cazan, por ejemplo, son las leonas, mientras que el macho se queda vigilando el territorio. Pero el tiempo fue avanzando, y a medida que los años se fueron sucediendo, el papel de la mujer fue quedando relegado al cuidado de la prole y al ámbito doméstico. Ahí fue donde todo se torció. 

Se lo comenté al autor aquella calurosa tarde de charla. La lectura de este libro me ha producido un maremágnum de emociones muy convulsas. Si echo un vistazo a mi bloc de notas encuentro apuntes tales como: «La ilustración de la página 15 me oprime», «Ver esta ilustración me ha agotado, incluso estando sentada en el sofá», «Este dibujo me produce mucha tristeza». Y es verdad, he sentido rabia, ira, desolación, angustia y hasta ha habido momentos en los que me han entrado ganas de llorar. Tal cual os lo cuento. 

Javirroyo muestra en estas páginas cómo fue evolucionando la vida de la mujer. Con respecto al mundo laboral, nos cuenta cómo dos mujeres se cruzan por la calle, cada una con paso presto a su puesto de trabajo. Estamos en 1800, y una le pregunta a la otra: «Parece que vamos avanzando, ¿eh?». La otra responde, cabeza gacha: «Parece...» Nunca unos puntos suspensivos tuvieron más significado. Y es que, qué queréis que os diga, a mí lo de la liberación de la mujer me suena a camelo. Lo he comentado mil veces en este espacio. A mi juicio, la liberación de la mujer consiste en salir de casa para ir al trabajo con una mochila mental que pesa una tonelada. De camino a la oficina vas pensando en que, a la salida, tienes que pasar por el supermercado para hacer la compra. Te vas a la oficina pensando que, cuando regreses, tienes que recoger la colada que dejaste tendida anoche, cinco minutos antes de acostarte. Te vas a la oficina pensando en la fiesta de cumpleaños que tienes que organizar a tu hijo, y aprovechas esa pausa del café, para salir corriendo a la pastelería de al lado de tu empresa para encargar la tarta. Y con suerte, estarás desempeñando tu trabajo sin que te llamen del colegio para comunicarte que tu hija tiene fiebre, o que se ha caído en el patio, o que ha vomitado. Sal corriendo, mujer. Y cuando  por fin tu jornada laboral ha acabado -bueno, quiero decir la jornada en el exterior-, llegas a casa y te tienes que poner a ordenar, limpiar, cocinar, lavar, planchar... ¿Me queréis contar qué clase de liberación es esta? Mi madre se dedicaba a sus labores, concepto que figura en este libro y que me parece un eufemismo. En cambio, yo me dedico a mis labores y a un trabajo que me hace muy feliz, que me da mucha independencia económica, que me he ganado a pulso, pero que me cuesta la misma vida compaginar con la estabilidad de mi hogar. 

Sí, parece que vamos avanzando. Ya lo dice Javirroyo. En 1978 tan solo un 28% de mujeres trabajaba fuera de casa. A finales de los 80 era casi el 43%. En 1992, cinco millones de mujeres se incorporaron al mercado laboral. Y un señor se lamenta junto a estos datos. «El fin del mundo», dice. Va a ser eso, que vamos directos hacia el acabose. Y ese fin del mundo casi llega con la Covid-19 y con él (o ella, ya no sé) surge el teletrabajo. Recuerdo aquella fotografía que circuló entre los grupos de Whatsapp. Me refiero a aquel cartel que una madre trabajadora tuvo que pegar en la puerta de su despacho provisional, durante el confinamiento, para que sus hijos no la interrumpieran a cada momento. Decía algo así como «Mamá está en una reunión. No entrar. La respuesta a algunas de vuestras preguntas es: No. En la lavadora. Fruta. No sé qué hay de comer,...» (puedes leer un artículo aquí). Todos nos reímos con aquello pero, a poco que lo pienses un instante, qué nivel de desesperación no tendría aquella mujer. Javirroyo refleja muy bien con sus ilustraciones cómo ha sido esa etapa de confinamiento en la que nos vimos obligados a trabajar encerrados desde casa. Hubo que compatibilizar el espacio y convivir con los nuestros veinticuatro horas al día. Saltaron chispas en muchos hogares.



En Laborachismo, Javirroyo tira de realidad. Se ha entrevistado con muchas mujeres que le han contado situaciones dantescas. Tenemos la historia de Alicia, estudiante de arquitectura que tiene que visitar una obra. Sin comentarios. También asoma por estas páginas Mireia, una fisioterapeuta que acudió a una clínica a hacer una prueba. Tuvo que ser testigo mudo de una desagradable situación entre dos hombres. La historia de Pilar me dejó atónita. Ella, teleoperadora de profesión, no siempre puede mantener conversaciones con su interlocutor porque este está a otros menesteres. Ejem, ejem. Por su parte, Susana es auxiliar en un laboratorio. Su superior es una mujer cuya actitud es inconcebible. Por último, Lola trabaja en radio. ¿Cómo te sentaría que te humillaran en antena?

Lo del machismo es una lacra social. He reflexionado mucho sobre esta cuestión y he mirado hacia dentro. Me he visto reflejada en las ilustraciones de Javirroyo. También he visto a mi pareja. Muchas de las situaciones que nos muestra el autor con sus dibujos se desarrollan bajo el paradigma de «LO NORMAL». Tú, mujer, encárgate de cuidar a los hijos, de preparar la cena, de no dar tu opinión porque tú qué narices entiendes de esto, de adecentar la oficina, de vestir sexi incluso para ir al trabajo,... Es decir, bajo el paraguas de «Lo normal» hay demasiadas cosas a desterrar.  Lo normal debería ser que la mujer también cazara mamuts, al igual que lo puede hacer el hombre. Eso es lo normal. Para ello, hay que educar y reeducar. Educar a los pequeños en la igualdad, una labor que hay que hacer desde casa, cuidando los ejemplos que damos porque los niños son esponjas que todo lo absorben. Descomunal la siguiente ilustración.




Y reeducar que, bajo mi punto de vista, es lo más difícil. Los que ya tenemos una edad, educados en una sociedad machista y represiva, tenemos una ardua tarea por delante. Mujeres y hombres adoptamos comportamientos machistas sin, a veces, darnos cuenta. Lo llevamos tan interiorizado que supone casi una segunda piel. Por eso yo creo que es importante leer. Por eso creo que es necesario revisar nuestro comportamiento, analizarlo de manera ex corpórea, como si pudiéramos observamos desde fuera. He visto muchos comportamientos machistas en amigas con respecto a otras mujeres, incluso en mujeres que se consideran muy feministas. Y te ríes. Sí, te ríes. Es aquello de «Lo normal» que hablábamos antes. Sin embargo, libros como Laborachismo nos plantan de una manera sencilla frente a un espejo y nos ayudan a comprender dónde nos estamos equivocando. 

Estructurada en cinco bloques (Del mamut a la Covid-19, El machivirus, Laborachismo, La machivacuna, La alternativa femenina), Javirroyo despliega a lo largo de más de doscientas páginas una serie de escenas ilustradas que son un reflejo de comportamientos machistas. Sus ilustraciones suelen ser de líneas básicas pero muy efectivas. Unos cuantos trazos le sirven para plasmar en papel su idea. A más sencillez en la composición del dibujo más conexión con el lector. Me divierte que sus personajes no tengan ojos.  

En definitiva, te invito a asomarte a la propuesta de Javirroyo. Hay mucho que hacer, mucho que erradicar, mucho que aprender para llegar a la igualdad. Ojalá pronto exista una vacuna contra el machismo.


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:




martes, 1 de junio de 2021

JAVIRROYO: ❝Me he limitado a traducir lo que me han contado muchas mujeres❞

Pocos son los libros sobre feminismo que he leído y que están escritos por hombres. Sería interesante contabilizar cuántos varones han dado el paso. A mí me parece importantísimo que sea un voz masculina la que visibilice el pozo oscuro del machismo. Me asomo a las tertulias, leo artículos, busco publicaciones. En la mayoría, somos nosotras las que estamos ahí detrás, como si fuéramos un bando. No es así. Quiero escuchar a los hombres hablar de violencia de género, a muchos hombres. Quiero que me cuenten cómo lo ven ellos, cómo lo perciben, qué sensaciones tienen. Quiero que otros hombres me cuenten si han sido testigos de tal o cual comportamiento o si, en algún momento, ellos también ha caído en esa red maldita. Por eso, cada vez que un hombre publica un libro sobre feminismo aplaudo atronadoramente y me asomo con avidez a unas páginas que no me van a contar nada que ya no sepa pero que, al menos, lo que van a contar, será con la voz de un hombre. 

Javirroyo, diseñador gráfico e ilustrador, acaba de publicar Laborachismo, un libro ilustrado -con lo que me gustan-, que nos muestra escena a escena, todos los capítulos de una historia, la del machismo, que debería haber quedado erradicada, enterrada y olvidada hace mucho, mucho tiempo.

Marisa G.- Javi, me hace mucha gracia leer la biografía que figura en la solapa. Has hecho muchas cosas y has trabajado con gente grande pero en resumidas cuentas pone que eres un tipo feliz. Eso para mí es el mejor logro. 

Javirroyo.- Sí, lo soy a ratos, como todo el mundo, pero por lo menos lo intento. Es lo único que te mueve, que te empuja a existir. Tengo que confesarte que eso lo he escrito yo (risas), pero es que me parecía muy bonito reivindicar ese objetivo del ser humano, y dejar de hacernos el tristón y el interesante. Yo no soy un autor torturado. A mí me define mucho mejor eso de ser un tipo feliz.

M.G.- Laborachismo es tu nuevo libro. Un título que encierra un juego de palabras. Todos sabemos que el machismo campa a sus anchas, pero ¿es el ámbito laboral donde más presencia tiene?

J.- Sí, es donde más se ve. Creo que el trabajo en sí está hecho por y para el hombre. 

Mira, hay un estudio que ha hecho Laura Sagnier, lleno de datos sobre la igualdad. Estuve conversando con ella para que me contara cosas. Ella afirma que las mujeres entienden su vida y su trabajo de manera conjunta. Hablo de forma generalizada. Es decir, cuando una mujer entra en su trabajo, entra con toda su vida al completo. La mujer no concibe ningún tipo de división entre la vida y trabajo.  Sin embargo, el hombre, y de nuevo te hablo de forma generalizada, si sale de casa para ir a trabajar, su vida se queda atrás, y se centra en el trabajo. 

En realidad, esto que hace el hombre debería ser así para todos pero claro, llega el covid, y nos mandan a teletrabajar. ¿Qué ocurre? Pues que ambos ámbitos se mezclan. ¿Y quién se hace cargo del noventa por ciento de todo a la vez? Pues las mujeres, también. ¿Por qué? Pues porque para ellas, ese ha sido siempre su planteamiento. Por esto te digo que hay muchos aspectos del mundo laboral que están únicamente orientados al hombre. Siempre decimos que la tecnología y el trabajo evolucionan muy rápido, pero los derechos sociales y la igualdad van siempre por detrás. Y lo hemos visto claramente durante el confinamiento.

M.G.- Te tengo que confesar que a mí tu libro me ha provocado rabia, tristeza, opresión, angustia,... Es más, a veces me han entrado ganas hasta de llorar. Tus dibujos reflejan escenas que es la cruda realidad. ¿Y sabes lo peor? Que entiendes que vives situaciones de las que no eres consciente.

J.- Ya. Eso da mucha rabia. Pero te diré algo. Esto que te pasa a ti, también le ha pasado a amigos míos. Algunos me han dicho que, si no han sido ellos los que han provocado alguna situación como las que se ven en el libro, sí han sido testigos, han estado presentes y se han callado. Y ese silencio, también es una forma de participar en situaciones machistas. 


No me he inventado nada de lo que aparece en el libro. Simplemente me he limitado a traducir lo que me han contado muchas mujeres. Ellas me han contado muchas vivencias que he recogido en el libro. Para hacer un libro sobre feminismo, no hay otro camino más que hablar con las mujeres. Con cuantas más mujeres hables, más ejemplos concretos tendrás. Y con cuanto más ejemplos concretos tengas, más conectado a la realidad estarás. 

M.G.- ¿Se habla de estos temas entre nosotras?

J.- Se habla poco porque aún perdura ese miedo a que la víctima acabe siendo juzgada. Y los hombres, o no nos enteramos, o no nos queremos enterar. Este ejercicio de preguntar a mujeres y de intentar empatizar con ellas tampoco es tan complicado. Nos habrán educado de tal o cual modo pero hay que intentar romper esta educación machista.

M.G.- Sobre este tema, pocos hombres se atreven a escribir. Hay mucha literatura sobre feminismo y machismo escrita por mujeres, pero sois pocos los que habéis dado el paso adelante.

J.- Sí. Haría mucho bien que fueran muchos más hombres los que dieran ese paso. Los hombres deberíamos cambiar mucho para que, al final del camino, pudiéramos colocarnos al lado de la mujer y luchar junto a ella. El feminismo es un movimiento liderado por mujeres y en el que las protagonistas son las mujeres, pero la lucha es de todos. Tenemos que ayudar para que se borre cualquier tipo de desigualdad.

Mira, cuando un hombre escribe de estas cosas, no falta a su lado esa gente conservadora que te da caña y te dicen de todo. Me han llegado a decir cosas tan divertidas como «mangina», es decir, hombre vagina. Lo dicen como un insulto pero a mí me da igual. Si lo comento es porque me parece hasta gracioso. Y aparte, también te topas con otro sector, con feministas que no están muy de acuerdo en que los hombres emitamos opiniones sobre el feminismo.

M.G.- ¿Cómo?

J.- Sí, sí. No pasa nada. Todas las opiniones son discutibles y está muy bien que haya opiniones diferentes. Obviamente, no estoy de acuerdo con esas afirmaciones. Creo que no tenemos que ser protagonistas de nada, pero tenemos que dar ese paso, y cuantos más hombres lo den, mucho mejor. Es más, los hombres tendrían que hablar de este tema con otros hombres. ¿Por qué no pueden los hombres hablar de feminismo? Es igual que si tú, mujer blanca, hablaras de racismo. Siempre digo que este es un libro escrito por un hombre blanco, heterosexual, con privilegios, pero eso no me impide actuar, hacer algo contra el machismo. Y no digo que me tenga que poner a lanzar dogmas y a decir lo que hay que hacer, sino simplemente trato de mostrar situaciones reales y ponerlas encima de la mesa. Ser honesto.

M.G.- ¿Tú has conseguido erradicar actitudes machistas?

J.- Mira, intento pensar de forma igualitaria pero, mientras más aprendo de este tema, más cuenta me doy que tengo todavía mucho trabajo por hacer. Por ejemplo, se me escapa utilizar la palabra «coñazo», pero son cosas arraigadas que hay que erradicar con el tiempo.

M.G.- Pero Javi, si yo entiendo que es lo que hemos mamado desde pequeños. Si yo, como mujer, adopto actitudes machistas, el famoso micromachismo, y no me doy cuenta. Tengo 51 años y me han dado esta educación. Y a mi marido, que se ha criado entre mujeres y se lleva muchos años con sus hermanas, le pasa igual. Es que es lo que hemos mamado. Es como un tatuaje que para borrarlo, tienes que usar láser. Y  hay que hacerlo, sí, pero cuesta.

J.- Lo tenemos integrado, sí. Y no se trata de hombres o de mujeres. La cultura en la que nos han criado nos ha calado a todos por igual. Desactivar este tipo de actitudes no es fácil. En ciertos entornos de hombres es muy difícil erradicar todo esto. Yo me he tenido que salir de algún grupo de Whatsapp, de amigos de toda la vida. Estaba cansado de determinados comentarios hacia la mujer. Y no te hablo de cosas de humor, sino de comentarios denigrantes. Pero a los hombres nos cuesta mucho significarnos ante otros hombres. El verdadero escollo está en cómo nos han educado y en que nos han dicho cómo tenemos que comportarnos frente a otros hombres. Nos han dicho que un hombre no puede decir que está triste o que tiene depresión, o que ha llorado con una película. 



M.G.- Ya. El hombre tiene que ser un tipo duro. Y otra cosa que me preocupa enormemente. Yo ya tengo una edad y me crié como me crié pero, ¿y las chicas jóvenes? Se escucha cada cosa que me dejan de piedra. 

J.- Sí. Hay ejemplos muy claros en ciertos programas de televisión como, por ejemplo, La isla de las tentaciones, o cualquier otro reality sobre relaciones. Roy Galán ha estado muy pendiente de este programa y ha sido capaz de convertirlo en material para hablar de las relaciones, la igualdad y el feminismo. Pero la sociedad es tan compleja hoy día que no es lo mismo ser feminista con dinero que serlo sin dinero. Quiero decir que existen también los privilegios de clase. Es algo que no se puede negar. Hay chavales y chavalas que no tienen incorporado este chip de feminismo, esta forma de pensar más igualitaria, sino que se basan más en estereotipos más tradicionales. Pero no se puede generalizar ni en un sentido ni en otro. Sé que hay una parte más retrógrada, con la que parece que vamos hacia atrás, donde la mujer sigue siendo un icono sexual, donde ese rol perdura en el tiempo pero, también hay otra parte de la juventud con una mentalidad muy abierta, que hablan de sus tendencias sexuales desde bien jóvenes. 

M.G.- En el libro introduces testimonios reales, que se alternan con las ilustraciones de escenas. He flipado con todos ellos.

J.- Sí, son historias completamente reales que me han ido contando. Lo único que he hecho es cambiar los nombres para que sean anónimas. Creo que todas las que aparecen en el libro son muy interesantes, como el caso de la chica que trabaja en un laboratorio, con una mujer como jefa, pero que también sufre machismo. Porque también hay machismo entre las mujeres.

M.G.- Tus ilustraciones son de líneas simples. ¿Marca de la casa?

J.- Es mi estilo. El hecho de contar las cosas de manera simple, me ayuda a conectar con más gente. Trabajar con formas muy universales, donde ni los personajes tienen cara, permite empatizar más. Son dibujos rápidos que no implican mucho trabajo técnico. 

M.G.- De acuerdo. Gracias, Javi, por el libro y por la charla.

J.- Gracias a ti.


Sinopsis: Hace mucho tiempo, en una época muy, muy lejana llamada Paleolítico, las mujeres y los hombres del planeta Tierra pudieron estar en pie de igualdad. Pero el Homo machus, un ser que se creyó superior, institucionalizó la violencia y la dominación sobre la mujer e instauró el perverso Imperio Patriarcal, que dirige desde una estación acorazada con potencia suficiente para impedir cualquier perspectiva de progreso femenino. Desde entonces, algunas tropas rebeldes han logrado pequeñas victorias, pero, tras varios milenios, ha llegado la hora urgente de la deconstrucción del LABORACHISMO.


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