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jueves, 30 de diciembre de 2021

INÉS PLANA: ❝'Lo que no cuentan los muertos' es mi novela más ambiciosa❞

Da gusto hablar con Inés Plana, aunque sea por teléfono. Cuando publicó su anterior novela, Antes mueren los que no aman, la autora de Barbastro visitó Sevilla y tuve la oportunidad de conversar con ella sobre Julián Tresser, ese personaje, guardia civil de profesión, que se ha convertido en el protagonista de unas novelas llenas de crímenes, con las que los lectores disfrutamos tanto.

Plana acaba de publicar su tercera entrega, Lo que no cuentan los muertos, una novela en la volveremos a encontrarnos con Julián Tresser, ahora ascendido a capitán de la UCO y padre adoptivo de la joven Luba. En esta ocasión, Tresser tendrá que investigar la desaparición de dos personas, dos supervivientes de un accidente aéreo, Rita Martí y Eduardo Molaro.

M.G.- Hola, Inés. Buenas tardes.

Inés P.- Buenas tardes, Marisa.

M.G.- Inés, imagino que muy contenta con la nueva aventura de Julián Tresser.

I.P.- Sí, muy contenta y muy ilusionada. Lo que no cuentan los muertos es mi novela más ambiciosa. Para mí ha sido un reto. He aplicado todo lo que he aprendido gracias a las otras dos novelas, me he arriesgado más con una novela más coral. La segunda ya empezaba a serlo pero en esta interactúan muchísimos personajes, cada uno con sus vidas.

M.G.- Morir no es lo que más duele se publicó en 2018, Antes mueren los que no aman en 2019. Esta ha visto la luz en 2021. Me lo han comentado algunos autores, que la situación que hemos vivido y estamos viviendo, los bloqueó por completo. ¿Cómo has vivido tú el confinamiento y la pandemia en relación con el proceso creativo?

I.P.- Lo he vivido con mucha angustia, como todo el mundo. Estoy muy habituada a los confinamientos voluntarios que me impongo por la escritura. Pero el que hemos vivido, motivado por la pandemia, ha sido realmente angustioso. Esta novela comencé a escribirla unos meses antes de la Covid-19. Al principio tuve ciertos bloqueos, cuando se decretó el estado de alarma, porque la situación era muy terrible y muy incierta. Nadie se puede abstraer a esa situación en la que veías tantos muertos diarios. Es que teníamos la muerte al otro lado de la puerta. Además, aunque en mi familia no había problemas de Covid, sí había otro tipo de problemas que se unieron al virus. Llegó un momento en el que había que relajar la mente y no obligarla porque eso generaba muchas más resistencias. Sin embargo, después de esos momentos de bloqueo, volví con más fuerza porque la escritura es un refugio para mí, me permite aislarme totalmente del mundo y centrarme en la historia. Al final, pude escribir la novela, pero no fue fácil. 

Entiendo que haya escritores que se hayan encontrado bien durante el confinamiento, de la misma manera que entiendo que otros, no solo no podían escribir, sino que tampoco podían leer por el miedo paralizante que sufrimos durante los primeros meses de esta pandemia y que todavía no ha terminado.

M.G.- Inés, me fijo en los títulos de tus novelas y en todos aparece la palabra morir, muerte, muerto... ¿Hay intencionalidad?

I.P.- No, no la hay. Yo escribo muchos títulos antes de decidirme por uno y es casual que eligiera esos tres. Lo que sí te digo es que cada uno de los títulos refleja el espíritu de cada historia. Mis libros son novelas negras, y en todas ellas hay crímenes, hay muerte, y hay sordidez. La muerte tiene un papel importante. En esta novela hay muertes de todo tipo. 

M.G.- Tercera entrega de Julián Tresser, este guardia civil literario que tú has construido. ¿Ha cambiado mucho la vida de este personaje desde la última novela?

I.P.- Sí, sí, ha cambiado mucho. En la segunda novela él se centró en la búsqueda de Luba, esa niña que Tresser quiere rescatar del mundo atroz de la prostitución. Eso lo va a colocar en una situación familiar distinta porque se va a convertir en padre siendo un hombre joven, pero muy solitario. Tresser ha tenido una biografía personal complicada y eso lo obliga a una evolución que, en esta tercera novela va a ser clamorosa. Tresser irá descubriendo sentimientos como la ternura y la protección hacia esta hija que ha adoptado. Eso va a marcar un antes y un después en la vida del personaje.

Además, en esta novela él ha cambiado de trabajo. Ha ascendido y ahora es capitán. Ya no trabaja en la policía judicial, sino en Unidad Central Operativa de la Guardia Civil. Tiene que aprender a trabajar en equipo, como una piña. En la UCO se trabaja así. Tienen una unidad muy potente y un vínculo de pertenencia al grupo muy grande. Las relaciones jerárquicas están más relajadas en favor de la investigación.

En este caso, se va a enfrentar a lo que él considera la investigación más compleja y enigmática de su carrera.

M.G.- ¿Exactamente, a qué investigación se enfrentará?

I.P.- Tresser tiene que investigar una desaparición, con todo lo que tiene de perturbador. Hay un personaje del que se ignora su paradero, de la que la familia no sabe nada, y eso genera muchísima inquietud y muchísimas preguntas. En este caso, los desaparecidos son dos. Por un lado, Rita Marí, una mujer adinerada y heredera de una gran fortuna. Tiene 56 años, está casada, con dos hijos y desaparece en Valencia. Por otro lado, un joven militar, capitán del Ejército de Tierra, de 54 años. Lo que los une a los dos es haber sobrevivido a una tragedia aérea. Esto sucede en el primer capítulo del libro. Son dos personajes que pertenecen a mundos muy distintos que no se hubieran conocido si no hubiera sido por esta terrible tragedia, el accidente de un vuelo interior en Tailandia. De los ochenta pasajeros solo sobreviven cinco personas, tres australianos y dos españoles -Rita Marí y Eduardo Molaro-. Esta circunstancia le hace buscarse entre ellos. El síndrome del superviviente se ceba en los dos. Sienten culpa por haber sobrevivido a un accidente aéreo en el que también falleció la mujer de Eduardo, porque viajaban en luna de miel, y tres amigas de Rita, a las que ella había convencido para viajar. 

Un año después de la catástrofe, Rita se ha alejado de su familia, -de su marido y de sus dos hijos treintañeros que viven en Madrid-, y se ha mudado a la mansión de sus padres en un pueblo costero cercano a Valencia, donde están sus raíces. Allí se aislará, en su soledad, su angustia y su culpa. Recibirá la visita de Eduardo Molaro y cuando los dos se disponen a cenar en el jardín, desaparecen sin dejar rastro. Ni siquiera han probado la comida. Está toda la mesa como estaba dispuesta cuando empezaron a cenar. No hay violencia ni signos de forcejeo. En las cámaras de la urbanización de lujo no se recoge nada.

Al principio, la policía judicial de la Comandancia de la Guardia Civil de Valencia empieza a investigar el caso pero, sin indicios, piden ayuda a la UCO. En ese momento, agosto de 2012, Tresser está pasando sus vacaciones con Luba, su hija adoptada, es reclamado para ir a investigar la desaparición a Valencia, un caso muy enigmático, y lleno de incógnitas.

M.G.- Centrándonos en los desaparecidos. Me gusta el perfil psicológico de Rita. Es una mujer muy rica pero con un profundo lado humano. Ella ha creado un centro social para atender a familias con problemas pero también es muy esquiva, es muy discreta, con muchos secretos. Es un personaje que da mucho juego.

I.P.- Rita es un personaje con mucha ambigüedad moral. Al sentirse tan culpable por haber sobrevivido al accidente, crea este centro social para ayudar a los más desfavorecidos. Los hechos se desarrollan en 2012, y ese fue uno de los años más duros de la crisis económica. A las colas del hambre se incorporó la clase media española. De la noche a la mañana se vieron sin trabajo, sin ingresos, con desahucios,... Tuvieron que empezar a acudir a comedores sociales para comer caliente. Y aunque Rita monta este comedor social y tiene un lado solidario, a lo largo de la novela no puede evitar tener actitudes muy cercanas a lo que siempre ha sido su vida, muy privilegiada. Dejo a los lectores que sean ellos los que juzguen a Rita, uno de los personajes más ambiguos que he creado.


                  [Si prefieres escuchar nuestra conversación dale al play]

M.G.- Has comentado antes que es una de tus novelas más coral. Has construido una red de personajes en los que los secundarios también tienen bastante peso.

I.P.- Los personajes secundarios son tan importantes como los principales en una novela. Unos irán dando soporte a los otros. Todos ellos juntos serán los que irán generando la trama, con sus propios vidas y sus propias interactuaciones. La construcción de los personajes es uno de los trabajos que más me gusta y en lo que mayor esfuerzo invierto. Intento que todos los personajes tengan vida propia, ya sean protagonistas o secundarios. Creo que es lo que enriquece la historia que estoy contando. No quiero dejar a ningún personaje sin su vida, sin su carne y su hueso. No me gustan los arquetipos, que los personajes protagonistas tengan mucha luz y los secundarios queden oscurecidos. Todos son importantes para mí y la vida de uno explica la de otros.

M.G.- Hay un personaje, Nicolás Escorza, un sacerdote «altivo e impertinente» que a mí me da muy mala espina.

I.P.- Nicolás es uno de los hijos de Rita. El otro se llama Lorenzo y es periodista. Trabaja elaborando discursos y argumentarios para los perfiles políticos. Son muy diferentes. Nicolás quiso ser sacerdote desde la juventud y es un chico joven muy ambicioso. No es el típico cura de parroquia humilde que se va a entregar a los fieles. Aunque no lo dice, aspira a llegar al Vaticano. Es altivo, es arrogante y  piensa que está por encima del bien y del mal. Nicolás es un personaje que saca de quicio a Tresser. Lo pone muy nervioso y eso que él no pierde nunca el control. Es un personaje muy insidioso, impertinente, altivo. Por otro lado, Tresser tiene el problema de que la familia de Rita no es demasiado colaboradora en la investigación e incluso, la ponen en peligro con sus actitudes.

M.G.- La trama de la novela se sustenta en las desapariciones. Me parece un tema muy interesante, con una cifras brutales. Se habla de que desaparecen entre 20.000 y 30.000 personas al año.

I.P.- Por suerte, no todos acaban en el cajón de los casos sin resolver. Entre estas desapariciones, las hay de muchos tipos. Tenemos la fugas de juventud, los mayores desorientados,... La mayoría acaban resolviéndose pero siempre quedan unas 1.500 o 2.000, según los datos que he ido recabando, que no se resuelven o han sido muy complejas. Muchas veces, detrás de la desaparición hay violencia y crimen. Es uno de los hechos más inquietantes que le puede ocurrir a una familia, que un ser querido desaparezca, y no se sepa nunca más de él. Esa familia está condenada de por vida a un duelo permanente y eterno. 

M.G.- Inés, una pregunta inevitable. ¿Leer esta tercera entrega implica tener que leer las anteriores? ¿Hay referencias a los casos anteriores?

I.P.- Referencias que puedan confundir al lector, no. De todos modos, Lo que no cuentan los muertos es la novela donde más se maneja el presente. Hay muy pocas referencias al pasado. Simplemente se sitúa la realidad del ahora capitán de la UCO y se explica quién es Luba. El resto  transcurre prácticamente en presente. Las tres novelas se pueden leer en el orden que el lector quiera, porque los casos son muy distintos.

M.G.- Lo comentamos cuando nos vimos la última vez. Este tipo de novelas requiere una documentación. Tu personaje es guardia civil y tienes que conocer los protocolos del cuerpo. Pero cada novela te obliga a documentarte además sobre un tema en concreto. Imagino que en este caso habrás tenido que indagar sobre desapariciones o sobre los accidentes aéreos.

I.P.- Sobre el accidente aéreo me ha asesorado un comandante de vuelo, con el que estuve charlando largamente y me inspiró sobre lo que puede ser el antes, durante y después de un accidente de avión. Quería conocer qué causas pueden provocar un accidente, cómo se puede vivir una situación así en cabina, cómo se comporta la máquina en un caso así de extremo.

Por otro lado, mis amigos guardias civiles me han estado asesorando desde el principio con una generosidad enorme. En esta novela en concreto me ha asesorado una analista de perfiles, la comandante Luisa, a la que conocí siendo capitán. Ella me ha ayudado a componer el personaje de Amanda, la pareja profesional que le ha adjudicado a Tresser en Lo que no cuentan los muertos. Estos analistas de perfiles son los que pueden percibir en la escena de un crimen, los rasgos de conducta del autor material o del agresor, más allá de las pruebas físicas, del ADN. Ellos son capaces de dibujar qué tipo de persona es el agresor y eso orienta a los investigadores en sus pesquisas. Los analistas no resuelven casos pero sí orientan muy bien a los investigadores para que puedan descartar sospechosos y centrarse en otros. Hacen un trabajo fantástico y muy importante.

M.G.- Imagino que también habrás aprendido mucho sobre anatomía forense. Para los forenses, los muertos sí cuentan cosas.

I.P.- Para los forenses, los muertos hablan. Pero en esta novela, los lectores van a descubrir muertos diferentes. No todos son iguales y no todos se llevan  secretos a la tumba. A veces, los investigadores descubren qué les ha ocurrido y otras veces el sentido último de sus muertes queda muy difuso.

Lo que no cuentan los muertos es un título muy bien hilado para esta historia porque todos los descubrimientos que va a hacer Tresser y su equipo de investigación son realmente sorprendentes.

M.G.- ¿Seguiremos viendo a Tresser?

I.P.- Sí, le quiero dar larga vida. Ahora cierro una etapa de su vida. Habrá un antes y un después porque en esta tercera novela se producen muchos cambios en su vida y se cierra un círculo. Tresser tiene mucho recorrido y quiero darle muchos casos para que nos demuestre su valía. 

M.G.- Pues estaremos encantados de seguir leyendo tus novelas, tan entretenidas. Inés te agradezco mucho que me hayas atendido. Espero poder verte en Sevilla con la próxima.

I.P.-  Pues sí, imagino que para entonces el mundo ya será distinto. Estaré encantada de verte, poder darnos un abrazo, y de estar en Sevilla, que es una ciudad preciosa. 

M.G.- Espero que sí. Un placer hablar contigo, Inés.

I.P.- Un placer. 

Sinopsis: A veces, sobrevivir es lo más parecido a estar muerto.

Rita Marí, la heredera de una gran fortuna, sobrevivió a un accidente aéreo en el que murieron tres amigas suyas. Desde entonces, alejada de su marido e hijos, hundida en la culpa, vive recluida en su mansión al borde del mar, en Valencia. Un año después de la catástrofe, Rita desaparece sin dejar rastro y Julián Tresser, antes teniente y ahora capitán de la Guardia Civil de la UCO, protagonista de las dos novelas anteriores de Inés Plana, se traslada desde Madrid con su equipo para investigar el caso.

Ante él se alza un muro de incógnitas. ¿Quién era en realidad la esquiva Rita Marí? ¿Su desaparición ha sido voluntaria? ¿Quiénes

eran los enemigos de esa mujer solitaria y depresiva? Pero, sobre todo, ¿será capaz Julián, también un superviviente de su propio pasado, de descifrar las claves ocultas de la desaparición y afrontar los retos de su presente?

viernes, 13 de diciembre de 2019

ANTES MUEREN LOS QUE NO AMAN de Inés Plana

Resultado de imagen de ANTES MUEREN LOS QUE NO AMAN de Inés Plana
Editorial: Espasa.
Fecha publicación: septiembre, 2019.
Precio: 19,90 €
Género: Novela negra
Nº Páginas:  512 
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta.
ISBN: 9788467056402
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes empezar a leer aquí]




Autora

Inés Plana (Barbastro, 1959) es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona y ha desarrollado su carrera periodística en Madrid. Ha trabajado en diversos medios de prensa escrita y ha creado distintas colecciones editoriales de divulgación de la historia y el arte.

Morir no es lo que más duele, su primera novela, publicada en Espasa en 2018, tuvo una excelente acogida entre la crítica, los libreros y los lectores. La obra fue galardonada en los Premis Continuará 2018 de TVE en Cataluña y ha sido finalista a mejor novela en los certámenes literarios Valencia Negra y Morella Negra. También fue nominada como mejor novela negra novel en la Semana Negra de Gijón  2019.

Sinopsis

En las Navidades de 2009, con un país aplastado por la crisis, una funcionaria de la Seguridad Social muere al ser empujada violentamente contra una cristalera. Quien lo hace es una joven que huye del lugar sin dejar rastro. Este es el caso que investiga Julián Tresser, teniente de la Policía Judicial de la Guardia Civil, cuando surge la primera pista fiable sobre el paradero de Luba, una chiquilla de doce años que desapareció misteriosamente dos años atrás.

Desde entonces, Tresser ha buscado desesperadamente a esa niña. No imagina que la pequeña ha escapado del sórdido mundo de la prostitución en la que había sido confinada. El azar la lleva a esconderse en una casa en un pueblo perdido donde dos mujeres parecen ocultar un secreto inconfesable que podría arruinarles la vida. Luba debería pedirles ayuda, puesto que llega herida hasta allí, pero los abusos que ha sufrido impiden que confíe en nadie. Esas circunstancias, caprichosas y crueles, no se lo van a poner fácil al teniente, pues, a la vez que busca a la niña, tendrá que elegir entre la responsabilidad que conlleva su oficio y la fuerza de los vínculos de sangre.

Tras el éxito de Morir no es lo que más duele, Inés Plana sumerge al lector en una trama vertiginosa por la que transitan personajes atormentados y complejos y en la que el teniente Tresser se verá sometido a un dilema moral que pondrá a prueba sus convicciones.


[Información tomada directamente del ejemplar]


En 2018, Inés Plana debutó en literatura con Morir no es lo que más duele, una novela que supuso la presentación de Julián Tresser, un teniente de la Guardia Civil, protagonista y encargado de llevar a cabo las investigaciones de aquella novela negra. Tras la buena acogida de aquella primera obra de Plana, Tresser ha venido para quedarse y vuelve a convertirse en epicentro de la última propuesta de la autora, Antes mueres lo que no aman. 

Esta nueva novela arranca en las Navidades de 2009. Hace diez años, la crisis económica que asolaba el país, mordió con fuerza a diversos colectivos. Mucha gente perdió su trabajo, otros se quedaron en la calle por no poder hacer frente al pago de la hipoteca, se produjeron desahucios y muchas familias vivieron un auténtico calvario. Como había que enmendar la plana, y esto lo digo a título personal, a los funcionarios les tocó bailar con la más fea. Se les congeló el sueldo, perdieron parte de su poder adquisitivo y vieron cómo mermaban algunos de sus derechos económicos. Hubo protestas y manifestaciones, que tampoco sirvieron de mucho. Pues bien, aunque solo sea en el plano literario, la funcionaria Pepa Ordovás será uno de esos muchos empleados públicos que protestaron por los tijeretazos del Gobierno. Ella, funcionaria de la Tesorería General de la Seguridad Social, verá truncada su vida en esas Navidades por culpa de un fatal accidente. Ordovás acabará decapitada y una joven, sin premeditación, se verá implicada en el trágico suceso, huyendo posteriormente. ¿Quién es la joven que se ha dado a la huida? Esa será una de las investigaciones que Tresser tendrá que llevar a cabo. Sin embargo, Antes mueren lo que no aman ofrece varias líneas argumentales más. Al trágico fallecimiento de la funcionaria, se une la búsqueda de Luba, una adolescente a la que ya conocimos en la novela anterior. La joven está actualmente en paradero desconocido, después de huir de un prostíbulo, y mantiene un vínculo familiar con Tresser. Por otra parte, aparecerán en escena otros personajes como Elsa, una actriz de series de televisión, y su amiga Muriel, que también se verán implicadas en un asunto turbio que les puede complicar la vida a ambas. 

Como veis, esta novela tiene una estructura compleja. Tengo que reconocer que en los primeros capítulos me sentí algo perdida. No conocía muy bien la trayectoria de los personajes, qué les había ocurrido en la novela anterior o qué relación tenían entre ellos. También había ciertas cuestiones que no me terminaban de convencer. Por ejemplo, Fanny, una prostituta amiga de Luba, consigue escapar de sus captores pero se niega a contar cómo lo hizo. Es algo que me chocó un poco, especialmente porque su declaración podía ayudar a la policía a localizar a la joven desaparecidad. No obstante, debo admitir que todos los hilos argumentales están muy bien urdidos, tienen la suficiente profundidad como para que el lector se sienta implicado en la historia, así que me fui involucrando cada vez más en la vida de todos ellos y comencé a sentir que la historia cobraba más fuerza e interés. Tan solo hay una duda que no he conseguido resolver y es que, al no haber leído la primera novela, no me ha quedado muy claro qué relación de parentesco tienen Tresser y Luba. Siento que algo se me ha escapado, o que no he sabido entenderlo. Es por ello que, en mi caso, hubiera preferido leer la primera entrega. 

Dicho lo cual, hay otras cuestiones que debo alabar en esta novela. Por ejemplo, me ha gustado muchísimo la pericia del narrador. La historia está contada por un omnisciente que se mueve de unos personajes a otros, de unos hilos argumentales a otros. Esto, unido a que las historias están muy bien trenzadas, ayuda a que el lector se sienta interesado por el devenir de unos y otros, sin que una historia sobresalga sobre las restantes. Por otra parte, hay sucesos que se cuentan desde diversos puntos de vista, sin que exista reiteración excesiva, y sin que el lector tenga la sensación de estar leyendo lo mismo dos veces. Es una técnica que ofrece una visión muy global de todo cuanto acontece en la trama. 

En cuanto a los personajes, Julián Tresser es el gran protagonista. Es un hombre de unos cuarenta años, divorciado y que ejerce en el pueblo de Uvés, en Madrid. Es un hombre complejo, que arrastra mucho lastre, y al que iremos conociendo con el avance de la lectura. 

Junto a él, otros personajes de la novela anterior serán: la propia Luba, una joven que ha tenido una vida muy dura desde el momento en el que su madre la abandonó; el capitán Díaz Visedo"un hombre derrotado por la pérdida", después de perder a su mujer de forma trágica y que, desde entonces, se ha convertido en alguien esquivo y poco empático con el dolor de los demás; Teresa Nanclar, una subinspectora de la Policía Nacional y amiga de Tresser, con un problema personal y familiar muy considerable; Adelaida Mabrán, una "psiquiatra bella, inteligente y altiva", que ya colaboró en investigaciones pasadas y que mantiene una relación algo complicada con el teniente. Pero, según nos contó la autora en la entrevista que le hicimos (puedes leerla aquí), todos estos personajes, que ya aparecieron en la novela anterior, han cambiado tanto, y les ha ocurrido tantas cosas entre la anterior entrega y esta, que prácticamente se podría decir que son personajes nuevos. En cualquier caso, Antes mueren los que no aman es una novela muy coral, en la que también asomarán lo peor de la sociedad, los que se mueven por los bajos fondos y a los que conoceremos con bastante detalle. Hay que reconocer que, en la construcción de personajes, Inés Plana ha hecho un gran trabajo. De ellos, no solamente se nos cuenta todo aquello que tiene que ver con la trama, sino que, además, y ahondando lo justo para no desviarnos de lo principal, también vamos a poder conocer cómo fueron en el pasado, qué le ocurrió, qué vivieron y sintieron porque esas vivencias van a repercutir en el presente que viven dentro de la novela. Así, sabremos lo que aconteció con el hermano de Adelaida o el origen verdadero de Muriel. Todo ello son detalles que contribuyen a acercarnos a los personajes, aunque sean más secundarios.

Y no solamente hay que alabar la labor realizada en cuando a los personajes, también hay que destacar que en esta novela coinciden temas de importante calado social como la prostitución, el juego ilegal, o la trata de blanca.  Por tanto, cabe esperar que también exista crítica social. Me ha impresionado mucho que se deje constancia que en este país se persiga más el juego ilegal que la prostitución, o que haya padres que vendan a sus hijos sin que las instituciones muevan un dedo. Y por supuesto, ya que la crisis es el detonante de toda la historia, habrá reflexiones sobre la misma.

En definitiva, y a pesar de que me costó entrar en la historia -que yo achaco a no haber leído la entrega anterior-, tengo que decir que me ha gustado mucho esta novela. Si ya tuve ganas de conocer las historias que Inés Plana nos proponía con su primera novela, ahora, después de haber leído la segunda, esperaré una nueva entrega de Julián Tresser.







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


jueves, 28 de noviembre de 2019

INÉS PLANA: 'He intentado que el lector sienta la ansiedad del suspense, de la intriga, y se vea obligado a seguir leyendo'

De Inés Plana empezamos a oír hablar en 2018, cuando publicó Morir no es lo que más duele. Su primera novela cosechó muy buenas opiniones y yo me quedé con las ganas de leerla. (Por cierto, hago un inciso para comunicar que han sacado esta novela en edición de bolsillo, a un precio más que razonable). Y algo menos de dos años después, la autora de Barbastro saca a luz lo que supone la segunda entrega de la saga, protagonizada por Julián Tresser, un teniente de la Guardia Civil que, en esa ocasión, tienen que enfrentarse a varias investigaciones a la vez.

Inés Plana visitó Sevilla hace unas semanas para promocionar Antes mueren los que no aman, y tuvimos la ocasión de sentarnos con ella a conversar.

Marisa G.- Inés, ya que es la primera vez que nos vemos y estamos con tu segunda novela, me gustaría saber qué te impulsó a escribir.

Inés P.- Pues es que no sé si la escritura nació conmigo, o yo con ella. Desde pequeña me gustaba escribir poemas, me gustaba mucho leer, incluso libros que no correspondían a mi edad. Para mí, escribir y leer ha sido siempre una necesidad, como algo que va pegado a mí.

M.G.- Es decir, que tú llevas escribiendo desde siempre pero empiezas a publicar ahora.

I.P.- Eso es. Hice muchos intentos pero hasta que no me sentí totalmente preparada, no me puse a escribir una novela.

M.G.- En enero de 2018 publicaste 'Morir no es lo que más duele' y ahora llegas con 'Antes mueren los que no aman'. Es curioso esto de tus títulos. Muerte, dolor y amor, como los tres pilares del ser humano.

I.P.- Es verdad. Muy buena observación. Me paseo por la condición humana y estos tres aspectos, estas tres grandes verdades, están presentes a lo largo de las dos novelas. La muerte es un elemento de la novela negra. El dolor forma parte de los personajes que están heridos y que tienen que sobrevivir a su propio padecimiento. Y en cuanto al amor, en la primera novela hay más bien desamor. Sin embargo, en esta segunda novela, dentro de la oscuridad de la trama, hay sitio para el amor y para la ternura. Digamos que hay luz.

M.G.- Estamos ante el segundo caso de un teniente de la Guardia Civil, Julián Tresser, tu personaje protagonista. Por suerte, la Guardia Civil comienza a tener protagonismo en las novelas, porque estamos muy acostumbrados a que en el género negro, sea la Policía la que lleve a cabo la investigación.

I.P.- Y todavía no tiene mucha presencia la Guardia Civil. El que abrió la puerta fue Lorenzo Silva, con su pareja de guardias civiles. Siempre me ha interesado mucho este cuerpo por sus peculiaridades, por su naturaleza militar. Hay un respeto reverencial entre los rangos y suelen tener relaciones muy frías entre ellos. Son cosas que tienen mucho atractivo literario. Además, nací y me crié en Barbastro (Huesca) y allí la Guardia Civil de montaña es toda una institución, que siempre ha salvado muchas vidas.

Cuando empecé a imaginar esta novela, lo que tenía claro era que el investigador tenía que ser un guardia civil. Me parecía que merecía la pena intentarlo, y he quedado contenta. Con la Guardia Civil, con tantas unidades como tienen, nunca se termina de aprender. Para mí ha sido un reto porque el protagonista es hombre, yo mujer. Además es un hombre bastante prepotente, solitario y taciturno, todo lo contrario a como soy yo. Al final, creo que Tresser ha adquirido eso que nos gusta tanto a los autores, personalidad propia. Casi vive al margen de mí.

M.G.- Pero Inés, ¿hay necesidad de leer la primera entrega de la serie?

I.P.- No, no la hay. Son dos novelas totalmente distintas, aunque protagonizadas por el mismo teniente de la Guardia Civil. Cualquier lector puede empezar leyendo esta y no le va a dar la sensación de que se está perdiendo algo. No quise poner ningún spoiler de la primera porque a mí tampoco me gusta leerlos. 

M.G.- Pero sí hay ciertas vinculaciones entre una y otra. 

I.P.- El protagonista es el mismo y todos los personajes que acompañan al teniente Tresser también, como el capitán Díaz Visedo o el cabo Coira. Además también está Adelaida, la psiquiatra, que ayudó en la investigación de la primera novela. Y por supuesto, Luba, la niña desaparecida. El resto de personajes son nuevos. Pero te diré que, a esos personajes que he rescatado de la primera novela, les ha pasado tantas cosas, sus circunstancias han cambiado tanto, que parecen totalmente nuevos. Ahora son muy diferentes a cómo eran en la primera novela.

M.G.- La historia transcurre en 2009 cuando la crisis económica está en su pleno apogeo. ¿Por qué ubicarla en esa época?

I.P.- Porque es una época histórica en nuestro país. Perdimos la inocencia y, desde entonces, no hemos vuelto a ser los mismos. Hubo mucha gente que perdió su trabajo y además no tuvo la posibilidad de recuperar otro. A los 52 años se convirtieron en parados de larga duración. También hubo personas que no pudieron hacer frente a su hipoteca y perdieron su casa. Todo eso cambió nuestra perspectiva. Nos marcó profundamente. Ahora somos más conservadores con el dinero. La crisis de 2009 me pareció un buen escenario para enmarcar esta historia, en la que una de las tramas, está muy vinculada con los recortes salariales a los empleados públicos.

M.G.- Es una novela compleja porque desarrollas varias tramas y todos los sucesos están muy diversificados.

I.P.- En la primera hice toda una trama única, aunque densa y compleja. Y en esta nueva novela, hay cuatro tramas conectadas entre sí. Unas tienen que ver con un accidente mortal y otras con la prostitución. Estas tramas forman parte del trabajo de Tresser, que lo lleva a diferentes escenarios. He intentado aplicar todo lo que aprendí en la primera novela y me he atrevido a entremezclar esas tramas, de manera que fluyan, sin crear ninguna confusión, para que creen mucha intriga y suspense, y el lector se lo pase bien leyendo. Yo he disfrutado mucho escribiéndolas, aunque es muy complicado hacer el encaje de bolillos necesario, pero eso va en el equipaje del escritor.

M.G.- También es interesante apuntar que ofreces una versión doble de los hechos. Hay sucesos que se narran desde varios ángulos.

I.P.- Así es. En algunos casos, el lector va un paso por delante del investigador. En otras ocasiones, el mismo hecho se ve desde dos puntos de vista, desde lo que uno cree haber visto y desde lo que realmente ocurrió. Me gusta jugar mucho conmigo misma, mientras escribo. Estos juegos dan mucha riqueza a la trama. Al complicar un poco la vida al teniente se la complico también al lector. He intentado que el lector sienta la ansiedad del suspense, de la intriga, y se vea obligado a seguir leyendo.



M.G.- Abordas muchos temas y algunos bastante espinosos, como la trata de blanca, la violencia de género, el narcotráfico y las mafias. Manejas un montón de asuntos sociales.

I.P.- Es lo que me pide la novela. Al ser del género negro, observo la realidad de manera crítica. No es una cosa que haya pensado antes de ponerme a escribir. Solo tenía claro que la crisis tenía que ser un personaje. A medida que van avanzando, las tramas van dirigiendo al lector por caminos y aspectos de la realidad. Con esto, procuro no desviar la trama sino incorporar a la misma, cuestiones con las que convivimos. Intento que nuestra realidad afecte a los personajes y los hago reaccionar, a la vez que hago reaccionar al lector. No juzgo a los personajes. Eso lo tiene que hacer el lector. 

M.G.- Has comentado antes que Tresser es un personaje muy taciturno y solitario. Me parece un hombre muy gris y oscuro, que arrastra mucho lastre.

I.P.- Sí, sí, arrastra mucho lastre emocional. No tiene familia, se ha quedado sin ella, y eso marca a cualquier persona. Tiene un pasado realmente trágico pero como guardia civil lo sobrelleva, lo soporta y digamos que intenta blindarse ante todo. Además, por su oficio, tiene que hacer frente a muchos lados oscuros de la vida. Sin embargo, en esta segunda novela, se descubre a sí mismo. Siente que es una persona capaz de dar amor y afecto, y la gran prueba de amor es lo que hace por Luba, la niña desaparecida. Así que, en esta segunda investigación, vamos a ver a un Tresser más evolucionado, que inicia una relación de pareja aunque, siendo tan solitario, le va a costar entender que cuando uno tiene pareja, hay que saber ceder. Sin embargo, Adelaida no se lo va a poner fácil porque a ella tampoco le gusta ceder. A veces, se produce un auténtico choque de trenes. Pero es interesante ver cómo él va a asumiendo ciertas cuestiones. 

M.G.- No es el único personaje atormentado. Esta es una novela muy coral y muchos de ellos padecen muchas amarguras.

I.P.- Sí, a muchos de ellos. Las circunstancias del capitán Díaz Visedo han cambiado y ya no es el mismo. El cabo Coira, que pasa las vacaciones de Navidad en Galicia, va a tener que enfrentarse con algo muy complejo y relacionado con su familia. Se enfrenta a un dilema porque siente que va a cometer una deslealtad tremenda con los suyos. Luego, Elsa, la actriz de televisión, está a punto de estrena una obra de teatro, pero le sucede algo inesperado y cruel sobre lo que va a tener que tomar una decisión. Según sea la opción que elija, estará dentro o fuera de la ley. En definitiva, son personajes sobrepasados por las circunstancias. Y serán los lectores los que tienen que valorar si sobreviven bien, si pasan la prueba o no.

M.G.- Los escenarios son dispares: Cieña, Uvés, Los Herreros,... Creo que todas estas localizaciones son inventadas.

I.P.- Efectivamente. Los Herreros en Palencia no existe, ni Cieña en la Costa da Morte. Son geografías imaginarias. No he querido singularizar a ningún pueblo con estos sucesos luctuosos que ocurren en la novela. Además, inventarme los lugares me da mucha libertad. Puedo inventar una localidad que sea mezcla de cuatro pueblos distintos. Las tramas nos van a llevar a Cantabria, a Palencia, a Galicia, a Madrid. Cada una de las tramas tiene su propio escenario. 

M.G.- Hablando de puntos geográficos, hay un guiño muy bonito a tu tierra, a Barbastro.

I.P.- Sí, me apetecía mucho hacerlo porque soy muy militante de mi tierra. Como vivo tan lejos de ella, la echo mucho de menos. El homenaje lo hago en una escena muy importante de la novela, en una comida en un restaurante que tiene mucha importancia en la trama, cuando Tresser se cita con otra persona y comen en un restaurante aragonés, donde hay platos típicos de mi tierra. Me ha preguntado mucha gente, pero ese restaurante, lamentablemente, no existe. 

M.G.- En cuanto a la documentación para desarrollar una investigación criminal con la Guardia Civil como cuerpo implicado, ¿qué me puedes decir?

I.P.- Tengo un asesor. Germán es sargento de la Guardia Civil y me asesora en los procedimientos. Le mando whatsapp, quedamos, hablamos, y le voy preguntando por todas las dudas que me surgen. Él tiene mucha paciencia conmigo y es muy generoso al prestarme tanta ayuda. Por eso es una de las personas a las que dedico la novela. 

M.G.- Y entiendo, Inés, que habrá tercera entrega.

I.P.- Sí, ahora mismo estoy con un ensayo de un primer capítulo. Aunque también estoy con la promoción de esta novela, si no escribo, me pongo de mal humor.

M.G.- (Risas) Es una terapia. Gracias Inés por compartir este momento. Espero poder verte con la tercera entrega.

I.P.- Eso espero yo también. Gracias.



Sinopsis: En las Navidades de 2009, con un país aplastado por la crisis, una funcionaria de la Seguridad Social muere al ser empujada violentamente contra una cristalera. Quien lo hace es una joven que huye del lugar sin dejar rastro. Este es el caso que investiga Julián Tresser, teniente de la Policía Judicial de la Guardia Civil, cuando surge la primera pista fiable sobre el paradero de Luba, una chiquilla de doce años que desapareció misteriosamente dos años atrás.

Desde entonces, Tresser ha buscado desesperadamente a esa niña que no es su hija pero que debería serlo. No imagina que la pequeña ha escapado del sórdido mundo de la prostitución en la que la habían confinado. El azar la lleva a esconderse en una casa en un pueblo perdido donde dos mujeres parecen ocultar un secreto inconfesable que podría arruinarles la vida. Luba debería pedirles ayuda, puesto llega herida hasta allí, pero los abusos que ha sufrido le impiden confiar en nadie. Esas circunstancias, caprichosas y crueles, no se lo van a poner fácil al teniente, pues, a la vez que busca a la niña, deberá elegir entre la responsabilidad que conlleva su oficio y la fuerza de los vínculos de sangre.


Tras el éxito de Morir no es lo que más duele, Inés Plana sumerge al lector en una trama vertiginosa por la que transitan personajes atormentados y complejos y en donde el teniente Tresser se someterá a un dilema moral que pondrá a prueba sus convicciones.

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