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lunes, 15 de junio de 2020

EL CORAZÓN CON QUE VIVO de José María Pérez "Peridis"

Editorial: Espasa
Premio Primavera de Novela 2020
Fecha publicación: mayo, 2020
Precio: 19,90 € 
Género: Narrativa
Nº Páginas:  360
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
ISBN: 9788467057737
[Disponible en eBook]


Autor

José María Pérez González, más conocido como Peridis, es arquitecto, dibujante, divulgador del patrimonio cultural y escritor. Además de las viñetas que publica en El País desde la fundación de este periódico, es colaborador en el programa Aquí la Tierra de TVE y en A vivir que son dos días de la Cadena Ser. También en TVE dirigió y presentó el documental Las claves del románico.

Entre otras muchas distinciones, es doctor honoris causa por la Universidad de Valladolid y recibió el Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales 2018.

Es autor de diversos libros sobre humor, sátira política y divulgación de arte como La luz y el misterio de las catedrales (2012) y Hasta una ruina puede ser una esperanza (2017), entre otros.

En 2014 obtuvo el Premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio con Esperando al rey. En 2016 publicó La maldición de la reina Leonor y en 2018 culminó su Trilogía de la Reconquista con La reina sin reino.


Sinopsis

En la romería del día del Carmen en el pueblo de Paredes Rubias, Esperanza se encuentra con Lucas, recién licenciado en medicina y con ganas de hacerse un lugar en el mundo. Tienen toda la vida por delante y el convencimiento de que están llamados a ser los dueños de su destino.

Y sin embargo...

Dos días más tarde de aquel baile, la guerra irrumpe violentamente en el pueblo, sembrando la destrucción y el odio entre sus gentes. Las familias de los dos jóvenes están en bandos enfrentados y Gabriel, el hermano de Lucas, es hecho prisionero y condenado a muerte. En medio de esa desgracia, un gesto tan valiente como inesperado tendrá un valor trascendental.

Partiendo de los relatos que le contaron en su comarca, en el límite entre Palencia y Cantabria, José María Pérez, Peridis, nos conmueve con una novela apasionante sobre el poder de los afectos, la fuerza de la dignidad y la necesidad de la reconciliación sincera.

Una historia que nos recuerda que, por encima de las ideologías, están siempre las personas y que, en los momentos decisivos, podemos ser capaces de lo mejor.


[Información tomada directamente de la web de la editorial]


La guerra civil sigue siendo objetivo literario. Es fácil encontrar novelas que retraten la contienda desde el bando republicano o desde el bando nacional, desde el sur de España o desde el norte, a través de familias pudientes o de aquellos más humildes. Siempre hay algo que contar sobre la guerra civil porque tres años dieron para muchas miserias y calamidades y, en este país, nadie se libró. Por eso, es habitual encontrar grandes relatos cuando uno rasca en el pasado de las familias, cuando se abre esa caja de latón llena de cartas y fotografías, que muestran a hombres y mujeres trazados en blanco y negro. Los unos en uniforme. Las otras, sonrientes y con sus mejores galas. "Para Antonio, de su novia Matilde que lo quiere mucho". En esas viejas fotografías posan nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros tíos o nuestros hermanos. ¿Falangistas? ¿Republicanos? Es lo de menos. Lo importante es que todos ellos tienen una historia que contar, como la que José María Pérez "Peridis" ha recogido en El corazón con que vivo.

El corazón con que vivo traslada al lector a Palencia. En Paredes Rubias, una pequeña localidad que perfectamente podría representar a Ollas de Paredes Rubias, viven dos familias. Por un lado, los Beato, encabezado por don Honorio, un prestigioso médico, falangista, viudo, y con tres hijas como tres soles: Felicidad, Esperanza y Caridad. Por otro, los Miranda, con don Arcadio a la cabeza, también médico y titular de Paredes Rubia, republicano y con tres hijos: Gabriel, Lucas y Jovita. La vida sigue su curso, cada cual con sus rutinas y sus cuitas. Es el 16 de julio, día de la Virgen del Carmen. En el valle de San Millán se celebra una romería a la que acuden todos los vecinos de los pueblos de la comarca. Allí están los Beato junto a los Miranda. ¿Qué importa que unos sean falangistas y otros republicanos? Es tiempo de risas, cantes y bailes. Los adultos hablan de altercados, líos de política que se han acrecentado con la muerte de Calvo Sotelo, pero todo eso está muy lejos de ese valle. Mientras, los jóvenes se buscan con los ojos, se dicen requiebros y sueñan con un futuro en común. Nada les hace presagiar que la vida les va a cambiar tanto en tan solo dos días, porque lo que estaba lejos, también llegó, como una ola, hasta aquellos parajes.

El alzamiento de las tropas trastocará por completo la vida de estas familias. Los que estaban en el poder quedaron relegados a la condena, los que hasta ahora habían permanecido callados, comenzaron a pregonar sus ideas políticas, ocupando la primera línea y haciéndose dueños de todos los estamentos. Republicanos y falangistas. Falangistas y republicanos. Hoy arriba y mañana abajo. Y todo este caos político-militar arrasa con el orden social, con las gentes, con las familias, con los hombres y mujeres, que ahora miran con recelo a sus vecinos. Unos arremeten estocadas, mientras los otros tratan de esquivarlas. Y en esas están don Honorio y don Arcadio, y las hijas de uno y los hijos de otro. Las relaciones personales fundadas en la praxis profesional se retuercen y los noviazgos quedan suspendidos en el aire. ¿Qué sabe el amor de ideología? Nada. Pero en la práctica, hay que mantener las apariencias, so pena de perder la vida y llevarte la de tu familia por delante. 

No obstante, aunque la guerra "no es un problema de buenas o malas personas. Este es un problema de bandos", hay corazones en los que no enraíza el odio, ojos que no pueden mirar hacia otro lado y bocas que no pueden delatar, ni condenar al prójimo a una muerte segura. En los malos momentos, hay personas que sacan lo mejor de sí mismas, sin importarles más allá que lo que les dicta el corazón. Eso es lo que vamos a ver en esta novela, a republicanos salvando a don Honorio y a sus hijas, de acabar en manos violentas. A falangistas tratando de ayudar a republicanos de las aberraciones del odio y la guerra. ¿Cómo lo hicieron? Con valor, humildad, dignidad y humanidad.


La vida de mi hijo Gabriel corre serio peligro. Por la amistad que nos unió en nuestra juventud cuando éramos escolares y estudiábamos medicina en Valladolid, ayúdame, por favor. Eres el jefe de la Falange todavía, o lo eras hasta esta mañana. Tienes mucho predicamento entre los eclesiásticos de esta provincia. Sabes que mi hijo es el autor del himno a la Virgen que se venera en esta comarca y uno de los miembros más destacados de su cofradía. Siempre ha sido un muchacho honesto y virtuoso. Eres testigo de que Gabriel ha trabajado codo con codo conmigo sin importarle honorarios ni dedicación. Sus desvelos por los enfermos y los desfavorecidos exceden con mucho lo que nos exige la deontología profesional. Por lo que más quieras, Honorio, te ruego por Dios que, como es muy probable que yo no pueda hacerlo, pongas de tu parte todo lo que consideres necesario para salvar la vida de mi hijo [Pág. 71]


Ya sabemos que la guerra civil fue un despropósito tras otro. Conocemos cómo se desarrolló esta contienda, quienes vencieron, quienes tuvieron que huir a los montes, quienes fueron fusilados y cuántos años de dictadura nos esperaba. Pero no sabemos lo que le ocurrió a la familia de estos dos médicos, cómo tuvieron que enfrentarse a unos años terribles, cómo cambiaron sus relaciones, en un pueblo pequeño donde todos se conocían, donde hasta ahora todos convivían en paz, con sus cosas, pero en paz. Y eso precisamente lo que Peridis quiere relatarnos. Ahora bien, quiero recalcar que no estamos ante una novela de la guerra civil. Como el autor nos comentó en la entrevista publicada hace unos días: "El tema principal de esta novela es lo que le pasa a la gente durante la guerra civil o en los tiempos de posguerra, con la declaración de la Ley de Responsabilidad Políticas, de Franco." Por eso Peridis construye una novela muy coral, con un elenco extenso de personajes, a cual más interesante. 

La belleza de esta novela no radica únicamente en su trama sino también en su nacimiento. Lo cuenta el autor en un prólogo, en el que se narra un encuentro fortuito en el interior de un tren, camino a Santander. Durante el trayecto, Peridis es reconocido por un viajero, familiar de un antiguo médico de Paredes Rubias, de cuyo atuendo destaca la singularidad de unos gemelos de oro. El desconocido asegura que en esas piezas de joyería "está contenida la historia de toda nuestra familia y un pedazo de la historia de España". Y en ese viaje, Peridis escuchará la historia familiar de aquel viajero, de sus abuelos, de sus tíos, de los vecinos de un pueblo que el autor llegó a conocer bien. Así pues, estamos ante un relato real, en el que el autor habrá tenido que ficcionar aquellas lagunas imposibles de rellenar más que con la imaginación, pero siempre manejando un nutrido grupo de personajes que son reales en su mayoría, y a los que el autor, como digo, llegó a conocer. 

Y si la trama es interesante, hay que señalar que el aspecto más destacable de esta novela es la construcción de los personajes. Todos ellos, falangistas y republicanos, están muy bien perfilados y poseen la suficiente profundidad psicológica para llegar a conocerlos bien. 


Familia Beato (falangistas)

Don Honorio: Viudo. Médico. "...falangista convencido era católico y monárquico a machamartillo". Jefe de Falange Española en Paredes Rubias hasta el momento del alzamiento. Dirigía una clínica en Cubillas del Monte que fue arrasada y destrozada por los republicanos. A él y a su familia les toca huir cuando los nacionales llegan al pueblo para evitar las represalias del otro bando.

Sus hijas Felicidad y Caridad, tendrán un protagonismo algo menor que Esperanza. Esta última forma parte de la Sección Femenina de Falange.  Aunque contribuye a la causa nacional, también intercede en favor de amigos republicanos apresados y condenados a muerte, ayudada por su amiga Mariana. Esperanza es uno de los personajes que más me ha gustado, humana, de corazón bondadoso, acepta con resignación los designios que la vida le depara, y antepondrá el bien de los demás por encima de sus propios principios.


Familia Miranda (republicanos)

Don Arcadio: Viudo. Médico titular de Paredes Rubias. Será arrestado al interceder en un tiroteo del bando nacional, en el que muere de forma accidental un anciano. Tendrá que enfrentarse a situaciones que jamás hubiera imaginado, viendo a sus pacientes de siempre, que ahora lo encañonan con un arma. 

Sus hijos Gabriel y Lucas también son médicos. El primero, además, es Concejal del Ayuntamiento. Se atrinchera en el interior de la casa consistorial a la llegada de las tropas nacionales. Hombre íntegro, de ética y moralidad intachable. Sabe que ahora está en el bando equivocado y enfrenta su designio con gran entereza. El segundo, será llamado a filas en paradójicas circunstancias. Sin embargo, todo es válido si con ello se salva de la muerte. Su profesión le proporcionará cierta protección. 

Jovita también es hija de don Arcadio. Es la maestra del pueblo pero le han arrebatado la plaza por ser republicana. Su marido, Ubaldo, es el alcalde de Piedras Rubias por el Frente Popular que ganó las últimas elecciones. El alzamiento le coge de visita en Madrid. Todos lo daban por muerto.

Ajenos a las familias, pero con gran protagonismo también, encontramos a Mariana, falangista, y amiga de Esperanza. Su padre Segundo muere accidentalmente. 

Candelas, una joven roja de Piedras Negras. Su padre ha sido detenido y estará en paradero desconocido durante mucho tiempo. Además, está muy vinculada a los Beato y a los Miranda, por dispares circunstancias.

Germán Blanco, médico republicano y amigo de los Miranda. Personaje inspirado en Hernán Blanco, abuelo de Pablo Casado, actual líder del Partido Popular. 

El corazón con que vivo ahonda en las relaciones de todos estos personajes, mostrando la guerra civil como un telón de fondo. Como decía al principio, el amor no entiende de ideología y estos personajes tendrán que superar todos los obstáculos que les impone la guerra para hacer caso a lo que les dicta el corazón. "El amor, la amistad, la dignidad, la lealtad, son los valores fundamentales de esta historia. Son valores necesarios que hay que mantener, incluso en momentos tan dramáticos como una guerra civil", afirma Peridis en la entrevista.

Estructurada en cincuenta capítulos de corta extensión, que se distribuyen a lo largo de cuatro grandes bloques, la novela narra en sentido lineal los diversos avatares que acontecen a estos personajes desde julio de 1936 a octubre de 1941.  Aderezando la narración, el lector encuentra letrillas de canciones, poemas de Lorca, versos reales de algún personaje, bandos, informes y transcripciones de discursos, como el de Queipo de Llano, emitido por Radio Sevilla, que a mí me ha puesto los vellos de punta.


"Vayan las mujeres de los rojos preparando sus mantones de luto.  `[...] Por ello, faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen con uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré".


Todas estas piezas dan verosimilitud a una trama y a unos personajes que ya la ostentan por derecho. 

Con una levísima pizca de humor que, en ocasiones asoma entre los diálogos de las muchachas, para restar algo de seriedad a las circunstancias, El corazón con que vivo es una novela dramática pero con un desenlace esperanzador. Dicen que el amor todo lo puede, que no hay mal que dure cien años y que todo tiene remedio menos la muerte. Así es. Así lo viven Esperanza, Lucas, Mariana, Germán, Gabriel,... todos estos personajes a los que le tocó vivir los años de la guerra, pero a los que también les tocó hacer frente a una posguerra, en la que España no solamente estaba dividida sino destrozada. Solo quedaba aferrarse a la familia, al amor, y luchar por los sueños.

Me ha gustado mucho esta novela. Me ha encantado conocer a estos personajes, tan cálidos y tan humanos, hombres y mujeres que fueron un ejemplo, que apartaron de su lado la traición y mostraron la bondad que anidaba en su corazón, ya fuera falangista o republicano.

Así que, solo me queda recomendaros esta novela que demuestra que la reconciliación es posible. Una historia con la que Peridis ha ganado el Premio Primavera de Novela 2020. Un relato que también ha salvado a su autor de su propio naufragio. Aquí nos lo cuenta todo.



[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



jueves, 4 de junio de 2020

JOSÉ MARÍA PÉREZ "PERIDIS": 'La ocupación es la mejor terapia y esta novela me ha salvado'

No hay duda de que José Mª Pérez, más conocido como Peridis, es un hombre de grandes inquietudes. Licenciado en Arquitectura en 1969, no ha dejado de estar vinculado, de un modo u otro, al mundo del románico. Nacido en un pequeño pueblo cántabro, publicó la Enciclopedia del Románico en la Península Ibérica y dirigió, entre otros edificios, la rehabilitación del Monasterio de Santa María la Real, en Aguilar de Campoo. Además, también ha hecho televisión. Por ejemplo, dirigió y presentó el programa titulado Las claves del Románico, para Televisión Española, una serie documental muy recomendada y que llegó a alcanzar tres temporadas. Pero a Peridis se le conoce también por su labor de humorista y dibujante. Hace más de cuatro décadas comenzó a publicar una tira cómica en El País, y lo ha hecho incluso en momentos delicados. El último, hace muy poco tiempo, cuando comenzaba a ganarle la batalla al coronavirus, desde la cama de un hospital. 

En los últimos años, su inquietud lo ha conducido también al mundo de la literatura. Con Esperando al rey ganó el Premio Alfonso X el Sabio de Novela Histórica 2014, (Espasa), y recientemente acaba de publicar una preciosa novela a la que ha puesto por título El corazón con el que vivo, publicada bajo el mismo sello de Espasa. Herido por varios zarpazos que la vida le ha dado, al hablar con Peridis me he encontrado a un hombre de gran entereza y humanidad, una conversación que, para mí, ha sido todo un regalo.

 ©José María Sánchez BustosM.G.- José Mª me he enterado que ha tenido usted un encontronazo con el bicho. ¿Cómo se encuentra?

Peridis.- (Risas) Sí, salió a mi encuentro y me dio de lleno.

M.G.- Pero está usted recuperado, ¿verdad?

P.- Bueno, dentro de lo que cabe sí, aunque ahora están diciendo que deja secuelas. Espero que se porte bien conmigo.

M.G.- Confío en que así sea, seguro que sí. Peridis, vamos a hablar un poquito de esta novela tan bonita que ha escrito usted y que a mí, me ha gustado tanto. Con El corazón con que vivo ha ganado el Premio Primavera. ¿Qué supone para usted este premio?

P.- Pues un alegría. Me ha servido para salir del encasillamiento. Hasta ahora me había ejercitado escribiendo de lo que sé, del Medievo, y con esta novela he cambiado de época.  

M.G.- Sí, porque del Medievo se traslada usted a los tiempos de la guerra civil española.  Pero esta novela no es una novela de la guerra civil. La guerra va ser solo un trasfondo, ¿verdad?

P.- Efectivamente. El tema principal de esta novela es lo que le pasa a la gente durante la guerra civil o en los tiempos de posguerra, con la declaración de la Ley de Responsabilidad Políticas, de Franco. La trama ocurre en un pueblo, como otros tantos que hay por España, donde hay gente de derechas y gente de izquierda. Concretamente, está la familia de don Honorio, que es médico, y que tiene tres hijas, todas falangistas. Y luego está la familia de otro médico, Arcadio, que tiene tres hijos, todos republicanos.

La novela empieza el día 16 de julio de 1936, en la romería de la Virgen del Carmen. En ese momento, nadie sabe lo que se avecina y están todos disfrutando de la romería, bailando, cantando,...  Dos días después hay un golpe de Estado. A casa de don Honorio llega un republicano para avisarle que vienen a por ellos, y que tienen que huir. El ayuntamiento es tomado por los nacionales. Los republicanos se encierran en el edificio para defenderlo, pero todo sale mal. Así que, en el pueblo, todos los que eran amigos, vecinos, compañeros del equipo de fútbol,... se convierten de un día a otro en enemigos. Una situación que no se le desea a nadie porque claro, tenías al enemigo en la casa de al lado, o en tu propia familia. Así que, todas las relaciones personales se trastocan, todo se reduce a afectos o desafectos, es decir, o son de los tuyos o son del bando contrario. Por resumir un poco, la novela trata del impacto que causa en las relaciones personales, las circunstancias tan extremas que se vivieron durante la guerra civil y la posguerra. Había que convivir con dignidad y con honradez, y si difícil y complicado fue durante la guerra, en la posguerra fue mucho más porque hubo mucha hambre, mucha enfermedad, mucha delación. 

M.G.- Hay que aclarar que esta historia tiene un trasfondo real. Cuenta usted en el prólogo que la novela surge de un encuentro en un tren. ¿Todo lo que narra en esta introducción es real?

P.- Bueno, ocurrió así en gran parte. La novela se basa en hechos reales, sí. Y el encuentro en el tren fue providencial. Estaba sentado en un vagón cuando un viajero me reconoció por la serie del Románico. Se me sentó a mi lado, me dijo de dónde era, que venía de familia de médicos, y al final supe de quién se trataba. Empezó a contarme cosas de los miembros de su familia, me facilitó direcciones de compañeros de colegio a los que yo había perdido de vista, pero que me podían contar muchas más cosas, y me mostró unos gemelos de oro y brillantes que acababan de aparecer. Me dijo: "En estos gemelos está la historia de mi familia y una parte de la historia de España". A mí todo eso me hizo entender que tenía entre manos una novela. Ese acercamiento de dos familias tan distintas ideológicamente, que terminaron por reconciliarse, me pareció algo que había que contar. Pero, una novela de este tipo, en tu pueblo, con gente que conoces, me daba pudor escribirla, porque los descendientes de los protagonistas viven. Sin embargo, me aferré a ella. Yo estaba pasando por entonces por unas circunstancias personales terribles, y la novela fue mi salvación. Me ayudó a convivir con la pena y el dolor. 

M.G.- Entiendo que haya sido complicada escribirla, por lo personal y por la historia en sí. La novela es un reflejo de lo que vivieron muchos españoles de la época.

P.- En todas las familias hay dramas parecidos y en todos los pueblos, también. Fíjate qué casualidad, uno de los protagonistas es el abuelo de Pablo Casado, que fue compañero de promoción e íntimo amigo del protagonista de esta historia. Fue una persona de una calidad humana extraordinaria y profesionalmente, un médico muy valioso. 

M.G.- ¿Y ese compañero de viaje ha leído la novela?

P.- La están leyendo todos los familiares, como también la está leyendo Pablo Casado, su madre y su tía. Todos tienen mucho interés por ver cómo he retratado a sus familiares, especialmente los nietos, porque así pueden conocer mejor a sus abuelos. Les resulta muy interesante, porque trato una parte de la vida que ellos no conocieron, como la primera juventud de sus familiares, y la época de la guerra. Así que, la están leyendo con verdadera avidez y un cierto agradecimiento, por haber rescatado del olvido a sus abuelos y el tiempo de sus abuelos.

M.G.- En la novela hay encuentros y desencuentros porque los personajes tienen diferentes ideologías, pero el amor juega un papel muy importante. El amor no entiende de política, ni nunca ha entendido de raza, edad o religión. El amor es el pegamento entre los personajes.

P.- Exacto, tú lo has dicho. En esta novela hay personajes que están enamorados de otros del bando contrario. El amor, la amistad, la dignidad, la lealtad, son los valores fundamentales de esta historia. Son valores necesarios que hay que mantener, incluso en momentos tan dramáticos como una guerra civil.

M.G.- La humanidad también es un rasgo importante. Algunos personajes son médicos, trabajan en hospitales, y hasta allí llegan heridos a los que hay que atender, sin importar si son de un bando u otro.

P.-  Efectivamente. O ves también a médicos que, aun siendo republicanos, sirven a los nacionales como profesional sanitario, para impedir que su familia sea objeto de más represalias. Lo mismo hizo el abuelo de Pablo Casado. Era republicano, médico, y tuvo que operar en la cárcel en las peores circunstancias. Allí hizo una labor de profilaxis muy importante. Para evitar contagios por tuberculosis, insistía en que los presos se cortaran las uñas y mantuvieran la máxima higiene. Y luego, también se entrevistó con los familiares, y habló con los presos, animándolos porque muchos estaban a horas de que los fusilaran. Fue un héroe como lo están siendo los médicos ahora.

M.G.- Fíjese qué curioso porque esta novela tiene nexos de conexión con la actualidad. Me refiero al papel que juegan los médicos, a la expansión de la tuberculosis, que era la pandemia del momento.

P.- Casualmente el coronavirus la ha puesto de actualidad. Se han extremado las posiciones políticas, y, sin embargo, la sociedad está respondiendo con una solidaridad y con una responsabilidad enorme. Hay gente que tiene un fondo muy bueno y que, en estos momentos, sube a la superficie. En la guerra, también hay gente con una gran dignidad y muy humanos.



[Presentación virtual de la novela]


M.G.- Peridis, ¿y cómo ha sido el proceso de construir estos personajes 

P.- Poniéndome en su pellejo. Con algunos no me ha costado nada porque los conocía. Con otros, sus familiares me han facilitado la labor, enseñándome fotos o contándome frases que utilizaban, cosas que decían. Pero no he tenido más que meterme en su pellejo y ver cómo se sentiría ese personaje en una situación concreta.

M.G.- Me gustan mucho todos los personajes principales. Destacan por su humanidad, dejando de lado las ideas políticas y ayudando a todo el que podían. Pero de todos, la que más me ha gustado ha sido Esperanza, la hija de don Honorio. Creo que es el personaje que mejor se adapta a las circunstancias y la que abre más los ojos.

P.- Sí, así es. La llegué a conocer, cuando iba a su casa, a ver a mi médico. Una de las veces que yo andaba por el pueblo, me dijeron que acababa de morir y acudí a su velatorio y entierro. Es algo en lo que he caído ahora con las entrevistas y cuando me preguntáis por ella. Me parece tremendo haber estado en su entierro y ahora hacerla protagonista de una novela. Fue una persona de una gran dulzura y un gran carácter. Sabía lo que quería. Durante la guerra y la posguerra conocía el sufrimiento de sus vecinos y, en la medida de sus posibilidades, trataba de mitigar sus padecimientos. Y llegó a tener su recompensa.

M.G.- Después de mucho tiempo.

P.- Sí, tuvo que esperar muchos años para cumplir su sueño. Y luego se llevó toda la vida con una situación familiar compleja. La relación con su marido era difícil de entender para parte de su familia, o no la admitían.  La memoria, el resentimiento, las afrentas,... seguían estando ahí. Y más tarde llegaron los hijos, y cada uno era de su padre o de su madre,...  

M.G.- O de las dos Españas, como se solía decir. 

P.- Sí, sí,... Fíjate. Esos son los que están leyendo ahora la novela y se las quitan de las manos, porque ahora se están enterando de cosas de sus padres y de sus abuelos que nunca les habían contado.

M.G.- Es bonito. Por cierto que, la novela incluye letras de canciones, coplillas, boleros, poemas, algunos de García Lorca, pero otros son de un personaje.

P.- Sí. La familia me dejó un cuadernillo donde ese personaje había mecanografiado sus versos, sus poemillas, hasta el año 36. He aprovechado para meter algunos de esos poemas, junto con los demás, y también las coplillas que se cantaban en los bailes. Todo esto contribuye a ambientar el espacio físico, geográfico y humano, porque son escenarios que tienen mucha personalidad. 

La villa de Paredes Rubias es monumento histórico-artístico, tiene monumentos importantes, está junto al Pisuerga, un río caudaloso, tiene un castillo en ruinas y está en el vértice entre Palencia y Santander, donde empiezan los trigales pero todavía es una zona verde. Había fábricas y casi todos eran agricultores. Allí ganó el Frente Popular y la República fue muy celebrada, lo que les costó, lo que les costó carísimo.

Y luego está el otro pueblo, Piedras Negras, que era un pueblo minero.

M.G.- Eran pueblos pequeños en los que todo el mundo se conoce y donde había que fingir muchísimo.

P.- Sí, sí. Después de la guerra fue terrible. Franco hizo una ley con la que se castigaba a todos los dirigentes del bando contrario, los candidatos, los sindicalistas y, además, con carácter retroactivo. Al acabar la guerra civil, todavía hubo muchas mujeres que se quedaron viudas y muchos hijos, huérfanos. Algunos fueron compañeros míos del colegio. Conocí a familias que sufrieron algún fusilamiento, incluso cinco o seis años después de acabar la guerra. Había chivatazos. Se hablaba de los rojos. Mi madre me hablaba de los rusos, de Stalin,.... Yo pensaba que Rusia había invadido España... Claro ya estábamos en la Segunda Guerra Mundial pero había mucha confusión. Los rusos no llegaron al pueblo pero los alemanes sí. En Burgos estaba la Legión Cóndor. Y mi madre siempre decía que le querían quitar a Dios. Yo intentaba coger tres ideucas, pero se hablaba muy bajito. Era todo muy siniestro.

M.G.- Me ha contado usted que para construir los personajes ha tenido que hablar con descendientes. ¿Le ha costado trabajo recopilar material?

P.-  No. El espacio físico lo conocía. Como te digo, conocía a algunos personajes y de otros, me han hablado mucho. Además, los personajes se ayudan a construirse unos a otros. La situación, interior y exterior, en la que se encontraban, la conocía. Así que, los pones a dialogar de lo que sea, y ellos enseguida interactúan. He tenido la suerte de que los personajes han cobrado vida nada más ponerles nombre y colocarlos en situación. Y si tenía que meter a algún personaje de ficción, pues simplemente me lo imaginaba. La novela te va dando salidas. Se te van ocurriendo ideas...

M.G.- Y Peridis, antes lo ha comentado, que esta historia la ha escrito en un momento delicado. Dice que la novela ha sido su salvación. La literatura es un bálsamo, ¿verdad?

P.- A mí me ha curado. Perdí a una hija hace un tiempo. Ahora he perdido a un hijo. Cuando escucho a esa actriz que ha perdido a su hijo hace nada, decir que está muerta, no me extraña en absoluto. La primera sensación que se tiene es que te tenías que haber muerto tú, por la edad, porque ya te toca, ¿pero a tu hijo? ¿Y qué haces? ¿Dejarte llevar por la corriente y echarlo todo en lágrimas, culpa y lamentaciones? Pues no, o sí, porque todo es humano y respetable. Pero yo me dije que tenía una familia, que tenía que vivir, que tenía una novela a la que me podía agarrar, con la que distraerme, entretenerme. La ocupación es la mejor terapia y esta novela me ha salvado. Me puse a escribir como loco, empecé a llamar a los familiares, me metí en harina y en seis meses acabé la novela. Me ha ayudado mucho centrarme en construir esta historia porque lo otro es avasallador. Se te viene a la mente sin poder evitarlo, llena por completo tu espacio, y te ves en el momento de la despedida,... Es terrible pero se sobrelleva si estás entretenido. Tienes que asumir lo que ha pasado, no te tienes que culpabilizar, aunque cuesta mucho. Pero tienes que seguir viviendo lo mejor que puedas, lo más entretenido que puedas, y mejor aún si es en algo creativo. Lo creativo da alegría y no debes avergonzarte por estar alegre. 

M.G.- Yo le voy a felicitar, porque la novela es muy bonita, los personajes son muy humanos y ha sido una delicia leerla. Y también le voy a pedir que se cuide mucho, y que siga escribiendo.

P.- Tengo ganas de meterme con la siguiente, pero me voy a dar algo de tranquilidad. Te agradezco lo que me dices porque me das moral. Ahora dentro de un rato, me voy a poner con la tira. Esta vez creo que la voy a hacer de Trump. Pero las tiras son fogonazos. Sin embargo, una novela tiene muchísimo trabajo y no hay que desfallecer. Si un día no te sale nada, pues insistes al siguiente. He tenido la suerte de que esta novela ha venido a buscarme en el momento en el que más lo necesitaba. La he escrito con todo el cariño del mundo porque conocí a muchos personajes y eran grandes profesionales y muy buenas personas. Les pilló la guerra y los fulminó. Y estoy contento con el resultado. Además, he hecho mucha amistad con los hijos y los nietos. No puedo pedir más. 

M.G.- Claro que no. Peridis, muchas gracias por haberme atendido. Y espero verle pronto.

P.- Iré a donde me pidan que vaya. Gracias a ti. 

Sinopsis: En la romería del día del Carmen en el pueblo de Paredes Rubias, Esperanza se encuentra con Lucas, recién licenciado en medicina y con ganas de hacerse un lugar en el mundo. Tienen toda la vida por delante y el convencimiento de que están llamados a ser los dueños de su destino.

Y sin embargo...

Dos días más tarde de aquel baile, la guerra irrumpe violentamente en el pueblo, sembrando la destrucción y el odio entre sus gentes. Las familias de los dos jóvenes están en bandos enfrentados y Gabriel, el hermano de Lucas, es hecho prisionero y condenado a muerte. En medio de esa desgracia, un gesto tan valiente como inesperado tendrá un valor trascendental.

Partiendo de los relatos que le contaron en su comarca, en el límite entre Palencia y Cantabria, José María Pérez, Peridis, nos conmueve con una novela apasionante sobre el poder de los afectos, la fuerza de la dignidad y la necesidad de la reconciliación sincera.

Una historia que nos recuerda que, por encima de las ideologías, están siempre las personas y que, en los momentos decisivos, podemos ser capaces de lo mejor.




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