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martes, 1 de julio de 2025

JAVIER ALANDES: ❝El arte es la memoria colectiva de un pueblo❞

Conocí a Javier Alandes el año pasado, en Úbeda (Jaén), cuando se celebró una edición más del fantástico Certamen de Novela Histórica Ciudad de Úbeda. En la pasada edición, el escritor valenciano se alzó con uno de los premios que da el certamen, el Premio de Novela Histórica por su libro La última mirada de Goya (Editorial Contraluz). Lo curioso de este premio es que el autor no se presenta, sino que una comisión lectora elige cuál es la novela que debe recibir el premio, en función de los criterios que establecen. 

Y la semana pasada volví a encontrarme con Alandes, con motivo de la publicación de su última novela, El rey de bronce, también publicada con Contraluz. En esta ocasión nos trae una nueva aventura que nos lleva al mundo del arte y de las falsificaciones. Toda la trama gira en torno a un supuesto busto de bronce de hace unos 2.400 años, y que representa a Alejandro Magno. Dos hilos temporales nos permitirán conocer al protagonista, Luca Santamarta, en dos momentos de su vida. En 2002, cuando tiene quince años, ocurrirá algo en su familia que lo marcará para siempre. Luca tendrá que esperar veinte años para poner en marcha un plan al que ha estado dando forma desde siempre. Arte, subastas y falsificaciones mezclados con la intriga, el suspense y la aventura que siempre nos propone este autor. 

Os dejo con nuestra charla.

Marisa G.- Javier, un placer tenerte en Sevilla y volverte a ver. Coincidimos en Úbeda, cuando ganaste el Premio de Novela Histórica por La última mirada de Goya. Un premio que además tiene la peculiaridad de que el autor no se presenta sino que lo eligen los lectores. Algo que otorga más mérito todavía.


Javier A.- Bueno, Marisa, primero, gracias por este ratito y por esta entrevista.

Sí, creo que es un premio tan limpio y tan pulcro. Yo no sabía ni que estaba entre los finalistas. Luego me explicaron que la comisión lectora va seleccionando novelas. Igual selecciona veinticinco, treinta o treinta y cinco novelas en un año y van haciendo cribas hasta que quedan tres finalistas. Para mí fue una sorpresa verme entre esos finalistas, junto a Santiago Díaz Morlán, con Lloverá tierra seca, que es un novelón, o con Luis Zueco y El tablero de la reina. Con esos compañeros pensé que hasta ahí podía llegar pero fue una alegría que la novela ganara el premio. Porque no es un premio que gane yo, sino la novela. Y el poder disfrutar de esos días en Úbeda, conocer al comité organizador, a los compañeros, las cenas y las comidas,... Me lo pasé bomba.

M.G.- Es que se pasa bomba.

J.A.- Sí, me lo pasé bomba.

M.G.- Javier, yo tengo un prejuicio del que no me puedo desprender. Me cuesta trabajo conectar a un autor con formación académica en ciencias con su faceta como escritor. Es un prejuicio absurdo, pero es como si algo no me cuadrara. Me gustaría saber de dónde te viene la pasión por la escritura, teniendo una formación en ciencias.

J.A.- Soy economista y he escrito un pequeño libro que trata sobre el proceso de escritura. Los primeros recuerdos que tengo de mi vida son de aquellos viernes, cuando mi abuelo pasaba por casa a mediodía. Él venía de trabajar y me recogía. Juntos nos íbamos a su casa, donde mi abuela estaba preparando una fuente de macarrones que comíamos los tres. Después, ellos se acostaban a dormir la siesta y yo me queda en el comedor viendo la tele. Luego se levantaban a las cinco y media en punto, ya vestidos, y nos íbamos a los cines ABC Park de Valencia, que todavía existen. Mi abuelo sacaba tres entradas para la próxima película que iban a proyectar. Entonces esos cines tenían cuatro salas y proyectaban cuatro películas, pero no todas empezaban a la misma hora. En esos cines vi El resplandor, Tiburón, una reposición de Mary Poppins, Evasión o Victoria, o Mad Max 2, sin saber ni que había una número 1. La mayoría de esas películas no las entendía o no eran apropiadas para un niño, pero sí recuerdo agarrarme a los apoyabrazos de la butaca y pensar que aquello me gustaba, ver a gente que se estaba jugando la vida por un objetivo, por una aventura y tal. Eso es lo que me gusta. 

Todos tenemos formación en contar historias y para ayudarte a eliminar ese prejuicio que tienes te diré que, aunque soy economista y me dedico a preparar a emprendedores, mi trabajo es hablar con personas brillantísimas en medicina, en informática, en ingeniería, que tienen una idea, que la quieren transformar en un negocio, pero no saben aterrizarla, no saben convertirla en una empresa. Yo les ayudo a modelar su negocio y trabajo con ellos la oratoria. En realidad, lo que hacemos es generar un storytelling, ayudarles a contar qué es lo que su negocio puede hacer por los demás.

M.G.- Entendido. Pues, vamos a centrarnos en la novela, en El rey de bronce. En esta novela el lector se va a encontrar con una trama que gira alrededor del mundo de las falsificaciones, algo que me parece apasionante. Imagina que yo soy futura lectora, ¿qué me dirías para convencerme y para darle una oportunidad a este libro?

J.A.- Pues, imagínate que Spotify no existe pero lo inventamos tú y yo. Le diríamos a la gente que Spotify es el Netflix de la música. Así todo el mundo lo entendería, ¿no? Pues esta novela es el Ocean's Eleven del mundo del arte. Es decir,  es una trama de engaños, de robos, de timos,... centrada en el mundo de las falsificaciones del arte. A mí me cuentan eso y me vale.

M.G.- Hombre, la idea es atractiva. Pero, recuerdo que con La última mirada de Goya nos contaste una anécdota familiar que fue como el chispazo para la construcción de aquella novela. En esta ocasión, ¿cuál ha sido esa chispa?

J.A.- Mira, me he dado cuenta de que quiero escribir lo que me gustaría leer. Hoy día echo en falta más literatura clásica, de aventuras. He crecido con Verne, con Dumas, con Conrad o con Jack London y ahora siento que no encuentro ese tipo de literatura. A mí me gustaría ocupar ese hueco. Por eso, todas mis novelas han sido, de momento, y van a seguir siendo, aventuras con arte. Sé que suena un poco raro pero es factible.

Ya he contado lo que pudo pasar con la cabeza de Goya, lo que pasó con los cuadros del Prado cuando llegaron a Valencia y ahora, en este caso, me he encontrado con la historia de Han van Meegeren. La cuento en el prólogo de la novela. Este hombre pintaba falsos originales de Vermeer. Es decir, pintaba cuadros inéditos de Vermeer de tal calidad, que los compraban altos cargos del partido nazi. Tenían una calidad tremenda. Y lo podía hacer porque, en 1945, lo más sofisticado para autentificar o datar una obra era pasarle un paño con alcohol y si se corría la pintura era falso, y si no se corría, pues era bueno. ¿Han van Meegeren podría haber hecho hoy lo que hizo en 1945? ¿Lo podría haber hecho con espectrogramas, tomografías computerizadas, rayos X, rayos láser y tal? Probablemente, no. O probablemente hubiera sido mucho más difícil. Pues todo esto es El rey de bronce. ¿Podríamos generar una obra de arte, colarla en un museo,  hacer que pasara por otra época y además que una entidad lo autentificara?

M.G.- Esa es la idea primaria de la que parte la trama de la novela pero, fíjate, has mencionado a Los guardianes del Prado, a La última mirada de Goya y anterior a esas publicaste Las tres vidas del pintor de la luz. ¿Tú estás seguro que tu destino era estudiar economía y no historia del arte? Llama mucho la atención que te centres tanto en el arte. ¿Qué tiene el arte que te apetece tanto?

J.A.- No soy ningún experto en arte pero sí soy capaz de ir a un museo, apreciar una obra en concreto, e identificar las emociones que me despiertan. Y hay algo que siempre me ha parecido muy mágico y que lo sentí por primera vez en un cine, y es estar rodeado de gente que no conoces de nada pero entre los que se ha generado como una comunión. Todos estamos viendo algo y sin estar de acuerdo se genera como una mente colectiva. Por ejemplo, un grupo de personas están ante el cuadro de  los fusilamientos del 3 de mayo, o ante El jardín de las delicias, o ante Las meninas,... Estamos en silencio, observando, no somos expertos en arte pero sí sabemos identificar los sentimientos que nos produce. Es esa mente colectiva lo que me llama la atención del arte porque el arte nos pertenece a todos. No a un museo, no a una ciudad, sino al patrimonio de la humanidad. El arte es la memoria colectiva de un pueblo. Y eso se ha visto en los conflictos armados más recientes, cómo el arte es la primera línea de flotación a la que hay que golpear. Si eliminas el arte, eliminas el pasado. 



[Para escuchar nuestra conversación, dale a clic vídeo]

M.G.- Estamos hablando de falsificaciones en el mundo del arte y  como objeto central en la trama de la novela, te fijas en un busto de Alejandro Magno. Un busto que no existe, o sí, quién sabe. ¿Por qué esa pieza en concreto? ¿Por qué un busto? ¿Por qué la figura de Alejandro Magno?

J.A.- Han van Meegeren pintó sus falsos inéditos de Vermeer y en aquellos tiempos pasaron por buenos porque no existía la tecnología que existe hoy. Yo me planteo si eso se podría hacer hoy día y no con un cuadro de hace 400 años sino que, para darle una vuelta de tuerca, con una objeto de hace 2.400 años.

La autentificación de obras de arte se basa en dos pilares. Por un lado, la datación de los materiales y, por otro lado, el análisis visual de expertos para ver si coincide con el estilo del autor. La datación a día de hoy es casi matemática. Es decir, hoy en día se pueden analizar lienzos, bastidores, las tachas que sujetan el lienzo a los bastidores y, por supuesto, en una pintura, los pigmentos. Luego vienen los expertos visuales y nos dicen si coincide la pincelada o la temática con otros cuadros del pintor pero, ¿qué tiene el bronce? Con el bronce no se puede utilizar el carbono-14. Existe una base de datos mundial de análisis de bronce y si nosotros raspamos unas micras a una pieza de bronce, la llevamos a esa base de datos, nos va a decir de cuándo es esa pieza porque analizan la aleación. El bronce inicialmente está compuesto por un 80% de bronce y un 20% de estaño pero estos porcentajes han ido cambiando con el paso del tiempo. Además, con el bronce no hay un concepto de autoría como sí lo hay con la pintura. Lo que importa es el objeto en sí. Si resulta que la pieza retrata a Alejandro Magno, si además es la única estatua de bronce que existe de él, que aparece en un sitio muy lejano pero un lugar en el que Alejandro Magno hizo campaña, pues entonces la pieza empieza a resultar interesante.

Lo que plantea la novela es que la pieza, aunque teóricamente sea interesante, no existe, sino que hay que fabricarla.

M.G.- Te he leído decir en redes sociales que esta es tu novela más compleja. ¿Dónde ha radicado la complejidad? ¿En la trama? ¿En los personajes? ¿La documentación, quizá?

J.A.- En varias cosas. La primera es que el protagonista tiene que ser más inteligente que yo. Las grandes historias de robos tienen tres tropos, tres elementos, que hacen que nos enganchemos a ellas. Por ejemplo, veo Ocean's Eleven, El secreto de Thomas Crown, The Italian Job o El golpe y me pregunto ¿cómo es posible que esté empatizando con alguien que esté haciendo algo ilegal? ¿Cómo haces para que los lectores se pongan de lado del malo, entre comillas? Pues, en primer lugar, porque esos personajes que están haciendo algo ilegal tienen unos motivos que va mucho más allá de lo económico. Que se quieren hacer ricos, vale, es entendible, pero tiene que haber un motivo más emocional, más profundo para llevar a cabo su acción. Lo segundo es que hacen algo ilegal contra alguien o contra una institución más poderosa y moralmente reprobable. Por ejemplo, en La casa de papel imprimían sus propios billetes en la Fábrica de moneda y timbre. El enemigo era el Estado. Y por último, el protagonista actúa desde la inteligencia y no desde la violencia. Coger un fusil de asalto y entrar en un banco, como poder, lo podemos hacer todos, pero generar un plan para generar un engaño, eso no está al alcance de todo el mundo. Así que el reto ha sido crear un personaje más inteligente que yo.

Por otro lado, he tenido que investigar sobre el bronce. ¿Cómo podría conseguir bronce de hace 2.400 años? ¿O cómo se hacían las esculturas de bronce en Grecia? ¿Qué método se utilizaba? Pues se utilizaba un método que se llamaba la cera perdida. Se usaban unos moldes de cera de abeja y porcelana líquida. He tenido que investigar mucho sobre todo esto. 

Ahora bien, es la más compleja porque he querido contar una historia en un género que a mí me apasiona. Narrar un golpe, donde nada es lo que parece, donde todo puede cambiar, teniendo en cuenta que es un género del que los lectores ya saben mucho. He tenido que añadir ciertos componentes para hacerla diferente, que no perdiera tensión, que no perdiera pulsión narrativa, ni interés. Al menos, lo he intentado.

M.G.- ¿Se podría decir que la documentación y el trabajo previo ha sido más duro que la propia escritura de la novela?

J.A.- Sí, pero eso me pasa casi en cualquier novela. Con La última mirada de Goya investigué sobre cómo vestían, cómo eran los peinados, el mobiliario, cómo funcionaba Correos,... También tuve que documentarme sobre cómo era Burdeos en 1828, y cómo se llamaban las calles.

M.G.- Para cualquier pequeño detalle hay que investigar mucho.

J.A.- Sí. Y con El rey de bronce ocurre lo mismo. El mundo del arte requiere que te documentes bien.

M.G.- Pues el protagonista de esta novela se llama Luca Santamarta. Desde la primera página ya me pareció un tipo interesante. Es un joven que se guarda algo, que tiene algo escondido en la manga. ¿Qué nos puedes contar de él?

J.A.- Luca Santamarta es un joven de treinta y cinco años. Es valenciano y ha conseguido levantar una empresa tecnológica que decide vender. La vende por diez millones de euros. Pero, lejos de retirarse, decide que ha llegado el momento de poner en marcha el plan que lleva dando forma desde hace veinte años. Él pretende colocar una estatua griega de bronce, del siglo IV a.C., que representa a Alejandro Magno, en el tercer mayor museo de Estados Unidos. Dicho así, suena difícil. Normalmente, este tipo de planes los llevan a cabo personas muy calculadoras, con una mente muy privilegiada y ese tipo de gente genera una cierta falta de empatía. Por lo tanto, hay que construir a un personaje que sea verosímil, capaz de llevar a cabo este plan.

Luca Santamarta, desde el primer capítulo, da una imagen de hombre altivo, arrogante, rayando en la chulería hasta que, en un momento dado, hace un salva al gato. Es decir, a lo mejor no nos gusta lo que está haciendo en la primera escena pero como haga algo que lo salve un poquitín, ya nos aliamos con él.

M.G.- Así es, pero habrá más personajes porque el plan que Luca tiene en mente requiere de un equipo. Me gustaría que destacaras un único personaje de ese equipo. ¿Quién sería?

J.A.- La creación del equipo es otro de los tropos de este género, el cómo reúnes a los miembros de la banda, cada uno con una característica especial o una habilidad especial, necesaria para el plan. Es algo que hemos visto miles de veces. Pero lo que no hemos visto ha sido que, para un golpe como este, se reclute a una señora de setenta años. 

M.G.- No es lo habitual.

J.A.- Esa señora es la tía de Luca y le quedan cuatro meses de vida porque padece una enfermedad terminal. Con su edad, con su experiencia, con su situación personal, Pietra, que así se llama este personaje, se puede permitir ser la conciencia de Luca, ser esa voz interior que le dice: No te pares ahora. Arriesga más. Si hemos llegado hasta aquí, no puedes pararte. Cuando Luca la va a reclutar, lo primero que pregunta es si hay dinero que ganar. Él le responde que sí pero que puede ser peligroso. A eso Pietra le responde a su sobrino que se asegure que este sea un buen último baile.

M.G.- Javier, te has tenido que documentar sobre el arte y las falsificaciones. ¿Cuántos rincones oscuros puede tener el mundo del arte? Ese mundo que los que no conocemos, vemos como un tanto exótico. ¿Cuántos rincones oscuros puede tener?

J.A.- Exótico y casi romántico. Te imaginas a un falsificador, un señor de cierta edad, falsificando un Van Gogh que luego va a vender por cincuenta millones de euros. Bueno, el mercado negro del arte no se compone sólo de falsificaciones sino también de venta de materiales para hacer esas falsificaciones. Se venden lienzo de siglos anteriores y pigmentos específicos.

M.G.- O bronce hace 2.500 años.

J.A.- Claro. El mercado negro del arte se estima que es el quinto mayor mercado negro a nivel mundial. Tendríamos armas, drogas, personas, delitos cibernéticos y arte, como mercado negro. Pero el mercado negro del arte tiene una particularidad que los otros cuatro no tienen. Y es que en ese lado oscuro, en esa maldad que tiene cualquier mercado negro, en el arte, los que generan esa maldad, aman el arte, entienden de arte. Eso es lo paradójico. Son sensibles al arte. Y desde ese conocimiento, desde esa sensibilidad, es cuando pueden operar de manera ilegal, cuando saben que pueden colar, cuando saben que puede ser verosímil. 

Imagínate, por ejemplo, que estamos en el primer día de apertura del Prado. ¿De dónde salieron los cuadros que se expusieron ese primer día? Bueno, normalmente de colecciones privadas que van pasando de generación en generación, familias que van acumulando obras de arte, de los pintores de cámara, de los regalos de unos monarcas a otras naciones,... ¿Y cuál es la trazabilidad de esos cuadros? Imagínate que tú y yo somos los duques de Monfortal, y en 1875 vamos al Prado y decimos que queremos donar al museo un Tintoretto que lleva en nuestra familia desde hace generaciones. Pero ese cuadro, ¿de dónde ha salido? ¿Cómo ha llegado a esta familia?

El que fue director del Metropolitan Museum de Nueva York en los años 90 escribió sus memorias y en ellas decía que él estimaba que el 40% de las obras de arte que hay en los museos son falsas. A mí me parece mucho pero estoy seguro de que hay muchas falsificaciones en los museos. Los museos de Europa están llenos de cosas porque Europa es la cuna de la civilización pero, ¿y Estados Unidos? Su Declaración de Independencia es de 1776. Ellos querían tener museos y llenarlos de cosas. Tenían que comprar objetos para exponerlos en sus museos.  ¿De dónde salieron esos objetos?

Stefan Lehmann es un estudioso del mundo del arte. Hizo un estudio a principios de los 2000 y a él le extrañó mucho la cantidad de piezas de bronce, de bustos, que aparecieron en los museos de Estados Unidos en los últimos diez años. Las examinó y las comparó con las que se exponen en los museos de Europa. Comprobó que estaban muy bien hechas aunque había diferencias en la pátina, en el redondeado de algunas formas,... Una pieza de hace 2.400 años no puede tener aristas. Lehmann intentó averiguar de dónde procedían e hizo el camino a la inversa. Buscó dónde y cuándo se habían celebrado subastas de objetos de bronce de la antigüedad. ¿A dónde habían viajado los objetos subastados? Daba la casualidad que muchos de ellos confluían en España. Y dos años después, los museos de Estados Unidos aparecían llenos de piezas de bronce.

M.G.- ¡Qué curioso! 

Antes has mencionado a Han van Meegeren, ese falsificador holandés pero, ¿quiénes han sido los grandes falsificadores del mundo?

J.A.- Han van es unos de ellos. Él tenía un talento que poca gente tenía. Y luego, esas grandes falsificaciones ya no se hacen porque hoy se pillan. Pero falsificaciones menores de arte se hacen todos los días. Te puedo poner un ejemplo. Imagina que no nos conocemos mucho pero hemos quedado a comer. Llego un poco tarde y me ves con mala cara. Me preguntas qué pasa y te cuento que mi abuelo, que se murió hace seis meses, dejó en su piso unos bocetos preparatorios de Sorolla y que mi madre y mis hermanos se están peleando para ver qué se hace con eso. No sabemos quién se los va a quedar porque el que se los quede tiene que tasarlos. Al final, me he enfadado y vamos a terminar rompiendo la familia por cuatro bocetos preparatorios de Sorolla. Igual tú no muestras interés pero otra persona a la que le cuente esto mismo puede que sí, y llega alguien y me pregunta que cuánto valen esos bocetos y le respondo que por dos mil euros nos lo queremos quitar de encima, dos mil euros por unos bocetos hechos ayer. Y esa persona me los compra. 

M.G.- Y cree que ha conseguido una ganga por dos mil euros.

J.A.- Sí. Pues esto ocurre todos los días. 

M.G.- Ya. Javier, has mencionado títulos de películas. La novela bebe de grandes éxitos cinematográficos, como Ocean's Eleven. Y es verdad que, al principio, cuando empiezas a leer y cuentas la historia de Han van Meegeren en el prólogo, con esas minas de sal en Austria y el expolio nazi, es inevitable que se te venga a la cabeza otra película como The Monuments men

J.A.- La historia de los Monuments men es real. Los Monuments men son los encargados de devolver a sus legítimos propietarios las obras de arte encontradas eAltaussee, las seis mil obras de arte, entre ellas uno de los Vermeer de Han van Meegeren. Los Monuments men tienen un papel muy importante en aquella historia. 

A mí me gusta mucho el cine. Cuando estoy creando la historia en mi cabeza y hago mi escaleta, con lo que tiene que ocurrir en cada capítulo, me ayuda mucho verlo de manera cinematográfica porque esto me ayuda también a traspasarlo luego a las páginas.

Me ayuda mucho saber cada capítulo, dónde se encuentra, cómo empieza, qué personajes van a participar. Me ayuda muchísimo. 

En cada historia, en cada género, hay momentos que van a venir a la cabeza. En una película de indios y vaqueros va a haber un duelo final. Ya sabemos que eso va a ocurrir porque forma parte del cliché del género, ¿no? Me resulta importante saber a qué genero se quiere parecer cada historia porque cada género tiene sus momentos importantes y cuáles son esos momentos que yo, como lector o como espectador, estoy esperando. Así que, sí, el cine es muy importante para mí.

M.G.- Hablemos del tiempo y del lugar ahora. Por un lado, vamos a encontrar dos hilos temporales, separados por veinte años. Una parte de la trama transcurre en 2002 y otra en 2022. Por lo que comentabas antes, que para entender el presente hay que conocer el pasado. Tenemos que conocer por qué Luca Santamarta se está comportando así en 2022 y para ello trasladas al lector al año 2002.

J.A.- Sí, con la particularidad de que en el 2002, Luca tiene quince años. Mientras que en el año 2022, tendrá treinta y cinco. En el pasado, el protagonista era un niño. En la trama del pasado conoceremos los motivos por los que se está comportando así en el presente. Las dos líneas se van a ir entrelazando. 

M.G.- ¿Y Valencia? ¿Qué va a ver el lector de tu ciudad?

J.A.- Mira, he de reconocer que en esta novela, poco. En Los guardianes del Prado sí tenía protagonismo porque fue la ciudad a la que se trasladaron las obras pero aquí es únicamente una ubicación. El equipo va a tener su cuartel general en Valencia pero luego la acción se va a desarrollar en varias ciudades de todo el mundo. El hecho de que aparezca Valencia se debe, con todos los respetos y con todos los permisos de los lectores, al capricho de hacer homenaje a mi ciudad. Pero, en realidad, daría lo mismo que se ambientara en Valencia, en Sevilla, Madrid o Barcelona.

M.G.- Y empiezas a leer y, de vez en cuando, te vas encontrando con fragmentos en cursiva, que a mí me provocan mucha curiosidad. No sé si puedes decir algo o sería desvelar demasiado.

J.A.- Sería desvelar demasiado. Son fragmentos en cursiva, al inicio de determinados capítulos, que nos van a dar una pista de lo que va a ocurrir en ese capítulo concreto y, poco a poco, iremos descubriendo de dónde salen esos fragmentos en cursiva. 

Mira, Marisa, hay una satisfacción muy grande que nos podemos dar las personas que escribimos y es el hecho de innovar en cada novela, con el narrador, con los tiempos verbales, o incluyendo esos textos en cursiva. A lo mejor no tiene mayor importancia para los lectores pero para la persona que escribe, añadir ese recurso técnico, da satisfacción. Los lectores descubrirán qué significan esas letras en cursiva con la lectura.

M.G.- La novela está dedicada a los que viven aventuras a través de los libros, a los que les hubiera gustado vivir esas aventuras de forma real. A ti, ¿qué aventuras o qué época te hubiera gustado vivir?

J.A.- Es decir, la novela me la he dedicado a mí mismo, primero [ríe]. Escribo aventuras que a mí me hubiera gustado vivir. Me hubiera encantado ir a caballo con una espada pero vivo en el siglo XXI y estoy sufriendo las subidas del precio de la gasolina y pago electrodomésticos a plazos.

M.G.- Y en vez de espadas tenemos móviles.

J.A.- Eso es. Me hubiera gustado tener una vida más interesante que la que tengo. Me hubiera gustado vivir aventuras, ser Andrea Boscoscuro, uno de los protagonistas de La última mirada de Goya, ser un tipo elegante, un sicario internacional del siglo XIX. O me hubiera gustado ser el capitán Jack Aubrey en las novelas de Patrick O'Brian, Russell Crowe en Master and Commanders. También me hubiera encantado ser Luca Santamarta y planificar un golpe en la actualidad para tratar de hackear todo un sistema como es el mundo del arte.

M.G.- Pero hubieras tenido que renunciar a ser escritor.

J.A.- Hubiera tenido que renunciar a ser escritor, sí. No se puede ser todo, es verdad.

M.G.- Lamentablemente, no. Bueno te lanzo las dos últimas preguntas en una sola. Sueles decir que no escribes para los demás, sino que escribes para uno mismo y que uno de tus sueños es que alguna de tus novelas sea llevada al cine.

J.A.- Me encantaría, por ese amor que yo le tengo al cine. Yo tengo amor al cine en el cine. No a las películas en la tele. Las veo, sí, pero lo que realmente me enamora es ese momento mágico en la sala, cuando se apaga todo, se enciende la pantalla, y comienzan los tráilers. Eso es algo absolutamente mágico. Que se apague la luz de una sala, y que comience en pantalla una historia basada en un libro mío, pues no se me ocurre nada mejor en mi carrera literaria. También sé que no es algo que esté en mi mano y que, por muchos movimientos que yo haga, o muchas patadas que dé, no puedo hacer nada. Si tiene que ser, será. Así que no escribo para que mis libros sean películas. Yo escribo para emocionar a las personas lectoras, para que pasen un buen rato de lectura, pero la única manera que se me ocurre es que me emocione a mí primero. Si paso un buen rato cuando releo el capítulo, a lo mejor emociono a alguien más. Si quiero que se haga película y quiero que emocione a otras personas, al final, todo empieza por mí. 

M.G.- Y si te aburre la historia que estás escribiendo, terminará por aburrir a los lectores. 

J.A.- Totalmente.

M.G.- Javier, no tengo más preguntas que hacerte. Muchas gracias por este ratito de charla.

J.A.- Gracias a ti, por la voz que me has dado, a mí y a la novela, y por tu labor divulgadora de la cultura y de los libros.

M.G.- Es un placer.

J.A.- Gracias.

Sinopsis: Algunos desafíos solo están al alcance de una mente privilegiada.

Luca Santamarta, un joven emprendedor tecnológico, conseguirá traspasar su empresa por diez millones de euros para poner en marcha el plan que lleva años urdiendo: vender un legendario busto de bronce de Alejandro Magno, datado en el siglo IV a.C., al tercer mayor museo de Estados Unidos.

El mayor problema es que ese busto ni siquiera existe. Y para conseguir tal artificio, tendrá que reunir a un equipo con múltiples habilidades que deberá ejecutar un complejo entramado alrededor del mundo que incluirá fabricar esa pieza de bronce, conseguir que supere los más sofisticados sistemas de autenticidad y venderla por una desorbitada cantidad al American Museum of Classical Arts de Chicago.

Sin embargo, la sospecha de la existencia de ese mítico busto lo convertirá en objeto de deseo de poderosos coleccionistas, sicarios internacionales e incluso la policía de varios países de Europa. Pero ¿por qué Luca Santamarta ha decidido arriesgar todo su dinero, su vida y la de las personas que más quiere para crear un engaño único en la historia del arte?

Un plan perfecto. Una obra de arte que no existe.

Una aventura trepidante donde nada resultará ser lo que parece.

jueves, 20 de abril de 2023

MALENKA RAMOS: ❝El Cortador es un personaje mitológico del folclore asturiano❞

A Malenka Ramos la conozco desde que publicó El que susurra. Aquella historia, en líneas generales, me gustó. Me pareció entretenida y la disfruté (puedes leer mi reseña aquí). En general, este tipo de historias, llenas de suspense y misterio, que se desarrolla en pueblos pequeños, me suelen gustar. Por eso, cuando supe de la nueva publicación de Malenka Ramos, Los crímenes de Hamlet, no lo pensé. 

Los crímenes de Hamlet nos sitúa en el norte de España. En un pueblo ficticio, que Malenka ha situado por la zona de Llanes (Asturias), se producen una serie de crímenes. Una joven aparece muerta, flotando sobre las aguas de un río. Algunas flores la rodean. La escena del crimen recuerda mucho al cuadro titulado Ofelia. Este hallazgo enlaza con un criminal que lleva entre rejas desde hace veinte años. Fue el autor de una serie de asesinatos con el mismo modus operandi. ¿Estamos ante un imitador? Por otra parte, el pueblo está rodeado por un bosque, en el que ocurren cosas siniestras

Hace unas semanas puede hablar con Malenka telefónicamente. Mientras os cuento detalles de la novela, que terminé pocos días después de nuestra charla, os dejo con la entrevista.  


Marisa G.- Malenka, un placer saludarte y hablar contigo. No es la primera vez que te leo. Leí tu novela titulada El que susurra. No he terminado todavía de leer esta, pero me tiene enganchadísima.

Malenka R.- Ay, me alegro.

M.G.- Sí, sí. Me hubiera gustado terminarla de leer pero he tenido unos días de trabajo brutal y no he podido. Pero la historia me tiene muy enganchada.

M.R.- Me alegro un montón. Qué bien.

M.G.- Por empezar a preguntarte cositas. A ver, tú has escrito novelas de terror y de misterio pero empezaste con erótica. No sé muy bien por qué hiciste ese cambio de género.

M.R.- Bueno, yo siempre escribí terror y misterio. Como sabes, porque tú estás metida en el mundillo de la literatura, el problema está en que publicar por primera vez es muy difícil para un autor novel. Por entonces, coincidió que estaba de moda lo erótico, así que, entre comillas, aproveché un poquito y entré en la literatura gracias a una trilogía erótica. Pero al final, cuando ya conseguí situarme y confiar en mí, me volqué más en el tema que siempre me ha gustado, el tema del misterio y el terror.

M.G.- Misterio y terror tienen tus últimas novelas. Dicen algunos autores que cuando escriben este género, se meten tanto en la historia que incluso ellos mismos lo pasan mal. No sé si tú te impregnas tanto del relato que llegas un poco a pasar algo de miedo también.

M.R.- La imaginación es lo que al final nos provoca el miedo. Puedes leer algo muy suavecito pero si tú te lo imaginas de una manera muy horrible, al final pasas miedo. A mí no me ha pasado. Bueno, te puedes imaginar ciertas situaciones y sientes que si eso te pasara a ti, te morirías. Y es cierto que, si te metes mucho en la historia, puedes llegar a angustiarte un poquito.

M.G.- A los lectores que quieran leer esta novela, ¿qué les dirías? ¿Qué van a encontrar entre las páginas de Los crímenes de Hamlet?

M.R.- Creo que primero van a encontrar misterio y tensión. Hay situaciones un poquito escalofriantes. Habrá gente que tenga más miedo y otra que sienta un poco más de sensación de angustia, sin llegar a sentir terror. Pero bueno, creo que la intriga y el suspense sí lo van a encontrar. Espero que sí.

M.G.- ¿Y cómo se te ocurre esta historia llena de elementos tan intrigantes y con una trama de la que ahora comentaremos algunos detalles?

M.R.- Mira, es algo que me han preguntado alguna vez, y no te sé decir la respuesta. Cuando nos metemos en la historia, llega un punto en que tú tienes una idea, la desarrollas, pero los personajes van evolucionando solos y acabas en situaciones inesperadas. Creo que fue eso lo que me pasó con Los crímenes de Hamlet. Tenía una idea, la desarrollé, y luego la evolución de los personajes me lleva a crear una historia completamente distinta a la que tenía pensada.

M.G.- Empiezas desde un punto concreto y es la historia la que va tirando de ti.

M.R.- Sí, efectivamente. Pero a mí eso me gusta como autor, porque significa que la historia tiene vida, y a mí me gusta cuando se desarrolla un poquito así.

M.G.- En esta novela hay un crimen. El primero que nos vamos a encontrar es el de una chica de diecisiete años. La puesta en escena, es decir, la escena del crimen, presenta una disposición peculiar, que además está también muy relacionada con el título de la novela.

M.R.- Sí. La historia comienza con la aparición del cuerpo de una chica flotando en el río, decorada con flores como el cuadro de Ofelia. Y a partir de ahí, se empiezan a suceder una serie de crímenes muy relacionados con un asesino que está encerrado en la cárcel desde hace veinte años, y al mismo tiempo algo despierta en el bosque.

M.G.- Ese asesino, que está encerrado en la cárcel hace veinte años y al que se le imputaron una serie de crímenes, con el mismo modus operandi que vamos a ver en el presente de la novela, se llama Hamlet. Es el que da título a la novela. Un personaje muy siniestro que físicamente se parece al reverendo Henry de Poltergeist. A mí se me ponen los vellos de punta.

M.R.- A mí siempre me ha dado más miedo el psicópata inteligente, el psicópata que no tiene una tara marcada, que es muy consciente de lo que hace y lo que hace, lo hace porque sí. Es lo que da más miedo y Hamlet representa a ese psicópata.

M.G.- Y no solo encontrará el lector terror y muerte en esta novela, sino que también aparecen elementos sobrenaturales porque el pueblecito en el que ocurren los sucesos está rodeado por un bosque. En ese bosque habitan unas figuras de las que mejor no decir nada, y también habita un personaje que se llama el Cortador. 

M.R.- Sí, el Cortador es un personaje mitológico que sale muy poquito mencionado en el folclore asturiano. Yo no lo conocía y la mayoría de la gente aquí no lo conoce. ¿Qué pasa? Que su mención tan breve es lo llamativo y lo siniestro. Es un personaje que viene de la zona de Llanes, en Asturias, que se usaba por las madres para asustar a los niños si no venían a casa con las manos limpias. Decían que el Cortador vendría y se las cortaría. Me pareció tan fascinante y del que había tan poca información que me animé a introducirlo.

M.G.- ¿Y leer sobre esa figura fue el detonante para esta novela?

M.R.- Sí, puede que sí. No leo mucho sobre el tema pero puede ser que, al leer algo sobre folclore asturiano, me llamó la atención esa figura. Pensé que podía tirar de ese hilo.

M.G.- ¿Lo sobrenatural es algo habitual en tus novelas? ¿Es una seña de identidad tuya?

M.R.- Sí. A ver, cuando tú tienes un ambiente relacionado con un asesinato o una serie de crímenes en serie, enfrentarte a un asesino que está presente es mucho más sencillo porque te puedes defender de algo, puedes investigar. Pero cuando existe un componente paranormal o crees que existe, que también puede pasar, si no sabes si es real o no real, si es producto de tu mente o realmente está ahí, eso es algo que genera más intranquilidad en el lector. No te puedes defender de ese algo que está ahí pero solo se intuye.

M.G.- El terror psicológico. Lo que no se ve es lo que más miedo da.

M.R.- Sí, a mí es lo que me pasa.

M.G.- Pero, en esta novela, también hay una investigación policial. Los crímenes hay que investigarlos. Unos policías se harán cargo, con lo cual, la novela bascula entre el terror y el thriller.

M.R.- Correcto.


[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]


M.G.- ¿Y esta investigación tendrá bastante peso la novela en la trama?

M.R.- Sí, sí. Ellos se acercan a hablar con el asesino en serie. Tienen que hacer averiguaciones y también meterse en la mente del psicópata. Este psicópata va a esclarecer buena parte de la trama.

M.G.- Hay muchos personajes en la novela. De todos ellos, a mí me tiene muy pillada Aurora, una anciana un tanto especial.

M.R.- Sí, alrededor de toda la historia hay una serie de personajes que forman parte del pueblo, que forman parte de la historia de ese lugar. Cada uno tiene un papel. A lo largo de la investigación criminal que estábamos hablando antes, se irá desarrollando también la vida de estos personajes.

Aurora es una mujer mayor que conoce la historia del pueblo porque es muy anciana y percibe ciertas cosas, pero nadie le hace caso.

M.G.- Pobre. A veces me da mucha pena. Pero es muy intrigante, un personaje súper potente en la historia. 

M.R.- Además es una mujer con mucho carácter. 

M.G.- Sí, sí, es verdad. Ella tiene ciertos conocimientos y la gente, claro, no le presta atención, pero ella sabe cosas.

M.R.- Claro, pero nos pasaría en la vida real. En los pueblos siempre hay una persona que se le conoce porque a lo mejor ha visto algo, o porque es una persona más espiritual, y normalmente no solemos hacerles caso, pero bueno, están ahí y contamos con ellos. Aurora tiene ese papel.

M.G.- Aparte de ese personaje, de esos personajes que tienen un cierto don, también hay personas muy normalitas, gente que tiene sus trabajos, sus amores, su vida cotidiana. Gente muy real con relaciones amorosas. En el pueblo hay de todo.

M.R.- Sí, pero bueno, son personajes que tienen su parte cafre, su parte real de fallos. No son perfectos y eso creo que es lo que más atrae. Son personas que pueden estar a tu alrededor y, claro, completan un poquito la historia de lo que va sucediendo con sus vidas.

M.G.- La narración, por decirlo de alguna manera, tiene dos partes. El grueso de la novela se narra en tercera persona. Luego hay unos capítulos muy interesantes y que despiertan muchísimo la curiosidad del lector. No sé si podemos decir algo o no al respecto, Malenka.

M.R.- A ver, cada capítulo va precedido como de una carta, que nos dará información. No sabemos quién la escribe pero va dando pinceladas de lo que va sucediendo en su vida. A lo largo de la historia, iremos también desvelando quién es esa persona que escribe al comienzo de los capítulos, y que nos da una información que es muy valiosa.

M.G.- Más que como cartas, yo lo percibo como un diario. En esas páginas se nos va dando información sobre la persona que escribe pero también sobre quién escribe. Ella va dibujando el perfil de una tercera persona. No quiero desvelar mucho pero digamos que nos va dando una idea sobre ese personaje misterioso.

M.R.- Sí, yo creo que es un poco misterioso y juega un poquito con la percepción del lector. Por lo que veo en los comentarios de las personas que ya han leído la novela, han ido escudriñando un poco sobre quién puede ser y quién no puede ser. Al final se sabrá.

M.G.- Con respecto a los escenarios, hablas del puente de Bolín, de la Garganta Divina. Esos son escenarios reales pero el pueblo es ficticio, aunque tú te has inspirado en una zona de Asturias.

M.R.- Considero que el pueblo realmente lo forman los habitantes y esos habitantes son todos los personajes que forman la historia. Como autora, el pueblo es lo de menos, porque el pueblo es la gente. De todos modos, sí está situado en un sitio que existe, que es real, en la zona de la Garganta Divina y el Valle de Caín.

M.G.- Por lo que he leído, en la zona ya ocurrieron hechos un poco truculentos, ¿no?

M.R.- Es una zona que, cuando se construyó, o cuando se dio acceso a ella, ofrecían unas condiciones de trabajo muy precarias. La gente fallecía, cuando creaban esos caminos de acceso a la Garganta Divina. Allí se generó mal rollo. Iban picando y, si caían al vacío, pues ahí se quedaban. Me llamó la atención esa frialdad. Y sí, es cierto que utilicé también un poquito ese recurso.

M.G.- Pues fíjate que, a medida que iba leyendo, no podía ubicar la historia en España. Me parece que la novela tiene un cierto tinte a películas de terror americana. No sé si se debe a que quizás tus referentes en literatura son de más allá de nuestras fronteras. 

M.R.- Pues no lo sé. Puede ser. De todas formas, también estamos acostumbrados a consumir terror extranjero. Cuando lees una novela de misterio y de terror, un thriller de terror puro, estamos acostumbrados a eso, y nos ceñimos a lo que conocemos. Pero sí, puede ser que esté un poco influenciada por la literatura americana.

M.G.- En cualquier caso, es una historia que encajaría muy bien en una serie o en una película. La historia tiene elementos muy atractivos para llevarlas al audiovisual.

M.R.- A ver, los capítulos son cortos, hay flashes, hay situaciones que acaban con un interrogante súper potente, y pasamos a otro personaje,... Ya me lo han comentado. Sería estupendo, ¿no?

M.G.- La verdad es que la historia está muy bien. A mí me está gustando muchísimo, Malenka. La estoy disfrutando un montón.

M.R.- Me alegro porque vosotros tenéis mucha experiencia. Leéis muchísimo y que me digas eso, es importante.

M.G.- ¿Y te has tenido que documentar mucho para escribir este libro?

M.R.- Sí, sobre todo cuando te metes en una investigación criminal, porque la mayor tontería te lleva muchísima investigación. Tienes que leer perfiles psicológicos de psicópatas. Si tuviesen que investigarme, por mis búsquedas en Internet, me llevarían presa. Hay que investigar el componente psicológico en un asesino para trazar el perfil de una persona, que sea un verdadero oponente para una policía acostumbrada a investigar crímenes, que además sea interesante, que a la gente le provoque curiosidad,... Incluso, respeto. Hamlet, como asesino, genera respeto, porque lo ves un tipo frío, un tipo que no se deja llevar por la tensión, y lo ves muy inteligente. 

La verdad es que da trabajo, pero es entretenido. Yo lo disfruto mucho.

M.G.- Imagino que, como amante del género nos seguirán esperando más historias tuyas llenas de elementos sobrenaturales y de misterio.

M.R.- Por supuesto, y con un componente criminal mayor todavía. Estoy sufriendo mucho en este nuevo desarrollo, pero me lo estoy pasando bien. Yo creo que los autores somos un poco masocas.

M.G.- Bueno, el primero que se lo tiene que pasar bien, mal o regular, dependiendo del efecto que quiera causar en el lector, es el propio autor.

M.R.- Sí, sí, sí. Si no disfrutas una creación, algo estás haciendo mal. Está clarísimo.

M.G.- Exactamente. Malenka, pues no tengo más preguntas que hacerte, solamente decirte que me ha encantado conversar contigo. Te reitero que la novela me está gustando mucho. Espero terminármela, de aquí a pocos días, y nada, pues felicidades, porque me tienes muy, muy enganchada.

M.R.- Muchísimas gracias, de verdad. Te lo agradezco un montón. De verdad, que me ha encantado hablar contigo.

M.G.- Un saludo, Malenka.

M.R.- Un abrazo. Cuídate mucho.



Sinopsis: Sangre por sangre: del bosque no se sale.

Una escalofriante novela de terror con tintes sobrenaturales que te atrapará hasta el final.

Con setenta años cumplidos, Hamlet, el famoso asesino en serie, pasa los días sumido en el oscuro sueño de volver a pintar las turbadoras escenas que quitan el sueño a la policía.

Lleva veinte años recluido en una cárcel de máxima seguridad, pero, a pesar de ello, ha aparecido un nuevo cadáver con su inconfundible firma en el tranquilo y apartado valle de Caín.

El trágico suceso ha despertado al Cortador, un ser diabólico y sanguinario que, según la creencia popular, solo vivía en viejas leyendas. Hasta ahora...

El Cortador y un séquito han acudido a la llamada de la sangre y reclaman sus dominios en el bosque con su particular firma: corta brazos y piernas.

Hamlet y la mujer más anciana del lugar son las únicas personas que pueden ayudar a la policía a desentrañar el caso.

viernes, 4 de marzo de 2022

LAS CARTAS DE ESTHER de Cécile Pivot

Editorial: Contraluz
Fecha publicación: octubre, 2021
Precio: 21,00 €
Género: novela epistolar
Nº Páginas:320
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
ISBN: 978-84-18945-02-1
[Disponible en ePub]


Autora

Cécile Pivot es periodista. Comme d'habitude es su primer relato, seguido de Lire!, un ensayo a cuatro manos. Battements de coeur, su primera novela publicada por Calmann-Lévy en 2010, obtuvo el aplauso de la crítica.

Las cartas de Esther ha sido todo un éxito en Francia.

Sinopsis

Una novela sobre el poder de las cartas para transformar vidas «El taller era su bote salvavidas. Iba a salvarlos de la incomprensión, de un duelo no resuelto, de una vida en punto muerto, de un amor en peligro. Cuando me di cuenta, era demasiado tarde, ya estaba inmersa en la intimidad y la historia de cada uno de ellos.» En memoria de su padre, Esther, una librera del norte de Francia, abre un taller de escritura epistolar. Sus cinco alumnos forman un grupo heterogéneo: una anciana aislada, una pareja que se enfrenta a una severa depresión posparto, un hombre de negocios que busca dar sentido a su vida y un adolescente perdido. A través de sus cartas se tejen lazos, se abren los corazones. El ejercicio literario se transforma poco a poco en una lección de vida de la que todos los participantes saldrán transformados. Novela iniciática, impregnada de ternura y humanidad, "Las cartas de Esther" es una oda al poder de las palabras.

[Información tomada directamente de la web de la editorial]

Me gusta el género epistolar. Creo que en eso coincidimos muchos de los pasáis por aquí habitualmente. Las cartas tienen ese encanto especial, con olor a tiempos pasados. Esperadas con ansia y expectación, la llegada de cada una de ellas, desde el lugar que fuera, generaba siempre mucha ilusión. Las cartas siempre han sido el vehículo a través del cual contar esos secretos que no se pueden decir cara a cara, un medio para la confesión, para el desahogo, y un instrumento para poner en orden un interior arrebolado. He leído grandes novelas epistolares y todas me han dejado una sensación cálida y confortable. ¿Cómo olvidar las sensaciones producidas por 84, Charing Cross Road de Helene Hanff? Por eso, no me he resistido a leer Las cartas de Esther de Cécile Pivot, de la que hoy vengo a hablaros. 

Esther Urbain es una librera de cuarenta y dos años que vive en París. Tras la muerte de su padre, y a modo de homenaje, organiza un taller de escritura epistolar. La idea primitiva es atraer a personas interesadas en mejorar la escritura, la expresión escrita. Sin embargo, el intercambio de cartas se convierte en otra cosa bien distinta.


«Aprenda a dar forma a sus pensamientos, a contar una historia y a hablar de sus emociones inscribiéndose en un taller de escritura dedicado al género epistolar. Posibilidad de participar sea cual sea su lugar de residencia. Del 4 de febrero al 13 de mayo de 2019». [pág. 12] 


Al anuncio que Esther coloca en la web de su librería y en algunos periódicos responden una veintena de posibles alumnos. «Los candidatos eran de todas las edades y había más hombres que mujeres». Definitivamente el grupo quedará formado por cinco alumnos: Jean Beaumont, Samuel Dijan, Juliette y Nicolas Esthover, Jeanne Dupuis.

Tras una primera reunión inicial, comienzan a intercambiarse cartas. Cada uno puede contar lo que le apetezca, sin limitaciones de ningún tipo. Esther les aclara a los participantes que «no estoy aquí para juzgar sus sentimientos y sus opiniones, sino para hacerles avanzar en la escritura». Eso sí, la mecánica del taller obliga a los participantes a cartearse con otros dos miembros, y enviar una copia de las misivas a Esther, que irá controlando el avance y el progreso de sus alumnos. De este modo, iremos conociendo a los personajes de esta novela, al mismo tiempo que ellos se van conociendo entre sí. Incluso me atrevería a decir que las cartas sirven para que, el que las redacta, también se conozca un poco más. Y semana a semana, carta a carta, llegará el final del taller. Este libro es la recopilación de todos esos escritos que Jean, Samuel, Juliette, Nicolas y Jeanne se han intercambiadoComo nos explica la propia Esther en las páginas introductorias, ella se encargó de corregir y pulir las cartas, respetando siempre el estilo propio de los autores. Salvo en el caso de Samuel, el nombre de los restantes miembros del taller ha sido convenientemente cambiado por otro ficticio.

Qué me ha gustado de la novela. Qué no me ha gustado.

Como dije antes, la idea de Esther, «documentalista y correctora editorial», además de librera, es enseñar a los alumnos a mejorar la expresión escrita, «ayudándolos, sobre todo, a encontrar la palabra adecuada y a dar ritmo a sus frases». Pero el taller termina convirtiéndose prácticamente en el diván de un psicólogo, a través del cual los alumnos cuentan su vida. El intercambio de cartas se convierte en el salvavidas de todos ellos. Incluso es la tabla de salvación de la propia Esther, a la que se aferra para superar la muerte de su padre.


«Iba a salvarlos de la incomprensión, de un duelo no resuelto, de una vida en punto muerto, de un amor en peligro». [pág. 9]



El lector, a través de las cartas, irá asomándose a la vida de los miembros del taller. No solo sabremos de su presente, sino también de su pasado. ¿Cómo eran antes? ¿En qué se han convertido? Las cartas ahondan en la parte más personal de los personajes y con cada una nos iremos construyendo un mapa de los mismos. ¿Pero cómo son todos ellos? Os dejo una pequeña descripción de cada uno.

* Jeanne es una mujer mayor que añora la juventud y por eso le gusta rodearse de gente joven. Se carteará con Samuel, el más joven del grupo. De joven fue profesora de piano y ahora se ha convertido casi en activista. Vive sola, tras perder a su pareja hace mucho tiempo. Sin embargo, la soledad no le supone ningún problema. Jeanne nos ofrece la perspectiva de la sabiduría, la enseñanza que le ha ido ofreciendo la vida. 

* Samuel es un chico joven que se ha apuntado al taller por hacer algo, para que su madre no le esté siempre recriminando que no hace nada. A pesar de su juventud, parece no tener ilusión por nada. Es el personaje que mejor resume lo que el taller va a suponer para cada uno de ellos, al manifestar que «decir por escrito todo lo que no rula en mi vida a lo mejor me alivia». Samuel vive en una familia rota por el dolor y eso lo ha marcado, convirtiéndolo en un joven gris, con un gran sentimiento de culpabilidad.

* Jean es un hombre de negocios que pasa más tiempo en los aviones que en su hogar. Siempre de viaje, acostumbra a escribir sus cartas en los hoteles en los que pernocta. Jean no tiene muy claro por qué se ha inscrito en el taller pero escribir cartas le hace recordar a su abuela Maine, con la que tenía un vínculo muy especial. También recordará a sus hijos, con los que ha perdido todo contacto. En los últimos años se ha volcado en su trabajo, con el único objetivo de hacer grandes negocios. Parece que ganar dinero ha sido su manera de cubrir lagunas y vacíos.

* Nicolas y Juliette son matrimonio. La pareja acaba de estrenarse como padres pero el nacimiento de su hija no ha traído a la familia la felicidad que se esperaba. Si participan en este taller ha sido por recomendación de la psiquiatra Adeline Montgermon, que trata los problemas de la pareja. Bueno, más bien trata los problemas de Juliette a la que la maternidad la ha trastocado por completo. 

Nicolas es chef de un restaurante. Ama su trabajo pero ama todavía más a Juliette, a la que seguiría al fin del mundo si ella se lo propusiera. A pesar de llevar mucho tiempo con Juliette siente que no la conoce como creía, o que no le ha prestado la atención suficiente.

Lo que más me ha gustado de esta novela es ser testigo de excepción y comprobar cómo estos personajes vienen de problemas que no han sido capaces de resolver hasta el momento en el que empiezan a escribir sobre ellos. A ellos les ocurre en este libro lo mismo que nos puede ocurrir a cualquiera de nosotros. Hasta que no invocamos a nuestros fantasmas, no desaparecen. Hasta que no reconocemos nuestros miedos y limitaciones, no somos capaces de hacerles frente. En cada uno de ellos se concentra una problemática. Samuel se enfrenta a un dilema moral y sufre de apatía por la vida, sintiendo unas enormes ganas de romperlo todo y dar sosiego a la rabia que lo consume. Esther también confiesa sentir mucha rabia, y dolor por la ausencia, por la muerte del padre que no ha sabido encajar bien. Jean necesita cerrar heridas del pasado y dejar de sentir tanta indiferencia por el mundo. En cuanto a Jeanne, también tendrá que mirar al pasado para valorar ciertos acontecimientos. 

Pero, para mí, los personajes más impactantes son Nicolas y Juliette. ¿Qué le dirías a tu pareja si te limitaras a comunicarte con ella vía postal? ¿Te resultaría más fácil sincerarte de este modo? Eso es lo que parece que les ocurre a esta pareja porque «uno no se confía de la misma forma oralmente que por escrito». Ante ellos dos hay un profundo abismo que se irá salvando a través de la escritura. Las cartas entre Nicolas y Juliette sirven de puente para acercar distancias y entenderse mejor. Para mí las cartas más brutales son las de Juliette. Creo que me he alineado con su problemática, con ese desbordamiento que ella ha sentido al convertirse en madre. El nacimiento de su hija le ha despertado sentimientos que no esperaba y le ha traído responsabilidades tan abrumadoras. He sido capaz de comprenderla perfectamente. Las reflexiones que ella hace de la maternidad, dichas además por boca de una mujer, o el punto de vista que nos ofrecen otros personajes sobre lo que le ocurre a ella es para mí el puntal más importante de la novela. 

Sin embargo, la maternidad no será el único tema que se toque en estas cartas. Asoman también otras cuestiones importantes como el dolor por la ausencia, la muerte, el duelo, la relación con los padres o los de estos con los hijos. Escrito a escrito, la novela profundiza en asuntos vitales que nos afectan a todos, conduciéndonos a reflexiones bellísimas. Tengo que añadir que hay cartas de Samuel que me removieron también por dentro. Y las de Esther, sobre todo en aquellas en las que habla de sus padres, me parecieron muy tristes pero también hermosas y llenas de amor.

En cuanto a lo que no me ha gustado os diría que, en alguna ocasión, me he sentido un tanto perdida. Veréis, por regla general, en una novela epistolar intervienen dos personajes, pero en Las cartas de Esther tenemos a seis personas que se van intercambiando escritos unos con otros. Llegó un momento en que no sabía quién era quién, ni a quién le había pasado qué. A eso se suma que hay dos nombres, Jean y Jeanne, tan parecidos, que más de una vez confundí uno con otro. 

Como consejo, y si os animáis a leer esta novela, os recomendaría que anotarais en un papel los nombres de los personajes y añadáis algún dato que os permita tenerlo identificados en todo momento. Creo que eso os facilitaría mucho la lectura.  

Por otra parte, también tengo que admitir que algunas cartas me han parecido algo reiterativas. Por ejemplo, en el caso de Juliette y su maternidad, llegué a sentir que ella se enrocaba e incidía una y otra vez en las mismas emociones y sentimientos, que ya nos había explicado anteriormente. En algún momento, este personaje se estanca y no avanza, con lo que sus cartas se vuelven una copia de otras ya escritas.

Por último, empaticé poquísimo con Jean. El mundo en el que vive me parece despiadado y muy inhumano, pero a él le resulta totalmente natural. Es el personaje al que menos he entendido. 

Estructura y estilo

Dos partes bien diferenciadas. Los dos primeros capítulos, narrados por Esther, suponen una especie de introducción en la que se nos cuenta cómo surge la idea del taller. A partir de ahí, las cartas, que se irán distribuyendo a lo largo de diversas secciones, muestran una grafía distinta, que permite distinguirlas del resto de la narración. Para no perdernos, cada carta muestra en su parte superior el nombre del destinatario y del remitente.

Tratándose de género epistolar no puede faltar la primera persona pues, a través de las cartas, son los propios protagonistas los que nos van contando sus cuitas. No obstante, entre carta y carta, asomará un narrador omnisciente que hace las veces de analista, pues desmigaja las emociones y las sensaciones que van invadiendo paulatinamente a todos los personajes. De este modo, la novela ofrece una visión muy global, ajena al punto de vista tan subjetivo que suele arrojar el género epistolar.

Por otra parte, la narración está muy cuidada. Tratándose de cartas escritas por personas de diversa edad y condición, la escritura de cada una de ellas encaja con la naturaleza de su remitente. Es decir, sería absurdo que Samuel se expresara como Jeanne, o que Jean empleara un vocablo que no encaja con su vida cosmopolita. En ese sentido, todo cuadra.


En definitiva, y salvando los aspectos menos favorecedores que os he comentado, Las cartas de Esther suponen una lectura intimista que nos permite comprender el poder de curación que pueden llegar a tener las cartas. Cierro la reseña con un párrafo que me ha hecho recordar aquellos años de juventud en los que, la llegada de una misiva cambiaba el color del día.


«Escribir una carta, echarla al buzón y esperar una respuesta a vuelta de correo da otro valor a los días, un peso mayor, en mi opinión, al mensaje que va en el sobre, que se toma su tiempo y traza su camino». [pág. 37-38]

 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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