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viernes, 22 de noviembre de 2019

LA BUENA LETRA de Rafael Chirbes

Editorial: Anagrama.
Fecha publicación: noviembre, 2007.
Precio: 7,90 €
Género: Narrativa breve.
Nº Páginas: 136 
Encuadernación: Tapa blanda.
ISBN: 9788433973023
Autor

Rafael Chirbes (Tavernes de la Valldigna, 1949) es autor de El viajero sedentario, El novelista perplejo, Mediterráneos y Por cuenta propia, y de las novelas Mimoun, En la lucha final, La buena letra, Los disparos del cazador, La larga marcha, La caída de Madrid (Premio de la Crítica Valenciana), Los viejos amigos, Crematorio (que fue galardonada con el Premio de la Crítica, el Premio Librería Cálamo y el Premio Dulce Chacón y ha tenido una adaptación televisiva de gran éxito) y En la orilla (Premio Nacional de Narrativa, Premio de la Crítica Valenciana, Premio Francisco Umbral al Libro del Año, Premio ICON al Pensamiento)

[Fallecido el 15 de agosto de 2015]

Sinopsis

Ana le cuenta a su hijo fragmentos de una vida de pequeñas miserias con las que se han tejido las relaciones personales y familiares. Sus palabras se convierten, por tanto, en duro legado para una nueva generación que quiere levantarse sobre la inocencia. En La buena letra, el autor renuncia a narrar los grandes acontecimientos históricos para poner su foco de atención en lo íntimo y cotidiano, en el conjunto de gestos y silencios que marcan las vidas de unos personajes heridos por la traición y la deslealtad; los deseos frustrados y la desesperanza de un sufrimiento inútil en la medida en que sólo sirve para alimentar la voracidad de otros. 

Con este material, en el que tiene más peso lo que se intuye que lo que ex­plícitamente se narra, La buena letra se convierte en deudora de la concepción balzaquiana según la cual la novela es la historia privada de las naciones y consigue descubrir los mecanismos que funcionan como silen­cioso motor de la historia, en cuyo devenir toda generación se levanta so­bre las cenizas de otra y cada vez que el poder cambia de manos lo hace ba­jo el signo de la traición y de un sufrimiento que, siendo inútil, es también una forma descarnada de lucidez, de sabiduría. Chirbes maneja una voz que es emocionado espejo de la vida y, al mismo tiempo, construcción de un nuevo código desde el que leer el ayer convirtiéndolo en desolación de hoy.


[Información tomada directamente del ejemplar]

Así empieza La buena letra:


[Lectura de las páginas 9 a 11 de la novela;
música: 'Wistful Harp' de Andrew Huang - Biblioteca Audio Youtube]

El día que vi la serie Crematorio (maravillosa, por cierto) me quedé pillada con Rafael Chirbes. Desde entonces, han sido muchas las voces que me han ido recomendado a este autor, en un runrún constante que no se ha separado de mí nunca. Así que el otro me acerqué a la biblioteca. En realidad, iba buscando Paris-Austerlitz, novela de la que había leído muy buenas opiniones, pero me topé primero con otra obra del autor valenciano. Cotejé ambas novelas y al final, ambas se vinieron a casa. Hoy vengo a hablaros de La buena letra.

Hay lecturas que dejan un poso indisoluble, una marca profunda en el interior que nunca se difuminará. Son historias que consiguen que un día, pasados muchos años de aquel encuentro novela-lector, volvamos a coger el volumen para ojearlo, y nos descubrimos acariciándolo con cariño, rozando levemente las páginas con la yema de los dedos, y contemplando las palabras impresas, como si miráramos la foto de un ser querido y ausente. La buena letra deja esa sensación nostálgica en el lector, un resquemor que se aviva con el recuerdo. 


Y precisamente de recuerdos nos habla esta nouvelle. La buena letra nos transporta al pasado, a través de las remembranzas de su protagonista y narradora. Ana le cuenta a su hijo Manuel el pasado familiar, fustigado por una guerra civil y por las consecuencias de la posguerra. Sin embargo, he de advertir que no estamos ante una novela centrada en este conflicto bélico, sino en un retrato interno. Bajo mi punto de vista, la guerra y la época posterior se analizan a través de los sucesos que ocurren en el seno familiar, es como una crónica de puertas para dentro. Si vencían unos o perdían otros, solo era importante en el núcleo interno, en el efecto que provocaba en las relaciones, en la convivencia dentro del hogar. 


Y en esta crónica, Ana recordará su vida con Tomás, los años que el marido estuvo en el frente, junto al bando republicano, que luego fue el bando de perdedores, el sacrificio de los abuelos, lo mal que lo pasaron con Antonio, el cuñado, encarcelado y condenado a pena de muerte aunque posteriormente las cosas cambiaron, la ayuda que le prestaron para que saliera adelante, sus vaivenes emocionales,... Y la llegada de Isabel, la que se convertirá en la mujer de Antonio. En la familia hubo un antes y un después tras la llegada de esta mujer con ínfulas, la "mis" como la llamaban en el pueblo. "Pero Ana, ¿no se da usted cuenta de que nos están condenando a fregar cazuelas el resto de nuestra vida?" Y Ana admiraba la elegancia de Isabel, su letra bonita, la vida de la que procedía, porque la mujer de Antonio había vivido en Inglaterra y hablaba inglés. Era una mujer de voz dulce pero con el alma negra como la brea. Los hechos se irán sucediendo desmembrando a una familia que hasta ahora se había mantenida unida. Y llegaremos a un final en el que el lector se preguntará si respetamos la memoria de nuestros ascendentes. La vida avanza, el mundo cambia pero hay cosas que son inamovibles. 

La buena letra no es una novela para hablar de ella, sino para leerla y guardarla en nuestro interior. Por eso es preferible no añadir ni un detalle más sobre su argumento. En cambio, sí os diré que, con su lectura, uno puede llevarse un buen puñado de reflexiones. El paso del tiempo, la futilidad del ser humano, la ambición, el dolor, la resignación, la angustia de la pérdida... En una familia como la de Ana y Tomás caben tantas emociones como las que un lector puede encontrar a lo largo de su vida y todas ellas están impregnadas de una credibilidad espantosa. Chirbes consigue hacer real todo lo que escribe, y sumergir al lector en el dolor de una esposa, de una madre, de toda una familia. Hay un pasaje precioso en el que se habla de la vejez. ¿Alguna vez habéis mirado de cerca los ojos de un anciano? Es como asomarse a un abismo que da miedo. En ellos encuentras toda una vida que se va apagando. Me impresionó ese pasaje en concreto, me pareció tener al abuelo Pedro, el padre de Tomás, justo delante de mí. 

Pero hablando de personajes, en esta novela hay dos grandes protagonistas. Por un lado, estará Ana, esa esposa abnegada con dudas y dilemas, que calla todo lo que sabe por no ahondar en la herida, que se entrega sin pedir nada a cambio, y que encuentra en el cine el único refugio que se permite. Iba a decir que Ana es la representación de esas mujeres de la guerra, que tuvieron que soportar la ausencia de los hombres, la miseria y el miedo, pero, en realidad, me atrevería a decir que Ana es la representación de la mujer en sí, nacida con esa obligación innata de velar por los suyos, de anteponer los intereses de los demás a los suyos propios. 

Por otro lado, Isabel es el veneno que ha separado a la familia. Es un personaje tremendo, astuto, puñetero. No conviene desvelar mucho sobre esta mujer que maneja los hilos con una habilidad tremenda. La lectura nos irá desvelando la propia naturaleza del personaje, a la vez que nos va posicionando en un lado u otro. En este caso, no hay forma de justificar a todas las partes, por lo que resulta del todo imposible entender a todos los personajes por igual. Inevitablemente, la balanza se inclinará desde el primer momento hacia un único lado. 

Y orbitando alrededor de Ana e Isabel, el propio Tomás que se envilece con el paso de los años, víctima de la fractura de su familia, de la traición recibida, del desprecio de los suyos. Y luego Gloria, la otra cuñada de Ana, de vida caótica. Y Antonio, que cambiará múltiples veces de carácter y ánimo a lo largo de toda la historia. Son personajes bien medidos y afianzados en sus vidas literarias, fáciles de imaginar y sin los cuales, la historia sería otra porque, La buena vida es un relato de hombres y mujeres.

Muchos lectores hablan de esta novela como una carta que Ana le escribe a su hijo, sin embargo, yo no he sentido ese género epistolar. Me ha parecido más bien como la narración de un encuentro entre madre e hijo, ese momento de confidencias que a veces se produce en las familias, donde uno suelta todo lo que ha guardado durante años mientras el otro, callado y sumiso, descubre una verdad que hasta ahora se le había escapado de las manos.

En cuanto a los escenarios, son ficticios. Bovra y Misent son dos localidades inventadas que el autor sitúa en Valencia. En estos dos puntos geográficos se suceden la mayoría de los hechos y, aunque son del todo imaginarios, sí encontramos referencias reales como el mar,  el movimiento en los muelles, el olor a sal,... 

Narrada en primera persona en la voz de la madre, La buena letra se lee con suma facilidad, aunque creo que es de esas lecturas que bien merece una segunda aproximación. Chirbes emplea una prosa cercana y sencilla, la propia de una mujer de pueblo medio analfabeta, que no sabe escribir pero que sueña con aprender a hacerlo. Los capítulos breves y concisos ayudan a avanzar en la lectura, que tiene un marcado tono intimista. Pero si hablamos de la estructura, hay que señalar un dato importante. 

La edición que tomé prestada de la biblioteca data del año 2002. El volumen, publicado por Anagrama, cuenta con una Nota de Autor de lo más curiosa. En la misma, advierte Chirbes que, en los orígenes, este relato contaba con un capítulo final que, posteriormente, decidió eliminar. Las razones a las que alude tienen que ver con 'la justicia del tiempo', la engañosa idea de que el tiempo todo lo cura, pone a todo el mundo en su sitio o restablece lo que necesita reparación. Acostumbramos a pensar en ese sentido, aferrados a una esperanza que no siempre llega. Y es ahí, en ese afán del ser humano por esperar pacientemente una sentencia favorable, donde Chirbes incide, alegando que el tiempo no siempre juega a nuestro favor, que 'es una filosofía inaceptable, por engañosa'. No le quito razón, aunque el hombre siempre se ha agarrado a clavos ardiendo. Ahora bien, la eliminación de ese capítulo final rompe un tanto la estructura de la obra. La buena letra comienza con un capítulo en cursiva y en presente, antes de que Ana se sumerja en sus recuerdos. Por lo que he podido averiguar, ese capítulo final también estaban narrado en presenta y en cursiva. Al eliminarlo, tengo la sensación de que el texto se queda cojo. Pero es simplemente una apreciación mía. Lo que no puedo obviar es que, en ese primer capítulo introductorio hay cierta atmósfera de suspense. No sabemos quién habla, ni con quién, ni sobre quién, y ese halo de misterio aparecerá en otros pasajes del relato, cuando Ana, que habla con su hijo y conoce a todos los protagonistas de la historia, desvela sucesos sin entrar inicialmente en detalles, aunque el lector terminará por unir las piezas, más tarde.

Poco más puedo o debo aportar sobre La buena letra. Me ha parecido una lectura preciosa, muy cercana y muy nostálgica. Ana es un personaje entrañable, a la que he entendido en todo momento, tan humana, con sus debilidades y sus miedos. Chirbes parece que ha escrito una historia sencilla, pero su relato es un análisis del ser humano, de su naturaleza, de sus lados luminosos y oscuros. ¿ Y hay algo más grande que el ser humano?






[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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lunes, 18 de marzo de 2019

EL CRIMEN DEL CONDE NEVILLE de Amélie Nothomb

el crimen del conde neville-amelie nothomb-9788433979865

Editorial: Anagrama.
Fecha publicación: junio, 2017.
Precio: 14,90 €
Género: Narrativa breve.
Nº Páginas: 120 
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN: 9788433979865
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]



Autora

Amélie Nothomb nació en Kobe (Japón) en 1967. Proviene de una antigua familia de Bruselas, aunque pasó su infancia y adolescencia en Extremo Oriente, principalmente en China y Japón, donde su padre fue embajador; en la actualidad reside en París. Desde su primera novela, Higiene del asesino, se convirtió en una de las autoras en lengua francesa más populares y con mayor proyección internacional. Anagrama ha publicado El sabotaje amoroso (premios de la Vocation, Alan-Fournier y Chardonne), Estupor y temblores (Gran Premio de la Academia Francesa y Premio Internet), Metafísica de los tubos (Premio Arcebispo Juan de San Clemente), Cosmética del enemigo, Diccionario de nombres propios, Antichrista, Biografía del hambre, Ácido sulfúrico, Diario de una Golondrina, Ni de Eva ni de Adán (Premio de Flore), Ordeno y mando, Viaje de invierno, Una forma de vida, Matar al padre, Barba Azul, La nostalgia feliz y Pétronille, hitos de "una frenética trayectoria prolífera de historias marcadas por la excentricidad, los sagaces y brillantes diálogos de guionista del Hollywood de los cuarenta y cincuenta, y un exquisito combinado de misterio, fantasía y absurdo siempre con una guinda de talento en su interior" (Javier Aparicio Maydeu, El País). En 2006 se le otorgó el Premio Cultural Leteo en León por el conjunto de su obra, y en 2008 el Grand Prix Jean Giono, asimismo por el conjunto de su obra. 

Sinopsis

El conde Neville acude a la casa de una vidente para recoger a su hija menor. La vidente se la encontró la noche anterior en pleno bosque, en posición fetal y tiritando de frío. Al parecer la adolescente, que responde al singular nombre de Sérieuse, se había fugado del castillo familiar. Pero, antes de llevar al aristocrático progenitor ante su hija, la vidente le toma la mano y le anuncia: "Pronto dará usted una gran fiesta en su casa. Durante esa recepción, usted matará a un invitado".

En efecto, los Neville, excéntrica familia de alcurnia, van a celebrar en breve su fastuosa fiesta anual, a la que invitan a lo más selecto de la sociedad. Esa garden party es una tradición irrenunciable, pese a que los Neville pasan por serios apuros económicos y el conde incluso ha tenido que plantearse vender el castillo y el bosque que lo rodea. Con toda probabilidad ésta será la última gran fiesta que organicen allí. ¿Acabará, tal como anuncia la predicción de la vidente, con un asesinato?

Amélie Nothomb, en plena forma, ironiza sobre ese mundo anacrónico de la nobleza belga que conoce de primera mano. Y lo hace homenajeando y guiñándole el ojo al Oscar Wilde de El crimen de Lord Arthur Savile. El resultado es una deliciosa, juguetona y perversa fábula moderna con tintes tragicómicos, en la que bajo una capa de chispeante levedad asoma una sugestiva indagación literaria sobre el mundo de las apariencias, las relaciones familiares, los secretos del pasado, el dolor de la infancia, las incertidumbres de la adolescencia y el destino, que puede acabar dando sinuosos y sorprendentes giros...

[Información tomada directamente del ejemplar]


Entre tantas recomendaciones como nos hacemos a diario es normal que muchos libros despierten nuestro interés, así que vamos anotando título tras título, con la esperanza de poder leer algún día todo aquello por lo que sentimos curiosidad. A veces suena la flauta. Puede ocurrir que, alguna de esas novelas que tenemos apuntadas resurja del olvido bien en forma de regalo, bien en forma de préstamo o simplemente porque un buen día se nos pasa por la cabeza acudir a una librería (solo a mirar, ¿eh?) y ves de casualidad el título que un día apuntaste en esa lista. Es entonces cuando te entra una inquietud tremenda. Te empiezas a cuestionar qué hacer, si desoír las voces de esas otras muchas novelas que tienes en casa esperando ser leídas, sopesas los pros y los contras (estos últimos son demasiados) y al final, haces lo que te da la gana. ¡Te lo compras! Así ha sucedido con El crimen del conde Neville de Amélie Nothomb, un título que vi por primera vez en el blog de Norah Bennet, En el rincón de una cantina.

Nada más adquirir el volumen, y de nuevo sorteando las protestas del resto de novelas, me dispuse a leerlo. Como es tan breve, apenas algo más de cien páginas, y tiene un argumento divertido aunque con trasfondo, la lectura me duró una tarde pero fue un final de jornada de lo más agradable. Os cuento mis impresiones. 

La sinopsis que aporta Anagrama es bastante completa. Un padre (el conde Neville) acude a la consulta de una vidente (Madame Portenduére) para recoger a su hija menor (Sérieuse). Al parecer la mujer se encontró a la joven la noche antes en el bosque, sola y tiritando de frío. Se la lleva a casa y al día siguiente llama al padre con quien tiene unas palabras. A la vidente le parece extraño que la joven se haya fugado de casa. Cree que existe un problema de base, algún tipo de desatención o falta de cariño, que la joven se siente abandonada y por eso decide marcharse del seno familiar. Madame Portenduére sermonea al conde y al despedirse de él le da la mano. ¡Zas! (chispazo). La vidente ha tenido una visión. ¿De qué se trata? ¿Qué es eso que cambiará totalmente la vida de este ejemplo de la aristocracia belga? Pues ni más ni menos que un crimen. La vidente predice que el conde Neville matará a uno de los invitados en la próxima fiesta que organice en su castillo, un acto que tendrá lugar en un mes aproximadamente. Sin embargo, lo dice de una forma totalmente despreocupada, quitándole importancia al asunto lo que desconcierta aún más al conde, un hombre que no cree en este tipo de premoniciones, o pensaba que no creía en ellas porque, lo cierto es que desde que la vidente pronuncia estas palabras ya no dejará de pensar en ello. 

El argumento de El crimen del conde Neville juega a dos bandas. Desde primer momento percibimos un lado cómico que como bien dice la sinopsis recuerda mucho a las comedias de Oscar Wilde. El personaje principal está en un verdadero aprieto y no sabe cómo salir del entuerto de la forma más airosa posible. El conde elucubrará sobre las diversas hipótesis que tiene por delante y sus planteamientos no dejarán de provocar una sonrisa en el lector. No obstante, bajo la comicidad que se respira en estas páginas subyace algunos temas más peliagudos. Buena parte de ese aire más dramático saldrá a la luz a través de su hija Sérieuse, una joven que ha sufrido una transformación de la que el lector no será testigo. Tras dejar atrás la niñez y adentrarse en la adolescencia, la joven ha perdido todo su esplendor y brillo. Si a los doce años era una muchacha alegre y risueña, ahora, cumplidos ya los dieciséis se ha tornado en una adolescente taciturna, introspectiva y silenciosa, asunto que preocupa mucho a sus padres. La joven parece no encontrar su sitio en el mundo, un entorno y una vida que ha dejado de interesarle, pues no le produce ni la más mínima sensación, ni dolor ni bienestar, ni frío ni calor. Todo ha dejado de importarle y por eso lleva a cabo experimentos como pasar una noche sola en pleno bosque. Sérieuse será un verdadero dolor de cabeza para su padre, pero su actitud, sus reacciones y sus argumentos portarán también un hálito de humor que enriquece mucho el argumento. La autora abordará a través de este personaje toda la incertidumbre que acecha a los jóvenes cuando pasan de una etapa a otra, algo que siempre se ha tratado con mucha ligereza pero que puede producir pavor. 

Pero el drama también viene de la mano de Louise, la hermana del conde Neville, una historia que pesa enormemente sobre los hombros del personaje. Esta parte lleva aparejada otro mordisco más, una crítica ácida con respecto al estilo de vida de la aristocracia, el afán por seguir unos patrones que conducen al hombre a guardar las apariencias con las consecuencias que eso conlleva. No pasa nada si nos morimos de hambre porque vivimos en un castillo, un lugar que el conde Neville llama 'amor mío', que se cae a pedazos y que debido a su honestidad - otro toque de atención de la autora - no pueden mantener y tendrán que deshacerse de él. Y es que la nobleza es pura hipocresía, un individuo con doble cara que muestra una u otra según convenga, más preocupada por el qué dirán que por el sentido de la justicia.

Los personajes están perfectamente definidos, tanto física como psicológicamente. El conde Neville es un hombre sencillo y extremadamente honesto, algo muy perjudicial si uno quiere prosperar en la vida. Considerado el perfecto anfitrión, se desvive por organizar una fiesta impoluta en la que todo esté perfectamente trazado. ¿Cómo se va a producir un asesinato en una fiesta organizada por él? Por su parte, los hijos también están dibujados con maestría. Oreste es un joven atlético y apuesto que despierta el deseo de las jovencitas. Es lo que se llama un buen partido y podría forjar un buen matrimonio. Por su parte Électre, es una joven hermosa, encantadora y toda virtud. Ninguno de los dos parece darse cuenta de la admiración que despiertan. Asisten a los actos sociales pero se aíslan, mientras que todos los demás quisieran ser ellos o casarse con ellos, hasta la propia Sérieuse, la única más sociable hasta el momento de su transformación.

Pero los hijos tienen un protagonismo que les viene impuesto por sus propios nombres. Oreste y Electra fueron los hijos de Agamenón y Clitemnestra. También tuvieron otra hija más, Iphigénie y hubiera sido más lógico que el conde usara ese nombre en vez de Sérieuse para su tercera hija pero 'sérieuse' es un vocablo francés que significa 'serio'. Todo está medido en esta novela, todo tiene que ver con la historia de Agamenón que le da cierto sentido al argumento. 

Algo muy curioso es el contexto temporal. Al inicio del relato sabremos en qué época se desarrolla la acción. No hay ninguna referencia temporal explícita. Sin embargo, en todo momento he tenido la sensación de estar en la época victoriana. Nothomb nos presenta una familia aristocrática que bien podría vivir en el reinado de Victoria I pero lo más gracioso es que, a medida que vamos avanzando en la lectura, vamos a descubrir un hecho sorprendente. Toda la acción transcurre en 2014. Atónita me quedé. Así se especifica en algún momento y figuran un montón de datos que corroboran que la acción transcurre en un pasado reciente. Y sin embargo, no he podido desprenderme de mi sensación inicial en ningún momento. 

Escrito en tercera persona, la novela es de muy corta extensión (algo más de cien páginas) y con un total de trece capítulos sin numerar que también son muy breves. En esta novela predomina el diálogo lleno de agudeza e ingenio, lo que combina perfectamente con la parte más reflexiva. La autora emplea la ironía y la mordacidad para despertar la sonrisa del lector, al que conduce hacia un desenlace que no podía ser más brillante. Es un cierre de oro para una novela que supone una delicia y una buena manera de adentrarte en la pluma de Nothomb si no lo has hecho hasta ahora. A mí sinceramente me ha encantado. Sé que es una autora peculiar, así me lo han confirmado otros lectores y el propio librero que me vendió este volumen, pero no quisiera quedarme aquí. Es posible que vuelva a reencontrarme con esta autora en breve. Mientras tanto, yo os animo a leer El crimen del conde Neville, una comedia, con tintes trágicos, que te transporta a una época pasada para homenajear a Oscar Wilde. 







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

lunes, 30 de octubre de 2017

TRES VECES AL AMANECER de Alessandro Baricco.


Editorial: Anagrama.
Fecha publicación: noviembre, 2013
 Precio:  13,97 €
Género: Narrativa.
Nª Páginas:104
Edición: Tapa blanda con solapa
ISBN: 978-84-339-7879-0
[Disponible en eBook]

Autor

Alessandro Baricco (Turín, 1958) es autor de las novelas Tierras de cristal (Premio Selezione Campiello y Prix Médicis Étranger), Océano mar (Premio Viareggio), Seda, City, Sin sangre, Esta historia, Emaús, Mr Gwyn, así como Tres veces al amanecer, publicadas en esta editorial, al igual que el monólogo teatral Novecento, la majestuosa reescritura de Homero, Ilíada y los ensayos recogidos en Next (Sobre la globalización y el mundo que viene) y en Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación. Baricco dirigió el programa de libros «Pickwick» para Raitre, que «invitó a los italianos a redescubrir el placer de la lectura» (Claudio Paglieri), y en 1994 fundó en Turín una escuela de «técnicas de escritura», llamada Holden (como homenaje a Salinger), que ha tenido, bajo su dirección, un éxito clamoroso. A partir de Seda, que se ha convertido un longseller ininterrumpido, tanto en Italia como internacionalmente, se consagró como uno de los grandes escritores italianos de las nuevas generaciones.

Sinopsis 

En una de las páginas de Mr Gwyn, la última novela de Alessandro Baricco, se aludía a cierta obra titulada Tres veces al amanecer, atribuida a un apócrifo autor angloindio, Akash Narayan. El afamado autor de Seda ha querido ofrecernos ahora esa obra, una secuela autónoma e independiente por completo (casi un mero pretexto, el punto de partida), un complejo mecanismo narrativo que hará las delicias del lector. 

Dos desconocidos, un hombre y una mujer, se encuentran tres veces en el vestíbulo de un hotel, poco antes del amanecer. Cada encuentro es único, y primero, y último: aunque se trate de los mismos personajes, sus destinos se cruzan en tres momentos distintos de sus vidas. Son dos adultos, primero; luego, un anciano portero de noche y una adolescente; finalmente, un chico y una policía ya madura, según una lógica temporal que no es la que se manifiesta en nuestra rígida realidad, sino que sólo resulta viable en la privilegiada mecánica de la ficción. Cada encuentro exigirá de ellos una elección cuyas repercusiones conformarán el resto de sus vidas. 

Estos tres relatos constituyen una novela posible que recrea el lector en su mente y que presenta algunos de los temas propios del autor: la posibilidad (o imposibilidad) del cambio, la arbitrariedad del destino humano o la responsabilidad hacia el prójimo, siempre a la luz difusa del amanecer, que sugiere y revela, descubre y perfila, colocando las cosas en su sitio en el momento de su aparición. 

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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Mi relación con Alessandro Baricco comenzó regular. En el año 2000, cuando cursaba estudios de alemán -idioma que ya ha debido atrofiarse en mi cerebro por falta de uso- mi profesora nos propuso leer Seda de un autor italiano del que yo no había oído hablar jamás. Aquello fue un calvario. Me costó la misma vida comprender la trama, diccionario en mano cada dos palabras, y llegué al final de la obra con un cansancio tremendo. Injustamente juré no acercarme más a un libro de Baricco pero, con el paso del tiempo, entendí que aquel castigo era irracional. Así que, poco a poco he ido cambiando de parecer, máxime cuando he leído tan buenas opiniones de Seda, novela que  fue llevada al cine en 2007, y aquí me tenéis, remendando mi error con Tres veces al amanecer, con la que he me reconciliado un tanto con el autor.

Tres veces al amanecer es un libro breve pero no de breve lectura. Lo componen tres relatos con varios denominadores en común. Se trata de tres historias distintas o similares, según lo quiera percibir el lector, llenas de sutilezas, de sorpresas, de desenlaces inesperados y especialmente de personajes que calan en el lector. Es diferente. Es lo que percibimos cuando leemos las palabras que anteceden las tres historias.

«Estas páginas relatan una historia verosímil que, sin embargo, nunca podría suceder en la realidad. Narran de hecho la historia de dos personajes que se encuentran tres veces, aunque cada una de ellas es la única, y la primera, y la última. Pueden hacerlo porque habitan un Tiempo anómalo que inútilmente buscaríamos en la experiencia cotidiana. Lo establecen las narraciones, de tanto en tanto, y éste es uno de sus privilegios».

Y se explica en la Nota de Autor que preambula esta novela que, Tres veces al amanecer surge a raíz de una novela previa, Mr. Gywn, una historia donde se hace  alusión reiterada a una obra de ficción, inexistente, y que lleva por título precisamente el mismo con el que se denomina esta. Se podría decir que hay un componente metaliterario -esto que tanto nos gusta a los lectores- pues en la existencia de una obra radica el nacimiento de otra. Y si te preocupa que exista alguna conexión esencial entre ambas, una relación que obligue a leer una antes que otra, os diré con alivio que no resulta necesario. Tres veces al amanecer es totalmente independiente. Hablemos de las tres historias.

Uno. A las cuatro de la madrugada, casi a punto de amanecer, un hombre sentado en el vestíbulo de un hotel observa cómo una señora elegantemente ataviada entra en el establecimiento. 

«... parecía una actriz que acabara de entrar a los bastidores, liberada de la obligación de actuar y de retornar a su ser, más sincero». [pág. 15]

Se establece entre ellos una conversación que desatará una situación alocada inicialmente y que, poco a poco, irá dando pie a un diálogo más sosegado. De esta primera historia destacaría el personaje femenino, una mujer que pierde repentinamente toda la elegancia para ganar sensualidad pero que resulta insidiosa, impertinente, descarada e insufrible. Ella altera la paz del hombre, convirtiendo su vida en un circo estrambótico pero es diestra en las distancias cortas, sabe manejarse y captará la atención de su interlocutor  cuando sale a relucir la verdadera cuestión que subyace bajo este relato: empezar la vida de cero. ¿Es posible hacerlo? 

«Me di cuenta de que uno nunca cambia de verdad, que no hay forma de cambiar: como uno es de niño lo será durante toda la vida, no es para cambiar por lo que puede empezar desde cero». [pág 29]
Como encandilado, el hombre se dejará atrapar en el discurso de la mujer y nuestra perspectiva irá rotando al mismo tiempo. Nos haremos preguntas: ¿qué hacía él a las 4 de la madrugada en el vestíbulo del hotel?, ¿por qué ella saca a relucir ese tema en concreto? Preguntas que el autor nos obliga a formular, cuya respuesta el lector debe indagar, analizar, escudriñar en el interior de los personajes, en las líneas de diálogos que se entrecruzan hasta llegar a un desenlace que nos deja atónitos. 

Dos. Una pareja llega al hotel. Parece que vienen de fiesta y suben a su habitación. Ella es hermosa. Él es más bien zafio. ¿Qué hacen juntos? El portero nocturno intenta convencer a la chica de que debe abandonar a su novio porque no le conviene. Se lo toma como algo personal, intenta abrir los ojos a la muchacha mientras que él, casi en una confesión a medias, desvela un pasado trágico. Juntos emprenden una aventura, una huida hacia no se sabe muy bien dónde. El portero se eleva como salvador de la joven que ha caído ciega en los brazos de un monstruo. Y vuelven las preguntas: ¿por qué el portero actúa así?, ¿qué ha recordado cuando ha visto a la joven pareja? En este tipo de historias entiendo que lo más importante es la acción presente por eso hay ciertas incógnitas que pueden quedar en el aire. En cualquier caso, de los tres relatos es el que menos me ha llenado aunque confieso que la vida del portero, su drama personal y sus motivaciones lo convierten en un personaje interesante. 

Tres. La pieza que más me ha gustado de inicio a fin. Una mujer policía está a cargo de un niño de trece años. Lo tiene recluido en una habitación de hotel. Algo ha pasado en la vida del pequeño y necesita protección, cuidado o vigilancia, eso ya lo iremos viendo. La narración es absorbente, es por eso por lo que me ha gustado tanto. Aunque en los anteriores relatos también pasarán cosas extrañas y peliagudas, aquí la tensión se masca y es casi palpable. De nuevo nos encontramos con una huida, con un personaje que intenta ¿salvar? a otro pero ¿de qué? La mujer policía, a punto de jubilarse, de liberarse de un jefe con el que mantiene una relación difícil, se rebela contra las normas y contra sí misma. Con una familia desarmada a sus espaldas, siente que la situación la supera. 


Las tres piezas están muy dialogadas, alternando un diálogo tradicional, aunque carente del típico guion, muy apresurado, casi incómodo, con una conversación inserta en la narración que, en ocasiones adquiere tintes un tanto surrealistas.

Como dije antes hay varios denominadores comunes en estas historias. Para empezar, el hotel es el lugar en el que se inician los tres relatos. Es un hotel decadente que yo, no sé muy bien por qué, me he imaginado con una decoración decimonónica. En los dos primeros relatos tendrá mucho más protagonismo pues prácticamente toda la narración transcurre entre las paredes del establecimiento. No ocurrirá así en la tercera. 

Luego están los personajes entre los que existen paralelismos. Algunos comparten profesión, otros compartirán su nombre. ¿Son los mismos personajes pero en distinto plano? ¿Hay como una superposición de universos? ¿Los que son adultos en un relato son niños en otro? Creo que son textos que dan pie a muchísimas interpretaciones y esto es lo que convierte este libro en una lectura distinta e inquietante.  Además, se advierten evidentes diferencias, pequeños matices entre la personalidad de las mujeres y los hombres protagonistas de estos relatos. Ellas tienen un carácter más vivo, son más lanzadas, más valientes, mientras que ellos viven como en un estado de sometimiento, con resignación. 


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Y luego el simbolismo, la importancia de la luz del amanecer que todo lo trastoca, todo lo aclara, todo lo ilumina, poniendo a la vista del mundo lo que la oscuridad esconde. Es mágica la manera en la que los amaneceres influencian a los personajes, cómo los captura con su luminosidad.

En definitiva, y como dije al principio, Tres veces al amanecer es una lectura que me ha reconciliado con el autor. No me parece un libro apto para cualquier circunstancia o lugar. Requiere también un lector curioso, incisivo, de los que gusta hurgar en la personalidad de los personajes, uno de los puntos claves de estos relatos. 


[Algunas imágenes e ilustraciones tomadas de Google]


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viernes, 11 de marzo de 2016

LA LEYENDA DEL SANTO BEBEDOR de Joseph Roth.



Editorial: Anagrama.
Colección: Panorama de narrativa
Fecha publicación: Febrero, 1981.
Nº Páginas: 94 
Precio: 11,90 €
Género: Narrativa.
Edición: Tapa blanda con solapas.
ISBN: 978-84-339-3006-4


Autor

Joseph Roth (1894-1939) nació en Ucrania y fue oficial del Imperio austrohúngaro en la Primera Guerra Mundial, periodista (a partir de 1918) y novelista. En 1933, después del triunfo nazi, tuvo que exiliarse de Alemania, donde residía. Murió en París en 1939. Su obra es una vasta construcción de ensayos, relatos y novelas donde temas y personajes recurrentes aparecen en los más variados contextos. Está considerado, con Broch y Musil, como uno de los mayores escritores centroeuropeos de este siglo.

En esta colección se han publicado La Leyenda del Santo Bebedor, A diestra y siniestra, La noche mil dos y Confesión de un asesino. 

Sinopsis

La leyenda del Santo Bebedor fue publicada por primera vez en 1939, pocos meses después de la muerte de Roth, exiliado en París, y puede ser considerada, por muchos motivos, su testamento, la parábola transparente y misteriosa que encierra la cifra de su autor, hoy redescubierto como uno de los más extraordinarios narradores del siglo. El clochar de Andresas Kartak, originario como Roth de las provincias orientales del Imperio austrohúngaro, encuentra en una noche, bajo los puentes del Sena, un enigmático desconocido que le ofrece doscientos francos. El clochard, que tiene un puntilloso sentido del honor, en principio no quiere aceptarlos, porque sabe que nunca podrá devolverlos. El desconocido le sugiere restituirlos cuando pueda, a la santa Teresita de Lisieux de la iglesia de Sainte Marie des Batignolles. Desde este momento, la vida del clochard es un continuo acercarse y perderse en el camino hacia la iglesia, para cumplir su imposible compromiso.

Es como si el clochard deseara una sola cosa en su vida -devolver aquel dinero- y, al mismo tiempo, no esperase sino ser desviado por innumerables absentas, por mujeres casualmente encontradas, por viejos amigos que reaparecen como comparsas fantasmales. Toda la desgarrada dispersión de la vida de Roth -y en especial de los últimos años, cuando, también en París, encontraba una suprema, última lucidez en el alcohol- se transparenta en esta imagen de un hombre ya tranquilamente ajeno a cualquier sociedad, visitado por jirones de recuerdos, generosamente disponible respecto a todo lo que le sale al paso- y, en secreto, fiel a un único y aparentemente inútil voto.

Asimismo, este texto -como señala Carlos Barral en su feliz prólogo- es un apólogo sobre la sacralidad del vino: "De cómo el vino transforma el mundo, cambia las leyes, todas, incluso la virtud de los santos, para  hacerlo habitable y agradable a los que creen en él."    




[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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A los lectores la vida nos va poniendo libros por el camino. Me encontraba en una librería de mi ciudad, una de esas que forman parte de una cadena y que pierden el encanto de los rincones de barrio o incluso de los tenderetes callejeros donde la literatura parece que tiene otro sabor. No obstante si acudo a esa librería en concreto es porque uno, solo uno, de sus dependientes es un grato conversador, de los que tratan a los clientes con calor, interesado por tus gustos, casi con demasiada curiosidad, cotejándolos con los suyos pero que te aconseja desde la sinceridad tal o cual lectura. Nada que ver con la asepsia y la frialdad que generalmente encuentro en esta librería o en alguna otra bajo el mismo sello, en las que, por paradójico que parezca, si pides un libro es como si le estuvieras pidiendo un préstamo.

La cuestión es que vagabundeando entre los estantes me encontré este pequeño librito de Joseph Roth. Nunca me había parado a leer nada suyo y eso que adoro las obras del que fue su gran amigo Stefan Zweig. La sinopsis, extensa y detallada, me pareció demasiado tentadora como para dejar el libro atrás y qué decir de su título. 

Y comencé a leerlo apenas hace unas horas y descubrí que La leyenda del santo bebedor es casi como una comedia de enredo, un cuento en el que su protagonista, tocado por los misterios de la vida, los milagros si lo que queremos ver desde un punto de vista religioso o simplemente por la fortuna, se ve envuelto en una aventura que gira sobre sí misma en forma de bucle del que el personaje casi no puede salir.


Andreas Kartak es un vagabundo que en su día tuvo otra vida pero que, por circunstancias pasadas se ve ahora relegado a los bajos fondos, a vivir bajo los puentes que cruzan el Sena, a mendigar y a combatir el frío con papeles de periódico. La cosa es que, sin que sepamos por qué extraña alineación de los planetas, un día se tropieza con un hombre elegantemente vestido que le concede la gracia de 200 francos. ¿Por qué? ¿Es una acción desinteresada o hay algo a cambio? El caballero no es más que un buen samaritano, alguien que ha sido iluminado y que ahora desea iluminar a los demás pero Andreas es un personaje conmovedor. Él no es un vagabundo cualquiera, uno de esos maleantes que siempre andan al acecho de lo ajeno y que tienen como propósito aprovecharse del contrario. No. Andreas es un vagabundo con honor y criterio, que cuestiona los golpes de suerte con los que la vida le sorprende y no acepta nada sin algo a cambio. Por eso se plantea un objetivo concreto: realizar una acción en un lugar y a una hora determinada. Si lo consigue o no lo iremos viendo a lo largo de las apenas cien páginas con las que cuenta esta joya.

Lamentablemente, y aunque en su ánimo está el corresponder, Andreas es un personaje débil de carácterque se deja llevar, no solo por los hombres y mujeres que van surgiendo en su camino hacia el objetivo, sino también por la cálida atmósfera de un bistro o por la sensualidad bucal de un buen vino. A pesar de que se enreda una y otra vez en una espiral de la que parece que no va a salir, el lector tenderá una mano amiga a Andreas, lo entenderá y sentirá hasta cierta compasión por los obstáculos que encuentra antes de culminar su meta. 

Uno de los mensajes que más me gustan de este libro tiene que ver con el valor que le damos al dinero. El que no lo posee puede vivir sin él pero en el momento en que Andreas siente un franco en su bolsillo, la perspectiva cambia. No duele aquello que no se tiene sino lo que se ha perdido. 

La leyenda del santo bebedor o Die Legende vom heiligen Trinker, título original de la pieza, posee una prosa que a mí me ha parecido sencilla pero no por ello menos hermosa. Resultó ser el último libro que Roth publicó en vida y cuenta con un fabuloso prólogo de Carlos Barral en esta edición, una compilación de observaciones relativas a la obra de Roth, salpicadas por experiencias propias inspiradas por el dios Baco o bien reflexiones sobre la noble liturgia del vino que resultan tan divertidas, que no se bien si el libro me ha gustado tanto por el prólogo o el prólogo tanto por el libro. 


«Los apóstoles del antialcoholismo no son analcohólicos de nación, sino siniestros conversos. Cinicos frustrados que vociferan que el mundo sin alcohol es más hermoso, la bondad más fácil de prácticar, la letra más fácil de entender, la belleza y la verdad más asequibles». [pág. 11]


Lo que viene a ser lo mismo que la intolerancia de los que somos ex fumadores. 

En quince capítulos de corta extensión, Roth nos contará los avatares de Andreas, una historia que se nos hará sumamente corta y no solo por la longitud del texto sino por el desarrollo de los hechos en si. Pero, un libro como este, con esta temática bien merece un apunte sobre la vida del autor. La leyenda del santo bebedor nos podrá parecer una obra cómica, escrita en un momento en el que la risa lo predomina todo pero hay un enorme problema de fondo que llevó a Joseph Roth a una situación delicada de salud, tan delicada como que acabó con su vida.

Joseph Roth tuvo un severo problema de alcoholismo. Por mirarle el lado positivo al asunto, al menos le valió para construir un personaje totalmente verosímil que se deja enredar constantemente siempre ante la tentación de una gota de alcohol. Podemos apreciar ciertos paralelismos entre el autor y el protagonista. Ambos son exiliados que terminan por recalar en París y a ambos le perdía una buena copa de vino. Prueba de ello nos la de Herman Kesten en el epílogo de este libro, en el que nos narra la última vez que vio al autor con vida. No podía ser en otro lugar más que en un café, sumergido en una consunción de absenta tras otra. 

No deja de ser curioso que me haya acercado al autor austrohúngaro por el final, es decir, con sus últimas palabras escritas. Un final que sin duda me anima a acercarme a su principio.

Desde aquí os recomiendo muchísimo la lectura de este libro que insisto, si bien tiene un base humorística, hay mucho más entre bambalinas. 



[Ilustraciones e imágenes tomadas de Google]

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viernes, 9 de enero de 2015

CARRETERAS SECUNDARIAS de Ignacio Martínez de Pisón.


Editorial: Anagrama.
Colección: Compactos.
Fecha edición: --
Nº Páginas: 256.
Precio:  6,00 €
Género: Narrativa hispánica. 
Edición: Tapa blanca.
ISBN: 978-84-3396-668-1

Autor

Ignacio Martínez de Pisón nació en Zaragoza en 1960 y reside actualmente en Barcelona. Está considerado como uno de los escritores más relevantes de la narrativa española de su generación. En Anagrama ha publicado las novelas La ternura del dragón, Nuevo plano de la ciudad secreta, Carreteras secundarias, María bonita y El tiempo de las mujeres, así como las colecciones de relatos Alguien te observa en secreto, Antofagasta, El fin de los buenos tiempos y Foto de familia.  

Sinopsis

Un adolescente y su padre viajan por la España de 1974. El coche, un Citroën Tiburón, es lo único que poseen. Su vida es una continua mudanza, pero todos los apartamentos por los que pasan tienen al menos una cosa en común: el estar situados en urbanizaciones costeras, desoladas e inhóspitas en los meses de temporada baja. Las solitarias playas de invierno son pues el paisaje al que están habituados los ojos de Felipe, el protagonista adolescente. Bien pronto, sin embargo, tendrán que alejarse del mar, y eso impondrá a sus vidas un radical cambio de rumbo. «Antes», comentará el propio Felipe, «no sabíamos hacia dónde íbamos pero al menos sabíamos por donde». A veces conmovedora y a veces amarga, Carreteras secundarias es también una novela de humor cuyas páginas destilan un sobrio lirismo, en las que Ignacio Martínez de Pisón se ratifica como uno de los mejores narradores de su generación. 


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Me alegré mucho cuando nos anunciaron que leeríamos Carreteras secundarias en el club. La historia ya la conocía por su versión cinematográfica de 1997, una adaptación llevaba a la pantalla por Emilio Martínez Lázaro, con guión del propio autor, y protagonizada por Antonio Resines, Fernando Ramallo, Maribel Verdú y Miriam Díaz Aroca, entre otros. Recordaba de aquella road movie las aventuras y desventuras de sus protagonistas con cierto humor, así que me apetecía mucho acercarme al texto original, aunque eso implicara no poder evitar imaginarme a los personajes con la cara de Resines y Ramallo.

Las primeras páginas de la novela nos habla de lugares deshabitados. Parajes que en otros tiempos bulleron de actividad y vida pero que ahora son desiertos urbanísticos. Esto, que en principio se podía entender como una mera descripción del lugar en el que se inicia la acción, esconde algo mucho más serio pues esa desolación, esa soledad es la misma que anida en la vida de sus protagonistas principales, un padre y un hijo con una relación casi exigua. 

Felipe y su padre, un hombre de mediana edad sin oficio ni beneficio, constituyen una pareja peculiar, unos tirititeros de la vida que deambulan de un lado a otro en busca de una fortuna que no llega. Resulta curioso que el padre ande siempre a la caza del éxito, la aceptación social, el bienestar cuando procede de una familia de Vitoria bien situada desde tiempo atrás pero, por algún motivo que el hijo desconoce, este rompió todo vinculo con su madre y hermanos. Felipe no entiende por qué andan pasando penurias, por qué no dejan de mudarse constantemente de una casa a otra, la siguiente más deplorable que la anterior, por qué no recurrir a esa familia a la que tender la mano para dejarse cobijar. Ese constante transitar, esa falta de inestabilidad que caracteriza sus vidas unido a los fracasos de su padre provocaran un desapego aún mayor entre ellos. 

De la madre de Felipe sabremos poco, apenas unos esbozos, unos recuerdos de momentos más dichosos que quedaron atrás, cuando la familia gozaba de felicidad. Ahora, con la madre muerta, parece que la suerte se empeña en torcerse una y otra vez, engullendo al padre y al hijo en una espiral de calamidades, hundiéndolos cada vez más en la miseria, distanciándolos más si cabe, a pesar de que el padre lucha por el bienestar de ambos, vertiendo en sus propósitos unas ganas inmensas y mucha ilusión, mientras que el hijo recibe los esfuerzos de su padre con gran desánimo.

En el fondo no deja de ser una historia cargada de gran realismo. Aunque transcurre a mediados de los años 70, la historia bien se podría extrapolar a los tiempos actuales. Los adolescentes siguen pasando por esos periodos de rechazo absoluto, de conflictos con sus progenitores a los que no entienden y por los que no son entendidos, mientras que muchos padres de hoy en día hacen malabares para mantener a flote a la familia  y por eso, con la esperanza de un golpe de suerte, se meten en jardines de los que a veces no saben como salir. No hay pecado en ello. El fin es bueno como lo es el del padre de Felipe cuando decide convertirse en representante de artistas mediocres, montar un establecimiento ilegal de telecomunicaciones o hacer negocios infructuosos en la base militar americana de Zaragoza. 

Y si realista es la historia también lo son los personajes, muy creíbles y bien perfilados. Durante el debate que realizamos en el club sobre esta novela, muchos compañeros manifestaron su rechazo por esta figura paterna al que veían como un sinvergüenza, un estafador, un delincuente. En  definitiva, una mala influencia para el hijo. A mí me ocurrió todo lo contrario. Yo era incapaz de ver al personaje perverso que todos veían y, aunque es cierto que siempre se vanagloria absurdamente de su inteligencia, que se cree afortunado simplemente por conducir un Citroën Tiburon, su mayor tesoro, que se muestra excesivamente altivo y ufano, alardeando de una dignidad que solo le conduce al desastre, en el fondo yo lo veía como un pobre desgraciado que no tenía donde caerse muerto, un desdichado del que muchos se aprovechan y al que todo le sale mal. 



En cuanto a Felipe, hay que bucear en su pensamiento para conocer su verdadera esencia. Es cierto que se burla de su padre constantemente, es cierto que miente a todo el mundo en cuanto a la profesión que este ejerce, es cierto que se avergüenza de él, pero también es verdad que no tolera que otros se mofen de su padre y eso solo puede significar que, más allá de sus desplantes, entiende que aquel hombre no deja de ser su padre, por muy miserable que le parezca. Aun así, lo peor que le podría ocurrir es terminar siendo como él, un frustrado más, que da tumbos de un lugar a otro, intentando recuperar lo que un día perdió, buscando en otras mujeres lo que tenía con su esposa fallecida y mintiéndose a sí mismo para sentirse mejor. 

Felipe es para mi el epicentro de esta historia. Lo más destacable es la evolución que va experimentando el personaje. La visión que tiene el niño de su padre, el concepto que tiene del amor y en general de la vida, todo eso irá cambiando a medida que pasa el tiempo. A todos nos ha ocurrido. A ciertas edades uno no tiene perspectiva suficiente como para valorar el mundo y las personas que nos rodean. Hará falta tiempo, será necesario que ocurra alguna desgracia para abrir los ojos, como los abrirá Felipe justo en el momento en el que consigue todo aquello que siempre ha soñado.  A veces, las cosas inalcanzables pierden todo su esplendor una vez que las tenemos al alcance de la mano. 

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