lunes, 19 de marzo de 2018

LOS DESERTORES DE OXFORD STREET de José Luis Ordóñez

Editorial: Algaida.
Fecha publicación: febrero, 2018.
Precio: 20,00 €
Género: Romántica.
Nº Páginas: 664
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN:
978-84-9067-893-0
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]



Autor

José Luis Ordóñez nació en Sevilla en 1973. Es licenciado en Filología, tiene un Máster Internacional en Guion y colabora como crítico de cine en Canal Sur Radio. Ha sido premiado en el campo del cortometraje, la novela, el relato breve y el teatro. En el ámbito del género negro, ha ganado el VII Premio Sexto Continente de Relato con "El amor solo existe en las novelas", publicado en Antología del Relato Negro IV (2011) y el Accésit del II Premio de Novela Negra Wilkie Collins con Madera podrida con un clavo oxidado (2013).

En 2017 participa en la antología Siete piezas de teatro breve, y publica las novelas Junior y la carta fantasma y Los monstruos del escritor.

Desde su columna como colaborador de Solo Novela Negra, ofrece un aspecto diferente del género policial y negro. 

Sinopsis

Diciembre de 1899. Abraham Van Helsing decide utilizar la máquina del tiempo que ha construido para devolverle la vida a su sobrina Emily, muerta en trágicas circunstancias. Pero la máquina aún no está perfeccionada y los cinco intentos anteriores han fracasado, provocando la muerte de los viajeros.

Desesperado, y convencido de que el viaje en el tiempo resulta letal para el corazón de los seres vivos, Van Helsing recurre a un no-muerto para que realice la prueba definitiva: nada menos que su archienemigo, el mismísimo conde Drácula, que vive en Londres bajo la identidad del conde Erik Larsson.

Una aventura decimonónica que revela la existencia de una poderosa sociedad secreta con miembros como Wyatt Earp o Jules Verne.

[Información tomada directamente del ejemplar]
 


El  pasado jueves tuvo lugar la presentación de la novela Los Desertores de Oxford Street de José Luis Ordóñez (Algaida Editores), un acto al que tuve la oportunidad de acudir en primera línea de combate, acompañando al autor en esta puesta de largo. A pesar de que la climatología invitaba a quedarse en casa, sobre las 19 horas se fueron congregando amigos y lectores que prácticamente completaron el aforo de la sala de presentaciones en la librería Casa del Libro. Mucha era la expectación por saber qué escondía las páginas de la nueva novela de Ordóñez, la que hace la número quinta, después de que, desde finales de 2017, publicara dos novelas más, Los monstruos del escritor y Junior y la carta fantasma.

Tras los agradecimientos de rigor, quise hacer un breve repaso a la trayectoria del autor resaltando su formación académica en literatura y cine, con diversas publicaciones individuales, colaboraciones en proyectos colectivos, dirección de diversos cortometrajes, estrenos teatrales, participación en programas culturales radiofónicos como crítico de cine,... actividades por la que ha recibido diversos premios y menciones para, a continuación, entrar de lleno en la novela de la que paso a daros detalles.

Como podéis comprobar la sinopsis de la novela nos habla de una sociedad secreta, precisamente la que da título al volumen 'Los Desertores de Oxford Street'. En el 123 de Oxford Street se reúnen intelectuales, científicos y escritores que pretenden desarrollar el progreso a una velocidad superior que el resto del mundo. Son mentes brillantes que llevan a cabo estudios y experimentos que contribuyen a favorecer el avance tecnológico siempre en beneficio del mundo. A esta sociedad pertenece uno de los personajes principales de la novela, Abraham Van Helsing, el famoso cazavampiros, que en diciembre de 1899 vive sumido en un profundo pesar. Su adorada sobrina Emily falleció unos meses atrás y él, valiéndose de unos de los inventos de la sociedad secreta a la que pertenece -una máquina del tiempo-, pretende que alguien en su nombre viaje al pasado para rescatar de una muerte segura a su sobrina.

Así pues, Los Desertores... nos propone un viaje en el tiempo, un viaje hacia un pasado reciente, al 14 de agosto de 1899, para cambiar algunos hechos en el curso de la historia. Siendo así, la novela nos propone dos hilos temporales que se entremezclan y que constituye un sólido armazón sobre el que se sustenta toda la historia. Como es habitual en argumentos de esta índole en el que se alterna el pasado y el presente, en esta novela se juega con la elipsis narrativa de tal modo que la trama se iniciará con unos capítulos introductorios que narrarán lo acontecido poco antes de ese diciembre de 1899. Posteriormente conoceremos los hechos que se producen entre el 24 y el 25 de diciembre, noche en la que se pone en marcha el viaje en el tiempo. Y por último, conoceremos lo que ocurre a partir del 14 de agosto, periodo en el que Van Helsing emprende un viaje a Francia y tendrá lugar la muerte de Emily. Todo eso en ese mismo año de 1899.

Y para salvar a su sobrina, a Van Helsing no se le ocurre nada mejor que acudir a su más temido enemigo, a un no-muerto, al mismísimo Drácula y aquí ya empieza una de las múltiples peculiaridades que tiene esta novela porque, reunir en la misma habitación a dos antagonistas no puede, a priori, traer nada bueno. Ambos son personajes de ficción en la novela de Bram Stoker aunque José Luis les concede una existencia real, un verdadero hálito de vida en su novela. Y aunque parezca una auténtica locura, lo cierto es que Drácula emprenderá ese viaje en el tiempo con el 'noble propósito' de ayudar a Van Helsing y salvar a Emily. Bueno, lo de noble propósito es cuestionable pero mejor no os desvelo nada más.

Pero por si todo esto fuera poco, la novela cuenta con unas cuantas subtramas como por ejemplo la presencia de una extraña secta en una población cercana a París cuya existencia gira alrededor de un libro maldito o la aparición de una peculiar comunidad en una isla de las costas de Brasil cuyos miembros llevan un curioso dibujo tatuado en su piel. Trama y subtramas quedan debidamente conectadas de tal modo que la novela adquiere una complejidad brutal en la que no hay fisuras, ni cabos sueltos. El lector, al que el autor lleva en volandas de sorpresa en sorpresa, irá recorriendo el camino que Ordóñez nos propone sobre un engranaje perfecto, en el que las ruedas dentadas encajan a la perfección con un precisión de relojería suiza. Nada queda en el olvido pues la novela está realmente bien urdida y muy bien ejecutada.

Y en cuanto a los personajes habría que decir que estamos ante una novela coral donde entran y salen numerosos personajes, ya sean de ficción o de carne y hueso. Entre los principales vamos a encontrar a esos dos archienemigos conocidos por todos, a Van Helsing y a Drácula, siendo el primero ese individuo valiente, inteligente, sagaz y astuto del que tanto se ha escrito y que incluso tiene su propio spin off cinematográfico. Van Helsing tiene la misión de acabar con Drácula y con todos los convertidos que pueblan la tierra. Será un personaje al que conozcamos en dos momentos de su vida, en el pasado reciente, justo antes de la muerte de su sobrina, mostrándose como un tipo fuerte y recio, y en el presente de la novela cuando, afectado por una enfermedad de la que no quiero desvelar nada, lo veremos en un estado lastimoso. 

Con respecto a Drácula, os diré que para mí es uno de los mejores personajes de la novela, un personaje que además se aleja de la imagen preconcebida que tenemos de este chupasangre. Desde aquella película muda de 1922, pasando por Bela Lugosi, Christopher Lee o incluso Gary Oldman, Drácula siempre ha sido un personaje siniestro, de mirada gélida e hipnotizadora, sin embargo, el Drácula de José Luis Ordóñez es algo distinto. Sigue siendo un tipo del que mejor estar lejos y sigue teniendo porte elegante, envuelto en su sempiterna capa negra, pero este Drácula tiene un sentido de la ironía tremendo y es muy mordaz, hasta el punto de resultar divertido. Y ahí no acaba la cosa pues el vampiro entre los vampiros, a pesar de ser dueño de un corazón que no late, muestras signos de humanidad: es ligeramente compasivo, siente curiosidad, sorpresa e incredulidad, quizá todo ello no son más que reminiscencias de cuando era un ser mortal. De algún modo, Ordóñez lo humaniza, le resta ferocidad y esto, más allá de provocar rechazo en el lector, lo atrae mucho más.

En el terreno femenino, sobresale el personaje de Emily, la sobrina de Van Helsing. Es una joven adelantada a su tiempo, terca, testaruda, observadora y muy obstinada, una jovencita que no encaja en absoluto en los cánones de la época y de la que no se puede esperar nada que venga dictado por la sociedad en la que le toca vivir. Emily no piensa en matrimonio ni en hijos, como cabría esperar, sino en vivir aventuras. Enriquecer su educación, vestir con elegancia o ir a la moda son cuestiones que le traen sin cuidado. En su lugar...


Emily es, sin duda, un personaje muy interesante y con muchos matices que pone en jaque la línea de pensamiento de la época y que cuestiona el papel al que la mujer se ve resignada en ese siglo. Realmente, hubiera disfrutado muchísimo en la manifestación del pasado 8 de marzo pero claro, aun con ese temperamento, no lo tendrá nada fácil. No solamente la sociedad le pone trabas sino que también tiene que lidiar con su tío, un hombre anticuado y machista, como no podría ser de otro modo.

También tendremos personajes algo más secundarios pero con su parcela de protagonismo como Dick Handler, personaje que abre y cierra la novela, un justiciero que se toma la ley por su cuenta y llega hasta donde no llega Scotland Yard o Tom Sideways, un cochero enamoradizo que aparecerá en dos momentos puntuales. Y más, más personajes, irán surcando las páginas de este libro que ya iréis descubriendo con la lectura.

Pero si antes hablaba de las peculiaridades del argumento de esta novela, aquí tengo que hacer otro aporte más porque en Los Desertores... aparecerán personajes reales que harán algún que otro cameo como Julio Verne, Wyatt Earp y otro más que no quiero desvelar por no romper la sorpresa. Salvo con Earp, al que veremos entrado ya en la cincuentena y con ansias de vivir una última aventura más, lo más interesante es que el autor no se toma ninguna licencia sino que realmente estos personajes perfectamente podrían haber estado en ese momento y en ese lugar literario porque efectivamente estaban en ese momento y en ese lugar en el plano real. Y seguimos rizando el rizo, esto no solo ocurre con los personajes sino también con los hechos, pues en la novela se menciona la erupción de un volcán que realmente tuvo lugar y que, en cierto modo afectará a la trama. 


[Fuente: Inés Toro]

Todo esto lleva a pensar en el arduo trabajo que ha tenido que llevar a cabo el autor para encajar tantas y tantas piezas.  Es fácil imaginárselo haciendo cábalas, buscando puntos de conexión, a la caza y captura de esos personajes de la Historia que encajaran en su argumento y dieran a la novela un toque de ingenio. Para que os hagáis una idea, pensad en un puzle de 10.000 piezas y en lo titánico de su ejecución. Así es Los Desertores de Oxford Street.

Y que estamos ante una novela eminentemente aventurera es algo que no podemos obviar porque los personajes corren auténticas hazañas y peripecias, pero tratándose de viajes en el tiempo resulta lógico pensar que tiene su punto de ciencia ficción y más aún, su toque de steampunk, ese subgénero literario dentro de la ciencia ficción con argumentos que se desarrollan en la Inglaterra victoriana donde la tecnología a vapor está a la orden del día. Además no va a faltar el toque romántico, muy sutil porque en esta historia, en la que se viven verdaderas aventuras, en los más momentos más intensos y de más peligro, las relaciones se estrechan dando pie a acciones muy heroicas y románticas. Y claro, si tenemos a Drácula como protagonista, acompañado de algún que otro vampiro más, ¿cómo podía faltar el terror en esta historia? Pues no, no falta y además contribuye a generar su dosis de intriga y suspense. Así pues, si me preguntáis a qué tipo de lectores está dirigido Los Desertores..., sin pensarlo mucho os responderé que a todo el común de los mortales (e inmortales, por hacerle un guiño al vampiro más famoso), porque con una historia tan interesante, un nutrido grupo de personajes y una mezcolanza de géneros como esta, probablemente satisfaga las expectativas de todo el que se acerque a esta historia.

En cuanto a su estructura, la novela cuenta con un capítulo introductorio que antecede a cuatro grandes bloques. Los capítulos son muy breves y muchos terminan en el típico cliffhanger o suspense que alienta al lector a seguir con la lectura. A pesar de las casi 700 páginas, la novela se lee con muchísima agilidad y fluidez. Es cierto que, en los capítulos iniciales, cuando vemos a Van Helsing junto a Drácula proponiéndole ese viaje en el tiempo, la narración es más pausada porque entiendo que el autor pretende que el lector disfrute de la interactuación entre ambos, de la oratoria que manejan, del juego entre el gato y el ratón, con unos diálogos llenos de dobles sentidos, aun así, vas avanzando en la lectura, te vas adentrando en la trama y terminas por aferrarte a sus páginas con ansias de seguir leyendo. Es de esas novelas en las que uno piensa cuando está en el trabajo, que provoca ese deseo de llegar a casa, olvidarse del mundo y sentarse a leer.

Ordóñez posee un estilo refinado y elegante, acorde con los tiempos en los que transcurre la trama. Con una prosa descriptiva en su justa medida, rica en detalles pero sin apabullar, conseguimos hacernos una clara idea de los personajes y de su entorno. Se advierte también un meticuloso cuidado en los diálogos que resultan muy naturales donde el lenguaje se ajusta al estatus de los personajes y a su época. Y se añade además que la novela cuenta con una ambientación envolvente que nos traslada al Londres de finales del siglo XIX. Aunque la ciudad no cobra un importante protagonismo, sí veremos a los personajes pasear por sus calles y visitar el barrio de Chelsea donde vive Van Helsing. En cualquier caso, y para ponernos en antecedentes, en las primeras páginas se hace una especie de retrato de las sociedad de la época, con especial hincapié en lo social y lo cultural, de ahí que se mencione la proliferación de teatros,  la publicación de libros y  la magia del cinematógrafo.

No quisiera terminar la reseña sin mencionar las diversas referencias literarias que salpican el texto. Dado la identidad de los personajes protagonistas, Bram Stoker será mencionado con frecuencia pero hay que decir que no sale bien parado. Resulta hilarante la inquina que Drácula le tiene a su supuesto creador, criticando la labor del autor irlandés pero es esta una actitud en la que no deseo entrar porque rompería los momentos más divertidos de la trama. Desde luego, Stoker es el exponente de una profesión o vocación vapuleada a lo largo de toda la historia, pues el autor pone en boca de sus personajes reflexiones y citas que dejan en entredicho la creación, la inventiva y la imaginación de los escritores. 


Y en cuanto a las referencias, el cine no puede quedar atrás. Teniendo en cuenta que José Luis Ordóñez es crítico de cine, he intuido en diversos pasajes de la novela escenas que me han recordado a grandes obras de la literatura pero en su versión cinematográfica, como El pueblo de los malditos o La semilla del diablo.

En definitiva, solo puedo decir que he disfrutado muchísimo con la lectura de Los Desertores de Oxford Street. Me ha parecido un argumento sumamente interesante, con un tratamiento de los personajes que aporta su toque de originalidad.

Y esta fue mi contribución en la presentación de esta novela. A partir de este momento tomó la palabra el autor que desarrolló algunas de las ideas expuestas, explicando de qué manera se le ocurrió esta novela y comentando la personalidad de los protagonistas. Se abrió posteriormente el turno de preguntas, lo que permitió que muchos de los asistentes pudieran indagar más sobre la novela y así estuvimos debatiendo hasta el final del acto..

Por mi parte, solo me resta dar las gracias a José Luis Ordóñez por contar conmigo para la presentación. Intenté transmitir mi entusiasmo durante el acto del mismo modo que he querido transmitirlo en esta reseña. Me lo he pasado tan bien con esta lectura que no me queda más remedio que invitaros a viajar al Londres de 1899 de la mano de Abraham Van Helsing y Drácula.










[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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viernes, 16 de marzo de 2018

EL CAPOTE de Nikolái Gógol


Editorial: Nórdica.
Fecha publicación: febrero 2011
Precio: 15,00 €
Género:  Ilustrado.
Nº Páginas: 104 
Encuadernación: Rústica.
ISBN: 978-84-92683-39-0
[Disponible en eBook;
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Autor


Nikolái Gógol (Soróchintsi, Ucrania, 1809 - Moscú, 1852).Escritor ucraniano en lengua rusa. Hijo de un pequeño terrateniente, a los diecinueve años se trasladó a San Petersburgo para intentar, sin éxito, labrarse un futuro como burócrata de la administración zarista. Entre sus primeras obras destacan Las veladas de Dikanka, Mirgorod y Arabescos.En 1836 publicó la comedia El inspector, una sátira de la corrupción de la burocracia que obligó al escritor a abandonar temporalmente el país. Instalado en Roma, en 1842 escribió buena parte de su obra más importante, Almas muertas, donde describía sarcásticamente la Rusia feudal. También en ese año publicó El capote, obra que ejercería una enorme influencia en la literatura rusa.


Sinopsis


El capote, escrito por Nikolái Gógol entre los años 1839 y 1841, y publicado en 1842, nos presenta uno de los más conmovedores personajes de la Literatura: Akaki Akákievich Bashmachkin, un funcionario de la escala más baja de la administración civil, que se ve ultrajado por las injusticias sociales y la indiferencia egoísta de los fuertes y ricos, y cuyo destino es el de ser un «hombre insignificante». Akaki, para protegerse del gélido invierno de San Petersburgo, necesita un capote nuevo, pero cuando por fin lo consigue seguirá notando frío, el frío gélido que habita en los corazones de las personas que le rodean. 

Este maravilloso relato y su protagonista tendrán gran influencia en la literatura posterior: Herman Melville y Franz Kafka nos presentarán a Bartleby y a Gregor Samsa, dos personajes descendientes directos de Akaki.

Las ilustraciones, que harán que este libro sea inolvidable para lectores de todas las edades, son de Noemí Villamuza, quien ya ilustró en esta misma colección El festín de Babette y ABCdario.

[Información tomada directamente de la web de la editorial]



Asomarse a los ilustrados de Nórdica es siempre un placer. No es la primera vez que me sumerjo en un libro de esta colección. Ya pasaron por aquí La cata, Noches blancas, Una rubia imponente, Blancanieves o La navidad para un niño de gales, y no será la última. Esta vez le toca el turno a Nikolái Gógol, descubierto hace unos años y del que, hasta ahora, solo he leído Nochebuena.

Leyendo esta breve historia se me hizo más patente el eterno debate que mantengo ocasionalmente con algunos escritores. ¿Qué es relato y qué es cuento? Muchos autores alegan escribir siempre cuentos, afirmando ser seguidores de aquella tradición oral que se inició al principio de los tiempos, mientras que el término 'relato' es una etiqueta sin sustancia e inventada después. La verdad es que El capote me ha parecido un auténtico cuento quizá porque su autor ha conseguido que me integre totalmente en la narración. Y lo hace mediante un recurso tan sencillo como dirigirse directamente al lector. He sentido a Gógol como un verdadero cuentacuentos, a cuyo alrededor se reúnen un grupo de oyentes con deseos de oír una buena historia. La sensación ha sido fabulosa.

Pero hablemos de El capote. Estamos ante un cuento publicado por primera vez en 1842 y que Nórdica ha rescatado para embellecerlo con las ilustraciones de Noemí Villamuza, dibujos que asemejan la técnica del carboncillo. La historia es sencilla pero en realidad encierra mucho más de lo que aparentemente parece. El capote cuenta la historia de Akaki Akákievich, un funcionario ruso, un oficinista, cuyo trabajo consiste simplemente en copiar documentos pero eso sí lo hace con tremenda pulcritud y esmero. Akaki es un hombre sencillo y de escasos recursos económicos. Volcado únicamente en su trabajo de copista, intenta pasar por la vida de manera desapercibida pero no lo consigue, pues será objeto de burla y mofa por todos sus compañeros de trabajo. 

Como lector, el personaje de Akaki provoca ternura y compasión aunque no de primeras. Es fácil imaginárselo, encorvado sobre su mesa de trabajo, copiando letra a letra, cada documento, ajeno al mundo que lo rodea, salvo en los momentos en los que es objeto de escarnio y a pesar de ello, lo sentimos feliz en su burbuja. Pero también es cierto que, en algún momento inicial, Akaki puede llegar a irritar al lector, primero porque Gógol nos ofrece un dibujo del personaje que muestra a un individuo un poco destartalado, muy dejado de sí mismo, sin presencia y prestancia pero también porque adopta una actitud sumisa, sin cuestionarse la actitud de sus compañeros y superiores, achantando la cabeza sin revolverse, tan solo cuando la burla ha llegado a máximas cotas. Y así es su vida, una vida triste y gris que pronto adquirirá algo de luz. 



San Petersburgo es la ciudad donde transcurre la historia, una ciudad gélida  cuyo viento helado anida en cada recoveco. Akaki solo puede protegerse del terrible frío con un viejo capote que apenas aísla a su dueño del glacial viento. Tras consultar con un amigo sastre y una resistencia inicial, Akaki claudica y comprende que la única solución es encargar un capote nuevo pero no tiene dinero suficiente. Al final, con enorme sacrificio e ingenio conseguirá su objeto y ese capote será la puerta a una nueva vida. Y aquí debo parar. Lo que ocurre a partir de ese momento es mejor que lo descubráis vosotros.

Este cuento de Gógol no puede tener mejor título. Efectivamente no se podría llamar de otra manera porque, más allá de las constantes burlas de esa 'ralea oficinesca' y de la sumisión de Akaki, el núcleo del argumento es el capote que no deja de ser más que un símbolo. Esta prenda de vestir es el elemento principal de una historia que pretende ahondar en cuestiones como la injusticia social, el respeto a lo demás, la necesidad de sentirse integrado, la ilusión, el remordimiento y finalmente la venganza. Todo eso sale a la luz a raíz de la adquisición de un nuevo capote por parte de Akaki, una prenda que arranca a su dueño de la vida triste y anodina que ha tenido hasta ahora, despertando la ilusión en un ser que ya era feliz con lo que tenía y que, a la postre, solo traerá trágicas consecuencias.  Da que pensar que un simple abrigo conduzca al protagonista a un desenlace como el que escribe Gógol. 

El capote se inicia con un párrafo aclaratorio que ya deja en evidencia la naturaleza humana, la susceptibilidad de la que muchas veces hace gala el ser humano, que tiende a alterarse fácilmente, tomándose diversas banalidades como algo personal. Porque efectivamente El capote trata sobre el ser humano y es ahí donde el autor quiere hacer hincapié, en su condición de individuo, en su maldad o su bonhomía, en su compasión o su desprecio. Y para todo ello Gógol echa mano de situaciones incómodas o ridículas, de descripciones que son a veces algo crueles pero compensadas con un humor socarrón, y añade elementos fantasmagóricos de los que el mismo autor da debida cuenta y que ayudarán en la resolución del cuento.



Como podéis apreciar, Gógol nos ofrece una narración cercana, definida por un estilo sencillo en una historia en la que predomina la narración sobre el diálogo.  

Y dice la sinopsis, este cuento influenciará de un modo u otro la literatura posterior y efectivamente, si has leído Bartleby, el escribiente de Herman Melville, es tremendamente difícil no pensar en ese amanuense que acostumbraba a contestar  'Preferiría no hacerlo'.  Hay ciertas similitudes entre él y nuestro Akaki que no sé muy bien dónde residen, y que son más una cuestión de sensaciones.

En definitiva, un joya este capote, más por lo que subyace en la historia que por lo que cuenta en sí y especialmente por un personaje del que veremos su cara y su cruz, o su felicidad más pura frente a su felicidad más artificial porque, ¿realmente el capote nuevo mejoró su vida?

Os dejo con el booktrailer:










[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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miércoles, 14 de marzo de 2018

LA FORMA DEL AGUA (DRAMA - 2017)

Imagen relacionadaAño: 2017

Nacionalidad: EE.UU.

Director: Guillermo del Toro.

Reparto: Sally Hawkings, Doug Jones, Michal Shannon, Octavia Spencer, Richard Jenkins, Michael Stuhlbarg, Lauren Lee Smith, David Hewlett, Nick Searcy, Morgan Kelly, Dru Viergever, Maxine Grossman, Amanda Smith, Cyndy Day, Dave Reachill.

Género: Drama. Fantástico.

Sinopsis: En un inquietante laboratorio de alta seguridad, durante la Guerra Fría, se produce una conexión insólita entre dos mundos aparentemente lejanos. La vida de la solitaria Elisa, que trabaja como limpiadora del laboratorio, cambia por completo cuando descubre un experimento clasificado como secreto: un hombre anfibio que se encuentra ahí recluido.

[Fuente: Filmaffinity]


La forma del agua del director Guillermo del Toro, aspiraba a llevarse el Oscar a la Mejor Película en la gala del pasado mes de febrero. Con trece nominaciones, competía por el máximo galardón con otros largometrajes como Dunkerque o Los archivos del Pentágono pero al final consiguió cuatro Oscars: Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Música y Mejor Diseño de Producción. 

Desde un primer momento no tenía intención de ver esta película. Su argumento no me atraía en absoluto y, salvo excepciones -El espinazo del diablo-, son pocas las ocasiones en las que he conectado con los trabajos del Guillermo del Toro. Sin embargo, me convencieron y ayer mismo me sumergí en la imaginación del cineasta mexicano. El resultado ha sido el esperado. Su universo y el mío no congenian. 

La sinopsis que aporta Filmaffinity es un tanto imprecisa, así que os contaré un poco más sobre el argumento. Elisa es una joven huérfana y muda que parece estar sola en el mundo. Tan solo tiene dos amigos, su vecino Giles y su compañera de trabajo Zelda. Ambas trabajan como limpiadoras en un organismo del gobierno en el que se llevan a cabo experimentos de alto secreto. Un día, mientras están realizando sus tareas de limpieza, llega a las instalaciones una enorme cápsula en la que flota un ser vivo e indeterminado. Elisa inmediatamente se siente interesada por la extraña criatura a la que el personal militar maltrata y pretende acabar con su vida para estudiar su organismo. Elisa, junto a su compañera  Zelda y un miembro del equipo médico, intentará impedirlo, primero porque es una mujer compasiva que no puede soportar el maltrato a un ser vivo, pero también porque parece haber conectado emocional y espiritualmente con el hombre anfibio. Los problemas de incomunicación de ella, debido a su discapacidad, se salvan con las miradas tiernas. La película se convierte en una huida, una aventura para sus protagonistas que luchan por salvar a la criatura de un negro designio.

La forma del agua es una historia de amor, imposible a primera vista pero llena de magia y para eso hay que poner de nuestra parte. Vale, sin problemas. Sin embargo, el guion, bajo mi punto de visa, va perdiendo consistencia a medida que avanza el metraje. Si a la mitad de la película podemos más o menos empatizar con los personajes, llega un momento que, a Guillermo del Toro se le va la pinza. Hay detalles por los que se pasa muy por encima, y virajes que rozan lo absurdo o lo cómico. No quiero dar detalles de escenas concretas pero, cuando pensabas que la cosa no podía ir más allá, nos coloca un número musical de lo más surrealista. No todo vale para expresar el gozo, la dicha y la felicidad, o la pena y la tristeza de un personaje. A todo ello hay que sumarle una subtrama en la que entran en juegos unos rusos muy malos, aunque los militares americanos tampoco escapan muy bien en esta ocasión. La ciencia y el amor ganan la partida. Y así hasta llegar a un desenlace más que previsible y con falta de coherencia. De esto carece bastante la película.

Y para recrear la sociedad de época, entendemos que los años 50 por aquello de la Guerra Fría, se hace puntualmente hincapié en algunas cuestiones como la homosexualidad o el racismo, sin que haya un desarrollo profundo. No obstante, la película cuenta con una muy buena banda sonora y una muy buena ambientación. Además, visualmente es muy atractiva, con un inicio mágico, un mundo subacuático en el que el mobiliario de las casas flotan, y una joven, a modo de bella durmiente, que levita bajo las aguas.

En cuanto a los personajes, Elisa es una joven meticulosa y muy soñadora. Lleva una vida muy rutinaria en la que solo tienen cabida Zelda y Giles, su vecino dibujante, enamorado del cine de la época, olvidadizo y despistado a quien ella se encarga de atender. Elisa duerme durante el día pues tiene turno de noche. No es una mujer especialmente atractiva pero emana algo de misterio. Nació con tres marcas en el cuello y fue hallada a orillas de un río. ¿Qué nos quieres decir con esto del Toro? Venga, pensemos que la joven fue en otros tiempos remotos una sirena o algo similar. El personaje está interpretado por Sally Hawikings que, a mí no me ha dicho mucho. Ni me he sentido especialmente conmovida por su soledad o su situación ni tampoco he vivido con angustia su deseo de salvar al anfibio.

La criatura tiene su mérito. Bueno, lo tiene el actor Doug Jones que es el que tiene que soportar largas sesiones de maquillajes y trabajar usando prótesis. Todo ello resta mucha expresividad. Para el cuerpo usó un disfraz de cuerpo entero que a mí me resultó algo difuso y un tanto ortopédico. No sé, salvo las mano palmípedas y algunas agallas que se le activaban -esto lo hacían con control remoto-, cuando se enfurecía, no me pareció gran cosa. 

Zelda es afroamericana. Es una mujer protestona pero tiene motivos para ello pues su marido no la valora, ni la aprecia y jamás la ayuda. Para mí es el personaje que más me ha gustado, por su carisma, por su carácter. Al menos transmite algo y cae simpático. Además, es Octavia Spencer la que se mete en el pellejo de esta mujer de la limpieza y me ha vuelto a conquistar, como ya hizo en Figuras ocultas -ahora tengo que verla también en La cabaña-.

Giles es un hombre desempleado al parecer por problemas de alcoholismo en el pasado. A eso se suma que también es homosexual pero sobre ese tema, como dije antes, no se profundiza mucho. Es un poco alocado y vive obsesionado por su alopecia. Él y Elisa se hacen compañía mutua pues el vecino también parece estar solo. Interpretado por Richard Jenkins, es el encargado de introducir algún toque de humor en la trama pero muy sutil. 

Paso por algo el papel de Michael Shannon interpretando al militar malvado que quiere matar a la criatura a toda costa. Me ha resultado totalmente indiferente.

La forma del agua viene avalada por la crítica. Se habla de 'obra maestra', 'una de las mejores película que vamos a ver este año', etc, etc,... Yo debo ser de otro planeta porque a mí, sinceramente, no me ha gustado. Sin maravillarme, la primera mitad me parecía medio aceptable pero en cuanto vi similitudes con E.T. o La Bella y la Bestia, me vine muy abajo. En ambas cintas hay criaturas extrañas y una relación de amor que traspasa los límites. Pero, ¿me aporta algo más la película? Pues no porque, como digo, del Toro se mete por unos caminos algo absurdos en los que, por mucho que el espectador ponga de su parte, no hay sustancia. El único punto positivo que le veo a la película es su atractivo visual, más allá de eso, no entiendo cómo se ha alzado con el Oscar. Llamadme loca.





Tráiler:




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