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jueves, 24 de junio de 2021

GRISELDA HERRERO: ❝El error más importante que cometemos en nutrición es no pararnos a pensar❞

¡Mi hijo no me come! ¡No hay manera de que pruebe las verduras! Hay padres desesperados con la alimentación de sus hijos. Desde aquellos que no quieren comer, a aquellos otros que solo quieren patatas fritas y bollerías. La verdad es que deber ser un auténtico quebradero de cabeza. 

Antiguamente, lo que no te comías en el almuerzo te lo plantaban en la cena. Así que, cuando el estómago rugía, o comías lo que tenías por delante o comías lo que tenías por delante. No había más. Por suerte, hoy día contamos con otras herramientas que permiten a los padres educar a los hijos en buenos hábitos y cuidar su alimentación.  Trucos, estrategias y juegos permiten que los más pequeños vean en lo que comen una manera de divertirse. Griselda Herrero, conoce bien este terreno y en su último libro, Comer bien en familia, nos da claves para ayudarnos a la hora de sentarnos a la mesa con los más pequeños de la casa.

Marisa G.- Griselda, he echado un ojo a todos los libros que llevas publicados, que ya son unos cuantos, pero me gustaría preguntarte cómo empiezas a interesarte por el tema de la alimentación.

Griselda H.- Primero estudié Medicina y luego me metí en Bioquímica. Pero siempre me ha atraído mucho el tema de la salud, cómo funciona el cuerpo, qué alimentos son mejores,... Estando haciendo la tesis en la Universidad Pablo de Olavide, me enteré que allí se hacía la carrera de Nutrición, así que compaginé la carrera con la tesis de Bioquímica. Fue así como me metí de lleno en el tema de la alimentación.

M.G.- ¿Y qué diferencia este libro de los anteriores?

G.H.- Dos de mis libros están dirigidos exclusivamente a profesionales. Los cuatro restantes sí están más enfocados a la población general. De esos cuatro, Alimentación saludable para niños geniales sería como la primera parte de este último y mucho más teórico, en el que se aborda la alimentación infantil en el rendimiento escolar. Posteriormente, y tras abrir la consulta, he trabajado desde el enfoque de la psiconutrición. Junto a una de las psicólogas que trabaja conmigo en Norte Salud publicamos un libro sobre psiconutrición y después vino la Guía Saludable de Psiconutrición que aporta herramientas prácticas para hacer un cambio de hábitos. Y este último ha surgido de las muchas dificultades que nos encontramos en la consulta, donde vemos los problemas a los que se enfrentan los padres para dar de comer a sus hijos frutas, verduras, legumbres,... Con este libro pretendo ayudar a los padres con la alimentación de sus hijos y ofrecerles una serie de herramientas útiles. Para ello, hemos diseñado  un libro de juegos. 

M.G.- ¿Pero es un libro enfocado para la alimentación infantil o también se puede aplicar a los adultos?

G.H.- Se puede aplicar a la alimentación de los adultos pero, en realidad, está orientado a los niños, para crearle hábitos desde pequeños. Hay juegos que sirven para explicar ciertos conceptos a los niños. Si te tengo que explicar cómo funciona el sistema de hambre y saciedad, lo haría de una forma más compleja porque eres una adulta. Sin embargo, con un niño tengo que hacerlo de otra manera, a través de un juego. 

M.G.- Con este libro pretendes reeducarnos pero, ¿en qué errores solemos caer con más frecuencia, a la hora de alimentarnos nosotros, como adultos, y de alimentar a los más pequeños?

G.H.- Esto es algo que me preguntan muchas veces. El error más importante que cometemos en nutrición es no pararnos a pensar. No tomamos consciencia y nos vamos dejando guiar por las influencias de la sociedad, de lo que nos dicen en la tele. También repercute mucho el ritmo de vida que llevamos. Con las prisas recurrimos a lo que nos resulta más rápido. Tendemos a pensar que hacer una planificación, un menú semanal y cocinar, nos va a llevar mucho tiempo, y eso no es cierto. En definitiva, hay dos o tres cuestiones que confluyen y que impiden que tengamos mejores hábitos. 

M.G.- Pero solemos confundir comer bien y tener buenos hábitos alimenticios con estar a dieta, ¿verdad?

G.H.- Sí y no. Lo de la dieta lo asociamos con el peso y el sufrimiento, pero deberíamos empezar a cambiar esa percepción. La dieta no es más que la alimentación del día a día, es decir, el conjunto de alimentos que conforman nuestra rutina alimentaria diaria. También asociamos el comer sano con perder peso pero tampoco es así. Comer sano es querer cuidarse y eso no tiene nada que ver con el peso ni con la imagen. Son ideas erróneas que transmitimos a los niños. 

M.G.- Hay un capítulo muy interesante en el que tocas la publicidad y el marketing. Por otro lado, las redes sociales es un cultivo de gente recomendando tal o cual producto.

G.H.- Eso es un peligro porque muchas de esas personas no son profesionales de la salud. Hay que tener en cuenta que los niños son muy vulnerables. Imagínate que un niño ve a su ídolo, a un deportista por ejemplo, anunciando un producto no saludable. El  niño va a querer comer ese producto porque sueña con ser ese deportista. Y encima, su mente asocia ese producto a salud porque se trata de un deportista. Deshacer ese pensamiento no es tan fácil. Es algo complicadísimo. Las redes sociales están influyendo muchísimo en las alteraciones del comportamiento alimentario

M.G.- Griselda, una pregunta importante que a mí, como adulta, ya me cuesta. ¿Es verdad que hay que comer cinco veces al día, que  hay comer cinco raciones al día de fruta y verdura, que hay que... ? Es que, si hacemos todo lo que se supone que hay que hacer, me llevaría todo el día comiendo.

G.H.- No, no es verdad que haya que comer cinco veces al día. Hay muchos estudios que demuestran que el número de veces no impacta ni en el peso, ni en la calidad de tu alimentación. Todo va a depender de nuestras rutinas y de cómo distribuyo mi alimentación a lo largo del día. Si me levanto a la diez y desayuno, y luego almuerzo a las dos, ¿qué necesidad tengo de hacer una ingesta intermedia? Pero si desayunas a las siete de la mañana y luego no almuerzas hasta las cuatro de la tarde, ahí sí interesa realizar  una pequeña colación intermedia para no llegar a la comida con tanta hambre. Eso hay que ir regulándolo y personalizándolo, en función de cada uno. 

Luego, con respecto a frutas y verduras, sí. Hay que tomar cinco raciones al día. No es tan difícil hacerlo. Si yo meto verduras en cada ingesta principal, ya tengo dos raciones de verduras. Ahora solo tendría que distribuir tres piezas de fruta a lo largo del día. Lo puedes hacer en el desayuno, almuerzo y cena, o bien tomar fruta a media mañana o en la merienda. Hay que ir jugando y no es tan difícil.




M.G.- Hablas en el libro de las calorías vacías. ¿Qué es eso?

G.H.- Las calorías vacías son las de los productos que aportan mucha energía pero no aportan nutrientes. Por ejemplo, los productos ultraprocesados, desde refrescos, bollerías, snacks,...  ¿No aportan nada de nutrientes? Bueno, algo aportarán pero estoy haciendo  una ingesta calórica muy grande y un aporte nutricional muy pequeño. Tenemos que buscar justo lo contrario. De hecho, tenemos una gráfica en el libro que explica esto mismo. 

M.G.- Otro capítulo que me gusta mucho. Cuando sales de casa, vas a un bar, a un evento o te vas de vacaciones, es muy complicado comer bien.

G.H.- Bueno, es más difícil que en casa. Hoy he tenido que comer fuera por circunstancias y me he ido a un bar. Pues me he pedido un salmorejo y queso con salmón. Eso no está mal. Hay que adaptarse a las circunstancias y pensar que no siempre vas a poder comer de forma perfecta fuera de casa, pero existen opciones. Hoy, en cualquier bar te ponen un tomate aliñado o hay platos de verdura. Obviamente no están preparadas igual que tú lo harías en tu casa, pero hay que buscar la mejor opción. Lo que no se debe hacer es, aprovechar que sales para comer todo aquello que no pruebas en casa. También te digo que no hay que comer súper sano cada vez que salgas. Alguna vez te puedes permitir comer algo distinto que no sea especialmente saludable.

M.G.- Un capricho.

G.H.- Pero no hay que tomárselo como un capricho si no como algo natural. No pasa nada si un día te comes un helado. No pasa nada si un día vas a una boda y comes lo que hay. ¿Vas a pedir una ensalada? Eso no es saludable, tampoco. Lo que hay que procurar es buscar un equilibro.

M.G.- En este libro encontramos muchos juegos. Cuéntame un poco en qué consisten.

G.H.- En el libro hay cerca de cien juegos y dinámicas. Algunos de ellos son juegos tradicionales, como una oca, que se pueden construir, y otros son como plantillas que nos van a servir para motivar a los niños, para hacer actividades, para generar hábitos, para incentivarles a la hora de aumentar o disminuir el consumo de algún producto. 

M.G.-¿Y cómo habéis ideados estos juegos?

G.H.- Dándole muchas vueltas. Hay muchísimo trabajo detrás del libro porque todos los juegos son inventados por mi marido y por mí. 

M.G.- Me surge una pregunta. ¿Es realmente sano ser vegetariano o vegano? Es decir, ¿es bueno excluir de nuestra dieta ciertos alimentos básicos?

G.H.-Sí. O mejor dicho, puede ser saludable. Desde el año 2005, la Asociación Americana de Dietética, una de las grandes referentes de la alimentación y la salud, afirmó que una dieta vegetariana o vegana puede ser saludable en cualquier etapa de la vida, y para cualquier segmento de la población: niños, embarazadas, deportistas,... Pero para eso tiene que estar bien pautada. Tenemos que saber cómo combinar los alimentos, para estar bien nutrido y que no nos falte ningún nutriente. 

Otra cosa muy distinta son las modas o hacerse vegetariano para perder peso. 

M.G.- Una de las preocupaciones que tienen los padres son los comedores de los colegios. ¿Cómo lo ves?

G.H.- Hace falta mucho trabajo. Desde hace unos años, por lo menos en Andalucía, los comedores escolares están obligados a tener un nutricionista pero, desgraciadamente, creo que falta trabajo. Y te digo esto no refiriéndome al nutricionista sino al sistema. En el menú escolar nos centramos siempre en las calorías, los porcentajes, y los macronutrientes. Pero yo puedo cuadrar perfectamente una dieta de 1724 calorías,  con todos los macronutrientes, y no tiene por qué ser saludable. Hay muchos comedores que ponen fritos, legumbres combinadas con carne, tienen fallos en la complementariedad,... 

Pero voy a ir más allá. En el comedor escolar, no solo tenemos que tener en cuenta lo que se come sino también el ambiente. Que no dejen que un niño se levante mientras está en el comedor, que no los dejen hablar, ni jugar mientras comen, que les pongan un sello de felicidad si se lo han comido todo, o de tristeza si han dejado comida en el plato, o que no les dejen repetir, u obligarlos a comer algo que no les gusta,... Todo eso hay que trabajarlo.

M.G.- Lo de las caritas viene desde las guarderías.

G.H.- Pero está muy mal. No puedo premiar a un niño o castigarlo en función de que se lo coma todo o no. No puedo hacerlo porque no estoy atendiendo a sus niveles de hambre y saciedad. A veces lo estaré forzando a que coma más de la cuenta. Estamos interfiriendo en sus señales de hambre, estamos generando una mala relación con la comida y puede ser que, más adelante, esta actitud genere un problema alimentario.

M.G.- Tú tienes una niña pequeña. Imagino que todo esto lo pones en práctica con ella. No sé si ella reacciona bien a las propuestas alimenticias que le haces.

G.H.- Mi hija come bastante saludable, pero no deja de ser una niña. No hay que buscar la perfección. No puedo pretender que un niño de ocho años coma todo tipo de verduras, todo tipo de frutas, coma súper equilibrado y saludable, y no coma ningún procesado. Esa no es la realidad. Los niños van a comer procesados sí o sí, porque van a cumpleaños, porque en el cole a veces celebran el día tal, y le dan zumitos o batidos. No podemos educar a los niños en una burbuja. Le tenemos que enseñar a enfrentarse a los ultraprocesados. 

En casa, lo que intentamos inculcarle a nuestra hija es que esos ultraprocesados se pueden comer algunas veces, pero no todos los días. Y de lo mejor que hemos hecho es no interferir en sus señales de hambre y saciedad. Mi hija se regula perfectamente. Cuando tiene hambre come más y cuando no tiene hambre pues come menos, y no pasa nada.

M.G.- Estupendo. Griselda, no tengo más preguntas que hacerte. Gracias por atenderme.

G.H.- A ti.

Sinopsis: La guía indispensable para aprender a alimentarse sano a través del juego 

Comer bien en familia es una guía práctica y divertida en la que encontrarás trucos, juegos y dinámicas para aprender a comer de forma saludable en casa.

En sus páginas conoceremos los pilares básicos para obtener hábitos más saludables y aquellos factores que tratan de boicotearnos en nuestro objetivo de salud. Un completo manual repleto de juegos, actividades que resolverá las dudas más frecuentes sobre la alimentación para que los padres aprendan y enseñen a sus hijos a comer de manera  saludable a través del juego. 

jueves, 3 de octubre de 2019

AITOR SÁNCHEZ Y LUCÍA MARTÍNEZ: 'En España, hoy se come peor que nunca'

Cuando era pequeña y le preguntaba a mi madre qué había de comer, ella siempre respondía «Cuchareo». Con esta palabra tan castiza me quedaba claro que, al llegar a la mesa, me estaría esperando un plato hondo con el correspondiente guiso. Y es que, rara vez entraba en casa algún producto elaborado que no hubiera pasado antes por los fogones de mi madre. Luego fueron llegando sus nietos, y la recuerdo con la batidora y las papillas caseras. A las mujeres de la generación de mi madre o de mi abuela, no les hacía falta tantas recomendaciones nutricionales como hay ahora, porque es verdad que la vida ha evolucionado y hemos ganado en muchos aspectos, pero también hemos perdido en otros, como en la alimentación. Ahora recurrimos con demasiada frecuencia a los famosos ultraprocesados que, en un abrir y cerrar de ojos, nos resuelven un almuerzo o una cena en cuestión de minutos. Y si hacemos eso siendo adultos, ¿qué no estaremos haciendo con nuestros hijos? ¿Le ofrecemos una alimentación saludable? 

Ayer tuve la oportunidad de conversar con Aitor Sánchez y Lucía Martínez, dos dietistas-nutricionistas que, por separado, ya han publicado varias libros sobre alimentación. Ahora centran sus esfuerzos en la alimentación infantil a través de un libro que han titulado ¿Qué le doy de comer? Una guía para que los más pequeños coman de forma saludable, y que publica la editorial Paidós. Te recomiendo que te quedes un ratito por aquí y no pierdas detalle a todo lo que nos cuentan.



Marisa G.- Aitor y Lucía, ambos sois dietistas-nutricionistas, fundadores del Centro de Nutrición Aleris. ¿Qué es lo que hacéis en este centro?

Lucía M.- Bueno, el centro actualmente lo dirige Aitor. Yo ya no estoy involucrada en ese proyecto, así que, que te conteste mejor él.

Aitor S.- Bueno, pues es un centro de nutrición algo atípico. Por lo general estamos acostumbrados a que los centros de nutrición sean una especie de centros de adelgazamiento, pero nosotros ofrecemos una perspectiva más completa. Por supuesto, hay una parte de consulta, donde vemos pacientes con muy diferentes perfiles. Sin embargo, también ofrecemos cursos a sanitarios, organizamos talleres de grupos de psicología para que complementen la parte nutricional, y damos apoyo a empresas y escuelas sobre alimentación infantil, ayudando a muchas AMPAS y a colegios que quieran mejorar sus menús infantiles. 

M.G.- Ambos habéis publicado libros con anterioridad, todos dedicados al mundo de la nutrición, pero esta es la primera vez que escribís un libro en común, ¿por qué aunar esfuerzos? 

L.S.- En principio, este libro era un proyecto de Aitor con Paidós. Fue él, el que propuso una colaboración porque yo podía aportar la parte de consulta y clínica, mientras que Aitor está más centrado en la educación no formal. Como solemos trabajar juntos habitualmente, me pareció bien aceptar su propuesta.

M.G.- «¿Qué le doy de comer?» es un libro enfocado a la alimentación infantil, desde que son bebés. Bajo este prisma, ¿qué diferencia hay entre este libro y otros sobre alimentación infantil? 

L.S.- Uno de los factores diferenciadores lo encontramos en el capítulo 3, que hemos dedicado a algunas patologías muy prevalentes y que tienen tratamiento nutricional. No suele ser habitual que este tema se trate en otros libros sobre nutrición infantil, que sí están mucho más enfocados a la alimentación saludable. Y luego, en el capítulo 4, se aborda todo el tema educacional, social,... que tampoco se suele tratar en otros libros. 

Por otra parte, pensamos que, el consejo nutricional que se da desde Sanidad se queda muy corto. No hay nutricionistas en la Sanidad Pública y los compañeros de Medicina o Enfermería ya tienen bastante con lo suyo. 

M.G.- Y habláis de alimentación pero, ¿hasta qué edad?

A.S.- Hasta la pre-adolescencia, doce o trece años. 

M.G.- Muy completo entonces. No solo os centráis en los bebés. Bien, el prólogo viene a cargo de la Doctora Marián García, o Boticaria García, como se la conoce en las redes. Para quienes no la conozcan, ¿quién es Marián?

A.S.- Marián es farmacéutica y también dietista-nutricionista, como nosotros. Tenemos muy buena relación con ella. Nos gusta su estilo divulgativo porque dice las cosas de manera directa y fresca, en medios muy distintos, como blogs, vídeos en Internet, televisión. Nos parece que tiene mucho alcance y hace llegar los mensajes de manera eficaz. Creemos que sus mensajes se complementan muy bien con los nuestros. Es una compañera de la profesión sanitaria, como es la farmacia, que también tiene una gran importancia en el tema de la alimentación infantil. Muchos alimentos infantiles se compran en farmacia.

M.G.- Hablamos de potitos, por ejemplo.

A.S.- Sí, de potitos, papillas, leches de continuación,...

M.G.- ¿Y qué va a encontrar el lector en este libro?

L.M.- En los dos primeros capítulos encontrará información sobre la alimentación saludable, centrándonos en algunas consideraciones por edad, desde el inicio con la lactancia hasta el momento en el que se inicia la alimentación complementaria. Luego hablamos de las diferentes ingestas del día, -desayuno, comida, merienda, cena-, revisando qué solemos tomar en esas ingestas o qué se nos sugiere habitualmente que tomemos. Hemos analizado si lo que se nos sugiere es saludable o no, qué otras alternativas hay y cómo podemos organizarnos mejor con las ingestas.

En cuanto a los capítulos 3 y 4, me remito a lo que te dije antes. 

M.G.- La obesidad es un problema nutricional, social, médico,... ¿Sigue teniendo la misma transcendencia o se ha moderado un poco?

A.S.- No, de hecho, está teniendo todavía más trascendencia porque el sobrepeso y la obesidad infantil están aumentando en España. Con respecto a la obesidad infantil, hemos adelantado a algunos países como Estados Unidos, lo cual, hace años, era impensable. Es un problema que va «in crescendo». Si ahora mismo es grave y representa ya problemas de salud, la repercusión que va a tener a nivel económico y sanitario dentro de unos años, cuando esos niños y adolescentes se conviertan en adultos obesos, va a ser todavía mayor. Al gobierno le debe interesar poner freno a esto ya porque, de otro modo, las consecuencias van a ser dramáticas.

M.G.- Me parece que los padres con hijos obesos jamás se paran a pensar en los problemas futuros. No se plantean que lo que hoy no es más que unos kilos de más, mañana puede ser un problema serio. ¿No os parece?

A.S.- Es que muchas veces no se mira desde una perspectiva realista. Nos creemos que esa situación, en algún momento se va revertir, y no siempre acaba así. Es muy normal que lo niños acaben arrastrando el sobrepeso hasta la edad adulta. El sobrepeso tiene además otras complicaciones en la vida, desde estigmas estéticos, problemas de autoestima, repercusiones sociales, impactos metabólicos,... A veces no pueden realizar la misma actividad física que otros niños y eso, al margen de la salud propiamente fisiológica, también tiene repercusión en la felicidad del niño.

M.G.- Por la temática, ¿es un libro que está dirigido a los padres o futuros padres, instituciones, centros educativos,...? 

L.M.-  A todos. Tiene partes que son muy aplicables a los centros educativos, por ejemplo, todo lo relativo a los comedores escolares. Luego, si se lo leyeran las instituciones y tomaran nota, sería fantástico, pero sabemos que esto no va a pasar. Obviamente, también hay otra parte dirigida a padres, madres o cuidadores como los abuelos, u otros familiares.

M.G.- Lucía ha mencionado los comedores sociales. Sabemos por reportajes emitidos por televisión, que la calidad de los menús escolares no son siempre tan sanos como deberían. ¿Qué tenéis que decir al respecto? 

A.S.- La alimentación en los comedores escolares no está bien regulada porque lo que se especifica en la normativa es que los menús infantiles de los comedores escolares tienen que cumplir una serie de requisitos, y estos no siempre son saludables. Por ejemplo, se presta mucha atención a los nutrientes que se pueden cubrir perfectamente con patatas fritas, salchichas, hamburguesas, varitas de merluza... Pero el problema está en que, en dicha normativa, no se dice que todos los días hay que tomar verduras o que el postre tiene que ser siempre fruta. Hay cuestiones en las que no se entra y que son fáciles de regular, más allá de tablas de nutrientes o de cuánto zinc, magnesio,... hay que ingerir al día. Sería mucho más fácil decir que cada día debería de haber como mínimo una ración de  verduras.

M.G.- ¿Y en los hospitales? Me parece a mí que los menús hospitalarios tampoco son muy sanos que digamos.


L.M.- En general, no demasiado. Casi todas las cocinas de los hospitales están gestionadas por catering externos y muy pocos hospitales tienen su cocina propia. El dietista que controla el menú pertenece al catering, con lo cual se tiene que tragar muchas cosas porque está en juego su puesto de trabajo. Y quienes aprueban los menús, lo que miran es el coste final más que la salubridad del mismo o que sea nutricionalmente adecuado. 



Por otra parte, la cocina hospitalaria, al igual que la del resto de colectividades, tiene una serie de particularidades que no nos permiten mucho margen de maniobra. El estocaje es otro gran problema. Tienen que almacenar mucho alimento y no pueden ser muy perecederos. De todos modos, los menús hospitalarios podrían ser muy mejorables. Bastaría con que hubiera un control externo de un dietista-nutricionista, dependiente de la Consejería de Sanidad, en lugar de ser dependiente de la propia empresa de catering.

M.G.- Algo muy interesante que incorporáis en el libro son los mitos y las falsas informaciones que giran alrededor de la alimentación infantil. Hay mucho bulo.

A.S.- Sí, claro. Para empezar a construir lo que tiene que ser una alimentación infantil hay que aclarar qué es lo que no es saludable. En el libro dejamos claro de una manera clara y sencilla, que la alimentación infantil puede ser muy parecida a la alimentación básica del adulto. Hemos tenido que romper falsas creencias que rodean la alimentación infantil, como por ejemplo que los lácteos son imprescindibles para los niños, o que el desayuno es la comida más importante del día, o que un niño sin ingesta de azúcar no puede rendir. Hay muchos mitos alrededor de la alimentación infantil y cuando los destierras, te das cuenta de que, comer saludable implica simplemente comer comida.

M.G.- Se habla mucho últimamente del «Baby Led Weading» y del «Bliss» pero son técnicas que, a algunas madres les da miedo por temor a atragantamientos. Contadme en qué consisten realmente estas técnicas y si hay fundamento para estos temores.

L.M.- Consiste en alimentar a los bebés con trozos de alimentos, que ellos puedan agarrar y que tengan una textura que puedan deglutir. A ciertas edades, no hay necesidad de darles la comida en papillas. Con el «Baby Led Weaning», la textura del alimento debe permitir que el bebé lo pueda aplastar contra el paladar, usando la lengua. En cuanto al «Bliss», es una evolución del «Baby Led Weaning», que tiene en cuenta un poco más la precisión en el tema de las texturas, pero la idea es básicamente  la misma.

El «Baby Led Weaning» no implica mayor riesgo de atragantamiento si se hace de forma adecuada y el niño está acompañado siempre. De todas formas, todos los niños se atragantan porque forma parte del proceso de la alimentación. Igual que todos los niños se caen y se dan un porrazo, cuando están empezando a andar. Así que no hay que tenerle miedo. En cualquier caso, es preferible unos padres felices y unos niños comiendo papillas, que unos padres estresados y un niño alimentándose con trozos de alimentos. 

M.G.- ¿Está la gente ahora más preocupada por lo que come como adulto y lo que le da de comer a sus hijos? Me refiero a todo ese movimiento del «realfooding» que está tan en auge.

A.S.- Es falso que la gente esté hoy más concienciada con la alimentación porque en España, hoy se come peor que nunca. Va a depender del sector de la población. La gente que no tiene acceso a la información, a redes sociales,... es la que peor come y es en ese sector, donde está la pobreza energética y la pobreza infantil, donde existe más sobrepeso y obesidad. Ahora bien, al margen de esto, es cierto que las personas con acceso a redes sociales, a la información, sí parece que está mostrando más interés en comer de forma saludable. Desde hace unos cinco años, mucha gente está divulgando un estilo de alimentación saludable. Concretamente, has nombrado una corriente que hace referencia, sobre todo, a los veinteañeros. El «realfooding» es el aterrizaje en España de una tendencia bastante conocida, y que todos los sanitarios y los nutricionistas llevamos divulgando hace años. Hay que comer principalmente materias primas pero esta tendencia ha dado ahora un salto a la cultura pop. En realidad, no es más que una cuestión de sentido común. Priorizar las materias primas en vez de los alimentos procesados, aumentar la ingesta de verduras, que la bebida que acompañe las comidas sea el agua, y que tomemos fruta de postre. Así de simple. 

M.G.- Pero, con esto de saber lo que comemos, sí estamos más pendientes de leer el etiquetado de los alimentos, ¿no? Y os confieso que a mí me resulta muy difícil entender las etiquetas.

L.M.- Para eso, el último libro de nuestra prologuista, Marián García, «El jamón york no existe» está muy bien porque justo explica este tema de manera muy entretenida con ejemplos prácticos. Este libro sería una gran recomendación para cualquier persona que esté interesada en entender el etiquetado.

En cualquier caso, lo primero que tenemos que leer en las etiquetas es la lista de ingredientes. Luego ya podemos complementar esa información con la tabla nutricional. Ahora bien, es mucho más útil comprar productos de los que no tengas que mirar la lista de ingredientes porque el ingrediente es precisamente, el que estás comprando. 

M.G.- Y ya que habéis mencionado las redes sociales, también dedicáis una sección del libro a los «influencers», que muestran en las redes lo que consumen o lo que le dan de comer a sus hijos, y no siempre muestran alimentos sanos. 

A.S.- Se ha producido un cambio en cuanto a la manera en la que recibimos la publicidad. Antes la recibíamos desde un punto de vista declarado o al menos, perceptible, a través de la televisión, los anuncios en la calle,... Con el salto de la publicidad no declarada a las redes sociales, nos encontramos con que hay vectores de transmisión de publicidad a través de personas famosas, que hacen recomendaciones indirectas de estilo de vida y de salud. A veces es publicidad de otras marcas y otras, comercializan sus propios productos o servicios. Todo esto es muy peligroso. Esa publicidad no está declarada, y por lo tanto es ilegal. Es publicidad que no es percibida por los consumidores como tal, y además tiene otra peligrosidad extra, y es que se junta con un punto de vista aspiracional. La gente que sigue a esas personas quiere ser como ellos, los imitan, quieren saber qué hacen. 

M.G.- Así es. Bueno, Aitor y Lucía, muchas gracias por contarnos algo más sobre vuestro libro, «¿Qué le doy de comer?» Espero que vuestras recomendaciones lleguen a mucha gente.

A.S.- Gracias a ti.

L.M.- Gracias.



Sinopsis: «Leche de continuación», «mi primer yogur», «crema de cacao sin azúcar»… son términos que se asocian a una buena alimentación infantil, a una dieta saludable y sensata elegida por padres y madres abnegados. ¿Pero de verdad es esa la comida que hay que ofrecerles a los pequeños de la casa? ¿Son esos productos rodeados de mensajes publicitarios realmente sanos? ¿Más sanos que una simple pieza de fruta?

En ¿Qué le doy de comer? descubriremos no solo cómo podemos enfocar los primeros meses de alimentación sólida de los bebés (BLW, BLISS, entre otras), sino que también nos armaremos de argumentos para elegir mejor y con más criterio aquellos alimentos que seleccionamos para los niños. Además, trataremos temas educacionales relacionados con la comida y exploraremos situaciones cotidianas como si se debe llevar el móvil a la mesa o cómo pueden participar los niños en aquellas tareas que conlleva alimentar a la familia. 

Cargado de recursos prácticos y realistas, así como de consejos para crear menús semanales para nuestros hijos, este libro se convertirá en la guía para todos los padres que quieran conseguir que sus hijos coman de forma saludable, sea cual sea el tipo de alimentación de la familia, y enseñará a los más pequeños hábitos alimentarios saludables para crecer fuertes y sanos.

Puedes empezar a leer aquí.




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