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jueves, 3 de octubre de 2019

AITOR SÁNCHEZ Y LUCÍA MARTÍNEZ: 'En España, hoy se come peor que nunca'

Cuando era pequeña y le preguntaba a mi madre qué había de comer, ella siempre respondía «Cuchareo». Con esta palabra tan castiza me quedaba claro que, al llegar a la mesa, me estaría esperando un plato hondo con el correspondiente guiso. Y es que, rara vez entraba en casa algún producto elaborado que no hubiera pasado antes por los fogones de mi madre. Luego fueron llegando sus nietos, y la recuerdo con la batidora y las papillas caseras. A las mujeres de la generación de mi madre o de mi abuela, no les hacía falta tantas recomendaciones nutricionales como hay ahora, porque es verdad que la vida ha evolucionado y hemos ganado en muchos aspectos, pero también hemos perdido en otros, como en la alimentación. Ahora recurrimos con demasiada frecuencia a los famosos ultraprocesados que, en un abrir y cerrar de ojos, nos resuelven un almuerzo o una cena en cuestión de minutos. Y si hacemos eso siendo adultos, ¿qué no estaremos haciendo con nuestros hijos? ¿Le ofrecemos una alimentación saludable? 

Ayer tuve la oportunidad de conversar con Aitor Sánchez y Lucía Martínez, dos dietistas-nutricionistas que, por separado, ya han publicado varias libros sobre alimentación. Ahora centran sus esfuerzos en la alimentación infantil a través de un libro que han titulado ¿Qué le doy de comer? Una guía para que los más pequeños coman de forma saludable, y que publica la editorial Paidós. Te recomiendo que te quedes un ratito por aquí y no pierdas detalle a todo lo que nos cuentan.



Marisa G.- Aitor y Lucía, ambos sois dietistas-nutricionistas, fundadores del Centro de Nutrición Aleris. ¿Qué es lo que hacéis en este centro?

Lucía M.- Bueno, el centro actualmente lo dirige Aitor. Yo ya no estoy involucrada en ese proyecto, así que, que te conteste mejor él.

Aitor S.- Bueno, pues es un centro de nutrición algo atípico. Por lo general estamos acostumbrados a que los centros de nutrición sean una especie de centros de adelgazamiento, pero nosotros ofrecemos una perspectiva más completa. Por supuesto, hay una parte de consulta, donde vemos pacientes con muy diferentes perfiles. Sin embargo, también ofrecemos cursos a sanitarios, organizamos talleres de grupos de psicología para que complementen la parte nutricional, y damos apoyo a empresas y escuelas sobre alimentación infantil, ayudando a muchas AMPAS y a colegios que quieran mejorar sus menús infantiles. 

M.G.- Ambos habéis publicado libros con anterioridad, todos dedicados al mundo de la nutrición, pero esta es la primera vez que escribís un libro en común, ¿por qué aunar esfuerzos? 

L.S.- En principio, este libro era un proyecto de Aitor con Paidós. Fue él, el que propuso una colaboración porque yo podía aportar la parte de consulta y clínica, mientras que Aitor está más centrado en la educación no formal. Como solemos trabajar juntos habitualmente, me pareció bien aceptar su propuesta.

M.G.- «¿Qué le doy de comer?» es un libro enfocado a la alimentación infantil, desde que son bebés. Bajo este prisma, ¿qué diferencia hay entre este libro y otros sobre alimentación infantil? 

L.S.- Uno de los factores diferenciadores lo encontramos en el capítulo 3, que hemos dedicado a algunas patologías muy prevalentes y que tienen tratamiento nutricional. No suele ser habitual que este tema se trate en otros libros sobre nutrición infantil, que sí están mucho más enfocados a la alimentación saludable. Y luego, en el capítulo 4, se aborda todo el tema educacional, social,... que tampoco se suele tratar en otros libros. 

Por otra parte, pensamos que, el consejo nutricional que se da desde Sanidad se queda muy corto. No hay nutricionistas en la Sanidad Pública y los compañeros de Medicina o Enfermería ya tienen bastante con lo suyo. 

M.G.- Y habláis de alimentación pero, ¿hasta qué edad?

A.S.- Hasta la pre-adolescencia, doce o trece años. 

M.G.- Muy completo entonces. No solo os centráis en los bebés. Bien, el prólogo viene a cargo de la Doctora Marián García, o Boticaria García, como se la conoce en las redes. Para quienes no la conozcan, ¿quién es Marián?

A.S.- Marián es farmacéutica y también dietista-nutricionista, como nosotros. Tenemos muy buena relación con ella. Nos gusta su estilo divulgativo porque dice las cosas de manera directa y fresca, en medios muy distintos, como blogs, vídeos en Internet, televisión. Nos parece que tiene mucho alcance y hace llegar los mensajes de manera eficaz. Creemos que sus mensajes se complementan muy bien con los nuestros. Es una compañera de la profesión sanitaria, como es la farmacia, que también tiene una gran importancia en el tema de la alimentación infantil. Muchos alimentos infantiles se compran en farmacia.

M.G.- Hablamos de potitos, por ejemplo.

A.S.- Sí, de potitos, papillas, leches de continuación,...

M.G.- ¿Y qué va a encontrar el lector en este libro?

L.M.- En los dos primeros capítulos encontrará información sobre la alimentación saludable, centrándonos en algunas consideraciones por edad, desde el inicio con la lactancia hasta el momento en el que se inicia la alimentación complementaria. Luego hablamos de las diferentes ingestas del día, -desayuno, comida, merienda, cena-, revisando qué solemos tomar en esas ingestas o qué se nos sugiere habitualmente que tomemos. Hemos analizado si lo que se nos sugiere es saludable o no, qué otras alternativas hay y cómo podemos organizarnos mejor con las ingestas.

En cuanto a los capítulos 3 y 4, me remito a lo que te dije antes. 

M.G.- La obesidad es un problema nutricional, social, médico,... ¿Sigue teniendo la misma transcendencia o se ha moderado un poco?

A.S.- No, de hecho, está teniendo todavía más trascendencia porque el sobrepeso y la obesidad infantil están aumentando en España. Con respecto a la obesidad infantil, hemos adelantado a algunos países como Estados Unidos, lo cual, hace años, era impensable. Es un problema que va «in crescendo». Si ahora mismo es grave y representa ya problemas de salud, la repercusión que va a tener a nivel económico y sanitario dentro de unos años, cuando esos niños y adolescentes se conviertan en adultos obesos, va a ser todavía mayor. Al gobierno le debe interesar poner freno a esto ya porque, de otro modo, las consecuencias van a ser dramáticas.

M.G.- Me parece que los padres con hijos obesos jamás se paran a pensar en los problemas futuros. No se plantean que lo que hoy no es más que unos kilos de más, mañana puede ser un problema serio. ¿No os parece?

A.S.- Es que muchas veces no se mira desde una perspectiva realista. Nos creemos que esa situación, en algún momento se va revertir, y no siempre acaba así. Es muy normal que lo niños acaben arrastrando el sobrepeso hasta la edad adulta. El sobrepeso tiene además otras complicaciones en la vida, desde estigmas estéticos, problemas de autoestima, repercusiones sociales, impactos metabólicos,... A veces no pueden realizar la misma actividad física que otros niños y eso, al margen de la salud propiamente fisiológica, también tiene repercusión en la felicidad del niño.

M.G.- Por la temática, ¿es un libro que está dirigido a los padres o futuros padres, instituciones, centros educativos,...? 

L.M.-  A todos. Tiene partes que son muy aplicables a los centros educativos, por ejemplo, todo lo relativo a los comedores escolares. Luego, si se lo leyeran las instituciones y tomaran nota, sería fantástico, pero sabemos que esto no va a pasar. Obviamente, también hay otra parte dirigida a padres, madres o cuidadores como los abuelos, u otros familiares.

M.G.- Lucía ha mencionado los comedores sociales. Sabemos por reportajes emitidos por televisión, que la calidad de los menús escolares no son siempre tan sanos como deberían. ¿Qué tenéis que decir al respecto? 

A.S.- La alimentación en los comedores escolares no está bien regulada porque lo que se especifica en la normativa es que los menús infantiles de los comedores escolares tienen que cumplir una serie de requisitos, y estos no siempre son saludables. Por ejemplo, se presta mucha atención a los nutrientes que se pueden cubrir perfectamente con patatas fritas, salchichas, hamburguesas, varitas de merluza... Pero el problema está en que, en dicha normativa, no se dice que todos los días hay que tomar verduras o que el postre tiene que ser siempre fruta. Hay cuestiones en las que no se entra y que son fáciles de regular, más allá de tablas de nutrientes o de cuánto zinc, magnesio,... hay que ingerir al día. Sería mucho más fácil decir que cada día debería de haber como mínimo una ración de  verduras.

M.G.- ¿Y en los hospitales? Me parece a mí que los menús hospitalarios tampoco son muy sanos que digamos.


L.M.- En general, no demasiado. Casi todas las cocinas de los hospitales están gestionadas por catering externos y muy pocos hospitales tienen su cocina propia. El dietista que controla el menú pertenece al catering, con lo cual se tiene que tragar muchas cosas porque está en juego su puesto de trabajo. Y quienes aprueban los menús, lo que miran es el coste final más que la salubridad del mismo o que sea nutricionalmente adecuado. 



Por otra parte, la cocina hospitalaria, al igual que la del resto de colectividades, tiene una serie de particularidades que no nos permiten mucho margen de maniobra. El estocaje es otro gran problema. Tienen que almacenar mucho alimento y no pueden ser muy perecederos. De todos modos, los menús hospitalarios podrían ser muy mejorables. Bastaría con que hubiera un control externo de un dietista-nutricionista, dependiente de la Consejería de Sanidad, en lugar de ser dependiente de la propia empresa de catering.

M.G.- Algo muy interesante que incorporáis en el libro son los mitos y las falsas informaciones que giran alrededor de la alimentación infantil. Hay mucho bulo.

A.S.- Sí, claro. Para empezar a construir lo que tiene que ser una alimentación infantil hay que aclarar qué es lo que no es saludable. En el libro dejamos claro de una manera clara y sencilla, que la alimentación infantil puede ser muy parecida a la alimentación básica del adulto. Hemos tenido que romper falsas creencias que rodean la alimentación infantil, como por ejemplo que los lácteos son imprescindibles para los niños, o que el desayuno es la comida más importante del día, o que un niño sin ingesta de azúcar no puede rendir. Hay muchos mitos alrededor de la alimentación infantil y cuando los destierras, te das cuenta de que, comer saludable implica simplemente comer comida.

M.G.- Se habla mucho últimamente del «Baby Led Weading» y del «Bliss» pero son técnicas que, a algunas madres les da miedo por temor a atragantamientos. Contadme en qué consisten realmente estas técnicas y si hay fundamento para estos temores.

L.M.- Consiste en alimentar a los bebés con trozos de alimentos, que ellos puedan agarrar y que tengan una textura que puedan deglutir. A ciertas edades, no hay necesidad de darles la comida en papillas. Con el «Baby Led Weaning», la textura del alimento debe permitir que el bebé lo pueda aplastar contra el paladar, usando la lengua. En cuanto al «Bliss», es una evolución del «Baby Led Weaning», que tiene en cuenta un poco más la precisión en el tema de las texturas, pero la idea es básicamente  la misma.

El «Baby Led Weaning» no implica mayor riesgo de atragantamiento si se hace de forma adecuada y el niño está acompañado siempre. De todas formas, todos los niños se atragantan porque forma parte del proceso de la alimentación. Igual que todos los niños se caen y se dan un porrazo, cuando están empezando a andar. Así que no hay que tenerle miedo. En cualquier caso, es preferible unos padres felices y unos niños comiendo papillas, que unos padres estresados y un niño alimentándose con trozos de alimentos. 

M.G.- ¿Está la gente ahora más preocupada por lo que come como adulto y lo que le da de comer a sus hijos? Me refiero a todo ese movimiento del «realfooding» que está tan en auge.

A.S.- Es falso que la gente esté hoy más concienciada con la alimentación porque en España, hoy se come peor que nunca. Va a depender del sector de la población. La gente que no tiene acceso a la información, a redes sociales,... es la que peor come y es en ese sector, donde está la pobreza energética y la pobreza infantil, donde existe más sobrepeso y obesidad. Ahora bien, al margen de esto, es cierto que las personas con acceso a redes sociales, a la información, sí parece que está mostrando más interés en comer de forma saludable. Desde hace unos cinco años, mucha gente está divulgando un estilo de alimentación saludable. Concretamente, has nombrado una corriente que hace referencia, sobre todo, a los veinteañeros. El «realfooding» es el aterrizaje en España de una tendencia bastante conocida, y que todos los sanitarios y los nutricionistas llevamos divulgando hace años. Hay que comer principalmente materias primas pero esta tendencia ha dado ahora un salto a la cultura pop. En realidad, no es más que una cuestión de sentido común. Priorizar las materias primas en vez de los alimentos procesados, aumentar la ingesta de verduras, que la bebida que acompañe las comidas sea el agua, y que tomemos fruta de postre. Así de simple. 

M.G.- Pero, con esto de saber lo que comemos, sí estamos más pendientes de leer el etiquetado de los alimentos, ¿no? Y os confieso que a mí me resulta muy difícil entender las etiquetas.

L.M.- Para eso, el último libro de nuestra prologuista, Marián García, «El jamón york no existe» está muy bien porque justo explica este tema de manera muy entretenida con ejemplos prácticos. Este libro sería una gran recomendación para cualquier persona que esté interesada en entender el etiquetado.

En cualquier caso, lo primero que tenemos que leer en las etiquetas es la lista de ingredientes. Luego ya podemos complementar esa información con la tabla nutricional. Ahora bien, es mucho más útil comprar productos de los que no tengas que mirar la lista de ingredientes porque el ingrediente es precisamente, el que estás comprando. 

M.G.- Y ya que habéis mencionado las redes sociales, también dedicáis una sección del libro a los «influencers», que muestran en las redes lo que consumen o lo que le dan de comer a sus hijos, y no siempre muestran alimentos sanos. 

A.S.- Se ha producido un cambio en cuanto a la manera en la que recibimos la publicidad. Antes la recibíamos desde un punto de vista declarado o al menos, perceptible, a través de la televisión, los anuncios en la calle,... Con el salto de la publicidad no declarada a las redes sociales, nos encontramos con que hay vectores de transmisión de publicidad a través de personas famosas, que hacen recomendaciones indirectas de estilo de vida y de salud. A veces es publicidad de otras marcas y otras, comercializan sus propios productos o servicios. Todo esto es muy peligroso. Esa publicidad no está declarada, y por lo tanto es ilegal. Es publicidad que no es percibida por los consumidores como tal, y además tiene otra peligrosidad extra, y es que se junta con un punto de vista aspiracional. La gente que sigue a esas personas quiere ser como ellos, los imitan, quieren saber qué hacen. 

M.G.- Así es. Bueno, Aitor y Lucía, muchas gracias por contarnos algo más sobre vuestro libro, «¿Qué le doy de comer?» Espero que vuestras recomendaciones lleguen a mucha gente.

A.S.- Gracias a ti.

L.M.- Gracias.



Sinopsis: «Leche de continuación», «mi primer yogur», «crema de cacao sin azúcar»… son términos que se asocian a una buena alimentación infantil, a una dieta saludable y sensata elegida por padres y madres abnegados. ¿Pero de verdad es esa la comida que hay que ofrecerles a los pequeños de la casa? ¿Son esos productos rodeados de mensajes publicitarios realmente sanos? ¿Más sanos que una simple pieza de fruta?

En ¿Qué le doy de comer? descubriremos no solo cómo podemos enfocar los primeros meses de alimentación sólida de los bebés (BLW, BLISS, entre otras), sino que también nos armaremos de argumentos para elegir mejor y con más criterio aquellos alimentos que seleccionamos para los niños. Además, trataremos temas educacionales relacionados con la comida y exploraremos situaciones cotidianas como si se debe llevar el móvil a la mesa o cómo pueden participar los niños en aquellas tareas que conlleva alimentar a la familia. 

Cargado de recursos prácticos y realistas, así como de consejos para crear menús semanales para nuestros hijos, este libro se convertirá en la guía para todos los padres que quieran conseguir que sus hijos coman de forma saludable, sea cual sea el tipo de alimentación de la familia, y enseñará a los más pequeños hábitos alimentarios saludables para crecer fuertes y sanos.

Puedes empezar a leer aquí.




jueves, 28 de marzo de 2019

CARLOS RÍOS: 'Acostumbramos a tomar alimentos que están ultraprocesados y no somos consciente de ello'

Desde hace unos años vigilo lo que ingiero. Tras una época en la que mi cuerpo decidió expandirse a lo ancho, debido principalmente a una alimentación errónea con cenas copiosas, poca actividad y muchas inmersiones al adictivo mundo de los ultraprocesados, me decanté por una alimentación más equilibrada y sana, con procesos de elaboración exento de grasas y un aumento del consumo de frutas y verduras. Pero esta es una batalla que llevo librando a diario desde entonces porque me ponen una pizza por delante o una hamburguesa con todos su avíos y pierdo los papeles. Reconozco que, a pesar de procurar estar muy pendiente de lo que me llevo a la boca, no consigo encarrilar mi alimentación hacia el buen camino y es frecuente que los fines de semana me desmadre totalmente. Y también estoy convencida que muchos de mis supuestos hábitos saludables no lo son tanto, así que me hablar con Carlos Ríos, nutricionista de profesión,  y leer su libro Come comida real, me ha abierto muchos los ojos.

El autor estuvo hace un par de semanas en Sevilla y hablamos de todo esto. 


Marisa G.- Carlos, ¿qué te empujó a estudiar nutrición? Me parece una materia muy interesante, especialmente en los tiempos que corren, en los que parece que cuidamos más lo que comemos.

Carlos R.- En realidad, el estudiar nutrición fue casual. Como le pasa a muchos jóvenes hoy día, no tenía muy claro lo que quería hacer, aunque sí sabía que tenía que estar orientado a la rama sanitaria. Así que, cuando llegó el momento de elegir, decidí probar con la nutrición. Al principio, encontré que las asignaturas no me apasionaban pero luego descubrí el poder que tenía la nutrición, que podía ayudar a las personas a mejorar su salud, a cambiar sus hábitos alimenticios. Así que, hoy por hoy, más que mi trabajo se ha convertido en un hobby para mí. 

M.G.- Todo esto lo cuentas en las primeras páginas del libro. Cuando estabas en la universidad, tu objetivo era ir aprobando asignaturas y punto. Sin embargo, cuentas que fue tu abuela la que te hace ver las cosas desde otro punto de vista.

C.R.- Así es. Durante la carrera veía algunas incongruencias. Por ejemplo, aprendíamos mucho sobre calorías y nutrientes, cosas que mi abuela desconocía por completo. Con sus ochenta años, ella conocía muy bien los alimentos, los cocinaba bien sin necesidad de ir a la universidad. Sin embargo, hoy iba al supermercado, veía alimentos ricos en fibra, sin gluten,... Caía en las mismas trampas que cae el resto de consumidores pero lo realmente importante es lo que hacía mi abuela, saber qué alimentos eran realmente buenos y cómo cocinarlos. Eso es lo más importante.

M.G.- En la cubierta del libro se dice que eres el creador del movimiento Realfooding. ¿En qué consiste realmente?

C.R.- Pues básicamente en lo que te comento, en conocer los alimentos y no estar tan pendientes de las calorías y los nutrientes. Debemos aprender a defendernos de todos esos productos nuevos que están saliendo, de los ultraprocesados, que tienen mucha visibilidad y los tenemos a nuestro alcance. El movimiento Realfooding pretende defender la comida de las abuelas.Le puse ese nombre para conectar más con mi público. La idea de comer de manera saludable no está relacionada con la dieta, con pasar hambre o con una comida monótona. No se trata de cuidar lo que comemos antes del verano porque queremos bajar de peso, se trata de alimentarse bien y de forma sana todo el año. 

M.G.- Los ultraprocesados son los productos talibanes de nuestra alimentación pero, con el ritmo de vida que llevamos, ¿cómo es posible compaginar nuestro día a día con la comida casera de nuestras abuelas, que requiere su tiempo o una cocción lenta? 

C.R.- Entiendo que, al tenerlos a nuestro alcance y consumirlos simplemente abriendo el paquete y calentándolos o haciendo un pedido a domicilio, es una tentación con el poco tiempo que tenemos pero se trata de aprender una serie de hábitos y de herramientas para que eso no sea determinante. También podemos poner la excusa de que no tenemos tiempo para hacer deporte. Bueno, no tienes tiempo si no lo priorizas. A lo mejor tienes que dejar de hacer otras cosas para hacer deporte. Pues con la comida pasa lo mismo. No estoy reclamando una alimentación que requiera tirarte cuatro horas en la cocina al día porque yo mismo tampoco tengo tiempo. Pero lo que sí hago es ponérmelo fácil y buscar los alimentos reales que más fácil me puedo preparar, que sean más gustosos, que los pueda preparar con recetas fáciles,... Es todo cuestión de planificación. El domingo lo dedico a preparar varias comidas que luego congelo y así las tengo lista para la semana. También me cuadro el día de la compra para poder tener los alimentos disponibles para la semana. Es cuestión de planificación y gestión de tu alimentación, al mismo que gestionas tu economía.

M.G.- Hay que ser muy disciplinado también.

C.R.- Eso llega con el hábito. Llega un momento en el que el propio cuerpo te lo pide.

M.G.- Pero con respecto a los ultraprocesados, mencionas en el libro que también los podemos encontrar en tiendas ecológicas y herboristerías. Leer esto me descolocó muchísimo.

C.R.- Es que lo puedes encontrar incluso en los hospitales. En el fondo este tipo de alimentos es un negocio y todo el mundo quiere ganar dinero con ellos. Como negocio van a utilizar todas las técnicas de marketing para vender más. Hay alimentos que llevan la etiqueta 'Bio' o 'Ecológico' pero luego vas a la verdad, a la lista de ingredientes, y te encuentras que ese producto ecológico viene con azúcar añadido o con aceite de palma. No se garantiza que sea saludable. Hoy en día no hay una etiqueta, ni siquiera la etiqueta 'Natural' que proteja a la población ni la ayude a diferenciar qué es comida real de lo que no.

M.G.- Pero ¿existe un control sanitario severo sobre esos productos que se venden como 'Bio' o 'Ecológico'?

C.R.- Sí pero las etiquetas 'Bio' o 'Ecológico' hacen referencia al cultivo de los ingredientes pero no al procesamiento. Puedes encontrarte una manzana normal y una ecológica. Ambas son saludables pero una tiene un cultivo diferente de la otra. Y luego te puedes encontrar un pastel de manzana ecológico y un pastel de manzana normal. Ninguno de los dos serán saludables porque llevan esos ingredientes añadidos. Lo mismo ocurre con los alimentos sin gluten, serán sin gluten pero dependiendo del procesamiento serán sanos o no.

M.G.- Porque sí que existen productos procesados que no son perjudiciales, ¿verdad?

C.R.- Sí, exacto. Hay diferentes métodos de conservación que se han ido perfeccionando como las conservas en latas, en botes, encurtidos, congelados,... Incluso la tecnología nos facilita hacer una ensalada de manera rápida, con esas bolsas que contienen diferentes tipos de lechugas y que solo hay que abrir y usar porque ya vienen limpia. Eso es un buen procesado porque está mínimamente manipulado. Lo que diferencia un procesado a un ultra-procesado son los ingredientes y las cantidades que se añaden a los alimentos. Puedes encontrar un tomate triturado de bote que contiene azúcar pero te das cuenta que lleva menos de 10% de azúcar, por ejemplo 5 gr de azúcar. Esto no tiene nada que ver con esas barritas de cereales que vienen con 30 gr o con un yogur azucarado que viene con más de 20 gr de azúcar. Todo esto es importante. Entiendo que es algo lioso y por eso doy unas reglas generales, que tiene sus excepciones pero que facilita la lectura de las etiquetas. Siempre digo que si en una etiqueta figuran más de cinco ingredientes, probablemente sea un alimento ultraprocesado.



M.G.- ¿Cuáles son los errores más comunes que cometemos los que creemos que comemos de manera saludable?

C.R.- Hay veces que la gente excluye alimentos reales porque creen que engordan y no son buenos. Por ejemplo, no suelen tomar frutos secos porque dicen que tienen muchas calorías, cuando esas calorías no tienen por qué engordar. Es más, las calorías de los frutos secos engordan menos que la de los alimentos ultraprocesados. Tampoco comen huevos con frecuencia por tienen mucho colesterol pero ese colesterol no es malo. La grasa del aguacate es otro ejemplo o no comer legumbres porque tienen hidratos de carbono. Todos estos alimentos no se deben descartar. Y por otra parte, incluyen alimentos en su dieta que están muy procesados y no lo saben, como los palitos de cangrejo que llevan de todo menos cangrejo, o los zumos, las galletas,... Acostumbramos a tomar alimentos que están ultraprocesados y no somos consciente de ello.

M.G.- En el libro también hablas del Omega-3 y el Omega-6. En la televisión vemos muchísima publicidad de alimentos que dicen contener estos aceites pero hay que tener cuidado, ¿verdad?

C.R.- Exacto porque son aceites que debemos consumir de forma equilibrada. El Omega-6 se extrae de las semillas y se añaden a muchos productos precocinados y el Omega-3 lo encontramos en el pescado, frutos secos,... Ahora bien, nuestro cuerpo también acumula grasas, Omega -3 y Omega-6, en su justa proporción. Si tomamos muchos alimentos que lleven Omega-6 y pocos con Omega-3, se desequilibra totalmente la proporción. Este desequilibrio, en base a las evidencias científicas, provoca una inflamación crónica de bajo grado, relacionado con enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer, y demás. Es una inflamación que tú no detectas.

M.G.- ¿Y qué pasa con los edulcorantes? El azúcar blanca es mala, la estevia, la panela, el jarabe de agave que ahora está tan de moda,... ¿qué es lo que debemos usar para edulcorar?

C.R.- En realidad hay dos tipos de endulzantes. Por un lado están los calóricos  como azúcar blanca y sus derivados como la panela, el sirope de agave,... Todo es azúcar y sigue teniendo el mismo efecto. Por otro lado, están los acalóricos como los edulcorantes artificiales: la stevia, la sucralosa, el aspartamo... Todos estos no aportan calorías pero tampoco son la solución porque alteran nuestro paladar, hacen que tengamos más preferencia por las cosas dulces. Incluso te puedo decir que algunos no son nada inocuos y alteran nuestra microbiota, es decir, nuestras bacterias del colón que son beneficiosas cuando le damos fibra o comida real. Los edulcorantes trastocan esas bacterias.

M.G.- Pero si tú te tomas un café, ¿qué le echas?

C.R.- Nada. Intento disfrutar del sabor del café. Es como si te tomas una cerveza y pretendes que esté dulce. El café no tiene un sabor dulce. No obstante, el problema no está en el azúcar que le echas al café sino en el azúcar oculto en otros alimentos. Cuando te estás tomando un producto de bollería, un yogur, un batido, o un refresco, hay un montón de azúcar. Ese es el problema.

M.G.- Los ultraprocesados llevan muchos conservantes y aditivos, y recuerdo que hace muchísimos años se emprendió una batalla contra el E-330. ¿Todos son tan perjudiciales?

C.R.- No. En el libro, desgloso y analizo los diversos ingredientes de un ultraprocesado para explicar cada uno de ellos y hago hincapié en que el problema está en el todo. Tú no te comes un conservante, te comes el conservante y todo lo demás, todo junto. Los aditivos se usan para dar características al alimento, el color, el sabor y ayudan a la conservación. Sí que es verdad que algunos tienen efectos adversos, como por ejemplo los nitritos que están relacionados con el cáncer de colon, los potenciadores del sabor o los emulsionantes que afectan a nuestra microbiota pero hay que alejarse de los rumores de que son tóxicos y provocan cáncer. Esto no está demostrado porque lo que produce estas enfermedades es el ultraprocesado completo y su consumo a largo plazo.

M.G.- En libro explicas un experimento que has llevado a cabo por redes sociales relacionado con el pan. Hay gente que no puede pasar sin comer pan todos los días. 

C.R.- Sí, me di cuenta en la consulta. A los pacientes le hago el recuento diario de lo que comen y el pan aparecía siempre. Es más, algunos ni siquiera lo tenían en cuenta, no decían que comían pan porque es algo muy común. Muchos decían que solo lo usaban para empujar, como si no contara en la ingesta. No somos conscientes de la cantidad de pan que consumimos al día. Hacemos un mal uso de este alimento porque, si no comes lentejas todos los días, ¿por qué sí comes pan todos los días en todas las comidas? Se abusa mucho del pan.

Por otra parte, la calidad del pan hoy en día es malísima. La harina no suele ser integral, la fermentación es muy rápida, es más indigesto, tiene alto contenido en gluten... No es un alimento nutritivo. Incluso para mucha gente le será obesogénico, es decir, un producto que promueve el sobrepeso y la obesidad.

M.G.- Carlos, yo tengo un gran problema. Si veo una película en casa o voy al cine, me gusta comer las típicas palomitas. Y luego soy una adicta a las chucherías. Sé que son malísimas pero ¿qué puedo comer para esas ocasiones?

C.R.- Si vas al cine puedes hacerte tus palomitas caseras en casa antes de salir. Te va a costar ocho veces menos que en el cine, eso para empezar, y luego no le echas esos aceites y esas cantidades de sal que llevan las que compras en la calle. En casa, pues también puedes tomar algunos frutos secos, chocolate negro, aceitunas, encurtidos, altramuces o fruta cortada. Creo que todo es acostumbrarse. Es como el fumador que no entiende cómo los demás podemos vivir sin fumar. 

M.G.- Intentaré poner en práctica tu consejo, a ver cómo se me da. En cualquier caso, el libro está dividido en dos partes. La primera se centra en los ultraprocesados y la segunda en la comida real. En esta segunda parte podemos encontrar recetas. Eso me gusta.

C.R.- Sí, claro. La famosa crema de cacao y avellana la hago con ingredientes saludables, con dátiles, con avellanas, con cacao puro y con algo de aceite de coco. Son formas de hacer alimentos apetecibles pero con ingredientes más saludables. No tendrá el mismo sabor pero es cuestión de acostumbrarse a la comida real y para ello hay que cocinar. No hay que ser un chef de estrella Michelin, es simplemente combinar de la forma que más te guste. Las verduras no tienes por qué tomarlas hervidas puedes comerlas en puré, salteadas, especiadas,... Existen muchas formas de prepararlas, sanas y rápidas. Es cuestión de combinar y probar.  

M.G.- Entiendo que cuando hacemos la compra deberíamos leer las etiquetas de los alimentos pero yo no me entero porque no manejo la terminología. ¿Cuáles son las palabras claves que debo tener en cuenta para sacar un alimento de mi cesta de la compra?

C.R.- Es muy complicado sí, y a largo plazo debería ser una cuestión política . Habría que vender los productos con un etiquetado más claro, como hacen en otros países, como Chile, donde la etiqueta te advierte si el producto es saludable o no. Y como es tan difícil, por eso digo que, de forma general, si el producto tiene más de cinco ingredientes, probablemente sea ultraprocesado. No obstante, también hay excepciones porque hay alimentos que llevan más de esos cinco ingredientes pero son aceptables porque no llevan azúcares, aceites, harinas refinadas,... Los azúcares tienen muchos nombres como la maltodextrina o dextrosa y sé que es complicado conocerlos todos pero, como digo, si no reconoces lo que lees en el etiquetado, seguro que es un producto ultraprocesado. Al final consumimos muchos ingredientes y pocos son reales.

M.G.- Carlos, ¿siempre eres estricto con lo que comes?

C.R.- Aplico lo que digo en el libro. Es utópico decir que jamás como ultraprocesado. Lo que hago es no comprarlos, así evito la tentación de recurrir a ellos cuando estoy en casa pero claro, también tengo vida social y ahí sí que puedo caer. De todos modos, sé que no son saludables, sé detectarlos y sé cómo poder minimizar su ingesta por lo menos. Mi patrón de alimentación se sustenta en un 90% de comida real, por lo tanto si el 10% restante es ultraprocesado tampoco me voy a sentir culpable. Ahora llega la Semana Santa y me tomaré una torrija sin remordimiento. Y llegará el verano y me tomaré un helado o varios al mes y no hay problema porque soy consciente de lo que como y tomo mejores decisiones.

M.G.- Pues sin duda voy a tener muy en cuenta todos los consejos que das en el libro. Espero erradicar mis malos hábitos y fomentar una alimentación con comida real. 

C.R.- Seguro que lo consigues.

M.G.- Eso espero. Muchas gracias Carlos.

C.R.- Gracias a ti.

El contenido del libro Come comida real no puede ser más interesante. Es verdad que hemos perdido la costumbre de alimentarnos como hacían nuestras abuelas porque no tenemos ni ganas ni tiempo pero lo que ingerimos beneficia o perjudica a nuestro cuerpo y es algo que debemos tener en cuenta. 

Carlos Ríos cuenta con miles de seguidores en sus redes sociales. Yo he echado un vistazo a su Instagram (@carlosriosq) y a su Facebook (Carlos Rios) y en estos espacios podemos encontrar información muy valiosa porque no solo nos da consejos sino que también nos explica el etiquetado de algunos alimentos que podemos encontrar en los supermercados más conocidos y frecuentados. Yo ya he tachado de mi lista de la compra algunos artículos y los he sustituidos por otros. Te recomiendo que te asomes a sus redes y verás lo que descubres.





Ficha novela

Editorial: Paidós.
Encuadernación: Rústica con solapas.
Nº Páginas: 320
Publicación: Marzo, 2019
Precio: 17,00€
ISBN: 978-84-493-3561-7
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí.






lunes, 29 de febrero de 2016

CARTA A D. HISTORIA DE UN AMOR de André Gorz.


Editorial: Paidós.
Colección: El arco de Ulises.
Fecha publicación: 2008.
Nº Páginas: 110
Precio: 15,00 €
Género: Pensamiento.
Edición: Tapa dura con sobrecubiertas.
ISBN: 9788449321023



Autor y sinopsis

André Gorz, cuyo verdadero nombre era Gérard Horst, nació en Viena en 1923. Filósofo y periodista, fue cofundador de Le Nouvel Observateur y su pensamiento se sitúa entre la teoría política y la crítica social. De formación marxista, a partir de los años 70 Gorz se convirtió en unos de los principales teóricos de la ecología política.

Carta a D. es una larga carta de amor que el filósofo escribió a su esposa poco después de descubrir que estaba enferma. Un testimonio conmovedor por su sensibilidad y su ternura, por su coherencia y honestidad.

En 2007 André Gorz se suicidó junto con su esposa en su casa de Vosnon, en Francia.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]



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«Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, sólo pesas cuarenta y cinco kilos y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca. Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos».

Estas palabras, que figuran en la contraportada de Carta a D. Historia de un amor, fueron las que me impulsaron a llevarme este libro a casa. Me parecieron de una belleza extrema y, nada más leerlas, se me vino a la mente una imagen que me obsesiona. No sé si alguna vez os ha pasado pero yo, con cierta frecuencia veo a una pareja de ancianos que viven cerca de mi casa. La peculiaridad de ese hombre y esa mujer no es un caminar despacio y renqueante, no es un rostro lleno de arrugas o una cabellera plateada. No, eso es lo común, lo habitual, lo esperado. Lo que no es tan usual es verlos siempre, siempre, cogidos de la mano. Cada vez que me cruzo con ellos por la calle no veo a dos octogenarios sino a dos jóvenes que han sido capaces de mantener la esencia de un amor de juventud en el transcurso de los años. En ese simple gesto, en esas dos manos entrelazadas, hay todo un universo de sentimientos.



Todo esto es lo que pensé cuando leí las palabras con las que además se inicia este pequeño libro, pequeño no solo porque abarque unas cien páginas sino también por su formato que, por paradójico que parezca, tiene el tamaño de un misal.

Carta a D. Historia de un amor es efectivamente una carta de amor pero no lo es al uso. Si te paras a analizarlo un poco parece más bien un ajuste de cuentas, un intento de hacer justicia, cuando uno viene de vuelta de todo y tiene capacidad suficiente como para evaluar qué es lo que realmente merece la pena en la vida. 

Bajo el seudónimo de André Gorz se esconde Gerhard Hirsch, un periodista y filósofo de origen judío, gran pensador y cofundador de Le Nouvel Observateur, destacó por sus teorías marxistas y la publicación de varios libros y ensayos que le granjearon bastante reputación, obras en las que siempre tuvo el apoyo de su esposa Dorine Keir, de la que vivió enamorado toda su vida. No me paro a daros más datos sobre su biografía pero sí es importante destacar que el matrimonio decidió poner fin a sus días el 22 de septiembre de 2007. La vida los había unido y no se separarían ni siquiera en la muerte. 

Carta a D. Historia de un amor nace en el momento en el que Gorz conoce una terrible noticia, la de la enfermedad degenerativa que padecía su esposa y que le provocaba fuertes migrañas y dolores. Es entonces cuando echa la vista atrás y descubre con horror lo poco presente que su esposa ha estado en su obra, cuando probablemente, él no hubiera sido lo que es de no ser por ella. Gorz llega así al descubrimiento de una verdad universal, aquella que hace tambalear  nuestra existencia, cuando advertimos lo poco que hemos valorado lo que teníamos a nuestro lado hasta que estamos a punto de perderlo. Qué necios parecemos entonces, cuánto arrepentimiento. Es justo en ese momento en el que se encuentra André Gorz cuando, la noticia de la enfermedad de su esposa, le obliga a repasar su vida junto a ella. Solo así, reflexionando y poniéndolo por escrito, entenderá lo importante que ella ha sido en su vida y lo mucho que la ha amado siempre. 

«Necesito reconstruir la historia de nuestro amor para captar todo su sentido. Gracias a ella, somos los que somos, uno por el otro y uno para el otro. Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos». [pág. 9]

Pero para llegar al amor y entender la magnitud del mismo, Gorz hace un repaso a su vida y nos narrará cómo conoció a su mujer, dónde se vieron por primera vez, cómo fue la infancia de ella y de qué forma y manera llegaron al matrimonio. Poco a poco va desgranando de manera breve los acontecimientos a lo largo del siglo XX y la evolución de su pensamiento. Quizá es esta, la puesta en escena de su ideario político y social, la que se me ha hecho más cuesta arriba, en la que se pierde de vista el amor para dar paso a otras cuestiones escritas en un tono más gélido, más aséptico, sin el calor de esos otros pasajes en los que el amor es el centro neurálgico.


Pero entre sus reflexiones también vamos a encontrar otras de otra índole que me han parecido sumamente interesantes. Medita Gorz sobre la práctica de escribir como una necesidad vital tan necesaria como alimentarse, respirar o dormir y en esa obsesión de encerrarse en sus trabajos. apartándose de todo lo demás, siempre encontró el apoyo de su mujer que le diría «Si tu vida es escribir, entonces escribe».


André Gorz y Dorine
En cualquier caso, Carta a D. Historia de un amor termina como empieza, como una oda al amor, cerrándose así el círculo que Gorz ha trazado en este libro, concluyendo que lo realmente importante que ha tenido en su vida es su mujer y el amor que ambos han sentido el uno por el otro. El final es tan bello como el principio y para no romper la magia de este canto al corazón lo dejaré en el aire, a la espera de que vosotros mismos lo descubráis.
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