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lunes, 15 de noviembre de 2021

UN PAÍS CON TU NOMBRE de Alejandro Palomas

Editorial: Destino
Fecha publicación: septiembre, 2021
Precio: 19,50 €
Género: narrativa
Nº Páginas:400
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788423359882
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes empezar a leer aquí]


Autor

Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) es licenciado en Filología Inglesa y máster en poética por el New College de San Francisco. Ha compaginado el periodismo con la traducción de importantes autores y con la poesía (Quiero y Una flor). Entre otras, ha publicado las novelas El alma del mundo, Agua cerrada y El tiempo que nos une. En 2016 recibió el Premio Nacional de Literatura Juvenil por Un hijo, cuya secuela, Un secreto, se publicó en 2019. La exitosa trilogía Una madre, Un perro y Un amor (Premio Nadal 2018) retrata a una familia que ha enamorado a miles de lectores. Con Un país con tu nombre (Destino, 2021) inicia un nuevo universo literario. Su obra ha sido llevada al cine y al teatro y se ha traducido a más de veinte lenguas.

Sinopsis

Jon, cuidador de elefantes en el zoo, y Edith, viuda que vive con sus once gatos, son los únicos habitantes de una aldea abandonada. Vecinos solitarios primero y ahora buenos amigos, no imaginan que la noche en que la veleta del viejo campanario gira sobre sí misma, el ojo del tiempo se posa sobre la aldea y la vida de ambos está a punto de girar con ella.

La llegada de la primavera trae consigo una inesperada decisión por parte de la dirección del zoo, a la que se suma un perturbador anuncio: el Ayuntamiento al que pertenece la aldea restaurará la casona en ruinas del lago para convertirla en hotel rural. La doble noticia cambiará de golpe las vidas de Jon y Edith, empujándolos a dar un paso hasta entonces tímidamente contemplado.

La amistad entre Jon y una callada elefanta llamada Susi, la relación entre Edith y su hija Violeta, desencontradas durante décadas, y una hora de la noche —«la hora trémula»— en la que pasa todo y todo queda conforman Un país con tu nombre: una historia sobre el amor en mayúsculas, la honestidad con los propios sueños y sobre la libertad llevada a su expresión más pura.

[Información tomada directamente de la web de la editorial]



Hay novelas de las que cuesta mucho hablar. La incapacidad no deriva de la falta de datos, emociones o sensaciones que uno quiere transmitir sino de hacerlo con el orden y la nitidez que la obra requiere. Meterse de ello en una novela de Alejandro Palomas es tener la certeza de terminar vapuleado por un tsunami de conmociones. ¿Cómo contar todo lo que nos hace sentir con sus libros? No lo sé. Reviso mis notas, trato de ordenarlas esquemáticamente sin encontrar un bosquejo satisfactorio. Realmente no sé por dónde empezar porque las novelas de Alejandro Palomas constituyen un todo, un universo imposible de fragmentar.  

Con esta mezcla de desazón y plenitud a la vez vengo hoy a hablaros de Un país con tu nombre, una novela con la que otros lectores se han deshecho en halagos. No es para menos. Me uno a todas esas sensaciones maravillosas que otros han sentido. Pero, si me preguntaras de qué va la novela, te diría que, si nos atenemos a la superficialidad de su trama, se podría decir que Un país con tu nombre narra la historia de dos seres solitarios, de Edith y de Jon. Ambos viven en una aldea abandonada, alejados del asfalto, el ruido, las prisas, los nervios y el runrún diario. Pero esta novela llega mucho más lejos.  

Edith

Tiene setenta y seis años, y once gatos. Durante diecinueve años fue la esposa de un abogado belga «que ordenaba los calzoncillos por colores y a las amantes por edades». De aquella relación nació Violeta, lo único bueno que le queda de aquellos años. Porque el verdadero amor lo ha vivido con Andrea, otra abogada, con la que mantuvo una relación durante veintiséis años, hasta que esta falleció no hace tanto. 


«... a mi esa capacidad de vivir como si la vida fuera lo de menos era lo primero que me había enamorado de ella y lo que siguió enamorándome hasta que ya no estuvo». [pág. 15]


Desde entonces Edith está sola. A pesar de que Andrea le pidió que no se quedara en aquella aldea cuando ella falleciera, no ha querido alejarse de esa vieja rectoría rehabilitada en hogar, o no ha sabido cómo dejar atrás un lugar en el que ha sido tan feliz, y en el que ha estado residiendo durante treinta años. 

Hasta hace muy poco, solo tenía a Violeta, esa hija que ronda la cincuentena, y vive en Noruega, con la que conversa telefónicamente en ocasiones. Madre e hija tienen la típica relación de ni-contigo-ni-sin-ti que muchas hijas hemos tenido con nuestras madres. Violeta sufre a su madre en la distancia. Y la madre también tiene que soportar los enveses de su hija. Pero bajo esos desencuentros hay un profundo amor. 

Jon 

Tiene cincuenta y nueve años. Se mudó a aquella aldea con su hermana Mer hace tres, justo cuando Edith llevaba ya dos de viudedad. De todos modos, Mer no se quedó en aquel lugar mucho tiempo. Profesora en la universidad, y científica de profesión, a veces emprende largos viajes por el mundo para estudiar colonias de animales, lo mismo da que sean pingüinos que caimanes. En cambio Jon tiene un trabajo más estable, como veterinario en un zoo. Como cuidador de elefantes, cada día coge su moto para abandonar el bosque y meterse en el hormigón. No le importa demasiado porque trabaja en el mejor lugar de la ciudad, donde «el ruido es otro y el aire también».


«Mi destino es una pequeña república independiente encajonada en el meollo de la red gris de calles y avenidas: un planeta mínimo poblado de cientos de vidas que nadie muralla de ladrillos, seto y alambre». [pág. 27]


Y en ese reducto, Jon tiene una misión, la de cuidar a la elefanta Susi, con la que establecerá un vínculo especial. En su trabajo también conocerá a Suzume, una niña asiática que acude al zoo todos los días con la tarea de contar flamencos, y cuyas sentencias caen en Jon y en el lector como auténticos obuses. Suzume es de esos personas que se meten dentro para siempre, en cuyo interior habita todo un abismo, un pozo terriblemente negro. Porque Suzume no lo sabe pero está marcada. Jon, también. De hecho, su nombre es Jonás pero lo acortó en Jon cuando sufrió una repentina tartamudez, tras vivir una experiencia traumática a los siete años de edad.  

Edith y Jon

Así pues tenemos dos personajes que no son tan distintos como parecen. No voy a desvelarte en qué se parecen esta mujer y este hombre, qué nexos tienen en común porque sería darte demasiados detalles de la trama. Lo único que te puedo adelantar es que un día, por un hecho fortuito, unirán sus vidas y emprenderán juntos un camino hasta un desenlace que viene a corroborar que nunca, nunca es tarde. Para casi nada. 


[Fuente: canal YouTube Planeta de Libros]

¿Qué me ha gustado de esta novela? 

Le comentaba a Alejandro en una conversación que mantuvimos en septiembre (puedes leerla aquí) que me costó un poco entrar en la historia. En Un país con tu nombre los personajes guardan secretos, se reservan una parte de la verdad, cada uno amparado en sus propios motivos. En este sentido, a la novela no le falta su dosis de suspense, aspecto que enriquece toda historia. Sin embargo, y a medida que avanzaba en la lectura, empecé a sentir que el autor se demoraba demasiado en desvelar alguna brizna de esa intriga que sobrevuela toda la historia. Confieso que en algún momento me paré y pregunté en voz alta: Pero, ¿cuándo me vas a contar algo, que ya estoy llegando al final? Y en esa última página entendí que no importaba la meta, sino el camino. Dice Alejandro Palomas, y no le falta razón, que «lo que yo pretendo es que disfrutes del recorrido, que te pares cuando quieras, que mires, que respires, que pienses y me sientas muy cerca. En mis novelas estoy cerca de ti constantemente, preguntándote, mirándote, empujándote,...»

Por otra parte, Un país con tu nombre aborda a través de sus personajes temas de mucha profundidad, que te hacen reflexionar sobre ti mismo o sobre la sociedad en la que vivimos. De entrada, y como suele ocurrir en sus novelas, el autor nos habla del amor en toda su extensión. No hay fuerza más poderosa que el amor, al menos, no la hay en las novelas de Alejandro Palomas. Y ese amor abarca a todos, y a cada uno de los seres vivos de esta historia. El lector se enfrentará al amor de pareja, al materno-filial, al fraternal, al amor entre amigos y al que podamos sentir por los animales. Incluso, se tocará el amor que estos últimos pueden sentir por un ser humano. ¿Quién no se ha sentido querido por su gato, su perro, o su elefante? Lo que Jon va experimentar con Susi es fruto de esa unión y ese compromiso que adquirimos con los animales. Por eso, esta novela se convierte también en un alegato en contra de los zoológicos. El propio autor quiere concienciar al lector de la realidad que se vive en estos lugares, y lo hace a través de sus testimonios en las entrevistas que concede, pero también a través de diversos pasajes de esta novela, como el que sigue:


«No hay más que ver a Freddy, el rinoceronte, conviviendo con su propia sombra en el limbo de su foso. quieto durante horas, con la cabeza gacha y la mirada perdida en la pared, como si quisiera leer en ella los porqués y para qué de su historia, esa mirada que muchos tienen en el zoo y que nadie quiere ver, ni quienes los atendeos ni las familias que traen a sus niños a pasar el día entre unos animales que no entienden que los miren por ser lo que son, que no saben descifrar esas risas ni esa curiosidad que a algunos de ellos les recuerdan infiernos pasados en circos, jaulas y peceras». [pág. 201]

 

Y siguiendo con la línea de temas, hay que señalar que el autor ahonda en la soledad, en la que viven Jon y Edith, unida además a la pérdida de un ser querido, a ese duelo con el que cada uno lidiamos a nuestra manera. En esta novela más de un personaje tendrá que despedirse definitivamente de alguien a quien ama. Todo el que haya pasado por ese trance sabrá lo complicado que es levantarte un día con un agujero en el pecho y una profunda sensación de vacío. Edith trata de recomponerse cada día por la ausencia de Andrea, a la que recuerda constantemente, en un intento de no olvidar jamás, de volver a traerla a su lado. De duelo también sabe Palomas tras la pérdida de su madre a la que él, y me atrevería a decir también los lectores, estaba tan unido. Por eso creo que esos pasajes en los que se habla del dolor por el adiós son especialmente vívidos y emocionantes, porque son fruto de la experiencia propia. Y por eso, los que hoy somos huérfanos, podemos vernos reflejados en el dolor de los personajes con una claridad meridiana.

Pero si hay un tema que sobresale sobre todos los demás es la lucha por los sueños. No importa la edad que tengas, no importa cuál sea tu situación personal, dónde vivas o con quién. Si tienes un sueño, ve a por él. No hay nada más ilusionante que emprender un proyecto, comenzar a dar los primeros pasos hacia ese objetivo que tenemos en mente, poniendo todo de nuestra parte y sin tirar la toalla. Sobre sueños saben mucho los personajes de esta historia, y se aferrarán a ellos para salir del atolladero emocional en el que estaban hundidos. 

Las citas de la novela

Son varias las citas que os he ido dejando porque todas ellas os pueden ayudar a haceros una idea de lo que contiene este libro.  ¡Y qué trabajo me ha costado no ir subrayando frases aquí y allá! No acostumbro a mancillar las páginas de una novela. Si veo una frase que me gusta, paro la lectura y la anoto en el bloc. Pero con Un país con tu nombre era prácticamente imposible. A cada pocos párrafos sentía un puñetazo en el estómago, una presión en el esternón o me asomaba una sonrisa dulce en los labios. Estoy convencida de que cada uno de los lectores de esta novela tendrá sus propias citas, aquellas que, según sus circunstancias personales, dibujen mejor su trayectoria vital o su existencia. Estas son las mías: 

 

«Sabía porque lo había vivido antes con mamá, que discutir con quien ya se va es sumar un nudo al recuerdo que habrá de llegar y que esos nudos se ulceran y atoran el duelo». [pág. 16]

¿Hay mejor modo de expresar el arrepentimiento que sentimos al recordar cómo nos comportamos con quien ya no está? No somos conscientes de que la vida es finita, de que los que amamos no estarán un día y en vez de cuidarlos, respetarlos y empatizar con ellos, sacamos el energúmeno que reside dentro de nosotros, arrasamos, sin importarnos nada, sin pensar un solo segundo si estamos haciendo lo correcto. Luego llega el remordimiento y la culpa. 


«Las casas están construidas sobre frases, silencios y esperas, por eso los siglos no pueden con ellas. Están demasiado habitadas». [pág. 17]

Siempre digo que, lo que ocurre dentro de una casa solo lo saben de verdad los que habitan en ella. Las casas están llenas de nosotros mismos, de nuestras alegrías y nuestras penas, de nuestros miedos y nuestros anhelos. Por eso Edith no quiere abandonar su casa, tras el fallecimiento de Andrea, porque sabe que, de un modo u otro, las paredes de ese hogar están impregnadas del gran amor de su vida. 


«Cuando una persona se muere, ¿ya no está nunca o puede estar igualmente aunque no las veas?» [pág. 365]

La más demoledora. ¿Qué responderías tú? Me decía Alejandro Palomas, aquella mañana soleada de septiembre: «Que no los veamos no quiere decir que no estén. Están. Mi madre está conmigo, todos los días, porque yo la noto y la siento. Pero lo que me falta es abrazarla. Es lo que llevo peor. No ver no quiere decir que no exista». Su respuesta no tiene nada que ver con religión o creencias cristianas, sino con los vínculos que establecemos con las personas en este mundo, con esa poderosa unión del alma. Yo también creo que están, aunque no los pueda ver.

Hay muchas más frases como estas pero busca las tuyas en la lectura.  

Estructura y estilo

Un país con tu nombre está escrita en primera persona, a través de las voces de Edith y Jon, que se van alternando capítulo a capítulo. Estructurada en seis bloques, Palomas despliega en estas páginas ese estilo tan intimista al que nos tiene acostumbrados. Sus novelas hablan de personas más que de hechos, porque lo que realmente importa es el universo de sus personajes que nos hablarán desde el corazón, consiguiendo con su sinceridad que conectemos profundamente con ellos.


Poco más os puedo contar de esta novela, de este aluvión de emociones que el autor nos regala. Así que, desde aquí, solo me queda recomendarlo. 


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


jueves, 23 de septiembre de 2021

ALEJANDRO PALOMAS: ❝Me encanta empujar a los personajes para que se perdonen cosas❞

Tiene algo especial. Lo demuestra en cada publicación que comparte por redes sociales, en cada presentación, en cada entrevista, en cada libro. Las novelas de Alejandro Palomas consiguen conquistar al lector por la ternura, la emotividad y la delicadeza de las historias que contienen. De su mano hemos conocido familias, madres, hijos, amigas,... Sus personajes son especialmente humanos, con sus virtudes, sus miedos, sus defectos, sus sueños. Y precisamente de sueños trata la última publicación del autor, que ha titulado Un país con tu nombre (Ediciones Destino).  En esta nueva novela el lector se perderá por una aldea apartada de la civilización, derruida y vencida por el paso del tiempo, donde recalarán Edith, una mujer peculiar de más de setenta años, que arrastra la pérdida del gran amor de su vida. Jon también habitará esas calles abandonadas. Ambos tienen mucho en común, ambos se necesitan, ambos protagonizarán una historia de aceptación y perdón. 

Marisa G.- Alejandro, ¿contento con esta nueva novela?

Alejandro P.- Sí, porque hace tres años desde la última novela de adultos, Un amor. Ya  tocaba.

M.G.- Pues antes de entrar de lleno en la novela, tengo una curiosidad. Sé que obras tuyas se han llevado al teatro pero desconocía que se habían comprado los derechos para una película. ¿En qué situación está ese proyecto?

A.P.- En realidad, se han comprado los derechos para dos películas, para Una madre y para Un hijo. Ambos proyectos están en el mismo punto, con todo preparado para pedir las ayudas al ICAA y la financiación.

M.G.- Siguen adelante.

A.P.- Sí, sí. Lo que ocurre es que la pandemia lo ha cortado todo. Lo que estaba a punto de arrancar quedó cercenado. Ha ocurrido como con las fichas de dominó. Si se te cae una, se te caen todas. Se te cae el director, la actriz, el actor,... Tienes que volver a montar el puzle.

M.G.- Ya. Bueno, pues centrándonos en este país con tu nombre. Es la novela para adultos que sigue a Un amor, con la que ganaste el Nadal. Me he parado a pensar en lo que ha ocurrido en tu vida en estos tres años y medio. Como a todo el mundo, te han ocurrido muchas cosas que te han marcado a ti, pero también a tus lectores.

A.P.- Sí, porque tengo una relación muy estrecha con los lectores. Muchas de las cosas que me pasan las comparto por redes sociales. Comparto lo que creo que más me moldea, lo más común, lo que suele ocurrirnos a todos porque son las experiencias más humanas. La muerte de mi madre ha sido lo más heavy para mí. Luego he vivido una pandemia muy atípica. Vivo en el campo, muy retirado, así que la mascarilla ha sido algo muy ajeno. Incluso en el confinamiento más terrible, salía todos los días al bosque, sin mascarilla, porque no había nadie. Aun así, todo ha sido muy difícil. Este año y medio me ha cambiado la vida por completo. Entré en esta pandemia con madre y ahora estoy huérfano. Realmente no sé cómo voy a seguir. Estamos saliendo de esta pandemia, de este túnel, pero yo he salido cojo.

M.G.- Nos ha pasado a muchos, y luego te preguntaré algo al respecto, pero volviendo al libro, te diré que, para mí, es una novela-universo. Me gusta catalogar así tus libros.

A.P.- Yo las considero así también.

M.G.- Me gustaría saber qué te empuja a escribir esta historia. ¿Qué dirías que va a encontrar el lector en estas páginas?

A.P.- Eso es algo que uno nunca sabe hasta que no termina de escribir. Como con los anteriores, creo este universo sin saber por qué lo creo. A posteriori es cuando uno empieza a entender y a comprender por qué ha escrito esta historia. Aquí no hay un universo familiar, como ocurrió con Amalia, con Guille, con Mencía. Este universo está conformado por planetas pequeñitos que han estado circundándose en el tiempo y, de repente, se encuentran. No hay familia de sangre sino que son pequeños planetas huérfanos que por una cuestión de gravedad van sumándose. Durante un periodo muy corto de tiempo, le van ocurriendo cosas a una serie de personajes que terminan trenzándose y formando una familia. Eso es lo que yo siempre quiero hacer. Quería trabajar la familia desde otro punto. Quería que mis lectores y lectoras se encontraran familias y, sobre todo, en familia. Esa sensación, de estar en familia, es la que no quiero perder nunca cuando escribo. 

M.G.- Y cada uno de esos miembros tiene un sueño por cumplir. Tus novelas siempre transmiten un mensaje. Quizá, en este caso, ese mensaje sea luchar por lo que sueñas porque nunca es tarde.

A.P.- Exacto, nunca es tarde. Las edades de la novela era algo fundamental para mí. Quería trabajar con una mujer de setenta y seis años, y un hombre de cincuenta y nueve. Son edades invisibles. Porque una mujer de ochenta años es vieja pero si tiene sesenta o setenta es mayor, pero no vieja. Son lapsus de edad tan injustamente tratados... A los hombres les ocurre igual. Entre los cincuenta y cinco y los setenta se extiende un mar difuso, en el que se gana mucho como universo creativo porque está muy poco tratado. Las personas a esas edades parecen que tienen poco peso, pero son muy creativas. Te dan muchísimo y te enseñan que no hay edad para nada, no la hay para el sexo, para reinventarte, para soñar, para luchar por lo que quieres, para dejar de luchar por lo que quieres,... siempre que no estés buscando la mirada de los demás. A cierta edad, como eres invisible, ya no se busca la mirada de los otros. Sabes que no te van a mirar, con lo cual eso te da libertad para luchar por lo que realmente sueñas.

M.G.- Esa mujer de setenta y seis años que mencionas se llama Edith. Es muy peculiar. Fuma cigarrillos de hierba, ve vídeos en YouTube para preparar recetas, es lesbiana, aunque es más viuda que lesbiana, y tiene una hija de cuarenta y seis años, Violeta, con la que mantiene un tira y afloja.


[Si prefieres oír la conversación - clic al vídeo]

A.P.- La relación que tiene Edith con Violeta es una relación muy habitual entre madre e hija. Se adoran pero chocan constantemente porque hay cosas que no se han dicho. Siempre van a chocar con la misma pared que las impide avanzar. Todos los días terminan peleadas pero, al día siguiente, se vuelven a llamar porque se quieren mucho y se sienten culpables. Llaman con la voluntad de portarse bien pero a los cinco minutos vuelven a estallar. Y es que necesitan verse, contarse, perdonarse cosas. Me encanta empujar a los personajes para que se perdonen cosas.

M.G.- Jon es el hombre de cincuenta y nueve años, que también se tiene que perdonar.

A.P.- Sí, también. Y tiene no solo que perdonarse sino aceptar muchas cosas de sí mismo.

Jon es un tipo de personaje nuevo para mí, con el que nunca había trabajado, porque hasta ahora había tocado muy poco a los hombres y menos a un hombre heterosexual, solo, motero,... Tiene unas características que nos pueden hacer pensar en un personaje X y luego resulta que es un personaje Y. Esto es algo que también me gusta mucho, construir personajes que nos tocan los prejuicios. Nos dibujamos un arquetipo y, poco a poco, vamos descubriendo que no es lo que pensábamos. Eso es algo que nos ocurre mucho en la vida. Jon tiene muchos porqués en su biografía, en su infancia. Él sabe explicar esos porqués pero para ello necesita a Edith porque ella es la perfecta escuchadora. Ella es el perfecto oído maternal. Edith es muy madre, lo es con sus gatos, con su hija, con Jon. Es esa madre que sabe esperar, que sabe decidir por el vulnerable. 

M.G.- Acabas de decir algo que creo que explica una sensación que he tenido. Es verdad que Jon arrastra cosas de su niñez y yo he sido incapaz de imaginármelo con la edad que tiene en la novela. Lo percibo mucho más joven. No sé si tendrá algo que ver con esa mochila que arrastra.

A.P.- Sí, creo que sí. Con Edith también pasa. Ella tiene una parte muy alocada porque muchas veces no es consciente de que tiene setenta y seis años. Se ve como si tuviera cuarenta o cincuenta. Pero eso pasa cuando vives solo y apartado. Tu edad deja de existir porque no tienes a nadie en el que mirarte. En esos casos, da igual la edad que tengas. Recuperas muchas cosas de quien eras, la voz del niño que eras.

M.G.- Y hablando de niños, hay un personaje que llega al alma. Suzume es una niña pequeña que, cuando habla, remueve el mundo. Ella no tiene filtro, tiene una mirada especial, capaz de ver la vida de forma diferente. Suzume sacude a Jon y sacude al lector.

A.P.- Sí, y Jon necesitaba ese espejo tan puro. Suzume aparece y desaparece, como si fuera un espíritu. Ella tiene la mirada tan limpia, la capacidad de decir las cosas de forma tan sencilla, tan pequeñas pero, a la vez, tan universales que te dejan totalmente sentado. Los niños y los animales tienen una energía muy pura y te tocan mucho más que el discurso elaborado de un adulto.

M.G.- Los animales tienen un papel fundamental en la historia. Hay mucho amor por los animales en la novela. Pero fíjate qué curioso que, siendo tú muy amante y defensor de los animales también, has elegido para Jon una profesión peculiar. Es veterinario de un zoo, con todo lo que eso conlleva.

A.P.- Con todo lo que eso conlleva, sí. Jon es veterinario y para él es la única oportunidad que tiene para trabajar con animales, de trabajar cara a cara con elefantes. Jon entra en el zoo sabiendo lo que hay y lo pasará mal. Tiene que decidir entre estar con una elefanta, porque ese es sueño, o no estar. Toma la decisión de estar aunque sea de esa manera.  Pero me costó muchísimo que Jon trabajara en un zoo. No fue nada fácil. Yo me veo mucho en Jon y para mí el zoo es la república independiente de la tristeza, del horror. Pero necesitaba a Jon para que nos mostrara lo que es el zoo desde dentro. Yo quería que alguien nos hiciera sentir lo que hay dentro de un zoo porque quiero que se acaben, que se terminen. 

M.G.- Jon es cuidador de elefantes, concretamente de una elefanta que se llama Susi. Con ella entabla una relación muy mágica. ¿Qué significa Susi para Jon?

A.P.- Susi es el vehículo del sueño de Jon. Aparece para demostrarle a Jon que, si apuesta, es todavía capaz de soñar en un momento de su vida en el que está bloqueado, y en el que para él es muy difícil pensar en soñar. Susi es su luz, la que enciende la luz del universo Jon. 

Además, Susi es también el único personaje real de la novela. Susi es una elefanta que está languideciendo en el zoo de Barcelona. Yo tengo que sacarla de ese zoo como sea. Es mi compromiso con el mundo. No me moriré sin ver a Susi, y a sus dos compañeras, fuera del zoo. Ella es ese otro espejo en el que Jon se mira y se reconoce. En cuanto ellos cruzan la mirada se crea un compromiso. Yo necesitaba que alguien sacara a Susi del zoo a través de mi mano, y ese es Jon.

M.G.- Alejandro, hay un pellizco de suspense a lo largo de toda la novela. Hay verdades que no se han contado y secretos que no se han dicho. Te demoras muchísimo a la hora de aclarar qué es lo que le ocurre realmente a los personajes. Te confieso que a veces me preguntaba cuándo me ibas a desvelar lo oculto. Pero luego estuve pensando que, en tus novelas, no importa la meta, sino el recorrido.

A.P.- Claro, claro. Para leerme tienes siempre que pensar eso. Tienes que fijarte por dónde vas caminando, qué te rodea. La meta ya llegará porque llega siempre.  Sabiendo eso, lo que yo pretendo es que disfrutes del recorrido, que te pares cuando quieras, que mires, que respires, que pienses y me sientas muy cerca. En mis novelas estoy cerca de ti constantemente, preguntándote, mirándote, empujándote,... Soy muy mamá con mis lectores. Intento siempre que estéis muy cuidados porque es algo muy delicado. Sé que, como lector, a veces tienes que leer cosas complicadas, pararte un momento y releer una frase, porque tiene peso. 

M.G.- Hablamos antes de sueños, que es la palabra más importante de la novela. Leo en tu Facebook: «Mi sueño es pequeño. Ojalá cuando me vaya, todos los animales que han cruzado mi camino hayan sentido a mi lado una pizca del alivio y la paz que yo he sentido al acariciarlos». Ese es uno de tus sueños, otro es sacar a Susi del zoo de Barcelona. ¿Qué otros sueños tiene Alejandro Palomas?

A.P.- En realidad, mi gran sueño hubiera sido morir antes que mi madre, pero no lo he podido hacer realidad, desgraciadamente. Ya no va a poder ser. Es un sueño frustrado. No sé si tengo más sueños. Creo que no. Quizá mi sueño es dejar esta tierra un poco mejor de como la encontré al llegar y reencontrar a mi madre.

M.G.- Y al hilo de lo que comentas, y para todos los que hemos tenido pérdidas recientes, leemos en la novela: «Cuando una persona se muere, ¿ya no está nunca o puede estar igualmente aunque no la veas?» 

A.P.- Exactamente. Eso es lo que me da la vida. Es así porque me está pasando. Que no los veamos no quiere decir que no estén. Están. Mi madre está conmigo, todos los días, porque yo la noto y la siento. Pero lo que me falta es abrazarla. Es lo que llevo peor. No ver no quiere decir que no exista.

M.G.- Abrazarla y escuchar su voz, aunque yo tengo grabaciones de mis padres.

A.P.- Sí, yo también, pero me falta el olor. Sentir su olor cuando la abrazaba, esa cosa como de cachorro. Me falta.

M.G.- Entiendo. En fin, vamos a tener feria del libro en Sevilla. ¿Te veremos?

A.P.- Espero que sí. Voy a intentar que sí. 

M.G.- Gracias, Alejandro.

A.P.- A ti.


Sinopsis: Una emocionante y emotiva historia sobre la importancia de perseguir nuestros sueños

Jon, cuidador de elefantes en el zoo, y Edith, viuda que vive con sus once gatos, son los únicos habitantes de una aldea abandonada. Vecinos solitarios primero y ahora buenos amigos, no imaginan que la noche en que la veleta del viejo campanario gira sobre sí misma, el ojo del tiempo se posa sobre la aldea y la vida de ambos está a punto de girar con ella.

La llegada de la primavera trae consigo una inesperada decisión por parte de la dirección del zoo, a la que se suma un perturbador anuncio: el Ayuntamiento al que pertenece la aldea restaurará la casona en ruinas del lago para convertirla en hotel rural. La doble noticia cambiará de golpe las vidas de Jon y Edith, empujándolos a dar un paso hasta entonces tímidamente contemplado.

La amistad entre Jon y una callada elefanta llamada Susi, la relación entre Edith y su hija Violeta, desencontradas durante décadas, y una hora de la noche —«la hora trémula»— en la que pasa todo y todo queda conforman Un país con tu nombre: una historia sobre el amor en mayúsculas, la honestidad con los propios sueños y sobre la libertad llevada a su expresión más pura.

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