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viernes, 30 de abril de 2021

EL LUNES NOS QUERRÁN de Najat El Hachmi

Editorial: Destino
Premio Nadal 2021
Fecha publicación: noviembre, 2020
Precio: 20,90 €
Género: novela
Nº Páginas: 304
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
ISBN: 9788423358779
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes leer aquí]

Autora

Najat El Hachmi nació en Beni Sidel (Marruecos) en 1979. A los ocho años se trasladó a Vic (Barcelona), ciudad donde se crio. Estudió Filología Árabe en la Universidad de Barcelona, ha sido mediadora cultural y técnica de acogida antes de dedicarse de lleno a la escritura. Es autora de novelas tan conocidas como El último patriarca (Premio Ramon Llull, Prix Ulysse y finalista del Prix Mediterranée étranger), traducida a diez idiomas, La cazadora de cuerpos, La hija extranjera (Premio Sant Joan de narrativa) y Madre de leche y miel, los dos últimos editados en Ediciones Destino. En 2019 publicó el manifiesto Siempre han hablado por nosotras, que tuvo una gran repercusión en los medios y entre los lectores. Actualmente colabora en El País. El lunes nos querrán (Premio Nadal 2021) es su nueva novela.

Sinopsis

El lunes nos querrán cuenta la historia de una joven de diecisiete años que desea encontrar la libertad para descubrir qué es lo que la hará feliz. Pero las condiciones de las que parte son complicadas.

Vive en un entorno opresivo del que no le será fácil salir sin tener que pagar un precio demasiado alto.

Todo empieza el día en que conoce a una chica cuyos padres viven su condición cultural sin las ataduras del resto de su comunidad, y que encarna lo que ella ansía. Su nueva amiga afronta los primeros retos que como mujer le presenta la vida con una vitalidad, ilusión y empeño que la fascinarán y la impulsarán a seguir sus pasos.

Una historia emocionante y reveladora sobre la importancia de que las mujeres sean protagonistas de sus propias vidas aunque tengan que enfrentarse a condicionantes de género, clase social y origen. Este es el relato del arduo camino hacia la libertad.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Abres este libro y lo primero que te encuentras es una declaración de intenciones, una cita que eriza la piel. Resulta del todo inevitable pensar en tantas, tantas mujeres, las de nuestro entorno -abuelas, madres, tías, hermanas,...- y aquellas otras, de aquí y de allá, que no callaron. Nunca un camino fue construido con tanto tesón, esfuerzo y lucha, gracias a mujeres valientes, como las protagonistas de esta novela.



El lunes nos querrán de Najat El Hachmi se alzó con el Premio Nadal a principios de este año. A pesar de las grandes y buenísimas opiniones sobre las obras de esta autora de origen marroquí, nunca había leído nada ella. Me estreno en su narrativa con esta historia que duele, que me lleva a una zona periférica de Barcelona para conocer a dos mujeres a las que he hecho hueco en mi interior.

Se inicia la novela con un capítulo introductorio que, de por sí, supone el núcleo de toda la historia. Sólo con esas cuatro o cinco páginas, la novela cobra todo su sentido, pues en ellas se despliega toda su razón de ser. 


Los lunes son ese punto de partida que todos tenemos. En cuestiones nimias u otras de más enjundia, ese inicio de semana supone el límite que nos imponemos para cambiar aquello que no nos gusta en nuestra vida. «El lunes empiezo a estudiar». «El lunes dejo de fumar». «El lunes me pongo a dieta». «El lunes le digo que me voy».... «El lunes empezaremos una nueva vida, seremos como tenemos que ser y no como somos», se dice en la novela. El lunes trae ese inicio prometedor que vamos dibujando de colores durante el fin de semana, y que se torna gris y sucio nada más llegar el martes. Son los lunes cuando se activa algo en nuestro cerebro. Lo que sea. Cada cual lo suyo. En el caso de las mujeres, musulmanas o cristianas, solemos tener incrustada en nuestra mente la idea de perfección. Solo exigiéndonos más y mejor a nosotras mismas, obtenemos logros. Es así como nos lo contó Najat El Hachmi durante la entrevista que le hicimos (puedes leerla aquí). Tenemos que ser mejores hijas, mejores madres, mejores esposas, mejores trabajadoras. Y además, más esbeltas y estilizadas, más guapas y acicaladas, más organizadas, más felices. Más, más, más. 

El lunes nos querrán emplea la segunda persona para desarrollar la historia de dos jóvenes musulmanas, residentes en un barrio de la periferia, de la periferia de Barcelona. La narradora, de nombre Naíma, y del que únicamente tendremos constancia muy al final de la novela, rememora y relata a una amiga cómo eran sus vidas en el pasado, cuando se conocieron, cómo se enfrentaron a las diversas situaciones que, por su religión y cultura, tuvieron que encarar, cómo eran las relaciones entre padres e hijos, de qué manera vivieron momentos importantes en su vida con tan poco bagaje. Todo cambió justo en el mismo momento en el que su cuerpo, impulsado por un proceso biológico, decide que ya no es el de una joven adolescente, que puede mostrar sus brazos, dejar que el sol acaricie su piel, sino el de una mujer, y que pasa a estar bajo el yugo del oscurantismo que se impone a su alrededor.


¿Por voluntad propia?

La novela nos va a trasladar a ese barrio de las afueras de Barcelona, donde el ambiente que se respira es tremendamente opresivo. La joven musulmana, hecha mujer, vive bajo un férreo control, impuesto por su familia pero también por los vecinos, a través de una brigada social, que andan a la caza de cualquier comportamiento escandaloso e impropio. Esa mujer musulmana firma su condena en cuanto menstrúa por primera vez. Queda entonces sentenciada a casarse a los catorce años, para tener su primer hijo a los quince. Adiós a los sueños, a las ilusiones, a los estudios, a los deseos,... La narradora anhela libertad pero solo la encuentra en los libros, donde puede «vivir sin peligro de que la vida, la real», en la que hay placer, amor, sexo y libertad, la desborde. Pero la vida se vive, no se lee. 

Son las mujeres las que están vigiladas, controladas, sometidas. Son ellas las que no pueden salir, hablar con desconocidos, maquillarse, vestirse de tal o cual modo, estudiar, ir a la peluquería. Son las que limpian, se sacrifican y viven como en una cárcel. Es sobre la piel de las mujeres musulmanas sobre la que se tatúa la palabra NORMAS, absurdas la mayoría de ellas. Y sin embargo, no deja de ser paradójico que, incluso la propia Naíma se autoimponga ciertas reglas. Y es que, hay que ser perfectas. Ahí está esa idea de la perfección, de la que hablaba antes, un fundamento que hemos ido mamando desde pequeñas, un dogma convertido en una gota malaya que horada nuestro cerebro desde niñas. Otra vez más esbeltas y más estilizadas. Más guapas y más acicaladas. Más. Más. Más. En esto, ellas no son tan distintas a las mujeres occidentales.


En este mundo, en el que Naíma ni siquiera puede escribir y fabular sobre un papel porque «lo difícil era imaginar otras realidades, otra vida posible», su amiga, esa a la que dirige estas trescientas páginas, será su único punto de apoyo. Sin ella, «habría perdido el juicio, me habría vuelto loca emparedada como estaba entre un ímpetu interior que me empujaba a la vida sin freno y el asfixiante entorno que pretendía negarla. Negarnos a todas la simple posibilidad de vivir.»

Pero, ¿cómo son estas mujeres? A Naíma la llamaban «la Mudita». Sobra añadir nada más. ¿Qué voz puede tener esta mujer? Pero si hasta Samira, su otra amiga preferiría haber nacido negra antes que musulmana. Naíma crece en un mundo con los ojos vendados, hasta que un día se mira al espejo y no se ve a sí misma, sino a su madre. Su padre no es más que una figura oscura, a la que tener miedo, un hombre que cumple a rajatabla las exigencias de su religión y se hace obedecer con mano de hierro. Naíma solo quería vivir, hacer las cosas propias de su edad, aspirar la vida y sentirla correr por su venas. Pero nada de eso le estaba permitido.

En cambio, la amiga lucía unos ojos almendrados, enmarcados por la tintura del kohl que solo le estaba permitido a las mujeres casadas. Perteneciente a una familia mucho más relajada en las normas y preceptos, fueron etiquetados como musulmanes de segunda nada más llegar al barrio. El vecindario, en el papel de jueces, recriminan la libertad que los padres, mucho más modernos, otorga a sus hijos, y mira con desdén esas reuniones en la casa, bajo cuyo techo se mezclan hombres con mujeres. Siendo un par de años mayor que Naíma, la narradora dice de su amiga que era tan libre que le importaba bien poco los chismorreos de los vecinos o se hacía la sorda, cuando alguien decía algo de ella o su familia. Todo esta actitud de tranquilidad genera en la narradora mucha fascinación, una admiración explosiva. 

Y llega un momento en el que el lector se pregunta: ¿Qué se esconde tras la relación entre ambas mujeres? ¿Qué había y hay detrás de aquel afecto, de aquella unión? ¿Qué ha ocurrido para que Naíma ahora se desborde y se abra en canal? Lo vas a descubrir tú mismo. Bastará con leer entre líneas, demorarse en alguna palabra, en alguna emoción, en alguna reflexión. Intuyo que, lo que Naíma siente por su amiga, va más allá de una fascinación por ser una mujer musulmana distinta, menos atada a las estrictas normas que le impone el entorno. De cualquier modo, la narradora terminará casada a los dieciocho años con Yamal y llegarán los hijos. Aparentemente, el matrimonio será un oasis, la salvación, pero no deja de ser otra cárcel más. La situación se tornará cada vez más difícil, más complicada, más angustiosa. Y otra vez, los libros como una ventana abierta a la libertad.


El miedo, la culpa, el remordimiento, la frustración,... son emociones que caracterizan a estas mujeres, siempre temerosas de ofender a Dios y de acabar en el infierno, cuando resulta que «el infierno ya empezaba en vida», porque las palizas eran otra forma de educar.

Con una narración lineal, y estructurada en dos partes -antes y después de la boda con Yamal-, a lo largo de las cuales se distribuyen un total de veintidós capítulos, en los que prevalece la narración sobre el diálogo, debo advertir que esta novela contiene episodios que son sumamente angustiosos. Hay momentos en los que, como mujer, me he convertido en huracán. He gritado. Me he enfadado. Todo resulta tan inconcebible. En todo momento, he sentido ganas de tender una mano a Naíma, de arrancarla de ese contexto socio-cultural, tan sometido a la religión, que la oprime y la reduce a una existencia vacua. Hay tanta sinrazón como belleza entre estas páginas, escritas con el corazón, para dejar sobre la mesa una realidad demoledora, la que viven las mujeres musulmanas, dentro y fuera de sus fronteras.

A lo largo de mis años como lectora, me he topado con lecturas que me han arañado por dentro. Generalmente suelen ser historias con las que tengo algún nexo en común. Si alguien recuerda su infancia, viajo a aquellos años 70 y 80 en los que yo era una mocosa. Si me hablan de la pérdida de un ser querido, pienso en mis padres. Si me cuentan una historia de amor desgraciada, rememoro algún episodio de mi pasado. Y, sin embargo, aun estando a años luz de lo que se narra en esta novela, creo que ninguna otra lectura me ha provocado tanto desgarro, claustrofobia, tristeza, rabia e ira como El lunes nos querrán

Esta novela, que no es epistolar pero que bebe de esa esencia, que goza también del aire de los diarios, escrita en circunstancias dolorosas, y dirigida a una destinataria de la que sabremos su situación en las páginas finales, es de lo más bonito que he leído en estos últimos meses. Bonito y doloroso. Me ha costado muchísimo hacer esta reseña. Tenía tantas cosas apuntadas, había tanto que comentaros, que no sé si he elegido las emociones y las palabras más adecuadas. Por lo tanto, lo mejor que podéis hacer es lanzaros de lleno a esta lectura que os va a conmover hasta el tuétano.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


martes, 23 de marzo de 2021

NAJAT EL HACHMI: ❝Creo que la literatura tiene un enorme poder de transformación❞

[Fuente: Pasaporte 92]
La Fundación Tres Culturas recibió la visita de Najat El Hachmi el pasado 4 de marzo, para presentar Los lunes nos querrán (Ediciones Destino), novela con la que ha ganado el Premio Nadal. La sede de la fundación ocupa el edificio que fue antiguo Pabellón de Marruecos, durante la Expo'92, una bellísima construcción que refleja la cultura arquitectónica del país norteafricano. Bajo un techo móvil, que forma una cúpula a la que se denomina el "Kouba" y un patio octogonal con una fuente con fondo de vidrio, que permite ver la planta inferior, me senté junto a la autora galardonada para conversar sobre esta novela que tanto me ha zarandeado por dentro.

Los lunes nos querrán cuenta la historia de unas jóvenes musulmanas residentes es un barrio periférico de Barcelona. La vida de estas chicas está llena de normas e imposiciones, sometidas a una estrecha vigilancia, cuando lo único que desean es ser ellas mismas. Ser libres.

Hablamos con Najat El Hachmi.

Marisa G.- Un placer conocerte, Najat. Empecemos esta charla hablando del Premio Nadal. A pesar de que has recibido diversos galardones, imagino que este nuevo premio habrá supuesto una alegría inmensa.

Najat H.- Por supuesto, supone formar parte de un premio que tiene un recorrido muy largo y una historia detrás que, personalmente, siempre me ha interpelado, incluso desde aquella primera edición en la que ganó Carmen Laforet. Fue casi un acto revolucionario en aquella época, con esa novela, y en esos tiempos tan grises.

M.G.- Después de varias novelas y ensayos, llegas con Los lunes nos querrán. En ella nos hablas de la mujer musulmana. Al revisar el resto de tus escritos, observo que la mujer es epicentro. Parece que existe un fuerte compromiso con respecto a la mujer.

N.H.- Escribo sobre lo que no puedo entender, lo que no puedo digerir, lo que me provoca un gran malestar, primero como mujer, pero también como hija de la inmigración. La necesidad de escribir nace de esas circunstancias. Siempre ando inmersa en esos paisajes, en los que sitúo mis  historias, con la idea de tratar de entender. Porque es difícil de comprender, incluso habiendo nacido en ese contexto. Se necesita mucha reflexión. La escritura es un proceso de reflexión que a mí me ha resultado muy útil.

M.G.- Cuentas cosas terribles en esta novela. Tengo que admitirte que es la primera vez que una lectura me provoca al mismo tiempo tanta rabia, tristeza y desolación. ¿Eran esas las emociones que pretendías despertar en el lector?

N.H.- Lo que quería era transmitir lo que supone estar en la situación de las dos mujeres protagonistas de esta novela. Ambas afrontan una lucha titánica para poder conquistar parcelas de libertad que, para otras personas, están ya conquistadísimas. Mi ambición literaria es intentar transmitir esa sensación, qué es lo que supone vivir ahí, qué es lo que supone vivir dentro de ese cuerpo, la angustia existencial que comporta vivir en esas condiciones.

M.G.- Naíma es la narradora de esta historia. Es curioso que únicamente vamos a saber su nombre cuando llegamos a las páginas finales del libro.

N.H.- Sí, y se pronuncia una sola vez.

M.G.- Exacto. ¿Quizá en un intento de eliminar la individualidad, y erigirla como la representante de todas esas mujeres que están en su misma situación?

N.H.- Es algo que se repite en varias de mis novelas. Por un lado, es una forma de mantener la complicidad directa con el lector. Por otro, es también una forma de mantener la sensación de protección, como si la narradora estuviera contando esta historia de forma secreta. Como si de algún modo estuviera diciéndole a la hoja en blanco lo que no puede decir en voz alta. Del mismo modo que me pasó a mí, cuando era muy jovencita y empezaba a escribir. Siempre intento volver a reproducir esa sensación de intimidad a través de la escritura. 

M.G.- Esta chica es muy aficionada a la lectura. Los libros son un refugio para ella. La literatura sirve para denunciar y colocar ante los ojos del mundo situaciones injustas. Pero, ¿consciencia a la población? ¿Surte efecto?

N.H.- Eso es muy difícil de medir. De todos modos, sí sé que lo que no se escribe es como si no existiera. Qué menos que escribir y, al menos, intentar concienciar, ¿no? De todos modos, y te hablo como lectora, creo que la literatura tiene un enorme poder de transformación, porque cambia nuestra visión del mundo, cambia nuestro imaginario, nuestra perspectiva sobre cosas que tenemos muy normalizadas, o que damos por sentada, sobre las que no hay nada que hacer. En cualquier caso, para que la literatura te transforme también tienes que estar dispuesto a ello. A veces encontramos mucha resistencia a los cambios. Yo quiero mostrar esa parte de la realidad que tanto se echa en falta, sobre la que no se publica o se escribe a día de hoy. Estas historias no figuran en ningún lado, y tienen tanta razón de ser como cualquier otra. 

M.G.- Me fijo en el perfil psicológico de Naíma. Es una mujer sometida a muchas imposiciones y normas, la mayoría muy absurdas. Sin embargo, ella misma también se impone otras y yo le decía: Pero, con todo lo que tienes encima, ¿cómo te echas más carga tú misma?

N.H.- Naíma es una mujer muy perfeccionista y parte de una idea que, más tarde, veremos que es totalmente errónea. Ella cree que, si no está siendo tratada como le gustaría, si no está siendo querida o aceptada, es porque algo está mal en ella. Ella asume que el problema está en su interior, que es ella la que tiene que adaptarse, la que tiene que asumir. En esas circunstancias, en las que está siendo discriminada como mujer dentro de su familia, o como hija de inmigrante dentro de la sociedad, terminas por construir una especie de mecanismo de auto-defensa, con el que darte el derecho a existir. Acabas por interiorizar todas esas normas, pero también te conviertes en tu propia dictadora, que se va a auto-imponiendo las suyas propias.

En realidad, esto nos ha pasado a todas las mujeres. Siempre hemos tenido que demostrar mucho más que los hombres y todo nos ha costado mucho más esfuerzo que a los hombres. Sabemos que tenemos que hacer mucho más de lo que se nos pide. Si hay que estar delgada, pues más delgada todavía. Si hay que ser organizada, pues más organizada todavía. Ese redoble de tambores lo llevamos incorporado muchísimas mujeres, independientemente del contexto cultura o religioso del que venimos. Somos muy conscientes de que si fallamos, nos van a decir que es porque somos mujeres, o en el caso de las protagonistas porque son mujeres inmigrantes. A día de hoy, todavía se nos cuestiona mucho, y tenemos que demostrar más que el hombre.

M.G.- Es inevitable leer la novela, en mi caso, con los ojos de una mujer europea, española. Hay situaciones que me han parecido totalmente el mundo al revés. Es decir, una niña musulmana tiene mucha más libertad que una mujer musulmana. El paso de la niñez a la edad adulta es muy contraproducente para ellas.

N.H.- Sí. Y debería ser al revés, claro. Pero es que, el hecho de convertirse en mujeres a nivel biológico las transforma en personas peligrosas. Ellas, como mujeres, pueden conseguir atraer a los hombres y lograr que se comporten de una forma determinada. A nosotras se nos hace responsables del comportamiento de los hombres. A su vez está toda la cuestión del honor. El deber de preservar el honor de la familia recae siempre en el cuerpo de la mujer, y jamás en el del  hombre. Ellas deben llegar vírgenes al matrimonio. Todo esto se produce cuando tus características físicas cambian y te haces mujer. Algo que, ya de por sí, es traumático porque, aunque biológicamente pasas a otra etapa, una niña de doce o trece años, por muy desarrollada que esté, sigue siendo una niña. 

M.G.- Es verdad, así es. Y luego, la acción de la novela se sitúa a finales de los noventa, en un barrio muy periférico de Barcelona. Ese barrio es casi como una cárcel, hay un ambiente muy claustrofóbico, entre las normas de la comunidad, esos vecinos que actúan como policías, los rumores que corren,... Asfixia vivir en ese lugar.

N.H.- Son barrios que están apartados de todo y que, en sí mismos, suponen una estructura de racismo y clasismo. El hecho de que, a lo largo de nuestra geografía, existan unos barrios en los que las condiciones son peores que en otros, es una discriminación por razón de clase. En el caso que nos ocupa también existe racismo porque todos los que viven en ese barrio tienen la misma procedencia. Todo eso termina por convertirse en una estructura que atenaza las vidas de las mujeres. En esos espacios, se vuelven a producir los mismos mecanismos de control social que regían en sus sociedades de origen. En un ambiente así es muy difícil crecer y desarrollarte libremente porque, aunque haya familias con una visión más abierta, el contexto social determina muchísimo.

M.G.- Si a finales de los noventa la vida era así, como vemos en la novela, ¿sigue siendo igual? ¿Han avanzado algo?

N.H.- Hay mucha diversidad de situaciones. Si en la novela lo he articulado de este modo era porque quería que se viera lo que significa vivir dentro de un barrio como ese. Sin embargo, te puedes encontrar de todo. Lo que sí sabemos es que esa segregación va en contra de la libertad de las mujeres.

M.G.- Najat dejaste Marruecos muy pequeña y te mudaste a Barcelona. Es inevitable preguntarte si la historia tiene trazas autobiográficas.

N.H.- Utilizo el material que tengo a mi alcance. Y si hay algo con lo que me siento totalmente identificada es como la lucha por la libertad que emprenden las protagonistas. Eso sí lo comparto con ellas, como también lo comparto con otras miles de mujeres que me han contado historias similares a las que se narran en la novela. 

M.G.- Y por último, ¿qué ejercicio interior tiene que hacer una persona que ha tenido una infancia y una adolescencia como la narradora para convertirse en una mujer adulta y libre?

N.H.- Tiene que trabajarse mucho y deseducarse de todas esas cargas patriarcales. Debe quitarse de encima muchas ideas que le han ido inculcando desde pequeña, para poder ser lo que es sin tener que recortarse, modificarse, o adaptarse. Pero es un proceso muy largo. Y si tuviéramos más apoyo a nivel de salud mental, sería mucho más fácil. Sin embargo, a falta de ese apoyo terapéutico, hay que buscar lecturas en las que veamos a otras mujeres pasar por ese proceso, saber cómo lo han vivido. Eso también resulta muy útil. 

M.G.- Gracias Najat por esta conversación. Gracias por esta novela que tan impactada me ha dejado.

N.H.- Gracias a ti. 


Sinopsis: El lunes nos querrán cuenta la historia de una joven de diecisiete años que desea encontrar la libertad para descubrir qué es lo que la hará feliz. Pero las condiciones de las que parte son complicadas.

Vive en un entorno opresivo del que no le será fácil salir sin tener que pagar un precio demasiado alto.

Todo empieza el día en que conoce a una chica cuyos padres viven su condición cultural sin las ataduras del resto de su comunidad, y que encarna lo que ella ansía. Su nueva amiga afronta los primeros retos que como mujer le presenta la vida con una vitalidad, ilusión y empeño que la fascinarán y la impulsarán a seguir sus pasos.

Una historia emocionante y reveladora sobre la importancia de que las mujeres sean protagonistas de sus propias vidas aunque tengan que enfrentarse a condicionantes de género, clase social y origen. Este es el relato del arduo camino hacia la libertad.


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