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viernes, 19 de febrero de 2016

NIEBLA de Miguel de Unamuno.



Editorial: Bibliotex, s.l.
Colección: Las 100 mejores novelas en 
castellano del siglo XX.
Fecha publicación: 2001.
Nº Páginas: 189.
Precio: --
Género: Novela. 
Edición: Tapa dura con sobrecubiertas.
ISBN:84-8130-389-5



Autor

Miguel de Unamuno nació en Bilbao en 1864 y falleció en Salamanca en 1936. Entre 1880 y 1884 cursó Filosofía y Letras en Madrid y se doctoró al año siguiente con una tesis titulada «Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca». Tras su vuelta a Bilbao, donde ejerció como profesor de latín en un instituto, en 1891 obtuvo la cátedra de lengua griega de la Universidad de Salamanca, ciudad en la que vivió el resto de su vida. En 1900 fue nombrado rector en las aulas salmantinas, cargo del que fue desposeído en 1914 por declararse partidario de los aliados. Unamuno escribió artículos en periódicos y revistas de España y América. Fue uno de los intelectuales más activos, imaginativos y polémicos de principio de siglo. Dentro de su obra literaria cabe destacar, como libros de ensayo, En torno al casticismo (1885), Vida de Don Quijote y Sancho (1905), Por tierras de Portugal (1911), Del sentimiento trágico de la vida (1912) y La agonía del cristianismo (1924). En el terreno novelístico fue el autor de Paz en la guerra (1897), Niebla (1914), Abel Sánchez (1917), La tía Tula (1921) libro ya aparecido en esta misma colección, con el número 17, y San Manuel Bueno, mártir (1933), también presente en esta coleccion -número 87-. 


Sinopsis

Niebla nace de la preocupación del autor por encontrar una conexión entre el mundo real y el imaginario. Una simple ocurrencia, como es la de salir a la calle y seguir al primer perro que pase, desencadena una serie de situaciones y acontecimientos en la que lo único real parece ser la lectura que estamos realizando. Calificada por Unamuno como «nivola», «novela malhumorada» o «rechifla amarga», incluso el propio escritor se ve enredado en la trama de un libro en el que el lector es el eslabón final de la cadena narrativa. Una búsqueda de la existencia verdadera en la que el autor, lector y personajes conviven, se recrean, se identifican y, en definitiva, se influencian.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]



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No hace mucho os hablé de una de las novelas de Unamuno, La tía Tula (cuya reseña puedes leer aquí). Es una novela que me gusta muchísimo y que he releído en más de una ocasión. Por otra parte, en mi época estudiantil también leí Abel Sánchez y San Manuel Bueno, mártir, pero de aquellas lecturas no guardo apenas recuerdo, seguramente porque fueron obligatorias, a destiempo y que supusieron para mí un lastre más que un disfrute. Así que, cuando en el club de lectura se propuso leer Niebla, conociendo el estilo del autor, tenía una ligera idea de lo que me podía encontrar. 

Las novelas de Miguel de Unamuno no son para echar el rato. Hay una complejidad que subyace bajo un argumento en apariencia sencillo. No obstante,lo que no figura en la superficie es precisamente lo que más pena merece en las historias de este autor.

Niebla narra las vicisitudes de Augusto Pérez, un joven que disfruta de una vida contemplativa, gran observador y entregado filósofo. Acaba de perder a su madre, bajo cuyas faldas vivía, tiene una economía saneada pues se mantiene gracias a las rentas y cuenta con un matrimonio que se ocupa de él, Domingo y Liduvina. Como no tiene mucho más que hacer, suelo pasear frecuentemente. Una mañana lluviosa, en la que sale a la calle para entregarse a una reflexión sin medida, como intuímos hará siempre, se topa con unos ojos que lo azoran. La dueña de esos luceros es Eugenia Domingo del Arco. Inmediatamente quedará prendado de ella y como hipnotizado por su belleza, se dispone a seguirla. Comienza así la historia de una obcecación por conquistar a la dama, por hacerla suya, por fraguar un futuro en común con ella. Pero Augusto se dará de bruces con la cruda realidad y la trama que se desgrana en Niebla nos desvelará el recorrido de su protagonista por los caminos amorosos.

A decir verdad, inicialmente me costó adaptarme a la historia de Augusto Pérez. Reflexivo e inquisitorio, rebosa su discurso de un interrogante tras otro hasta el punto de incordiarme ligeramente pero esto solo ocurre en los primeros compases. Posteriormente fui descubriendo el alma del personaje, su forma de pensar, los dolores de su corazón, sus desventuras, así como al resto de personajes, para llegar a un desenlace llamativo y novedoso. Y es que en Niebla, no una novela sino una nivola como le gusta denominarla a su autor, es rompedora y se aparta de los criterios establecidos para una narrativa convencional.  

lunes, 21 de septiembre de 2015

LA TIA TULA de Miguel de Unamuno.


Editorial: Bibliotex, S.L.
Colección: Las mejores novelas en 
castellano del siglo XX.
Fecha publicación: 2001.
Nº Páginas:126
Precio:  -- €
Género: Narrativa.
Edición: Tapa dura con sobrecubierta.
ISBN: 84-8130-259-7




Autor

Miguel de Unamuno (1864 - 1936) es una de las figuras más destacadas de la generación del 98. Vasco enamorado de Castilla, fue, como el resto de sus compañeros de promoción, inconformista y heterodoxo; pero, a diferencia de ellos, no se limitó a un género literario. Unamuno cultivó con igual fortuna la narrativa, la poesía, el ensayo y el teatro, y en todos ellos sigue vigente, como lo prueban títulos constantemente reeditados como las novelas de Amor y pedagogía, Niebla, Abel Sánchez o San Manuel Bueno, martir, los ensayos Del sentimiento trágico de la vida, La agonía del cristianismo o Vida de Don Quijote y Sancho, y las obras teatrales Fedra o El otro. Si en lo religioso vivió siempre angustiado por el misterio del más allá y por la necesidad de conciliar razón y fe, en lo político pasó de la cercanía al Partido Socialista y la oposición a la dictadura de Primo de Rivera al apoyo a los militares sublevados en el 36 y a la ruptura con estos en vísperas de su muerte.

Sinopsis

La tía Tula, novela de plena madurez que ha convertido a su protagonista en un clásico de la literatura española, muestra algunas de las características más acusadas de Unamuno y de su generación. Esa mujer unamuniana aparece dominada por una educación tradicional en la que la religión tiene un peso decisivo, pero es, a la vez, dominante en el terreno de la familia, imponiendo férreamente sus criterios. Lo hará con su cuñado Ramiro, viudo de la hermana de Tula, y con los hijos de éste, a cuyo cuidado entregará su vida, rechazando las proposiciones de matrimonio que se le hacen. Al final, queda la sensación de fracaso de unos seres atrapados en sus prejuicios o su educación. Destaca en la novela un ritmo rápido que va constantemente a los hechos esenciales y a mostrar la psicología de los personajes sin entretenerse en nada accesorio. La tía Tula fue lleva al cine en 1964 por Miguel Picazo, haciendo Aurora Bautista una de sus mejores interpretaciones.



[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Sé que he visto la película más de una vez. Tengo grabada en la memoria alguna escena en blanco y negro con Aurora Bautista en el papel de tía Tula, pero el libro no recuerdo haberlo leído nunca. ¿Quizás en mi época estudiantil? No lo sé. De todos modos conocía la  historia por la adaptación cinematográfica y por eso no me ha cogido por sorpresa los hechos que Unamuno narra en esta novela, consagrada ya como una de las joyas de la literatura. No obstante, pensaba que el desenlace sería de otra manera.

La cuestión es que este librito, que no llega ni a doscientas páginas, andaba dando tumbos por casa. Bueno, lo de dar tumbos es una manera de hablar porque siempre ha tenido un lugar estático y preferente en las estanterías. Más de una vez lo miraba, pasando casi desapercibido entre el resto de volúmenes, solo por la delgadez de su lomo que se perdía entre los restantes, hasta que hace unos días decidí lanzarme a ese universo unamuniano.

Rosa y Gertrudis son dos hermanas. La una, florida, hermosa, risueña, alegre. La otra, seria, recta, formal, mesurada,.... ¿No es bella? No se podría decir eso, lo que ocurre es que la belleza de Rosa salta a la vista y de la Gertrudis hay que ir a buscarla pero una vez que la encuentras es más intensa que la de su hermana. Rosa y Gertrudis son huérfanas y viven con su  tío materno don Primitivo, un cura de pueblo que no se ha metido nunca en la educación de sus sobrinas. ¿Para qué? ¿Qué podría enseñarle sobre la vida y sobre las cosas de mujeres un viejo cura de pueblo? ¿Qué sabe él más que de sermones y misales? Además, ambas parecen saber encarrilar muy bien su vida, y en caso de que la más pequeña se extravíe, ya está Gertrudis para tirar de las riendas, que esa es más papista que el Papa.

La vida de las hermanas transcurre dentro de los límites de la rectitud y lo correcto pero llega una edad, esa que asoma a los ojos de Rosa, en la que todo se enciende y toca lo que toca. Y surgirá Ramiro, un hombre prudente y comedido que pondrá los ojos en las hermanas, que pondrá los ojos en Rosa. Gertrudis, sin haber oído palabra, sabe qué bulle en el corazón de los jóvenes y cuando la pequeña le comenta sus cuitas, la mayor disolverá sus dudas, casi con sequedad, casi con prisas, sin participar en las ilusiones de su hermana por ser objeto de galanteo y con la mente en otro lugar.

Y vendrá el noviazgo y posterior casorio de Ramiro y Rosa y llegarán los hijos, uno, dos, tres, y a ellos la debilidad tras los partos, una vida que se escapa, y un Ramiro muerto de miedo, y tantas, tantas cosas ocurrirán en esa familia, como las que pueden ocurrir en cualquier otra, pero ahí estará Gertrudis, ahí queda a cargo de los niños, para ser madre en vez de tía. Madre pero no madastra. Eso no. Eso nunca. 

La tía Tula narra toda una vida con su principio, su final y sus intermedios en los que surgirán vidas que apagarán la muerte. Y en ese transcurrir del tiempo, podremos contemplar el maravilloso tránsito de los sentimientos de Gertrudis. Ante las adversidades, ella se alza fuerte, poderosa, enérgica,.... pero también tendrá momentos de debilidad que se inician tras la boda de Rosa y Ramiro, cuando cae sobre ella la soledad de una casa que ya no disfruta de las alegrías de su hermana. Y es que el casado, casa quiere, y en esa ecuación Gertrudis está invitada pero sus principios no le permitirán estorbar al sagrado matrimonio. Además, ¿qué más da? Si «las mujeres vivimos siempre solas». [pág. 26]
  
El personaje de Gertrudis es todo fulgor en la novela. Resulta delicioso asistir a sus elucubraciones, a sus reflexiones sobre su misión en el mundo, sobre la mujer y el hombre, sobre la carne, el deseo y especialmente sobre la maternidad. ¿Pero cabe maternidad sin cópula? Para Gertrudis sí. Eso es lo que ella quiere, ser madre sin yacer con varón, sin manchar su cuerpo con ningún hombre porque ante todo, ella es símbolo de la pureza y la castidad. ¡Ay, el hombre!, una palabra que en su boca siempre viene acompañada de un suspiro o una exclamación, porque no hay que fiarse de ellos, su palabra solo es papel mojado y por lo tanto, la mujer, siempre más inteligente que su compañero, ha de andarse con ojo y no creer lisonjas vanas ni dejarse engatusar. Ella, al menos no. Porque además la cercanía de un hombre supone poner en peligro su pureza.


«- Así sois los hombres; no sabéis lo que hacéis ni pensáis en ello. Hacéis las cosas sin pensarlas...» [pág. 81]

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