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viernes, 3 de abril de 2020

EL PRÍNCIPE DESTRONADO de Miguel Delibes

El príncipe destronado – Miguel Delibes | Un libro para esta noche

Editorial: Destino
Fecha publicación: 1983
Precio: --
Género: Novela breve 
Nº Páginas: 167 
Encuadernación: Tapa blanda 
ISBN: 8423312615


Autor

Miguel Delibes nació en Valladolid en 1920. Cursó simultáneamente las carreras de Derecho y Comercio y más tarde ejerció como catedrático de Derecho Mercantil y periodista. Extraordinario novelista, se dio a conocer con La sombra del ciprés es alargada, obra que obtuvo el Premio Eugenio Nadal 1947. Entre sus éxitos posteriores destacan: El camino, Diario de un cazador, Diario de un emigrante, Las ratas, Cinco horas con Mario y El disputado voto del señor Cayo.

Sinopsis

La originalidad de esta novela corta de Miguel Delibes estriba en el reducido marco que el autor se ha impuesto, no sólo en los límites cronológicos -la obra se desarrolla a lo largo de unas horas de un día de diciembre-, sino al tener la valentía de centrar el peso de la anécdota sobre un niño de tres años. Los conflictos entre los adultos, los barruntos dramáticos que se apuntan sólo valen en cuanto rozan la psicología de Quico, el pequeño protagonista. Se trata, pues, de una tentativa de aproximación al mundo de la primera infancia, ese mundo inefable y sepultado en el fondo de los tiempos y que a veces parece aflorar, para esfumarse de nuevo al conjuro de un sabor, un aroma o una canción. Por la sencillez y sensibilidad con que han sido descritos, algunos personajes de esta obra quedarán como antológicos dentro de los tratados por Miguel Delibes.

[Información tomada directamente del ejemplar]


No sabría explicar bien qué tiene la narrativa de Miguel Delibes que a mí tanto me gusta. Mi relación con el vallisoletano viene de tiempo atrás y siempre ha sido un puerto seguro en mi vida. Todo comenzó cuando tuve que leer, en tiempos de estudios, El camino. Aquella historia protagonizada por Daniel, el Mochuelo, y sus amigos, que se tumbaban en un prado a contemplar el firmamento y se mareaban pensando en conceptos astrofísicos, que a ellos se les escapaban de las manos, o que no entendían que una mujer pudiera tener el vientre seco, me fascinó. Es pensar en aquella historia, no precisamente cómoda, y sentir confort. Como el que se siente cuando uno vuelve a casa. Luego llegó La sombra del ciprés es alargada, un ejemplar que tomé en préstamo de la biblioteca y que terminé comprándome; El hereje que también tenéis reseñado en este espacio (justo aquí); y otras obras que, si no he leído, he visto en cine o teatro, como Los santos inocentes, Cinco horas con Mario o Señora de rojo sobre fondo gris.

Pero hoy vengo a hablaros de mi preferida, El príncipe destronado, una historia  llevada también al cine, bajo el título La guerra de papá. Esta novela corta, que habré leído dos o tres veces, y habré visto otras tantas, narra la historia de Quico, un niño de tres años, y su familia. El joven protagonista es el quinto de seis hermanos -Pablo, Marcos, Merche, Juan y Cristina-, de una familia de clase media-alta en el Madrid de principios de los sesenta. 

El mundo de Quico se reduce a las personas que viven en su casa y a lo que acontece entre esas paredes. Su madre es una mujer que empieza a despegarse del papel silencioso de esposa, que piensa por sí misma, con un atisbo de modernidad que asoma a través de los cigarrillos que consume, agobiada por la crianza de tantos hijos, con un corazón lastimado al que parece asomarse una nueva ilusión. Su padre es un ser ausente, demasiado ocupado para prestar atención a la casa, la esposa y los hijos, más que el rato del almuerzo y poco más. Sus hermanos tienen su propio mundo fuera del hogar, con sus clases y sus compañeros de clase. Solamente Cris, la más pequeña, es sobre la que Quico ejerce algún tipo de autoridad. Y luego está Vito, la criada, que se pasa el día en la cocina, trajinando aquí y allá, mientras escucha los seriales y los programas de la radio, con el corazón en un puño porque Femio, su novio, ha sido destinado a África. Y, por último, Domi, el ama de cría, una mujer mayor, muy teatrera, acusica y cotilla, que se encarga de Quico y Cris, aunque su mayor afán es enterarse de lo que ocurre en la casa, de los secretos de uno y de otro.

El príncipe destronado es un título que hace referencia a ese sentimiento de abandono que azota a los hijos que se ven relegados a un segundo plano, por la llegada de un nuevo hermano. Alrededor de esa idea gira la trama de esta novela, y de ahí todas las trastadas que hace Quico, algunas llenas de gracia, mientras que otras pondrán a su madre al borde de un infarto. Pero la novela de Delibes no se limita únicamente a retratar ese síndrome, sino que también hace un dibujo de la época. ¿Cómo era la vida de las familias, de clase media, españolas a inicios de los años 60? La madre ocuparía el papel de cuidadora, siempre en el hogar, atendiendo la casa y a los hijos, una mujer que debe cierta obediencia al marido, que se pasa el día en bata para hacer las labores de la casa pero que, a la hora del almuerzo, se arregla y espera al esposo, al que le prepara su correspondiente whisky con "Un glace, esposa; ya haz el favor completo", una mujer que no debe pensar ni tener opinión propia. El marido, auténtico cabeza de familia, se pasa el día fuera de casa, un hombre al que la guerra le parece una nimiedad comparada con la paz, donde hay que hacer frente al "teléfono, la Bolsa, los líos laborales, las visitas, la responsabilidad del mando...", que solo piensa en el trabajo, porque de él depende toda su familia, que cuando llega a casa, lo mínimo que espera es tranquilidad y no un reproche tras otro. El marido es ese hombre con ideas férreas, que pretende inculcar a todos sus hijos, aunque los tiempos hayan cambiado. Y unos hijos que simplemente se tenían que preocupar de sus estudios, con clases por la mañana, pero también por la tarde, después del almuerzo, algo que solo hemos vivido unas cuantas generaciones. En definitiva, matrimonios desgastados por el uso y la rutina. Hijos que son testigos de ese deterioro conyugal. 

La mujer no sale muy bien parada en esta historia. Con los ojos del siglo XXI, cuesta trabajo asimilar a un marido diciéndole a su hijo pequeño:


"-El día que te cases, Quico, lo único que has de mirar es que tu mujer no tenga la pretensión de que piensa" [pág. 75]

O bien a un novio, destinado a África, diciéndole a su amor, que llora compungida por la separación:

"-¿Son mujeres las negras?" [pág. 107]
Pinceladas de lo que hablaba antes, el retrato de una sociedad.

De todos los personajes, Quico reluce más que ninguno. Contar el mundo a través de los ojos de un niño de tres años es toda una proeza narrativa, algo que Delibes consigue a la perfección. Me atrevo a decir que, como padre de siete hijos, algo de niños entendería, y es posible que, algunas anécdotas de su vida familiar fueran a parar a las páginas de esta novela. Es una elucubración mía pero, ¿por qué no? Quico es un niño de tres años con una imaginación desbordante, curioso y ávido de vida. Con una dicción demasiado fluía para su edad, su discurso está plagado de pensamientos y palabras que pilla de aquí y de allá. Interesando siempre en las conversaciones de adultos, pega la oreja e interpreta a su manera lo que escucha decir a los mayores. Quico siempre tiene una pregunta en los labios. El mundo es para él un bosque a explorar, así que atosiga a unos y a otros con sus curiosidades, llevando a su madre hasta un hartazgo sin límites, con su incesante "¿verdad, mamá?".

Pero es un niño que necesita el reconocimiento de los suyos, que intenta ganarse su espacio en su propia familia, y por eso alardea tanto de no haberse hecho pipí en la cama y desvía la atención hacia su hermana Cris, a la que reprende por hacerse caca en las bragas. Y como niño, muestra también su lado más rebelde cuando se enfada, proclamando en alto "Mierda, cagao, culo" para llamar la atención, y divierte escucharlo recitar como un papagayo "Están bonitas por fuera, están riquitas por dentro", eslogan publicitario de algún tipo de dulce que no se identifica en la novela.

El desarrollo psicológico que Miguel Delibes hace de Quico es absolutamente fascinante. El autor también hace una gran labor descriptiva, empleando múltiples onomatopeyas para retratar los juegos infantiles, a ese Juan, totalmente abducido por los cómics de vaqueros e indios, o al pequeño Quico que utiliza un viejo tubo de pasta de dientes a modo de camión o tanque.




Escrita en tercera persona, e ilustrada con algunos dibujos de Adolfo Delibes, sexto hijo del autor, la novela se compone de un total de doce capítulos. Cada uno de ellos corresponde a una franja horaria. Así, la trama se inicia a las 10 de la mañana, momento en el que Quico despierta, y finaliza a las 9 de la noche, cuando lo dejan en su cuna tras la cena. Con abundancia de diálogos, a través de los cuales se caracteriza a los personajes y se hace un retrato del contexto político-social, El príncipe destronado tiene uno de los desenlaces más hermosos de la historia de la Literatura, un final auténticamente maravilloso, tranquilizador por un lado pero desconcertante por otro. Una reflexión preciosa y triste, pero llena de amor y vida. 

En cuanto a la película, dirigida por Antonio Mercero en 1977, es bastante fiel a la novela. Diría que, salvo algunas escenas nuevas que vienen a justificar que el largometraje se llame La guerra de papá, el noventa por ciento del guion se desarrolla en paralelo a la trama de la novela. El reparto, encabezado por Lolo García en el papel de Quico es de premio. No sé muy bien cómo consiguieron que este niño tan pequeño actuara como lo hace. En cuanto al resto del elenco, la película cuenta con el trabajo de Héctor Alterio, Teresa Gimpera y dos jovencísimos Verónica Forqué y Tito Valverde , todos ellos muy convincentes.  

Os dejo un fragmento de la película por si os interesa verla.








 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]


Puedes adquirirlo aquí:



lunes, 4 de noviembre de 2013

HOMENAJE A DELIBES (III): ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES.


Si no llega a ser por Tatty, del blog El Universo de los Libros, y por su merecido homenaje a la figura de Miguel Delibes, ni me habría enterado que existe una fundación que lleva su nombre.

A estas alturas hablar sobre la vida y el autor de obras bien señaladas en la Literatura española puede hacerse algo tedioso puesto que ya todos sabemos que Delibes nació en Valladolid el 17 de octubre de 1920 y murió el 12 de marzo de 2010, que escribió obras del calibre Las ratas, Cinco horas con Mario, Los santos inocentes,... que fue nombrado Honoris Causa por infinidad de Universidades y que se le otorgó el Premio Cervantes en 1993.

¿Por qué no ir un poco más lejos? De naturaleza cotilla pero siempre con buen propósito, me he dedicado a «investigar» algunas anécdotas y curiosidades que han rodeado la vida del autor. Al final encontráis las fuentes de donde he sacado la información. Allá vamos:

Delibes era un gran aficionado a la caza. 



Invitado a  una cacería en una finca segoviana, Miguel Delibes se topó con el Rey, otro gran aficionado a la caza. Tras unos minutos de charla se dispusieron a ocupar sus puestos. Estando presente Su Majestad ningún cazador se atrevía a abrir fuego en primer lugar y el Rey dándose cuenta de la situación le dijo a Delibes:

- Don Miguel, o las perdices o el protocolo.

[1]

Delibes visto por sus hijos. 



Miguel Delibes y su esposa Ángeles de Castro tuvieron 7 hijos. En una entrevista en RTVE, tres de sus hijos (Adolfo, Elisa y Miguel) nos contaron que su padre, en los primeros años de su trayectoria narrativa, tenía un hijo por novela publicada, es decir, el mismo año que nacía una nueva obra del autor, también nacía un nuevo hijo.

Miguel, el mayor, presume de tener dos novelas de su padre dedicadas a él, siendo una de ellas, La sombra del ciprés es alargada. Dedicatoria:

A mis padres.
A mi mujer
A mi hijo.


En el año en que nació su hija Elisa, Miguel Delibes escribió La partida, un libro que a ella le parece rarísimo y por lo tanto hubiera preferido nacer en 1950, el año de El Camino.

A Adolfo, en cambio, le corresponde El príncipe destronado. Comenta que algunas de las ediciones de este libro están ilustradas con dibujos que él realizó siendo niño.

Amante de la naturaleza, Miguel Delibes inculcó a sus hijos el amor por el entorno rural y el mundo natural, de ahí que cuatro de ellos estudiaran biología.

Su hijo Adolfo considera que la cualidad que más define a su padre como persona es la austeridad. Lo describe como un hombre que, habiéndose podido permitir buenos lujos, siempre vivió con recato.

Elisa destaca de su padre el carácter fuerte, pero todos coinciden en señalar el pesimismo vital del vallisoletano.

En cuanto a anécdotas, Miguel hijo comenta que paseando con su padre, los paró un joven que con timidez se acercó a ellos y disculpándose por interrumpir el paseo de padre e hijo, señaló que no podía dejar pasar la oportunidad de saludar a Azorín, a lo que Delibes contestó: ¡Joven, Azorín lleva muchos años criando malvas!

Otro día una señora se acercó a saludarlos y se produjo la siguiente conversación:

- ¡Don Miguel! ¡Qué alegría de verle! ¡Y de verle así! Rezo todos los días para que usted siga igual -Delibes, teniendo conciencia de ser mayor y estar enfermo, le respondió-: ¡Señora, rece usted para que mejore, porque estoy muy jodido!

La señora, según cuenta Miguel hijo, se lo tomó bastante mal. 

Elisa relata como un día un grupo de estudiantes se le acercaron y le preguntaron si él era Miguel Boyer, a lo que respondió muy convencido de que así era. Como las chicas le pidieron un autógrafo, allá que fue Delibes firmando como Miguel Boyer.  

[2]

El abuelo de Miguel Delibes




Federico Delibes, abuelo del ilustre escritor, poseía una serrería y carpintería en la capital vallisoletana, a la puerta de cuyo establecimiento figuraba esta placa que anunciaba los trabajos que realizaba. 

[3]

Bueno pues estas son algunas anécdotas sobre la vida del autor y de este modo concluyo el homenaje que Tatty organizó en su blog. 


¡A leer a Delibes!



Fuentes:



viernes, 4 de octubre de 2013

HOMENAJE A DELIBES (II): EL HEREJE.



Autor

Miguel Delibes nació en Valladolid en 1920. Se dio a conocer como novelista con La sombra del ciprés es alargada, Premio Nadal 1947. Su extensa obra literaria le ha valido numerosos galardones, entre ellos el Nacional de Literatura (1955), el de la Crítica (1962), el Premio Nacional de las Letras (1991) y el Premio Cervantes de Literatura (1993). En 1973 fue elegido miembro de la Real Academia. Sus últimos libros publicados son Señora de rojo sobre fondo gris, El último coto, Diario de un jubilado y He dicho. 

Sinopsis

En el año 1517, Martín Lutero fija sus noventa y cinco tesis contra las indulgencias en la puerta de la iglesia de Wittenberg, un acontecimiento que provocará el cisma de la Iglesia Romana de Occidente. Ese mismo año nace en la villa de Valladolid el hijo de Don Bernardo Salcedo y doña Catalina Bustamante, al que bautizarán con el nombre de Cipriano. En un momento de agitación política y religiosa, esta mera coincidencia de fechas marcará fatalmente su destino.

Huérfano desde su nacimiento y falto del amor del padre, Cipriano contará, sin embargo, con el afecto de su nodriza Minervina, una relación que le será arrebatada y que perseguirá el resto de su vida. Convertido en próspero comerciante, se pondrá en contacto con las corrientes protestantes que, de manera clandestina, empezaban a introducirse en la Península. Pero la difusión de este movimiento será cortada progresivamente por el Santo Oficio.

A través de las peripecias vitales y espirituales de Cipriano Salcedo, Delibes dibuja con mano diestra un vivísimo retrato del Valladolid de la época de Carlos V, de sus gentes, sus costumbres y sus paisajes. Pero El hereje es sobre todo una indagación sobre las relaciones humanas en todos sus aspectos. Es la historia de unos hombres y mujeres de carne y hueso en lucha consigo mismos y con el mundo que les ha tocado vivir.

Un canto apasionado por la tolerancia y la libertad de conciencia, una novela inolvidable sobre las pasiones humanas y los resortes que las mueven.


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No sé si habré comentado alguna vez que me encantan los libros que traen material adicional, como anexos, fotos,.... Este hereje abre con un mapa de la comarca en la que se desarrollan los hechos, más un mapa de la Valladolid de 1600 lo que facilita mucho el hacerse una composición de lugar.


Acto seguido viene una cita de Juan Pablo II con la que estoy totalmente de acuerdo porque de todos es bien sabido que en nombre de Dios o de la fe se han cometido auténticas atrocidades.

«¿Cómo callar tantas formas de violencia perpetradas también en nombre de la fe? Guerras de religión, tribunales de la Inquisición y otras formas de violencia de los derechos de las personas... Es preciso que la Iglesia, de acuerdo con el Concilio Vaticano II, revise por propia iniciativa los aspectos oscuros de su historia valorándolos a la luz de los principios del Evangelio».

Delibes nos presenta una Europa revuelta por las constantes sacudidas que sufre la Iglesia. En las primeras páginas nos topamos con una visión globalizada sobre el mundo religioso de la época y las distintas corrientes que se extienden por el viejo continente. El Luteralismo, el Calvinismo,  la Inquisición,... mantiene a Europa en un estado convulso, dividida a favor y en contra de la reforma a la que se estaba viendo sometida la Iglesia. En esta presentación inicial en la que conoceremos al protagonista principal, Cipriano Salcedo, un hombre que viaja hasta Alemania con el objeto de informarse sobre la situación en aquel país y adquirir libros para su correligionario Doctor Cazalla. 

Tras esta introducción, el autor da marcha atrás y retrocede hasta el nacimiento de Cipriano, justo el mismo día que Lutero fija en la puerta de la iglesia de Wittenberg las 95 tesis que darían lugar a la Reforma Protestante. Cipriano nace en una Valladolid del siglo XVI con unos 28.000 habitantes, una ciudad próspera por sus cultivos vinícolas pero que pronto se verá asolada por la peste. Fue un hijo deseado que posteriormente cayó en desgracia, pues mientras él abría los ojos a la luz de la vida, los de su madre quedaban cegados para la eternidad. Con un dolor más que agudo, Bernardo Salcedo, padre de Cipriano, cae en una profunda depresión tras la muerte de su mujer, repudiando a su propio hijo al que llega a catalogar de parricida y dejando de lado todos sus negocios. Pero Bernardo es un truhán que pronto olvidará su dolor y necesitará mirar bajos las faldas de una mujer.




A partir de aquel momento la vida de Cipriano perderá todo el posible esplendor que por nacimiento le hubiera correspondido. Quedará a cargo constante de su nodriza Minervina, una mujer que acaba de perder a su hijo y que jugará un papel muy importante en la vida de Cipriano. 

Nuestro protagonista crece, comienza a entender de la vida, del amor, de la religión,... y entre todas las corrientes se sitúa en el bando de Erasmo de Rotterdam a quienes muchos consideraban un ángel y en igual proporción, un demonio. A pesar de haber nacido enclenque y débil, Cipriano se convierte en un muchacho astuto y fuerte, y tras heredar los bienes de su padre, muerto víctima de la peste, con esfuerzo y trabajo conseguirá prosperar haciéndose un hombre de bien y con cierta posición social.  

Auto de Fe en Valladolid
Nos os voy a contar nada más porque El hereje es una obra llena de matices y reflexiones que cada lector debe descubrir por sí mismo, pero os advierto que Cipriano siempre se erigió en un hombre de principios, de libertades y de conciencia, lo que no le augurará nada bueno teniendo al Santo Oficio con las espadas en alto. Delibes no se limita a narrar unos supuestos hechos que acaecieron en un momento en que Valladolid, como parte de Castilla, estaba viviendo la expansión del Luteranismo, sino que el autor va mucho más allá y desde el principio, con la cita de Juan Pablo II, deja constancia de su intención a la hora de escribir esta novela, valiéndose de la vida y la religiosidad de su personaje Cipriano. Las páginas de esta novela huelen a afán de libertad y de tolerancia que se verán pisoteados cuando a los de arriba no les interesa que el pueblo piense por sí mismo.

Delibes, quien se alzó con el Premio Cervantes en 1993, dedica esta, su última novela, a su ciudad natal, narrando la vida y costumbres de Valladolid a lo largo de 498 páginas. Sorprende conocer los métodos médicos que se usaban en la época para determinar la fertilidad o no de una mujer, o cómo funcionaba el comercio ganadero en la Villa, detalles todos ellos que inducen a pensar en una ardua labor de investigación.

La estructura de El hereje consta de un Preludio y tres Libros introducidos por un título (Los primeros años, La herejía y Auto de fe). Delibes, como siempre, nos ofrece en esta novela una prosa rica en matices y elegante, bella y cadenciosa. Este autor, de estilo sencillo y conciso, tiene la habilidad de narrar de forma muy visual de tal manera que el lector, al ir construyendo en su mente la imagen que Delibes nos describe, llegamos a tener la impresión de haber realizado un viaje en el tiempo para pasear por las calles de Valladolid.

El léxico incorporado al texto es el correspondiente al siglo en el que los sucesos ocurren, un vocablo perteneciente a nuestro castellano antiguo y que ya han caído en desuso.

En definitiva,  para esta humilde lectora acercarse a Delibes siempre es un placer. Aún no ha caído en mis manos ninguna obra suya que no me haya dejado buena impresión, sean de la temática que sean, más cómicas, más serias,... Delibes es siempre un buen puerto en el que echar ancla. Por lo tanto, El hereje no podía ser menos, una novela altamente recomendable.

A título informativo, y porque me ha resultado muy curiosa, os dejo una reseña sobre esta obra en el blog La ficción gramatical en la que la obra de Delibes no sale muy bien parado. El autor de esta reseña explica convenientemente sus motivos.




Retos: 



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