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viernes, 24 de noviembre de 2023

EL BAILE DEL FUEGO de Carlos Fidalgo

Editorial: La esfera de los libros
Fecha publicación: marzo, 2023
Precio: 19,90 €
Género: novela histórica
Nº Páginas: 304
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788413845258
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Carlos Fidalgo (Bembibre, León). Su primera novela fue El agujero de Helmand, una sutil historia de terror ambientada en la última guerra de Afganistán con la que obtuvo el Premio Tristana de Novela Fantástica en 2010. Le siguió La sombra blanca en 2015, otra novela de fantasmas y aliento corto situada en la guerra de trincheras, y el libro de relatos Septiembre negro, sobre las zonas oscuras del olimpismo, que recibió el Premio Tiflos de Cuento en 2016. También es autor de El país de las nieblas, colección de cuentos que transcurren en un Bierzo legendario.

Con Stuka, Premio Letras del Mediterráneo de Novela Histórica en 2020, escribió sobre la violencia que sufren las mujeres en tiempo de guerra a partir de la historia de un avión siniestro.

Premio Cossío de Periodismo de Castilla y León, sus reportajes en Diario de León han inspirado algunos de los personajes y sucesos narrados en El baile del fuego.

Sinopsis

Amalia Quiroga interpreta un fragmento de El amor brujo en el piano de cola del Club Lyceum en la Casa de las Siete Chimeneas, y a Vicente Yebra, aspirante a fotorreportero del que es mejor no fiarse, se le rompen todos los esquemas. Nunca ha visto a una mujer al piano. Nunca ha contemplado a nadie tocando una pieza con tanta energía. Y nunca se hubiera imaginado que esa noche, a punto de asistir a un recital de Lorca, iba a ser el comienzo de una historia de amor insólita.

El baile del fuego es una intriga vertiginosa, una pasión que nace con un beso súbito, se queda en suspenso durante la guerra civil, y reaparece en un local canalla de la Gran Vía de Madrid frecuentado por estrellas de cine y toreros, y donde aún resuena el eco de una sirena como las que imaginaba Álvaro Cunqueiro.

[Información tomada de la web de la editorial]


El pasado 21 de octubre, en el marco del Certamen Internacional de Novela Histórica ❝Ciudad de Úbeda❞, tuvo lugar la presentación de la novela El baile del fuego, del periodista leonés Carlos Fidalgo. La organización del certamen me propuso acompañar al autor en esta presentación y no me lo pensé. No conocía a Carlos Fidalgo. Nunca había leído nada suyo, así que me estreno con El baile del fuego (La esfera de los libros). El resultado ha sido muy gratificante. Os cuento.

La trama de la novela se articula en dos partes, dos bloques que no tienen nada que ver con su armazón estructural, sino con el tiempo narrativo. Una primera parte transcurre en el año 1991. Uno de los protagonistas de esta novela, Vicente Yebra, cuenta a un tal Pedro la historia de su vida. Yo no os voy a desvelar la identidad real de «ese Pedro», pero Fidalgo sí destapó el guiño durante la presentación. Así que, si te pica la curiosidad, solo tienes que ver el vídeo que os dejo, en el que se recoge parte de lo dicho durante el acto. Este presente de 1991 aparecerá esporádicamente a lo largo de la narración, a través de breves diálogos entre narrador y oyente, pero el grueso de la historia transcurre en el pasado.

Y a ese pasado viajará el lector para ser testigo directo. Viajad mentalmente a finales del año 1935. Ubicaos en Madrid. Concretamente en la Plaza del Rey, donde se erige un inmueble de ladrillo rojo, no de mucha altura, y en cuyo tejado se pueden ver siete chimeneas, que dan precisamente nombre al edificio, La Casa de las Siete Chimeneas. En ese 1935, el inmueble alberga el Lyceum Club, una asociación de mujeres que organizan conferencias, conciertos, lecturas,... Cualquier tipo de actividad intelectual puede tener lugar entre esas paredes. 


«Es un edificio de ladrillo rojo, uno de los más antiguos de Madrid, porque se levantó durante el reinado de Felipe II. Allí vivió una amante del rey, hija de uno de sus monteros y casada con un capitán de los Tercios de Flandes para guardar las apariencias. Enviudó muy pronto y murió asesinada después de dar a luz a una niña. Su cadáver desapareció, su asesino también». [pág. 22]


Al Lyceum Club, al que despectivamente llamaban «el club de las maridas», acude Federico García Lorca, «en la plenitud de su talento», para hacer una lectura de sus poemas contenidos en Poeta en Nueva York. Mientras la lectura se inicia, y para amenizar la espera, una bella joven de nombre Amalia Quiroga interpreta El ritual del fuego, una pieza de El amor brujo de Manuel de Falla. A la sesión de aquel día acude, en calidad de fotógrafo, otro joven, Vicente Yebra. El muchacho trabaja como tipógrafo en el diario Ahora, el rotativo del que, por aquel entonces, era subdirector Manuel Chaves Nogales. A Yebra le apasiona la fotografía. Su presencia en el Lyceum Club no está respaldada por el periódico. Ha acudido de motu propio para fotografiar a Lorca, y luego tratar de vender sus fotos al periódico. Sin embargo, el poeta de Granada quedará en segundo plano cuando Yebra contempla por primera vez a Amalia tocando el piano. Vicente queda totalmente prendido de la belleza de la joven y tratará de hacer lo posible por conversar con ella. Así se conocen, y así comienza una historia de amor, una historia que va a perdurar a lo largo del tiempo, que se mantendrá casi hasta nuestros días porque Vicente no dejará de amar nunca a Amalia. No obstante, la vida da muchas vueltas. El destino separará a los jóvenes. Y para saber si hay reencuentro o no, solo tienes que leer la novela. 

Pero El baile del fuego no es solo una historia romántica. Fidalgo retrata el contexto histórico y socio-político de nuestro país a través del paso de los años, ya que la acción se desarrolla desde ese 1935 hasta nuestro pasado más reciente. Veremos el final de la República y la llegada de la guerra civil, aunque la contienda bélica no tendrá excesivo protagonismo en la historia, más allá de una incursión en el mundo de los corresponsales de guerra. De ahí, el tiempo seguirá pasando y podremos comprobar cómo la ciudad de Madrid trata de sacudirse las miserias de la posguerra. Son los años 50, la edad dorada del cine, de las grandes producciones cinematográficas, y de los actores y actrices, que colmarán las páginas de los periódicos y de las revistas. 

Realidad, ficción, leyenda y fantasía se mezclan en esta novela, que te permitirá asomarte etapas históricas extraordinarias, con personajes que van desde las Sinsombreros hasta actrices como Ava Gadner.

Vicente y Amalia

Pero entre los múltiples personajes reales que van a pulular por las páginas de esta novela, hay que destacar a dos jóvenes que serán los protagonistas, sin excepción. Ya os he presentado brevemente a la joven pareja, pero os contaré algo más en profundidad. Os diré que Amalia es de familia pudiente, procedente de la Mariña de Lugo. Reside en Madrid, concretamente en la Residencia de Señoritas, y estudia piano en el conservatorio. Desde primer momento se nota que tiene más mundo que Vicente, que es una joven más decidida, que sabe lo que quiere y, lo que es más importante, lo que no quiere. A Amalia la vamos a ver con ganas de exprimir la vida, cometiendo alguna que otra travesura, sin importarle el qué dirán. De hecho, en la residencia la apodan la «calientabraguetas». Su relación con Vicente se basará más en esas ganas de sentirse viva que en el enamoramiento porque, lo que a Amalia le interesa de verdad, es la música y el piano. No obstante, su relación con Vicente le traerá algún que otro contratiempo y será ella la que, como dijo el autor en la presentación, «esconde el misterio de esta novela».


«Acercó su boca a la mía, sin más explicaciones, y me besó como nunca antes me había besado ninguna chica. Es decir, tomando ella la iniciativa. Fue un beso decidido, casi un beso robado, un beso cálido, sin titubeos ni vacilaciones. Un beso descarado, bien plantado en los labios. Amalia sabía lo que quería, no era ninguna novata, y aquella provocación, porque eso es lo que era, parecía una continuación de su desafío al piano». [pág. 19]


En cuanto a Vicente, el joven procede de Ponferrada pero reside y trabaja en Madrid. Al contrario que Amalia, su familia es muy humilde. Le apasiona la fotografía y porta una Kodak Baby Brownie, «una cámara de baquelita», que se compró por el precio de 1 peseta, y con la que la mayoría de las veces hace fotos borrosas.

De los dos personajes, hay que destacar que Vicente Yebra tiene un trasfondo real. Carlos Fidalgo se ha inspirado en una persona que existió realmente, en Vicente Nieto Canedo, un fotógrafo de León, al que el autor conoció al ejercer el periodismo, un hombre al que el reconocimiento a su labor de fotógrafo, le llegó al final de sus días. «Vicente Yebra se inspira en Vicente Nieto Canedo, sobre todo, al principio», aclaró el autor. Porque para construir el personaje en los años 50, «me fijado más en dos fotógrafos de Madrid, que trabajaban en el mundo taurino». Eran fotógrafos que buscaban fotografíar a las actrices de Hollywood en locales como Chicote, Pasapoga o Villa Rosa, mujeres bellas y famosas que se sentían atraía por el ambiente taurino.

Nieto Canedo nunca supo que él estaba inspirando al personaje de esta novela, pues su fallecimiento se produjo antes de que esta historia fraguara en la mente del autor.


[Si prefieres escuchar parte de la presentación, dale al play]


Del Madrid intelectual al Madrid de la farándula

El baile del fuego nos va a mostrar la ciudad de Madrid desde diversos ángulos. Antes de que se inicie la guerra civil, vamos a ver el lado más intelectual de la ciudad. Muchos serán los nombres que asomen por esas primeras páginas, como el propio Lorca, mencionado anteriormente, pasando por María de Maeztu, presidenta del Lyceum Club y directora de la Residencia de Señoritas, donde se aloja Amalia Quiroga; Alberti y su esposa María Teresa León; Clara Campoamor, Victoria Kent, Zenobia Campubri o Ernestina de Champourcín. Era un mundo luminoso donde la voz de la mujer era tenida en cuenta, un tiempo en el que las mujeres se congregaban para debatir y conversar sobre cuestiones de interés, y también para luchar por sus derechos. 

Pero la Residencia de Señoritas no era la única institución que se centraba en la mujer. En la novela se nos hablará también del Instituto Internacional de Señoritas, «filial española de la institución norteamericana que se había instalado en Madrid a principios de siglo»,  o el Ateneo Feminista Magerit, que contaba con bar americano y biblioteca, y diversos salones para tomar el té o para jugar al bridge, donde «se bailaba el charlestón y el foxtrot, y las mujeres fumaban sin complejos». Eso sí, estaba prohibido hablar de política y de religión, «y tampoco se permitía el paso a ningún hombre, salvo a la planta principal y siempre que lo hubiera invitado alguna de las socias». Era el Madrid del Café Barbieri, con sus mesas de mármol; el del hotel Ritz, con sus normas de acceso y alojamiento; el Madrid de Dalí, y del amor imposible de Lorca.

Sin embargo, aquel Madrid tenía los días contados. En el ambiente ya se respiraba la tensión. Tuvieron lugar huelgas, desórdenes públicos, el Frente Popular gana las elecciones y «el clima político se volvió irrespirable». La guerra civil estalla, pero ya os comenté antes que el conflicto bélico no tendrá especial importancia en la novela, sino que quedará reducido a un segundo plano, del que os hablaré más adelante. 

Y, pasados aquellos años terribles, y poco a poco, Madrid volvió a la vida. La gente quiere divertirse, olvidar los malos momentos vividos, la lucha fratricida, las muertes, la sangre y el dolor. De aquel Madrid intelectual de la República, cuyas listas fueron esquilmadas, pues los que no fueron asesinados tuvieron que exiliarse, pasamos al Madrid de la fiesta nocturna y de los locales de moda. Serán los tiempos de Pasapoga y de Chicote, de la orquesta de Xavier Cugat, de los actores y actrices nacionales e internacionales, que acuden a este país, fascinados por el ambiente taurino. Por los clubes nocturnos pasaron muchas actrices del momento y algún que otro actor de la tierra trató de seducir sin éxito a la que solo tenía ojos para un traje de luces.


«Perico tenía miles de botellas en el sótano y se las mostraba a los clientes importantes. Algunas actrices, como Sofía Loren, que se encaprichó de una botella sinuosa porque se parecía a su figura, se atrevieron a pedirle uno de aquellos envases tan vistosos». [pág. 204-205]


Y en aquel resplandor, aparece el animal más bello del mundo, la hermosa Ava Gadner, enamorada del torero Luis Miguel Dominguín. Sobre la presencia de la actriz en España nos habló Carlos Fidalgo durante la presentación y nos explicó que se formó un «triángulo de amor, lujuria y celos»  entre el torero, la actriz y el que era todavía su esposo, Frank Sinatra, y al que le llegaban rumores de infidelidad desde España. Por entonces, Ava Gadner participaba en el rodaje de La condesa descalza y, ni corta ni perezosa, en los descansos del rodaje, cogía un avión y se plantaba en Madrid para ver al torero. 

La guerra civil y los corresponsales de guerra

Y aunque dije que la guerra civil es un mero telón de fondo porque, como comentó el propio autor, él no quería escribir una novela sobre la guerra civil, sí hay que mencionar algunas cuestiones. Por ejemplo, en esta novela podremos saber más sobre el hotel Gran Vía, «tan funcional, tan americano», donde comían y cenaban los periodistas acreditados por el gobierno republicano durante la guerra. O entrar en el edificio de la Telefónica, desde donde estos periodistas enviaban sus crónicas, firmadas por nombres como Ernest Hemingway, Martha Gellhorn, Robert Capa o Virginia Cowles, «otra periodista de raza, muy guapa y muy atrevida que también cubriría la guerra desde el bando nacional».


«Los corresponsales extranjeros transmitían sus textos desde la cuarta planta y en la quinta se encontraba la Oficina de Información y Propaganda que dirigía Arturo Barea, el de La forja de un rebelde que  han puesto hace poco por televisión. Por el día tenían prioridad los cables diplomáticos, por eso los periodistas esperaban al anochecer para enviar sus crónicas». [pág. 246-247]


La guerra transformó la fisonomía y la utilidad de diversos edificios de Madrid. Si el Hotel Florida, «edificio mítico», quedó destruido por los bombardeos, otros se convirtieron en hospitales de sangre. 

En cualquier caso, y para cerrar este apartado, Fidalgo aclaró durante la presentación que la guerra civil en esta novela funciona como una bisagra, una puerta que permite pasar al lector de una estancia a otra, de un escenario a otro, de ese Madrid de las Sinsombreros, intelectual, donde las mujeres brillaban con luz propia o, incluso, con una luz más intensa que la de sus maridos, -pensemos en María Lejárraga a la que el autor le hace un guiño en las primeras páginas de la novela-, a ese otro Madrid con brillo también, pero este de lentejuelas.

Leyendas, fantasía y hechos reales

Historia, amor, guerra. Pero el autor no se queda ahí sino que introduce otros elementos que adornan la narración. Fidalgo se hace eco de las diversas leyendas que corren por Madrid y que tienen como protagonista diversos edificios de la ciudad. Son historias que forman parte del imaginario colectivo y que el autor ha introducido adecuadamente en la trama de la novela. Es lo que pasa con La Casa de las Siete Chimeneas, en cuyo interior dicen que aún transita el fantasma de una mujer, la que fue amante de Felipe II. Carlos nos contó que aquella mujer murió asesinada y fue emparedada en el inmueble. Su cuerpo fue hallado mucho tiempo después y las malas lenguas cuentan que hay noches en las que se la puede ver en el tejado del edificio, señalando con una antorcha en dirección al Palacio Real. En el vídeo te cuenta más detalles sobre esta leyenda.

También, el edificio de la Telefónica arrastra un pasado oscuro, protagonizado por Goyito, el fantasma de un niño que se pasea por el interior del inmueble y que murió durante la construcción del edificio. Eso, por no mencionar los pasadizos que supuestamente taladran el subsuelo de Madrid, túneles que conducen a sus usuarios a encuentros prohibidos, lejos de miradas indiscretas.


«En el barrio me habían dicho que un pasadizo secreto comunicaba el antiguo escenario del teatro, convertido en cabaret a la francesa, con el primer local donde estuvo el café, y las artistas lo usaban para reunirse de forma discreta con hombres adinerados». [pág. 92]


Y aunque, nada más abrir el libro, encontramos la siguiente leyenda «La mitad de las mentiras de este libro son ciertas (Adaptación de un dicho irlandés)», en El baile del fuego hay tanta realidad como ficción. Más allá de la guerra, y del paso de los diferentes nombres conocidos por las calles de Madrid que veremos en la historia, hay que unir también la narración de ciertos hechos trágicos que ocurrieron realmente en aquellos años. Carlos Fidalgo relata el accidente que involucró al tranvía de la Bombilla y a una furgoneta de reparto; o el accidente de tren ocurrido en Torre del Bierzo, en el que murieron más de 100 personas, «que fuera de León quedó silenciado porque no dejaba en buen lugar al gobierno de Franco», y del que el autor da más detalles en el vídeo de la presentación. 

Por otra parte, a esta novela no le faltará tampoco un ligero toque de fantasía, espejismos que principalmente giran alrededor de la figura de Amalia y que dan a la historia un aire mágico.


«Y fue en el centro de la laguna, al atardecer, mientras su pelo se oscurecía un poco por la falta de luz, cuando descubrí que las manos le azuleaban al contacto con el agua, como si quisiera mudar la piel». [pág. 49]


Estructura y estilo

Escrita en primera persona, El baile del fuego se estructura en tres partes: El amor que se centra en el final del año 35 y la II República; La Sirena, con guiños a Pontevedra, la tierra de Álvaro Cunqueiro; y El fuego, que retrata el Madrid de los años 50. A lo largo de esos tres bloques se distribuyen un total de 48 capítulos, de corta extensión. 

El baile del fuego es una novela que se lee con agilidad. Cuenta con un ritmo sosegado que permite al lector adentrarse en la historia con suavidad, para ir descubriendo los distintos momentos por los que pasarán sus personajes. 


Poco más os puedo contar de esta novela, la primera que leo de Carlos Fidalgo, cuyo título tiene muchas lecturas. Ese fuego que nos abre camino puede hacer referencia a muchas de las cuestiones que aparecen en la obra, como a la pieza que Amalia toca al piano en el Lyceum Club, al color de su cabello, el fuego de la guerra o del accidente de tren que ocurrió en Torre del Bierzo. El baile del fuego, como reza su subtítulo, es «una historia de amor, en tiempos de guerra y paz», cuya lectura he disfrutado y que os recomiendo.



lunes, 3 de agosto de 2020

NADIE ME CONTÓ de Astrid Gil-Casares

Editorial: La esfera de los libros
Fecha publicación: Febrero, 2020
Precio: 19,90 €
Género: Narrativa
Nº Páginas: 307
Encuadernación: Tapa  blanda con solapas
ISBN: 9788491647492
Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autora

Astrid Gil-Casares Marlier nació en Madrid en 1973, de padre español y madre francesa. Aun creciendo en Madrid, su educación fue francesa; primero en colegio Union Chrétienne de Saint Chaumond y después en el Liceo Francés. Estudió Economía y Marketing y habla seis idiomas. Antes de casarse, trabajó durante años en Banca de Inversión en Paris y Londres. Esta es su primera novela después del guion de la película ¿Qué te juegas? (2019).

Astrid está divorciada y vive en Madrid con sus tres hijas.

Sinopsis

Nadie me contó podría ser la historia de un sueño cumplido, pero en realidad es la de un sueño truncado. El destino le depara a Gaelle conocer al hombre de su vida: inteligente, atractivo, carismático, seductor, poderoso y rico. Tan perfecto que no parece real.

Porque no lo es. A Gaelle nadie le contó qué pasa después del «y comieron perdices». Qué pasa cuando tú sigues enamorada pero la otra persona no. Qué pasa cuando comienzan los desplantes, cuando a tu pareja ya no le gusta nada de ti pero no te deja ir.

Salir de un matrimonio así, y con dos niños, no es sencillo. Hacerlo sin perder tu identidad parece imposible. Volverte a enamorar, impensable. Gaelle lo conseguirá porque es una luchadora. Una guerrera tatuada cuyos símbolos grabados de forma indeleble en su piel son su protección y su armadura.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Las rupturas sentimentales, sean de la índole que sean, no son fáciles ni siquiera para quienes las anhelan. Si hablamos de matrimonios con hijos, la cosa se complica mucho más pues, en ocasiones, los niños suelen ser moneda de cambio, o armas arrojadizas con las que combatir en una batalla, en la que todos pierden. Para unos hijos, ver cómo los pilares de sus vidas se desmoronan ante sus ojos, cómo aquellos que siempre han sido un ejemplo, se enzarzan en disputas llenas de gritos y reproches, es una escena muy dolorosa que dejará huella para siempre. Y los adultos, ciegos por la rabia, se empeñan en devolver todo el dolor recibido, en infringir todo el mal del que han sido víctimas, entrando en una espiral de destrucción y auto-destrucción. Los divorcios no son plato de buen gusto para nadie. Como digo, ni siquiera para los que contemplan esa opción como única salida.

Astrid Gil-Casares narra en Nadie me contó, su primera novela, una historia de reconstrucción y renacimiento. La acción se inicia cuando a Gaelle le comunican que su divorcio ya es oficial. Han sido dieciocho meses de duras negociaciones y, por fin, ha conseguido cortar todos los hilos que la unían a su exmarido Sebastián, con quien estuvo casada quince años y junto al cual vivió un cuento de hadas, hasta que el príncipe se transformó en rana. La noticia la coge en un avión de vuelta a casa, tras pasar unos días en Formentera con sus dos hijos, Lucas y Bruno, de 7 y 8 años. Cuando aterriza en Madrid, es ya una mujer oficialmente divorciada. ¿Y ahora, qué? 

El divorcio le provoca bienestar y tranquilidad, pero las marcas de un matrimonio en el que solo ha escuchado palabras de desprecio siguen resonando en sus oídos. Ha dejado atrás la casa familiar, esa de la que tuvo que salir casi con prisas, de la que jamás se tuvo que ocupar, para mudarse a un hogar más modesto, a las afueras de Madrid. Deberá desarrollar un plan estratégico, encargarse de las cotidianidades, y volver a trabajar para ocupar su tiempo y sentirse útil. Aunque estudió y trabajó como arquitecta, hace quince años que no pisa un estudio y no dibuja una sola línea. Se siente desfasada. El mundo de la arquitectura ha cambiado tanto en el enfoque como en las herramientas digitales a emplear. A duras penas, ella recuerda el manejo de Autocad. Para resurgir de sus cenizas, cual ave Fénix, acudirá a sus amigos, a los pocos que no se han posicionado en favor de su exmarido. A través de Miguel, conseguirá una nueva oportunidad laboral, un periodo de prueba en un estudio, donde tendrá que demostrar su valía. Ya veremos si lo consigue o no. En cuanto a los asuntos del corazón, eso queda en manos del destino. Aunque surgirá un nombre, Felipe.

En resumen, Nadie me contó narra la historia de una mujer que tiene que rehacer su vida después de un complicado divorcio. Hasta aquí, es una historia bastante común en nuestros tiempos. Máxime en este año, en el que, al parecer, se han disparado los divorcios. Así que habrá lectores, más concretamente lectoras, que quizás esperen encontrar en esta novela su propio reflejo. No obstante, en este punto tengo que advertir algo. Gaelle posee una situación económica y social que no se parece en nada a la mía y, muy probablemente, tampoco a la tuya, lectora. Ella pertenece a un estatus privilegiado, al que solo una minoría tiene acceso, pero ¿acaso eso libra del sufrimiento? Dicen que las penas con pan, son menos penas. Pero también se suele decir que el dinero no da la felicidad (aunque ayuda, añado yo). Aun así, creo que, cuando se trata de emociones, de dolor y sufrimiento, todos somos iguales. Por eso, considero que Nadie me contó es una novela que hay que leer abstrayéndonos de la realidad material de Gaelle, para dar prioridad a lo emocional. Creo que, cuando uno deja atrás las luces y la purpurina, cuando se encierra en la oscuridad de su habitación, todos los corazones laten del mismo modo. 

Digo todo esto porque, en la novela, vamos a ver cosas que es posible que te chirríen un poco. A mí, al menos, me ocurrió así. Por ejemplo, Gaelle olvida constantemente las llaves de su casa, lo que la obliga a llamar frecuentemente a Adrián, el cerrajero, con el que casi entabla una relación de amistad. Tampoco sabe cocinar, ni hacer la compra, ni calibrar la cantidad de alimento que hace falta para dar de comer a tres personas. Además, por si todo esto fuera poco, viaja a lugares exóticos como la Costa Esmeralda, Florencia o Mykonos, donde tiene amigos multimillonarios que organizan excursiones en barco y fiestas de lujo. Confieso que me quedé perpleja y entiendo que a ti, lector, también te ocurra. Por eso, cuando estos pensamientos comenzaron a surgir, opté por frenarme en seco, y decidí colocarme en la piel de la protagonista. Si yo hubiera estado casada quince años con un rico empresario, de gran fortuna, viviendo una vida de lujo; si hubiera estado quince años viviendo en una casa de la que no me tenía que ocupar, sin pensar en el valor de las cosas, sin preocuparme de hacer la compra, ni de cocinar; si, llegara a la hora que llegara a mi casa, siempre iba a encontrar a alguien dentro que me abriera la puerta; si yo hubiera vivido todo esto, seguramente me ocurriría igual que a Gaelle y estaría tan perdida como ella, tras cambiar radicalmente de vida. Por eso, insisto en que, para leer esta novela es fundamental ponerse en su piel, y centrarnos en su corazón. 

Y es que, tener dinero no te exime de ser una marioneta en manos de quien amas. Tampoco evita que a tus oídos lleguen frases como "La próxima vez quédate en casa, no sirves ni como compañía" o "Esta es Gaelle. Una vieja conocida, como bien sabrás", dicho con un desprecio inigualable. Esos son los dardos envenenados que Gaelle ha estado recibiendo de su exmarido Sebastián, durante el matrimonio. Es un tipo que jugó con dos barajas, que tiene dos caras -la pública y la privada-, y al que he aborrecido con todas mis fuerzas. Es inevitable que odiemos a Sebastián, pero hay que tener en cuenta que la historia la conocemos de mano de de ella, con lo que la visión es parcial y subjetiva. 

De Gaelle, como personaje, me gustan varias cosas. Primero su capacidad para reinventarse. Quizá, otra mujer en su situación, se hubiera decantado por exprimir a su exmarido a través de acuerdos millonarios y pensiones alimenticias para, sin grandes lujos, poder ir tirando y no volver a dar palo al agua durante un tiempo. Gaelle, no. Ella quiere recuperar las riendas de su vida y su independencia, también la económica. De ahí que se esfuerce en hacerse hueco en el mundo laboral, aunque ello suponga enfrentarse a una ardua tarea de reciclaje. Por otra parte, sus emociones me han resultado muy creíbles.  ¿Os habéis preguntado alguna vez por qué una mujer no denuncia un maltrato físico o psicológico? Las hay que no lo hacen por miedo a las represalias, pero también las hay que no lo hacen porque se sienten culpables, porque su maltratador les ha comido tanto la cabeza, que se invierten las tornas, y las hacen sentir responsables. A Gaelle le pasa eso. Durante mucho tiempo, creyó ser la causante de todo lo que iba mal en su matrimonio. Para que te manipulen no importa si eres alta o baja, guapa o fea, rica o pobre, con estudios o sin ellos. Para que una manipulación surta efectos basta con que la otra persona ejerza poder sobre ti, y tú lo permitas, si eres más débil de espíritu.

"Había plantado cara a los sentimientos de culpabilidad y vergüenza que no tenían más base que mi propia confusión. La confusión de alguien cuyas heridas le hacen creerse no víctima, sino responsable de los hechos".  [pág. 14]

Por otra parte, Gaelle, a pesar de ser una mujer muy conocida, de ser la ex de alguien muy poderoso, o de ocupar portadas de revista, entiende que tiene que demostrar su valía en el trabajo, que no basta con airear un certificado de matrimonio o, en su caso, una sentencia de divorcio, para conseguir lo que pretende. A ello se une la importancia que da a sus hijos, a los que antepone por encima de todo. Me parece un personaje humano y creíble, cuando tiene que esgrimir antes sus jefes un discurso sobre la conciliación laboral y familiar, hecho que no hubiera sido necesario si en vez de una protagonista, esta novela hubiera tenido un protagonista.

Y es que, en Nadie me contó, la mujer es centro de universo. Esta historia me ha parecido muy matriarcal, donde hombres, como Miguel o Felipe, tienen su importante protagonismo. Sin embargo, si no fuera por Olivia (hermana de Gaelle); Cristina, Triana, Amanda o Martina (las amigas);  Brigitte (la madre); la abuela; o Michelle (la asistente)  esta historia no hubiera existido. Todas estas mujeres orbitan alrededor de Gaelle. Algunas serán apoyo y otras se verán obligadas a tomar una decisión dolorosa, que no denota más que hay mujeres que pagan un precio muy caro por una vida de confort. De cualquier modo, todas ellas conforman un grupo maravilloso, que ama y sufre, que ríe y llora. 

Pero, ya que hablo de personajes, tendría que hacerle hueco a Felipe. No quiero desvelar mucho sobre él. Únicamente diría que, cuando este hombre aparece en la vida de Gaelle, temí por ella. Tuve la sensación de que la protagonista volvía a cometer los mismos errores del pasado, que se dejaba manipular. Felipe es un hombre que me ha puesto muy nerviosa en sus primeras apariciones. Posee un gran magnetismo pero a veces he recelado mucho de su actitud. Sin embargo, le concedí el beneficio de la duda y dejé que se explicara. Bueno, Felipe también tiene un pasado y sus propias heridas. Pero creo que, una parte de los obstáculos que Gaelle encuentra en sus relaciones se deben a su vulnerabilidad. Y tanto es así que, todos esos tatuajes con los que decora su cuerpo, no son más que mensajes de reafirmación. Gaelle necesita una seguridad que ella no sabe proporcionarse a sí misma, por eso sucumbe ante hombres poderosos o con gran aplomo. Al menos, es el mensaje que me ha transmitido. 

Cierro la reseña diciendo que, probablemente el nombre de Astrid Gil-Casares te suene. Quizá sepas algo de su vida y lo mismo te estás preguntando qué similitudes existen entre la historia de Gaelle y la de Astrid. A poco que indagues un poco, sabrás que Astrid luce muchos tatuajes en su cuerpo, es de ascendencia francesa, habla varios idiomas y ha pasado por complicadas situaciones sentimentales. Exactamente como Gaelle. Pero lo que hay de biográfico en Nadie me contó, solo Astrid lo sabe. Tampoco importa demasiado saber qué es verdad y qué no. Gil-Casares no ha querido contar una biografía, sino mostrar a Gaelle, un personaje que pasa por un proceso de construcción interior, de reencuentro con una misma, de auto-análisis. Lo mismo que le sucede a toda persona, no solo a las mujeres, que dejan una etapa atrás e inician otra en solitario.

En definitiva, me ha gustado esta novela. Me ha resultado una lectura sencilla, de fácil asimilación. He empatizado bastante con Gaelle, a pesar de que entra ella y yo hay un abismo en todos los sentidos. Quizá sea porque el personaje ha contado su verdad. Si su perspectiva es correcta o no, eso no lo sé, pero al narrar sus emociones, tal y como las siente, he conectado fácilmente con ella. Me ha parecido un bonito cuento, con final feliz, en el que hay villanos, pero también héroes. 

"Siempre me ha gustado leer. Creo que la novela es mi válvula de escape (meterme en la vida de otros, en los sentimientos de otros, en los miedos de otros, en los anhelos de otros...), pero leo de todo. Hasta los ingredientes del Coca Cao cuando volvía del colegio para merendar. O los de la mermelada. Leo todo lo que caiga ante mis ojos sin ningún tipo de criterio. El caso es que leo, leo, leo. Evidentemente algunas cosas con más ganas o deseo. Pero me gusta leer porque leer me calma". [pág. 216]

Leer me calma.


Algunos libros y películas mencionadas en Costa Azul:

- La senda del perdedor de Charles Bukowski (Anagrama, 2006)
- Coco (Lee Unkrich, Adrián Molina; 2017)



[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



viernes, 15 de marzo de 2019

QUIÉN MUEVE LOS HILOS de Lorena Franco

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Editorial: La esfera de los libros.
Fecha publicación: enero, 2019.
Precio: 21,90 €
Género: Thriller.
Nº Páginas: 471 
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN: 9788491644767
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]



Autora

En tan solo cuatro años Lorena Franco (Barcelona, 1983), ha conseguido seducir a más de 150.000 lectores con sus novelas publicadas en Amazon. Su serie La trilogía del tiempo, que dio comienzo con La viajera del tiempo, ha enganchado a lectores de todo el mundo y ha sido número uno en España, México y Estados Unidos.

Con Quién mueve los hilos, su segundo thriller tras el éxito en varios países de Ella lo sabe, la autora regresa a todas las librerías y nos sorprende con esta historia enrevesada, retorcida, amoral, que ahonda en la parte oscura del ser humano. Una novela que combina a la perfección lo elegante con lo perverso, el sexo con la ingenuidad, y en la que el más inocente puede ser el culpable.

Sinopsis

Cuando buscas la verdad
corres el riesgo de encontrarla.

Una mujer rica y de éxito muere en el mismo momento en el que el hombre al que amaba aparece en la lista de pasajeros del fatídico vuelo de Germanwings estrellado en los Alpes franceses el 24 de marzo de 2015.

Sara Mendieta, propietaria del edificio de la zona alta de Barcelona donde se halla el cadáver, será el objetivo de la investigación y la obsesión de los policías Joel Sanz e Isabel Morgado.

Sexo, violencia, riqueza, asesinatos, en definitiva lo más oscuro del alma humana. Todo ello orquestado por dos mujeres, frágiles y letales a la vez, que descubrirán quién mueve los hilos.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Me gustó mucho Ella lo sabe. Fue con aquella novela, publicada en 2017, como conocí a Lorena Franco, actriz y además escritora, con una amplia trayectoria en Amazon. Con aquella novela me adentré en un domestic noir, con personajes femeninos muy potentes, donde el observador también era observado. Era una novela coral con un componente metaliterario muy atractivo, en la que ningún personaje se podía fiar de otro. La verdad es que disfruté mucho con aquella lectura, por eso le seguí la pista a Lorena Franco y por eso ahora he leído Quién mueve los hilos, su última publicación, que guarda alguna semejanza con la anterior, por ejemplo, en cuanto al protagonismo que da a los papeles femeninos.

Quién mueve los hilos se inicia con un capítulo introductorio enclavado en la noche de San Juan del año 2015. Una mujer desconocida medita y dialoga consigo misma. Sabemos dónde está y qué hace en ese lugar pero poco más. Este será un breve avance de la escena que más adelante dará pie al inicio del desenlace de la novela, un capítulo inicial del que te vas a olvidar una vez que te sumerjas en la trama, lo que me parece estupendo. Porque, en realidad, la historia comienza varios meses antes, en el mes de marzo. Justo en este mes, arranca el argumento de Quién mueve los hilos con dos personajes principales. Por un lado Sara Mendieta, una mujer rica que ha enviudado recientemente. Sara reside en un impresionante edificio de su propiedad, en la zona alta de Barcelona. Su marido Marco, un empresario dueño de un grupo inmobiliario y treinta años mayor que ella, ha fallecido hace poco en un accidente de coche. Por raro que parezca, su muerte es una liberación para Sara, pues su vida junto a Marco, a pesar de que se casó muy enamorada de él, ha sido un calvario.  

Por otra parte, Isabel será la otra gran protagonista. Policía de profesión, vive sumida en una profunda depresión por lo que ha sido retirada del Cuerpo temporalmente. Hace unos meses, Leo, compañero y pareja sentimental de Isabel, ha muerto en acto de servicio. Ella se siente culpable pues lo incitó a saltarse el protocolo cuando investigaban una red de narcotráfico. Por si fuera poco, no han podido apresar al asesino de Leo y eso le produce más dolor aún. Isabel es una mujer frágil en estos momentos pero la aparición de un cadáver en cuya investigación está involucrado su compañero y amigo Joel, la sacará de su letargo. Aunque inicialmente ella muestre cierta desgana y reticencia, enseguida se sentirá atraída por el caso pues, lo que aparentemente parece un suicidio, no lo es tanto. 

Y ese cadáver será descubierto precisamente en el edificio Mendieta. Sara tiene alquilado dos viviendas más en el inmueble. Una la ocupa Elisa, una mujer con la que Sara tuvo una vinculación en el pasado, a la que perdió la pista y ahora regresa a su vida no con muy buenas intenciones. Elisa está casada con Santiago López, un joven apuesto, dulce y encantador. En la otra vivienda reside Gustavo, un excéntrico escritor de novela negra cuyas obras lo han encumbrado a la fama. Prepotente y provocador, se le pondrán las cosas muy cuesta arriba. 

El argumento de Quién mueve los hilos debe responder a diversas preguntas: ¿Suicidio o asesinato? ¿Quién es el causante de la muerte de Leo? ¿Quién está detrás de todo lo que le sucede a estos personajes? Son preguntas que el lector se irá formulando a lo largo de la lectura, dudas que nos irán surgiendo desde las primeras páginas y que nos mantendrán en vilo a lo largo de toda la historia hasta llegar a un desenlace que, lo mire por donde lo mire, no vi venir. Justo cuando estaba llegando al final, cuando se desvela un detalle que puede ayudar al lector a resolver el enigma, me frené en seco y repasé todo lo leído y todo lo que sabía de los personajes. Ni por asomo descubrí la identidad de la persona que mueve los hilos en esta novela. Es más, una vez que supe su nombre, volví a pararme con la intención de verificar si realmente podía ser así, si a Lorena no se le había escapado ningún detalle que pudiera delatarla. No lo encontré. Era perfectamente factible. En ese aspecto, la novela tiene un cierre más que satisfactorio. Por si fuera poco, el desenlace tiene un segundo impass, bastante angustioso también y que te hace pensar en las afiladas garras del poder y del dinero.

Pero el presente de todos estos personajes se irá alternando con su pasado. Resulta fundamental para la trama que sepamos qué tipo de vida han llevado pues cada uno de ellos ha sufrido vivencias que marcarán su personalidad y forjarán su presente. En lo que respecta a Sara, la parte que más me ha gustado por la dureza de la temática que se aborda, conoceremos el tipo de familia a la que pertenecía, qué relación mantenía con sus padres o su hermano Rodrigo. Sabremos que el ambiente en el que fue educada le dejó profundas secuelas por lo que ella intenta alejarse de todo el mal que se le infringe. Buscará trabajo y lo encontrará, sin saber que precisamente ese será una continuación de una vida llena de sinsabores. Todo su pasado nos llegará a través de sus reflexiones, de su monólogo interior, de sus recuerdos. Lo mismo ocurrirá con Isabel, personaje que procede de una familia más estable que la de Sara pero que tampoco ha tenido una vida fácil. De pequeña el destino le dio un buen zarpazo que ha intentado asimilar como buenamente ha podido. Solo con Leo parece que había encontrado la felicidad anhelada pero la vida no quiere ponérselo fácil y Leo, como he comentado antes, muere en acto de servicio. Desde entonces no hace más que dar tumbos sin levantar cabeza. 

Pero Franco profundizará también en otros personajes, como en la propia Elisa porque ella, al igual que Santi, Gustavo o Fermín (el conserje del edificio Mendieta) son personajes que, sin alcanzar la cota de máximos protagonistas, ayudan a sostener la trama. Unos y otros, principales o no, me parecen personajes sólidos. La autora procura vestirlos con todo tipo de matices y es muy fácil hacerse una composición de todos, imaginarse a una Isabel en horas bajas pero que mantiene su sagacidad y perspicacia, a una Sara que ha sufrido lo indecible y ahora ha resurgido de sus cenizas, a un Gustavo que se cree invencible pero que temblará de miedo, o a un Santi, derrotado por la crueldad de Elisa. Todos guardan secretos. Todos tienen un lado oscuro. Todos son interesantes. 

Y precisamente sobre los personajes quisiera puntualizar algo. En algún momento, la reacción de Sara no me ha parecido creíble. El ser humano es curioso por naturaleza y ella es una gran observadora que tiene importantes medios a su alcance para cotillear en la vida de los demás. Sin embargo, justo en un momento en el que todo humano sentiría la necesidad de mirar, no lo hace. No sé, creo que ahí el personaje no actuó de forma verosímil. Por otra parte, el asesino comete un error tremendo que él mismo reconoce. Entiendo que puede tener un despiste pero no sé, me parece que ese detalle era algo forzado. Y por último, al principio no entendía las motivaciones de Isabel. Ella es policía de profesión y aunque esté de baja, lleva el protocolo interiorizado por eso no comprendí que reaccionara como lo hace en determinados momentos. Me desconcertó mucho su actitud y me hizo pensar que el argumento flaqueaba en algún capítulo pero, por suerte, la actitud de Isabel queda debidamente explicada hacia el final. Aunque nos parezca absurdo cómo reacciona, resulta necesario para que la historia se desvíe en la dirección que el argumento exige.

Dicho lo cual, con esos detalles y sintiendo que no terminaba de entrar en la historia porque el inicio me parecía poco consistente, considero que Quién mueve los hilos es una novela que va ganando con el avance de la lectura, de esas novelas de las que solemos decir que va de menos a más, que termina por engancharnos y convencernos. Celebré enormemente los giros y vericuetos por los que, poco a poco, nos van conduciendo los sucesos. El lector se va a llevar algún sobresalto, los mismos que se llevarán los personajes cuando, como caídas del cielo y sin que sepamos quién las envía, reciban notas escritas, mensajes en el móvil u observen atónitos como una mano misteriosa manipula sus ordenadores. En resumen, que sucederán diversas cosas inconcebibles que indudablemente generarán mucha intriga y suspense en el lector. 

En cuanto a la cronología, ya he comentado que el pasado y el presente se entremezclan, así que encontraremos muchos saltos en el tiempo pero las oportunas coordenadas cronológicas y referencias temporales ayudan a no perderse en ningún momento. Ambos hilos temporales, el que corresponde al pasado más reciente y al presente de los personajes, se irán acercando cada vez más de tal modo que la horquilla temporal se va a ir estrechando, hasta el punto en el que ambas líneas confluyan en un punto concreto.

Estructurada en cinco grandes bloquescorrespondientes a los meses de marzo a julio, dentro de los cuales se va a desarrollar el presente de la novela, los capítulos de corta extensión, siendo los últimos muy intensos, van a estar narrados siempre en primera persona, ya sea a través de la voz de Isabel o la de Sara, alternativamente. Serán pocas las ocasiones en las que las dos voces coincidan en el mismo capítulo, lo que nos permite observar la misma secuencia desde un punto de vista y otro. Como digo, ellas serán las narradoras principales si bien es cierto que, un par de capítulos serán narrados por otras voces. Imaginaos cuál será una de ellas.

En definitiva, Quién mueve los hilos es una novela con buenos personajes, oscuros, con aristas, que parecen una cosa y son otra, sumidos en una trama llena de negocios sucios, amenazas, malos tratos, violencia, sexo y venganzas, cuyo desenlace es totalmente imprevisible. Salvo algún pequeñísimo detalle, tengo que reconocer que el planteamiento y la resolución me han convencido y por tanto, solo me queda recomendaros esta lectura.

Os dejo por aquí el booktrailer:










 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]


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