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jueves, 21 de marzo de 2024

FRANCISCO GALLARDO: ❝La medicina que no es humanista, no es medicina❞

Arthur Conan Doyle, Antón P. Chéjov, Luis Martín-Santos o Pío Baroja son algunos de los nombres que se recogen en Letras de médicos, el nuevo libro de Francisco Gallardo, que firma conjuntamente con Ismael Yebra. Letras de médicos es un volumen que ahonda en la trayectoria de diversos médicos que fueron escritores o escritores que también estudiaron medicina. Y es que habría que lanzar una pregunta al aire: ¿por qué escriben los médicos? Gallardo, traumatólogo, y Yebra, dermatólogo, se hicieron esa misma pregunta en una de esas mañanas de sábado, en las que coincidían en una librería de Sevilla. Ambos saben del arte de la sanación, pero también del arte de la escritura, no en balde, ambos han publicado libros. Así que, de aquella pregunta nace Letras de médicos, un libro especialmente emotivo para Francisco Gallardo, que perdió a su compañero de oficio en 2021. Ismael Yebra ya no está con nosotros, pero no está en cuerpo porque sigue aquí, en el recuerdo y a través de sus obras. Os dejo con la entrevista.


Autoría: Luis Delgado

Marisa G.- Paco, un placer conversar contigo, otra vez. 

Paco G.- Igualmente.

M.G.- Vamos a hablar de Letras de médicos, aunque hace muy poco publicaste otro libro, sobre baloncesto, que firmabas junto a Juan Antonio Corbalán. Ambos libros son, digamos, divulgativos. Ha pasado mucho tiempo desde aquella novela tan bonita, Áspera seda de la muerte, ¿has abandonado la narrativa?

P.G.- No, no. Precisamente Letras de médicos salió en el hueco que había para otra novela que quiero publicar. Lo que pasa es que este es un libro muy especial para mí, por el fallecimiento de mi amigo Ismael Yebra, y también autor de este libro. Decidí entonces dar prioridad a la publicación de Letras de médicos, en vez de a la novela. Este es un libro que planificamos los dos y que desgraciadamente, al fallecer Ismael, lo he acabado yo solo.

M.G.- Ismael era médico, como tú. Como dices, él ya no está con nosotros pero ¿cómo surge el proyecto de este libro? En el prólogo se cuenta una historia curiosa sobre cómo surgió.

P.G.- Sí. Fue en la Plaza de la Alfalfa [se refiere a una plaza en Sevilla]. Ismael y yo no nos conocíamos personalmente pero fue el quiosquero de la plaza, al que yo llamo el editor del libro entre comillas (ríe), el que nos presenta. A partir de ese momento, empezamos a vernos y a conocernos. Ismael era, bueno es, porque me gusta hablar en presente, un enamorado de la literatura, un apasionado de los libros. Nos veíamos mucho en Librería Beta de la calle Cerrajería, los sábados por la mañana. Hablando de medicina y literatura, nos preguntábamos a veces por qué escriben los médicos. Para nosotros, era una pregunta muy interesante. Llegamos a la conclusión de que hay dos tipos de médicos escritores. Por un lado, los que escriben pero son médicos hasta el final de sus días, como Chéjov. Y por otro lado, los que son médicos pero abandonan el ejercicio de la medicina para convertirse en escritores. Es lo que le pasó a Pio Baroja. Él estudió medicina, ejerció unos meses en Cestona y luego lo dejó para dedicarse a escribir. Así surgió la idea del libro, y empezamos a escribirlo. Él se lo tomó a rajatabla, pero yo me demoraba un poquito más. Iba más lento. Los capítulos se los llevábamos a Ricardo, el quiosquero, y él me reñía porque no iba al mismo ritmo que Ismael. 

M.G.- ¿Pero os conocíais desde hace mucho o fue una amistad reciente?

P.G.- Nos conocemos desde el año 2008. Sabía que él había escrito y, de hecho, me había leído Viaje a Sanabria, un libro fantástico, un libro de viaje, muy al estilo de Viaje a la Alcarria de Cela. Pero no lo conocía personalmente. Cuando nos presentaron, surgió entre nosotros una complicidad muy grande. Él decía que no, pero Ismael ha sido un maestro para mí. Era un hombre muy sabio, trascendente, pero sencillo, a la vez. Sí, fue mi maestro, aunque él se negaba a que lo llamara así. Ismael fue un maestro de medicina, un maestro de escritura y un maestro de vida.

M.G.- ¿Y cómo os organizasteis el trabajo? ¿Cada uno eligió a un grupo de médicos?

P.G.- Cada uno eligió a sus preferidos. No queríamos firmar el libro, sino que fuera un todo. Pero ya hay muchos amigos que lo han leído y saben lo que ha escrito cada uno. Por el estilo y por los médicos que cada uno eligió.

M.G.- Ismael fallece en 2021. Este libro ve la luz en 2023. Cuando él fallece, ¿en qué punto del proceso estaba el libro?

P.G.- Cuando él fallece, su parte estaba ya completa. En teoría, a mí me quedaban tres autores. Pero también me quedaba un reto difícil, buscar a mujeres médicos escritoras. Porque existir han existido pero el problema está en que no han salido a la luz. En el libro aparecen Rita Levi-Montalcini y Nawal El Saadawi, dos mujeres fascinantes. Me llevó mi tiempo porque me puse a leer la obra de las dos. Y como tercer escritor me quedaba Arthur Schnitzler, otro personaje fascinante y autor de Juventud en Viena.

M.G.- Precisamente te quería preguntar eso. El libro tiene catorce capítulos, con catorce escritores y médicos, y solamente dos mujeres. Me llegué a preguntar por qué no había más mujeres.

P.G.- Ojalá hubiera habido más. Hoy las hay, pero el libro se centra en autores y autoras fallecidos. Seguro que en la actualidad, hay muchas mujeres médicos escritoras y también tuvo que haberlas en la residencia de estudiantes de Madrid. Bueno, quizá sea un trabajo para el futuro. Si algunas vez abordamos un segundo libro. De todos modos, y como símbolo de la esperanza, en el epílogo nombro a otra mujer médico que escribe.

M.G.- A Nuria Mendoza, sí.

P.G.- Exacto. ¿Las conoces?

M.G.- No, pero sí he leído lo que mencionas de ella y estuve también investigando.

P.G.- Yo no la conocía. La conocí estas navidades, cuando vino a Sevilla. Es un médico humanista. Tiene 50 años, joven, y es una mujer que refleja la esperanza del humanismo y de la mujer humanista médico. Como símbolo de futuro, quise incluirla en el epílogo porque creo que a Ismael le hubiera encantado.

M.G.- Al hilo de lo comentas, tú destacas la gran humanidad de esta mujer. Muchas veces pienso que, antes de ser buen médico, hay que ser muy humano. Solemos encontrar que las dos cualidades no siempre van de la mano.

P.G.- Exactamente. Nuria estudió en la Facultad de Medicina de Sevilla. Se hizo pediatra y estuvo trabajando aquí, con una plaza del SAS [se refiere al Servicio Andaluz de Salud]. Pero en 2012 hizo un curso de escritura creativa en Nueva York. Supongo que, por circunstancias personales, se queda allí y empieza a trabajar en un doble ámbito muy interesante. Por un lado, como traductora de la población hispana en los hospitales de Nueva York. En su libro, Un pájaro debajo de la cama, cuenta cómo atiende a una pareja de habla hispana. Tenían que operar del corazón a su hijo recién nacido. Los padres del  niño no saben inglés y Nuria se presta como traductora.  A partir de ahí empieza a dar clases de humanismo médico en una universidad de Nueva York. El libro me fascinó. Lo vi claro. Tenía que hablar de ella en el epílogo porque quería que el libro acabara con esperanza.

M.G.- Entre los médicos que encontramos en el libro figuran Arthur Conan Doyle o Pío Baroja. Te confieso que algunos otros nombres no me sonaban de nada. En la elección de tus médicos, ¿qué criterios seguiste? ¿Por qué elegiste esos médicos especialmente?

P.G.- Ismael y yo compartimos dos criterios. Por un lado, tenían que tener calidad literaria. Son escritores que han pasado a la historia de la Literatura. Por otro lado, en la obra de todos ellos hay importantes rasgos médicos. Por ejemplo, Arthur Schnitzler, que ejerció poco, estudió medicina de forma obligada porque su padre le aconsejó que para escribir tenía que ser médico. Somerset Maughan, que vino mucho por Sevilla y conoció muy bien la ciudad, quería que todo el mundo estudiara medicina y después se pusiera a escribir. Él no ejerció porque su primera novela ya tuvo mucho éxito. Y Pio Baroja, si no hubiera estudiado medicina, hubiera sido otro tipo de escritor. O Luis Martín Santos, igual.

M.G.- En el libro se cuenta que si Arthur Conan Doyle no hubiera sido médico, no hubiera existido Sherlock Holmes. ¿Por qué?

P.G.- Porque el criterio que seguía Sherlock Holmes para resolver un caso se parece a la anamnesis que se hace para diagnosticar una enfermedad. No es algo que transcienda cuando se lee su obra, sino que el mismo Conan Doyle lo decía así. 

M.G.- Rogelio Buendía también se menciona en el libro. Yo no lo conocía. ¿Quién era?

P.G.- Este hombre fue un excelente escritor y muy desconocido, por eso mismo quisimos incluirlo en el libro. Es uno de esos casos de escritores excelentes que, por las circunstancias que sean, no transcienden como deberían. Rogelio Buendía es otro hombre que, si no hubiera sido médico, tampoco hubiera escrito. Te animo a que leas alguna de sus obras.

Lo bueno de este libro, y quizá por eso ha tardado un poquito más, porque en él no hay ni trampa ni cartón, es que, cuando se habla de un médico escritor, o hacemos habiendo leído antes su obra. Quizá no toda pero sí muchos de sus libros. ¿Y para qué? Pues para que tenga verosimilitud. No hablamos de oídas.

M.G.- Pero las obras que has leído sobre estos médicos escritores, ¿las leíste especialmente para el libro o ya las habías leído con anterioridad?

P.G.- No, no, para este libro. Y descubrí muchas cosas. Por ejemplo, Rogelio Buendía me pareció un autor con una reminiscencia de García Márquez que nos llamó mucho la atención. Pero hay muchos otros médicos escritores que se nos han quedado fuera, como Ramón y Cajal. Autores de primerísimo nivel, pero era imposible meterlos a todos en el libro.

M.G.- En el caso de Ramón y Cajal, sí, pero creo que no somos conscientes de la cantidad de escritores que eran médicos. Por ejemplo, yo no sabía que Conan Doyle lo fuera. Y sobre él te quiero preguntar de nuevo porque, en el capítulo que  se le dedica a él, se habla de la relación entre la literatura y la medicina. Y ya en el epílogo, tú mencionas que la medicina es como un drama literario, en el que intervienen tres protagonistas: el paciente, el médico y la enfermedad. Me pareció una comparación muy curiosa.

P.G.- Es que desde Aristóteles, ya se consideraba así. Por eso nos fascinó escribir este libro. Lo que ocurre es que, al final, me quedé solo para terminarlo. Es un libro muy hermoso pero muy doloroso también. Desde muy antiguo, el médico ha necesitado expresarse de forma artística. Del mismo modo que siempre ha habido médicos escritores, hay médicos pintores también. El médico siempre ha estado en contacto con el drama humano. Siempre ha habido una necesidad de ese tipo de humanismo médico. Es lo que nos atraía, sacar un poquito a la luz toda esa literatura médica que, en muchos casos, se convierte en una auténtica filosofía.

M.G.- Y Thomas Syndeman aconsejaba a sus discípulos leer el Quijote para aprender medicina.

P.G.- Así es. Thomas Syndeman fue un grandísimo médico y a sus discípulos les decía que leyera el Quijote. Y Miguel Delibes también aconsejaba que, para escribir bien, había que leer el Código Civil y el Código Penal, por aquello de la precisión. Las penas hay que redactarlas con mucha precisión y minuciosidad, y eso es lo que buscaba Delibes en sus novelas. Pues con la medicina ocurre igual. Toda historia clínica es un relato, el relato que la propia persona cuenta a su médico. Así que, para llegar a un buen diagnóstico, tienes que tener en cuenta todos los detalles.

Ismael y yo compartíamos la idea de que la medicina que no es humanista, no es medicina. Eso lo repetíamos mucho, y ahí radica el objeto de este libro, que puede llegar a un anestesista o a un cirujano cardio-vascular. 

M.G.- La verdad es que estaría muy bien que los médicos tuvieran esa parte humanista. Es algo que el paciente detecta fácilmente. Uno llega a consulta con un problema y, a veces, se encuentra mucha frialdad.

P.G.- Exactamente. No te miran a la cara. Solo miran al ordenador. A mí no me importa criticar esto de la medicina actual. Hay un nivel enorme, sí, pero necesitamos más humanismo. Hay que mirar a la cara del paciente y, si hace falta, acariciar su mano. Eso es fundamental para que la terapia funcione. Ismael Yebra era ese gran médico humanista, un gran ejemplo.

M.G.- ¿Qué especialidad tenía?

P.G.- Dermatología. La piel es el órgano más profundo del cuerpo humano. La piel refleja los vaivenes del alma, y manifiesta en enfermedad cosas que ocurren muy profundamente en el espíritu, en el alma y en el cerebro.

Ismael fue un hombre sabio y sencillo, que tuvo una vida muy difícil. Sobre todo, su infancia. Se quedó huérfano de madre con cinco meses, y de padre cuando tenía trece o catorce años. Sufrió mucho y todo ese sufrimiento lo reconvirtió en un servicio a los demás. Por cierto, su biografía saldrá con el tiempo. 

M.G.- ¿La has escrito tú?

P.G.- Sí, pero quiero completarla. Quiero irme al monasterio donde él iba para acabarla allí, a San Pedro de Cardeña, para estar un poco con su espíritu. Tardará un poco en salir porque como además se acaba de publicar otro libro de artículos suyos, vamos a esperar. A través de su biografía he aprendido el valor que tenía Ismael. Nació absolutamente con la desgracia encima pero se convirtió en un hombre muy divertido y alegre. ¿Cómo lo hacía? Pues a través de sus dos grandes pasiones: la literatura y la medicina.

M.G.- Paco, habláis de médicos escritores y de escritores médicos. Tú serías del primer grupo, ¿no? Sería como decía Chéjov, que la medicina era su esposa y la literatura su amante.

P.G.- Sí, totalmente. Yo necesito la consulta para escribir pero también necesito ser médico. Me puedo jubilar ya, pero no me voy a jubilar todavía. Estoy cómodo en mi consulta, con mi equipo, con mi gente. Somos diez personas y formamos un equipo muy integrado. Necesito sentirme médico. 

M.G.- Pero algún día te tendrás que jubilar, aunque el que es médico, lo es toda la vida.

P.G.- Sí, toda la vida, hasta el final. Ismael fue médico hasta el final, incluso estando bastante mal. Hacía telediagnóstico en dermatología hasta poco tiempo antes de morir. Una de sus penas era no poder volver a la consulta, y lo entiendo perfectamente.

M.G.- Por el trato con los pacientes.

P.G.- Sí, y por el servicio que daba.

M.G.- Ya. Y Paco, ya como última pregunta, ¿escribir este libro qué te ha aportado personalmente y profesionalmente?

P.G.- A nivel personal, es el libro más hermoso que he escrito. Victoria, la mujer de Ismael me dijo que, si yo no hubiera cogido este testigo, el libro se hubiera quedado en un montón de folios metidos en un cajón. Este libro me ha hecho muy feliz.

Profesionalmente, como médico, me ha afianzado en lo que yo ya sabía. A mí siempre me ha interesado la historia y el pensamiento médico. Siempre pensé que podía ser muy útil en ese ámbito, para orientar hacia el humanismo. Pero bueno, luego me dediqué a la medicina deportiva y no me quejo. Si me hubiera dedicado a la historia de la medicina, hubieran aparecido muchos más libros de este tipo.

M.G.- De momento, tenemos este y es para disfrutarlo.

P.G.- Sí.

M.G.- Paco, gracias por atenderme. Y nos vemos con la próxima novela que publiques.

P.G.- Eso es. Gracias a ti.

Sinopsis: Escritores médicos y médicos escritores: dos términos que a menudo se han utilizado, respectivamente, para definir a quienes abandonaban el ejercicio de la Medicina para convertirse en escritores o desarrollaban su obra sin apartarse de la práctica médica. Un prototipo del escritor médico sería Pío Baroja, como lo era Antón Chéjov del médico escritor. Pero sin duda esta clasificación peca de simplismo. Los doctores Francisco Gallardo e Ismael Yebra intentan profundizar en el dilema a través de la vida y obra de reconocidos escritores y médicos: Gottfried Benn, Arthur Conan Doyle, Gregorio Marañón, Arthur Schnitzler, W. Somerset Maugham, Miguel Torga y otros muchos, sin olvidar a ilustres doctoras como Rita Levi-Montalcini o Nawal El Saadawi. «La literatura ha interesado siempre mucho a los médicos -concluyen los autores-, hasta el punto de escribirla, probablemente porque su práctica diaria está llena de narraciones. Toda historia clínica de paciente es un relato».


lunes, 22 de julio de 2019

CUADERNO DE SAN LORENZO de Francisco Gallardo.


Resultado de imagen de cuaderno de san lorenzo

Editorial: Algaida.
Colección: Calambé.
Fecha publicación: mayo,2019.
Precio: 17,00 €
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 224 
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN: 978-84-9189-129-1
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]


Autor



Francisco Gallardo, sevillano del barrio de San Lorenzo, fue jugador de baloncesto durante más de dos décadas. Médico de profesión, especialista en Medicina y Traumatología del Deporte, ha desarrollado su carrera profesional en el Caja San Fernando de baloncesto, la selección española de baloncesto, el Club SatoSport y el Centro de Alto Rendimiento de la Cartuja. Actualmente dirige el Instituto Salud y Deporte Dr. Gallardo.

Sinopsis

Regresar no es lo mismo que retornar. Regresa quien anhela, retorna el que no puede hacer otra cosa. Cuando tengo la suerte de regresar a San Lorenzo me doy cuenta de que mi niñez es muy de barrio. De jugar a la pelota, el fútbol entonces era una cosa de los ingleses. Mi infancia era una plaza y una  Alameda donde correr detrás del futuro, eso que los más optimistas llamaban el porvenir. La felicidad era correr fuerte, rápido y luego tener hambre, mucha hambre. La felicidad era saltar al cielo, a piola, alto, muy alto y luego rebotar en el suelo. Los huesos de niño son inmortales. Mi infancia es un quiosco de periódicos adonde llegaban las noticias que me importaban muy poco. Luego, de mayor, siempre he tenido muchos problemas para saber dónde estaba la importancia del mundo. Si en las pequeñas cosas que pasaban en esta plaza o las que yo veía en un televisor en blanco y negro. 

[Información tomada directamente del ejemplar]


Así empieza Cuaderno de San Lorenzo:


[Lectura de la página 14 - 'Madre';
música: 'Final Reckoning' de Asher Fulero]

Un libro no siempre es un conjunto de páginas impresas. No siempre es un volumen que contiene una historia real o ficticia al que el lector se acerca con mayor o menor afinidad y deleite. A veces los libros son relicarios, joyeros, cofres repujados o cajas adamascadas que encierran recuerdos de toda una vida. Basta con abrir esas pequeñas arcas de papel y tinta para que el lector se asome a un pasado que no dista mucho del propio, para reencontrarse consigo mismo.

Francisco Gallardo escribe su propio nombre con letras mayúsculas en el devenir de la ciudad de Sevilla. Ya lo comentaba tiempo atrás, que este médico sevillano con profundas raíces en Manzanilla, el pueblo materno que tan bien conoció y conoce, surca las calles de esta tierra mariana con una humildad impropia en estos tiempos. De su labor como profesional de la medicina conozco lo justo para saber que la ciencia se enorgullece de tenerlo entre sus filas pero es en el terreno literario, él como escritor y yo como lectora, donde aunamos fuerzas y somos capaces de trenzar conversaciones a base de títulos y autores por los que sentimos admiración.

Que Gallardo cambia los avíos médicos por la pluma es algo que muchos hemos ya constatado a través de El rock de la calle Feria, La última noche o Áspera seda de la muerte, pruebas más que palpables de una pasión por la literatura que compite abiertamente con su profesión como médico. Y ahora, tiempo después de ganar el Premio Ciudad de Badajoz 2017, el autor regresa a las librerías con un libro que no lo es tanto, sino ese joyero, relicario, cofre o caja del que os hablaba un poco más arriba. Cuaderno de San Lorenzo nace de un reencuentro, cuando el hombre que hoy viste bata blanca se enfrenta al niño con gafas de pasta negra y pantalón corto que un día fue. En ese careo surgen los recuerdos de la niñez, de la infancia, de la juventud que le han permitido volver a pisar la calle Santa Ana y llamar al número 23 donde vivió. En aquella casa se asomó al mundo para comprobar que más allá de las fronteras del barrio de San Lorenzo poco había que fuera de su interés.

Con una importante carácter intimista, Gallardo pinta escenas domésticas a base de brochazos nostálgicos y emotivos, remembranzas que permiten al lector conocer aquellos primeros años de su vida, en la que los días tenían la temperatura exacta de la mano de su madre y la banda sonora que emitían las radios de cretona. La familia queda retratada en estas páginas con un amor eterno. No en balde, abriendo y cerrando el volumen en un círculo perfecto, las primeras páginas y las últimas están dedicadas a sus padres. Ella, de belleza helénica y mirada limpia. Él con porte de galán, elegante y circunspecto porque la vida hay que tomársela muy en serio. Pero por estas páginas también pasearán la tía Luna y la tía Lela, dos madres más con la que aquel niño contó, dos hadas madrinas que en verdad lo son de todos nosotros y que se acicalaban frente al espejo de las peinadoras. Y habrá lugar también para los hermanos, una tribu unida con la que Gallardo vivió sus primeras aventuras junto a sus primos y por supuesto, habrá también palabras para la abuela María Jesús, a la que el autor no abrazó lo suficiente como ninguno de nosotros hemos abrazado bastante a nuestras propias abuelas. 

Cuaderno de San Lorenzo es un retrato que traspasa las paredes de la casa del autor para enseñarnos un estilo de vida, una sociedad en la que confluye también lo político pues todos, incluso aquel niño, vería su existencia marcada por diversos acontecimientos que alteraron por un día su jornada, como así lo hizo la visita a la ciudad de Carmen Polo o del propio Franco. Es un libro que te reconcilia con el vocabulario de antes, que rescata del olvido aquellas profesiones que siguen siendo las mismas que las de hoy pero con nombres más acorde a los tiempos. 

Sirve también este libro como homenaje al barrio por el que el autor se movió, en el que a día de hoy sigue residiendo, vecino privilegiado de una plaza que reúne en unos cuantos metros a un Señor que todo lo puede, a una Soledad que llora a lágrima viva y a un escultor que, gubia en mano, era capaz de crear vida. El barrio de San Lorenzo, que también tuvo moradores ilustres, es un espacio acotado por unas calles que todos hemos tenido en nuestra infancia, donde era fácil encontrar una taberna como la de Joaquín, un economato como el de Angelito o una panadería como la de Amparo y Felipa. Si había vida más allá de aquellas vías, poco importaba. Eso ya lo descubriría más tarde aquel niño al que no le gustaban -y probablemente sigan sin gustarle- los finales de año. Viendo a aquel pequeño de zapatos inmaculados el día de su Primera Comunión, que como todos sentía curiosidad por lo prohibido o que encontró en la lectura un refugio para el alma, y por eso no le importaba gastarse los pocos ahorros en sus primeros libros, es fácil comprender al hombre de hoy. En realidad, Cuaderno de San Lorenzo es también un callejón que nos conduce un poco a nosotros mismos, un pasadizo hacia nuestra propia niñez, cuando combatíamos las tórridas tardes del verano tirándonos a lo largo y ancho en el suelo fresco de un patio, cuando los inviernos se nos llenaban de olor a cisco, cuando los domingos por la tarde eran momento para hacer visitas familiares, cuando regresábamos al colegio estrenando zapatos Gorila y alardeando de aquella pelota de goma verde que venía en cada caja.


Resultado de imagen de fotografía de la antigua calle Torneo SEvilla

Y acompañando a los textos, la edición incorpora un álbum de fotografías que nos muestra cómo era la Sevilla de entonces. Son imágenes extraídas del archivo personal del autor o que han sido rescatadas de los distintos archivos públicos. Son instantáneas que nos muestran una Sevilla que ya solo queda en nuestro recuerdo, aquella del muro de Torneo cuando, al otro lado, tan solo existían las vías de un tren, una calle en la que un día circuló un antiguo vehículo, de los que hoy ya no se fabrican, que bien podría ser aquel Renault 8 de color claro que mi padre condujo siendo yo una niña. Y qué bonita es Sevilla incluso en aquellos años de hambre y riadas, qué bonita incluso con miseria. Pintada en blanco y negro, se puede apreciar el colorido de su cielo y la calidez de su sol. 

Este abanico de recuerdos ha sido como un tratamiento médico, esa pócima milagrosa con efecto balsámico. No he podido dejar de pensar en mi madre mientras lo leía. Sé que a ella le hubiera gustado mucho. Me la imagino con las gafas puestas, esas que siempre tenía perdidas por la casa y que tardaba más de quince minutos en encontrar en cada ocasión. Mi madre miraría las fotos en busca de aquello que ella recordaba y conoció. Vería a la madre del autor, vestida de novia y recordaría su boda, aunque se guardaría los recuerdos para ella, pues siempre adoleció de un incomprensible pudor. Esas fotos la harían pensar que hubo un tiempo en el que ella también tuvo la piel tersa y en esas imágenes encontraría la vida de verdad, la que vivió, la que padeció de niña y joven. Y volvería a recordar a aquella familia pudiente a la que sirvió cuando abandonó su pueblo para mudarse a la ciudad, y me volvería a hablar de aquella tarde de merienda con chocolate y picatostes que le sirvió al cardenal Bueno Monreal. Yo lo conocí, -me diría de nuevo orgullosa-, cuando la señorita Luisa se puso de largo.

Así funciona la memoria y así funciona la literatura, tejiendo vínculos con lo que somos, con lo que fuimos. No cabe duda que somos la suma de todas nuestras vivencias y que cada uno guarda en su interior un rosario de imágenes que nos traslada a otros tiempos, no sé si mejores o peores que los actuales. Francisco Gallardo ha hecho un ejercicio memorístico que nos regala en este volumen escrito con una ternura infinita, de cuya lectura he disfrutado tanto como para haceros esta recomendación. 

Si quieres saber más sobre este libro, te invito a ver el vídeo de la presentación.












[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



martes, 28 de mayo de 2019

Presentación CUADERNOS DE SAN LORENZO de Francisco Gallardo

Dice un refrán que de la familia y del doctor, cuanto más lejos mejor pero si todos los médicos son como Francisco Gallardo, lleno de humanidad, el refrán pierde todo su sentido. A Paco Gallardo lo conocí no hace tantos años, cuando publicó La última noche allá por 2012 (Algaida) y sin embargo tengo la sensación de conocerlo de toda la vida. Inspira confianza, se conduce siempre con una gran amabilidad y respeto, es buen oyente y tiene una conversación cercana e inteligente. Más de media ciudad lo conoce. Muchos, por cuestiones médicas y dejan constancia de su gran profesionalidad. Otros, por el mundo literario del que él disfruta, sin prisas, y con el que nos regala grandes historias. Y es que ya van tres las novelas publicadas hasta el momento. La última fue Áspera seda de la muerte, con la que consiguió el Premio de Novela Ciudad de Badajoz en 2018. No obstante, Gallardo lleva un tiempo haciéndonos regalos casi a diario. Un buen día comenzó a llenar un espacio virtual de palabras hechas recuerdos, o de recuerdos hechos palabras, eran letras de las buenas y no garabatos de médico con prisa que nadie entiende. Sin darse cuenta estaba escribiendo el libro que siempre quiso escribir y del que ya podemos disfrutar,  en una preciosa y cuidada edición, y bajo el título Cuadernos de San Lorenzo (Algaida)





Francisco Gallardo ha conseguido llevar su barrio a toda Sevilla, hacer de una plaza el epicentro de esta ciudad donde hoy, con esta lectura, cualquiera puede volver a su niñez y trasmutar los escenarios de su infancia, para correr y jugar al balón en las calles del barrio de San Lorenzo o para comprar el mejor pan en la tienda de Amparo y Felipa. Gallardo regresa con este libro a aquellos años en los que 'padre' y 'madre' aún pisaban los adoquines de la calle Santa Ana, para volverse a encontrar con la vida de entonces, una vida pequeña, exenta de grandezas y sin embargo, feliz.

Y con este trasfondo lleno de nostalgia, acudimos hace unas semanas al Palacio de los Marqueses de la Algaba donde Cuadernos de San Lorenzo vería la luz. La presentación corrió a cargo de dos periodistas muy conocidos en Sevilla, Paco Correal y Paco Robles. El primero apuntó que este libro suponía la consagración de la plaza de San Lorenzo como escenario literario, un espacio que él mismo compartió con el autor cuando llegó a Sevilla siendo muy joven para iniciar su carrera periodística. Correal señaló certeramente que este libro es 'un retrato en sepia de un tiempo en el que había muy pocas cosas y muy pocas bastaban para ser felices'.

Por su parte, Francisco Robles nos habló de los grandes nombres de la literatura que siempre han estado vinculados al barrio de San Lorenzo. Mencionó los magníficos artículos de Bécquer sobre la ciudad y enumeró varios títulos como Sevilla del buen recuerdo de Rafael Laffón, Sevilla en los labios de Joaquín Romero Murube o Los años irreparables de Rafael Montesinos. Añadió además La ciudad de Chaves Nogales y recordó que Cernuda escribió Ocnos desde Glasgow, con la añoranza en la piel. A este rosario de volúmenes imprescindibles, se une ahora Cuadernos de San Lorenzo, 'de altísima calidad literaria y humana'. Destacó la prosa poética y la constante contención del autor a la hora de escribir. Con este volumen el lector puede descubrir o redescubrir un barrio, 'un microcosmos, una plaza hecha mundo donde radican las pasiones, los deseos, la realidad, la tristeza de la posguerra y la esperanza de un tiempo nuevo', señaló el periodista. Afirmó además que Gallardo hace un ejercicio de costumbrismo en este libro, que a su juicio es algo muy denostado en nuestros tiempos. 'Leyendo el libro de Paco Gallardo, nos encontramos con la Sevilla de las radios de cretona, con las peinadoras,...', pinceladas de otro tiempo que, a pesar de la dureza, era feliz. Terminó su intervención con unas palabras que resumen perfectamente lo que podemos encontrar en este libro y que no es otra cosa que, 'la prosa sin edulcorar, los sentimientos auténticos, como el propio Paco'.


[Grabación íntegra de la presentación; 
fuente: Ojéandote Creaciones Audiovisuales]


Tocaba el turno del autor. Gallardo se centró en leer un precioso texto en el que rememoraba el niño que fue y lo mucho que influyó su barrio, sus calles, sus gentes,... en el hombre que es hoy. Te invito a escucharlo en el vídeo anterior.

Y mientras todo esto ocurría, los asistentes pudimos ver proyectadas en una gran pantalla, las fotografías que forman parte del libro. Tanto el editor como el propio autor nos comentaron que la idea de incorporar fotografías surgió con posterioridad a la escritura de los textos, imágenes que se han extraído de la hemeroteca municipal o del propio álbum familiar del autor. 'He tirado de memoria pura. He tenido la sensación de estar sacando de un pozo toda la memoria de un tiempo. No me he documentado ni he buscado ningún detalle', comentó Gallardo. 

También pudimos escuchar a Sara Gallardo, hija del escritor, leer un emotivo texto en homenaje a su padre, con el que se dio paso al turno de preguntas para posteriormente concluir el acto con la correspondiente firma de ejemplares.

Allí dejamos a Francisco Gallardo, rodeado de decenas de lectores a los que dedicar el ejemplar. Por mi parte, pronto os contaré algo más sobre el libro.




Ficha libro

Editorial: Algaida.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Nº Páginas: 224
Publicación: Mayo, 2019
Precio: 17,00 €
ISBN: 978-84-9189-129-1
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí.




lunes, 21 de enero de 2019

ÁSPERA SEDA DE LA MUERTE de Francisco Gallardo

Resultado de imagen de áspera seda de la muerte
Editorial: Algaida.
XXI Premio de Novela Ciudad de Badajoz
Fecha publicación: mayo, 2018.
Precio: 20,00 €
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 344
 Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta.
ISBN: 978-84-9189-011-9
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Francisco Gallardo, sevillano del barrio de San Lorenzo, fue jugador de baloncesto durante más de dos décadas. Médico de profesión, especialista en Medicina y Traumatología del Deporte, ha desarrollado su carrera profesional en el Caja San Fernando de baloncesto, la selección española de baloncesto, el Club SatoSport y el Centro de Alto Rendimiento de la Cartuja. Actualmente dirige el Instituto Salud y Deporte Dr. Gallardo.

Con su primera novela, El rock de la calle Feria, fue finalista del XXXI Premio de Novela Tigre Juan. Sus investigaciones durante veinticinco años sobre la medicina en al-Andalus han quedado reflejadas en diversas colaboraciones en revistas científicas y en distintos medios de comunicación, también en la novela titulada La última noche, que ganó el V Premio Ateneo de Novela Histórica. Áspera seda de la muerte ha ganado el XXI Premio de Novela Ciudad de Badajoz.

Sinopsis

En la Sevilla de primeros del siglo XIX, Flora de Letona decide tomar una decisión sin precedentes: harta de los malos tratos a los que la somete su marido, decide abandonarlo y solicitar el amparo de la justicia. De esta manera, recurre al abogado Tous y se refugia en su casa. Días después, a hurtadillas, se lleva consigo a sus hijos, pero el teniente Ballester -héroe de la guerra de la Independencia y esposo de Flora- se moviliza, y consigue que la autoridad le devuelva a los niños y que su mujer sea 'depositada' en el Beaterio de San Antonio hasta que se resuelva el pleito del posible divorcio. 

Basada en hechos reales, y siguiendo documentos del siglo XIX, Francisco Gallardo ha escrito una novela histórica de irrenunciable actualidad.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Así empieza Áspera seda de la muerte:


[Lectura de las páginas 13 a 15;
música: 'Weep no mor' de Dee Yan-Key]


Creo haberlo comentado ya. La leyenda 'Basada en hechos reales' es como un imán para mí. Todo aquello que recree un acontecimiento real del pasado me suele resultar tentador y eso es lo que ocurre con la última novela del escritor y médico Francisco Gallardo, Áspera seda de la muerte, con la que consiguió el XXI Premio de Novela Ciudad de Badajoz en 2018. 

Áspera seda de la muerte narra uno de los primeros casos de divorcio documentados y acaecidos en Sevilla a principios del siglo XIX, una historia con la que el autor se topó por pura casualidad cuando un amigo suyo, Bibiano Torres, se personó ante él con una nota emitida por un abogado, en la que solicitaba información sobre el marido de Flora de Letona al párroco de la iglesia de San Ildefonso en Sevilla. Picado por la curiosidad, el autor empezó a indagar y se topó con una mujer que quería divorciarse en el año 1813. La investigación le llevó al Archivo General de Andalucía para conocer toda la historia y descubrió que existieron otras seis demandas de divorcio entre 1810 y 1830. Es lo que nos cuenta en la entrevista que pudimos hacerle el mes pasado y que puedes leer aquí

El argumento de esta novela tiene como protagonista a la joven sevillana Flora de Letona. Está casada con el teniente ilimitado don Juan Ballester y es madre de dos hijos, Lucía y Juan. Su matrimonio es un infierno. El marido acostumbra a pegar violentamente a su esposa, dejando su cuerpo dolorido y magullado. Flora no puede más. Es inhumano seguir aguantando este maltrato porque 'lo que no es normal es la soba de palos que me dio anoche como si yo fuera un perro rabioso' (pág. 134). Así que, armándose de valor y a pesar del escarnio público al que se va a ver sometida, toma la decisión de divorciarse. Para ello pedirá ayuda a unos y a otros sin encontrar demasiado amparo, ni siquiera entre sus propios padres, pues su madre le aconseja seguir aguantando como puede -es mujer y es lo que toca-, mientras que su padre se lamenta profundamente por no haberle dado estudios a su hija y haberla conducido a un matrimonio desdichado. Sin embargo, un abogado, el licenciado Tous, se apiada de ella y la recoge en su casa hasta el momento en el que se ratifique la separación 'de lecho, habitación y mesa'. La mujer consigue que sus hijos estén a su lado y salgan del techo conyugal pero las acusaciones de insubordinación y abandono de los quehaceres domésticos vertidas por el marido, unido a sus contactos, complican la situación y Flora acabará separada de sus hijos, profundamente enferma y encerrada en el Beaterio de San Antonio.

La novela narrará a partir de este momento el calvario de Flora entre las paredes del Beaterio. Un calvario. Y es que Áspera seda de la muerte no puede tener una temática más actual. En 2018, 47 mujeres perdieron la vida por violencia género, incluidas aquellas 14 que ya habían denunciado a sus parejas por maltrato,  con lo que la suma total asciende a día de hoy, a 976 mujeres asesinadas, desde que el 1 de enero de 2003 comenzó a contabilizarse estos crímenes. 

Que la mujer ha estado sometida a todo tipo de violencia, maltrato, humillaciones y vejaciones es algo que no nos resulta desconocido pero, lo que nunca me había planteado es que existieran demandas de divorcio en pleno siglo XIX. En este sentido, el argumento no puede resultar más interesante. La novela nos permitirá conocer cómo vivían las mujeres por aquellos tiempos, qué lugar ocupaban en la sociedad pero también en qué consistían esas separaciones 'de lecho, habitación y mesa', cómo era el proceso y las penalidades que tenía que padecer la mujer en su deseo de divorciarse. Os podéis imaginar que fácil no lo tenía. Pero para conocer en profundidad la historia de Flora de Letona tendremos que adentrarnos entre los muros del Beaterio de San Antonio, un lugar que existió realmente pues, os recuerdo que la historia que contiene las páginas de esta novela tiene un fundamento real, aunque el autor nos confesó que tuvo que ficcionar parte de la historia y fabular hacia el desenlace con el objeto de construir un final esperanzador. Pues bien, en dicho beaterio residían las mujeres que, de un modo u otro, estaban mancilladas. 


Junto a Flora de Letona, señalada por su deseo de romper el vínculo matrimonial, conoceremos a otras mujeres a las que se denominaban 'arrecogidas'. Eran jóvenes en su mayor parte que habían tenido relaciones sexuales sin estar casadas y que habían dado a luz a hijos fuera del matrimonio, generalmente todas aquellas que, durante la ocupación napoleónica mantuvieron contacto con los soldados franceses y se entregaron a ellos con el deseo de formar una familia y empezar una nueva vida fuera de Sevilla y en tierras francesas. Por supuesto, todas ellas fueron abandonadas una vez que los franceses se marcharon de España.

Esas relaciones entre jóvenes sevillanas y soldados franceses me llevan a comentaros el contexto histórico-social del momento. Las tropas napoleónicas han abandonado España. Eso sí, dejando al país sumido en la pobreza y llevándose por delante todos los cuadros de valor que tuvieron a su alcance, un expolio del que se da debida cuenta y con detalle en la novela. La población se divide entre liberales y absolutistas, hay quienes son señalados con el dedo por ser afrancesados, como le ocurre al padre de Flora, así que la atmósfera política está bastante crispada en Sevilla, una ciudad por la que podemos transitar a través de la lectura de esta novela, descubriendo rincones, plazas y calles que hoy en día tienen otro nombre, como ocurre con la Plaza de los Trapos, una ciudad en la que se representaban las obras de Moratín, que contaba con la mistelería de la Antonia donde los hombres acudían a desahogarse, pero también una ciudad sucia y maloliente por la que se propagaba todo tipo de epidemias, una situación que denuncia el doctor Arribas, uno de los personajes de la novela. 

Será este doctor el que trate a Flora de sus dolencias pero, a su vez, será el vehículo a través del cual el autor realice un análisis exhaustivo de las prácticas médicas que se realizaban por aquellos años. Una forma de homenajear su profesión y dejar constancia del eminente lugar que ocupaba la Academia de Medicina de Sevilla. Como si del doctor Frankenstein se tratara -este vendría después-, se intentará resucitar a los muertos a través de la electricidad, una curiosa praxis que sin duda interesará al lector.


Y puestos que ya hemos hablado de un personaje, cabría también mencionar a otros tantos. Entre los principales, tendremos a Flora de Letona, una mujer que bien podría representar a todas esas mujeres que, incluso hoy día, son maltratadas por su parejas. El sufrimiento de esta mujer es espeluznante en la novela, y tuvo que serlo mucho más fuera de los límites literarios. No dejo de pensar en el momento en el que Francisco Gallardo me desvela que tuvo que inventar el desenlace literario de Flora pues de repente, y temiéndose lo peor, no encontró más información sobre ella. 

Juan Ballester, esposo de Flora, queda descrito como un hombre guapo, apuesto y con encanto. En realidad es un encantador de serpientes. Atento y cariñoso para posteriormente convertirse en un monstruo.

Los padres de Flora, doña Carmen y don Ramón, -tradicional una y afrancesado y masón el otro-, frente a doña Luisa Sarmiento, la madre de Juan Ballester, una mujer ciega que parece ver más que nadie y que solo sabe malmeter en la relación de su hijo con Flora.

Y por último, las compañeras de Flora en el Beaterio: Juana Palacios, Teresa Cienfuegos, Sol,... algunas más bondadosas que otras.

Pero no todos los personajes que figuran en esta novela han visto mutado su nombre porque, aunque se narra la vida real de una mujer, lo cierto es que la auténtica protagonista de esta historia no se llamaba Flora. Por respeto, el autor decidió cambiar el nombre. Sin embargo, transitarán entre estas páginas otros personajes históricos como Francisco Saavedra, el que fue ministro de Carlos III, Blanco White, que hace un retrato de la España de la época bastante parecido al que tenemos hoy, o Lord Byron, que aparece en la novela muy interesado en todo lo relativo a la electricidad como medio de sanación y que visitó Sevilla en 1809.

Áspera seda de la muerte es una novela de las que yo suelo llamar global por todo lo que llega a abarcar. A un argumento interesante, a un contexto histórico convulso y a un retrato de una ciudad que venía de tiempos mejores y que ahora se ve empobrecida pero intentando emerger de las profundidades, se le une un narrador que no pasará desapercibido. Con el empleo del estilo indirecto libre y el uso del presente como tiempo verbal, el lector se siente como espectador de un cuadro en el que la escena tiene movimiento. La historia no está contada por uno u otro, no está contada por un narrador omnisciente al uso sino que está narrada por todos, en un suerte de mezcla de voces con las que el lector no se sentirá perdido. Con una prosa cuidada, que gusta de las letras de otros siglos y se embellece con las expresiones de una época, podemos decir que la novela está mimada, algo que se advierte en la tarea de documentación que ha tenido que realizar el autor, para trasladarnos a esa Sevilla de principios del siglo XIX como si fuéramos pasajeros de una máquina del tiempo.

En definitiva, Áspera seda de la muerte es una novela actual en la temática que nos permite ponernos en la piel de Flora de Letona, embarcada en una situación delicada y también peligrosa, a la que su autor ha querido pintar un futuro esperanzador que esperemos trascienda los límites de la novela para erradicar la lacra social que supone la violencia de género.









 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

martes, 8 de enero de 2019

FRANCISCO GALLARDO: 'La trama de la novela es dura pero creo que todo escritor debe comprometerse socialmente'

Francisco Gallardo es uno de esos nombres que resuena para bien en Sevilla. Tanto en su faceta personal como profesional, son muchos los que lo admiran y solo tienen palabras de elogio. No me extraña. Las veces que hemos coincido lo he comprobado con mis propios ojos y no son pocos los familiares y amigos en común que lo corroboran. Sin embargo, me faltaba conocer su lado literario, el propio, porque conversaciones sobre literatura hemos tenido muchas. No ha sido hasta hace relativamente poco cuando he podido zambullirme en su pluma, a través de su última novela, Áspera seda de la muerte, publicada por Algaida Editores y que se alzó el pasado año con el XXI Premio de Novela Ciudad de Badajoz.

Y tantas veces hemos hablado de libros y autores que cómo no hacerlo con él y sobre él. Fue poco antes del inicio de las Navidades cuando, citada a la mesa que ocupaba Luis Cernuda en un establecimiento sevillano, pudimos hablar de Flora de Letona, protagonista de esta historia y protagonista de uno de los primeros divorcios documentados en Sevilla a inicios del siglo XIX. Hay dolor en esta historia, de la que os daré detalle en breve, pero también mucha esperanza. 

Marisa G.- Paco, en 2012 publicas 'La última noche', con la que ganas el Premio de Novela Histórica Ateneo de Sevilla. Han pasado muchos años desde entonces.  

Francisco G.- Sí, pero todo ese tiempo se lo he estado dedicando a 'Áspera seda de la muerte'. Es una novela que tiene mucha investigación detrás. La quise escribir con dos premisas, en primer lugar usando el estilo indirecto libre, y en segundo lugar, que tuviera un nivel de detalle importante. Para cualquier cosa, como la descripción de un simple abanico, he podido invertir dos o tres horas de investigación. Pero todo ese proceso me ha enriquecido mucho. He aprendido muchísimo. Como no tenía prisa, lo quería hacer lo mejor posible y siempre con mucha verosimilitud.

M.G.- Ganas con esta novela el premio Ciudad de Badajoz. Entiendo que los premios literarios te acercan más a los lectores porque las novelas tienen más recorrido y suele haber una promoción más extensa.

F.G.- Sí, así es. Me emocionó mucho que un jurado compuesto por nombres como Luis Alberto de Cuenca, Juan Manuel de Prada, Fernando Marías o Manuel Pellecín, toda una autoridad en literatura extremeña, se fijara en esta novela. Ya sabes que cuando uno escribe está solo y a veces perdido, porque no sabe si lo está haciendo bien o mal. Que un jurado así te premie y encima, al conocerlos, hablen con tanto entusiasmo de la novela ha sido muy importante para mí. 

M.G.- La has trabajado antes, durante y después porque la promoción te ha llevado a los grandes medios de comunicación pero también has hecho presentaciones en localidades pequeñitas aunque con gran afluencia de público.

F.G.- Sí, además me hace mucha ilusión cada presentación. La voy a presentar también en Manzanilla, el pueblo de mi madre, y en Mairena que es el pueblo de mi padre. Las novelas siempre te traen aspectos personales que son muy bonitos. En Madrid, por ejemplo, la podía haber presentado en una librería, sin embargo lo hicimos en la Clínica Cemtro, con amigos de la medicina y del baloncesto, con Pedro Guillén, con Juan Antonio Corbalán, Cristóbal Rodríguez, grandes personas que me han ayudado siempre. Las novelas te dan la oportunidad de compartir y a mí me gusta aprovechar la coyuntura.

M.G.- Cuentas en esta novela un intento de divorcio, el de Flora de Letona porque el marido le pegaba. Es una historia con gran trasfondo real, ubicada en 1813 cuando las tropas napoleónicas han arrasado Sevilla. Llegas a esta historia por pura casualidad.

F.G.- Fue todo muy curioso. No dejo de agradecérselo a mi gran amigo Bibiano Torres, un sabio historiador de América que, ordenando el archivo de San Ildefonso, se encontró con una nota en la que un abogado requería al párroco de la iglesia información sobre el marido de Flora de Letona. Eso es totalmente real. Me fui al Archivo General de Andalucía, donde por cierto hay que halagar el trabajo que hacen y les tengo que agradecer la ayuda que me prestaron, y allí me encontré con el documento escrito de puño y letra por los principales actores, por Flora, por su marido y por todos los que intervinieron de un modo u otro. Aquello me impactó y entendí que tenía entre las manos una historia muy buena y muy real.

La trama de la novela es dura pero creo que todo escritor tiene que comprometerse socialmente. Me indigna mucho las crímenes por violencia de género. Tenemos que acabar con esto de una vez. Es algo que hay que erradicar. Mira, una de las cosas más estremecedoras que me han ocurrido fue en la última edición de la Feria del Libro de Sevilla. En una firma se me acercó una mujer y me dijo 'Yo soy Flora de Letona'.

M.G.- Lamentablemente hay muchas Flora de Letona.

F.G.- Exactamente.

M.G.- Pero tú describes los divorcios de aquella época como separaciones de lecho, habitación y mesa. ¿En qué consistía esto? ¿Seguías conviviendo bajo el mismo techo?

F.G.- Verás, mientras el divorcio se resolvía y no cabían dos opciones. Por un lado, un hombre bueno se podía llevar a la mujer a su casa. Es lo que ocurre con Flora de Letona que, inicialmente, es recogida por su abogado. Por otro lado, existía también el recurso de los beaterios. El marido tenía que pasar una manutención lo que pasa es que, en el caso de Flora, el marido pagaba a veces y otras no, ponía mil excusas. En esa situación y jurídicamente, la mujer estaba en calidad de depósito. De ahí que, mi primera intención fue titular la novela como 'La mujer depositada'. Luego, cuando el divorcio se resolvía, podían ocurrir dos cosas, una que la mujer tuviera que volver a la casa del marido y la otra, que quedara libre. Pero jamás alcanzaban tal libertad. No tenían escapatoria alguna porque si ganaban, mal, y si perdían, peor todavía. 

M.G.- Sin duda es un tema muy actual aunque obviamente las circunstancias eran distintas. En aquellos tiempos que el marido pegara a su mujer era algo relativamente normal y se aceptaba. Lo que ocurre es que Flora alega que el  marido había llegado a un extremo poco usual. 

F.G.- Literalmente ella escribe de su puño y letra 'Me ha dado una soba de palos que ya no es normal. Este hombre me va a matar'.

M.G.- ¡Qué horror! Pero la madre, doña Concha, aconseja a su hija que aguante.

F.G.- Es que en realidad era más importante el qué dirán que la felicidad de la  hija o que la propia vida de la hija. Doña Concha representa esa mentalidad de la época que sigue siendo una de las lacras de la violencia de género.

M.G.- Te he escuchado decir que, de aquella época, hay varios divorcios documentados, pero claro, todos serían de mujeres de una clase social alta porque las demás no tenían acceso a recursos de ningún tipo y esas sí que tenían que seguir aguantando.

F.G.- Esas mujeres de clase baja no tenían nada que hacer porque no podían acceder a abogados ni a nada. Desde el año 1810 a 1830 encuentro seis casos de demanda de divorcios en el Archivo General de Andalucía. Las leí todas y siempre eran mujeres con recursos y con una cierta consideración social.

M.G.- Flora de Letona vive en un entorno un tanto contradictorio. Como hemos dicho su madre era una mujer más tradicional pero su padre, es afrancesado y masón, que se arrepiente de no haberle dado a su hija unos estudios. Son dos visiones diferentes de la situación de su hija.

F.G.- Correcto. El padre actuó como lo hacían los padres de entonces. Como era una niña no le merecía la pena invertir dinero en ella. Pero te diré que esa frase, ese 'Eres una niña y no  merece la pena invertir dinero en ti' es un homenaje que le hago a una mujer, una señora que me contó su historia y que escuchó esa frase hace tan solo unos cuarenta años. 

M.G.- Es que lo de no dar estudios a las hijas no es algo tan remoto.

F.G.- No, pero en aquellos tiempos era lo habitual. El hombre estudiaba para labrarse un futuro y ganar dinero mientras que la mujer quedaba en casa, a la espera de alguien quisiera casarse con ella. 


M.G.- Me gusta el título, ese oxímoron que confronta las palabras 'áspera' y 'seda', refleja la dualidad que hay en todo momento en la novela ya sea en el entorno familiar de Flora con unos padres que piensan de forma distinta, o en el terreno político.

F.G.- Sí pero es una dualidad que también asoma en otros momentos y que me ha permitido seguir  haciendo homenajes. Por un lado, he querido acordarme de 'Orgullo y Prejuicio' a través de la parte galante de la novela, cuando el marido de Flora porta la careta de seductor. Por otro lado, y en relación al mundo de la medicina de la época, he querido homenajear el 'Frankenstein' de Shelley. Dos grandes novelas de dos grandes escritoras. Todo esto asociado a Lord Byron que estuvo en Sevilla en 1809 porque, en la academia de medicina, muy avanzada para su época, encontré muchos documentos que iban en la línea de Frankenstein y la idea de crear un nuevo hombre o de resucitar a los muertos.

M.G.- Es que la parte médica de la novela es muy importante, muy extensa, y el lector accede a ella a través de un personaje, el doctor Arribas. Se habla mucho de todos esos experimentos que se hacían con la electricidad. Ahí ahondas en tu parte profesional.

F.G.- Sí, y leer sobre ese tema me ha servido para aprender muchísimo sobre las prácticas que se realizaban entonces. Se pensaba que se podía resucitar a los muertos, se aplicaban tratamientos con electricidad. El debate más común versaba sobre si era lícito diseccionar a los cadáveres o no, se buscaba el alma en los cadáveres,...

M.G.- En una glándula concreta.

F.G.- Sí, en la pineal. Todo eso figura en disertaciones de puño y letra. Hay un informe muy curioso que habla sobre la disección de dos siameses y se menciona que tenían dos cabezas, cuatro pulmones, cuatro brazos, un hígado pero un alma. Era una época muy interesante también en la medicina.

M.G.- Como has dicho antes, mientras se resolvía el divorcio y no, las mujeres podían ser recogidas en los beaterios. Así le ocurre a Flora de Letona que acaba en un beaterio que existió realmente en Sevilla. 

F.G.- Pues sí. En el beaterio de San Antono que estaba en la calle de Las Palmas, bueno la calle Jesús del Gran Poder, en el tramo que hay entre la calle Hombre de Piedra y la calle Santa Ana.

M.G.- Y en ese beaterio también se recogen todas esas mujeres, tan ilusas, que tuvieron relaciones con los soldados franceses y que se quedaron esperando a que se las llevaran a Francia.

F.G.- Se dieron muchos casos. Eran mujeres amancebadas y que tuvieron hijos no reconocidos por supuesto. 

Detrás de la novela también subyace algo que me he planteado muchas veces. ¿Qué destino le hubiera esperado a Sevilla si los franceses hubieran permanecido en la ciudad? Los franceses pretendían hacer de Sevilla una pequeña París. De hecho, se planificaron grandes espacios, se quería abrir la ciudad, de acuerdo con las ideas higiénicas del tiempo. Los médicos de la época denunciaban  que dentro de las murallas lo único que había eran epidemias por un problema de salud vial. Apostaban por sacar los cementerios fuera de las murallas o tirarlas. Sevilla hubiera sido otra, con otras costumbres, con otra forma de ser. Los sevillanos ignoramos lo cerca que estuvimos de una Sevilla bien distinta. 

M.G.- Pero se hubieran llevado igualmente los 999 cuadros que nos arrebataron.

F.G.- Por supuesto. Eso fue un saqueo en toda regla. Venían con un libro-inventario. Sabían dónde estaba cada cuadro e iban por él. Recortaban el lienzo con una navajita y se llevaban los que tenían más valor. 

M.G.- Pues nos dejaron pelados y una curiosidad Paco. Sabemos que la historia de Flora es real aunque le cambias el nombre pero, de toda la historia, ¿qué es ficción?

F.G.- Hay parte de ficción pero no quiero entrar en mucho detalle para no desvelar la trama. Solo te diré que hubo un momento en el que no tuve más remedio que inventarme su historia. 

M.G.- ¿Porque le pierdes la pista?

F.G.- Es que el expediente se interrumpe y ahí lo dejo. 

M.G.- Ah. ¡vaya! No había pensado en eso. 

F.G.- A partir de ahí tuve que buscar un camino o más bien una esperanza, porque a este problema de la violencia de género hay que darle una solución. 

De todos modos, también te digo que en la parte real he ficcionado igualmente algunos sucesos. 

M.G.- En cualquier caso, la novela te permite también hacer un retrato de Sevilla.

F.G.- Le dediqué mucho tiempo a esa parte. Todo ese tiempo de investigación tiene como resultado que Sevilla se convierta en un personaje más de la novela. Era uno de los objetivos porque ha sido una ciudad que ha tenido momentos muy luminosos y otros más oscuros. Este momento de la historia que se narra en la novela es muy peculiar porque, como tú has dicho, se acaban de ir los franceses, había mucha hambre, mucha gente sin oficio por las calles, y de esa Sevilla, treinta o cuarenta años después, surge la Sevilla del mito de Carmen pero eso fue después de pasar un tiempo de decadencia enorme, en el que perdió todo el comercio marítimo. 

M.G.- Y no solo Sevilla sino también España. Hay una crítica feroz en un diálogo que mantienen Blanco White y don Ramón, el padre de Flora.

F.G.- Es que no avanzamos. En el año 1813 se estaban perdiendo las primeras colonias. Saavedra, un personaje que realmente merece una novela, fue ministro de Carlos III, un hombre muy sabio y muy práctico que escribe con una lucidez terrible y retrata el momento perfectamente.

M.G.- Has mencionado a Saavedra. Hemos hablado de Lord Byron y  ahora de Blanco White. Hay personajes reales que pasaron por aquí.

F.G.- Blanco White es un personaje muy interesante también. Cuando mandé la novela al premio mi seudónimo era Luis Blanco, por White y Cernuda. Fueron hombres que han amaron terriblemente esta ciudad pero, o se tuvieron que ir o decidieron irse. Hicieron mucho por esta ciudad e incluso sus textos son muy Sevillanos. 'Ocnos' de Cernuda es el texto definitivo de la ciudad. Y Blanco White amaba Sevilla desde la distancia.  

M.G.- Él hablaba de las mujeres tapadas que también aparecen en la novela.

F.G.- Las describía muy bien. Eran mujeres que se movían en diligencias, iban totalmente tapadas porque no interesaba que se supiera quiénes eran por los motivos que fuera. Eso era muy habitual en la época y me dio la ocasión de poder introducirlas en el argumento de la novela. Llevaban como una especie de burka. Algo muy curioso.

M.G.- Has comentado antes que querías emplear un estilo indirecto libre. Es verdad que el estilo y el narrador sorprenden. Utilizas el tiempo verbal presente como si se estuviera haciendo una crónica o no sé muy bien cómo definirlo. El narrador, al menos para mí, es peculiar.

F.G.- Era la gran dificultad de la novela. No quería contar la historia a través de una tercera persona o un personaje. Quería que la historia la contaran muchos. ¿Cómo lograrlo sin que se convirtiera en una novela coral? Lo mejor era mezclar las voces, unas con otras, lo que ha supuesto una dificultad técnica añadida. Pero creo que la historia fluye bien y el lector sabe en todo momento de dónde viene una voz y otra. 

M.G.- En 'La última noche' la protagonista era una mujer. En esta última novela, también. ¿Se deberá a que estás siempre rodeado de mujeres?

F.G.- Afortunadamente vivo en un mundo de mujeres. Sin duda, el futuro pasa  por un mundo construido por mujeres y hombres, pero cuando investigas en el pasado te das cuenta que la mujer no existía. Hay que apostar por la igualdad en todos los ámbitos.

En cuanto a los protagonistas, todo ha sido fruto del azar. 

M.G.- ¿Y en la próxima? Porque tengo entendido que esta historia se te cruzó cuando estabas escribiendo otra.

F.G.- Así es, pero te adelanto que en la próxima el protagonista será un hombre. Eso si no se me cruza otra historia antes. (Risas). 

M.G.- (Risas) Todo puede ser. Paco, no te robo más tiempo. Muchas gracias por tu tiempo y espero seguir hablando contigo sobre literatura.

F.G.- Gracias a ti Marisa. Un placer.

Divorcios a principios del siglo XIX. La historia de Flora de Letona bien merece ser contada y Francisco Gallardo lo hace con seriedad y rigor. Os hablaré pronto de mis impresiones.



Ficha novela

Editorial: Algaida Editores.
Encuadernación:Tapa dura con sobrecubierta.
Nº Páginas: 344
Publicación: mayo, 2018
Precio: 20,00€
ISBN: 978-84-9189-011-9
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí.










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