
Año:1945
Nacionalidad: EE.UU
Director: Fritz Lang.
Reparto: Edward G. Robinson, Joan Bennett, Dan Duryea, Jess Baker, Margaret Lindsay, Rosalind Ivan, Samuel S. Hinds, Vladimir Sokoloff.
Sinopsis: Christopher Cross es un simple cajero infelizmente casado, pero tiene un raro talento para la pintura. En cierta ocasión, conoce a una aventurera de la que se enamora y le hace creer que es un pintor de éxito. La chica y su novio, un individuo sin escrúpulos, aprovechan la ocasión para explotar al pobre hombre, que llegará incluso a cometer un desfalco en su empresa para que ella siga creyendo que es un artista de éxito.
[Información facilitada por Filmaffinity]
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Hace algunos meses os hablé de la película La mujer del cuadro, del director Fritz Lang e interpretada por Edward G. Robinson y Joan Bennett. En algún comentario alguien me recomendó que viera también Perversidad, rodada un año después, con el mismo director que volvía a repetir con la misma pareja protagonista. Por entonces, no recordaba haberla visto, pero en el momento en que me senté a verla regresaron a mí los recuerdos. Sí, la había visto pero aproveché la ocasión para verla de nuevo. Ni que decir tiene que tanto aquella mujer del cuadro como esta Perversidad me han encantado.
Efectivamente, tal y como dice la sinopsis aportada por Filmaffinity, Christopher Cross -Cris para los amigos- es un simple cajero al servicio del banco de J.J. Hogarth durante más de veinticinco años. Está casado con Adele a quien conoció cuando ella, al quedar viuda, decide alquilar una habitación para sufragar los gastos de su existencia, a pesar de haber cobrado una suntuosa indemnización tras la muerte accidental de su marido cinco años atrás.

La vida de Cris no es tan satisfactoria como quisiera. Su trabajo es anodino y su relación matrimonial pasa por el yugo de su esposa quien lo tiene totalmente sometido como un vulgar calzonazos. Lo único que le apasiona a Cris es pintar aunque no cree tener mucho talento. Con los pinceles en la mano sueña cómo sería su vida si fuera otro tipo de hombre, si en vez de estar casado con Adele tuviera a su lado a una joven bella a quien adorar y por quien ser adorado.
Tras una cena con los compañeros de trabajo presencia una discusión entre un hombre y una mujer en la que ella sale mal parada. A pesar de no ser un hombre valiente, decide actuar y ayudar a la chica. A partir de entonces su vida cambiará totalmente. Kitty, que es así como se llama la joven, será la luz en su vida pero también la oscuridad. A partir de ese momento, Cris entrará en una espiral que conlleva mentiras, actos inmorales, decepción y finalmente la nada. El peso de la culpa recae sobre él de manera implacable conduciéndolo a un desenlace solitario, enmarcado dentro de una cruel burla del destino.
Si en La mujer del cuadro aluciné con la interpretación de Edward G. Robinson y no me impresionó tanto la de Joan Bennet, en esta ocasión tengo que decir que ambos están fabulosos.



