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viernes, 6 de noviembre de 2015

EL DIABLO EN EL CUERPO de Soledad Galán.


Editorial: Grijalbo.
Fecha publicación: octubre, 2015.
Nº Páginas: 270
Precio: 16,90 €
Género: Narrativa.
Edición: Tapa blanda con solapas.
ISBN: 978-84-2535-330-7


Autora

Soledad Galán dirige e imparte talleres de escritura creativa desde hace catorce años. A raíz de la aparición de su primer libro, Adiós cigüeña. El placer de parir (2009), participa asimismo en congresos sobre Mujer y Maternidad, donde sus conferencias se han convertido en referente nacional. Dentro del ámbito periodístico, ha colaborado como columnista y tertuliana en diferentes medios de comunicación. 

Sinopsis


Ésta es la historia de una reina que hizo del amor su oficio, y que vivió por y para el goce. La historia de un mal de la piel que ha de ocultarse, de una pasión prohibida, de un informe que todos quieren poseer; la nómina de los amantes y las intrigas de un siglo que acaba por perderse en sus recovecos y se ve obligado a ceder ante la avalancha del tiempo, igual que los lienzos en favor de la fotografía. Lascivia y política: el final de una España, entre revoluciones de fuera que se ven venir y otras más íntimas, más intensas e insólitas, que vienen sin esperarlas.

Ésta es la historia de Isabel, que reinó sin gobernar, contada en primera persona. De la mujer contradictoria y poderosa que gustaba de almorzar escamitas resecas de hombre.

Entre el erotismo de Anais Nin y la irreverente pirotecnia verbal de Valle-Inclán, la voz narradora lleva al lector en un apasionante viaje por una obra ambiciosa, sexual y rotunda.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Reír. Eso es lo que te espera nada más abras la cubierta de El diablo en el cuerpo. Reír y reír con las ocurrencias de la reina Isabel II de España, protagonista absoluta de esta novela, la primera de Soledad Galán, con la que a mí me ha conquistado. En la entrevista que realicé a la autora hace una semana (puedes leerla aquí), le comenté que, cuando el libro cayó en mis manos, yo me esperaba una novela histórica, seria, rigurosa, exacta en los términos, llena de datos. En realidad la idea no me disgustaba porque, para mí, leer buena novela histórica es una manera de aprender del pasado pero hete ahí que abro el libro en sus primeras páginas y leo:

«No estiras la pata por pensar en la muerte. La estiras cuando, la mañana del 9 de abril de 1904, ni puedes levantarte del butacón de tu recámara porque te has quedado tiesa». [pág. 18]



Me arrancó la primera carcajada. Sentada en el sofá de casa me topé con una historia divertida y amena que me acercaba a una reina campechana, dicharachera, deslenguada,... pero sobre todo muy viva y muy mujer.

El diablo en el cuerpo narra las vivencias de la reina Isabel II de España desde prácticamente la adolescencia hasta su fallecimiento. Bueno, sería más correcto decir hasta después de su muerte pues es ella misma la que nos narra su vida en primera persona y lo hace desde un lugar curioso, el purgatorio, lugar en el que busca un rincón, más bien amplio, por aquello de la voluptuosidad de su cuerpo, donde colocar sus reales posaderas y desde allí relatarnos su vida y los acontecimientos de su reinado.

Que no, que esto no es novela histórica, que vale que estamos ante la vida de una reina, que a través de sus páginas vamos a asomarnos a las España de la época, pero lo que Soledad Galán nos ofrece va mucho más allá, un punto de vista original, divertido, zalamero, pues lo que vamos a conocer es cómo era la reina en la cama y cómo sus correrías afectaban al devenir de España. 

A Isabel la obligan a casarse con Francisco de Asís de Borbón y Borbón-Dos-Sicilias pero su matrimonio hizo aguas por todos lados. Ella no quería ver al rey consorte ni en pintura y él a ella tampoco. No ya porque no se sintiera atraída por él -en cuestiones de enlaces reales la atracción sexual y física es lo que menos ha importado siempre y especialmente tiempo atrás-  sino porque la condición sexual de Francisco de Asís no era precisamente la que se le suponía a un rey. Divertidísimo el momento en el que la reina llama a su marido «Paquita».

«Ahora era una mujer casada, aunque no hubiera hijos. Los hijos precisan un padre que los engendre. Un hombre. No había un hombre junto a la reina. Lo que había era alguien que quería ser rey y que no podía serlo, amos, encabalgar como un rey.  
Paquita no podía. 
Paquita no iba a poder». [pág. 28]

Los cónyuges sienten asco el uno por el otro y siendo así, la idea de engendrar un príncipe heredero se antojaba complicada. ¿Qué hacer entonces? Isabel hizo lo único que podía hacer. Tenía dieciséis años, las hormonas muy revolucionadas y los ojos se le iban tras los hombres de la Corte. Con la fogosidad a flor de piel fue coleccionando amante tras amante y la lista se hizo tan larga que hasta en la Prefectura de la Policía de París había un cartapacio con información relevante de todos los amantes que habían pasado por los cuartos reales. Los asuntos de cama de Isabell II pasaron a ser Asuntos de Estado ya que al gobierno no le interesaba que la reina anduviera con unos y con otros, sin tener en cuenta la ideología política de los mismos. Pero a la reina le importaba un pimiento si sus amantes eran carlistas o isabelinos. Ella lo que único que quería era un hombre que la hiciera gozar porque «Paquito no podía. Paquito no iba a poder». [pág. 27]

Y de una relación a otra, de una correría a otra, Soledad Galán hace repaso de esa época de España pero sin que se lance a dar copiosos datos históricos llegando a aburrir al lector de pura pesadez. Mientras la reina cata a uno y otro varón, iremos descubriendo los aconteceres políticos del momento, los tumultos, las revoluciones, las conspiraciones, una zancadilla aquí y otra allá hasta acabar con la reina en el exilio parisino de la avenida Kleber.

El lector puede imaginar que, siendo este libro tan divertido, la reina tuvo una vida sin preocupaciones, siempre de jarana en jarana, pero lo cierto es que, más allá de su bravura, de que nadie la conseguía frenar y era adorada por su pueblo,
 Isabel II también pasó malos tragos. De hecho llegó a ser conocida como la Reina de los Tristes Destinos. La novela de Soledad Galán también hace parada en las desdichas de esta mujer que, como madre, sufrió al ver morir a buena parte de sus hijos. De los doce que parió tan solo sobrevivieron cinco y alguno que otro murió antes que ella. 

Hijos que fallecen, guerras carlistas, amores frustrados, revolución, una madre malmetiendo, un marido al que no cató y por el último, como digo, su exilio en París.
 La vida misma, con sus alegrías y sus penas porque ni siquiera las cabezas coronadas están exentas de padecimientos. 
  
El diablo en el cuerpo retrata perfectamente al personaje, al menos en la faceta en la que su autora nos la quiere mostrar. Llama la atención la frecuencia con la que la reina se refiere a sí misma empleando el término «hembra». Me gusta muchísimo esta palabra. Creo que describe muy bien la naturaleza de la reina pues me parece un vocablo poderoso, lleno de fuerza y coraje al igual que esta mujer, rendida a su condición femenina pero no bajo el yugo de la melosidad y la sumisión. Como ella bien dice el prólogo de la  novela: 

«Si algo he amado en esta vida ha sido la vida misma. La vida que tuve, y a quien fui en ella».  [pág. 18]

Y por supuesto, el marido, Francisco de Asís, al igual que algunos de sus amantes, como el general Francisco Serrano y Domínguez, quedan igual de bien retratados. Del primero habría que decir que Soledad Galán dibuja una caricatura maravillosa pero en la que todo parece estar documentado, incluso la peculiaridad de su miembro viril. Resulta hilarante las descripciones del marido de Isabel II, su «delicadeza» y esa costumbre de manejarse siguiendo el Manual para las señoras o el arte del tocador de Madame Celnart. Yo me lo imagino paseando por los pasillos de palacio, con el manual bajo el brazo, todo emperejilado, más derecho que el palo de una escoba y dejando un rastro de perfume a su paso. La reina solo quería que el hombre oliera a hombre. Lo demás eran afeites que a ella le sobraban.

  
Y el general Francisco Serrano, probablemente el gran amor de la reina y con quien tuvo dos etapas de amoríos. A Serrano se le vio el plumero más pronto que tarde y aun así, el corazón de la reina parece que tenía una venda en los ojos. No dejó de ser una mujer que quiso amar y ser amada, entregó su corazón y como le puede ocurrir a cualquier otra mujer de todos los tiempos, a veces el corazón entregado es traicionado.

martes, 27 de octubre de 2015

ENTREVISTA a SOLEDAD GALÁN (El diablo en el cuerpo).

Autora

Soledad Galán dirige e imparte talleres de escritura creativa desde hace catorce años. A raíz de la aparición de su primer libro, Adiós cigüeña. El placer de parir (2009), participa asimismo en congresos sobre Mujer y Maternidad, donde sus conferencias se han convertido en referente nacional. Dentro del ámbito periodístico, ha colaborado como columnista y tertuliana en diferentes medios de comunicación. 


Sinopsis

Ésta es la historia de una reina que hizo del amor su oficio, y que vivió por y para el goce. La historia de un mal de la piel que ha de ocultarse, de una pasión prohibida, de un informe que todos quieren poseer; la nómina de los amantes y las intrigas de un siglo que acaba por perderse en sus recovecos y se ve obligado a ceder ante la avalancha del tiempo, igual que los lienzos en favor de la fotografía. Lascivia y política: el final de una España, entre revoluciones de fuera que se ven venir y otras más íntimas, más intensas e insólitas, que vienen sin esperarlas.


Ésta es la historia de Isabel, que reinó sin gobernar, contada en primera persona. De la mujer contradictoria y poderosa que gustaba de almorzar escamitas resecas de hombre.


Entre el erotismo de Anais Nin y la irreverente pirotecnia verbal de Valle-Inclán, la voz narradora lleva al lector en una apasionante viaje por una obra ambiciosa, sexual y rotunda. 



[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Los que se acerquen a El diablo en el cuerpo buscando una novela histórica en el sentido más estricto de la palabra no la van a encontrar. La primera novela de Soledad Galán cogerá por sorpresa a propios y extraños, a aquellos que gusten de la novela histórica y aquellos que la aborrezcan pero os garantizo que, tanto a unos como a otros, esta novela les va a encantar.

Figura en la faja que acompaña la edición una cita de Antonio Cuadri. El director de cine, entre otras cosas, dice «...un nuevo concepto de novela histórica», una frase que me parece de una certeza absoluta. Y es que El diablo en el cuerpo tiene mucho de historia, no en balde trata sobre la vida de la reina Isabel II de España, solo que el enfoque que nos ofrece Soledad Galán da un paso más allá y se adentra en las intimidades de la reina, desde cuyo ángulo la autora nos retrata España. Conoceremos a sus amantes, la veremos penar de amor y comprenderemos de qué manera todas esas relaciones fuera de su matrimonio con Francisco de Asís podían llegar a afectar a la política española. 


De rebosante humor viene cargada la novela con un personaje, el de la reina, que nos sorprenderá por su frescura, su picaresca y su sinceridad. De ella, de sus amantes, de España y sus políticos estuvimos hablando con la autora hace unos días. Esto es lo que nos contó. 



Marisa G.- Soledad me terminé tu libro ayer mismo. He estado viendo en la solapa que esta no es tu primera publicación pero sí tu primera novela. 

Soledad G.- Exacto. Yo siempre he escrito ensayos. Realmente este es mi quinto libro pero mi primera novela como bien dices. La tenía metida en el cajón y fue una amiga la que se empeñó en que la enviara a Random House o amenazaba con enviarla ella misma. Y no solo la enviamos a Random sino a otras editoriales que la aceptaron igualmente.

M.G.- O sea que al final tuviste donde elegir.

S.G.- Sí, pero me quedé con mi editora, Emilia López, primero porque es encantadora y segundo porque, por teléfono me habló de mi novela como si la hubiera escrito ella y eso no está pagado.

M.G.- He visto que llevas catorce años impartiendo talleres de escritura. Yo llevo unos días tratando de ubicarte porque tu nombre me sonaba muchísimo y claro es que tenemos amigos en común: Manuel Machuca y Paco Gallardo. ¿Los talleres que tú impartes son los que organiza Librería Beta?

S.G.- Sí, siempre he dirigido e impartido los talleres de Beta. Empecé con el Instituto Andaluz de la Mujer y ya desde hace doce años en Librerías Beta.

M.G.- ¿Y la gente se anima a participar en estos talleres? ¿Se apunta mucha gente?

S.G.- Sí, he tenido unos cien alumnos anuales. Los iba distribuyendo en cursos de cuatro o cinco meses.

M.G.- Y de ahí han salido autores que ya muchos conocemos.

S.G.- Sí, algunos están publicando en la misma editorial de Manuel, en Anantes, otros se han autopublicados y otros siguen intentándolo. 

M.G.- Publicas ahora con Grijalbo El diablo en el cuerpo, una novela que cuando me llega pensé que era una novela histórica pura y dura y ¡oh sorpresa!, empiezo a reírme desde la primera página.

S.G.- Me gusta mucho que me comentes esto. La editorial la ha tenido que catalogar como novela histórica porque para ofrecer un libro en librerías tiene que estar un poco encasillado o catalogado pero El diablo en el cuerpo es una novela, no la concebí como una novela histórica. 


En cualquier caso, es cierto que tiene un gran rigor histórico porque está basada en dos años y medio de documentación. Me he embebido de todo el siglo XIX, de todos los escritos de la época, de todo lo que se había escrito sobre la reina, todas las biografías que se han hecho, tanto en el siglo XX como en el siglo XXI sobre ella, las cartas que escribía, las que recibía, incluso las carte de visite, esas tarjetas que acompañaban a los ramos de flores o a cualquier objeto. 

Yo lo que quería contar es la vida de una mujer adelantada a su tiempo, sus secretos más íntimos, que en el siglo XIX rompe con el cliché del ángel del hogar. Una mujer en aquel momento no podía exigir nada, y ella se permite el lujo de disfrutar del placer y exigírselo a los hombres en un mundo en el que no podía hacerlo. Todas esas es lo que figura en el plano superior, lo que el lector ve objetivamente, esos secretos íntimos, pero debajo, todo lo que hay, todo lo demás que se está contando, es el final de una España y el inicio de otra, el final de una época en la que perdemos las colonias y el inicio de otra. 

M.G.- Pero, ¿todo en la novela es real o hay algunos episodios que son ficción?

S.G.- Todo está documentado pero yo quería establecer un juego con el lector, que se planteara qué es realidad y qué es ficción. Y algo muy curioso, hasta los críticos que están leyendo la novela y les está entusiasmando gracias a Dios, me preguntan si hay hechos que sucedieron tal y como los narro. Por ejemplo, en la novela se cuenta que la reina Isabel II tuvo un problema en la piel y es verdad que sufrió de ictiosis serpentina, un herpetismo. Ella se casa con dieciséis años y en los cuadros la vemos como una mujer voluptuosa y guapísima, como era, pero lo que no vemos es que iba completamente vendada, prácticamente desde el cuello a la rodillas. Eso es lo que no se mostraba en los cuadros. Isabel sufría un mal de la piel por el que se iba descamando. Claro, yo realizo ficción pensando que con lo que ella tenía, casada con un hombre con otras inclinaciones sexuales que no tenían nada que ver con las suyas, con todas las hormonas a flor de piel pues era muy joven,... todo eso lo que le provoca es una explosión de su padecimiento.

M.G.- La pobre lo pasa mal (Risas). Y en esta novela la narradora es la propia Isabel II pero nos cuenta su vida en un momento un tanto especial porque ya ha fallecido y está en el purgatorio. A mí me ha encantado el personaje. Cuando se piensa en una reina, y más de aquella época, no te puedes imaginar un personaje como tú muestras en la novela. 

S.G.- Claro, nosotros pensamos en una reina y la imaginamos comportándose de una manera moderada, en su vida íntima o pública. Debía de tener una forma muy educada de expresarse pero a ella nadie la enseñó ni la formó. Tanto su madre como  los preceptores o los políticos que la rodearon se empeñaron en que no se formara. Era mucho mejor que fuera una mujer inculta porque así no cuestionaría lo que sucedía a su alrededor. La voz narrativa, como está en primera persona, tenía que ser la de una mujer que tiene que hablar con frases muy cortas en una especie de monólogo interior y su voz es muy galdosiana, es la voz del pueblo. 

M.G.- Muy castiza.

S.G.- Sí, muy castiza, con un sentido del humor increíble, una retranca muy divertida. La voz que utilizo me la invento, es una mezcla entre el siglo XIX y el siglo XX, pero es probablemente la voz que ella hubiera tenido. Y digo una voz inventada no por la impostura sino porque ella, con lo que hubiera aprendido de unos y de otros, hubiera adquirido quizás esa forma de hablar.

M.G.- Isabel II en la novela tiene una personalidad muy brava, a veces un poco irreverente con la iglesia, es deslenguada, con mal carácter, descarada. Me hace mucha gracia cuando la describes físicamente. Era una mujer muy voluminosa que no le impide en ningún momento tener muchísimos amantes.

ImagenS.G.- A Isabel II no le favoreció en absoluto la fotografía, Cuando aparece la fotografía, algo que se recoge en la novela, uno de los pintores, Winterhalter, le dice algo así como «usted señora volverá a la pintura». Claro, una pintura se puede retocar pero una fotografía no.

M.G.- Claro, no había photoshop.

S.G.- Eso es, y en las fotografías la vemos como una mujer absolutamente oronda que ya no le importa su aspecto físico pero hasta eso ella lo lleva con sentido del humor. Sabe que el tiempo la ha tratado muy mal. Incluso con treinta y pocos años se le retira la menstruación pero ella se ríe de eso también. 

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