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miércoles, 16 de febrero de 2022

MEDITERRÁNEO (DRAMA - 2021)

Año: 2021 

Nacionalidad: España

Director: Marcel Barrena

Reparto: Eduard Fernández, Dani Rovira, Anna Castillo, Sergi López, Àlex Monner, Melika Foroutan, Patricia López Arnaiz, Vassilis Bisbikis, Giannis Niaros, Drosos Skotis, Yiota Festa, Constantin Symsiris

Género: Drama

Sinopsis: Otoño de 2015. Dos socorristas, Óscar (Eduard Fernández) y Gerard (Dani Rovira), viajan hasta la isla de Lesbos, en Grecia, impactados por la fotografía de un niño ahogado en las aguas del Mediterráneo. Al llegar descubren una realidad sobrecogedora: miles de personas arriesgan sus vidas cada día cruzando el mar en precarias embarcaciones y huyendo de conflictos armados. Sin embargo, nadie ejerce labores de rescate. Junto a Esther (Anna Castillo), Nico (Sergi López) y otros miembros del equipo, lucharán por cumplir un cometido, dando apoyo a personas que lo necesitan. Para todos ellos, este viaje inicial supondrá una odisea que marcará sus vidas.

[Fuente: Filmaffinity]


La reseña de esta película se puede resumir en tres palabras: Tienes que verla. Así, sin más. Aunque no ha tenido un éxito arrollador ni tampoco ha conseguido los premios más importantes (Mejor fotografía, Mejor Dirección de Producción y Mejor Canción Original, en los pasados Goya) Mediterráneo me ha conquistado. Y es que la historia que cuenta esta película me ha sobrecogido de tal manera que no volveré a mirar el mar con los mismos ojos. Palabra.

Mediterráneo cuenta la historia de Óscar Camps y el nacimiento de la Ong Open Arms. ¿Qué sabes de este hombre y de esta organización no gubernamental? Espero que mucho más que yo porque, sinceramente, sabía bien poco. No acostumbro a ver televisión y mucho menos los informativos. Demasiadas penurias tenemos cada día en nuestras vidas como para también sumergirse en un mar de desgracias a la hora de comer. Pero claro, aislarse de este modo conlleva el gran inconveniente de saber poco del mundo en el que vives. De Open Arms sabía lo mínimo que se despacha. En alguna ocasión he visto imágenes de los salvamentos que han llevado a cabo y me han llegado rumores de los problemas en los que se han visto envueltos. Pero no me preguntes detalles. Sin embargo, Mediterráneo me ha abierto los ojos. Al menos me ha permitido saber cómo acabó Óscar Camps en la isla de Lesbos y cómo apostó por la ayuda humanitaria.

¿Qué nos cuenta esta película?

Óscar Camps (Eduard Fernández) trabaja como socorrista en las playas de Barcelona. No es un jovenzuelo que quiere sacarse un dinero extra durante el verano. No. Es un hombre de edad madura, padre de una joven llamada Esther. En realidad, Óscar no tendría que pasarse las horas en la torre de vigilancia, oteando la línea de agua porque es el fundador y socio de la empresa Pro-Activa Serveis Aquàtics, dedicada al rescate marítimo, con una flota importante de socorristas. Pero a él le gusta su trabajo. Desde su atalaya, disfruta contemplando a los bañistas, cuidando para que no ocurra ningún percance. Es un hombre solitario, entregado a su trabajo y a una vida algo ermitaña. Pero todo cambia cuando unas imágenes recorren el mundo entero. Sobre la arena de una playa turca, y acariciado por las olas, yace el cuerpo sin vida de un niño pequeño (¿recordáis aquella noticia?). A todos nos sobrecogió y se abrió un importante debate. Camps no podía dejar de mirar aquellas fotos. Lo que ocurría entre aguas turcas y griegas era un asesinato. Decide que ya es hora de que alguien haga algo por todas esas personas que tratan de llegar a las costas griegas, a Europa, y tratar de evitar que pierdan la vida en el intento. Así que, reunido con su socio Nico (Sergi López) y Gerard (Dani Rovira), les propone ir a la isla de Lesbos para ayudar a toda esa gente que huye de Turquía. Apenas diez kilómetros de agua salada separan las costas turcas de las griegas. Diez kilómetros que, surcados por una lancha en la que se agolpan más del cuádruple de personas que la embarcación puede permitir, resultan un viaje muy arriesgado. Muchos llegan exhaustos a la costa griega. Otros, ni llegan. 

[Fotografía tomada en las playas de Caños de Meca (Cádiz).
Al fondo, el faro de Trafalgar @lecturápolis]


A Nico y a Gerard la propuesta les parece una locura. ¿Qué pueden hacer ellos contra ese problema de tamaña envergadura? ¿Cómo ayudar si los propios gobiernos, a pesar de tener el poder y los medios, miran hacia otro lado? Pero Camps no está dispuesto a dejar las cosas así. Su conciencia no se lo permite. Hará el petate y se marchará a Grecia. Al final, Gerard decide acompañarlo.

Lo que Camps y su compañero de viaje encuentran en la isla de Lesbos no será muy alentador, pero prefiero que lo descubras por ti mismo si te decides a ver esta película.

¿Qué me ha gustado de Mediterráneo?

Principalmente, la historia. Desconozco si la narración se ajusta de manera exhaustiva y exacta a los hechos. Me gustaría creer que sí porque, en ese caso, volvería a recuperar la fe en el ser humano, en la ayuda desinteresada, en el amor al prójimo, en la bondad. En pleno siglo XXI, incluso con una posición económica muy desahogada, es muy complicado encontrar a alguien que se entregue a los demás. Pero, como las meigas, haberlos, haylos. Lo que me hace recordar ahora otra noticia que arroja algo de luz sobre el hombre. No tiene nada que ver ni con Camps, ni con los inmigrantes pero me ha conmovido igualmente. Ayer leía el siguiente titular«Hace una compra de 260 euros para dársela a una mujer que pedía en un supermercado de Montequinto».Si el cielo existe, personas como estas tienen un sitio asegurado.

Pero volviendo a la película, las imágenes que acompañan a los créditos iniciales demuestran el nivel de dejadez por parte de los gobiernos. Una llamada de teléfono alerta de un barco de inmigrantes que está a punto de hundirse. Reclaman ayuda a los países costeros pero nadie quiere hacerse cargo. Mientras la patata caliente pasa de mano en mano, el barco se hunde. ¿Pasa algo? ¿Algún gobierno se da golpes de pecho? No. Son solo inmigrantes. 

Mediterráneo da una primera bofetada con la mano abierta pero también señala con el dedo a las mafias que se dedican a organizar viajes suicidas, aprovechándose del hilo de esperanza de tantos hombres, mujeres y niños. Familias enteras se despojan de lo poco que tienen con tal de cruzar hacia el otro lado. Los que consiguen llegar, ¿qué será de ellos? Dependerá si se les considera refugiados o inmigrantes ilegales. Hay una gran diferencia que queda debidamente explicada en la película. Os prometo que aluciné. La política exterior debe estar muy mal articulada si la gente tiene que cometer locuras para conseguir algo a lo que aferrarse. Y si se les considera refugiados pasaran a un centro, donde se hacinan en barracas, tiendas de campañas o pequeños refugios hechos con cualquier material. No hay agua corriente, no hay saneamiento. Solo más miseria y pésimas condiciones de vida. 

Si os digo la verdad, Mediterráneo me ha gustado tanto que se me ha quedado corta. El drama que viven estos inmigrantes requiere una mayor profundidad, un drama que también viene representado por una subtrama de la que mejor no os cuento nada. También se me ha quedado corta la narración sobre la labor desempeñada por Óscar Camps y su equipo en ese año de 2015, momento en el que se ubica la acción. Me sentía tan dentro de la película que ansiaba saber más. Como también me ha parecido poco la indagación que se hace en la vida personal de los personajes. A ello voy. 

Personajes e interpretaciones

Óscar Camps es un hombre obsesionado por la vida y la muerte, por la fina línea que separa un corazón palpitante de unos pulmones inundados de agua salada. Se siente como David luchando contra Goliat. Sus escasos medios son un grano de arena en semejante desierto marítimo. Por eso desespera. Por eso se mesa los cabellos tratando de buscar una solución a un problema que se le escapa. Pero no ceja en su empeño. Si salva a una sola persona de morir ahogada bien habrá valido su estancia en Grecia y ese dinero de su bolsillo que usa para sobornar a quien haga falta, con tal de ayudar a los más desfavorecidos. 

Camps también tiene vida personal. Junto a él está su hija. La joven Esther (Anna Castillo) trabaja en Pro-Activa porque es una mujer tan comprometida como su padre. Solo que Óscar trata de apartarla de las labores de rescate porque el mar es traicionero y en un visto y no visto, te engulle. Él sabe de lo que habla porque lo ha visto mil veces. Pero la relación entre padre e hija tiene aristas. Algo ocurrió en el pasado, algo que obliga a Camps a apartar el alcohol de su vida. Lo que pasó no queda nítidamente explicado. Se intuye pero no se ahonda. Y a mí me hubiera gustado saber más. A lo largo de la cinta, iremos viendo cómo esta relación evoluciona, cómo la gesta de Camps en aguas del Mediterráneo permite un acercamiento entre padre e hija.

Eduard Fernández es un señor actor. A pesar de que recurre a ese lenguaje gestual que le caracteriza y que lo aplica en cualquier papel, cómico o dramático, es un actor que siempre me convence. Hace suya la desesperación de su personaje, su empuje, su capacidad de entrega, su condición de ser humano. Su personaje y su interpretación es lo que da fuerza a esta película. 

Por otro lado, también está muy desdibujada la parte más íntima de Gerard. Acaba de ser padre y se queja del poco tiempo que la crianza le deja. Llantos, horarios imposibles, noches en vela. Casi que prefiere estar en el trabajo. Pero cuando se marcha con Camps a Lesbos tiene que dejar atrás a ese hijo que aprenderá a dar sus primeros pasos lejos de su padre. Esa nostalgia por el hogar, ese amor por la familia que está a tantos kilómetros se explota poco en este largometraje, y prácticamente es algo tan anecdótico que, si se hubiera suprimido,  no hubiera afectado al desarrollo de la historia. 

A Gerard le da vida Dani Rovira. No me parece un trabajo inolvidable.

Y habrá otros personajes, como un fotógrafo encargado de inmortalizar la labor de Camps y su gente. Un fotógrafo que, con posterioridad, fue galardonado. Como se nos explicará en los créditos finales.

Otras cuestiones 



Con una música preciosa (por favor, no dejad de escuchar la canción Te espera el mar en la voz de la cordobesa Maria José Llergo) y una fotografía aún más bella, Mediterráneo ha hecho replantearme mis jornadas playeras. Una, a la que le gusta tanto el mar, que se mete en el Atlántico y el Mediterráneo, preocupada únicamente por la temperatura del agua, porque una ola no la coja desprevenida, confiesa que jamás ha mirado esas aguas con los ojos de los inmigrantes. Una, que pasea ociosamente por la orilla, jamás ha mirado al horizonte pensando que quizá venga de camino una patera llena de miedo, hambre, desesperación y un hálito de esperanza. Una, que recientemente ha visto una de estas embarcaciones sobre las arenas de Caños de Meca (Cádiz), que se ha asomado y ha comprobado la profundidad del bote, calibrando la cantidad de personas que cabrían en su interior, se ha dado media vuelta y se ha marchado a tomarse una cerveza fresquita en el chiringuito cercano. Pero Mediterráneo ha conseguido que deje de preocuparme por la temperatura del agua, por un golpe de mar, por contemplar las embarcaciones de recreo. Creo que después de ver esta película, con imágenes que sobrecogen, jamás volveré a mirar el mar con los mismos ojos. No, ya no.


«Dejar morir a alguien en el mar es un crimen. Estamos convirtiendo el Mediterráneo en una fosa común».



 

Tráiler:



miércoles, 20 de abril de 2016

OCHO APELLIDOS CATALANES (COMEDIA - 2015).


Año: 2015

Nacionalidad: Española.

Director: Emilio Martínez-Lázaro.

Reparto: Dani Rovira, Clara Lago, Karra Elejalde, Carmen Machi, Berto Romero, Belén Cuesta, Rosa María Sardá, Alfonso Sánchez, Alberto López y Agustín Jiménez.

Género: Comedia.

Sinopsis: Las alarmas de Koldo se encienden cuando se entera de que su hija Amaia, tras romper con Rafa, se ha enamorado de un catalán. Decide entonces poner rumbo a Sevilla para convencer a Rafa de que lo acompañe a Cataluña para rescatar a Amaia de los brazos del joven y de su ambiente. Secuela de "Ocho apellidos vascos".



[Información facilitada por Filmaffinity]



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Ocho apellidos vascos fue un bombazo. Esto no lo puede nadie negar. Llegó a las salas de cine y lo petó. Yo me resistí lo mío porque tanto bombo y platillo me hacía recelar pero al final sucumbí y el resultado fue una película que me hizo pasarlo bien pero de la que esperaba más (malditas expectativas). Y aún no se había pasado la fiebre vasca cuando ya anunciaban la catalana. La gente lo celebró. Yo me alegré, por qué no decirlo, pero a un tiempo me eché a temblar. Dice el refrán, y yo soy muy refranera, que «Segundas partes nunca fueron buenas» y para mí es una máxima que generalmente se cumple pero para hablar hay que catar, así que, en su día me fui al cine a ver esta secuela. No salí muy contenta. Si Ocho apellidos vascos me hizo pasar un rato divertido con algunos gags bastante bien planteados y unas situaciones cómicas que me hacían soltar una carcajada de vez en cuando, Ocho apellidos catalanes no dejaba de ser una secuela de calidad inferior. Me reservé mi opinión. Pero hete ahí que la volví a ver en DVD y aunque mis impresiones no han cambiado radicalmente sí he de confesar que han mejorado ligeramente. Será que ya sabía con lo que me iba a enfrentar y mi cuerpo acogió la cinta de otro modo.
Si la anterior acabó con el «Love is in the air», es decir, con un par de parejas de tortolitos - Rafa y Amaia por un lado y Koldo y Merce por otro - Ocho apellidos catalanes arranca con «Se nos rompió el amor». Tras un año más o menos, cada uno está por un lado. Rafa ha regresado al hogar. Vuelve a ser el camarero sevillano pijo, saleroso y con ganas de llevarse a una turista a la cama, pero su corazón roto le impide levantar definitivamente cabeza. Amaia, su vasca, aún le pesa en el alma y no podrá sacársela de la cabeza. Aunque él lo negará, sus amigos Joaquín y Curro lo conocen bien y saben que Rafa lo está pasando mal.

Por otro lado, Koldo también regresa al hogar, a Argoitia, después de haber estado embarcado durante meses y de haber dejado sobre la mesa las migas que Merche le había preparado. El recibimiento será frío pero lo que más le escocerá a este marinero es enterarse de que su hija piensa casarse con un catalán. Si ya accedió a que su txiki se emparejara con un sevillano, consentir que entremezcle su sangre con un catalán sería ya inconcebible. Demasiada tolerancia para él. Así que ideará un plan, interrumpir esa boda por un lado y reconquistar a Merche, y para ello necesitará la ayuda de Rafa. Volverán a juntarse todos para construir una nueva trama llena de situaciones divertidasmalentendidos, escenas .... Ese será el núcleo de la película.

Es innegable que Ocho apellidos catalanes tiene sus golpes de humor. Se vuelven a exagerar las formas, y en esta ocasión a tres bandas -andaluza, vasca y catalana- y gran parte de la hilaridad de la cinta recae en esos tópicos que ya sirvieron de sustento en la anterior. Ese andaluz del miarma en la boca a cada instante, saleroso y simpático, o el vasco que se caracteriza por su frialdad, la incapacidad de manifestar sus emociones o su brutalidad y como nueva incorporación, el catalán que ensalza la supremacía de su tierra y no deja de dar la lata con tanta independencia. No creo que haya que molestarse en ningún caso, aunque, en el terreno andaluz, que es el que a mí me toca más de cerca, me chocó una escena simulando la salida de una cofradía. Como no deja de ser una recreación le faltaba verosimilitud pero esto es una película y se entiende que montar una cofradía para un minuto de metraje iba a ser excesivamente caro. No sé si a los catalanes os ha parecido bien la aparición de los castellers o la fiesta de la calçotada que también sale en la peli. Ya me diréis.

A mi juicio son estas cuestiones menores pero no lo es tanto que el argumento vuelva a tirar de escenas ya vistas. Me refiero al planteamiento de dos o tres situaciones idénticas a algunas que ya aparecieron en la versión vasca, por llamarla de otro modo. No creo que sea válido repetir el chiste porque, como suele ocurrir, cuando te lo cuentan por segunda vez pierde chispa y ya no es tan divertido. Al margen de que la reiteración me parece una falta de originalidad y carencia de nuevas ideas. 

Si pasamos al plano interpretativo, el trabajo de los actores en esta nueva entrega va en la misma línea que ya comenté en la anterior. En líneas generales me han gustado mucho. El tandem Dani Rovira y Clara Lago sigue funcionando bien, cada uno en su papel. Por su parte, Carmen Machi sigue estando muy correcta, al igual que la pareja formada por Alfonso Sánchez y Alberto López, aunque yo tengo más devoción por este último. Pero, por encima de todos ellos, yo sigo quedándome, a todas luces, con Karra Elejalde, ¡qué grande es! 





Pero dado que la acción se traslada a Cataluña, habrá nuevos personajes. Por un lado la señora Roser, una mujer catalana de 84 años, muy considerada en su pueblo, dueña de una preciosa masía en la que prácticamente vive recluida y que cree que Cataluña ya es independiente y primera potencia mundial. A este personaje le da vida Rosa María Sardá aportando un estupendo deje a sus diálogos. Lo hace magníficamente la verdad y eso que su salud andaba un tanto resentida. A su vez, y con sangre catalana también, Berto Romero en el papel de Pau, el nieto de Roser. Se trata de un joven artista, un hispter muy bien caracterizado con un karma espectacular que todo lo puede. Con una filosofía de vida muy flow, Berto se mete en la piel de un tipo al que se le coge manía, algo que se entiende como premeditado pero que no deja de resultar odioso.

Y como última adquisición en el bando catalán, también está Belén Cuesta, la wedding planner que lleva por nombre Judith, y que no sabrá qué más hacer para hacerse visible ante los ojos del que está enamorada. A pesar de ser un personaje con menos protagonismo que los demás, sin llegar a secundario, tiene una historia detrás muy divertida. Su papel me ha parecido un acierto y me ha sorprendido gratamente.

miércoles, 14 de mayo de 2014

OCHO APELLIDOS VASCOS (COMEDIA - 2014)

Ocho apellidos vascos

Año: 2014.

Nacionalidad: Española.

Director: Emilio Martínez Lázaro.

Reparto: Dani Rovira, Clara Lago, Carmen Machi, Karra Elejalde, Alfonso Sánchez, Alberto López, Aitor Mazo, Lander Otaola.

Género: Comedia Romántica.

Sinopsis: Rafa (Dani Rovira) es un joven señorito andaluz que no ha tenido que salir jamás de su Sevilla natal para conseguir lo único que le importa en la vida: el fino, la gomina, el Betis y las mujeres. Todo cambia cuando conoce a una mujer que se resiste a sus encantos: es Amaya (Clara Lago), una chica vasca. Decidido a conquistarla, se traslada a un pueblo de las Vascongadas, donde se hace pasar por vasco para vencer su resistencia. Adopta el nombre de Antxon y varios apellidos vascos: Arguiñano, Igartiburu, Erentxun, Gabilondo, Urdangarin, Otegi, Zubizarreta e incluso Clemente.


[Información facilitada por Filmaffinity]




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Recuerdo que cuando empezaron a anunciar esta película en televisión me sorprendió la anticipación. Si no me equivoco fue allá por enero y aún faltaban dos meses para su estreno en los cines. El trailer prometía una película muy divertida, con buenos golpes de humor pero, en ocasiones, los trailers suelen destripar tanto las comedias que cuando las ves en el cine resulta que ya has visto lo mejor. En este caso, Ocho apellidos vascos contaba además con la presencia de Alfonso Sánchez y Alberto López, dos actores, productores, directores muy conocidos en Sevilla, que habían empezado haciendo sus pinitos con pequeños sketchs que colgaban en Youtube con miles y miles de visitas. Tras comprobar la aceptación entre el público y hacer algún que otro espectáculo en bares de copas, se lanzaron al cine con la película El mundo es nuestro. Todo esto me quedaba muy cerca. Alberto López es (o era) vecino mío y en más de una ocasión coincidí con él en la misma cola del super y la película El mundo es nuestro se rodó íntegramente a escasos metros de mi casa. Aún así, que anuncien una película con tanta anticipación me sonaba extraño y pensé que estaban jugando con las expectativas del público. 

Llegó el día del estreno y las salas se llenaron. Habían dado el gran campanazo. Todo el mundo me contaba lo divertida que era, lo que se habían reído, lo bien que lo habían pasado. Yo aún no me había decidido a verla pero sabía que tarde o temprano lo haría. Y aprovechando uno de eso miércoles de cine rebajado me dispuse a ello.

Rafael Quirós (Dani Rovira) es sevillano, de gomina en el pelo, polo de marca, bético hasta la médula, fan de Los de Río y amante de su tierra («Como Sevilla no hay ná», que diría él).



Por su parte Amaia (Clara Lago) es una joven vasca cuyas amigas le hacen la jugada de su vida. Le han organizado una despedida de soltera en el lugar de la tierra que más aborrece, Andalucía. Para colmo la han vestido de flamenca y la han llevado a un tablao para celebrar la pérdida de su soltería algo que no ocurrirá porque el novio, Antxón, ha roto con ella y de lo dicho nada de nada. 

Dos polos totalmente opuestos, no solo en carácter y personalidad sino también en situación geográfica. Pero un breve altercado tras unos chistes algo desafortunados y unas cuantas copas de rebujito consiguen que Amaia termine en casa de Rafa. Cuatro besos, dos achuchones y a dormir. Sin embargo, el amor entra en escena, al menos entra en la vida de Rafa que se queda prendado de la cenicienta vasca que huye sin decir ni pío a las claritas del día, dejando atrás su bolso con toda la documentación. 

Rafa se nos ha enamorado y sin el beneplácito de sus dos amigos, Curro (Alfonso Sánchez) y Joaquín (Alberto López), marcha a Argoitia (Guipúzcoa) para devolverle a Amaia sus pertenencias. Lo que allí le ocurrirá es el cuerpo de este largometraje. Una comedia de enredo con un constante tira y afloja que nos hará disfrutar. Una sucesión de gags, algunos más brillantes que otros, que desentumecerán nuestra mandíbula con risas y sonrisas. Una madre postiza, Merche (Carmen Machi), un suegro marinero y un tanto bruto, Koldo (Karra Elejalde), un grupo de radicales, un par de ertzaintzas,... mucha simpatía y ocho apellidos vascos: Gabilondo, Urdangarin, Zubizarreta, Arguiñano Igartiburu, Erentxun, Otegi y Clemente. Bueno, lo de Clemente está por ver. 

Ocho apellidos vascos juega mucho con la dualidad, con la contraposición de caracteres, de estilos de vida, de forma de pensar, de modo de vestir,... y con muchísimos tópicos. Ni todo sevillano es como se presenta, ni tampoco lo es todo vasco, pero eso sí, desde siempre, tanto unos como otros, hemos tenido colgando varias etiquetas. En cualquier caso, no debe haber ofensa ni molestia alguna porque esta película está hecha con humor y desde el humor. Interpretarla de otro modo sería, a mi juicio, un estúpido error. Otra cosa es que no te haga gracia los gags o que las situaciones no te parezcan divertidas. Eso es distinto. 

En cuanto al reparto, caras conocidas. A Dani Rovira lo sigo en la serie B & B, junto a Belén Rueda, Gonzalo de Castro y Fran Perea entre otros. Me gusta mucho este malagueño. Me parece natural, fresco, espontáneo y sencillo. Tanto en esta película como en la serie interpreta el papel de tontorrón simpático al que se le coge cariño inmediatamente y aunque lo hace tremendamente bien, espero que no se encasille. 

Clara Lago también me suele gustar. Creo que es una mujer camaleónica que puede dar más de sí. La he visto bien haciendo de niña pija o de más macarra, como es el caso de esta película. Lo que ocurre es que su compañero Dani la eclipsa un pelín, muy ligeramente,  porque sobre él recae la parte más cómica del guión y eso es una baza con la que él juega. En cualquier caso, hacen buena pareja que funciona bastante bien para los planteamientos del guión.

Karra Elejalde, para mí un gran actor. He visto muchos de sus trabajos y no recuerdo decepción ninguna. Habrá papeles que me hayan gustado más que otros pero desde Vacas (1992) junto con Carmelo Gómez con el que ya repitió en Días contados (1994), pasando por Airbag (1996), Los sin nombre (1999), Novios (1999), Año Mariano (2000), Marujas asesinas (2001), Nos miran (2002),... y otras tantas lo he visto tanto en papeles más serios como en otros más cómicos y lo visto hasta ahora me gusta. En esta ocasión, Elejalde interpreta a un padre sorprendido de que su hija haya retomado el contacto con él después de seis años de desconexión. La alegría que siente se desborda hasta el extremo de querer controlarlo todo y recuperar el tiempo perdido. Me he divertido mucho con sus textos.

En cuanto a Carmen Machi, ¿qué decir? No sé si la crítica la considerará una buena actriz o no pero a mí me gusta su trabajo. Lo paso bien viéndola tanto en la pequeña como en la gran pantalla y con eso me basta.

Sobre el dúo sevillano, Alberto López te arranca una sonrisa nada más asomar en escena y es que él le ha puesto siempre mucha pasión a todos sus textos. Sin embargo Alfonso Sánchez no me ha terminado de convencer. 

Otro detalle a destacar son los paisajes. Nada más que con las escenas aéreas de Sevilla que acompañan los créditos la balanza se inclina positivamente pero es que además, todo los paisajes del norte son preciosos. Los pequeños pueblos con sus pequeñas plazas, el mar, las playas, los montes verdes, las recónditas ermitas,... Siempre queremos aquello que no tenemos. Me gusta mi tierra pero si tuviera que abandonarla algún día sin pensarlo me iría al norte. Soy una enamorada de la cornisa cantábrica.

Las localizaciones de Ocho apellidos vascos se mueven entre Sevilla y las localidades de Getaria, Zarautz, Leitza, Zumaia y la playa de Itzurun, por citar algunas. Preciosos parajes con los que dan ganas de hacer las maletas y alejarse del calor infernal que ya comenzamos a sentir aquí. 

Antes de concluir esta reseña y dejaros mi puntuación, me gustaría comentar algo que no suelo pasar por alto en las películas. Suelo ser muy puntillosa cuando me siento a ver cine y si veo algo que no encaja con el sentido común lo critico. En este caso se producen algunas situaciones que no tienen mucha lógica pero no me quiero poner tiquismiquis. La película me ha hecho pasar un buen rato y aunque es cierto que esperaba algo más (fruto de las altas expectativas con las que me enfrenté a ella), no puedo negar que me he reído. He escuchado todo tipo de opiniones. Desde gente que la ensalzan y te incitan a verla como si no hubiera un mañana, a otros que se han sentido totalmente decepcionados. Yo no me posiciono ni en un extremo ni en el otro. Para mí, Ocho apellidos vascos es una película divertida, con sus golpes de humor que te harán reír, con un elenco de actores y actrices que lo hacen bien. Sin rasgarme las vestiduras, la recomendaría. 

Así que mi puntuación es:




Ah... y ya está prevista Ocho apellidos catalanes.

Trailer:






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