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lunes, 22 de mayo de 2017

CUANDO APARECEN LOS HOMBRES de Marian Izaguirre.

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Editorial: Lumen.
Fecha publicación: febrero, 2017
Precio: 21,90 €
Género: Narrativa.
Nª Páginas: 392
Edición: Tapa blando con solapas.
ISBN: 9788426404060
[Disponible en ePub;
puedes empezar a leer aquí]

Autora


Marian Izaguirre nació en Bilbao y reside en Madrid. En 1991 vio la luz La vida elíptica, obra con la que obtuvo el histórico Premio Sésamo. Desde entonces ha publicado un ensayo, Las damas de Shanghai. En busca de Doris Lessing (2013), y seis novelas más: Para toda la vida (1991), El ópalo y la serpiente (1996, Premio Andalucía de Novela), La Bolivia (2003, Premio Salvador García Aguilar), El león dormido (publicado inicialmente en 2005 y reeditado en 2015 por la editorial Lumen), La parte de los ángeles (2011, Premio Ateneo de Valladolid), La vida cuando era nuestra (2013) y Los pasos que nos separan (2014). Es también autora del libro de relatos La reina de Chipre, publicado originalmente bajo el título Nadie es la patria, ni siquiera el tiempo (1999, Premio Caja España). Cuando aparecen los hombres es su novela más reciente.

Sinopsis

Si veis a un hombre mayor haciendo preguntas indiscretas, que nadie se sorprenda. Su nombre es Philippe, y hace años era maestro de esgrima en Perpiñán. Ahora dedica su tiempo a una búsqueda que se ha vuelto obsesiva: quiere saber qué fue de Teresa Mendieta, una alumna muy hábil con el florete, pero torpe a la hora de gobernar sus sentimientos.

Philippe investiga, y poco a poco va entregando al lector un retrato de Teresa en que los datos reales y la imaginación van de la mano: esa mujer hermosa y distante vivía sola en un caserón cerca de la Costa Brava; por su mente desfilaban los días de infancia al lado de su madre Ángela, un ser hermoso y siempre dispuesto para el amor, y en un armario escondía una vieja caja de dulce de membrillo llena de cartas y recetas escritas a principios del siglo XX por una pariente lejana de nombre Elizabeth.

¿Dónde está ahora Teresa? Es fácil imaginarla cabizbaja, leyendo esas viejas cartas de Elizabeth, recordando a Ángela y sus locuras, pero hay un nudo oscuro que une a estas tres mujeres, y solo lo soltaremos cuando esta espléndida novela de Marian Izaguirre llegue a su punto final.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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Desde el mes de marzo tenía pendiente la reseña de la nueva novela de Marian Izaguirre, con quien estuvimos charlando hace unos meses cuando visitó Sevilla (puedes leer la entrevista aquí). La intención de publicar mis sensaciones tras la lectura lleva acompañándome todo este tiempo pero hasta este día no he encontrado el momento para ponerme a ello. De hecho, viendo cómo pasaban los días, he llegado a dudar si me saldría una reseña más o menos aceptable y que fuera fiel a mis impresiones pero ha bastado con leer los apuntes que tomé durante la lectura para volver a recrear la trama en mi mente y ahora me alegro de no haber abandonado mi idea pues sin duda, Cuando aparecen los hombres es una novela que ha gustado y por ende, tengo que recomendar.

Cuando aparecen los hombres es de esas historias que se adentran en las familias y llega hasta el tuétano familiar, o hasta las cocinas, como se suele decir, y nunca mejor dicho en este caso. Luego os explicaré por qué. Construida en dos hilos temporales y argumentales, Izaguirre vertebra el eje de la trama alrededor de dos mujeres. Por un lado Teresa Mendienta y por otro Elizabeth Babel, dos mujeres que han vivido en dos épocas distintas, que proceden de dos culturas distintas y que aparentemente no tienen ningún tipo de vinculación salvo una vieja casa. No obstante, la vida despliega sus tentáculos hasta mucho más lejos de lo que imaginamos, enredando unas historias con otras y enlazando unos personajes con otros, de tal manera que todo irá encajando poco a poco, a modo de puzle, mientras avanzamos en la lectura.

En la actualidad Teresa Mendieta es una mujer de mediana edad que se ve obligada a cerrar temporalmente su negocio, un hotel en Port de l'Alba, situado en el noreste de España. La crisis no solo muerde a las personas de carne y hueso, sino que traspasa los límites de la ficción y por eso, sin un solo cliente, Teresa decide dar carpetazo al negocio por un tiempo. Después de despedir a sus empleados, opta por permanecer en el hotel una temporada, abandonarse al recuerdo, ordenar sus pensamientos e intentar dilucidar qué hacer con su vida. Serán días de pasear por la vieja y solitaria casa, visitar a algunos amigos de la zona, rememorar el pasado, pero también descubrirá una nueva vida y conocerá a nuevos personajes que darán a la novela su punto de suspense.

Por otro lado, Izaguirre hará viajar al lector a principios del siglo XX para conocer a Elizabeth Babel. Es una joven de origen inglés que, tras la muerte de su padre, ve cómo su madre vuelve a contraer matrimonio. Su padrastro tiene dos hijos -Pye y Gertrude-, y junto a ellos se trasladará al norte de España para instalarse en lo que ella llega a definir como la Casa de los Cuatro Relojes. La idea de empezar una nueva vida con una nueva familia no hace mucha gracia a Elizabeth inicialmente, especialmente porque ella se siente diferente a los demás. Sordomuda de nacimiento, Elizabeth se mueve en un mundo lleno de sonidos que ella no alcanza a oír. Sin embargo, con el paso del tiempo, se irá acostumbrando a su nueva vida ya su nueva familia.

En la manera en la que los hilos argumentales confluyen en un punto tendrá mucho que ver una vieja lata de membrillo La Tropical, una caja que encierra toda una vida narrada en las cartas que Elizabeth fue escribiendo año tras año. Desde diciembre de 1915 y que llegan hasta la II Guerra Mundial, las cartas que lee Teresa y que han permanecido guardadas en esta lata serán el vehículo a través del cual el lector conocerá la vida de Elizabeth, como la llegada a la Casa de los Cuatro Relojes, su relación con su madre, su padrastro o sus hermanastros,... Y por su parte, entre carta y carta, Teresa nos irá desvelando cómo transcurre su día a día, en qué emplea las horas de su tiempo o con quién se relaciona. Pero todo esto será en la primera parte de la novela puesto que, el segundo bloque constituye toda una explosión argumental, un apabullante giro provocado por la desaparición de un personaje que hará virar en otra dirección la trama de la novela.

Bajo mi punto de vista Cuando aparecen los hombres es una novela que a su vez contiene dos, o una dentro de otra. Cuando el lector anda transitando por unas aguas más o menos tranquilas, con dominio de la situación en la primera parte, de repente, algo lo atrapa y lo hunde en las profundidades del océano en la segunda. Los acontecimientos se precipitan hasta tal punto que suponen un auténtico gancho de derecha para el lector. Y lo más brillante no es solo los giros que se producen sino la aparición de un narrador del que prácticamente nos habíamos olvidado y cuya identidad no pienso desvelar. Esta nueva voz será la encargada de colocarnos ante el personaje de Teresa para que la veamos desde fuera, desde otro ángulo, y sepamos mucho más de ella que lo que ella nos ha contado de sí misma.

Y así, poco a poco, lo que parecía una saga familiar se va tornando prácticamente en una novela de misterio - de ahí que antes mencionara que parece dos novelas en una- hasta llegar a un desenlace que a mí me ha resultado esperanzador, que deja una puerta abierta por la que el tormento pueda salir huyendo.
Sobre los personajes.

jueves, 23 de marzo de 2017

ENTREVISTA a MARIAN IZAGUIRRE (Cuando aparecen los hombres).

Resultado de imagen de marian izaguirreAutora


Marian Izaguirre nació en Bilbao y reside en Madrid. En 1991 vio la luz La vida elíptica, obra con la que obtuvo el histórico Premio Sésamo. Desde entonces ha publicado un ensayo, Las damas de Shanghai. En busca de Doris Lessing (2013), y seis novelas más: Para toda la vida (1991), El ópalo y la serpiente (1996, Premio Andalucía de Novela), La Bolivia (2003, Premio Salvador García Aguilar), El león dormido (publicado inicialmente en 2005 y reeditado en 2015 por la editorial Lumen), La parte de los ángeles (2011, Premio Ateneo de Valladolid), La vida cuando era nuestra (2013) y Los pasos que nos separan (2014). Es también autora del libro de relatos La reina de Chipre, publicado originalmente bajo el título Nadie es la patria, ni siquiera el tiempo (1999, Premio Caja España). Cuando aparecen los hombres es su novela más reciente.

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Si veis a un hombre mayor haciendo preguntas indiscretas, que nadie se sorprenda. Su nombre es Philippe, y hace años era maestro de esgrima en Perpiñán. Ahora dedica su tiempo a una búsqueda que se ha vuelto obsesiva: quiere saber qué fue de Teresa Mendieta, una alumna muy hábil con el florete, pero torpe a la hora de gobernar sus sentimientos.



Philippe investiga, y poco a poco va entregando al lector un retrato de Teresa en que los datos reales y la imaginación van de la mano: esa mujer hermosa y distante vivía sola en un caserón cerca de la Costa Brava; por su mente desfilaban los días de infancia al lado de su madre Ángela, un ser hermoso y siempre dispuesto para el amor, y en un armario escondía una vieja caja de dulce de membrillo llena de cartas y recetas escritas a principios del siglo XX por una pariente lejana de nombre Elizabeth.

¿Dónde está ahora Teresa? Es fácil imaginarla cabizbaja, leyendo esas viejas cartas de Elizabeth, recordando a Ángela y sus locuras, pero hay un nudo oscuro que une a estas tres mujeres, y solo lo soltaremos cuando esta espléndida novela de Marian Izaguirre llegue a su punto final.



[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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Marian Izaguirre es una autora a la que todos conocemos. No en vano ya lleva publicadas unas cuantas novelas, de las que yo solo he leído dos, y las dos las he disfrutado. La autora, nos visitó la semana pasada porque venía a presentar Cuando aparecen los hombres en la librería Yerma pero, un ratito antes, tuvimos la oportunidad de sentarnos a charlar para comentar algunos detalles de esta saga familiar que estoy segura que os va a gustar a todos. Esto es lo que Marian nos contó.


Marisa G.- Marian en su día me leí La vida cuando era nuestra, una novela que me gustó mucho, tanto como esta última. Hablando con otros lectores que han leído novelas tuyas, prácticamente todos coinciden en que tus novelas enganchan. ¿Qué tienen tus novelas para gustar tanto?

Marian I.- No lo sé. Es una pregunta muy difícil para empezar, ¿eh? (risas). Intento combinar un pensamiento profundo con una manera fácil de hacérselo llegar a los demás. Procuro que ese mensaje que quiero transmitir sea lo menos engolado posible, lo más transparente, que la forma no me distraiga del contenido. Creo que son novelas para leerlas, cerrarlas y pensar un rato en ellas. 

M.G.- Solo he leído estas dos novelas tuyas que menciono. En La vida cuando era nuestra narrabas la vida de varias personas y en esta también. No sé si ese es tu sello personal, quiero decir, contar historias corales.

M.I.- Sí, por regla general sí, pero no sabría decirte si es sello personal o preocupación principal. Lo que pretendo es borrar los límites del tiempo y borrar también las distancias espaciales. Quiero dejar claro que las personas no estamos solas, no tenemos límites precisos y que lo que ocurrió antes, o mientras tanto, forma parte también de nuestro presente, de nosotros mismos.

En esta novela la identidad de Teresa Mendieta que es la protagonista principal, depende también de un tiempo pasado, de una persona que vivió mucho tiempo atrás, de Elizabeth Babel, que vivió cien años antes que Teresa. Teresa también es todo lo que los demás saben de ella u opinan de ella, o los trozos con los que los demás recomponen su identidad. 

M.G.- ¿Marian cuál es el germen de esta novela?

M.I.- Nace de varios sitios a la vez. Es mucho más agradable para  una entrevista o para una presentación decir que esta es la historia de mi familia... No, no es el caso. Yo quería hablar del tema de la identidad fundamentalmente, de cómo se construye, y también quería saber qué pasa con nuestra identidad cuando no estamos, cuando dejamos un hueco, bien porque nos hayamos ido o porque nos hayamos muerto... ¿Qué pasa con esa identidad que vas construyendo a lo largo de toda la vida? Eso es lo que quiero abordar en la novela.

M.G.- ¿Pero tú cómo definirías la trama? ¿Qué le contarías a un lector que desea leerla?


M.I.-  Le diría que es una novela que discurre a lo largo de cien años y que trata sobre la vida de tres mujeres. Dos son protagonistas y otra es un personaje secundario pero totalmente presente, de la que todos hablan aunque ella no pronuncie palabra en la novela. Esas tres épocas en las que discurre esta novela sería el principio del siglo XX, los años 60 y luego la primera parte del siglo XXI. 

M.G.- Tres mujeres efectivamente como bien mencionas. Elizabeth que vive en ese principio del siglo XX, luego estaría Ángela en los años 60 y la hija de esta, Teresa. Pero, los personajes más poderosos son Elizabeth y Teresa. ¿En qué se diferencian o en qué se parecen estas dos mujeres?

M.I.- Se parecen demasiado para ser dos personas que no se han conocido y que han vivido con cien años de distancia. Son lo que se suele llamar almas gemelas de forma incomprensible. Son niñas despiertas, niñas solitarias, niñas valientes, singulares, con una extraña manera de afrontar la vida y las dos tienen un gran descalabro emocional justo al final de la adolescencia y en la primera juventud. Y se diferencian en la voz. Elizabeth es sorda de nacimiento y por lo tanto muda, no puede hablar pero es el personaje que mejor se comunica con el lector a lo largo de toda la novela porque se escribe cartas así misma y en esas cartas no solo cuenta lo que le pasa sino cómo se siente. Para el lector y para mí como autora, Elizabeth tiene una voz super potente. 

Teresa tiene su voz en perfecto estado y sin embargo es muda emocional porque no consigue contar ni transmitir lo que le pasa ni por qué le pasa, ni lo que malogró  su camino, de ahí que guarde secretos.

M.G.- Elizabeth como bien dices es sorda y esa peculiaridad te permite contarnos cómo se trataba a estas personas en aquella época. Nos hablas de las técnicas empleadas y de un instituto catalán que ayudaba a estas personas a empezar a hablar. 

M.I.- Bueno, esto realmente es anecdótico pero contribuye a crear al personaje. No se puede hablar de una época y de una problemática sin situarla históricamente. Esto es algo que a mí me divierte mucho, todo lo que es la documentación de una novela.

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