Mostrando entradas con la etiqueta CATEDRALES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CATEDRALES. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de abril de 2021

CATEDRALES de Claudia Piñeiro

Editorial: Alfaguara
Fecha publicación: noviembre, 2020
Precio: 17,95 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 336
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788420455594
[Disponible en eBook  y Audiolibro;
puedes leer aquí]

Autora

Claudia Piñeiro nació en el Gran Buenos Aires en 1960. Es escritora, dramaturga, guionista de televisión y colaboradora de distintos medios gráficos. Ha publicado con Alfaguara las novelas Las viudas de los jueves (2005), que recibió el Premio Clarín de Novela 2005; Elena sabe (2007), Premio LiBeraturpreis 2010; Tuya (2008); Las grietas de Jara (2009), Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2010; Betibú, (2011); Un comunista en calzoncillos (2013); Una suerte pequeña  (2015) y Las maldiciones (2017), además de relatos para niños y obras de teatro. En 2008, Alfaguara publicó un volumen de cuentos reunidos, Quién no. Por su obra literaria, teatral y periodística, ha obtenido diversos premios nacionales e internacionales, como el Premio Pepe Carvalho del Festival Barcelona Negra y el XII Premio Rosalía de Castro del PEN (Club de Poetas, Ensayistas y Narradores de Galicia). Varias de sus novelas han sido llevadas al cine. Es una de las escritoras argentinas más traducidas a otros idiomas, lo que hace que sus libros sean leídos y disfrutados por miles de lectores en todo el mundo. 

Sinopsis

Hace treinta años, en un terreno baldío de un barrio tranquilo de Buenos Aires, apareció descuartizado y quemado el cadáver de una adolescente. La investigación se cerró sin culpables y su familia -de clase media educada, formal y católica— silenciosamente se fue resquebrajando. Pero, pasado ese largo tiempo, la verdad oculta saldrá a la luz gracias al persistente amor del padre de la víctima.

Esa verdad mostrará con crudeza lo que se esconde detrás de las apariencias; la crueldad a la que pueden llevar la obediencia y el fanatismo religioso; la complicidad de los temerosos e indiferentes, y también, la soledad y el desvalimiento de quienes se animan a seguir su propio camino, ignorando mandatos heredados.

Como en Las viudas de los jueves, en Elena sabe y en Una suerte pequeña, Claudia Piñeiro ahonda con maestría en los lazos familiares, en los prejuicios sociales y en las ideologías e instituciones que marcan los mundos privados, y nos entrega una novela conmovedora y valiente, certera como una flecha clavada en el corazón de este drama secreto.

[Información tomada directamente del ejemplar]



«La verdad que se nos niega duele hasta el último día».  Esta frase que, si no me equivoco, aparece tres veces en Catedrales, última novela de Claudia Piñero, una en la sinopsis y dos en el propio texto, es la frase que mejor define lo que nos vamos a encontrar en la última publicación de la escritora argentina. Porque, ¿quién puede vivir tranquilamente si conocer la verdad? Cuando la duda echa raíces en nuestro interior, va creciendo sin tregua, ocupándolo todo, hasta arrinconarnos.

La trama de Catedrales gira alrededor de siete personajes, todos ellos protagonistas: Lía, Mateo, Marcela, Elmer, Julián, Carmen y Alfredo. Siete personajes que ponen su propia voz al servicio de la historia, a través de seis capítulos y un epílogo. Cada uno de ellos aportará a la trama lo que está en su conocimiento, completando uno las lagunas que va dejando el otro, hasta componer el puzle de la verdad. Pero, ¿de qué trata Catedrales? Una pincelada del argumento la encuentras en la sinopsis. Partimos de un cruel asesinato, el de Ana, -hermana de Lía y Carmen, hija de Alfredo, tía de Mateo, mejor amiga de Marcela-. A todos ellos, aquella cruenta muerte los dejó marcados para siempre. Ana era tan solo una adolescente cuando su cuerpo sin vida apareció arrumbado, «en un terreno baldío de un barrio tranquilo de Buenos Aires», descuartizado y calcinado parcialmente. 


Tras la muerte de Ana, Lía rompe lazos con su familia. Dejará Argentina y se trasladará a una ciudad donde la fe y la devoción de unos dan de comer a otros. Con la única persona con la que mantiene algo de trato será con el padre, un hombre que, en ningún momento, ha arrojado la toalla y sigue tratando de averiguar qué le ocurrió a su hija. Pero el pasado nos persigue. Por mucho que queramos dejarlo atrás, el pasado siempre regresa, y treinta años después de la muerte de Ana, los acontecimientos se precipitan. A las puertas de la librería que Lía regenta, aparece su hermana Carmen. Busca la complicidad de su hermana, el apoyo, la ayuda para localizar a alguien en paradero desconocido. Y a partir de ahí, se retoman relaciones, se hacen nuevos contactos, se descubren nuevos sucesos y aparecerán unas cartas. 




¿Quién asesinó a Ana? ¿Quién tenía motivos para sesgar de cuajo una vida que comenzaba a florecer? ¿Y por qué cometer tremenda tropelía de ese modo, desmembrando su cuerpo, prendiéndole fuego? Aunque se llevó a cabo una investigación, no hubo conclusiones decisivas. El crimen quedó en un limbo, sin esclarecer, hasta que, treinta años después, la verdad sale a la luz.

Claudia Piñeiro teje una trama familiar, donde cada uno de los personajes irá desnudándose, dejándonos ver, poco a poco, qué es lo que esconde realmente en su interior, qué tipo de persona es en verdad. Esta familia está llena de secretos y de personajes son sólidos. Todos están construidos sobre robustos cimientos. Todos son complejos, con un mundo interior lleno de matices. De todos ellos, siento predilección por Carmen, y no porque sea ese típico personaje amable que conquista el corazón del lector. Si me gusta es precisamente por todo lo contario, porque es un personaje con mucha enjundia, lleno de inhóspitos rincones, claroscuros, caras y cruces. Carmen es una mujer con doble faz, la que muestra al exterior y la que saca a pasear en la intimidad familiar. Carmen es la carismática, la seductora, la manipuladora, la que habla de su felicidad, la que le encanta oírse, la que dominaba a sus hermanas de pequeña, la que se imponía por ser la mayor, pero también la que tiene ahora que tragarse su orgullo al pedir ayuda a Lía.


En cambio, Alfredo sí va a conquistar al lector. La muerte de su hija supuso un golpe tan duro para él que, desde entonces, se ha ido apagando. Aun así, en ningún momento olvida el desagravio, la ofensa, el dolor. Lo único que le queda por hacer en la tierra es descubrir la verdad sobre la muerte de Ana, así que pone medios, habla con unos y otros, escucha a todo aquel que tenga algo que contar.  Alfredo será el personaje que ponga el cierre. No puede haber un broche más perfecto que ese epílogo con el que Catedrales llega a su fin.  

¿Y qué decir de Marcela? Sufre amnesia anterógada tras la muerte de Ana. Desde entonces, no puede recordar los sucesos que han ocurrido a corto plazo. Tiene intactos aquellos que tuvieron lugar cuando su amiga murió, pero no es capaz de recordar lo que ha comido hace un solo instante. De ahí que siempre vaya acompañada de una libreta, donde va anotando todo lo que hace y con quién habla. Las limitaciones de Marcela la configuran como un personaje muy interesante. Para mí, su capítulo es uno de los más emotivos, el más bonito, construido sobre una relación de amistad inquebrantable.

Catedrales habla de muerte y dolor, pero también de hipocresía, de culpa y de remordimiento. El amor adolescente, ese tan inocente y puro que llena de ilusión, estará muy presente en esta historia. Pero, bajo mi punto de vista, la gran cuestión que se aborda en esta historia gira alrededor de la Iglesia, las creencias y la religión. En ningún momento, y bajo ningún concepto, Piñeiro cuestiona la fe de cada uno. Simplemente se limita a exponer, a través de esta novela, de qué forma una educación religiosa, y más concretamente aquella que lleva al individuo al extremo, repercute y conlleva consecuencias. Y es que dicen que los extremos siempre son malos, y es ahí donde la autora pone el ojo. En esta novela encontraremos a personas que creían y dejaron de creer, aunque lo que uno ha mamado desde pequeño seguirá reverberando para siempre. Los habrá también que se aferran a su fe como único modo de supervivencia, o como tabla de salvación, o excusa para no enfrentarse a lo que son, auténticos monstruos. La expresión «designios de Dios» sobrevuela sobre estas páginas y sirve de escudo para aquellos que no quiere ver la verdad. Por último, y muy vinculado con la Iglesia, sus dogmas y sus prohibiciones, nos asomaremos a otro asunto del que mejor no desvelo nada pero que, en el fondo, supone el verdadero motivo que provocó la muerte de Ana. 

Catedrales es una novela que me ha gustado mucho. Para empezar, me parece un acierto la manera en la que se va desmadejando el ovillo, cómo las piezas de un puzle desordenado van colocándose en su lugar, a través de los testimonios de cada uno de los personajes. Por otra parte, la trama no está exenta de suspense e intriga. De hecho, llegados al punto álgido de la historia, la angustia se instala en nuestro interior. Lo interesante de la novela no es ya averiguar quién mató a Ana, sino también cómo la joven perdió la vida, o qué dio pie a la muerte de la chica. No estamos ante un crimen propiamente dicho, motivado por una justificación -racional o irracional-, un criminal y una víctima. En esta historia juega un papel determinante otro tipo de condicionantes, que va a supeditar la muerte de la joven.

En cuanto al desenlace, el lector, a medida que va teniendo a su alcance más y más información, podrá ir sacando sus propias conclusiones, señalando a uno como culpable y a otro, como inocente. Yo también hice mis cábalas y, aunque casi al final me aproximé, lo cierto es que no acerté de lleno. Catedrales esconde muchos secretos, mentiras y excusas. Nos espera un final en el que todo cuadra, y que nos dejará atónitos. 

Como dije antes, la novela se estructura en seis capítulos y un epílogo. Cada bloque abre con una cita, estrechamente relacionado con la personalidad y el papel que juega el personaje sobre el que se centra el capítulo. Piñeiro recurre a ciertos recursos para recrear la vía a través de la cual tienen lugar algunas conversaciones o las circunstancias propias de los personajes. Por ejemplo, sorprende el empleo de los paréntesis para reproducir las lagunas en la memoria de Marcela.  


Y siendo una novela escrita por una autora argentina, con personajes argentinos y que cuenta con Buenos Aires como uno de sus escenarios, es normal que la historia esté salpicada de términos y vocablos comunes de allá. Pero, si eres asiduo a la literatura y al cine argentino, no te va a costar absolutamente nada entender qué es una remera, una bombacha o una pollera. Y si por un casual, desconoces el significado de tales palabras, bastará el contexto para comprenderlo absolutamente todo. 

Piñeiro escribe una historia en la que flota una nube de pesadumbre y nostalgia. Los sucesos transcurren a golpe de testimonio, con la calma y el sosiego que caracterizan esas conversaciones a los pies de un café. Incluso cuando llegamos a un punto más tenso de la historia, el relato transcurre sin excesiva aceleración. Catedrales engulle al lector, lo atrapa sin necesitad de un ritmo frenético.   

Poco más me queda por decir. Ahondar más en la trama y en los personajes es destruir todas las sorpresas que os esperan. Tan solo me queda recomendaros esa novela, como las otras tantas de la autora, porque tiene la capacidad de construir grandes historias dentro de la cotidianeidad más mundana. 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



martes, 16 de marzo de 2021

CLAUDIA PIÑEIRO: ❝Catedrales es una novela familiar noir❞

Recuerdo la primera vez que vi la película Las viudas de los jueves (la tienes reseñada aquí). Para ser sincera, por entonces lo desconocía todo de Claudia Piñero. Aquel largometraje me, gustó aunque advertí falta de profundidad en cuanto al tema principal. Ya sabemos que no siempre es fácil adaptar una novela a la gran pantalla. Hay que hacer una labor de reajuste y es lógico que algo se quede por el camino. Sin embargo, aquella trama me siguió dando vueltas a la cabeza durante días. ¿Qué tal si leía la novela? Y a ello me puse. Piñeiro ya no fue nunca más una desconocida para mí. Después de aquella novela, vendrían Betibú y Tuya. Tengo en la diana Las grietas de Jara y, sin embargo, no he vuelto a asomarme a ninguna otra adaptación más. Es hora de que salde esa deuda.

Claudia Piñeiro publica Catedrales y de las dimensiones de una catedral podemos tildar esta novela. La historia, llena de luces y sombras, aguarda en su interior personajes de toda índole y condición. Una familia, una muerte sin resolver, y muchas deudas pendientes. Del texto os hablaré en breve. De momento, os dejo con la entrevista.

[Fuente: web editorial]
Marisa G.- Claudia, la conocí con la película Las viudas de los jueves, pero he visto que hay más películas suyas adaptadas al cine, ¿qué opinión le merecen?

Claudia P.- Me gustan todas las adaptaciones que se hicieron. Tengo una ventaja sobre el resto de escritores, y es que además soy guionista, así que entiendo cuando se cambian partes de una novela para llevarla al cine. Algunos colegas me han comentado que no les gustan las versiones de sus libros porque le cambiaron cosas pero, la realidad es que cuando uno lleva un texto literario a una película o a una serie no queda más remedio que cambiar cosas, eliminar líneas secundarias, o cambiar personajes. Son cosas importantes para que después el proyecto audiovisual funcione. Hasta ahora se adaptaron Las viudas de los jueves, Betibú, Las grietas de Jara y Tuya, y fueron bien diferentes porque tienen que ver con los directores de cada una de ellas, que son los que ponen su impronta. 

M.G.- Catedrales es su última novela. Lo primero que se me ocurre es preguntarle por qué. ¿De dónde procede la idea de esta novela?

C.P.- Todo lo que escribo surge a raíz de una imagen disparadora, que forma parte de la categoría de los sueños. A veces uno sueña con algo y no sabe por qué soñó con eso. La imagen disparadora de esta novela es muy parecida a lo que terminó siendo la tapa del libro, con esa joven que va a una iglesia, está sentada en un banco, esperando un consuelo que no llega. Esa imagen queda en mi cabeza y empiezo a tirar del hilo para tratar de ovillar algo. Y así me surge esa familia tan católica, con tres hermanas, y de a poco va apareciendo la novela. ¿Pero cuáles son las cuestiones que hicieron que estas imágenes aparezcan? Bueno, eso ya corresponde más al orden de lo inconsciente, como en los sueños.

M.G.- ¿Y cómo definiría la novela para los que no la hayan leído? ¿Qué le contaría a esos lectores?

C.P.- Catedrales es una novela familiar noir. El crimen o el enigma que hay que resolver ocurre en una familia. El peso de todos los miembros de la familia es muy importante. Pero, al contrario de lo que ocurre en la novela policial, la investigación quizá no es lo más importante, sino lo que verdaderamente importa es lo que le pasa a esta familia treinta años después, sin que se haya podido resolver el crimen. En la novela policíaca, uno tiene un cadáver y, al día siguiente, hay que empezar a averiguar quién fue el asesino. Acá ese eje temporal no es exactamente así porque ya pasaron muchos años. Quizá las preguntas que deberían hacerse los personajes y los lectores, no son las mismas que en la novela policíaca, -quién lo mató y por qué-, sino otras, como qué le pasó a Ana, por qué llego sola a esas circunstancias, por qué nadie la ayudó. Otras preguntas que nos acercan a la verdad.

M.G.- Lo que me gusta de esta novela es que usted presenta ese hecho trágico, pasa todo ese tiempo que menciona, y después se analiza cómo ese suceso repercute en cada uno de los miembros, y qué consecuencias trae a lo largo de los años.

C.P.- Sí, justamente, una de las cosas que más pensé antes de emprender la escritura concreta de la novela era quién iba a contar esta historia, cuál iba a ser la voz cantante para contar la historia de Ana. La conclusión a la que llegué es que todos tenían que poner su voz en primera persona. No solamente porque todos sabían alguna parte de la historia y tenían su propio punto de vista, sino porque cada uno tenía que asumir su pequeña o gran cuota de responsabilidad. A veces hay crímenes o circunstancias violentas que tienen un único responsable, un culpable directo, pero también hay otros muchos responsables indirectos porque permitieron lo que ocurrió, porque no lo impidieron, no hicieron nada.

M.G.- Y con la idea de que cada uno de los personajes contribuya a crear la historia, construye esta novela con esta estructura: siete capítulos, uno por cada personaje. Cada uno de ellos se acerca a ese crimen desde su punto de vista.

C.P.- Sí, es una estructura absolutamente coral, donde cada uno tiene que poner su propia voz. La única voz que no está es la de Ana, aunque lo pensé. Me planteé usar la voz de Ana para que ella misma contara lo que le pasó pero, nosotros como lectores, nos tenemos que hacer cargo de que cuando una mujer muere, ya no tiene más voz. Su voz la tienen que reconstruir los que quedan. 

M.G.- Fíjese que todo lo que le ocurre a Ana, imaginé que procedía de alguna noticia que había leído en algún sitio. Me figuré que había una chica como Ana, a la que le había pasado lo mismo, en algún punto del planeta.

C.P.- No, no hay ninguna noticia real pero vos sabéis muy bien que, en mi país, hasta diciembre del año pasado, el aborto era algo clandestino. Muchas mujeres morían al someterse a un aborto clandestino, o no contaban lo que les estaba pasando en su entorno. Así que, en realidad, no es un caso, sino muchos casos que, a lo mejor, abonan que uno tenga determinadas cuestiones en la cabeza.

M.G.- La novela no es muy extensa pero sí es muy intensa, en emociones y temas. A través de esta historia podemos asomarnos a la culpa, el remordimiento, la responsabilidad..., pero hay temas de muchísimo más calado como las relaciones familiares, la religión, el fanatismo, el celibato, el aborto, los secretos,... Un abanico extenso de cuestiones.

C.P.- Me interesa poner en cuestionamiento los absolutos. Hay algunas instituciones que parecen que son intocables, como la familia, la religión,... Se pueden cuestionar, si hace falta. A veces una persona está en una familia donde hay alguien que es un violento, al que tiene que respetar porque es parte de la familia, pero no tiene que ser así. O también cuando tenemos vecinos, que causan ruidos y golpes, y no te metes porque son cosas privadas y familiares. Pero hoy sabemos que si, en el departamento de al lado, escuchamos los gritos de una mujer porque un hombre le está pegando, tenemos que llamar a la policía. En ese sentido, vamos evolucionando.

M.G.- La familia es un tema que ya toca en otras novelas. ¿Qué tienen las familias que resultan tan interesantes para la literatura?

C.P.- Me parece que la familia es como el núcleo principal donde pasan todas las bellezas y las miserias. Como dice Tolkien en el arranque de Ana Karenina, las familias infelices lo son cada una de una manera particular. A la literatura le interesa más esa particularidad. Si uno va a contar historias de familias felices, probablemente termine haciendo una publicidad de dentífrico o de mayonesa. La literatura se basa en conflictos, en cuestionamientos, en pensamientos críticos, por lo tanto los personajes que tienen conflictos son más interesantes y permiten una curva dramática más severa.

M.G.- He ido señalando muchas frases. Hay una que me ha gustado mucho que dice «Crecer es tener secretos». Y es cierto. A medida que nos vamos haciendo mayores, uno va tejiendo su propia red de secretos, que solamente uno conoce, claro.

C.P.- Parece que los niños se lo dicen todo. Dicen cualquier cosa porque saben que pueden decirlo. Después, nos van explicando que hay cosas que no se pueden decir y, a lo mejor, no está tan bien eso.

M.G.- La religión y las creencias religiosas están muy presentes en la novela, pero son creencias mal entendidas o al menos, muy llevadas al extremo porque, lo que vemos en esta historia es el fanatismo.

C.P.- He querido enseñar que el fanatismo no solo surge en religiones lejanas y en países más desconocidos. El fanatismo está también en las religiones más cercanas. En Argentina y en España, la religión más extendida es el catolicismo, y también tenemos fanáticos religiosos, que llevan al extremo ciertas cuestiones que tienen que ver con la religión y que, además, quieren imponérselas a otras personas que no son de su propia religión. De ninguna manera, he pretendido cuestionar la fe de cada uno, pero muchas de las normas que, a veces, se imponen en las iglesias, no tienen nada que ver con la religión de base, sino con normas que han impuesto los hombres a lo largo de los años. Y cuando digo hombres, me refiero a varones porque en la estructura religiosa del catolicismo son todos varones que, a través de los concilios, van acordando qué es lo que se puede o no se puede hacer. En Argentina, la iglesia católica se ha opuesto al matrimonio igualitario, al divorcio, a la patria potestad compartida de los hijos, por supuesto, también al aborto y, en ese sentido, nunca sabremos cuánto de eso fue lo que dijo Jesús o lo que dicen los hombres con sus interpretaciones.

M.G.- Vemos que todo lo bueno y lo malo, y hay mucho malo en la novela, se reduce a los designios de Dios. Esta expresión se repite mucho en el texto, como si uno no tuviera culpa de ciertos hechos.

C.P.- Algunos personajes se sacan de encima la responsabilidad, de este modo. El que no cree tiene muy mala suerte de no poder culpar a los designios de Dios. Seríamos más libres.

M.G.- Y entre esos personajes está Lía, Carmen, Ana -que son las tres hermanas-; su padre Alfredo; Marcela, la amiga de Lía... Podría preguntarte muchas cosas sobre los personajes. Por empezar con Lía, que es la que abre la novela, ella se declara atea después de la muerte de Ana y es curioso que decide mudarse a una ciudad, como Santiago de Compostela, que está tan vinculada con la religión.

C.P.- El personaje asume que es atea pero reside en una ciudad donde, cada día pasa junto a un montón de iglesias y ve a mucha gente persignándose. Es como si quisiera ponerse a prueba. Seguramente, Lía se pregunta cada día si está bien la decisión que tomó. 


[Encuentro Zoom con Claudia Piñeiro]

M.G.- Carmen es la hermana mayor y, si le digo la verdad, la he llegado a odiar. Le ha salido un personaje muy falso, muy orgulloso, con mucha soberbia. Ahí el lector va a empatizar poco con Carmen.

C.P.- Sí pero, a pesar de eso, yo traté de forjar una lógica propia para este personaje. Creo que nadie cree que es malo en sí mismo. Incluso una persona que puede hacer daño a otro se justifica siempre, y tiene sus propias razones. Yo quise darle esas razones a Carmen. Puedo comprender que, educada en esas circunstancias, terminó siendo lo que es, aunque no lo comparta. Pero, como autora, necesito darle una lógica a su pensamiento, y que tenga cierta coherencia desde el punto de vista de sus propios idearios.

M.G.- Siento debilidad por Marcela. Me parece un personaje entrañable. Además la has construido con una enfermedad que le habrá obligado a indagar cómo funciona esa memoria anterógrada.

C.P.- Sí, memoria anterógrada o de corto plazo. Es decir, Marcela puede recordar cualquier hecho pasado, pero no puede recordar los nuevos episodios. Es lo que vemos en la película Memento o en el libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero del neurólogo Oliver Sacks. En ese libro, el autor recoge los casos que él vio en la clínica. También vi muchos vídeos en YouTube de personas que tienen este problema y muestran cómo sobrellevan su vida porque tienen que anotar si comieron, si no comieron, etc... 

M.G.- Para Marcela, el pasado es silencio, el presente, olvido, y el futuro es un vacío inmenso. Ni siquiera está habilitada para enamorarse.

C.P.- Claro porque si hoy se encuentra con un hombre y se enamora, al día siguiente se habrá olvidado de él.

M.G.- Alfredo, el abuelo de Ana. Es un personaje maravillo, un padre-coraje que no tira nunca la toalla, a pesar de los años, porque él necesita saber la verdad de lo que le ocurrió a Ana. 

C.P.- Me gusta mucho ese personaje. Alfredo es un homenaje a tantos padres y madres en Latinoamérica que todavía tienen la fuerza para seguir preguntado por sus hijos. Quizá también en tu país hay casos así pero, acá tenemos todavía varios casos de mujeres desaparecidas que no sabemos qué pasó con ellas, o de mujeres muertas que murieron en fiestas de poder, y de las que no se termina de dar una resolución de justicia. Y vemos a esos padres y madres que siguen yendo a un medio, a cualquier lugar donde los escuchen, donde los puedan ayudar, para que la causa no quede impune. 

M.G.- La verdad que se nos niega duele hasta el último día, es otra de las frases de la novela. Prácticamente es esa frase la idea sobre la que se sustenta la novela.

C.P.- La novela trabaja mucho sobre si uno se acerca o no a la verdad. Alfredo también llega a decir que a veces estamos en el borde y sabemos que la verdad está ahí al lado, y no somos capaces de dar ese último paso porque es tan duro lo que hay ahí...

M.G.- Bueno, Claudia no tengo más preguntas que hacerle. Le agradezco que me haya atendido y felicidades por la novela. Me ha parecido espectacular y la he disfrutado mucho.

C.P.- Muchísimas gracias, Marisa. Gracias por leer esta novela y las otras. Y espero poder encontrarnos en algún momento.

M.G.- Ojalá. Un saludo.


Sinopsis: Hace treinta años, en un terreno baldío de un barrio tranquilo de Buenos Aires, apareció descuartizado y quemado el cadáver de una adolescente. La investigación se cerró sin culpables y su familia -de clase media educada, formal y católica— silenciosamente se fue resquebrajando. Pero, pasado ese largo tiempo, la verdad oculta saldrá a la luz gracias al persistente amor del padre de la víctima.

Esa verdad mostrará con crudeza lo que se esconde detrás de las apariencias; la crueldad a la que pueden llevar la obediencia y el fanatismo religioso; la complicidad de los temerosos e indiferentes, y también, la soledad y el desvalimiento de quienes se animan a seguir su propio camino, ignorando mandatos heredados.

Como en Las viudas de los jueves, en Elena sabe y en Una suerte pequeña, Claudia Piñeiro ahonda con maestría en los lazos familiares, en los prejuicios sociales y en las ideologías e instituciones que marcan los mundos privados, y nos entrega una novela conmovedora y valiente, certera como una flecha clavada en el corazón de este drama secreto.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...