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viernes, 14 de julio de 2017

LA VAGA AMBICIÓN de Antonio Ortuño.


 Editorial: Páginas de Espuma.
V Premio Ribera del Duero.
Fecha publicación:  mayo, 2017
Precio: 15,00 €
Género: Novela.
Nª Páginas: 120
Edición: Tapa blanda con solapas.
ISBN: 978-84-8393-219-3
[Disponible en eBook;
Puedes empezar a leer aquí]

Autor

Antonio Ortuño nació en Zapopan, Jalisco (México), en 1976. Ha publicado tres libros de relatos, El jardín japonés (2007), La señora Rojo (2010) y la antología personal Agua corriente (2015). También las novelas El buscador de cabezas (2006), Recursos humanos (2007), Ánima (2011), La fila india (2013), Blackboy (2014, con el seudónimo «A. del Val»), Méjico (2015) y El rastro (2016). Fue ganador del Premio de la Fundación Cuatrogatos, de Miami, al mejor libro juvenil por El rastro (2017) y finalista del premio Herralde de novela (Barcelona, 2007) por Recursos humanos. La revista británica Granta lo eligió como el único mexicano en su selección de mejores escritores jóvenes en español (2010). La revista GQ lo premió como «Escritor del año» en 2011. Ha sido traducido a diez idiomas. Con La vaga ambición obtuvo el V Premio Ribera del Duero.


Sinopsis

La vaga ambición –título que mereció el V Premio Ribera del Duero– propone la escritura como un método de resistencia y, a la vez, como una festiva elegía; Antonio Ortuño despoja de languidez a la autoficción literaria y la hace hervir de tragedia, ironía y vitalidad.

El protagonista de estos cuentos entretejidos –un escritor cuarentón, Arturo Murray– lucha y sobrevive entre la catástrofe familiar del pasado y un presente grotesco, construido con malas reseñas, entrevistas vacías, presentaciones a medio llenar, una cuenta bancaria en números cada vez más rojos...

Sin embargo, a lo largo de los seis cuentos de este libro, como un Falstaff armado con sarcasmo y honda convicción dramática, Murray invoca en su defensa un ejército de memorias heroicas, una mordacidad punzante y una profunda conmoción ante la pérdida. Y, por encima de todo, la sombra de una madre que se desvanece y su convicción kamikaze de escribir, escribir siempre y a cualquier coste.

El jurado, del que formaron parte los escritores Sara Mesa, Juan Bonilla y presidido por Almudena Grandes, valoró el gran dominio demostrado para desarrollar un tema común a todos los relatos, que es la naturaleza de la escritura, y la capacidad humorística que no va en detrimento de la emoción, logrando la hazaña de divertir y conmover al lector.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Esta misma semana publicaba la entrevista a Antonio Ortuño (puedes leerla aquí), ganador de la última edición del Premio Ribera del Duero con el título La vaga ambición. Se trata de un volumen de seis cuentos que comparten elementos comunes, constituyendo unidad y rompiendo con la vieja idea de la independencia.

Ya sabéis que reseñar un libro de relatos es complicado salvo que te pongas a desgranar historia a historia, algo que no pienso hacer pues, en gran medida, destriparía las sorpresas que aguardan entre sus páginas. Solo me centraré en aquellos que más me han gustado y os adelanto que estamos ante diversos cuentos narrados con la perspectiva del tiempo, que giran alrededor del oficio de novelista o escritor, ya sea para ganarse la vida, como vocación u obligación, o incluso para hacer justicia, protagonizados por Arturo Murray, personaje al que veremos en diversas etapas de su vida, desde la infancia, pasando por la adolescencia hasta llegar a la edad adulta, cuando a los 40 años de edad más o menos, protagoniza la última historia.

En realidad, y para ser más precisos, Murray no es protagonista de todos los cuentos. Hay uno en concreto, Provocación repugnante que, como bien se comentó en la entrevista, requiere de especial atención. Se trata de un cuento que supone un cambio radical de tono y estilo, al que cuesta más acceder por ser denso y opaco. El lector se encuentra con que la pauta dibujada por Ortuño hasta el momento se quiebra y el camino avanza en otra dirección, con otros personajes, en otro tiempo, lo que nos hará cuestionarnos ante qué estamos y el por qué de este cuento. No resulta nada complicado averiguar la procedencia de esta historia. 

En cualquier caso, si tuviera que hacer una selección, me decantaría por Un trago de aceite que parece que transcurre con calma chicha hasta un punto de no retorno, con un protagonista observador que no termina de encajar en la escena y que de tanto aislarse termina envuelto en un asunto sucio que clama venganza, aunque sea en formato literario. Me parece un cuento duro, diría que tremendo por lo salvaje de su argumento en los compases finales y por la impasibilidad que muestran algunos personajes, algo totalmente incomprensible pero que supone el germen de los sentimientos que Murray desarrollará de adulto. 


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Quinta temporada será el cuento más largo y del que destaco el desarrollo. Bajo diversos epígrafes el narrador, enumerará una serie de situaciones, causas, actos, respuestas,...  que suponen el cuerpo de la historia. Me gusta este cuento por lo mucho de reflexión. A veces sirve al protagonista como acto de contrición, en el que Murray realiza un análisis concienzudo, y que a la vez acerca al lector a esas series de  televisivas, superproducciones que tienen un impresionante respaldo económico detrás. Me ha parecido de una inteligencia brillante.

Por último, la lectura de El príncipe de mil enemigos ha sido muy divertida, una historia con un toque absurdo y que transcurre durante la presentación de un libro. ¿Qué ocurre en la puesta de largo de un libro cuando el público no aparece? ¿Qué emociones se despiertan en el autor? 

Secuestros, abusos, crisis económicas y maritales, entre otras cuestiones, subyacen bajo un tema común, el mundo del escritor - el proceso de escritura, la precariedad de la profesión, el éxito y el fracaso, las reseñas, el dolor de las primeras críticas, el plagio, las presentaciones, los talleres de escritura,...-,   y a pesar de que Murray no lo pasará muy bien y su vida nos puede llegan a conmover, Ortuño inserta, en una combinación magistral, una cuña cómica que sonsaca al lector una sonrisa burlona, pues anidan entre estas páginas la ironía y el sarcasmo. 

No puedo más que decir que la lectura de La vaga ambición ha sido un recorrido agradable y lleno de buenas historias. Murray será un personaje que engrosará nuestra lista de amistades, como un amigo más al que conocimos un buen día, con quien compartimos una parte de nuestra vida y luego desaparecerá, no sin dejar una huella, un rastro que nos obligará a preguntarnos con cierta frecuencia sobre su paradero y su devenir. Así pues, para los que gustan de los relatos, para los que quieran acercarse a la intimidad de un escritor, y contemplar la profesión desde una cercanía inusitada, La vaga ambición  es más que una apuesta segura. 



 
[Algunas imágenes e ilustraciones tomadas de Google]


Retos:

-  Autores de la A a la Z

- 25 Españoles
- 100 libros


Puedes adquirirlo aquí:

martes, 11 de julio de 2017

ENTREVISTA a ANTONIO ORTUÑO (La vaga ambición).

Autor

Antonio Ortuño nació en Zapopan, Jalisco (México), en 1976. Ha publicado tres libros de relatos, El jardín japonés (2007), La señora Rojo (2010) y la antología personal Agua corriente (2015). También las novelas El buscador de cabezas (2006), Recursos humanos (2007), Ánima (2011), La fila india (2013), Blackboy (2014, con el seudónimo «A. del Val»), Méjico (2015) y El rastro (2016). Fue ganador del Premio de la Fundación Cuatrogatos, de Miami, al mejor libro juvenil por El rastro (2017) y finalista del premio Herralde de novela (Barcelona, 2007) por Recursos humanos. La revista británica Granta lo eligió como el único mexicano en su selección de mejores escritores jóvenes en español (2010). La revista GQ lo premió como «Escritor del año» en 2011. Ha sido traducido a diez idiomas. Con La vaga ambición obtuvo el V Premio Ribera del Duero.

Sinopsis

La vaga ambición –título que mereció el V Premio Ribera del Duero– propone la escritura como un método de resistencia y, a la vez, como una festiva elegía; Antonio Ortuño despoja de languidez a la autoficción literaria y la hace hervir de tragedia, ironía y vitalidad.

El protagonista de estos cuentos entretejidos –un escritor cuarentón, Arturo Murray– lucha y sobrevive entre la catástrofe familiar del pasado y un presente grotesco, construido con malas reseñas, entrevistas vacías, presentaciones a medio llenar, una cuenta bancaria en números cada vez más rojos...

Sin embargo, a lo largo de los seis cuentos de este libro, como un Falstaff armado con sarcasmo y honda convicción dramática, Murray invoca en su defensa un ejército de memorias heroicas, una mordacidad punzante y una profunda conmoción ante la pérdida. Y, por encima de todo, la sombra de una madre que se desvanece y su convicción kamikaze de escribir, escribir siempre y a cualquier coste.

El jurado, del que formaron parte los escritores Sara Mesa, Juan Bonilla y presidido por Almudena Grandes, valoró el gran dominio demostrado para desarrollar un tema común a todos los relatos, que es la naturaleza de la escritura, y la capacidad humorística que no va en detrimento de la emoción, logrando la hazaña de divertir y conmover al lector.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Es la primera vez que me siento con un autor del otro lado del charco que no resida en España, que haya cruzado el Atlántico para venir a recoger un premio y para hacer promoción por estas tierras. El mexicano Antonio Ortuño ganó recientemente el V Premio Ribera del Duero con un volumen de cuentos al que ha titulado La vaga ambición, editados por Páginas de Espuma, y que aglutina un total de seis relatos con denominadores en común.

No creo que a estas alturas sorprenda a nadie comentando que me encantan los relatos, que son pequeños aperitivos que en su conjunto suponen un gran manjar. Con las historias que nos propone Antonio Ortuño he disfrutado mucho y os hablaré de estos cuentos esta misma semana o la próxima, a más tardar, y de su protagonista, Arturo Murray, un escritor que nos hablará de literatura y de su profesión. De momento os dejo con la entrevista al autor. Esto es lo que nos contó.


Marisa G.- Antonio a mí me gustan muchos los relatos, así que he devorado tu libro pero veo que tú también tocas la novela, los libros juveniles y me gustaría saber ¿qué se antepone a qué? ¿El género a la historia o la historia al género?

Antonio O.- En mi caso yo lo concibo como un proceso simultáneo. A medida que voy consiguiendo una historia, sé si es un cuento o una novela. Forma parte de un proceso de toma de decisión. Le doy dos o tres vueltas a la historia en la cabeza para tener claro si lo que quiero es hacer una novela, lo que requiere un grado de complejidad, entendida como mayor cantidad de sucesos, o un relato con un tono distinto y unos sucesos mucho más definidos.

En cuanto a la novela juvenil, en buena medida fue pie forzado. Socorro Venegas, editora del Fondo de Cultura Económica, que se especializa en ese tipo de libros, me propuso que escribiera algo para lectores jóvenes. Lo fui pensando durante mucho tiempo y así fue como llegué a El rastro. Para mí no es una novela juvenil más allá de que los personajes que lo protagonizan son jóvenes pero tiene mucho que ver con otras cosas, incluida mi propia juventud.

M.G.- Ganas el premio Ribera del Duero con este libro, La vaga ambición. ¿Qué te impulsa a presentarte al premio? ¿Qué ofrece este premio para que en solo cinco ediciones se presente ya tantísima gente?

A.O.- Pues 50.000 euros. No podemos hacer como que eso no existe. Yo conocí el premio desde la primera convocatoria, lo he seguido de cerca porque tengo mucho cariño por la editorial, con la que he publicado anteriormente. Me entusiasma el trabajo que hace Páginas de Espuma por el género del cuento, no solamente a la hora de seguir detectando voces nuevas sino por recuperar colecciones de relatos, buenas antologías, de autores clásicos como Chéjov, Poe, Pessoa,... Es un corpus narrativo enfocado al cuento que parece un Abc para quienes disfrutamos del cuento como lectores y para los cuentistas también. 


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El Premio Ribera del Duero es un premio en que en pocos años ha conseguido que se publiquen libros con un nivel medio excelente y en el que figuran un par de libros muy sobresalientes. Es un premio que combina muchas cosas, por supuesto el incentivo económico importante para el autor, luego la participación fundamental de Páginas de Espuma que apuesta tan decididamente por este género, la buena trayectoria del premio y la resonancia de las obras publicadas. Todo ello hacen que el premio sea muy atractivo. Por eso me presenté. Y una madrugada, estando yo en Guadalajara (México), recibí una llamada de los organizadores. Me despertaron con la noticia.

M.G.- Bueno, un despertar fantástico.

A.O.- Sí. Bailé hasta con mi perro. (Risas)

M.G.- (Risas). Antonio dice la sinopsis de este libro que estamos ante unos cuentos entretejidos. Entiendo, y corrígeme si me equivoco, que se refiere a que en estos cuentos el protagonista siempre es la misma persona. ¿O hay algún matiz más?

A.O.- En cinco de los seis cuentos, el protagonista es el mismo pero hay un relato que él escribe, donde deja de ser protagonista para convertirse en narrador. Este último tiene un lenguaje más elaborado porque se presupone que es su relato y quería que estuviera diferenciado del resto que tienen otro tipo de estrategia. 

Cada uno de los relatos es distinto. El primero, Un trago de aceite, es más seco, más conciso, algo más lineal. Las percepciones de él son más sensoriales y menos de opinión porque rescata un episodio de su niñez. El segundo cuento, El caballero de los espejos, empieza un poco de esa manera pero gira bruscamente porque el personaje ya es adulto en la segunda parte del cuento y puede opinar más. El tercero, Quinta temporada, está construido como una serie de televisión, con sus entregas episódicas y tiene capitulillos interiores. En fin, van en esa línea.

M.G.- La temática de estos cuentos gira alrededor de todo lo que supone el proceso de escritura y cómo se enfrenta el escritor a su tarea, de cómo a veces la literatura os zarandea. Considero que estás haciendo un homenaje a la profesión pero también hay mucha parodia.

A.O.- Hay mucho de sátira y mucha auto-ironía en el libro. El personaje de estos cuentos está planteado de tal manera que se coloca en el mismo nivel moral que el resto de los escritores, hace las cosas por sobrevivir y reconoce sus flaquezas, como si le hubieran administrado suero de la verdad. La auto-ironía es necesaria para un escritor porque me parece imprescindible que no sepa si lo hace bien o mal, que dude permanentemente. El día que un escritor cree que lo hace mal y decida que lo hace mal, ya no vuelve a escribir, a menos que esté completamente loco. Pero por otro lado, si el escritor se siente en completo dominio de sus herramientas y cree que lo resolvió todo, también se convierte en un mal escritor. Se convierte en un figurón literario que le da por hablar de cualquier tema bajo el sol, e ir dando cátedras de políticas y éticas, y haciendo el ridículo que ya muchos conocemos.

Yo prefiero los escritores que dudan. Creo que los escritores somos más bien mezquinos, absurdos y mediocres como personas y como personajes, pero claro, la literatura no lo es.

M.G.- ¿Y hay tintes autobiográficos en estos cuentos?

A.O.- Sí lo hay. No es un asunto confesional ni de auto ficción pero sí he saqueado rica y ampliamente mi experiencia particular. Llevo muchos años asistiendo a talleres, a mis propias presentaciones, o a las que organizan mis amigos, sobrellevando amistades literarias que tampoco es tan sencillo. De todos modos, yo he tenido la gran fortuna de tener muy buenos amigos escritores y gente que admiro y quiero y las menos son las categorías que se reflejan tanto en el libro, amistades suicidas o kamikazes, aunque de esto también he visto bastante.

Hay mucho de mí porque creo que eso le insufla mucha vitalidad a lo que escribo. Es muy diferente escribir sobre algo que conoces bien, que escribir sobre algo que solo imaginas. No estoy en contra de la documentación o la imaginación pero es muy diferente si hablas desde la experiencia.

M.G.- Desde el punto de vista del lector es muy fácil moverse entre dos emociones a la hora de leer tus cuentos. La historia en algunos momentos conmueve porque te encuentras al protagonista en situaciones donde lo pasa mal pero al mismo tiempo, esa misma situación provoca risa. Y yo me pregunto, ¿crear una misma historia donde convivan estas dos emociones enfrentadas es muy difícil?

A.O.- Fácil no es porque hay una serie de construcciones que vienen desde el teatro griego clásico en el que figuraba una separación absoluta entre tragedia y comedia. De la tragedia se esperaba que exaltara y sublimara las emociones de los espectadores, mientras la comedia era paródica, mientras más vulgar mejor. Después de unos poquitos milenios, inconscientemente lo seguimos haciendo. Pero en el caso de mis textos he pretendido una búsqueda directa y deliberada por entremezclar ambos tonos, esperando que uno catapulte al otro. Hay un cuento, El príncipe con mil enemigos, en el que los episodios se van volviendo cada vez más absurdos a medida que la salud del la madre del escritor va empeorando. La mezcla está servida.

M.G.- Y ahora que mencionas a la madre, la figura materna sobrevuela sobre los cuentos y esto me hizo pensar que quizá era tu manera de conectar al personaje con su yo más íntimo, más personal.

A.O.- Siento que al reescribir su historia, el protagonista, Arturo Murray, siente como si hubiera recibido la escritura como una herencia de su madre, algo que en el segundo cuento se llega a conocer, cuando le coge la máquina de escribir. Murray se siente un usurpador hasta que explícitamente su madre le da el derecho a usar esa máquina. Será ahí cuando cambie su perspectiva.

Pero hay más y esto enlaza con lo que me preguntabas antes sobre la autobiografía. No es ningún secreto que este libro lo escribí durante el proceso de duelo por la muerte de mi propia madre. No es terapia pero la figura de la madre es un elemento que tenía que estar ahí y que era realmente importante para insuflar la vitalidad a las ideas y a las emociones que yo tenía. Para mí, el personaje de la madre es una especie de sol negro en estos textos, algo terrible pero también indispensable.

M.G.- Hay muchas cosas que me gustan de tus cuentos. Por ejemplo, me gusta ver crecer al personaje. En los primeros es un niño, luego será un adolescente y en los últimos es un adulto. ¿Esto es algo que estaba premeditado?

A.O.- Sí, aunque la cronología no es lineal. He ido modificando la ubicación de los relatos para enfatizar el camino moral que recorre el personaje. De todos modos, era algo que quería hacer para explicar y mostrar desde varios puntos de vista quién es este narrador y quién es este personaje, por qué hace lo que hace y por qué le pasa lo que le pasa. Para todo ello me servía tomar sus experiencias de la infancia, de adolescente o de la edad adulta. Vamos a avanzar hasta que el protagonista tiene una edad media, al menos en este libro porque no sé si dentro de diez o quince años escribiré otro volumen y lo mostraré mucho más mayor.

Imagen relacionadaM.G.- En Quinta temporada, Murray está absolutamente desesperado porque no tiene ningún trabajo, no le sale nada hasta el momento en el que le ofrecen ser guionista de una serie de televisión, algo a lo que al principio se niega. ¿Lo peor que le puede pasar a un escritor es convertirse en guionista de una serie?

A.O.- Sí pero con el agravante de que a Murray el trabajo le cae de rebote después de ser rechazado por otros colegas más encumbrados y que eran mejores candidatos desde el punto de vista del promotor de la serie. Pero también porque para Murray significa un cambio absoluto de paradigmas en cuanto a la escritura. Es muy diferente escribir literatura en solitario para que lo lea alguien en solitario, que escribir una serie de televisión, que lo escribes como parte de un equipo de producción industrial, de entretenimiento, para que sea mirado colectivamente por millones de personas en todo el mundo. El grado de intimidad es completamente distinto, por no hablar del grado de libertad. La conciencia autoral se diluye cuando pasa a formar parte de un grupo de guionistas. Es verdad que Murray, con este trabajo, resuelve sus cuentas pero también empieza a influirle el trabajo en otro sentido, se plantea poner acotaciones, le influyen los diálogos de su amigo. Ya no es él escribiendo y por eso, el siguiente cuento que figura en el libro, es el que él mismo escribe, un esfuerzo consciente y deliberado de creación absolutamente individual, sobre un tema que no es popular.

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