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lunes, 9 de julio de 2018

TIGRES DE CRISTAL de Toni Hill

Resultado de imagen de tigres de cristal toni hill
Editorial: Grijalbo.
Fecha publicación: septiembre, 2017.
Precio: 19,90 €
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 480 
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta.
ISBN: 9788425356483
[Disponible en eBook y audiolibro;
puedes empezar a leer aquí]



Autor

Toni Hill (Barcelona, 1966) es licenciado en Psicología, aunque lleva años trabajando en el ámbito de la traducción literaria. En 2011 publicó su primera novela, El verano de los juguetes muertos (Debolsillo, 2011), un éxito instantáneo de crítica y ventas que se ha publicado en una veintena de países. A esta novela le siguieron Los buenos suicidas (Debolsillo, 2012) y Los amantes de Hiroshima (Debolsillo, 2014), que completaron la apasionante trilogía de novela negra protagonizada por el inspector Héctor Salgado.

Los ángeles de hielo (Grijalbo, 2016) supuso un cambio en la trayectoria literaria del autor, que abandonó el género policial más clásico para adentrarse en una intriga de tintes góticos. Ahora, con Tigres de cristal, Toni Hill da un nuevo giro y nos presenta una intensa historia de suspense psicológico, sobre la culpa y la redención, ambientada en un conflictivo barrio periférico de Barcelona.

Sinopsis

Una absorbente historia de suspense psicológico que explora los límites entre la culpa y la expiación.

Dos amigos del colegio se reencuentran más de treinta años después.. Ambos tienen muchas cosas que contarse, pero también mucho que ocultar. Ninguno de los dos ha olvidado que esa cálida amistad infantil se truncó una noche de diciembre de 1978, cuando un crimen atroz alteró sus destinos. Ahora ha llegado el momento de asumir la verdad, pedir perdón y ajustar cuentas con un pasado que amenaza con romper de nuevo sus vidas. Y esta vez para siempre.

Con una trama intensa y llena de secretos, Toni Hill nos transporta a un barrio mítico del cinturón rojo de Barcelona, tanto en los convulsos años setenta como en la actualidad, donde unos personajes profundamente humanos se ven atrapados en un conflicto marcado por la lealtad, el silencio y la venganza. 

[Información tomada directamente del ejemplar]



La sociedad no siempre avanza en la dirección correcta. Sabemos que evolucionamos en muchas esferas pero en lo intrínsecamente humano, a veces damos enormes pasos hacia atrás. Una de las diversas lacras sociales que padecemos y que ponen en evidencia el lado menos amable de nuestra naturaleza es el acoso escolar. No sé quién me dijo una vez que el niño (o la niña) que acosa de pequeño a un compañero de colegio, probablemente se convierta en un maltratador físico o psicológico de adulto. No sé hasta qué punto se cumplirá esta máxima lo que sí os puedo decir es que es un tema que me asusta enormemente. No llego a entender qué clic se activa en la mente de un niño de ocho, nueve, diez,... años para humillar a otro, para mofarse de él, violentarlo e incluso llegar a golpearlo. Supuestamente, son lienzos en blanco sobre los que hay que ir trazando líneas de orden, armonía, paz... Entonces, ¿de dónde salen esos brochazos de maldad? Y no, no vale lo de 'son cosas de niños'.

Después de la exitosa saga Salgado y de una fabulosa novela con tintes góticos (Los ángeles de hielo), Toni Hill vuelve a dar un quiebro con Tigres de cristal. En esta nueva novela, el autor construye una historia que se adherirá a la piel del lector como un tatuaje, adentrándose en la vida humilde de un barrio catalán, principalmente poblado por emigrantes, un entorno en el que parece que las cosas son distintas de otras áreas metropolitanas y donde tendrá lugar un caso de acoso escolar. Ayudándose de dos hilos temporales, Toni Hill analiza las consecuencias que el 'bullying' provoca a largo plazo, cuando el acosado y el acosador son personas adultas. 

Tigres de cristal arranca con un prólogo escrito en tercera persona en el que se mezcla el pasado y el presente como en una especie de sueño, la nebulosa que provoca el Alzheimer en la mente de aquellos que lo padecen. Joaquín cree estar en diciembre de 1978, en ese fatídico día 15 en el que su hijo pequeño no regresó a casa. Alarmado por la mujer, sale a buscarlo para encontrar su cadáver envuelto entre los escombros de una obra. Pero no estamos en 1978 sino en 2015. Más de treinta años después, el padre sigue buscando al hijo.

Este inicio da cuerpo a la novela que se irá vertebrando en dos hilos temporales. Ciudad Satélite es un barrio de Cornellá (Barcelona) habitado por gente muy humilde, llegada de otras ciudades españolas que buscan nuevas oportunidades de trabajo. Allí residen Juanpe Zamora y Víctor Yagüe con sus familias, dos jóvenes que intentan no cruzarse en el camino de Joaquín Vázquez, el Cromañón, apodado así por ser un cafre, un abusón que torturaba a los débiles del colegio y les robaba la merienda. Pero la paciencia tiene un límite y el Cromañón recibirá su merecido. Estos son los hechos que tienen lugar en la década de los 70,un caso de acoso escolar de manual, con un acosador al que todos temen pero que tiene fijación por un individuo en concreto, Juanpe. Víctor es el anexo, el apoyo moral que no quiere dejar de lado a su amigo acosado.

El otro hilo temporal lo componen los hechos y los personajes que viven en el mismo barrio durante 2015 y 2016. Juanpe ha regresado a la casa de sus padres, tras dar tumbos por la vida. Por una pirueta del destino vuelve a encontrarse con su amigo de la infancia, Víctor Yagüe, el director de un hotel que oferta una vacante a la que Juanpe se presenta como candidato. Un encuentro que al ejecutivo no parece gustarle demasiado, especialmente porque la reaparición de Juanpe vuelve a sacar a la luz lo que hicieron aquel 15 de diciembre de 1978, un episodio que Víctor ha intentado olvidar, formando una familia y teniendo sus propios hijos, pero Juanpe lleva naufragando demasiado tiempo y su encuentro con Víctor le resulta una tabla de salvación. Solo quiere volver a tener un amigo y saber quién habló más de la cuenta.

Y en el mismo barrio sigue residiendo Miriam, la hermana de Joaquín. Peluquera de profesión, es madre de Iago, un adolescente cuyo nacimiento trajo algo de alegría a una familia machacada por la desdicha. Miriam solo se ocupa de su trabajo, de su hijo y de su padre, sin más tiempo ni ganas más que para amores ocasionales.

Iago acude al instituto del barrio y forma parte del grupo de Alena y Lara. Este será un hilo en el que no solo se narrará el reencuentro entre Juanpe y Víctor, con todo lo que eso implica, sino que se analizarán las relaciones entre los jóvenes, sabremos de sus familias, de sus vidas, de las rencillas entre ellos, de las zancadillas que se ponen y por supuesto, se dará un nuevo caso de acoso escolar pero esta vez, en su nueva variante, la virtual o lo que es lo mismo el ciberacoso. 

En todo este armazón en el que se sustenta la novela, con secretos que se gestaron en el pasado y que siguen pasando factura, entra en juego una persona más, un escritor que tiene por nombre Ismael López Arnal, encargado de narrar en primera persona los hechos que ocurrieron en los años 70 pero que, a la vez, se vuelve personaje en la trama más actual, un bucle estilístico que gustará al lector. A través de su crónica conoceremos cómo eran las familias de los protagonistas de la novela. Los Yagüe eran buena gente, un ejemplo a seguir hasta que surge una fisura. Los Zamora vivían bajo el yugo de un marido maltratador. Los Vázquez..., bueno de los Vázquez mejor no cuento nada. Y así, mientras que, en el otro hilo argumental, un narrador en tercera persona hará lo propio con las familias y personajes de 2015.

Tigres de cristal es un constante desfile de personajes, algunos con más protagonismo que otros pero que, en conjunto, constituyen una novela muy coral, una novela de familias, por ponerle alguna etiqueta. Centrándonos en algunos de ellos, se podría decir que Juanpe es un personaje muy complejo. Es un adulto que ha vivido toda su vida con una mochila demasiado pesada. Sus actos del pasado lo apartaron de su familia, vivió experiencias muy traumáticas y al hacerse mayor, eligió el camino equivocado, con malas amistades y una 'profesión' que también tendrá su peso en la novela. Juanpe está solo y tiene problemas mentales. Es un personaje que, en el fondo despierta la compasión del lector porque siempre le ha tocado las cartas más malas. En realidad, a Juanpe le gustaría tener otro tipo de vida, con un trabajo normal, unos amigos normales, y una tranquilidad que hasta el momento no tiene. Por eso, su reencuentro con Víctor le parecerá una puerta abierta para enderezar todo lo que se ha torcido en su vida desde aquella tarde del 15 de diciembre de 1978.

De la trama más actual, tan solo hablaré de un personaje que me ha dejado noqueada pero del que no voy a desvelar su nombre. La construcción de este personaje me ha parecido brillante, la manera en la que se camela a los que lo rodean, el modo en el que engaña al lector y este, pobre infeliz, en cuanto descubre el pastel, se siente más y más atraído por el mismo, desvelando su faz más manipuladora, maquiavélica, tiránica, perversa y cruel. Y es que hay personas, y por ende personajes, que disfrutan haciendo el mal. Así nos lo contó Toni Hill en la entrevista que le hicimos y que puedes leer aquí

Tiene habilidad el autor a la hora de perfilar psicológicamente a los que transitan por esta novela que generalmente guardan algún que otro secreto.




Esto es algo que ya he advertido en otras ocasiones. El lector puede identificar entre los personajes de sus novelas a personas que le rodean, a su padre o a su madre, a su amigo, a su pareja, a su jefe o a su vecina del quinto. Son personajes humanos con sus fallos y sus virtudes, con sus reflexiones y sus paranoias. Pero en este caso en concreto, no existe maniqueísmo. Es decir, no hay en Tigres de cristal, personajes muy buenos o muy malos, esa clara división que tan fácil se lo pone al lector. No es así, Toni Hill ha construido una historia en la que existe mucha ambigüedad, en la que el lector se preguntara quién es el realmente el pecador, el malo de la película, pues los victimarios se convierten en víctimas y las víctimas en victimarios. Así pues, ¿quién tiene razón? ¿En qué lado se coloca la justicia y la verdad? Esa dualidad provoca un cúmulo de sensaciones en el lector bastante interesante, un debate interno que mantendremos a lo largo de toda la novela. 

Y a una buena trama y unos personajes bien trazados, se une una buena ambientación, más concretamente en lo que a los años 70 se refiere. Nacido en 1966, el autor dibuja la época y el escenario con conocimiento de causa pues, según nos comentó en la entrevista, Ciudad Satélite fue el barrio en el que estudió. Y en ese afán de querer crear una buena base social, un reflejo de lo que era y es la vida en ese escenario, Toni Hill hace un retrato preciso del tipo de familias que lo ha habitado, tanto en el pasado como en el presente de la novela, facilitando mucha información sobre cada uno de sus miembros y sobre el vecindario en general, fragmentos sumamente descriptivos que podemos encontrar en los primeros capítulos de la novela y que, en algún momento, me ha parecido que ralentizan un poco la acción

En cualquier caso, pocas pegas se le pueden poner a Tigres de cristal, ni en cuanto a trama ni en cuanto a estilo. El argumento es lo suficientemente atractivo como para captar y mantener la atención del lector sin que su interés decaiga. La tensión irá creciendo con el avance de la lectura, desvelando esos secretos que los personas guardan y el hilo narrativo nos conducirá hacía unos capítulos finales que vuelan en nuestras manos, para llegar a un desenlace que nos dejará totalmente atónitos. Poco más hay que añadir.

Sin duda, ha sido una buena lectura, un retrato de una época, de un microcosmo social y una temática que sigue estando de actualidad. Seguro que algún lector recordará sus años de colegio e instituto y vendrá a su memoria la imagen de aquel abusón que se paseaba por los pasillos del centro sembrando el terror. Así pues, solo me queda animaros a leer Tigres de cristal para paliar los efectos del calor con una lectura que te hará olvidar que estás en la ciudad o para aprovechar esa estancia en la playa, descansando de los rigores del invierno.







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

martes, 3 de julio de 2018

TONI HILL: 'He intentado que esta novela sea un pedazo de vida que parezca de verdad'

Toni Hill forma parte de ese grupo de autores con los que la conversación fluye de forma natural. Risueño, espontáneo y sincero, sentarse a hablar con el autor de la saga de Héctor Salgado y Los ángeles de hielo es una oportunidad que no me resisto a perderme. Recientemente visitó Sevilla en un periplo de promoción para presentar Tigres de cristal, su última publicación, una de esas novelas que debes echar en la maleta al irte de viaje o bien, disfrutar en casa bajo el chorro de aire acondicionado tras una agotadora jornada laboral. De un modo u otro, estoy convencida que será una novela que te gustará y de la que te daré cuenta a finales de semana. De momento, aquí la entrevista.




Marisa G.- Toni, nos vimos en 2016, con 'Los ángeles de hielo'. Por entonces te pregunté si estabas preparando algo y me dijiste literalmente: 'Lo difícil va a ser escribir algo mejor y que a la gente le guste más que "Los ángeles de hielo"'. Ya la tenemos aquí y ahora qué me dices.


Toni H.- Pues que es mejor (risas). En el momento que te dije eso pensaba que era muy difícil escribir una novela mejor. 'Los ángeles de hielo' es una novela muy compacta, muy fuera de nuestra realidad actual, con una sociedad muy glamurosa, con esa Viena y esa Barcelona de principios del siglo XX, ese sanatorio mental, el colegio de señoritas. Entonces pensé que la única manera de hacer algo mejor, o por lo menos distinto, era darle la vuelta a todo y pasar de todo eso, a un barrio y al acoso escolar. 

M.G.- Un tema muy actual. ¿En qué momento decides escribir una novela sobre el 'bullying'?

T.H.- Es que no fue así. Mira, yo quería escribir una novela sobre el barrio de San Ildefonso, que antes se llamaba Ciudad Satélite, un barrio que yo conozco bien. Pensé que nadie había escrito mucho sobre este lugar y que en este momento hacía falta hablar de diferentes realidades en Cataluña. Bueno, eso lo pensé hace años y por entonces yo no sabía lo que iba a ocurrir después. Pero, a la vez, me apetecía escribir sobre un crimen infantil perpetrado por niños y sus consecuencias a largo plazo. Cuando uní esa historia de niños asesinos, por decirlo de alguna manera, con el barrio surgió lo del acoso escolar. De todos modos, no quería una historia con víctimas y verdugos muy claros. 'Tigres de cristal' es una novela en la que el verdugo también se convierte en víctima y viceversa. Esa ambigüedad me interesaba mucho más. 

M.G.- El acoso escolar ha existido toda la vida pero no me queda claro si ahora es más bestia o bien es igual que antes solo que ahora tiene más visibilidad.

T.H.- Es igual lo que pasa es que ahora tiene nombre. Ocurre lo mismo con los malos tratos a las mujeres. Ahora es violencia de género y antes era simplemente que te había tocado un marido bruto, como mucho. Los nombres generan realidades y en el caso del acoso escolar, al darle un nombre, se ha convertido en una realidad que hay que combatir.

M.G.- ¿Y cómo se combate?

T.H.- Es muy difícil combatir el acoso y erradicarlo por completo. Creo que lo mejor es identificarlo lo antes posible para que genere el menor daño posible. También hace falta concienciar el tercer lado, es decir, el público que conoce y contempla el acoso y no dice nada. Nadie acosa porque sí. Una persona acosa para que lo vean o al menos, empieza así. Luego puede ser que le encuentre gusto. Ese público es el que tiene que mediar, al igual que le decimos a alguien que está borracho que no coja el coche. En este caso, aunque se trate de niños, si les hacemos ver que no tiene gracia decirle gorda a una niña por tener unos kilos de más, y que tampoco está bien llamar maricón al niño que es homosexual, creo que habremos dado un paso. Hay que hacer entender que decir cosas así solo demuestra las carencias de la persona que lo dice y no su poder ni su fuerza.

M.G.- Pero esa concienciación debe existir en primer lugar en el seno familiar. 

T.H.- Sí, claro. Es cuando un niño escucha a su padre decir 'Mira la gorda esta' o 'Mira el maricón este', eso es que no ayuda nada. Pero hay que concienciar dentro de las familias, en las escuelas y en la sociedad en general. Y fíjate que no solo estamos hablando de niños. Es que Twitter está lleno de mensajes de adultos criticando el aspecto físico de alguien. Los adultos tienen mucho que aprender pero de cara a los niños, los padres son muy importantes y el colegio también, incluso la propia regulación que ellos mismos se hacen. Si hay unos cuantos niños en clase que no encuentran gracioso el acoso de uno sobre otro y lo dicen, el otro se refrenará algo y bajará la intensidad.

M.G.- En la novela vamos a encontrar acoso escolar en los años 70 y también acoso escolar en 2016. Para meterte en la piel de los que sufren y padecen acoso o en la piel de los que lo cometen, ¿has leído mucho sobre el tema o no hace falta?

T.H.- No hace falta. Basta con ponernos a pensar. Tú piensa por un momento en tu colegio, seguro que recuerdas alguna escena. Creo que todo el mundo se puede colocar en uno de los tres lados, o viste acoso escolar, o lo sufriste o lo hiciste. De todos modos, una cosa es el acoso puntual de un día y otra distinta, es el acoso sistemático, un acoso diario. 

M.G.- Pero los maltratos que vemos en la novela no solamente es entre niños sino también entre adultos. Hay un matrimonio en el que se produce violencia de género.

T.H.- Sí, el matrimonio de Juan y Rosi. He querido reflejar que un cierto tipo de violencia moderada formaba parte de la sociedad normal de la época. Te pegaba el profe, te pegaba tu padre y el padre a veces pegaba a la madre. No era algo tan extraño, o por lo menos existía una agresión verbal, una humillación. Como yo soy el hombre, si tú no haces las cosas como yo quiero me enfado. Eso existió y era muy habitual. Lo puedes comprobar al hablar con mujeres de cierta edad que te contarán que la vecina tal tenía un marido que bebía, el pobre. ¡Pobre, ella! ¡Que él llegaba y le pegaba una buena paliza a la mujer!

M.G.- Pero como has comentado antes, lo que pretendes con la novela no es solo mostrar el acoso sino mostrar las consecuencias a corto y largo plazo. A los personajes de uno de los hilos temporales los veremos siendo adolescentes y luego como adultos.

T.H.- Esa es la gracia. No destripo nada porque es algo que sale en las primeras páginas pero, en el momento en el que los acosados se convierten en verdugos y se cargan al acosador todo cambia. El lector también se plantea muchas cosas porque a ver, lo que hicieron está mal. Nadie puede justificar eso pero a partir de ahí es muy difícil vivir como adulto con algo que hiciste de niño. Tiendes a justificarlo porque eras un crío, las circunstancias eran difíciles y el barrio era el que era y por eso hiciste lo que hiciste, pero al mismo tiempo, si tienes hijos, puedes pensar que a tu hijo le pueden llegar a hacer lo que tú le hiciste a otro niño. ¿Dónde te posicionas entonces? De golpe cambia la película. Por eso hay personajes en la novela que no se arrepienten pero otros, con hijos, tienen muchas más dudas. Es muy difícil asumir un pasado y asumirlo de verdad.

M.G.- Hay un fragmento en el libro, en las primeras páginas que creo que resume muy bien la novela. Dice así: '...es la crónica de una infancia, de una época, de unos adultos que resolvieron el tema atendiendo más a cuestiones de amistad que de justicia, y de unos chavales, incluido yo, que nos dejamos llevar por emociones tan básicas como la lealtad, la venganza o el miedo'. 

T.H.- Sí. Y la novela es además la historia de un pacto, un pacto que se mantiene hasta la edad adulta pero que se ve desde distinto ángulo cuando han pasado treinta y siete años. Claro, eso se puede hacer si se conoce toda la verdad del asunto porque, quizá, toda la verdad no se sepa.


M.G.- Y lo vamos a dejar ahí. Toni, me gustan mucho tus personajes. Creo que el hecho de ser psicólogo te permite construir unos personajes muy creíbles y muy sólidos. Esta es una novela con muchos personajes y a mí me ha impresionado varios. Por ejemplo, Juanpe es el niño que sufrió acoso de niño y que se ha convertido en un adulto torturado hasta el punto de tener terribles secuelas psicológicas. 

T.H.- Y psiquiátricas que seguramente heredó de su madre pero es que además tiene un montón de factores de estrés que lo hunden todavía más. Vivir de nuevo en casa de sus padres, los recuerdos, una vida totalmente desarraigada, una vida sexual y afectiva inexistente porque no es capaz de establecer relaciones con nadie, todo eso le pasa factura. Hay gente como Juanpe, ese vecino raro que no sabes muy bien qué le pasó pero anda siempre solo. Sin embargo, no es mal tipo. En el fondo él lo quiere es lo que tuvo, un amigo y recuperar con él el único verano en el que fue feliz. Lo malo de Juanpe no es que tenga malos recuerdos sino que tiene muy pocos buenos. Y los pocos recuerdos buenos que tiene están unidos a Víctor y a su familia, el otro protagonista de la novela.




M.G.- Por otra parte, Alena es un personaje que nos permite ver el acoso escolar desde otra perspectiva porque si Juanpe lo sufría en los años setenta a base de collejas, Alena lo sufre virtualmente, a través de las redes sociales.

T.H.- Sí, no hay agresiones de entrada.

M.G.- Pero no sé qué es peor que te den una colleja o que tu fotografía se haga viral y llegue a la vez a tanta y tanta gente...

T.H.- Es diferente. Lo de mejor o peor es difícil de determinar. La diferencia básica es que en el acoso de los 70, el acoso físico, es un cara a cara desproporcionado pero cuando termina, te vas a casa y estás a salvo. En cambio, en el caso de Alena, ella no está segura ni en casa porque su foto sigue circulando y ella lo sabe. El público no es ya los tres que miran en el patio del colegio. Para Alena el público es el mundo entero y sale a la calle y siente que todo el mundo la mira porque la han reconocido. Entra en una paranoia porque piensa que todo el mundo la ha visto. Ese acoso no termina nunca.

M.G.- Hay otro personaje del que no voy a decir el nombre pero tú vas a saber a quién me refiero. Es una pedazo de hija de puta, y perdón por la expresión. Es maquiavélica, una persona que se mueve por unos motivos un tanto absurdos.

T.H.- Sé a quién te refieres, claro. Ese personaje se inventa un motivo para hacer daño, lo que pasa es que luego se da cuenta que disfruta haciéndolo. Es una manipuladora, una non-stop. De continuar la novela hubiera hecho más daño a los que la rodean, incluso a su propia familia. Es una psicópata de manual que no tiene fin porque disfruta jodiendo a la gente. Pero seguro que lo hace porque se siente menospreciada, no querida y esto podría explicarlo pero no justificarlo.

M.G.- Es un personaje que deja de piedra. Y fíjate Toni, lo bueno que tiene esta novela es que todos los personajes, por pequeñitos que sean, tienen secretos. Eso la hace muy atractiva.

T.H.- Todos tenemos secretos. Todos tenemos algo que no le hemos contado a nadie o a casi nadie. Son secretos que un marido no le cuenta a su mujer, que una madre no le cuenta a su hijo, que un amigo no le cuenta a otro. Hay mucho juego porque los personajes deberían ser como las personas y las personas somos muy poliédricas y muy de contrastes, con cosas que contamos y cosas que no, cosas que no queremos contar pero de repente se escapan. He intentado que esta novela sea un pedazo de vida que parezca de verdad. He querido que te creas a Anabel, a Emilio, a Rosa, a esos años 70 en aquel barrio pero también que te creas a Saray, a Christian, a Alena, a Miriam,... a todo ese elenco del siglo XXI.

M.G.- Qué buena la elección de los nombres para esa trama que transcurre en 2016. Es verdad que es la vida de un barrio humilde, el barrio de San Ildefonso, solo que en los años 70 se llamaba Ciudad Satélite. ¿Qué vinculación tienes con estos escenarios?

T.H.- Yo estudié en ese barrio. A ver, soy del mismo pueblo. Cornellá es una localidad compuesta por varios barrios y vivía en el barrio Centro, el barrio de las familias autóctonas, por decirlo de algún modo. Mis padres habían nacido en Cataluña y era un poco el barrio de la gente de allí, para entendernos. San Ildefonso se crea de entrada para inmigrantes, básicamente andaluces y extremeños. Aquel barrio era para mí como una especie de espacio desconocido, al que no ibas porque no había nada que hacer. De hecho a ellos les faltaban las tiendas y tenían que venir a comprar a los  barrios restantes. Una población de veinte mil habitantes que pasa a tener ochenta mil en una década. Llegaron sesenta mil personas de repente. La sensación que se tenía entonces era un poco de invasión. Y se decían las mismas cosas que se dicen ahora, que eran gente que no tenían nada, que trabajaban en cualquier cosa y aceptaban cualquier sueldo.

M.G.- Pero este barrio te ha influido tanto que incluso hay un relato que complementa la novela.




T.H.- Sí, pero esto ya salió después. Es algo que me pidió la editorial. Hay un sello que se llama Flash y que solo hace relatos. Suele pedir historias breves que tiene que ver con la novela que acabas de publicar. Es un relato cortito pero muy chulo. Si te lo lees después de leer la novela, te das cuenta que algún personaje del libro sale en el relato. De todos modos te aclaro que no lo necesitas para complementar la novela, pero es curioso. Trata sobre Violeta, una niña que llega al barrio pero que nació en un pueblo extremeño. Porque los niños de 'Tigres de cristal' han nacido todos en Ciudad Satélite.

M.G.- Y 'Tigres de cristal' tiene una parte escrita en primera persona en la voz de Ismael López, un escritor que está recopilando lo que ocurrió en aquellos años 70, un poco para hacer una crónica para sí mismo. Pero es un recurso que enriquece mucho la estructura de la novela porque casi encontramos una historia dentro de otra.

T.H.- Sí, porque luego Ismael se convierte en un personaje propio. Ismael es un 'voyauer' como nos ocurre a todos los escritores. Tiene un papel mucho más importante en la historia de lo que en principio parece. Su culpa es distinta a la de Juanpe y a la Víctor aunque volvemos a lo mismo, todos tenían doce años. No contemos más. (Risas) 

M.G.- De acuerdo. Pues me gusta mucho el título. 'Tigres de cristal' suena a oxímoron. Los chicos de los años 70 se autodenominan los Tigres de Malasia haciendo referencia a las series de la época como Sandokan. 

T.H.- Quería jugar con la idea de los tigres como animales muy valientes pero de un materia delicado porque, por muy tigre que tú te creas, con doce años, no llegas ni a gatito.

M.G.- Es verdad. Y última pregunta. Te tengo que preguntar, lo siento. ¿Qué va a pasar con Héctor Salgado? (Risas)

T.H.- ¡Ay, no lo sé! Nunca digo que no porque cabe la posibilidad de que vuelva pero es verdad que si me vas leyendo...

M.G.- Vas cambiando, sí.

T.H. ¿Verdad? A lo mejor vuelve pero no lo sé.

M.G.- Le has cogido gusto a otro tipo de novela. Es que cuando nos vimos en 2016 me dijiste algo así como que tenías cierta incertidumbre por alejarte de Héctor Salgado, un personaje que te funcionó bien, pero yo creo que has cogido fuerza y te has afianzado.

T.H.- Sí. Lo echo de menos como personaje pero no sé si me aportaría nada nuevo.

M.G.- Hay que evolucionar.

T.H.- Sí, y al final escribí una trilogía y ahí está. Hay que cerrar etapas en la vida.

M.G.- Soy de la opinión de que estirar mucho no es buena cosa.

T.H.- Ya. ¿Verdad, que no?

M.G.- No. Bueno Toni, como siempre un placer volverte a ver y un placer disfrutar de tu nueva novela. Estos tigres de cristal van a dar que hablar.

T.H.- Espero que sí. Muchas gracias a ti.

Pues así nos hablo Toni Hill de su nueva novela. Espero que te haya resultado interesante. 



Ficha novela

Editorial: Grijalbo.
Encuadernación:Tapa dura con sobrecubiertas.
Nº Páginas: 480
Publicación: Mayo, 2018
Precio: 19,90€
ISBN: 9788425356483
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí.




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