Que me gusta el cine de terror es algo que ya todos sabéis. Por esta sección suele aparecer algún que otro largometraje con espíritus, poseídos, asesinos, demonios, maniacos, brujas y muertos vivientes como protagonistas. No sabría decir cuántas películas de terror habré visto hasta ahora, probablemente muchas más de las que creo, y entre todas ellas me he encontrado un poco de todo, desde los filmes infumables llenos de tópicos hasta otros muchos más originales que te dejaban una sensación incomoda al salir de la sala del cine. En cualquier caso, no me resisto al terror aunque sea para pasar un mal rato.
El pasado 30 de agosto, el cineasta Wes Craven abandonaba la tierra de los vivos. Considerado uno de los grandes en cuanto a cine de terror se refiere, Craven fallece en su casa de Los Ángeles a la edad de 76 años, víctima de un cáncer cerebral. Deja atrás más de una veintena películas, entre las que destacan su criatura más escalofriante, Freddy Krueger, aquel individuo de uñas aceradas y rostro desfigurado que ha estado invadiendo nuestros sueños desde 1984.
Pero, ¿quién era Wes Craven?
Nacido en Cleveland (Ohio), allá por 1939, hijo de Paul Craven y Caroline Miller, Craven recibió una educación religiosa (sus padres eran bautistas) aunque de adulto se declaró ateo. Durante su infancia residió junto a un cementerio y quizás de ahí le vino su afición por el terror. En cualquier caso, los cómics también fueron fuente de inspiración.
Licenciado en Inglés y Psicología, aunque también cursó Filosofía, sus estudios le valieron para impartir clases de Inglés en el Westminster College e incluso ejerció de profesor de humanidades. Pero su vocación no era la docencia. El destino le tenía otro camino reservado así que, tras un tiempo trabajando también como taxista, entró en la industria del cine como editor de sonido hasta que en 1972, debuta como director y guionista con la película de terror, La última casa a la izquierda.
A este largometraje le seguirían otros tantos:
* Las colinas tienen ojos (1977), que cuenta con una segunda entrega e incluso un remake.
* Bendición mortal (1981).
* La cosa del pantano (1982), basada en el cómic de Len Wein, Berni Wrightson.
Y llegó Freddy Krueger. En 1984, Craven escribe el guión y dirige Pesadilla en Elm Street, largometraje que lo catapultó a la fama gracias a las terribles fechorías de un individuo que se colaba en los sueños de los jóvenes para perseguirlos y arrebatarles la vida mientras dormían. Krueger, interpretado por Robert Englund, cosechó tanto éxito que aquella primera entrega (en la que aparece un joven Johnny Deep) se convirtió en una saga con seis largometrajes más, rodados entre 1985 y 1991. En las secuelas Craven llegó a participar de manera más indirecta, salvo en la tercera de la que colaboró en el guión. Y al margen de la saga, el personaje dio tanto de sí que se rodó una nueva película, narrando los orígenes de Krueger y un documental que explicaba el impacto de la saga.
No fue el único bombazo de Craven. Tendrían que pasar doce años para que el cineasta volviera a ganarse al público. En Scream. Vigila quien llama (1996), un psicópata tenía atemorizada a todas las jovencitas de un determinado barrio que pasaban las noches solas en casa. Una macabra careta blanca se convirtió en icono del terror, dando pie a otra saga compuesta por tres largometrajes más, todas dirigidas por él.
Y entre una saga y otra, hubo más películas de terror:
* Amiga mortal (1986).
* La serpiente y el arco iris (1988).
* Schocker, 100.000 voltios de terror (1989).
* El sótano del miedo (1991).
* La nueva pesadilla de Wes Craven (1994).
* Almas condenadas (2010).
Pero también hizo otras películas encuadradas en otros géneros. En Un vampiro suelto en Brooklyn (1995), con Eddie Murphy, y La maldición (2005) le da un giro cómico al género, con Música del corazón (1999), interpretada por Meryl Streep, se adentra en el drama, con Vuelo Nocturno (2005) probó en los thrillers y con Paris, je t'aime coloca a Natalie Portman al frente de un romance.
Pero Wes Craven estaría siempre vinculado al terror y más allá de eso, nada funcionaría igual. Aún así, también emprendió proyectos para televisión y se atrevió a escribir un libro, El noveno clon.


