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lunes, 25 de septiembre de 2023

DEMASIADA GENTE de Manuel Machuca

Editorial: Libros Padilla
Fecha publicación: junio, 2023
Precio: 16,50 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 150
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-8434-785-9


Autor

Manuel Machuca tiene publicadas hasta ahora cinco novelas (Aquel viernes de julio, 2012, Editorial Anantes; El guacamayo rojo, 2014, Editorial Anantes; Tres mil viajes al sur, 2016, Editorial Anantes, finalista del Premio Ateneo de Sevilla de novela 2015; Tres muertos, 2019, Ediciones La isla de Siltolá; y Demasiada gente, 2023, Padilla Libros) y numerosos relatos («Conversaciones bajo los cipreses», Relatos de farmacéuticos, 2006, OFIL; «La hacienda», Revista Motor de Ideas (Argentina); «Volver», Hidra verde. Relatos de farmacéuticos hispanoamericanos, 2015, Tropo Editores; «Telegráfica 5», Vida salvaje, Editorial Maclein y Parker, 2016; «Lo maté porque era mía», El derbi final, 2015, El Paseo Editorial; «Invictus», Blog de Maclein y Parker, 2016; «La confesión», Blog de Antonio Muñoz Molina, 2013; «La muerte de Manolito El Botica», Poetas hipocondríacos. Antología, Editorial Liliputienses, 2016; Mujeres en movimiento, Editorial Extravertida, 2020; «Juicio a D10s», Maradona, uno de los nuestros, Editorial Anantes, 2021; «El examen», Los misterios del hilo de Ariadna, Editorial Cazador de ratas, 2021).

Ha prologado diversos libros, participado en proyectos teatrales y literarios (Mujer migrante On-Off, Proyecto Boza, un grito contra el silencio y Tres pies al gato) y en conferencias.

Desde el año 2018 ejerce de forma periódica la crítica literaria en Estado Crítico (www.criticoestado.es) ha publicado artículos en Sevilla Información, Diario de Sevilla, Cambio 16, Cuadernos para el diálogo y Diario 16. Mantiene una columna mensual en la revista El Farmacéutico y otra semanal en el periódico deportivo digital La Colina de Nervión.

Ha colaborado asiduamente con Correo Farmacéutico y ha publicado en la práctica totalidad de las revistas de divulgación del ámbito farmacéutico. También ha sido colaborador semanal en el programa de radio La Colina Radio Show de FM Neo Radio 90.4 FM de Sevilla durante la temporada deportiva 2018-2019.
En 1999 recibió el premio periodístico de la Fundación Farmacéutica Avenzoar al mejor artículo periodístico farmacéutico publicado en prensa; en 2015 fue finalista del Premio Ateneo de Sevilla de novela y ha sido ganador del VIII Concurso de Microrrelatos organizado por la Librería El Gusanito Lector de Sevilla (2021).

Sinopsis

«Demasiada gente» es su sexta obra literaria completa, quinta novela desde que comenzó con «Aquel viernes de julio», en 2012. Como aquel libro primero, «Demasiada gente» surge de una conversación entre la mujer que protagoniza la historia y el autor, que escucha y luego novela una biografía fascinante a partir de un trágico hecho.

A Fernanda, la protagonista de esta novela, le robaron su cuarto hijo al nacer con la excusa de que había muerto durante el parto, en los años 70 del siglo pasado.

En España, las asociaciones cifran en 300.000 los bebés robados entre los años 1940 y 1990 a familias humildes, con pocos recursos económicos y sin apenas voz para defenderse.

«Demasiada gente» aunque es una historia sobre niños robados durante la dictadura franquista, uno de esos trescientos mil bebés arrancados a sus madres, a sus familias, a los que aluden las estadísticas de una época oscura de España que aún hoy resulta tenebrosa, descubre una Fernanda sencilla pero luchadora, con ganas de aprender y descubrir qué ocurrió con su hijo.

Una novela que narra la historia maldita de estas madres a las que aún hoy se las ignora y se las condena al olvido o a la locura. A Fernanda le robaron su hijo en el hospital cuyo edificio es hoy sede de la soberanía popular, el Parlamento de Andalucía. Ningún correlato más potente que este para una historia de incomprensión, injusticia y desprecio desde el poder a uno de sus ciudadanos. Hoy, desde el poder, a ella y a las madres, padres y familias de esos trescientos mil bebés robados, se los condena al olvido, a que mueran con la herida irreparable cometida contra ellos, y que la falta de memoria de este país, esa memoria que volverán a enterrar los hijos del régimen que permitió aquello, dejará impune, lista para volver a repetirse de nuevas y subrogadas maneras.

[Información tomada de la web de la editorial]




Cuando el sol caía a plomo sobre Sevilla, Manuel Machuca tuvo la gran suerte de presentar su última novela el día 20 de junio, justo cuando las altas temperaturas nos daban cierto respiro. En el centro cívico de La Buhaira nos congregamos un buen puñado de amigos para escuchar al autor hablar sobre su última publicación. Demasiada gente, editada por Libros Padilla, es la novela número quinta del autor sevillano, cuyas obras siempre se caracterizan por su gran humanidad y por abordar cuestiones sociales de gran calado. No podía ser de otro modo siendo como es la persona que firma estas letras.

Manuel Machuca estuvo acompañado por el escritor Isaac Rosa, la periodista Sandra Camps, y la editora María Padilla, y fue la propia Camps quien inició el acto, comentando que «todos los libros de Manuel tienen algo en común, las personas». Y no puedo estar más de acuerdo. Si algo caracteriza a Manuel es su capacidad de escucha y su deseo de ayudar a los demás. A esa botica en la que ejerce como farmacéutico se acercan muchos parroquianos. Especialmente muchos abuelos y abuelas que arrastran sus achaques, pero también sus miserias. La idea de dar voz a los menos escuchados se inició con su primera novela, Aquel viernes de julio, cuando, en la trastienda de la farmacia, Machuca daba de merendar a los abuelos del barrio mientras escuchaba las historias sobre sus vivencias durante la guerra civil. Desde entonces, este autor ha querido seguir dando voz a las voces mudas, a las que nadie presta atención, a las que pronto se olvidan. Y este es el caso de Demasiada gente donde, nuevamente, el autor se sienta a escuchar para dar a conocer una historia personal e íntima, llena de dolor y sufrimiento. Como afirmó Isaac Rosa, el verdadero interés de Manuel Machuca a la hora de sentarse a escribir es luchar contra el olvido y el desconocimiento de tantas y tantas historias personales que bien merecen nuestra atención. 

Demasiada gente ya ha pasado por mis manos. Lo hizo durante el verano. Por eso este post va a ser un poquito diferente, una especie de híbrido entre crónica y reseña. Os iré descubriendo lo que se dijo durante la presentación, al tiempo que iré intercalando mis propias impresiones. Así que, vamos allá.

En el acto de presentación, y tras la apertura de Camps, tomó la palabra el propio autor para dar las gracias. Inició su intervención explicando que su relación con la literatura se inicia de manera causal. Siendo farmacéutico ha sido testigo directo de la fragilidad humana y del dolor causado por la enfermedad, algo que siempre conduce a la entrega, al hecho de sincerarse, aunque no conozcamos a nuestro interlocutor. Machuca siempre mostró especial interés por la gente de abajo, por aquellos que realmente construyen la historia de una sociedad, de un país.

Demasiada gente está protagonizada por Fernanda. De nuevo es una mujer la que ejerce el protagonismo y es que, como el propio autor comentó en aquel encuentro, siempre le han interesado mucho las mujeres. «Creo que, en casi todas las novelas que he escrito, los personajes más potentes son mujeres». Aclaró que quizá sea así porque, durante sus días de trabajo en la farmacia, trata mucho más con mujeres que con hombres. Ese trato «me ha hecho desarrollar la capacidad de escucha hacia lo femenino». Machuca siempre opta por poner la historia al servicio del lector, para invitarlo a reflexionar, «con el objeto de llegar a convertirnos en mejores personas».


 
Demasiada gente narra la historia de Fernanda, a la que apodan la Garraposita -«como me reveló que la llamaban de niña»-. El narrador, que será el propio Manuel Machuca, conoce a esta mujer de 75 años cuando, una tarde calurosa, entra en la farmacia. A Fernanda le duelen las piernas y busca algún remedio que le alivie el dolor, incrementado por las altas temperaturas. Como si se tratara de contar las cuentas de un rosario, la mujer comienza a desgranar todos los males que padece. Y así, entre operaciones pendientes e inflamaciones de rodilla, confiesa que le robaron un hijo.                                                                                                                                                                                                     «Fernando nació el 6 de noviembre de 1970 en la Casa de la Muerte. Y allí me lo arrebataron, sin que me dejaran tenerlo ni una sola vez en mis brazos». [pág. 19]                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 Con la Casa de la Muerte se refiere al antiguo Hospital de las Cinco Llagas, que fue institución sanitaria hasta el año 1972. Hoy, curiosamente, es la sede del Parlamento de Andalucía. A Machuca, tras aquella revelación, se le erizó el vello.  Él, que siempre está atento a las pequeñas grandes historias, siente inmediatamente gran interés por aquel suceso. Así que le propone a Fernanda visitarla en su casa para que ella, en su entorno, le cuente su historia. De este modo, a través de diversos flashbacks, el autor irá construyendo el recorrido vital de esta mujer desde su infancia hasta la edad adulta. Nos hablará de sus abuelos, de sus padres y de una hermana, Guadalupe, de la que mejor no os desvelo nada. Fernanda irá de desgracia en desgracia, buscándose la vida. Tendrá una infancia terrible, tratará de huir de una atmósfera asfixiante, se casará y tendrá hijos, pero el destino no deja de jugarle malas pasadas una y otra vez.  



El robo de bebés

El robo de bebés saltó a la actualidad informativa hace bastante tiempo. Y ocurre como ocurre con todas las noticias. Al principio, se habla mucho del asunto en cuestión para posteriormente quedar sepultado por otros sucesos de más actualidad. Pero no hay que olvidar que, como señaló el autor en la presentación, entre 1940 y 1990 se robaron trescientos mil niños en este país, «aunque no es una práctica que se haya dado sólo en España. Todos conocemos lo que ha sucedido en Argentina, Uruguay o Portugal». A la pérdida de un hijo en estas circunstancias, Machuca apuntó también que hay una carga adicional, el descrédito por parte de la familia, «con un mal sentido de la compasión». Cree que si la familia le quita importancia, no es por despreciar los sentimientos de la madre, sino para tratar de que a ella se le quite la idea de la cabeza. El problema es que eso solo acrecienta el dramatismo de la situación. Y esto es precisamente lo que le ocurre a Fernanda. «Tiene hijos que son profesores de universidad pero no la creen. Aseguran que su hijo falleció, a pesar de que nadie viera el cadáver. Su suegro era panadero. Sabía lo que pesaban las cosas, como también sabía que aquel ataúd iba vacío».

          
Lo que contiene las páginas de Demasiada gente es un relato imprescindible. Escribir y leer esta historia es hacer un acto de justicia. La historia de Fernanda, como la de otras muchas mujeres, debe ser conocida. Hay que ponerse en la piel de estas madres que, durante nueve meses, llevaron un hijo dentro al que, tras el parto, ni siquiera pudieron ver. Machuca narra la realidad de Fernanda, una realidad que ha sido dura, descarnada, terrible, pero también introduce elementos de ficción. Admito que la parte en la que se describe cómo Fernanda parió a su hijo te deja hecha polvo. Inevitablemente cae sobre el lector la tristeza y la desolación.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               «A la mujer le daba igual que llorara o no. Con la ayuda de las muchachas me tumbó en el suelo y me ató de pies y manos al borrico. Sin quitarme la ropa ni nada. Yo les rogaba que no lo hicieran, les gritaba que no estaba cumplida, que sólo venía a que me revisaran porque había perdido una poquita de agua. Pero no me hicieron caso. Y mi marido sin venir. Me pusieron una inyección y ya no me enteré de nada más». [pág. 75]                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               Y a pesar de la dureza de los hechos narrados, estamos ante una historia tratada con ternura, sin caer en excesos ni en dramatismos histriónicos que arrojen sobre nosotros la sensación de artificialidad, de tal manera que el lector pueda conectar directamente con la protagonista.

Sobre el robo de los bebés se habló mucho durante la presentación, como refleja el vídeo-resumen del acto que tienes a continuación.






Fernanda y Paula

Y aunque la protagonista se llame Fernanda, la mujer en la que Manuel Machuca se inspiró para escribir esta historia lleva el precioso nombre de Paula. A Paula, le robaron el cuarto hijo de los ocho que tuvo. Sin embargo, y a pesar de lo terrible, «y de una situación familiar complicada», ella tiró hacia delante. Tenía que atender a los siete restantes. «Cosía y lavaba para la calle. Hizo todas la labores que una mujer sin estudios de la época hacia en España si no estaba casada con un señor con dinero». 

Según nos comentó Manuel, Paula llegó a leer el manuscrito y le dio el visto bueno. «Le gustó mucho», afirmó. Contó que le llevó el primer ejemplar y grabó ese momento tan emotivo que el autor subió a sus redes sociales (puedes verlo aquí). Paula y Fernanda. Fernanda y Paula. En definitiva, una mujer que no dejará de buscar nunca a su hijo. 

Y en este punto, voy a pedirte algo importante. Te pido que le concedas unos minutos de tu tiempo a Paula. Escúchala en esta entrevista que le hicieron junto a Manuel Machuca en Canal Sur Tv.  Ella, como mejor puede, trata de explicar a los espectadores lo que le ocurrió el día que dio a luz a su cuarto hijo. Es inevitable sentir una ternura infinita por una mujer que lo pasó tan mal y a la que la vida ha castigado tan duramente. Escucha la entrevista completa aquí





Estilo y estructura

La novela cuenta con quince capítulos de corta extensión. En el último, a modo de epílogo, Machuca se dirige directamente al lector. Desvela en esas líneas que no todo lo que cuenta es real ni todo lo que Paula le contó está recogido en el libro, por expreso deseo de ella. En cualquier caso, e imagino que para dar más veracidad al relato, el autor opta por incorporar en el texto mensajes que madres, hermanos, hermanas, hijos e hijas cuelgan en algunas páginas de Facebook, dedicadas a los bebés robados. Leer estos mensajes me ha parecido descorazonador aunque, también hay alguna pequeña alegría que una siente casi como propia. Y, de igual modo y con la misma intención, Machuca transcribe notas de audio (todas reales) que fue compartiendo con Fernanda. Leerlas es darte cuenta de lo sencilla que es esta mujer, haciendo partícipe al autor de sus cosas más cotidianas, de sus pensamientos, de su día a día. Son pequeñas anécdotas que nos conmueven. Y también te das cuenta de lo sola que está. 


Machuca es un mero transmisor de esta historia. Ya se comentó en la presentación. Él no quiere hablar por boca de otros sino que esos otros sean los que hablen, utilizándolo a él como vehículo de comunicación. Y así lo mencionó Camps al señalar que, «de la manera en la que está narrada esta historia se advierte que quien escucha, deja hablar libremente, casi que sin preguntar, sin condicionar, sin matizar; dejando que el que hable lo haga como quiera»,  y evidenciando que entre el narrador y la protagonista hay una complicidad brutal.

Otras cuestiones

En circunstancias normales, publicar una novela es realmente difícil. Manuel confesó que conseguir editor para la historia de Fernanda ha sido un arduo camino. Comentó que había puesto mucha ilusión en este proyecto pero que lo ha desgastado mucho. «Ha sido un proceso muy ingrato porque terminé este relato antes de la pandemia» y si no llega a ser por Libros Padilla, que apostó por esta narración, posiblemente se hubiera quedado en el cajón. Machuca tenía miedo de que, debido a la delicada salud de Paula, ella no llegara a ver el resultado final. Por suerte, y como se ve en el perfil de Facebook del autor, Paula ha podido tocar su historia, una novela que los propios hijos de Paula no han querido ni leer. 

Dice Manuel que le gustaría que este libro llegara muy lejos pero no por él sino por Paula, para  hacer justicia y para que ella sepa que el mundo sabe su historia. Machuca ha puesto su granito de arena con la escritura. Y yo quiero poner el mío, con su lectura y con este post. Nunca debió ocurrir lo que ocurrió. A ninguna madre se le debería arrebatar a su hijo porque eso es igual que condenarla en vida.

 
Y yo me pregunto lo mismo que se preguntó Isaac Rosa en la presentación. ¿Cuántas mujeres estarán en la misma situación que Fernanda? ¿Cuántas de ellas llegarán a leer este libro, preguntándose qué habrá sido de su hijo, cómo será, en quién se habrá convertido? Y podría llegar aún más lejos, al ponerme en la posición de otro elemento importante. También me pregunto si, en algún momento, algún hombre o alguna mujer, quizá atisbando alguna duda en su interior, se pregunte dónde estará su madre y si todavía vive.


Por poner fin a esta reseña, Demasiada gente es de esas lecturas que ponen sobre la mesa el papel social que juega la literatura. Estamos ante una novela luminosa porque, a pesar de lo aterrador del relato y de lo intenso del dolor de Paula, cuenta con un desenlace esperanzador que nos invita a soñar un bonito final. 

Y dice el autor que él escribe porque hay cosas que le duelen. Y yo añado que yo leo para que haya cosas que me duelan. 

Sinopsis: 
«Demasiada gente» es su sexta obra literaria completa, quinta novela desde que comenzó con «Aquel viernes de julio», en 2012. Como aquel libro primero, «Demasiada gente» surge de una conversación entre la mujer que protagoniza la historia y el autor, que escucha y luego novela una biografía fascinante a partir de un trágico hecho.

A Fernanda, la protagonista de esta novela, le robaron su cuarto hijo al nacer con la excusa de que había muerto durante el parto, en los años 70 del siglo pasado.

En España, las asociaciones cifran en 300.000 los bebés robados entre los años 1940 y 1990 a familias humildes, con pocos recursos económicos y sin apenas voz para defenderse.

«Demasiada gente» aunque es una historia sobre niños robados durante la dictadura franquista, uno de esos trescientos mil bebés arrancados a sus madres, a sus familias, a los que aluden las estadísticas de una época oscura de España que aún hoy resulta tenebrosa, descubre una Fernanda sencilla pero luchadora, con ganas de aprender y descubrir qué ocurrió con su hijo.

Una novela que narra la historia maldita de estas madres a las que aún hoy se las ignora y se las condena al olvido o a la locura. A Fernanda le robaron su hijo en el hospital cuyo edificio es hoy sede de la soberanía popular, el Parlamento de Andalucía. Ningún correlato más potente que este para una historia de incomprensión, injusticia y desprecio desde el poder a uno de sus ciudadanos. Hoy, desde el poder, a ella y a las madres, padres y familias de esos trescientos mil bebés robados, se los condena al olvido, a que mueran con la herida irreparable cometida contra ellos, y que la falta de memoria de este país, esa memoria que volverán a enterrar los hijos del régimen que permitió aquello, dejará impune, lista para volver a repetirse de nuevas y subrogadas maneras.


viernes, 2 de agosto de 2019

TRES MUERTOS de Manuel Machuca.

Resultado de imagen de tres muertos manuel machuca

Editorial: La isla de Siltolá.
Fecha publicación: 2019
Precio: 20,00 €
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 344 
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN: 978-84-17352-42-4



Autor

Manuel Machuca debutó como novelista con Aquel viernes de julio, a la que siguieron El guacamayo rojo y Tres mil viajes al sur, con la que fue finalista del Premio de Novela Ateneo de Sevilla. Ha coordinado dos libros de relatos de escritores farmacéuticos, Relatos de farmacéuticos e Hidra verde, y otro sobre la rivalidad del fútbol sevillano, El derbi final. Ha colaborado en diversas revistas, culturales como la argentina Motor de ideas; de información general, como Cambio 16, Cuadernos para el Diálogo; periódicos como los diarios del Grupo Joly, Andalucía Información; y diversas revistas científicas y deportivas, obteniendo el Premio periodístico de la Fundación Avenzoar. Tres muertos en su cuarta novela. 

Sinopsis

Un deportista tardío, entrenador prematuro, profesional precoz y científico frustrado, convertido en su madurez en novelista de segunda o tercera fila, según sus propias palabras,  escribe la historia de su familia con el objetivo de encontrar respuestas a su propia vida. Una vida de búsqueda constante en la que alcanzó sus metas, unas veces demasiado pronto y otras demasiado tarde. Hijo de una familia de clase media alta, universitaria, a la que los años de la transición española desestructuró por completo, relata sus recuerdos y su historia, a través de las voces de su abuela, de su madre y de él mismo los días en los que fallece alguien importante para cada uno de ellos.

Tres muertos es una novela que recorre junto a sus protagonistas la historia de España desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, pero que sobre todo, trata sobre el perdón como camino de salvación personal; escrita en una época actual, en la que la venganza y la destrucción de las víctimas ha sustituido a la reinserción social y a la capacidad de perdonar, socavando de esta forma los cimientos éticos de nuestra sociedad.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Suelo ir tomando notas cuando leo un libro. Algún dato de la trama, alguna cualidad del protagonista y todas mis emociones. Aunque es algo engorroso porque me obliga a frenar la lectura cada poco tiempo, no conozco otra manera de hacerlo para redactar con posterioridad una reseña medio decente. Pero de esta práctica, y con el paso de los años, he aprendido que  la cantidad de anotaciones tomadas es inversamente proporcional al nivel de disfrute de la novela, o lo que es lo mismo, a menos notas, más implicación por mi parte. Un dato de lo más revelador, signo inequívoco de mi conexión con el texto. Y es que hay novelas con las que un lector no puede parar de leer, ni para bajarse de un transporte público, ni para preparar la cena, ni mucho menos para tomar notas.  Andas tan metido entre las líneas que, puedes estar en una playa bulliciosa bajo un maravilloso día soleado y disfrutando de la brisa marina en tu piel, que tú te sientes en otro punto del planeta, encerrada en una habitación que huele a decrepitud y amargura, mientras cae una lluvia torrencial tras las ventanas. Ese es, ni más ni menos, el poder de la Literatura, el efecto que produce un texto escrito con pasión, amor, dolor,... un maremágnum de sentimientos que traspasa las páginas, como así ocurre en Tres muertos, donde uno se sumerge en un mar tormentoso de emociones.

Manuel Machuca se abre en canal en esta nueva novela. Entre estas páginas encontramos al hombre desnudo de todo artificio, al hijo que nos habló un día de gitanas del arrabal trianero, de guacamayos rojos que volaban sobre recuerdos lejanos y de mujeres rotas y deshechas, pero valientes. Y sin embargo, era Manuel el que necesitaba enmendar su alma, curar sus heridas, encontrar la calma, perdonar y pedir perdón. Y como Manuel, cada uno de nosotros. Sí, todos nosotros. Porque la Literatura tiene más de un don. Es indudable que nos hace viajar pero también es capaz de acercarnos a otros, de convertir lo particular en universal, de ayudarnos a despojarnos de lo amargo. Por eso, entre esas notas de las que hablaba al principio, figura la siguiente: 'Manuel y yo no somos tan distintos'. No lo somos. Ni mucho menos.

Tres muertos se compone de tres historias engarzadas y tejidas por los hilos familiares del propio autor. En ellas, el lector tiene el privilegio de asomarse al pasado de Machuca, a su presente y quién sabe si a su futuro. Lo hacemos a través de su abuela (La mujer del capitán Esmeralda), una mujer de las de antes, con una vida tan novelesca que bien merecería un protagonismo en solitario. Su relato se inicia en junio de 1981, justo tras el fallecimiento de su segundo marido -el primer muerto-, apodado el Cabal. Ante Dolores, una asistenta que no abre la boca, y aguardando la llegada de una hija, que se afana en los preparativos de un velatorio y sepelio, la narradora irá desgranando toda una vida de vicisitudes, una existencia llena de episodios insólitos. 

Seis años después, tomará el relevo aquella hija que orquestaba el entierro de su padre, la madre de Manuel. Agotada y sumida en la amargura, La hija del Cabal también hará balance ante un marido que es ya una sombra de lo que fue pero no será este hombre, vencido y que ya no se vale por sí mismo, el que despierte los fantasmas del pasado, sino Gregorio, el segundo muerto de esta historia, un amor de juventud que se truncó porque el pasado nunca deja de perseguirnos. Por eso ella no quiere invocarlo, lo ha rehuido toda su vida y reniega incluso de sus orígenes, dentro de ese círculo social en el que se mueve y en el que, a la larga, solo encuentra 'avaros que viven sólo para amasar fortunas' y que vuelven la espalda cuando las desgracias entran por la puerta.  

Y cierra el volumen El hijo del agobio, el propio Manuel que vela el cadáver de una madre, un día de febrero de 2018.  Sin posibilidad de réplica, el narrador va sacando de sus bolsillos todas las piedras que hay ido recogiendo por el camino, todos esos desencuentros con su madre, un discurso lleno de reproches amargos que, en el avance hacia el desenlace, se va suavizando hasta llegar al último punto posible, al perdón que se concede y al que se pide. Ahí radica la meta de este camino que ha dejado nulo espacio a todo aquello que no fuera dolor y amargura. La palabra 'perdón' es el pilar sobre el que se sustenta toda la narración.

Pero no queda todo ahí. Antes de adentrarnos en estos testimonios, encontramos una carta personal fechada el 28 de diciembre de 2016. El día de los inocentes. En esa carta, que no está dirigida a nosotros sino a su familia directa, Manuel nos habla con su voz y nos mira con sus ojos, mientras asiente en silencio. Sabe que lo que está a punto de hacer conlleva un riesgo, pero es que llegó el día, como esa canción de Triana que también es la banda sonora de este libro. Llegó el día de destapar la caja de los truenos. Y es que ya lo decía Ítalo Calvino.





Nada más enfrentarte a esta carta, el lector intuye que lo que se avecina no va a dejar indiferente. Si todo el texto tiene la fuerza, la potencia, la sinceridad que derraman estas líneas, estamos perdidos. La rendición es incuestionable. Sería deshonesto por mi parte no incidir en la conmoción absoluta que me ha provocado este volumen, una novela que casi se podría interpretar como un libro de relatos con nexos en común porque, para empezar, cada línea está escrita desde lo más profundo del alma, realizando el autor un severo ejercicio de introspección y aventurándose a usurpar la piel de su abuela y de su madre, para contarnos la historia de ambas. Todo ello, y por el evidente carácter testimonial que tienen los textos, escrito en primera persona.

Y al margen de una narración familiar, Tres muertos es también el relato de una época, desde lo social a lo político. La abuela es la encargada de hacernos llegar los ecos de una Exposición Iberoamericana, de una monarquía que cae en favor de la república, de una guerra civil que estalla, mientras que la hija, más cercana a nuestro tiempo, dibujará el paisaje de la alta sociedad sevillana. Todo ello conforma el sustento necesario de un diálogo disfrazado porque, en realidad, no es más que un monólogo interior en el que no cabe réplica alguna. Los tres narradores son personas que se desahogan, se vacían, sin recibir respuesta ya que, quienes los escuchan, o no pueden hacer nada por ellos o ya es demasiado tarde para cambiar las cosas.

Si tuviera que decantarme por una de las tres partes, no sabría muy bien cuál elegir. La abuela me ha cautivado por su vida azarosa, en la que hoy está arriba y al día siguiente abajo. La madre me ha conmovido por su capitulación final, por esa concesión ante un amor que ha estado siempre ahí, agazapado y oculto. Pero quizá sea el último texto, el del hijo, el que más me ha desgarrado. Para mí ha sido la parte más dura -durísima- y a la vez la más hermosa. Cuando alguien se entrega del modo en el que Manuel lo hace en esas páginas, es inevitable estremecerse, bajar la mirada e indagar en nuestro interior. Qué difíciles son las relaciones entre padres e hijos, qué papel más complejo le toca a las madres y qué complicado es ejecutarlo bien. No esperaba encontrarme lo que me he encontrado, madres que, en sus últimos momentos fueron las madres que debieron ser, despojadas de una coraza que ellas mismas se auto-impusieron, que nunca se permitieron ser felices, que nunca disfrutaron de lo que la vida les brindó. Lees y entiendes que hay más hijos del agobio y del dolor, que jamás recibieron un abrazo cálido y reconfortante. Pero para qué vivir en el rencor. Por las víctimas hay que sentir compasión, hay que perdonarlas y de paso, pedir perdón también. 

Abuela, hija y nieto son tres voces que anhelaban una vida que no les tocó en suerte. Los tres hubieran deseado tener una casa y una vida 'como las de las demás familias' pero, ¿cómo son las familias de los demás? Dice una amiga que mi familia es rara, que no hablamos ni nos relacionamos, y yo me permito responder, alterando ese inicio de Ana Karenina, que todas las familias lo son y cada una a su manera. No cabe duda que las relaciones, con lazos de sangre o no, son complejas. Las familiares lo son especialmente por la imposición que acarrean pero, en todas cuecen habas y a todas las une más lo que las iguala que lo que las diferencia. 

Huelga decir que no todo lo narrado en Tres muertos corresponde a la realidad más absoluta. La ficción asoma lo justo para dar empaque al texto. Y lo que está claro es que, en lo emocional, no hay trampa ni cartón, que las palabras se han escrito sobre los renglones de la sinceridad. 

Tres muertos es una novela dura, lo reconozco. Probablemente sea hasta la fecha la novela más intensa de este autor, la mejor. Sin duda, la más personal, pero este grito de dolor solo busca hallar la paz de espíritu, aparcar en el camino la amargura que ha horadado los días, las semanas, los meses y los años para sentir, de una vez por todas, el sosiego de una vida en calma.

Sé que mis palabras pueden asustarte, lector, pero confía en mí. Tres muertos ha sido una lectura de la que no se sale indemne, que transforma y provoca en nuestro interior un terremoto de emociones. ¿Y no es eso maravilloso?






 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



lunes, 3 de junio de 2019

Presentación TRES MUERTOS de Manuel Machuca

Hace unas semanas pudimos asistir a la presentación de la nueva novela de Manuel Machuca que lleva por título Tres muertos y está editada por La isla de Siltóla. Machuca, autor sevillano al que ya conocemos por otros títulos como Aquel viernes de Julio, El guacamayo rojo o Tres mil viajes al sur, regresa con una historia peculiar vertebrada en tres partes y con un marcado carácter introspectivo. 




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El acto, que tuvo lugar en el mercado de abastos del barrio Tiro de Línea de Sevilla, se inició con las palabras de Paco Ávila, presidente de la asociación de placeros del mercado, quien nos dio la bienvenida a un lugar que pretende convertirse en un centro cultural además de un establecimiento de viandas, y apuntó también que la elección de aquel espacio de presentación tenía mucho que ver con el argumento de la novela, de ahí que Machuca quisiera convocarnos en aquel foro. 

Acompañando al autor se encontraban Ana Pérez Luna y Eduardo Cruz Acillona. Pérez aseguró que la novela es de lectura ágil y ritmo asequible, aunque comienza con algo de lentitud y poco a poco va tomando brío hasta volverse frenética. A la periodista le sorprendió la capacidad del autor a la hora de meterse en la piel de una mujer, en esta historia dolorosa de superación de la propia vida, con un interesante enfoque y un sentido del humor que ya es marca de la casa. El autor desarrolla la idea en el siguiente vídeo.





Por su parte, Cruz Acillona fue el encargado de hacer un breve resumen de la novela, alegando que el libro consta de tres capítulos, tres historias que marcarán el recorrido de una misma familia. Los tres personajes principales serán una abuela, una madre y un hijo, que desarrollarán en primera persona un monólogo tras la muerte de alguien cercano. 'Son tres monólogos que, en cierto modo, me han recordado a "Cinco horas con Mario" de Miguel Delibes', señaló Cruz. 

En un distendido coloquio entre los presentadores y el autor, este nos confesó que había tardado dos años y medio en escribir esta novela. 'Necesitaba escribirla y llevaba mucho tiempo dándole vueltas', afirmó. A su vez confesó que estamos ante una novela con tintes autobiográficos en la que 'mi historia personal es solo un punto de partida para hablar de temas más universales'. Cruz continuó su exposición alegando que, a pesar de ser un libro local, el lector no tendrá la sensación de estar leyendo una historia ubicada en Sevilla porque 'es perfectamente extrapolable y una historia familiar muy concreta se convierte en algo universal', añadió.

Retomando la voz de los personajes se comentó que las dos primeras partes de la novela están protagonizadas por una abuela y una madre, dos mujeres de barrio, sencillas y humildes, que llevan grabado sobre su piel un destino impuesto. Son dos personajes que se dejan llevar por las circunstancias, lo que contrasta mucho con la actitud del tercer personaje, el que protagoniza del tercer capítulo, el que tiene una mayor carga autobiográfica. Es un personaje que se rebela porque la rebeldía merece la pena, con un rol muy distinto al que siempre ha tenido la mujer, atada a la sumisión, convirtiéndose en sujeto pasivo de su propia vida.

Desveló el autor a los asistentes que Tres muertos nace de la necesidad de perdonar, de superar un dolor y vencer un rencor del que necesitamos salir. Por eso quizá sobre la novela flote un aire de universalidad aunque esté ubicada en Sevilla. 'Todos tenemos un dolor interno que nos arrastra y al que hay que vencer'. Tres muertos es una novela dura, con un peso emocional intenso cuya escritura ha supuesto una terapia para el autor.





Concluyendo el acto, Eduardo Cruz manifestó que una de las primeras funciones de la literatura en general era entretener pero que la gran literatura, además, debe provocarnos, generarnos preguntas, obligarnos a mirar en nuestro interior e impulsarnos a reflexionar. 'En este libro, el lector se plantea muchas preguntas porque la lectura remueve por dentro', aseguró.

Durante el acto tuvo lugar tres lecturas extraídas de la novela. Pusieron voz a las palabras de los personajes, Lola Almeyda, apasionada lectora y escritora, Elena Marqués - filóloga, correctora de textos en el parlamento andaluz y escritora- e Isaac Páez, licenciado en historia y profesor de enseñanza secundaría, poeta y finalista del premio Nadal con su novela Nowhere Man. Y como actuación final pudimos ver a Amparo Pérez Soldevilla, bailar un tema del mítico grupo Triana, mientras estaba acompañada a la percusión por un estudiante de bachillerato, Alejandro Rodríguez.

Así se dio paso al cierre del acto y a la posterior firma de ejemplares.

Por mi parte solo me queda añadir que estoy deseando adentrarme en esta nueva novela de Manuel Machuca. Por experiencia sé que me esperan tres historias emotivas y con personajes tan humanos como tú y yo.






Ficha libro

Editorial: La isla de Siltolá.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Nº Páginas: 344
Publicación: 2019
Precio: 20,00 €
ISBN: 978-84-17352-42-4
Ficha completa aquí.





viernes, 20 de mayo de 2016

TRES MIL VIAJES AL SUR de Manuel Machuca.


Editorial: Anantes.
Fecha publicación: marzo, 2016.
Nº Páginas: 256.
Precio: 17,00 €
Género: Novela. 
Edición: Tapa blanda con solapas.
ISBN: 978-84-944814-4-4

Autor

Manuel Machuca (Sevilla, 1963) debutó como novelista con Aquel viernes de julio, obra que se desarrolla en su ciudad natal durante los primeros meses de la Guerra Civil española; a ella le siguió El guacamayo rojo, la historia de tres generaciones de emigrantes andaluces en Brasil. Con Tres mil viajes al sur llega a finalista del Premio Ateneo de Sevilla en 2015. Ha publicado relatos en las antologías Relatos de farmacéuticos (2006), Hidra verde (2015) y también en la revista argentina Motor de ideas.

Antes de su irrupción como novelista, ha colaborado con artículos en los diarios del Grupo Joly, en Cambio 16 y en Cuadernos para el diálogo, obteniendo en 1997 el Premio periodístico de la Fundación Avenzoar.

Asimismo, fue cooperante durante la Guerra de Ruanda en 1994, y desde el año 2000 imparte conferencias en diversos países de Europa y América Latina para formar a profesionales que deseen ser agentes transformadores del cambio, actividad que comparte con otras de voluntariado con personas en riesgo de exclusión social en un barrio de Sevilla considerado como marginal por quienes no han tenido la oportunidad de acercarse a las personas que lo habitan. 

Sinopsis

Tres mil viajes al sur, obra finalista del Premio Ateneo de Sevilla de novela 2015, se inspira en la historia de cuatro mujeres que viven en los suburbios de una gran ciudad. Contada con voces narrativas diferentes, encarna la odisea de esas mujeres obligadas a abandonar sus barrios o países de origen, su desarraigo, su soledad, su esperanza y su lucha diaria. Algunas por huir de un entorno de pobreza y exclusión, otras por cambiar el mundo que les rodea.

Manuel Machuca novela la historia real de muchas personas que habitan en nuestras ciudades, para lo cual ha recorrido el extrarradio, ha visitado a sus protagonistas en sus casas y en los cruces de las grandes avenidas donde día a día se ganan la vida.

[Biografía y sinopsis tomadas del ejemplar]


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Hace unas semanas os hablaba de la presentación de la nueva novela de Manuel Machuca, Tres mil viajes al sur, de cuyo acto puedes leer aquí y donde se explica el trasfondo de este libro. Fue una presentación original en el que la fusión resultó ser el hilo conductor. Hoy vengo a hablaros de la novela, vengo a desgranarla y a contaros con detalle todo lo relativo a esta nueva publicación editada por Anantes.

La historia de Josefa, Alberta, Blessing y Esperanza llegó a mis manos hace más de año y medio. Por entonces aquellas vidas empezaban a nacer, no eran más que un esqueleto al que aún le faltaban las vísceras aunque su corazón latía ya con fuerza. Aún así, requerían de huesos, músculos, venas y especialmente sangre para convertirse en un ser vivo que respira. Recuerdo que entonces me conmoví con la vida de estas cuatro mujeres, exponentes de todas esas otras tan luchadoras que existen repartidas por el mundo, distintas y a la vez tan similares. El paso del tiempo y la dedicación de un autor que ha encontrado en la escritura su manera de atrapar recuerdos o abrirnos los ojos, han conseguido que esas cuatro mujeres maduren y se vistan de largo para llegar como finalistas al Premio de Novela Ateneo de Sevilla de 2015. Pensé que volver a leer sobre ellas no sería más que un reencuentro descafeinado. Me equivoqué, pues me he llevado una sorpresa al comprobar que la emoción se ha acentuado hasta conducirme al punto de la lágrima. No, no penséis que Josefa, Alberta, Blessing y Esperanza tiran de sensiblería barata. No hay nada gratuito en sus vidas. Resultó que, aunque conociéndolas, me cogieron con la guardia tan baja que hice mías sus penas, sus cuitas y sus preocupaciones. El resultado ha sido una lectura cargada de una profunda emotividad. 

Tres mil viajes al sur es un recorrido por barrios marginados y a los que preferimos dar la espalda. Un barrio de los muchos que podemos encontrar en España y que sirven de vertedero donde se deposita aquello que no se quiere, que no se necesita, que da asco, está sucio o roto. Pero también entre la basura se puede encontrar algún objeto de valor, personas que tienen sueños y dignidad, que luchan por una calidad de vida y unas mínimas condiciones para sobrevivir. Pero en esos barrios también hay un lado oscuro, y el ser humano, tan ingrato e injusto, tienen a meter a todo el mundo en el mismo saco, a prejuzgar y a levantar barreras. Hay que cercar aquello que estorba, lo que molesta a la vista en vez de adoptar vías de solución. Por suerte aún hay gente que encuentra en las calles de esos barrios un motivo para sentirse útil.





De todo esto Manuel Machuca sabe mucho y por eso ha querido escribir un libro que aglutina cuatro historias, la historia de cuatro mujeres, que te van a emocionar.

Ya lo dije en ocasiones anteriores, me gustan los personajes que construye Manuel Machuca. Gozan de una humanidad que llega a doler y es fácil atisbar en su pensamiento o en su forma de ser alguna cualidad conocida, un reflejo, ya sea leve o intenso, de nosotros mismos o de otras personas que nos rodean. A sus personajes solo les falta saltar a la realidad y convivir entre nosotros.

Las historias de Tres mil viajes al sur, esas que nos hablan de Josefa, Alberta, Blessing o Esperanza, vienen iniciadas, a modo de subtitulo, por una frase de la propia historia, elegida con acierto. A su vez cada una de ellas viene acompañada por un poema de la poetisa Anabel Caride, poemas que  han querido adelantar en cierto modo lo que leeremos en las páginas venideras.

No se puede concebir este libro como un volumen de relatos. Tres mil viajes al sur hay que entenderlo como un todo, como una novela compacta pues realmente, y aunque se trate de historias independientes con personajes distintos, poseen puntos en común. Para empezar todos los hechos ocurren en los pisos y en las calles de ese barrio sin nombre que representa a todos los barrios marginales del país. Es probable que ese sea el nexo de unión más fuerte. Para los sevillanos es muy fácil vislumbrar en este libro al Polígono Sur y a sus habitantes pero en ningún momento se hace una mención explícita pues el autor ha querido extrapolar las vivencias a cualquier rincón de España. Por otro lado, cada una de las historias conectará con las demás de manera muy inteligente a través de sus personajes. Los principales de una serán meros secundarios o referencias en las restantes. Se construye así un gran cuadro de pinceladas grises bajo las que encuentras un mundo de color a poco que rasques, cuatro esquinas de un mismo lienzo unidas con hilos que se entrelazan con fuerza.

Creo que se hace necesario hablar de estas mujeres con algo más de detalle. Ya veréis cuántos contrastes.


JOSEFA

La recordaré mientras viva porque su historia, una de mis preferidas pero no la única, me ha desbaratado por dentro. 

Josefa vive una situación límite. A esta madre de cinco hijos, algunos de ellos con una problemática a cuesta importante, que no tiene trabajo y subsiste prácticamente de la caridad, se la nota cansada y abatida. El desánimo y la fatiga moral han conseguido vencerla pero incluso en su rendición hay lucha. Desde las primeras líneas sabremos o intuiremos cuál es su intención y tal conocimiento, más allá de restar interés, lo incrementa, acelera nuestro corazón y tensa nuestros nervios.

Josefa es una mujer a la que veremos desde distintos ángulos. Será ella misma la que nos cuente sus cuitas y sus preocupaciones, la que justificará la decisión que ha tomado, la que tendrá miedo y valor al mismo tiempo y todo ello narrado a través de un monólogo interior que escuece en las heridas que se nos van abriendo. El avance en la lectura se hará angustioso. Se te colocará un nudo en la garganta y empezarás a mascar cada una de sus frases, de sus reflexiones, de sus sinsabores. En Josefa, por muy distinta que seas a ella, siempre vas a encontrar una línea en la que cada mujer puede verse reflejada a sí misma, o bien encontrar a una madre, a una hermana o a una tía porque ella engloba un poco de cada una de nosotras.

Me ha parecido brutal todo lo que este personaje es capaz de transmitir, una mujer de carne y hueso, pura de corazón y con tantas piedras en el camino. Su manera de expresarse o su manera de mirar al mundo, siempre asomada a esa terraza aunque sienta frío, refleja muy bien el tipo de mujer que es, con lo que nos resulta fácil hacernos una composición. 

Y es verdad que la vamos a ver desde diferentes ángulos porque serán otras mujeres las encargadas de ofrecernos otra visión y no solo de Josefa propiamente sino del mundo en general. Esas voces, distintas de la de Josefa, nos hablarán de todo el trabajo realizado y de todo aquel que aún está pendiente por hacer, de la situación económica, laboral y social en la que viven algunas familias obligadas en algunos casos a residir en esos guetos, de la precariedad de su existencia, de las amarguras de unas madres. Se establecen entre las mujeres de esta historia una especie de relación materno-filial que no entiende de edades. Hay una unión, un deseo por mejorar, una predisposición que nos hace entender que no todo está perdido, que aún hay otras personas con una vida muy distinta a la de Josefa y que quiere ayudar.

Me ha parecido brillante la manera en la que el autor ha querido contarnos esta historia.  Tres vidas en una, casi tres historias con el mismo eje y un desenlace que te agarra el corazón y te lo estruja. 

Con capítulos que van alternando una perspectiva y otra, el lector empieza a incomodarse en su asiento cuando percibe que los capítulos se acortan porque sabe lo que eso significa. Para mí es todo un acierto estructurar la historia de Josefa de este modo casi tan visual, es como si el autor nos fuera empujando, un poquito más cada vez, hacia ese final predestinado y amargo.

Si lees esta historia, no la vas a olvidar fácilmente.

ALBERTA

Alberta es cualquier abuela que se desvive por su nieto y a escondidas de su familia moverá los hilos para proporcionarle un futuro mejor. Ella, que debería tener una vejez tranquila y sosegada, pues se ha pasado muchos años limpiando las miserias de los demás, siente que aún no le ha llegado el momento de descansar. Ni a ella ni a otros muchos abuelos que, conmovidos por la precaria situación que viven sus hijos, se ven obligados a acogerlos y mantenerlos. Esa es la Alberta que reside en un barrio donde las oportunidades son casi inexistentes y ni siquiera la lluvia que caerá en este relato limpiará el aire de tristezas. Abundan las Albertas en este mundo, que se derraman cada mañana por las calles de una ciudad que ofrece tantos contrastes.

Narrada en tercera persona, he querido percibir también en esta historia una cierta crítica a la ciudad, no sé si muy velada o no, en la que se construyen nuevos edificios, algunos casi sin sentidos, se viven sus fiestas, mientras que en otra parte de la ciudad la realidad es bien distinta. Pero Alberta mirará al cielo en busca de lo bueno que está por venir. 

No será la única que lo haga pues Manuel Machuca hilvana esta historia con dos hilos de diferentes colores pero tan parecidos a la vez. Se adentra en dos mundos diametralmente opuestos pero en ambos anidan la decepción y la apatía. No mencionaré mucho de ese otro hilo pues para mí, Alberta es el centro de atención, con la que el lector podrá empatizar fácilmente, dibujada por su autor con una ternura y un cariño palpable. 

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