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lunes, 2 de marzo de 2020

LOS AÑOS IMPARES de María Sirvent



Editorial: Espasa
Fecha publicación: febrero, 2020 
Precio: 17,90 € 
Género: Narrativa 
Nº Páginas: 216 
Encuadernación: Rústica con solapas. 
ISBN: 9788467058178 
[Disponible en ebook; 
puedes empezar a leer aquí




Autora

María Sirvent nació en Jaén en 1980. Su primera novela, Si supieras que nunca he estado en Londres, volverías de Tokio, se publicó en 2010 y fue apadrinada por Ray Loriga y por Bryce Echenique.

Actualmente vive en Madrid.

Sinopsis

Mi madre es ese tipo de mujer a la que siempre le sobra día. Para ella, el mundo empieza alrededor de las tres de la tarde, cuando ya está fregada la cocina. Luego se sienta en el sillón y ve la telenovela de la uno y entonces es feliz, blanda y feliz. No es cariñosa, no tiene aficiones y apenas sale de la casa. Lo que más le gusta es irse a dormir, se pasa la mitad del día esperando que llegue la noche para irse a dormir. Si alguna mujer se separa, se lleva las manos a la cabeza, como si no se diera cuenta de que ella también está separada. Es curioso que eso no le pase con los personajes de las telenovelas, cuyas pasiones, miedos, alegrías y desengaños entiende como nadie. Mi padre, estoy segura de eso, nos abandonó porque en esta casa estamos siempre a oscuras. Seguro que se largó a Manchester por la manía que tiene mi madre de no encender las luces hasta que no es de noche. Se puede amar a un asesino en serie y a un cangrejo de río, pero es muy difícil amar a alguien que te tiene a oscuras todas las tardes porque sí, durante veintitantos años.

Los años impares es una original y singular novela que mezcla con acidez e ironía situaciones absolutamente divertidas con otras absolutamente melancólicas. María Sirvent nos ofrece un relato en el que personajes de carne y hueso, entrañables todos y perfilados maravillosamente, nos acercan a un mundo casi perdido y un fresco sobre la España contemporánea, con una crítica que va desde la sociedad al arte actual, pasando por los concursos televisivos y la música.


[Información tomada directamente del ejemplar]


Hace unas semanas conocí a María Sirvent, una joven jienense, afincada en Madrid, autora de Los años impares que, hace diez años ya publicó Si supieras que nunca he estado en Londres, volverías de Tokio. Como siempre, acudí al encuentro llena de preguntas y dudas. Me gusta preguntar a los autores no solo por lo obvio, por lo que solemos preguntar todos, sino que, en ocasiones, me tiro a una piscina sin agua. 

La lectura de Los años impares me había causado cierto desasosiego, dudé muchas veces, releí otras tantas, volví hacia atrás en más de una ocasión y acudí frecuentemente a mis notas, a lo largo de toda la lectura. No había sido una lectura fácil y eso se me iba a notar en la entrevista. Durante un par de días estuve reflexionando si esta novela me había gustado o no, si había empatizado con los personajes, si había entendido la trama, o si me había gustado el estilo narrativo. Y me planté ante María Sirvent y ella formuló la pregunta: ¿Te ha gustado? Apelé a la sinceridad. 

M.G.- Te lo digo a las claras. A mí me ha descolocado.
M.S.- ¿Por qué?
M.G.- Porque el lector debe adaptarse a tu manera de narrar. Esta novela implica un ejercicio de adaptación por parte del lector. La novela tiene tintes surrealistas que no podemos obviar, y que pueden desubicar al lector.

Puedes leer la entrevista completa aquí. Os cuento en detalles.

Los años impares narra la historia de una familia y de otros tantos personajes que orbitan alrededor, a modo de satélite. Por tanto es una novela coral, por la que deambularán la abuela Paca, Vicente, Adela, Roberto,  o Mari Campos. Pero de todos los personajes, hay dos que van a resaltar más que el resto. Por un lado, está Manolo, un camarero que 2011 trabaja en la cafetería de un hotel en Mallorca. Lleva allí, como quien dice, media vida, desde que en 1971 aterrizó en la isla en busca de un futuro mejor, dejando atrás un pueblo donde la mano de obra era sustituida por la maquinaria industrial. 

Por otro lado, Nieves Cunningham también será protagonista de esta historia, una joven soñadora, sobrina de Manolo, que intenta abrirse camino en el mundo de la canción. Desde joven ha soñado con ser descubierta por un cazatalentos por eso, acudía con frecuencia a un karaoke junto a su amiga Mari Campos. 

La familia de Manolo y Nieves procede de un pueblo pequeño de la Mancha, de Argamasilla de Alba, un universo tan minúsculo que a Nieves la asfixia y a Manolo se le queda pequeño después de haber construido su vida en Mallorca. Del pueblo, de sus habitantes, del resto de personajes de la novela, y principalmente de Manolo y Nieves, iremos conociendo detalles. Manolo ha hecho su vida en Mallorca y, aunque se enamoró allí de joven, no ha formado familia. Eso sí, a su hermana le buscó un marido, un extranjero de nombre Howard que, con el tiempo, será el padre de Nieves. Manolo ha tenido la oportunidad de dejar Mallorca atrás y prosperar en Francia pero, un acontecimiento en su vida, lo ancló a la isla y ahí se quedó. Su único objetivo durante todos estos años ha sido servir al cliente con una sonrisa en los labios y no perder jamás el abridor de botellas que le entregaron el primer día que comenzó a trabajar, cuando tenía tan solo veintinueve años. Ahora tiene la jubilación casi encima. ¿Manolo está satisfecho con su vida? Bueno, dejo que el lector saque sus propias conclusiones.

Con respecto a Nieves, más allá de su pasión por la música, sabremos parte de su vida sentimental. Su relación con Sastre, un joven de su pueblo, guitarrista de un grupo de rock. Pero, a todos nos ha ocurrido alguna vez, el amor, igual que llega, se va. Así que a Nieves le toca vivir un desamor que intentará enmendar con un cambio de look. Seguirá empeñada en labrarse camino en la música, mostrará su rebeldía más sólida frente a la madre, con la que se lleva mal, y terminará siendo hija de padres separados. ¿Qué fue de Howard? Eso ya te lo cuenta María en Los años impares.

¿De qué va esta novela?, le pregunté a María Sirvent, el día de la entrevista. 

M.S.- ¡Ni idea! No sé de qué va. ¿Tú sabes decirme de qué va?
M.G.- No. Es complicado. 

Hoy, diría que va de una familia, de unos hombres y mujeres de pueblo, de un hombre con una vida sencilla y humilde, y una joven con muchos sueños. Pero añadiría también que va de la vida. Sí, de la vida, una reflexión que me ha venido justo ahora, después de poner mis notas en orden, después de volver a pensar en Manolo, en Nieves, en la abuela, en José Antonio y en Argamasilla de Alba. Ahora creo que Los años impares nos habla sobre la vida.

Y entonces, ¿qué me ha gustado de esta novela? Para empezar, Manolo. A este hombre se le coge cariño a la primera de cambios porque es un hombre bueno, sin malicia, que se ha dedicado toda su vida a ganarse un sueldo, aunque para ello haya tenido que dejar su pueblo natal y marcharse a las Islas Bareales, a servir cervezas, aceitunas, hamburguesas, con o sin queso, con o sin pan, con o sin hamburguesa, en el pub inglés de un hotel de 3 estrellas, situado en el paseo marítimo de Mallorca. Es fácil empatizar con ese Manolo que, ya instruido en la profesión y con el chalequillo de su uniforme como segunda piel, se esmera en tranquilizar a un jovenzuelo aspirante a camarero, totalmente derrotado por haber perdido la estrella que un día lo convirtió en famoso.

Pero también me han gustado dos cuestiones sociales que se abordan en la novela. Por un lado, el boom turístico.  Ese retrato que María Sirvent hace sobre el fenómeno social, que dejó más vacío los pueblos del interior de España, en un éxodo hacia las costas españolas, donde se comenzaban a levantar grandes hoteles, que posteriormente llenaron miles de guiris, buscando el sol de nuestro país.

Además me ha gustado mucho la crítica al éxito fácil, a esa "salida profesional" que buscan muchos jóvenes hoy en día, que se plantean participar en programas televisivos donde ganar un ápice de fama, y que, con los años, se convierten en grandes desconocidos. Jóvenes que tratan de convencer mostrando sus habilidades en show talents, que colman el share de una noche pero que, con el tiempo, quedarán relegados al olvido.

Y en este universo Sirvent, figura también Argamasilla del Alba, una localidad de Ciudad Real, donde la gente vive tranquilamente. A la autora hay que reconocerle el trabajo realizado por retratar la realidad de este municipio, reflejo del mundo rural español. Los personajes nacidos en Argamasilla tienen su particular forma de expresarse, como ocurre en todos los rincones de este país, y ella ha sabido recogerlo muy bien. La novela tiene un importante componente oral, fruto de las indagaciones que Sirvent ha llevado a cabo, para reflejar el habla y las formas de expresión de esta localidad. 

Pero a María le dije aquel día que su novela también me había descolocado. Y es verdad. Pero ¿qué me ha descolocado? Creo que, de entrada, el surrealismo. No es una corriente con la que me sienta cómoda pero, como jamás me cierro puertas, no me importa tampoco probar cosas nuevas. A veces, esas novedades me resultan más accesibles que otras, surten un efecto u otro, pero no me resisto a alejarme de lo que, ahora llamamos 'zona de confort'.  Por otro lado, la estructura también me han desorientado un tanto. No es una narración lineal, sino que el tiempo avanza y retrocede invariablemente, de tal modo que vamos a conocer a los personajes en distintas épocas de su vida. Eso sí, la autora se preocupa por situar al lector en el punto correcto a lo largo de la línea del tiempo. Aun así, creo que el lector tiene que hacer el ejercicio de montar piezas, de construir el puzle de esta historia que Sirvent desordenada y desbarata por completo, para comprender qué sucesos ocurren antes o después. Y luego, en un alarde de ingenio, la autora opta por combinar elementos. Ya lo decía en la entrevista, haciendo referencia al pasaje de las páginas 114 y 115, ella mezcla letras de canciones, con pensamientos y con actos, una madeja que el lector tiene que desenredar.

Así pues, creo que Los años impares es una novela que se aparta levemente de los cánones, algo arriesgada, con toques surrealistas y ciertas dosis de humor. ¿Esto es bueno o malo? Pues malo no es y, desde luego, sí es muy original y novedoso. Creo que la cuestión está en el tipo de lector que se acerque a esta historia. ¿Eres comodón y te gusta que te lo den todo hecho? ¿O, más bien, te gusta arriesgar y poner de tu parte en la lectura? Bajo mi punto de vista, Los años impares requiere un lector más cerca de la segunda opción, un tipo de lector que, ante lo diferente, no se amedrante y siga avanzando páginas.

Escrita en tercera persona y dividida en tres bloques, Los años impares se lee con suma facilidad. De breve longitud y con alternancia de capítulos, tiene un ritmo ágil, así que el lector puede devorarla tranquilamente en un par de tardes. Come veis, para mí, ha sido una lectura con pros y contras. No obstante, esta no es más que mi opinión. He buscado por la red otras reseñas para dejaros al alcance de vuestra mano, otras opiniones, diferentes a la mía, de tal modo que podáis tener una visión más global de esta historia. He encontrado la de mi querida Yolanda Rocha y su blog Que el sueño me alcance leyendo. En este enlace, ella explica todos los detalles de esta novela mucho mejor que yo. 








 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:





jueves, 20 de febrero de 2020

MARÍA SIRVENT: 'En ningún momento me he parado a pensar de qué va esta novela'.

Hace unos días tuve la ocasión de conversar con María Sirvent. La joven jiennense, que ya publicó en 2010, Si supieras que nunca he estado en Londres, volverías de Tokio (El Aleph), vuelve a la actualidad literaria con una nueva novela. Los años impares es un recorrido generacional, a lo largo y ancho de una familia, a la que se van incorporando otros personajes. María ha querido hablarnos de gente sencilla, como Manolo, un hombre de pueblo que se marchó a Mallorca en busca de un futuro. Nos habla de Nieves, sobrina de Manolo, que busca el éxito. Y en esta novela también encontraremos a Paca, una mujer que padece Alzheimer y que, sin filtro, dice lo primero que le pasa por la cabeza. Los años impares es un novela cercana, con un curioso estilo narrativo, pero de todo ello os hablaré en la reseña. Ahora, os dejo con la entrevista.

La imagen puede contener: 2 personas, incluido Marisa González, personas sonriendoMarisa G.- Tu novela anterior fue apadrinada por Ray Loriga y Bryce Echenique. Para ser la primera, contar con esos padrinos tuvo que ser un lujo.

María S.- Sí, fue algo que me impresionó. De hecho, Ray Loriga me acompañó en una presentación y, hasta en aquel acto, le pregunté si realmente se la había leído, porque no me lo creía. Lo viví como algo increíble. Fue un honor.

M.G.- María, a los autores que lleváis pocas novelas publicadas, me gusta preguntarle si sienten una evolución, si encuentran muchas diferencias entre su primer trabajo y el segundo.

M.S.- Son muy diferentes. La primera era una novela muy intimista, narrada en primera persona, por lo que el mundo se ve a través de un personaje concreto. Y esta es una novela coral, con muchos personajes, desarrollada en diferentes épocas, que trata diferentes temas. Quería que fuera diferente. Me gusta mucho más la segunda. A la primera le veo muchísimos fallos y, aunque he intentado volver a leerla, me ha costado. Soy muy perfeccionista y hoy no me gusta cómo quedó.

En cambio, esta, en la que he trabajado durante diez años, ha resistido mi criba. No es una novela que haya estado durmiendo en el cajón durante años, sino que he estado todo este tiempo trabajando el texto. Estoy satisfecha con el resultado.

M.G.- ¿Pero esta novela nace antes que la anterior?

M.S.- No, la anterior la publiqué en 2010 pero sí te diré que el primer párrafo de esta novela, el inicio, lo escribí en 2008, antes incluso de ponerme a escribir la primera. Lo tenía guardado y lo rescaté.

M.G.- Entiendo. Bueno, Los años impares, es una novela original y singular, como reza la sinopsis, lo es incluso desde la dedicatoria y desde la cita.

M.S.- Anda, qué bien. Eres la primera persona que me habla de la cita. 

M.G.- (Risas) Pero si esa cita es maravillosa.



M.S.- Pues nadie me ha preguntado por ella, ni por la dedicatoria. Y son detalles que he cuidado mucho.

M.G.- Para mí los libros empiezan con las dedicatorias, así que me fijo mucho en eso.

M.S.- Efectivamente. Bueno, son detalles que adelantan el tipo de lectura con la que el lector se va a encontrar.

M.G.- Pero no deja de ser curioso que dediques el libro a tus personas queridas pero también a la Autovía del Sur.

M.S.- Mi familia es de Andújar, aunque yo no vivo allí. Muchas veces he hecho el trayecto en autobús desde Madrid a Andújar. Atravesar la Mancha en autobús y sin whatsapp, es algo que me ha marcado. Es un paisaje que me gusta mucho. Si no hubiera recorrido tantas veces ese paisaje, creo que nunca hubiera ubicado la novela en este escenario. 

M.G.- Pero es un paisaje llano, plano,...

M.S.- Sí, y muy soso. Pero a mí me gusta.

M.G.- ¿Y tú cómo definirías la novela, María?

M.S.- ¡Ni idea! No sé de qué va. ¿Tú sabes decirme de qué va?

M.G.- No. Es complicado. 

M.S.- Pues eso. He estado enfangada durante mucho tiempo, tratando de construir unos personajes. En ningún momento, me he parado a pensar de qué va esta novela. No he parado de escribir, para sacar la cabeza del texto y para pensar en los temas que estaba tratando, qué crítica estaba haciendo, de qué va esto. No lo he hecho. Necesitaba que el texto tuviera su lógica interna y que para mí tuviera sentido, y ya está.

Puede ir de una familia, en distintas épocas, aunque luego hay personajes que no forman parte de esa familia,...

M.G.- Y que son igualmente importantes.

M.S.- Quizá no tanto... ¿A ti qué te ha parecido?

M.G.- Te lo digo a las claras. A mí me ha descolocado.

M.S.- ¿Por qué?

M.G.- Porque el lector debe adaptarse a tu manera de narrar. Esta novela implica un ejercicio de adaptación por parte del lector. La novela tiene tintes surrealistas que no podemos obviar, y que pueden desubicar al lector.

M.S.- Sí, hay mucho surrealismo.

M.G.- ¿Y no crees que es una apuesta arriesgada?

M.S.- Pues ya me lo han dicho varias veces, pero es que no la podría haber escrito de otra forma. En ningún momento he pensado que estuviera arriesgando.

M.G.- Lectores hay de todo tipo. Y hay lectores que son muy comodones, que lo quieren todo hecho.

M.S.- No escribo pensando en los lectores. No me he parado a pensar en el criterio de una persona que no conozco de nada. Para mí es imposible escribir pensando en los lectores. Sigo mi criterio. Además, he publicado una novela antes y tampoco sabía si iba a publicar esta. No vivo de esto económicamente. No pienso en el criterio de nadie. Escribo lo que me da la gana.

M.G.- Me parece fantástico. La novela la has escrito tú, y la escribes como quieras. Eso es indiscutible.

M.S.- Pero sí he intentado ponerlo fácil. Cada vez que empiezo un capítulo, sitúo al lector para que sepa en qué año estamos y de quién hablamos.

M.G.- Eso se entiende perfectamente. Pero a parte de ese surrealismo que apuntamos, hay presencia de humor, algo que me siempre me gusta y que, imagino ha sido intencionado.

M.S.- Sí, sí. El humor es necesario para mí. Sirve para alejarte y poder contar algo concreto, o para acercarte a algunos temas y hacerlos más digeribles, y no solo para el que lo lee, sino también para el que lo escribe.

M.G.- Hablemos de los personajes. El que más me ha gustado es Manolo. Es una persona entrañable, con un mundo sencillo pero, a la vez, enriquecedor. No hay demasiada ambición, es buena persona. Un personaje amable.

M.S.- Para mí también es mi personaje favorito. El germen de la novela es Manolo. Conocí a un Manolo de verdad, cuando vivía en Mallorca, en el año 2008.  Trabajaba en el bar de un hotel cutre de la isla, en el paseo marítimo. Era el típico hombre con bigote, barriga, chaleco de camarero, sesenta años,... Lo vi cómo se alejaba, cómo servía sus mesas, un poco cansado. Hay gente que te deja huella. Por entonces, yo escribía un montón y esa noche escribí el primer párrafo del capítulo uno. Es lo que te comentaba antes, que el inicio de esta novela lo escribí antes de ponerme con la primera. 

M.G.- Pero tú no conociste a esta persona más allá de ese café, ¿no?

M.S.- No, no. El Manolo de Mallorca no tiene ni idea. Si Manolo supiera.... Ya estará jubilado, imagino.

M.G.- (Risas) Quién sabe si acabó comiendo un bocadillo de jamón en soledad. 

M.S.- (Risas) Jamón del bueno. Pero ¿de verdad te ha gustado la novela?

M.G.- Me gustan aspectos del libro pero, como te digo, a veces me ha descolocado.

M.S.- A mí no me parece una novela rara ni diferente.


M.G.- No creo que rara sea la palabra. No es mejor ni peor, es diferente. En realidad, lo diferente se agradece. Pero sí te digo, y lo hago con total sinceridad, que, en ocasiones, me he sentido algo perdida. Luego te enseño una página en concreto para que tú me digas lo que has querido contar. 


M.S.- ¡Ah, vale! (Risas)

M.G.- Aparte de Manolo, el otro personaje es Nieves. Es una chica de nuestro tiempo. Digamos que la novela ofrece un contraste generacional.


M.S.- Sí. Manolo es un hombre que cuando llegó el tractor a los pueblos, emigró. Hizo lo que tenía que hacer en su época, irse a trabajar a los hoteles, sin cuestionarse nada, sin penar si tenía sueños o no. Solo quería trabajar para mandar dinero a su familia.


Nieves es otra generación, en la que los sueños cobran otra dimensión. La realización personal tiene una importancia enorme en su época. Como sociedad hemos subido un escalón. Tenemos objetivos. Además está la televisión...


M.G.- Precisamente quería preguntarte sobre la televisión. En esta novela, hay personajes que quieren o han participado en concursos de talentos. Son pasajes en los que veo mucha crítica. 


M.S.- La culturilla del éxito está presente en la novela todo el tiempo. Conceptos como fracaso, éxito, triunfo, ganador, perdedor, talento,... sobrevuelan sobre los personajes. Y el arte se presenta en sus vidas como una salvación.


M.G.- En relación a los conceptos fracaso y éxito, hay un pasaje que me ha gustado mucho. Cuando José Antonio, ganador de un talent show, se hunde al darse cuenta de que, pasado un tiempo, nadie lo reconoce. Su frustración es absoluta.


M.S.- A él no se le ha olvidado que ha ganado un concurso, pero a la gente sí. Son programas en los que uno gana y el resto fracasa, pero incluso el que gana también fracasa, porque no hay sitio para tanta gente.


M.G.- Es un éxito de un día.


Sigamos con los personajes, ¿Y qué tal Paca y su diario?


M.S.- Hay abuelos que cuando abren la boca sueltan cosas impactantes. Paca es una mujer con demencia senil a la que le dan unas gotas de Haloperidol todas las noches, como a muchos ancianos. Ella va anotando en su diario todo lo que ocurre a lo largo del día, pero lo hace a su modo, y siempre con alguna mención a la climatología. Su enfermedad es algo muy triste, pero también algo muy literario. He querido tratarla con humor porque, ante este tipo de situaciones, o te lo tomas con humor o ¿qué haces? Es mejor reírse.


M.G.- Pero María, tus personajes están muy solos. La soledad es un tema que subyace, es como una segunda piel de los personajes.


M.S.- Ah, qué bueno. Tienes razón. Sí, la soledad convive con todos nosotros y claro, también tenía que convivir con mis personajes.


M.G.- Centrémonos en la estructura. Creo que es lo que más me ha descolocado. La historia está desordenada, hay saltos en el tiempo. Esta mañana, para no perderme, he dibujado un árbol genealógico y he escrito la trama, a pinceladas, de manera lineal. 


M.S.- ¿En serio? Bueno, yo tuve que hacer un Excel pero para no perderme con las edades de los personajes.

M.G.- ¿Pero la escribiste de forma lineal y luego la desestructuraste?

M.S.- No. La escribí tal y como la ves. 


M.G.- ¿Y cómo te la has apañado para no perderte?


M.S.- En realidad, no me perdía. Como te digo, al final me hice mi Excel de personajes pero para controlar las edades. Nunca pensé que tardaría diez años en escribirla. Casi se puede decir que los personajes me crecieron (risas). Al final, tuve que poner en el primer capítulo que el presente era 2011, el año en el que la escribí. De otra manera se me hubieran jubilado todos (risas). Tenía que controlar muy bien el tema de las edades. 


M.G.- ¿Y por qué no escribirla de manera lineal?


M.S.- Porque no sabía hacia dónde iba a derivar. Yo empecé con dos personajes, alternando uno y otro, pero fueron apareciendo un montón de personajes más. Simplemente los fui siguiendo. No tenía pensando nada. 


M.G.- Vale, pues vamos a ir ahora a la página que te comentaba antes. Página 114 y 115, cuando te digo que me descoloca es ...





M.S.- Esto es una canción, en la que se van colando cosas que pasan y cosas que el personaje piensa. 


M.G.- Entiendo. Ahora me queda claro. Pero el lector tiene que darse cuenta de esto. Lo mismo, ese día estaba yo un poco espesa y no me percaté.

M.S.-¡Ah!, ¿pero te refieres a este tipo de cosas?

M.G.- Pues sí. No a la trama, no a los personajes. A esto. 


M.S.- Entiendo que no a todo el mundo le va a gustar estas cosas, claro, pero bueno, yo he disfrutado mucho.


M.G.- Al fin y al cabo, ese era tu objetivo. Escribir lo que te da la gana y pasarlo bien.


M.S.- Pues sí, me lo he pasado muy bien. Me he reído mucho.


M.G.- En cualquier caso, si te confieso que hay más cosas que me han gustado de la novela. Por ejemplo, la forma de hablar de los personajes. Me parece muy fresca y real.


M.S.- Lo he trabajado mucho. Anda que no he consultado veces el diccionario Tomellosero, la localidad que está pegando con Argamasilla de Alba.


M.G.- ¿Pero ese diccionario existe?


M.S.- Sí, claro. Existe ese diccionario en Internet y recoge las expresiones que se suele usar en la zona. También he consultado muchísimas veces webs donde escriben los de Argamasilla, para ver qué expresiones usan. De hecho , visité el pueblo pero no me sirvió de nada porque no hablé con nadie. Eso sí, llamé por teléfono y me hice pasar por una estudiante de un máster para preguntar cosas del pueblo. Sé muchas cosas de Argamasilla que luego no han salido en la novela Pero, con los personajes, he 
querido que cada uno tuviera su propia voz y que cada capítulo estuviera impregnado de la época en la que vive ese personaje. He intentado que los capítulos de Paca estén contados con un tipo de narración, con un tipo de vocabulario, una cadencia o un ritmo que, a lo mejor, no son los mismos de Nieves o Manolo. Ahí sí que me he esforzado.

M.G.- En cuanto a los escenarios, has contado que pasaste un tiempo en Mallorca pero ¿por qué elegir Argamasilla?


M.S.- Porque tenía que ser un pueblo pequeño. La Mancha me gustaba. No iba a ubicar la historia en Jaén porque entonces mi familia se me hubiera echado encima. Me tenía que alejar de mi vida. Argamasilla me parecía bien por un montón de razones. El paisaje me gusta, es un pueblo pequeñito, podía controlar el acento,...


M.G.- ¿Y no la vas a presentar allí?


M.S.- Bueno, he hablado con el Concejal de Cultura. El alcalde también tiene us ejemplar y puede que hagamos algo allí. Ya veremos.


M.G.- Espero que sí, y que vaya todo el pueblo a la presentación. María no te robo más tiempo. Muchas gracias por esta conversación que hemos mantenido.

M.S.- Muchas gracias a ti.




Sinopsis: Mi madre es ese tipo de mujer a la que siempre le sobra día. Para ella, el mundo empieza alrededor de las tres de la tarde, cuando ya está fregada la cocina. Luego se sienta en el sillón y ve la telenovela de la uno y entonces es feliz, blanda y feliz. No es cariñosa, no tiene aficiones y apenas sale de la casa. Lo que más le gusta es irse a dormir, se pasa la mitad del día esperando que llegue la noche para irse a dormir. Si alguna mujer se separa, se lleva las manos a la cabeza, como si no se diera cuenta de que ella también está separada. Es curioso que eso no le pase con los personajes de las telenovelas, cuyas pasiones, miedos, alegrías y desengaños entiende como nadie. Mi padre, estoy segura de eso, nos abandonó porque en esta casa estamos siempre a oscuras. Seguro que se largó a Manchester por la manía que tiene mi madre de no encender las luces hasta que no es de noche. Se puede amar a un asesino en serie y a un cangrejo de río, pero es muy difícil amar a alguien que te tiene a oscuras todas las tardes porque sí, durante veintitantos años.

Los años impares es una original y singular novela que mezcla con acidez e ironía situaciones absolutamente divertidas con otras absolutamente melancólicas. María Sirvent nos ofrece un relato en el que personajes de carne y hueso, entrañables todos y perfilados maravillosamente, nos acercan a un mundo casi perdido y un fresco sobre la España contemporánea, con una crítica que va desde la sociedad al arte actual, pasando por los concursos televisivos y la música.


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