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miércoles, 18 de diciembre de 2013

POBRE: LA SENDA.


La senda

Año: 2012

Nacionalidad: Española.

Director: Miguel Ángel Toledo.

Reparto: Gustavo Salmerón, Irene Visado, Ariel Castro, Joan Prades, Ricardo Trenor, Raquel Escribano.

Género: Thriller psicológico.

Sinopsis: En un intento por salvar su matrimonio, Raúl decide pasar las Navidades con su familia en una cabaña aislada en medio de la nieve. Durante la Nochebuena todo parece marchar bien, pero, de repente, la situación da un giro tan inesperado que la vida de sus familiares se convierte en un infierno. De este modo, las placenteras vacaciones se convertirán para Raúl en una amarga experiencia que lo obliga a evocar sus más oscuros recuerdos y a enfrentarse a la realidad de sus actos.



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Yo sigo en mis treces de meteros cine español hasta en la sopa. Me acerqué a esta película atraída por su cartelería y por el reclamo que acompaña al título «No puedes esconderte de ti mismo». Leí la sinopsis y, tratándose de un thriller psicológico, me pareció interesante. Esa cena de Nochebuena que acaba mal me tenía intrigada porque todos sabemos que, a veces, esos encuentros familiares terminan como el rosario de la aurora, especialmente si el alcohol tiene presencia importante. Son momentos en los que a uno se le suelta la lengua y no sería la primera vez que los comensales sentados a la mesa se lanzan pullas unos a otros o llegan a mayores al calor de una copa de champán. ¿No soportas a tu hermano/a? ¿Le tienes ojeriza a tu cuñado/a? ¿Tus suegros te hacen la vida imposible? Espera a la cena de Nochebuena y suéltate. 

Bromas aparte, porque la película no va en esa línea, este largometraje me resultaba una opción interesante y me dispuse a verla.

La cinta comienza con la escena final por lo que, desde primer momento, sabemos cuál será el cierre de la historia. No es un recurso novedoso, así que hay que seguir con el visionado. Tal y como se dice en la sinopsis, Raúl (Gustavo Salmerón) quiere recuperar a Ana (Irene Visado) y a su hijo Nico. Parece ser que el matrimonio está separado con motivo del profundo tabaquismo que él sufre. Raúl, en un intento de volver a la normalidad, deja el tabaco y le propone a Ana pasar las Navidades en una cabaña aislada en medio del bosque.

Ya en el camino de ida, mientras su familia duerme y estando próximos al lugar, Raúl comienza a ver cosas extrañas, en concreto a un hombre que corre por la nieve, descalzo y en pijama que tiene un inquietante parecido con él mismo. Intenta no darle muchas vueltas. Se olvida de todo y se dispone a pasar unos días felices en compañía de Ana y Nico para recuperar el amor. Pero los planes de Raúl no van bien. La aparición de una cuarta persona, Samuel, el carpintero del pueblo, crea un conflicto enorme en el interior de Raúl. Samuel, con un suave acento argentino, es guapo y apuesto. Enseguida congenia con Ana y Nico. Las sospechas asoman en Raúl primero y enraízan después. Los celos le comen, más cuando la tendera del pueblo le comenta que Samuel suele tener líos de faldas. Raúl comienza a tener pesadillas, alucinaciones y a imaginarse una realidad muy distinta de la auténtica. El desenlace se augura teñido de negro o de rojo, como quieras. No os cuento más.



Quisiera advertir que la película no es fácil de seguir, sobre todo porque muchas de las escenas se ven a través de la mente enfermiza de Raúl, que con tantas alucinaciones como sufre, el espectador se desorienta. A mi juicio, además existen algunos puntos débiles  e incongruentes que restan solidez a la cinta. El hecho de que el matrimonio esté separado porque él fume, no sé, me parece un argumento un poco flojo especialmente porque en ningún momento se da a entender una adicción desmesurada. Por otro lado, el padre suele dejar abandonado al niño en la cabaña mientras hace sus investigaciones por el bosque.  Tira mucho de engaños y trampas, algo normal en este género, y peca de previsibilidad en alguna ocasión.

En la parte positiva, dos detalles extremadamente originales. Uno, la realidad, es decir, los hechos tal y como ocurrieron realmente se muestran de atrás hacia delante. Me explico. Hacen un rewind de la imagen de tal manera que el espectador puede ir encajando las piezas. Dos, aquel hombre que Raúl vio corriendo por la nieve cuando se acercaba a la cabaña es tremendamente significativo.

En cuanto al reparto, hay que mencionar a Gustavo Salmerón. Lo conocí en Mensaka (1998) y posteriormente lo disfruté en El arte de morir (2000). No es que sea un actor que brille por sus grandes interpretaciones, pero sí lo es en este caso por su semblante y mirada que siempre me han inquietado. Tiene un cierto aire «nicholsoniano», con esa cara de loco, la mirada desencajada,... pero de eso hablaré luego.

No destaco ninguna interpretación más. 

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