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jueves, 10 de septiembre de 2020

JUAN PEDRO COSANO: 'Gonzalo Pizarro fue el primer rebelde de América'

Juan Pedro Cosano, conocido abogado de Jerez, se inició en el mundo de las letras literarias hace unos cuantos años. Lleva publicando con Espasa desde el año 2014, desde que ganó el Premio Abogados de Novela con El abogado de pobres. Esta fue la primera entrega de una serie protagonizada por su personaje Pedro de Alemán. De toda su bibliografía, he tenido la oportunidad de leer un par de títulos y ambos me han gustado mucho, especialmente La fuente de oro, ubicada en el Jerez de los años 30 y el mundo de las bodegas.

En este año 2020, complicado donde los haya, Cosano ha decidido cruzar al otro lado del charco, y embarcarse en una aventura de dimensiones colosales. El rey del Perú narra la conquista de los españoles de uno de los países andinos. Con el autor estuvimos conversando hace un par de días. Aquí el resultado de esa charla.


Marisa G.- Juan Pedro, El rey del Perú supone un salto muy significativo con respecto a tus anteriores novelas. ¿Por qué Perú y la conquista de los españoles?

Juan P. C.- Bueno, es una novela diferente en cuanto a ubicación en el tiempo y en cuanto a temática. Fue Espasa la que me hizo la sugerencia de escribir una novela sobre la conquista del Perú. La idea original era escribir sobre Francisca Pizarro Yupanqui, hija mestiza de Francisco Pizarro y de una princesa inca. Con esa idea, empecé a escribir una historia muy novelada de la conquista, que titulé La dama inca. Pero no cuajó porque me di cuenta que era muy complicado encajar el personaje en una novela sobre la conquista. Así que, escribí una segunda novela, titulada La hija del marqués, y también centrada en este personaje, pero enfocada en la vida de la joven, una vez que su padre había ya fallecido. Lamentablemente, esta tampoco nos convenció. Así pues, optamos por dejar de lado el personaje de Francisca, y me centré en Gonzalo Pizarro. Al documentarme sobre él, me di cuenta que era un personaje fascinante. Siempre digo que Gonzalo Pizarro fue el primer rebelde de América.

M.G.- Gonzalo Pizarro que, en la novela, mantiene una relación amorosa con una mujer inca, Nayaraq.

J.P.C.- Sí, como queríamos una historia de ficción, me inventé ese personaje. Para mí es la gran protagonista de la novela, la que narra buena parte de la historia. 

M.G.- Entonces, estamos ante una novela de ficción histórica, ¿verdad?

J.P.C.- Es una novela histórica, una ficción ubicada en un tiempo pasado y narrando acontecimientos de ficción. Es diferente a la historia novelada que recrea acontecimientos reales con personajes reales. El rey del Perú es pura ficción y lo que sí es real es el telón de fondo en el que se recrea ese amor ficticio entre Gonzalo Pizarro y Narayaq. Aunque el 90% de los personajes que aparecen en la novela son históricos.

M.G.- De los Pizarro, todos conocemos a Francisco. Sin embargo, tu novela se centra en Gonzalo, en el hermano menor, que tuvo una vida muy novelesca. En este sentido, tu novela resulta muy original.

J.P.C.- Salvo que me equivoque, no creo que exista ninguna obra de ficción sobre Gonzalo Pizarro. Al menos, yo no conozco ninguna. Cuando me documento para escribir el proyecto originario, descubrí los pormenores de este hombre. Me encontré que era el más apuesto de los hermanos, el que buscó el País de la Canela, el primer español en tener el sueño de El Dorado. Gonzalo Pizarro se rebeló contra el rey de España, algo impensable en la conquista de América, y durante cuatro años se convirtió en el amo y señor del Perú. Además, le pidió dispensa al Papa para poder casarse con su sobrina carnal Francisca, y así unir las dos sangres, la sangre de los conquistadores y la sangre de los emperadores inca, dado que Francisca fue la nieta del último emperador. De este modo ganaba en legitimidad para declararse rey del Perú.

M.G.- Por lo que me cuentas, era un hombre muy ambicioso, con las ideas muy claras. Sabía lo que quería y trataba de conseguirlo a toda costa.

J.P.C.- Sí, la descripción que hago es bastante verídica, tanto en su apostura como en su capacidad guerrera. Garcilaso de la Vega dice que fue la mejor lanza que pasó por América. Su alzamiento contra el rey es una verdad histórica pero, a partir de ahí, hay mucha ficción. En cualquier caso, creo que es una novela muy verosímil porque los hechos ficticios van en consonancia con la personalidad de Gonzalo Pizarro.

M.G.- Gonzalo Pizarro por un lado y Nayaraq, por otro. Dos personajes que te permiten mostrar al lector la cara y la cruz de la conquista.

J.P.C.- Exacto. La conquista fue una empresa con dos miradas: la del que conquista y la del que es conquistado. No se puede entender una epopeya como aquella sin tener en cuenta estas dos miradas.

He querido llevar al lector la épica de lo que los españoles conseguimos hacer en Sudamérica. Quería hacerlo con realismo pero sin hacer un análisis mezquino, con ojos de odio, sobre lo que pasó hace quinientos años. De igual modo, quería también recrear lo que tuvieron que sentir los incas que, aunque con una civilización dulce y atractiva, eran un pueblo muy poco avanzado. ¿Qué pensaron al ver llegar a esas personas blancas y barbadas, sobre casas flotantes? Al principio, pensaron que eran los hijos del dios Viracocha, un dios muy parecido al dios Quetzalcóatl de los aztecas. El dios Viracocha desapareció un día pero antes dijo que regresaría acompañado de hombres blancos y barbados. Por eso, a los españoles los llamaron los viracochas. También quería contar cómo ese imperio glorioso e invicto, que jamás había sido derrotado en el campo de batalla, cae a manos de doscientos viracochas.

En definitiva, la novela pretende hacer una recreación de un mundo nuevo, mediante la mezcla de dos civilizaciones, una que absorbe a otra, una que se impone a la otra. 

M.G.- ¿Qué es lo que más te ha sorprendido de la cultura inca?

J.P.C.- Conocía muy poco la cultura inca. Pensaba que era una cultura más científica, más avanzada y, al documentarme, descubrí que no. No conocían la rueda, ni la escritura, ni el hierro. Eran menos guerreros que los aztecas, menos belicosos pero sí estaban más apegados a la naturaleza. Me sorprendió mucho su concepción del sexo. Tenían mucha libertad sexual y contaban con un matrimonio de prueba o otro definitivo. En realidad, me ha sorprendido todo porque de ellos sabía muy poco.

M.G.- Volviendo a Nayaraq, te ha salido un personaje muy mágico. Es una mujer a la que le has atribuido unos dones muy especiales y eso la convierten en un personaje muy interesante.

J.P.C.- Sí, Nayaraq tiene el don de lenguas, aprende un idioma muy rápido, y también era capaz de predecir la cercana muerte de una persona. Es la primera vez que introduzco elementos sobrenaturales en una novela. En este caso, la ficción me lo pedía así. Esos dos dones justifican el acercamiento de la joven inca a los españoles conquistadores.

El personaje de Nayaraq me fascina. De todos los que he creado, es al que más cariño le tengo porque me parece una mezcla ideal de ternura, de sacrificio y, al mismo tiempo, de entereza, de entrega. Estoy muy orgulloso de este personaje, y de la trayectoria vital que se marca en la novela.



M.G.- Has construido una novela con una estructura muy definida, dividida en bloques, y mezclando voces narrativas.

J.P.C.- Me lo ha exigido así la propia narración. No he querido caer en el detalle de la conquista, narrando todas las batallas, las derrotas o el propio asesinato de Pizarro, sobre el que se pasa de puntillas en la novela. Pero sí quería que el lector conociera cómo fue el ambiente de la conquista. Para eso necesitaba un narrador omnisciente, que pudiera contar el desembarco de los españoles en el norte del Perú, y su descenso hasta Cajamarca. Pero una vez que eso está contado, esa voz se unifica con la de Nayaraq, que será la que nos cuente la historia hasta el final. 

M.G.- En cuanto a la documentación, habrá tenido que ser muy ardua. No solamente retratas las atmósferas sino el lenguaje, las expresiones típicas de los incas.

J.P.C.- Claro, ellos hablaban en quechua, idioma que aún siguen usando. Sin abusar, y sin necesidad de un glosario, me pareció interesante introducir palabras, y acercar la traducción al término original en el propio párrafo. De este modo, el lector podía hacerse una idea del idioma de los incas y de lo que significan sus palabras.

Me he documentado mucho, pero no  he querido abusar ni cansar al lector con datos, cifras y fechas. Me interesaba mucho más contar cómo era la vida de los incas, qué comían, cómo vestían,... Todo ello para recrear cómo era el mundo inca sin caer en el anacronismo.

M.G.- Y sobre los escenarios, también te habrás tenido que documentar mucho. Por ejemplo, has tenido que averiguar cómo era el Cuzco de entonces. 

J.P.C.- Mira, eso me ha costado. No ha sido fácil saber cómo el Cuzco de aquella época, pero indagando mucho, conseguí averiguar cómo era la planimetría de la ciudad, cómo estaba distribuida. Nunca he visitado Perú, pero tomando datos de un sitio y otro, me construí en la mente una recreación, con sus palacios incas, alguno de los cuales todavía siguen en pie. Esa imagen de mi mente, es la que he tratado de transmitir al lector.  

M.G. - La novela tiene una dedicatoria que me parece un tirón de orejas a todos los que recelan de la historia de España, y sus logros.



J.P.C.- La dedicatoria está puesta con toda la mala leche posible. En estos tiempos de pensamiento único y auto-censura, decir que eres español es significarte ideológicamente. Pero no es así. Soy español porque nací en esta tierra bendita. Y al igual que quiero mucho a mi gente y a Jerez, el terruño donde nací, también quiero mucho el país en el que nací.

Con esta novela, he podido acercarme a lo que hicimos los españoles en Sudamérica. No he querido ocultar que hubo barbaridades, pero a todos los que me hablan de la leyenda negra, siempre les digo que un país es responsable de lo que se hace como nación. Cuando Colón se presentó delante de la reina Isabel la Católica, acompañado de cinco o seis indios, la reina le dice que los libere inmediatamente porque, aunque sean indios, son tan vasallos suyos como el propio Colón y, por lo tanto, no pueden estar amarrados.

La monarquía española del siglo XVI fue una precursora de los derechos humanos. España dictó leyes, órdenes y reglamentos, tendentes a proteger a los indios. El propio Francisco Pizarro ejecuta a algún soldado por maltratar a los indios. Es decir, España como nación protegió a los indios y las barbaridades que se cometieron no se llevaron a cabo en nombre de España sino que fueron perpetradas por personas con nombres y apellidos. Por tanto, admitiendo esas acciones cruentas que se cometieron, hay que reconocer que, gracias a los españoles, allí llegó la vid, el olivo, la religión, la lengua y las universidades.

M.G.- Juan Pedro, ya lleva unas cuantas novelas. ¿El escritor se está imponiendo al abogado?

J.P.C.- Siempre digo que tengo dos oficios que me gustan por igual, aunque hoy día el que me da de comer es la abogacía. Intento compaginar ambos y sacar tiempo para una cosa y la otra. De momento, lo estoy consiguiendo. Tengo la virtud de ser rápido escribiendo y, cuando me concentro, avanzo con rapidez.

M.G.- Como última pregunta, sé que estaba planeado presentar la novela mañana pero el acto se ha tenido que suspender.

J.P.C.- Sí, sí. Lo he suspendido porque no me atrevo con las circunstancias que estamos viviendo. En la presentación de las anteriores novelas, han asistido más de doscientas personas al acto en Jerez. Por lo tanto, no me parece que sea el momento. Hoy vamos a hacer una presentación virtual. Para la presentación presencial, habrá que esperar, en caso de que se pueda hacer.

M.G.- Pues esperemos que esa presentación presencial se pueda hacer muy pronto. Muchas gracias por estos minutos de conversación. Y hasta la próxima, Juan Pedro.

J.P.C.- Gracias a ti, Marisa.


[Nota: La presentación virtual será a través del Instagram de la editorial Espasa. A las 19.30 horas. Acompañará al autor, la editora Myriam Galaz]




Sinopsis: Juan Pedro Cosano presenta una novela con un episodio poco conocido de esa epopeya: la aventura de Gonzalo Pizarro, hermano menor de Francisco, bastardo como él y que lo acompañó en su expedición a América en 1531, principio de la conquista del Perú.

Tras el brutal asesinato del conquistador Pizarro por un grupo de españoles en torno a Diego de Almagro en 1541, Gonzalo encabezó una facción rebelde, enfrentada a la Corona y con el propósito de hacerse con el dominio de  los riquísimos territorios incaicos recién dominados. La historia está contada desde el punto de vista de su amante, la dama Nayaraq (nombre que en quechua significa «la que tiene muchos deseos»), testigo del fin de un mundo y del principio de otro.




viernes, 26 de febrero de 2016

LA FUENTE DE ORO de Juan Pedro Cosano.


Editorial: Espasa.
Fecha publicación: febrero, 2016.
Nº Páginas: 600
Precio: 19,90 €
Género: Novela.
Edición: Tapa dura con sobrecubiertas.
ISBN: 978-84-670-4600-7
[Disponible en formato digital;
puedes leer las primeras páginas aquí]

Autor

Juan Pedro Cosano Alarcón (Jerez, 1960) es titular del bufete jurídico Cosano y Asociados, S. L. P., en Jerez de la Frontera, aunque desarrolla su actividad en todo el territorio nacional.

Es autor de las novelas Hispania y Las muertes pequeñas y del poemario La noche calma y otros poemas. En 2014 recibió el Premio Abogados de Novela por El abogado de pobres. En 2015 publicó Llamé al cielo y no me oyó, nueva entrega de las peripecias de su personaje Pedro de Alemán y Camacho, abogado de pobres.

Está casado y tiene dos hijos, ambos estudiantes de Derecho.

Sinopsis


Una sociedad a punto de cambiar para siempre. 

Jerez de la Frontera, años treinta: Beltrán de la Cueva, carismático y ambicioso, heredero de una de las sagas bodegueras más importantes de la ciudad está comprometido con una joven de su clase. Pero en su camino se interpone una pasión inesperada: la que siente por la bellísima Lele Gavilán, una de sus empleadas. 

El destino siempre tiene la última palabra. 

Lo que podría ser la historia banal del aristócrata que seduce a la joven inocente tiene una deriva que dejará sin aliento al lector: el curso de los acontecimientos dará un giro extraordinario, movido por el viento de la historia y sus dramáticas circunstancias pero, sobre todo, por causa del carácter indomable de Lele. 

Un Downton Abbey a la española.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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A Juan Pedro Cosano lo conocí el año pasado cuando vino a Sevilla a presentar su novela Llamé al cielo y no me oyó, segunda parte de las aventuras del abogado Pedro de Alemán, al que ya conocimos con El abogado de pobres. Hasta hace una semana, no había leído nada de lo escrito por este autor. No por falta de ganas, quede constancia, sino simplemente porque son tantas las lecturas pendientes que resulta difícil abarcarlas todas. No obstante, cuando llegó a mis manos La fuente de oro, con una cubierta tan hermosa y una sinopsis tan sugerente, no quise dejar de la lado esta lectura, máxime cuando cabía la posibilidad de un nuevo encuentro con el autor que lamentablemente no llegó a forjarse. 

La editorial ha llegado a comparar el argumento de esta novela con el de la serie británica Downton Abbey, una confrontación muy tentadora pero, en honor a la verdad, y tras la lectura de la novela, he de decir que no encuentro equiparación posible, más allá de que ambas tramas giran alrededor de una familia, digamos, de rancio abolengo. Para ser justos, La fuente de oro tiene empaque suficiente por sí sola como para no necesitar de parangones de ningún tipo. Yo he disfrutado mucho con esta lectura, la he paladeado y me ha dejado un gratísimo  sabor de boca.
La fuente de oro nos hace viajar al Jerez de los años 30, donde conoceremos como principal foco neurálgico a la familia De la Cueva, dueños de las bodegas Beaumont. Tras el fallecimiento del cabeza de familia, el joven Beltrán de la Cueva tendrá que abandonar sus estudios en Madrid para hacerse cargo de las bodegas familiares, no sin antes negociar, empleando malas artes, con el resto de los miembros del Consejo de Administración. Casado con Sonsoles Domecq se convertirá en un importante hombre de negocios.
Por otra lado, conoceremos a Mercedes Gavilán, una joven de familia humilde, que trabaja como doncella en casa de una viuda. Enamorada de un joven lechero, Antonio Barea, se verá injustamente acusada de un robo. Pero un hecho tan denigrante como este dará paso a un cruce de caminos en el que se encontrará con Beltrán de la Cueva. 

Con esta escasa información seguro que os hacéis una idea de por dónde van los tiros pero he de advertiros que La fuente de oro no es una novela más de amores prohibidos pero poderosos, que lucharán por salir a la luz a pesar de las convicciones sociales. En esta novela hay todo un universo que no solo se centrará en el amor, sino que tocará otras cuestiones con las que el lector podrá conformar en su mente una imagen bastante realista de una época y un lugar, donde una relación entre Beltrán de la Cueva y Mercedes Gavilán podía ser perfectamente factible.

Juan Pedro Cosano construye así una historia en la que no faltará por supuesto el amor que vendrá acompañado de puñaladas traicioneras, chantajes, venganzas, conspiraciones, amenazas, tragedias o penas, más unas cartas con remitente desconocido cuya resolución no me llegó a convencer por completo. La fuente de oro es una novela muy completa que se volverá adictiva en muchos pasajes, con episodios sumamente palpitantes y un desenlace que aunque esperado, no ha supuesto ninguna decepción, más bien lo contrario. Tanto es así que me he quedado con ganas de más, de saber de la vida de los personajes una vez llegados al punto y final.

jueves, 4 de junio de 2015

ENTREVISTA a JUAN PEDRO COSANO (Llamé al cielo y no me oyó).

Autor

Juan Pedro Cosano Alarcón (Jerez, 1960) es titular del bufete jurídico Cosano y Asociados, S.L.P., en Jerez de la Frontera, aunque desarrolla su actividad por todo el territorio nacional.

Es autor de las novelas Hispania y Las muertes pequeñas y del poemario La noche calma y otros poemas. En 2014 recibió el Premio Abogados de Novela por El abogado de pobres.

Está casado y tiene dos hijos, ambos estudiantes de Derecho.

Sinopsis

Una muchacha sola e inocente

En Jerez de la Frontera, a mediados del siglo XVIII, un horrible crimen sacude a la ciudad: Sagrario, una mujer sencilla e íntegra que ha dedicado su vida a las niñas del orfanato, ha sido cruelmente apuñalada. ¿La culpable? Todo apunta a la joven Lucía de Jesús, una expósita que se crió en la institución.

Dos nobles sin escrúpulos.

Sin dudarlo, el abogado de pobres Pedro de Alemán asume la defensa: pronto descubrirá que la inocente muchacha está en el punto de mira de los herederos de una de las principales fortunas de Jerez. Y que la única que podía ayudar a salvarla es precisamente la muerta.

¿Conseguirá la justicia triunfar sobre el poder?

Juan Pedro Cosano, autor que ha cosechado el aplauso unánime de crítica y público con su primera novela, El abogado de pobres (Premio Abogados de Novela 2014) conquistará a los lectores con un espléndido melodrama que se resuelve en un apasionante thriller judicial: una lectura garantizada, imposible de soltar, con unos personajes inolvidables y una trama que funciona con tanta precisión como intensidad.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Hay libros que son especialmente llamativos. Es verlos e inmediatamente te entran ganas de leerlo. Eso es lo que me pasó con Llamé al cielo y no me oyó pero al pararme a leer la sinopsis me di cuenta que se trataba de una secuela. Su precedente El abogado de pobres, del que ya había oído muy buenos comentarios, está en casa desde la primavera pasada, esperando a que un día alce la mano y lo tome. Y no será por falta de ganas precisamente sino, como os imaginaréis, por la cantidad de lecturas apetecibles que nos andan siempre rondando. Yo creo que si fuera gato, me harían falta más de siete vidas para leer todo lo que se apetece. 

Mientras llega mi transformación a felino voy leyendo sin pausa y esta novela, Llamé al cielo y no me oyó, caerá. Sé que caerá, aunque antes quisiera conocer los inicios de Pedro de Alemán, el protagonista, abogado de profesión, de este volumen y su predecesor. 

Con el autor, Juan Pedro Cosano, tuve el placer de sentarme el pasado martes a hablar de literatura y de derecho. Esto es lo que nos contó. 


Marisa G.- Juan Pedro, leyendo tu biografía veo que también has escrito poesía.

Juan P.C.- Poesía llevo escribiendo toda la vida. ¿Quién no ha escrito un verso alguna vez? Pero la primera novela que me autopublico es una novela ambientada en la Cádiz del siglo I a.C.

M.G.- Hispania.

J.P.C.- Exacto.



M.G.- Y el año pasado ganaste el Premio Abogados de Novela con El abogado de pobres, y viendo las bases del premio, el primer punto dice:



Podrán optar al premio todas las novelas inéditas presentadas que versen sobre el mundo en que se desarrolla la actividad de los abogados, protagonizadas por abogados, que ayuden al lector a profundizar en el conocimiento de esta profesión y sus ámbitos de actuación, valores, proyección y trascendencia social de su función.

Imagino que con tu profesión, no te habrá costado absolutamente nada cumplir con este requisito, ¿verdad?

J.P.C.- Lo que el premio exige es que la novela tenga una relación con el mundo de la justicia. Este año el premio no ha recaído en una novela sobre un abogado sino sobre una mediadora.

M.G.- La novela de Sánchez Adalid.

J.P.C.- Efectivamente. Pero bueno, yo escribí esa novela sin tener en mente presentarme al premio y ni mucho menos pensé que lo fuera a ganar. La novela la escribí en dos meses y medio porque a causa del estrés de mi trabajo, el médico me dijo que tenía ansiedad y que debía bajar el ritmo y en ese tiempo escribí el libro, pero lo escribí para mí, para autoeditarla y regalarla entre mis amigos. Sin embargo, un compañero de despacho la leyó y me propuso presentarla al premio. Me decidí a hacerlo y mi sorpresa fue que en marzo del año pasado me llamaron para comunicarme que había ganado.

M.G.- Cosas que salen sin proponérnoslo. ¡Qué bien! Y ahora publicas la secuela pero no sé si resulta imprescindible leer la primera parte.

J.P.C.- No, no,... En la secuela hay mínimas referencias a la primera parte pero con un asterisco se hace una llamada aparte para indicar al lector que se trata de un asunto de la novela anterior. Así que se puede leer sin ningún tipo de problemas de forma independiente. Pero sí te garantizo que quien se lea la segunda parte irá a buscar la primera (Risas).

M.G.- Pues yo me voy a leer la primera antes de comenzar con la segunda. Me gusta conocer al personaje desde el principio.

J.P.C.- Eso sí. La evolución del personaje se entiende mucho mejor si lees antes la primera parte.

M.G.- En cuanto al título, Llamé al cielo y no me oyó, son unos versos de Don Juan Tenorio, ¿y esto?

J.P.C.- Bueno, esto no es de mi cosecha. La novela se llamaba originariamente El crimen del Hospital de la Sangre, haciendo referencia al crimen nuclear de la trama, pero en la editorial me dijeron que el título era muy tenebroso, muy terrible y que había que cambiarlo. A partir de ahí barajamos diferentes títulos y a alguien de Madrid se le ocurrió Llamé al cielo y no me oyó, no lo ví mal, lo consensuamos y ahí quedó.

M.G.- Un título que nos adelanta que algún personaje lo va a pasar muy mal por aquello de pedir auxilio al cielo.

J.P.C.- Indudablemente. También va con la época en la que había mucha impetración a la ayuda divina y sí hay personajes que se ven tan desesperados que solo les queda esa posibilidad de ayuda y por tanto tiene que ver con la novela. Además  me pareció un titulo  muy atrayente y por eso lo acepté. Hubo otras alternativas a las que dije que no. Por ejemplo me propusieron titularla A Dios pongo por testigo. Y no, no... Hasta ahí no llego.

M.G.- Mejor dejamos el cine en su lugar. (Risas)

Y el argumento, ¿de qué va? Creo que hay una trama principal y una secundaria.

J.P.C.- Mira la novela transcurre en 1755, aunque hay una regresión a 1735, cuando una recién nacida, Lucía de Jesús, es abandonada por su madre en el Hospital de la Sangre, un orfanato que existía en Jerez y del que aún hoy se conserva el edificio. Al mismo tiempo que van sucediendo juicios o subtramas en el presente de la novela, vamos conociendo la vida de esa expósita. Sabremos cómo es, quiénes son sus padres - una criada y don Juan Bautista Basurto, señor de Majarromaque, un caballero veinticuatro de Jérez-, que se cría en el Hospital de la Sangre y se hace cargo de ella la enfermera Sagrario Ramírez... Cuando el padre muere, sin descendencia legítima, hay un testamento donde se nombra a esa hija, a Lucía. A partir de ahí muere Sagrario y es la propia Lucía la inculpada por la muerte de la enfermera y la defenderá Pedro de Alemán. Esa es la trama principal.


Fachada. Antiguo Hospital de la Sangre
(Jerez de la Frontera)

Al mismo tiempo, conoceremos un juicio por contrabando, un juicio por incesto, otro de una esclava negra contra el Marqués de Gibalbín, el antihéroe de esta entrega, un juicio ante la Santa Inquisición,... Todo eso son subtramas que al final confluyen en el desenlace final.

M.G.- Y este Pedro de Alemán, un abogado de pobres, es lo que equivale hoy al turno de oficio, ¿verdad?

J.P.C.- Eso es. El abogado de pobres era nombrado por el Concejo, el ayuntamiento de cada ciudad, para defender a los pobres y menesterosos. Se consideraban pobres a las viudas, huérfanos, presos,... quienes ganasen  menos de tres mil maravedíes al año. 

M.G. ¿Y eso equivale a...?

J.P.C.- Pues mira, te hago una comparativa. Una libra de pan valía dieciséis maravedíes. Hasta qué punto era escasa esa remuneración de tres mil maravedíes al año. Pero una vez que transcurre el tiempo, al final del siglo XVIII fundamentalmente, se van creando los Colegios de Abogados en las diferentes ciudades y a partir de ahí, los Colegios asumen la obligación de defender a los pobres mediante un turno entre sus colegiados y de ahí surge el nombre de turno de oficio, con lo que se extingue la figura del abogado de pobres.

M.G.- ¿Y cuándo se extingue esa figura? ¿En qué fecha?

J.P.C.- Dependiendo de la fecha de creación de los Colegios de Abogados. En Jerez se extingue al final del siglo XVIII, pero en Madrid fue mucho antes. Depende de cada ciudad.

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