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lunes, 4 de abril de 2016

HOMBRES FELICES de Felipe R. Navarro.

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Editorial: Páginas de Espuma.
Fecha publicación: febrero, 2016.
Nº Páginas: 120
Precio: 14,00 €
Género: Cuentos.
Edición: Tapa blanda con solapas.
ISBN: 978-84-8393-195-0
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Autor

Felipe R. Navarro (Málaga, 1969) es autor del libro de cuentos Las esperas (2000), Ha sido incluido en las antologías Cuento al Sur (2001), Paso Doble. Junge spanische Literatur (2008) y Pequeñas Resistencias. Antología del nuevo cuento español (Páginas de Espuma, 2002).

Sinopsis

Alguien llega a su casa. Un hombre, una mujer. Pone la televisión, o música. Lee. Quizá llame a otro o sea otro quien haga la llamada, quizá conteste a un mensaje o a un correo. Y, entonces, el mundo -la vida-, comienza a desmoronarse, o al contrario, empieza a vislumbrarse la lógica - a veces injusta- de su funcionamiento.

Una fotógrafa o un cuadro, un padre que juega con su hijo y que -irremediablemente- se convierte en otro, las familias, los compañeros, los amantes. Dos amigos, por ejemplo, debaten sobre el orden y el desorden de una cocina y como en estos cuentos, de una honestidad bestial, todo se convierte en una lúcida visión de lo que es la vida -el mundo-, de lo que somos, felices o no, cada uno de nosotros.


Fiel a una voz inigualable, personalísima y capaz de zarandear al lector entre la alegría y la desolación, Felipe R. Navarro ha logrado -con sinceridad, con rigor, pero también con no poca ironía y humor- que los cuentos de esos Hombres felices sean ya no solo el reflejo de una búsqueda y un aprendizaje constantes, sino la confirmación de un escritor apasionado y apasionante como pocos.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


************************************



Podría parecer que está todo inventado, que no hay fórmulas nuevas, que en literatura todo es lo mismo, ya lo pongas del derecho o del revés. Estructura, estilo, género, voces narrativas y tramas. Más o menos esto se parece a aquello y aquello a eso otro. No obstante, y por suerte, esta lectora aún recorre caminos por primera vez, caminos que han sido trazados por autores a los que le interesa lo que no les interesa a los demás y que reclaman que todo aquello a lo que jamás prestamos atención tenga su justo reconocimiento.

Felipe R. Navarro ha tardado quince años en publicar de nuevo tras aquellas esperas del año 2000. Parece que el título de su primer volumen era un tanto premonitorio pero la cuestión es que regresa ahora de la mano de Páginas de Espuma para regalarnos dieciocho cuentos en estos Hombres felices. 

Me contaba Felipe en la entrevista que le hicimos hace unas semanas (puedes leerla aquí) que a él le gusta pararse a mirar lo que nos rodea pues en todo lo que existe a nuestro alrededor, por pequeño que sea, hay una historia que contar. Y eso es lo que hace este autor en este volumen de cuentos, captar una instantánea de nuestra vida cotidiana o de esos momentos más vacuos que sirven de antesala a aquellos con más sustancia y extraer de ellos una historia. Al lector podrá parecerle que en algunos de los cuentos no ocurre absolutamente nada pero ¿qué es nada? En la nada siempre ocurre algo por nimio que sea, y todo se produce con un motivo e incluso puede llegar a ser germen de algo más importante, de algo mayor, de algo prodigioso. Por lo tanto, la nada es tan importante como el algo, a veces, incluso más. Eso es lo que veremos en estos cuentos.

Los dieciochos cuentos de Hombres felices están prácticamente llenos de escenas simples y sencillas, conversaciones cotidianas que todo el mundo olvida casi antes de producirse y en los que se puede encontrar esa felicidad que todos buscamos y que no apreciamos. Bueno, todos menos Felipe que se concentra en las intrahistorias que nadie se atreve a contar y encuentra la dicha en los microespacios. Y no queda ahí la cosa, no. A Felipe le gusta romper con lo establecido, alejarse de las pautas, separar la paja del grano. Dice que solo le interesa el nudo, de ahí que sus cuentos sean tan directos y concisos y cuenten con pequeñas digresiones que nos noquean pues en un momento dado se rompe el hilo narrativo con una palabra, una frase, o una anécdota que no tiene nada que ver con lo que íbamos leyendo. Confieso que esto me descolocó pero sin duda no deja de ser original, que el autor nos lleve y nos traiga como el movimiento de la marea.

Felipe R. Navarro nos abre una ventana a través de estos Hombres felices y lo que veremos al otro lado será un paisaje nuevo.



De todos los cuentos que aparecen en este volumen hay algunos que me han gustado especialmente. Por un lado, Un modelo, uno de los más brillantes que he leído jamás. Imaginaos una escena cualquiera en vuestro quehacer diario, imaginaos que un pintor decide inmortalizar una escena de vuestra vida en un cuadro sin vuestro conocimiento. Para rizar más el rizo, pensad que ese pintor es de reconocidísimo prestigio y que serán cientos, miles de personas los que lo contemplen y vosotros ahí, expuestos a la opinión pública. Pensad que esa exposición os puede traer terribles consecuencias y eso es lo que le ocurre al modelo de este cuento pero por terrible que sea para él, verdaderamente el asunto tiene muchísima gracia, pues el humor también tiene cabida en estas historias. Se me ocurre pensar que Felipe R. Navarro idea este cuento al preguntarse quienes son los modelos, generalmente anónimos, que habitan entre los marcos de los cuadros. ¿Qué vida tendrían? ¿Qué consecuencias les acarrea su exhibición?

Y encontraremos Siempre hay un momento en que un escritor escribe un cuento como este, porque todos los escritores se ven zarandeados en algún momento por una guerra o una crisis; o por ambas, una historia actual y perfectamente extrapolable a cualquier profesión.

O bien otros cuentos en los que el narrador no dejará de cuestionarse en todo momento, evaluando y examinando su tarea de narrar, como si el autor quisiera mostrarnos las bambalinas de este teatro.

Y habrá ternura también, personajes que me han robado el corazón como el abuelo de Tarde de circo.

Sin duda, en estos Hombres felices hay originalidad. Cuentos que llegan a nosotros como la ola de tsunami y nos empapa de pies a cabeza u otros en los que los personajes se toman la libertad de dictar instrucciones al narrador. Nada es igual en estos Hombres felices, tan líricos en ocasiones, tan llenos de cotidianidad. Y me doy cuenta ahora que, repasando todas las notas que tomé durante la lectura del libro, se me han quedado en el aire muchas cuestiones que preguntar al autor. Pensé que las había resuelto todas pero quizá sea que es ahora, cuando ha pasado algún tiempo tras la lectura, cuando los recuerdo y los asimilo, los pienso y los medito, será ahora digo, cuando empiezan a emerger todas esas cuestiones y reflexiones nuevas, como si fueran consecuencias de un acto. No lo sé.

Sea como fuere, lo que está claro es que lo que Felipe R. Navarro nos propone no nos dejará indiferentes. Por eso resulta sumamente interesante acercarse a estos cuentos que en nada se parecen a otros, algo que caracteriza las publicaciones de Páginas de Espuma. Desde aquí te animo a dejarte guiar por este autor para asomarte a esos espacios vacíos de tu vida en los que tú creías que no ocurría nada.

Agradezco a la editorial el envío del ejemplar.



[Ilustraciones e imágenes tomadas de Google]

Retos:

-  25 españoles
- 100 libros



Puedes adquirirlo aquí:







jueves, 31 de marzo de 2016

ENTREVISTA a FELIPE R. NAVARRO (Hombres felices)

Autor

Felipe R. Navarro (Málaga, 1969) es autor del libro de cuentos Las esperas (2000), Ha sido incluido en las antologías Cuento al Sur (2001), Paso Doble. Junge spanische Literatur (2008) y Pequeñas Resistencias. Antología del nuevo cuento español (Páginas de Espuma, 2002).


Sinopsis

Alguien llega a su casa. Un hombre, una mujer. Pone la televisión, o música. Lee. Quizá llame a otro o sea otro quien haga la llamada, quizá conteste a un mensaje o a un correo. Y, entonces, el mundo -la vida-, comienza a desmoronarse, o al contrario, empieza a vislumbrarse la lógica - a veces injusta- de su funcionamiento.

Una fotógrafa o un cuadro, un padre que juega con su hijo y que -irremediablemente- se convierte en otro, las familias, los compañeros, los amantes. Dos amigos, por ejemplo, debaten sobre el orden y el desorden de una cocina y como en estos cuentos, de una honestidad bestial, todo se convierte en una lúcida visión de lo que es la vida -el mundo-, de lo que somos, felices o no, cada uno de nosotros.


Fiel a una voz inigualable, personalísima y capaz de zarandear al lector entre la alegría y la desolación, Felipe R. Navarro ha logrado -con sinceridad, con rigor, pero también con no poca ironía y humor- que los cuentos de esos Hombres felices sean ya no solo el reflejo de una búsqueda y un aprendizaje constantes, sino la confirmación de un escritor apasionado y apasionante como pocos.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Esta mañana dejé esta entrada a medio redactar. Me faltaba algo de material gráfico para completarla  pues el día que conocí a Felipe R. Navarro y hablamos de su nuevo libro, Hombres felices, el tiempo apremiaba y no hubo un segundo para una instantánea. 

Llevo toda la mañana y lo que va de tarde rumiando esta entrevista, pensando en las palabras dichas, en las preguntas y respuestas, en el poso que quedó tras aquella conversación cuando la vida me sorprende con un detalle, de esos que este autor valora tanto. 

Desconozco si creéis en las casualidades o en lo que otros llaman piruetas del destino. Yo quiero creer que todo ocurre por un motivo y un por qué y el día de hoy no ha hecho más que empujarme hacia Felipe R. Navarro. Por un lado, porque tenía que publicar esta entrevista de manera inmediata. Con la Semana Santa se me ha ido acumulando el trabajo y posponerla por más tiempo me parecía una desconsideración hacia el autor y la editorial. Por otro, por el intercambio de unos mensajes online solicitando el mencionado material gráfico. Y cuando creí que ahí quedaría la cosa, abro al azar la revista Mercurio y ahí me encuentro a este malagueño de nuevo. El aire olía a terral.

Felipe R. Navarro acaba de publicar un volumen de cuentos, y recalquemos lo de cuento, que lleva por título Hombres felices, así en general, algo que caracteriza mucho el estilo del autor. Hace unas semanas pudimos hablar con él y esto es lo que nos contó.

Marisa G.- Felipe, buenas tardes. Mi primera pregunta te la habrán hecho infinidad de veces pero es que no deja de ser curiosa y tengo que preguntártelo. Yo no te conocía pero he estado leyendo tu biografía y me he puesto a echar cuentas. 

Felipe N.- Y te salen muchos años, ¿verdad?

M.G.- (Risas) Pues sí. A ver, es que publicas tu primer libro, Las esperas, en el año 2000 y el segundo ve la luz quince años después. ¿Qué explicación hay?

F.N.- Decidí dejar la escritura en un momento determinado.

M.G.- ¿Te enfadaste con la literatura?

F.N.- No, no me enfadé. Lo que pasa es que pensé que podía de alguna manera doblarle las manos al destino. Quizá tiene algo que ver con el concepto de pensamiento mágico. Pensé que si dejaba la escritura, determinados efectos se podrían producir. Aquello fue como el que fuma y deja de fumar de un día para otro. Así lo hice yo. Dejé de escribir de un día para otro.

M.G.- Pero has vuelto a fumar de nuevo

F.N.- Sí pero fue algo casi imperceptible. Como el que va a una fiesta y se fuma un cigarro y luego otro, y otro, sin darse cuenta. y de repente advierte que se fuma un paquete diario.

M.G.- De todos modos, y al margen de las colaboraciones en las antologías de cuentos que se mencionan en tu biografía, he visto que sí has estado escribiendo este tiempo atrás. Tienes un blog desde el año 2012. En cierto sentido, no has dejado de escribir.

F.N.- Ya pero sí que dejé de escribir. Totalmente. Absolutamente. Bloqueé totalmente mis ideas. Hice que no se me ocurriera nada aunque los psicoanalistas dicen que eso no se puede hacer. El blog lo abrí porque mi hermano me animó. Me dijo que las mismas tonterías que ponía en Facebook las podía poner en un blog. Fue así como aquello surgió y como soy muy curioso, me interesé por saber cómo era eso de un blog, cómo se hacía. Pero fue algo por estar entretenido y hacer el ganso. Yo no sabía ni que en los blogs había que tener cierta regularidad y cuando me di cuenta que tenía que publicar con frecuencia, me puse a escribir capulleces. Lo que pasa es que fue sobre enero de 2013 cuando me di cuenta de que tenía una serie de textos más interesantes. Fue como el que tiene un catarro pero que al final no resulta ser un resfriado sino una neumonía. La cosa era mucho más grave. Fui al médico y efectivamente, me diagnosticó que había vuelto a escribir.

M.G.- Pero entonces, ¿las historias que encontramos en el libro están ya reflejados en el blog? Eso no lo he mirado.

F.N.- No. Hay alguna que acabó en el blog pero la eliminé. Entre otras cosas porque las he trasteado mucho.

M.G.- Felipe, me gusta preguntar a los escritores que andáis sobre las aguas de un género concreto, si os sentís encasillados en el mismo o si bien tenéis la tentación de probar con otro. ¿Cuál es tu caso?

F.N.- Yo no me siento encasillado en ningún lado.

M.G.- Pero hasta donde yo sé, siempre has escrito relato.

F.N.- Sí pero porque me gustan mucho los cuentos como lector y como autor también. Tienen cierta exigencia y me interesan mucho pero leo de todo, obviamente, desde la letra pequeña del champú hasta la Iniciación filosófica de Wittgenstein, mi libro de cabecera. Pero no me siento encasillado, no. Ahora escribo cuento y es lo que más me gusta pero si un día el médico me padezco otra enfermedad pues estupendo.

He escrito algunos artículos porque doy clases de Filosofía del Derecho en Málaga y algunas cosas que hago de investigación pertenecen a otro género, claro está, pero incluso, esos ensayos tienen que ver con lo que yo intento reflejar en mi escritura. Es algo que va mucho más allá del género.

M.G.- Una curiosidad. Usas constantemente el término «cuento» frente a mi «relato». ¿Hay alguna diferencia entre un término y otro? He advertido que algunos autores matizáis mucho.

F.N.- Si tengo que matizar te diré que lo de relato me parece una capullada porque siempre se han contado cuentos. La gente se reunía en una plaza alrededor de una persona que venía a contarles una historia y no se decía «Aquí viene el que trae los relatos». Venía un tío que contaba algo porque tenía una intención moral o informativa y la información se transmitía a través de un cuento. Me gusta mucho más el término «cuento». Lo de relato me parece intentar darle cierta pátina científica o una categoría a algo que ya tiene un nombre.

M.G.- El término «cuento» tiene como más empaque.



F.N.- Para mí tiene el peso de una larguísima tradición que es anterior, por ejemplo, a la novela. Así que sí, te compro el término «cuento» siempre. El término «relato» no te lo compro ni de saldo.

M.G.- Pues hablemos de cuentos entonces. Hombres felices se compone de dieciocho cuentos. Me gustaría saber cuál es el motor o la fuerza que hace que la maquinaria de estos cuentos se ponga en marcha.

F.N.- Me gusta mucho pararme a mirar los detalles. Mi hija me dice que me quedo pasmado y es verdad. A veces me paro a mirar sin más. Me interesa saber primero por qué me he quedado pasmado en alguna cosa y en segundo lugar, si me he quedado pasmado con algo quiero pensar que es porque hay una historia sin contar. Contar lo que no se ha contado, contar la intrahistoria de determinadas situaciones nos permite acercarnos a ellas de diferente manera. Aprendemos a mirar de una manera distinta. Siempre me ha interesado ver ese tipo de asociaciones que no se ven, concentrarse en ese tipo de detalles que no percibimos habitualmente. 

Mira te voy a contar una cosa. Hay una calle en Málaga, la calle Cister, por la que pasaba antes con mucha frecuencia. Pues bien, en esa calle hay unas cornisas fantásticas y me he llevado años y años y años pasando por esa calle y jamás había levantado la cabeza.

M.G.- Eso nos pasa mucho.

F.N.- Lo sé pero hay que levantar la cabeza. Esa calle está justo enfrente del Patio de los Naranjos de la Catedral de Málaga. La Catedral es monumental y llena de detalles pero luego, si te fijas en las cornisas de la calle Cister no tienes más remedio que decir que le vayan dando mucho por saco a la catedral. Es una maravilla la manera en la que la luz se para sobre esas cornisas. Hay que pararse a mirar, levantar la cabeza y fijarnos en los detalles. Ahí hay algo muy potente que contar. La historia de esas cornisas hay que contarlas.

M.G.- Entonces estos cuentos se pueden entender como el resultado de un ejercicio de observación, ¿no?

F.N.- Sí, de mirar de nuevo.

M.G.- Simplemente pararnos, mirar a nuestro alrededor y ver lo que nos rodea.

F.N.- Sí fijarnos en los detalles porque nos están contando muchas cosas de nosotros mismos que desconocemos. Lo decía Walter Benjamín en El narrador, se escribe para comprender y eso es lo que yo hago, escribir para comprender. Escribir me permite comprenderme, comprender el mundo en el que estoy, un mundo que me devuelve la mirada. 

M.G.-  Y no solamente fijarnos en los objetos. Por ejemplo en uno de tus cuentos, Let's about the weather captas una supuesta conversación de ascensor, la típica que todos mantenemos o no, en la que hablamos del tiempo, una conversación que pueda dar lugar a otras historias mucho más profundas.

F.N.- Claro. Nos resulta mucho más fácil contarle nuestra vida a un desconocido porque hay un elemento ausente, el juicio. Cuando uno cuenta una historia está buscando comprender la historia y está buscando que, de alguna manera, alguien lo comprenda. En ningún momento busca que lo juzguen. Eso es así y en las conversaciones triviales también hay que pararse porque dicen mucho pero nadie se fija en ellas.

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