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viernes, 12 de enero de 2018

HASTA QUE SEA VERANO de Ignacio Arrabal



Editorial: Anantes.
Fecha publicación: marzo, 2017.
Precio: 16,00 €
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 224 
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN:978-84-946562-9-3






Autor



Ignacio Arrabal (Sanlúcar de Barrameda, 1973) es autor de volúmenes de poesía La palabra tiempo, La superficie del aire, Los sueños intactos y La luz inversa, obteniendo premios como el Ángaro, Santa Teresa de Jesús o Paul Beckett. En 2014 publicó una selección de relatos bajo el título Las vidas invisibles y en 2016 debutó como novelista con El rasgo suplementario.



Ejerce la crítica literaria en revistas especializadas y en Diario de Jerez. 



Sinopsis



El reencuentro estival de un grupo de amigos, con sus habituales excesos y el relato de sus andanzas durante todo el invierno, se ve alterado por la llegada de una familia francesa. Sus ideas, de su atractivo deslumbrante y su comportamiento hacen que el grupo se resquebraje, que surjan el amor desmesurado, los celos, la tragedia y los secretos inconfesables, convirtiendo el verano en un último verano de juventud del que ninguno saldrá indemne.

Ignacio Arrabal despliega toda su madurez narrativa para dibujar una historia de pasiones contrapuestas, a menudo frustradas, ciegas, con el fin del verano como único horizonte.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Sanlúcar de Barrameda, localidad gaditana con vistas a Doñana, ha parido personajes ilustres en diversos ámbitos. En el terreno literario me vienen a la mente nombres como Eduardo Mendicutti, Félix J. Palma y Caballero Bonald que, aunque nació en Jerez, es hijo adoptivo de tierras sanluqueñas. Hoy puedo añadir a esa lista el nombre de Ignacio Arrabal y habría que hacerlo con letras de imprenta porque descubrir la prosa de este autor ha sido un sorprendente hallazgo en estas Navidades.

Quisiera empezar la reseña leyendo las primeras páginas.

[Lectura de las páginas 9 y 10 de la novela;
música 'Sonidos de la naturaleza (descarga libre)]

Nos habla el autor en estas líneas de acontecimientos que dejan profunda huella, de una muerte cuya naturaleza el lector desconoce, del reparto de la culpa, método con el que aligerar la conciencia, y el lector siente que el narrador, una voz que nos habla en primera persona, busca la expiación a través de la confesión.

En Hasta que sea verano, Arrabal narra la historia de cuatro jóvenes veinteañeros que, durante el verano de 1989, vuelven a reencontrarse, después de nueve meses de obligaciones estudiantiles, en el pueblo costero en el que cada año veranean sus respectivas familias. Con el inicio de las vacaciones, se presenta ante ellos un tiempo que se mueve entre rutinas y aventuras, un periodo en el que despertar a la sensualidad, a la voluptuosidad, a las emociones, a la propia vida, acompañado de largas jornadas de playa, puestas de sol, cervezas en los bares de la zona, fiestas en el jardín, madrugadas impregnadas de alcohol y algún escarceo amoroso. Sin embargo, todo cambia cuando conocen a Roberto, oriundo del lugar, posible amenaza al universo creado año tras año por los jóvenes y cuando, inesperadamente, una familia de franceses llega al pueblo. Lo que, a priori podría ser algo meramente anecdótico, termina por derivar en una sucesión de hechos funestos que supondrán un antes y un después en la vida de los jóvenes, sucesos que erosionarán su piel, transformándolos internamente sin que vuelvan a ser los mismos nunca más. Llegará entonces el remordimiento, la pesadumbre, el desasosiego, labrando una especie de nebulosa tras la que parapetarse con la intención de esquivar los dolorosos recuerdos. De nada sirve dejar atrás el verano, ni retornar a nuestras obligaciones, a nuestra ciudad pues aunque la vuelta suponga regresar a nuestra zona de confort, a la seguridad o al bienestar familiar y social, la memoria seguirá horadando la conciencia.

El argumento de Hasta que sea verano transita con calma. No hay necesidad de envolver la historia con un ritmo frenético que nos haga cabalgar hacia los momentos más fulgurantes pues, en realidad, la historia ya nos ha conquistado con un primer capítulo en el que se comprime información de la que aún se desconocen los detalles, que nos intriga, que zarandea nuestra curiosidad, casi un capítulo para releer una vez que hayamos concluido la historia, que sirve de antesala al verdadero relato, a la narración de los hechos en esos meses estivales en los que Javier, Nacho, Luis y Alonso (narrador de esta historia) vivirán situaciones complejas, con decisiones difíciles y que arrojarán a sus protagonistas al abismo de la madurez.

Se abordarán temas como el poder, la amistad, la atracción de lo prohibido, la lealtad, la conciencia, el azar o el sexo, un terreno este último en el que el autor consigue recrear fabulosamente las emociones que un adulto puede experimentar a la hora de rememorar cómo fue su despertar sexual, la turbación, la torpeza y la ignorancia de los primeros envites e incluso la sensación que nos invade con el tiempo de haber hecho el ridículo. Por otro lado, la homosexualidad está muy presente en la novela, representada en la lucha interna de uno de los personajes, batalla dolorosa, estigmatizadora que terminará por explotar. Por supuesto, no podemos obviar la cuestión del amor, los que surgen en esos veranos que todos hemos vivido, que enmarcan nuestra personalidad y que resultan difíciles de olvidar.

Todo esto lo consigue Arrabal con un estilo elegante, empleando una adjetivación refinada, casi señorial, donde la narración se impone frente al diálogo, con párrafos que dibujan un círculo perfecto, con un hecho en la cabecera que permite dar una vuelta al pasado de un personaje para conducirnos de nuevo al mismo punto colocado en las líneas de cierre o que crean expectación allá donde se omiten los detalles, alimentando la voraz curiosidad de un lector que necesita saber qué fue de Roberto y por qué, de manera tan directa, se nos anuncia su fallecimiento en ese verano de 1989.
El autor juega bien sus cartas, es un estratega habilidoso que sabe dónde colocar las piezas, anticipando el golpe maestro, el jaque mate que dejará al lector en estado de levitación, adelantando hechos que instigan a seguir leyendo y con una voz narradora, la de Alonso, que a veces cede su lugar a otro personaje para que, de la subjetividad pasemos a la objetividad. A su vez, dibuja Arrabal un perfil nítido de la personalidad de los jóvenes, casi obedeciendo a ese reparto de roles que no es poco frecuente encontrar en una pandilla. Javier, el líder, el dominador, el que sabe lo que quiere y lucha por conseguirlo, el que influye en los demás en mayor o menor medida, el que no se achica, el que se muestra desafiante y déspota pero que siempre nos hará dudar, pensando si todo no se reducirá a simple fachada porque sí, porque como Javier hay muchos que, equivocados, acostumbran a escudarse en lenguaje obsceno que a él se le antoja sinónimo de fortaleza y poder. 

Nacho es el que va a su aire, el que no se deja arrastrar por las imposiciones de Javier, el que cuestiona su autoridad y no teme hacerle frente y observa cómo otros bailan al son que el líder marca porque para eso está Luis, el débil, el timorato, el más inteligente y brillante pero a la vez el más dependiente, convirtiéndose casi en un ser invisible. Y por último Alonso el más romántico de todos, el que sirve de canalizador de los hechos narrados. 

Más allá de esta pandilla, Roberto, de personalidad solitaria, culto, leído pero también herido, procedente de familia desestructurada, con un padre borracho y una madre maltratada, factores que han revertido en una madurez impropia para un joven de su edad, lo que incomoda al resto del grupo.

Y luego están los franceses, Luc y Monique, junto a sus hijos Sophie y Fabién. Estos cuatro personajes son los otros, los nuevos, los recién llegados, a los que acoger pero a los que también juzgar. Los franceses suponen la novedad, la noticia que rompe la rutina y aportan esplendor. Resulta interesante el modo en que el autor los describe, como a través de un filtro que camufla y difuminada todo tipo de defecto que pudieran tener, un tamiz que borra imperfecciones y con cuya presencia se crea un ambiente de atardecer, de rayos de sol que indicen oblicuamente sobre las personas y los objetos, suavizando sus líneas y sus formas. 

Entre todos estos personajes, entre estos jóvenes amigos, nacerá una hilera de certezas que se intuyen pero que jamás se verbalizan porque eso sería tener que afrontarlas. Y aunque se vean verano tras verano, el lector no es testigo de una relación sana, de camaradería, sino que más bien advierte que ellos se mueven con recelo, tienen dobleces, dicen lo que no piensan y piensan lo que no dicen, guardando demasiados secretos y reproches. 

En cuanto a los espacios, estos quedan algo difuminados en la novela. Sabemos que todo transcurre en un pueblo, cualquier pequeño rincón costero del sur, con sus casas de veraneo, sus pequeños restaurantes y bares como El Sureño, El Guapo Loco, El Platillo Volante, sus playas recónditas, de arena fina y blanca como Cala Diablo, testigo de los secretos de los jóvenes donde alguna tarde se instala un silencio pegajoso. Son lugares inventados, que pudieran guardar alguna similitud con localizaciones reales y que conviven con algunos nombres de calles tomados del callejero de la Sanlúcar natal del autor. 

El verano es una de esas épocas del año donde la vida se torna más maravillosa. Luce el sol, aunque a veces nos achicharre, los días son más largos, podemos disfrutar de la playa, broncearnos, trasnochar y al llegar las vacaciones se deshacen nuestras ataduras pues solo cabe relajarse y divertirse por eso quizá los hechos que se narran en la novela resultan más paradójicos, y sorprende toparse con un verano inquieto, lleno de adversidades que conducen a trágicas consecuencias y que terminará por obligar a 'vivir con la farsa' el resto de la vida. 

Con un final inquietante que provoca un vuelco en el corazón, Hasta que sea verano es una gran novela que no te puedes perder. Realmente me ha parecido muy buena. 










[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]
 
Puedes adquirirlo aquí:



jueves, 2 de noviembre de 2017

Presentación HASTA QUE SEA VERANO de Ignacio Arrabal.

Uno de los alicientes a la hora de asistir a una presentación, al margen del autor y la obra, es el lugar en el que dicho acto se celebra. El pasado sábado fuimos convocados en una librería preciosa en el centro de Sevilla que tiene por nombre Un gato en bicicleta. Allí, además de deambular entre libros, poder tocarlos, ojearlos, incluso olerlos y por supuesto comprarlos, también podemos acompañar tal liturgia tomando un café o lo que se tercie. En aquel sanctasanctórum nos congregamos para escuchar al autor Ignacio Arrabal que venía a presentar su nueva novela, Hasta que sea verano (Anantes), teniendo como cómplice al también autor Salvador Compán.



Antes de dar inicio al acto, Ismael Rojas Pozo, editor de Anantes, quiso dar las gracias tanto a la librería por su disponibilidad como a los asistentes por su presencia. Comentó que poder contar con la colaboración de Salvador Compán, a quien conoce desde hace mucho años, era todo un privilegio y sobre Ignacio Arrabal mencionó que era un autor que se adentraba con esta segunda novela en un registro muy distinto al que tocó en su primera publicación, El rasgo suplementario. Sin más, cedió la palabra a los autores.


Salvador Compán abrió el acto haciendo una interesante reflexión. Quiso aclarar en qué consistía para él la buena literatura y para ello se apoyó en las reflexiones de importantes autores del pasado. Citó a Harold Bloom, quien venía a decir que el mal lector o la mala obra solo pide que se mire al fondo, al desenlace, con lo que basta con ir pasando una página tras otra sin pararnos a analizar la acción. No obstante, el buen lector y la buena obra exige que miremos a los lados, que nos detengamos en el camino, en cada página, párrafo o reglón que deben estar colmados de emociones y conocimientos. En la misma línea también expuso el pensamiento de Juan Ramón Jiménez quien manifestaba que la buena poesía no te empujaba a ir más lejos sino más hondo. Con estas interesantes apreciaciones, comentó que Hasta que sea verano es una novela que tiene voluntad de serlo. «Esto, que parece una obviedad, no lo es tanto. Hasta que sea verano no es una novela comercial, de usar y tirar, completamente olvidable». Compán considera que la nueva novela de Ignacio Arrabal es una buena novela porque no solo cuenta con una trama bien urdida sino que también está muy bien contada. «El lenguaje tiene que trabajarse para ahondar en la realidad, tiene que ir creando significado a medida en la que avanza el texto», apuntó. Señaló además que el lenguaje empleado por Arrabal es preciso y elástico, muy asociativo y con una prosa que respira y emociona.

Pero en relación a la trama, manifestó que en una buena novela todo tiene que estar articulado en torno a un tema central. «En este caso concreto el tema universal es la culpa, algo que atañe a todo ser humano», y que deja consecuencias terribles. El argumento congrega a una pandilla de amigos, cuatro o cinco jóvenes de unos veinte años que viven en las cercanías de un pueblo costero. Ellos han conformado su propio micromundo, una burbuja dentro de la cual se mueven, entre las cuatro casas que habitan junto con su familia, cala Diablo y dos o tres bares. Este es el universo de estos jóvenes y en este universo es donde suceden los hechos que marcarán ese verano.


Asegura Compán que el autor sabe manejar bien la intriga, dosifica la información pero a la vez va alertando al lector de que algo va a ocurrir sin desvelar nada esencial. «Toda la historia está resumida en síntesis en el primer párrafo, una semilla que luego se irá ramificando», afirmó.


«A veces dura una vida lo que tarda en suceder una historia y, sin embargo, lo que ocurrió con Roberto y todos los que formamos parte de aquel verano, ha quedado tan grabado en la memoria que parece que todavía está sucediendo. Y eso a pesar de que Roberto ya no vive, que el escenario de esos días tan lejanos no ha vuelto a ser visitado por ninguno de nosotros y, sobre todo, que una nube de desdicha y tristeza parece haber impregnado nuestras vidas desde entonces, como si ya nada pudiera volver a ser igual». [pág. 9]

Se comentó que en estas líneas está todo condensando, toda la novela contenida, suponiendo un buen comienzo y un acicate para el lector. «Yo quería centrar el foco de la narración no en qué sucede porque esto ya lo cuento en esas líneas sino cómo sucede y las consecuencias que acarrea», afirmó Arrabal. Hasta cierto punto, el autor ha querido hacer un homenaje al modo de contar las cosas.

Sobre los personajes Compán nos desveló que están muy bien definidos y cada uno desempeña un rol particular. Son jóvenes, hijos de la pequeña burguesía que viven despreocupados. Entre ellos se estructura una especie de jerarquía siendo Javier, el líder del grupo, «una especie de macho alfa con una psicología nietzschiana». Luego está el personaje anti-héroe, Nacho, el más contestatario al que se le une otros personajes más serviles. Y por último, Alonso, el narrador de la historia, un personaje schopenhaueriano. «Alonso es el que duda, el que se mueve siempre en la incertidumbre y cree que la felicidad solo está en una zona acotada. Es el más observador, un buceador, que escarba en la realidad de los otros para ver cómo laten y cómo se mueven». Pero no serán los únicos personajes. Encontraremos también a Roberto, un chico del pueblo, el que fallece tal y como se menciona al principio del libro y los franceses que llegan a esa localidad para pasar el verano y que constituyen el elemento extraño. «Concretamente una chica, Sophie, la personificación del sexo y la fascinación hecha mujer, será la que desarticule el grupo con lo que se da pie al clímax y a la tragedia».



Algo que siempre despierta curiosidad es el título de las novelas. Sobre Hasta que sea verano, Arrabal mencionó que, en realidad había pensado llamarla Los franceses, dado que el verano de los jóvenes explota con la llegada al pueblo de una familia francesa que decide pasar el verano en esa localidad. Sin embargo, no fue un título que entusiasmó ni a los editores ni a su familia y por eso se cambió. Confesó que, al principio, Hasta que sea verano no le gustó mucho pero hoy piensa que es un título atractivo, una frase incompleta que invita a poner algo más detrás o averiguar qué es lo que ocurrió en aquel verano.

Y con respecto al lugar donde se desarrolla la trama, Compán afirmó que uno de los aciertos de la novela es precisamente el  tratamiento del espacio pero también del tiempo. «Todo está acotado», dijo Salvador, los personajes simplemente se mueven entre Cala Diablo, las cuatro casas y poco más. El círculo está cerrado y al cerrarlo tanto el espacio como el tiempo se convierten en un olla a presión, los personajes entrechocan y todo se potencia al máximo. «Acotar el espacio me sirve para que los personajes vivan con mayor intensidad», manifestó Ignacio.

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