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viernes, 26 de junio de 2020

EL MERCADER DE LIBROS de Luis Zueco

megustaleer - El mercader de libros - Luis Zueco
Editorial: Ediciones B
Fecha publicación: Marzo, 2020
Precio: 21,90 €
Nº Páginas:  608
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubiertas
ISBN: 9788466667005
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]


Autor

Luis Zueco (Borja, Zaragoza, 1979) es director de los Castillos de Grisel y de Bulbuente, dos fortalezas restauradas y habilitadas como alojamientos con encanto y para la realización de eventos. Además, es ingeniero industrial, licenciado en Historia y máster en Investigación Artística e Histórica, miembro de la Asociación Española de Amigos de los Castillos y colaborador, como experto en patrimonio y cultura, en diversos medios de comunicación.

Ha logrado un éxito internacional de crítica y público con su fascinante «Trilogía Medieval»: El castillo (Mejor Novela Histórica 2015 por la web Novelas Históricas), La ciudad y El monasterio, tres novelas que pueden leerse de manera independiente y con las que accedemos, a través de adictivas tramas de intriga ambientadas en los escenarios arquitectónicos más importantes de la época, a aspectos fundamentales de la Edad Media. El mercader de libros es su último gran éxito.

Sinopsis

Todo gran viaje comienza en los libros

Hubo un tiempo en que los libros podían descubrir nuevos mundos, tambalear los dogmas más sagrados y cambiar el curso de la Historia.

Esta novela es un viaje a los años siguientes a la invención de la imprenta, cuando un mercader de libros emprende la búsqueda de un misterioso ejemplar que ha sido robado de la mayor biblioteca de Occidente, creada en Sevilla por el hijo de Cristóbal Colón.

Año 1517. El joven Thomas atraviesa la incipiente Europa renacentista huyendo de su pasado. Son los años siguientes al descubrimiento de América y la invención de la imprenta, un periodo de profundos cambios que han supuesto el fin de la Edad Media. La curiosidad que siente por el Nuevo Mundo, cosechada en sus múltiples lecturas, le llevará hasta España, donde comenzará a trabajar con un mercader de libros.

El encargo de localizar un ejemplar envuelto en un halo misterioso le conduce hasta Sevilla, una próspera ciudad que sirve como enlace en el comercio con las Indias y que alberga, entre sus murallas, la biblioteca más importante de Occidente, creada por el hijo de Cristóbal Colón y llamada la Colombina. Será precisamente allí donde Thomas descubra que alguien ha robado el libro que él busca y, por alguna razón, tiene mucho interés en que nadie lo encuentre.

Hubo un tiempo en que los libros permitían descubrir nuevos mundos, tambalear los dogmas más sagrados y cambiar el curso de la Historia. Luis Zueco nos sumerge en los albores de la bibliofilia y nos traslada, en una perfecta unión de rigor histórico y trama trepidante, a una época en la que la palabra impresa podía ser el arma más peligrosa

[Información tomada directamente del ejemplar]


Solemos decir que los libros nos hacen viajar, nos transportan a otros tiempos y a otros espacios para vivir aventuras y meternos en la piel de algún personaje histórico, o bien ficticio, pero con una vida apasionante. Hay casos en los que la magia llega a tal punto, que el viaje se convierte prácticamente en algo tangible, traspasando nuestra imaginación. Es lo que ocurre con El mercader de libros, la nueva novela de Luis Zueco. Este ha sido mi estreno con la narrativa del autor zaragozano. El resultado no ha podido ser más satisfactorio, porque Zueco no se ha limitado a escribir un libro, sino que ha construido todo un universo. 

El mercader de libros narra la vida de Thomas Babel. Nacido en Augsburgo y huérfano de madre desde los seis años, el joven está bajo la protección de su padre, Marcus Babel, el famoso cocinero de Jacobo Függer, un acaudalado banquero "con negocios en toda la Cristiandad" y rival de los Welser, otra familia rica, "descendientes del general bizantino Belisario". Tras un encuentro con la bella Úrsula, que le robará el corazón, el joven Thomas comienza a encontrar un problema tras otro bien pronto. Fruto de una mezquina conspiración, Marcus Babel es arrestado y acusado de intento de envenenamiento. Thomas se verá obligado a huir para salvar su vida, aun dejando a su padre atrás. Este será el punto de partida de un viaje que lo llevará al sur de Italia, acompañando a un comerciante de paños, libros, vinos y otros artículos. Pero la traición será una compañera fiel del personaje y su vida se convertirá en una constante huida hacia delante. 

En Amberes entrará a trabajar en una imprenta, donde aprenderá el noble arte de los libros. Tras un nuevo engaño, partirá hacia España, pasando por Bilbao, San Juan de Gaztelugatxe o Vitoria. En el norte de España conocerá a Alonso, un mercader de libros para el que empieza a trabajar. Junto a él, recibirá el encargo de localizar un libro titulado Amores imposibles, escrito por el sevillano Jaime Moncín e impreso en la misma ciudad. Se trata de un tratado amoroso "novedoso, muy moderno, y sobre todo, que cuenta con una grabados espléndidos, muy sensuales". Así que ponen rumbo a Sevilla, escenario principal de esta novela, donde Thomas tendrá que seguir la pista al escritor, al que parece que se ha tragado la tierra, y del que nadie ha vuelto a tener noticias en muchos años.

Será en la ciudad del Guadalquivir donde transcurra el grueso de la novela. Tras doscientas páginas llenas de vivencias y aventuras, la historia continúa en la "capital del Viejo Mundo" y puerto de embarquea hacia el Nuevo, con la Casa de Contratación y los barcos que llegan de América, cargados de riquezas. La búsqueda del libro de Moncín lo pondrá en contacto con Hernando Colón, el mayor comprador de libros, con el propósito de construir la biblioteca más grande de la Cristiandad.

"Una enorme biblioteca, una réplica multiplicada hasta lo imposible de la mayor librería que Thomas hubiera visto jamás. Libros y más libros. Y más allá, más libros. Todo eran estanterías, una tras otra, una encima de la otra, y cuando parecía que esta se acababa aparecía otra más. Pasillos que giraban y volvían a girar hasta donde alcanzaba la vista. Todos ellos completamente repletos de libros" [pág. 220]

"Desde aquí luchamos contra la oscuridad y la superstición de la Edad Media", le dice Hernando Colón a un Thomas que no da crédito a lo que está viendo. A partir de aquí, al lector le esperan cuatrocientas páginas llenas de mil avatares. En El mercader de libros tendremos conspiraciones, misterios, asesinatos, traiciones, chantajes,... Y también amores, porque Thomas es un joven enamoradizo al que es fácil arrebatarle el corazón. Serán varias las mujeres que pasen por su vida y por muchas de ellas sufrirá el desamor. Pero no será el único personaje que tenga líos de faldas. Los amores prohibidos y los triángulos amorosos afectarán a más personajes e incidirán en cierto modo sobre el desarrollo de los hechos.

Y, a pesar del volumen de la novela, os garantizo que se lee con suma agilidad y dinamismo. Al pobre Thomas le pasan tantas cosas, lo traicionan tantas veces, sufre tantas penalidades que su vida jamás aburre. A ello hay que unir que la historia gira y gira, mostrando múltiples recovecos, haciendo pensar al lector una cosa, para sorprenderlo después con un cambio de dirección. Estamos ante una novela que bebe de muchos géneros. Tiene toques de literatura de viajes, de aventuras, de romance y, por supuesto de histórica. 

La acción se inicia en 1516 y finaliza en 1555. Son casi cuarenta años en los que se producen importantes hitos históricos. Guttenberg ya ha regalado al mundo su invento más revolucionario, la imprenta, aunque, como nos comentó Luis Zueco en la entrevista publicada hace unos días (puedes leer aquí), aquel invento escondía un propósito menos prosaico que la difusión de la cultura. Igualmente, el Nuevo Mundo ya ha sido descubierto por Cristóbal Colón, y han sido varios los viajes que se han emprendido a aquellas nuevas Indias a las que creían que habían llegado. Pero el contexto histórico llega mucho más allá. Francia y España están en una pugna constante por apoderarse de la mayor parte del territorio que ocupa la Cristiandad. Por otra parte, surge el Humanismo y Erasmo de Rotterdam se convierte en el artífice de la nueva corriente de pensamiento. Se plantea traducir la Biblia. Lutero y sus tesis se colocan en el punto de mira, dando pie a su excomunión, y las reuniones en Worms empiezan a tener cada vez más repercusión.  Al mismo tiempo, España intenta arrebatar a Portugal el dominio de la Ruta de las Especias.

La imprenta nos ha facilitado un enorme conocimiento que está posibilitando avances técnicos, médicos y científicos y por tanto, también descubrimientos de nuevas tierras [pág. 222]

Pero, ¿cómo era la Sevilla del siglo XVI? Aquí teníamos a la Inquisición y un imponente castillo-prisión del que todavía quedan restos. Sin embargo, el Santo Oficio es simplemente una sombra en la novela. Los personajes conocen y temen las consecuencias que pueden tener sus creencias, su actitud, su comportamiento. El castillo de San Jorge vigila la ciudad e impone respeto y temor a todo el que llega. Aún así, en la trama no se profundiza demasiado en las actuaciones de la Inquisición, ni vamos a ver a los inquisidores andando por las calles de Sevilla.





Ahora bien, la ciudad queda detalladamente retratada. Sevilla era una ciudad de luces y sombras. Centro del Mundo, a sus calles llegaban las riquezas más espectaculares, y aquel trasiego de barcos con las bodegas llenas también atraía a los personajes de peor calaña, siempre buscando algo que rapiñar. Matones y asesinos se arremolinan en el muelle de mulas, los chivatos y soplones cruzaban el puente de barcas para alcanzar el barrio de Triana, en el Arenal se levantaba la mancebía más famosa de la ciudad y a los pies del mercado el Monte del Malbaratillo se amontonaban todas las porquerías y basuras que los vecinos habían ido arrojando desde tiempos remotos. En la calle de la Sierpe y en la plaza de San Francisco se congregaban los comercios, un mercado rodeaba la catedral y en sus escalinatas se trapicheaba con cualquier cosa. Lo más valioso en esta ciudad que nunca dormía era la información, auténtica moneda de cambio

Pero Sevilla también tenía una parte luminosa, con familias de abolengo como los impresores Cromberger o los Enériz -proveedores de plantas del Nuevo Mundo-. Había edificios suntuosos y palacios hermosos como el que habitaba Hernando Colón, del que ya no queda nada, y que contaba con un extenso jardín donde crecía todo tipo de especies florales, árboles y arbustos traídos del Nuevo Mundo. La narración nos permite asomarnos a un vergel maravilloso y caminar entre plantas exóticas o frutos curiosos como ese de color rojo y forma redondeada al que llamaban tomate. 





[Luis Zueco nos lee las primeras páginas de El mercader de libros.

Fuente: Facebook autor]

En cuanto a los personajes, no sabría decir cuántos asoman a estas páginas. El protagonista principal será Thomas Babel, un joven apuesto, de pelo oscuro y espeso, con aire pensativo y misterioso, y unos brillantes ojos verdes. Aún siendo hijo de un cocinero, será una persona culta y con educación. La buena relación de su padre con la familia Függer, le abre las puertas al conocimiento, al permitírsele asistir a las clases del monje Klopp, y ser compañero de pupitre de los sobrinos de Jacobo Függer. 

Thomas es un personaje que evoluciona con el avance de la trama. No perderá su carácter soñador en ningún momento, y se sentirá tan atraído por la Isla de las Especies o el Nuevo Mundo que hará todo lo posible por conocer esos lugares maravillosos. De corazón enamoradizo, serán varias las mujeres que ocupen su corazón a lo largo de la trama. Y aunque inicialmente lo veamos como un joven manipulable y confiado, lo cierto es que los diversos y reiterados reveses que sufrirá, lograrán hacerlo madurar rápidamente. No estamos ante un personaje sin dobleces ya que, en algún momento, tendrá que actuar de forma poco apropiada para conseguir su propósito.

Entre los personajes secundarios, me ha gustado mucho Massimiliano, un contador de cuentos, exponente de la tradición oral, que se gana la vida de aquí para allá, narrando historias extraordinarias sobre el Nuevo Mundo. 

Sebas es un maleante sevillano que parece tener el don de la idoneidad. Se conoce Sevilla como la palma de su mano. Con contactos hasta en el infierno, ayudará a Thomas en más de una ocasión. 

Entre las mujeres, me decanto por Edith, la hija del impresor Thys en Amberes. Vivaz, apasionada e inteligente, tiene un acusado sentido del feminismo. Lectora de Christine de Pizan, es defensora de la literatura femenina y de la educación de la mujer. 


"Las mujeres han escrito libros, pero nadie los conoce; apenas se imprimen. Si así fuera, todo habría sido diferente, el mundo sería mejor. Ojalá yo pueda, algún día, escribir un libro explicando la vida de las mujeres." [pág. 126]

Encabeza la lista de personajes reales Hernando Colón.  Junto a él vamos a descubrir su fabulosa biblioteca, la red extendida por toda Europa, a través de la cual consigue todos los libros que se imprimen, la manera en que los clasifica y el Libro de los Epítomes, "un extenso compedio" que recogía un resumen de todos los libros que había en su biblioteca. Me ha gustado la forma en la que Zueco nos aproxima al que fue uno de los hijos de Cristóbal Colón. 

Más allá de la trama, El mercader de libros se transforma en una enciclopedia que recoge los hitos históricos más importantes de la época, así como un cúmulo de anécdotas que no hacen más que evidenciar la ingente tarea de documentación que habrá tenido que llevar a cabo Zueco. Desde el proceso de construcción de la Basílica de San Pedro, pasando por el negocio de la lana, la clasificación de libros, el demonio Titivillus, al que se le achacan los errores ortográficos, el origen de los perros San Bernardo, hasta las leyendas o mitos de Sevilla, este libro supone una absoluta fuente de conocimiento que sorprenderá al lector con infinidad de curiosidadesLas estancias en algunas ciudades, el contacto con algunos personajes y las conversaciones entre ellos originan que el autor se adentre en algunas cuestiones colaterales, que enriquecen la narración. Ahora bien, en algún momento puntual, como es el caso del pasaje en el que se habla de los tercios de Lombardía, he sentido que Zueco ahonda un pelín más de la cuenta en la información que nos ofrece. Vaya por delante que todo lo que se recoge en este libro es sumamente interesante pero, bajo mi punto de vista, en un par de ocasiones se tira mucho de documentación. Aún así, no puedo más que quitarme el sombrero ante toda la información adicional que nos ofrece porque, incluso me ha descubierto curiosidades de mi propia ciudad, como el origen de las calles Vida y Muerte. Chapó.

Pero, tratándose de un homenaje a los libros, estos van a tener un grandísimo protagonismo en la novela. De entrada, ya advertimos en Thomas un verdadero interés por la literatura y por los libros, algo que le viene de pequeño, cuando su padre le leía cuentos por la noche. Zueco nos explica un sinfín de detalles curiosos sobre los libros, como cuando habla de los desglosables, libros que eran publicados por partes. Encabezando muchos capítulos vamos a encontrar citas maravillosas y hay pasajes que son una belleza:  


"Los libros nos permiten saber lo que piensan miles de hombres, lo que descifraron los sabios de la antigüedad, lo que descubre un genio en la otra punta del mundo. Los libros nos enseñan la historia, podemos aprenderla para no cometer los mismos errores que nuestros ancestros. (...) Los libros sin una mente inmensa, que abarca el saber de toda la humanidad. Sin ello... seríamos poco más que animales. Cada generación olvidaría lo aprendido por la anterior y así y una y otra vez" [pág. 336 - 337]

Escrito en tercera persona y narrado de manera lineal, El mercader de libros cuenta con una estructura amplia. Un prefacio da pie a siete grandes bloques, a lo largo de los cuales se distribuyen ochenta capítulos de corta extensión. Culminan este volumen, un epílogo que supone un broche de cierre fabuloso. Insisto, aunque este libro cuenta con seiscientas páginas, os diré que se lee de manera muy ágil y amena. La mezcla de géneros consigue que la historia enganche a todo tipo de lectores que quedarán satisfechos con el desenlace que se nos ofrece porque, aunque la resolución del enigma en torno a Jaime Moncín se intuye en la página cuatrocientos, lo cierto es que no todo concluye ahí, sino que al lector le esperan aún muchas más sorpresas en los capítulos finales.

En definitiva, me ha gustado mucho El mercader de libros. Creo que es una obra completa, bien urdida, con muchos puntos de interés y una narración cercana, a pesar de que los hechos transcurren en el siglo XVI. La he disfrutado mucho, por lo que no me queda más que invitaros a visitar la Sevilla de antaño con este libro bajo el brazo.


"Cada libro que veis tiene alma. El alma de quien lo escribió y el alma de quienes lo han leído y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro se lee, su alma crece y se hace más fuerte." [pág. 224]

Algunos libros mencionados en El mercader de libros:

- Las cartas de Abelardo y Eloísa (Anónimo)
- Eneida de Virgilio
- Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam 
- La Ciudad de las Damas de Cristina de Pizán
- La educación de la mujer cristiana de Juan Luis Vives
- Iliada de Homero
- Odisea de Homero
- El Banquete de Platón
- La Celestina de Fernando de Rojas.




[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:






martes, 16 de junio de 2020

LUIS ZUECO: 'Las bibliotecas, como las conocemos hoy, las inventó Hernando Colón'

Los títulos ejercen un poder hipnótico sobre los deseos de un lector. Encontrarse con novelas que, desde sus cubiertas, nos hablan de bibliotecas, de libros, de escritores,... es un aliciente al que cuesta mucho resistirse. Pero, si a ello se le añade una trama que te hace viajar a tu ciudad, para descubrirla cuando era centro del mundo, a través de unos personajes de ficción que se mezclan con otros reales, la tentación deja de ser tal para convertirse directamente en pecado. 

El mercader de libros es la última novela de Luis Zueco, una historia apasionante en la que viviremos un sinfín de aventuras junto a Thomas, un joven alemán que recorrerá parte de Europa y terminará recalando en Sevilla, en el año 1523. Su misión, encontrar un curioso libro escrito por Jaime Moncín, un escritor sevillano del que poco se sabe. En la búsqueda, conocerá a Hernando Colón, artífice de una de las bibliotecas más impresionantes de la Cristiandad. Mientras os cuento mis impresiones, ahí os dejo la entrevista con el autor. 

megustaleer - Luis ZuecoM.G.- Luis, el titulo es un imán irresistible para los lectores porque esta novela habla de libros y, como tú dices en la Nota de Autor, es un homenaje a los libros.

Luis Z.- Sí, así es. Esta novela nace con esa idea, de escribir una historia que deje atrás la Edad Media, periodo que abarqué en mis libros anteriores, para cruzar al Renacimiento, pero a través de los libros. Quería escribir una novela que tuviera que ver con los libros. Buscando, buscando, llegué a la biblioteca de Hernando Colón y a la Sevilla del siglo XVI, y ahí me cuadró todo. 

M.G.- Para los que nos gusta leer, esta novela es una delicia, y no solo por la trama en sí, sino porque vas haciendo referencia a muchos títulos reales. La Iliada y la Odisea aparecen constantemente, e incluso sale a relucir ese libro que Erasmo de Rotterdam le dedicó a Cristóbal Colón.

L.Z.- Sí, ese libro se puede consultar en la Biblioteca colombina. Es curioso porque, ahora solemos pedir a los autores que nos dediquen sus libros, pero aquella fue prácticamente la primera dedicatoria que existió. Me parecía algo tan curioso que tenía que salir sí o sí en esta novela.

M.G.- Pero hay otro libro más, el que se puede considerar el eje de todo el argumento, un libro de amor, con grabados algo subidos de tono, y atribuido a Jaime Moncín, un escritor sevillano. Ese libro y ese autor sí pertenecen a la ficción, ¿cierto?

L.Z.- Sí, sí. Me gusta que la trama principal y los protagonistas sean ficticios porque te da mucha más libertad. En novela histórica, no me termina de gustar utilizar a un personaje real como protagonista porque te marca demasiado el camino. Sin embargo, sí disfruto incorporando personajes históricos importantes, como Hernando Colón, el emperador Carlos V, o algunas familias de impresores que existieron realmente.  

M.G.- Y nada más abrir el libro encontramos una dedicatoria que contiene una frase interesante. Se dice que hay poderosos enemigos que buscan arrinconar los libros. ¿Por qué?

L.Z.- Los libros siempre han tenido muchos enemigos, incluso actualmente. Son peligrosos y por eso, antiguamente, muy pocos tenían acceso a ellos. En la Edad Media, se protegían en el interior de los monasterios, aunque estaban más que protegidos, estaban ocultos. Además eran muy caros, por eso los únicos que podían coleccionarlos eran los nobles, y lo hacían no porque fueran ávidos lectores, sino porque eran objetos de ostentación.

Fue el siglo XVI el que lo cambió todo. La aparición de la imprenta supuso un negocio, con la que se pretendía falsificar manuscritos y hacer dinero. No se trataba de difundir la cultura. Simplemente era una cuestión de dinero. Los poderosos podían haber luchado contra la imprenta, haberla prohibido, pero no lo hacen porque se dan cuenta del poder que tiene el papel impreso y por eso, lo que pretenden es controlar la impresión y el mercadeo de los libros. De ahí que surjan listas de libros prohibidos. Quema de libros ha habido siempre porque nunca ha interesado que el hombre lea. 

M.G.- Porque mientras más leemos menos control pueden ejercer sobre nosotros.

L.Z.- Leer abre la mente y te ayuda a plantearte preguntas. Es lo que pasa en el siglo XVI, que la gente comienza a cuestionarse los libros antiguos, a preguntarse si están bien traducidos, si lo que nos han contado es verdad. Claro, todo eso supone un gran problema para los que mandan. 

M.G.- El protagonista es Thomas, un joven alemán que, por cuestiones amorosas tiene que abandonar Augsburgo. Él está toda la novela obsesionado con el Nuevo Mundo y con la Isla de las Especias. Son dos enclaves que le fascinan.

L.Z.- Sí, está obsesionado con la Isla de las Especias porque su padre era cocinero. De él aprendió que las especias pueden ser muy poderosas también. Algo tan vulgar como comer, porque todo el mundo comía, mejor o peor, se convierte en un placer, gracias a las especias, algo que solo está al alcance de los poderosos. 

Y con respeto al Nuevo Mundo, Thomas conocerá a un personaje que le contará historias de aquellas tierras, le llenará la cabeza de sueños. Porque Thomas es un soñador y eso le hace anhelar conocer otros lugares. Bueno, y también enamorarse, porque se enamora con mucha facilidad. 

M.G.- Es verdad, pero el pobre va de desgracia en desgracia, y de traición en traición. 

L.Z.- En el amor sí, tiene muy mala suerte. Pero esa parte tiene mucho que ver con la naturaleza del lector y con la literatura en sí. Generalmente, en los libros, los amores son muy trágicos y complicados. Los amantes sufren mucho. Y Thomas es así, es un personaje que va a sufrir mucho por amor.

M.G.- Menos mal que, en otras áreas de su vida, espabila pronto. En los primeros capítulos lo vemos como muy inmaduro, enfrentándose a mujeres que son más maduras, pero aprende rápido porque le pasan tantas cosas, que no tiene más remedio que evolucionar.

L.Z.- Sí, empieza siendo muy pardillo. Si lo comparas con Úrsula, su primer amor, te das cuenta de que ella es otro tipo de personaje, mucho más fuerte e inteligente. El problema es que es mujer y, por tanto, tendrá muchas limitaciones en su época. Úrsula es una mujer pragmática, conoce cuál es su sitio. En cambio, Thomas no. Y por eso, va de un sitio a otro. 

La idea era que el lector viajara con él, y no solo en el sentido estricto de la palabra, sino que también lo acompañara en su evolución como persona.

M.G.- Úrsula es uno de los personajes femeninos, pero habrá más. Porque esta novela es muy coral. Aunque Thomas es el personaje protagonista, aparecen y desaparecen personajes constantemente. Y a todos ellos, incluso a los secundarios, los veo muy sólidos.

L.Z.- Me gustan mucho los secundarios. Te diría que, a veces, me gustan más que los principales. No me agradan esos personajes protagonistas que lo abarcan todo, que son buenísimos, guapísimos y todo les sale bien. Me gusta que tengan sombras. Y, por otra parte, creo que son los personajes secundarios los que elevan la novela a otro nivel superior. Son personajes de los que te gustaría saber más y casi podrían tener su propia novela. 

M.G.- Yo me he fijado en tres de ellos. Edith me ha gustado mucho porque es una mujer del siglo XVI, pero tiene un discurso feminista brutal. 

L.Z.- El papel de la mujer no era tan secundario. Es una época muy machista, eso es verdad, pero también había mujeres muy fuertes y que conseguían imponerse a la época o, por lo menos, lo intentaban. Eran mujeres con un espíritu luminoso. Lo que les ocurre es que, como te dije antes, están muy limitadas. Edith se queda en un quiero y no puedo. En un momento de su vida se plantea dar un paso muy arriesgado y lo  podía haber dado perfectamente. Eso es lo que yo quería reflejar con este personaje, pero claro, hay que tener en cuenta la época en la que vive. 

M.G.- Comentas también en la Nota de Autor que hay muchos guiños literarios. Por ejemplo, Sebas es un sevillano, un pícaro con el que haces un homenaje al Rinconete y Cortadillo de Cervantes.

L.Z.- Guiños hay muchísimos, algunos más evidentes que otros. Sebas me ha servido para hacer un homenaje a esos personajes del hampa que campaban por aquella Sevilla tan rica, que crecía tan rápido y donde llegaba toda la plata. Allí se arremolinaba también gente de todas las calañas. Había gente muy buena y gente muy mala. Sebas se encargará de llevar al lector por el lado más oscuro de Sevilla, mientras que Thomas nos lleva por el lado más bonito.

M.G.- Y como un libro que trata sobre libros, no podía faltar un personaje que representa la tradición oral, aquel que iba por ciudades y pueblos contando cuentos.

L.Z.- Sí. Lo bueno de Massimiliano es que tiene información sobre el Nuevo Mundo y eso lo convierte en un personaje muy interesante para su entorno y también para el lector. La de Massimiliano era una profesión muy habitual en esa época porque, aunque a inicios del siglo XVI, los libros comienzan a difundirse, no todo el mundo sabía leer, ni tenían acceso a los libros. Por eso era necesario que hubiera alguien que contara historias, leyendas, cuentos, viajes, aventuras,... Massimiliano representa la unión entre el Nuevo Mundo y el Viejo Mundo, como esos trovadores que iban de población en población, contando los nuevos descubrimientos. Con todo lo que ofrecía América, lo primero que nos llegó fue el tabaco.  




M.G.- Thomas hace un recorrido por Europa y termina viviendo en Sevilla. Aquí se encuentra con Hernando Colón y esa biblioteca espectacular. Creo que llegó a reunir unos quince mil ejemplares, de los que quedan muy pocos. 

L.Z.- Sí, lo que queda está en la Institución Colombina, a los pies de la Giralda, junto a otros archivos que son igualmente interesantes. A la Biblioteca Colombina solo se puede acceder con cita previa. Es un lugar de estudio e investigación, con libros muy valiosos. Originariamente estaba en el palacio de Hermando Colón, el palacio Colón, junto al río y lindado con la muralla. Hernando Colón tuvo una idea muy ambiciosa. Su padre había descubierto el Nuevo Mundo pero él creó una biblioteca donde se recopilaban todos los libros del mundo. Y lo consiguió gracias a una red de captadores de libros por Europa, que luego traían a Sevilla. Una vez aquí, una serie de lectores que venían de la Universidad de Salamanca, se leían los libros, los resumían, utilizaban palabras claves, de tal manera que todo ese saber fuera accesible. Las bibliotecas, como las conocemos hoy, las inventó Hernando Colón. Hasta entonces, solo existían colecciones de libros. Es lo que era la biblioteca de Alejandría, con toda la fama que tenía. Hernando Colón lo clasificó todo, con el propósito de ser útil para la Corona. Estaba convencido de que, si los tercios eran los brazos y las piernas del Imperio, el cerebro tenía que ser la Biblioteca Colombina. Lamentablemente no le sobrevivió. Su sobrino no pensó igual que él y con el tiempo nos ha quedado lo que tenemos hoy. De igual modo se perdió el palacio, y los jardines en los que había plantas y árboles traídas del Nuevo Mundo. 

M.G.- Luis, hay un personaje que dice que la imprenta fue el invento más importante, el origen de todo el desarrollo de la Historia Universal. Que incluso propició el descubrimiento de América. ¿Cómo es esto?

L.Z.- Es mucha casualidad que todos los grandes descubrimientos surgieran después de la imprenta. Antes no había difusión de ideas, pero la imprenta posibilita que, si tienes una gran idea, o un gran razonamiento, lo puedas plasmar en un libro y pueda llegar a todo el mundo. Eso, a su vez, potencia la inspiración y el desarrollo de nuevas ideas. 

Cometemos el error de fijar los cambios de época basándonos en las guerras o en cambios políticos. A veces, es más importante un cambio social, económico o incluso climático. Sin la difusión de ideas no avanzaríamos y eso se consigue con la imprenta y no escribiendo manuscritos. Terminar un manuscrito podía llevar un año o más. Y otro factor a tener en cuenta eran los errores. Copia tras copia, se van acumulando fallos. Cuando llegas a la copia octava, imagínate cómo estaría el texto. 

M.G.- Es complicado clasificar tu novela porque bebe de muchos géneros. Hay amor, aventuras, historia,... ¿Cómo lo ves?

L.Z.- En la novela histórica es fundamental que haya aventuras. Debe reflejar una época y trasladar al lector a la misma. Para eso no basta con contar batallitas sino que debes contar cómo amaban, cómo comían, cómo vestían o pensaban, y todo eso, siempre al servicio de la trama. En esta novela, hay de todo, como bien dices, hay amor, y misterio, y aventuras porque es una novela de ficción, y aunque sea histórica, tiene que tener todo eso. 

M.G.- Asomas al lector a un momento revolucionario. Pasamos del Medievo al Renacimiento, con el surgimiento de nuevas corrientes de pensamiento. En este libro vamos a encontrar a Erasmo de Rotterdam y el humanismo; a Lutero y sus tesis. 

L.Z.- El cambio radica realmente en las ideas. La gente, hasta la llegada de los productos de América, comían lo mismo, y las guerras se desarrollaban igual. La ideas cambian, y hacen cambiar el mundo. Para que haya un cambio debe ocurrir algo importante. Ni siquiera el descubrimiento de América fue ese hecho tan grande porque, en 1942, Colón no sabía que había descubierto un nuevo continente. Él pensaba que había llegado a Asia. Sin embargo, por entonces, las ideas ya estaban cambiando el mundo. 

M.G.- He disfrutado muchísimo con toda la  parte de la trama que sucede en Sevilla, prácticamente el grueso de la novela. Vivo muy cerquita del Castillo de la Inquisición. Ha sido apasionante asomarme a mi ciudad y ver que tenía un lado muy luminoso pero otro muy terrible. 

L.Z.- El Castillo de la Inquisición aparece en la novela más como una presencia, una amenaza. No ahondo mucho en la Inquisición pero sí he querido retratar esa fortaleza, situada al lado del río. Me imagino lo que tenía que ser para un sevillano ver ese edificio, en ese barrio donde estaba lo peor. Y lo que sería para los barcos que llegaban a Sevilla. 

M.G.- Es lo que tiene el barrio de Triana (Risas). 

L.Z.- (Risas) Bueno, entonces era cómo se describe en el libro.

M.G.- Ya, entiendo. Y bromas aparte. Es inevitable preguntarte por la documentación en una novela tan compleja y profunda como esta.

L.Z.- Disfruto mucho con la parte de la documentación aunque sea un proceso muy largo. Hay veces que me llevaría documentándome toda la vida, pero hay un momento en el que tienes que parar. Para mi es fundamental leer muchísimo y, por supuesto, acudir a los escenarios. Tenía que visitar Sevilla y buscar qué quedaba de la ciudad del siglo XVI. Andar sus calles de día  y de noche, pero siempre con la visión de esa época que querías recuperar. A pesar de los edificios modernos, en Sevilla se percibe la ciudad de aquel siglo. Y luego, obviamente, he tenido que echar mano de imaginación para recrear el ambiente. 

M.G.- Pero con esta novela no solo nos haces vivir una aventura. También nos das pie a curiosidades que me han parecido muy instructivas. Desde explicarnos por qué los perros San Bernardo se llaman así, hasta contarnos cómo nace la lectura en silencio. Has hecho un trabajo monumental. 

L.Z.- Me gusta incorporar todo tipo de curiosidades. Todo lo que voy encontrando y que me parece curioso, intento encajarlo. 

M.G.- Sé que haces hecho presentaciones virtuales porque la alerta sanitaria te cogió sin hacer una presentación en condiciones. 

L.Z.- Me cogió de lleno. La primera presentación iba a ser en Zaragoza, el día 12 de marzo. Hubo que anularla, claro. Y en Sevilla, teníamos pensado algo muy chulo. Íbamos a celebrar unas jornadas, con visita a la Biblioteca Colombina, una ruta literaria por la ciudad, un almuerzo,.. Una serie de actividades que nos llevaría toda una jornada. Pues nada. Tuvimos que anular también.

M.G.- Qué me dices... ¡Qué pena!

L.Z.- Nada, no se va a hacer nada... 

M.G.- Bueno Luis, yo te propongo algo. Primero te hago una pregunta. ¿Esta novela admitiría una segunda parte?

L.Z.- Podría dar pie a una continuidad.

M.G.-  Ah, ¿entonces me lo estás confirmando?

L.Z.- No. Me gustan las novelas que acaben cuando hay que acabarlas. Es muy fácil plantear un argumento muy chulo y no concluirlo. Pero por otro lado, me gustan que los personajes tengan un más allá, que el lector se pueda imaginar cómo es la vida de los personajes una vez que ha terminado de leer la novela. 

M.G.- Pues nada tú escribes una segunda parte. Te vienes a Sevilla y nos quitamos la espinita que se nos ha quedado clavada, presentando esta y la segunda parte. 

L.Z.- (Risas) Claro, y hacemos una buena ruta y visitamos también el Castillo de la Inquisición.

M.G.- Ah, pues en el castillo os hago yo de guía, que me lo conozco bien (Risas)

L.Z- (Risas) Te tomo la palabra. 

M.G.- Hecho. Un placer Luis. Muchas gracias por atenderme, y felicidades por una novela tan preciosa. 

L.Z.- Gracias a ti. 


Sinopsis: Hubo un tiempo en que los libros podían descubrir nuevos mundos, tambalear los dogmas más sagrados y cambiar el curso de la Historia.

Esta novela es un viaje a los años siguientes a la invención de la imprenta, cuando un mercader de libros emprende la búsqueda de un misterioso ejemplar que ha sido robado de la mayor biblioteca de Occidente, creada en Sevilla por el hijo de Cristóbal Colón.

Año 1517. El joven Thomas atraviesa la incipiente Europa renacentista huyendo de su pasado. Son los años siguientes al descubrimiento de América y la invención de la imprenta, un periodo de profundos cambios que han supuesto el fin de la Edad Media. La curiosidad que siente por el Nuevo Mundo, cosechada en sus múltiples lecturas, le llevará hasta España, donde comenzará a trabajar con un mercader de libros.

El encargo de localizar un ejemplar envuelto en un halo misterioso le conduce hasta Sevilla, una próspera ciudad que sirve como enlace en el comercio con las Indias y que alberga, entre sus murallas, la biblioteca más importante de Occidente, creada por el hijo de Cristóbal Colón y llamada la Colombina. Será precisamente allí donde Thomas descubra que alguien ha robado el libro que él busca y, por alguna razón, tiene mucho interés en que nadie lo encuentre.

Hubo un tiempo en que los libros permitían descubrir nuevos mundos, tambalear los dogmas más sagrados y cambiar el curso de la Historia. Luis Zueco nos sumerge en los albores de la bibliofilia y nos traslada, en una perfecta unión de rigor histórico y trama trepidante, a una época en la que la palabra impresa podía ser el arma más peligrosa.





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