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viernes, 10 de septiembre de 2021

DONDE HAYA TINIEBLAS de Manuel Ríos San Martín

Editorial: Planeta
Fecha publicación: junio, 2021
Precio:19,90 €
Género: thriller
Nº Páginas: 528
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788408243144
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes leer aquí]

Autor

Manuel Ríos San Martín (1965) es licenciado en Ciencias de la Información y ha trabajado en importantes productoras de televisión como Globomedia, BocaBoca y Diagonal, en las que ha ejercido de productor ejecutivo, director o guionista. Ha participado, entre otras, en Colegio Mayor, Médico de familia, Menudo es mi padre, Más que amigos, Compañeros, Mis adorables vecinos, Soy el Solitario, Raphael, Rescatando a Sara, Historias robadas y Sin identidad. Ha dirigido un largometraje, No te fallaré, y ha colaborado en la escritura de los guiones de Amigos... y Maradona, la mano de Dios. Ha coordinado y coescrito el libro El guion para series de televisión, publicado por el Instituto de RTVE. También es autor de las novelas Círculos y La huella del mal, que ha sido traducida al italiano y está siendo adaptada a la televisión como una serie de ocho capítulos.

Sinopsis

Una modelo de diecisiete años a la que le falta el ombligo desaparece en Madrid. Los inspectores Martínez y Pieldelobo se hacen cargo de la investigación, pero chocan desde el primer momento. Él es un padre cincuentón y caótico, tierno pero mordaz y un tanto anticuado; ella, una milenial combativa, inteligente y feminista.

Mientras recorren por España lugares misteriosos y templos en apariencia tranquilos, surgen dos hipótesis para desenmascarar a un asesino en serie: o la mafia rusa está detrás de una red de prostitución de lujo o hay un psicópata religioso que pretende enmendarle la plana al mismo Dios.

Este thriller plantea una reflexión irónica sobre la intolerancia, la dicotomía entre pecado y belleza, entre misericordia y castigo, y las relaciones entre el hombre y la mujer como dos seres destinados a entenderse desde el principio de los tiempos.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Tras el éxito de La huella del mal, cuya adaptación televisiva ya está en marcha, Manuel Ríos San Martín vuelve a ofrecernos un thriller vibrante, con un amplio abanico de intrigas, que conducen al lector por diferentes laberintos. En Donde haya tinieblas, el autor y guionista despliega una investigación criminal, encabezada por una singular pareja de inspectores. Juan Martínez Gutiérrez es miembro de la UDEV (Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta). Padre de familia y con cincuenta años, es un claro exponente de su generación. A su lado, encontraremos a la inspectora Nuria Pieldelobo, veinte años más joven que su compañero, «de una belleza abrumadora, rubia sin trampas, con el pelo recogido en una coleta, ojos verdes, silueta perfecta escondida en ropa ancha y una mente brillante». Inicialmente, ambos tendrán que enfrentarse a la desaparición de una modelo rusa. Karolina Mederev es una joven de diecisiete años que, estando en Madrid por asuntos de trabajo, desaparece sin dejar rastro. Los inspectores iniciarán la investigación interrogando, en primer lugar, a su círculo más cercano, a Sophie -directora de la agencia de modelos para la que trabajaba Karolina-; a Marcelo, su asistente personal-; o a Masha Klimov, la madre de la joven que tendrá que tomar un vuelo para presentarse en Madrid. Lo que en principio puede resultar una chiquillada, una forma de romper con la esclavitud que supone su trabajo, amarrada a un ritmo frenético y a un culto al cuerpo, se complica cuando el cadáver sin vida de Karolina aparece depositado sobre un altar en una pequeña iglesia extremeña, la ermita de la Virgen del Ara. A este crimen, le seguirán dos más. 

¿Qué tiene de singular el asesinato de Karolina? Al margen de tratarse de un hecho criminal, la muerte de la modelo destaca por varios aspectos. Por ejemplo, resulta llamativo que la joven no tenga ombligo. Este detalle, unido a la tipología de los escenarios donde aparece su cadáver y el de las otras dos víctimas, conecta directamente con el Génesis, primer libro de la Biblia en el que se narra la creación del ser humano, la expulsión del Jardín del Edén, el diluvio universal e incluso la Torre de Babel. Ríos San Martín va deslizando en este thriller religioso sucesos y detalles que nos conducen al relato bíblico y a un punto de partida que, a mi juicio, me ha resultado muy interesante. ¿Qué pretende demostrar el asesino con estos crímenes? Obviamente, no te lo voy a contar. Para saber qué oscuras intenciones se esconden entre las páginas de esta novela tendrás que aventurarte a leerla. Eso sí, insisto en que el enfoque es muy original. 

Pero el autor se vale de esta trama llena de referencias bíblicas para explorar otros terrenos. Saldrá a relucir un entramado mafioso, en el que no faltan las fiestas de lujo, la prostitución, las drogas, el sexo, y la trata. Y también subirá a escena el mundo virtual en el que actualmente vivimos inmersos, esta era digital que nos engulle cada día. ¿Cómo se enfrentan esta pareja de inspectores a un ambiente en el que palabras como followers y haters están a la orden del día? Hay que tener en cuenta que, entre Martínez y Pieldelobo, se extiende un valle de más de veinte años de diferencia.

Personajes

Debo admitir que Martínez Gutiérrez me ha gustado muchísimo. Vive en su mundo propio y acostumbra a perderse en divagaciones con una facilidad pasmosa. De sí mismo, él dice que le gusta el pensamiento lateral, esa tendencia que tienen algunas personas, entre las que me hallo, de desviarse mentalmente del foco de atención. Es un hombre con chispa, algo guasón, muy de su época, y que, bajo mi punto de vista, se aleja un tanto de lo habitual, con lo que supone un poco de aire fresco en el género.

Ya lo comentaba con el autor el día que tuve ocasión de entrevistarlo (puedes leer la entrevista aquí), Martínez tiene dos peculiaridades que me han parecido especialmente divertidas. Una es la insistencia con la que ratifica constantemente su heterosexualidad, cuestionándose frecuentemente su hombría. Lo hace para sí mismo porque, en ningún momento hay una intencionalidad machista en sus palabras, aunque su compañera le recriminará algún comentario en algún momento. La otra peculiaridad es su manía de ponerle motes a todo aquel con el que se cruza. Términos como Muñequín, Bigdata o Botox le servirán para referirse y definir a algún personaje de esta trama. Eso sí, a Pieldelobo no tiene valor de colgarle ningún apodo.

Y al margen de esas dos características de su personalidad, también hay que señalar que es un hombre sumamente hogareño, humano y natural. Martínez no es el típico inspector que, cuando está volcado en una investigación, deja de lado a su familia. Él no es así. Diría que su lado profesional y personal se mantienen en un perfecto equilibrio. Siempre tiene a su esposa y a sus hijos -una adolescente y dos gemelos más pequeños-, muy presentes. En ellos busca el refugio cuando quiere olvidarse del lado más siniestro de la vida. 

En cuanto a Nuria Pieldelobo, es una mujer que está siempre a la defensiva, con la escopeta cargada, como se suele decir. Los veinte años que la separan de su compañero la convierten en una mujer mucho más actual, mucho más de estos tiempos. Está muy concienciada con la lucha feminista y el papel que la mujer ha jugado en la sociedad, desde que el mundo es mundo. Pieldelobo quiere romper con los comportamientos del heteropatriarcado, con el yugo al que la mujer ha estado siempre sometida, bajo la potestad del hombre, por eso corrige ocasionalmente a su compañero en un discurso que, dado su edad y su educación, está plagado de connotaciones machistas. Y lo hace con enfado, con rabia, porque está cansada de que no terminemos de avanzar y que la mujer siga siendo vejada, humillada, mancillada. No obstante, su exasperación, teñida de dolor, no es solo fruto de una lucha común, sino de una propia. Su interior es un hervidero, espoleado por el caso que tienen entre manos, y es que Nuria, bella y hermosa, también fue adolescente. No os digo más. 


«...te es imposible ver el mundo como lo vemos nosotras: un lugar donde nada más nacer mujer se va a dudar de tu capacidad, vas a tener que plantearte el tener hijos si quieres tener una carrera profesional de éxito y vas a estar a las órdenes de jefes que no te llegan a la suela del zapato, pero cuya valía nadie se cuestiona porque tienen una polla entre las piernas. Si encima eres atractiva y sexi, olvídate de que te vean como nada más que un objeto sexual». [pág. 243]


Juntos forman un equipo singular. Uno es muy analógico. La otra, muy digital. Uno tiene cincuenta años. La otra, unos treinta. Uno es un hombre. La otra, una mujer. Son la noche y el día, y eso puede provocar alguna fricción que, momentáneamente, perjudica la investigación. Porque Martínez tiende a mostrarse paternal con Nuria. Inconscientemente, él adopta un papel de protector que Pieldelobo ni le ha pedido ni tampoco necesita. No se da cuenta que es una mujer que se vale por sí misma, que no requiere que nadie venga a sacarle las castañas del fuego ni a dar la cara por ella. No obstante, y a pesar de ser tan distintos, terminan por complementarse. Lo que uno no ve, se lo muestra el otro. 


«Nunca habíamos trabajado juntos y no podíamos ser más distintos tanto en la manera de afrontar los casos como en nuestro modo de vida. Yo, más caótico y libre en mi forma de investigar, pero con un matrimonio estable y prolífico desde hacía más de veintitrés años; y ella, ordenada y metódica, a la que mi vida le parecía determinada por el heteropatriarcado del que yo mismo formaba parte». [Pág. 62]


Y habrá más personajes, algunos más secundarios que otros, y más de uno tendrá un lado oscuro, incluso aquellos que ocupan un papel importante dentro de los estamentos más notorios de la sociedad.

Escenarios

En Donde haya tinieblas, los espacios en los que tienen lugar los crímenes están muy relacionados con ese entorno bíblico que comentaba al principio. Y me encantan las novelas que me descubren localizaciones nuevas. Porque el lugar en el que aparece el cadáver de Karolina será una pequeña iglesia extremeña, conocida como la ermita de la Virgen del Ara. Se trata de un edificio erigido en medio del campo, en medio de la nada, cuyo exterior no llama particularmente la atención. Sin embargo, tras cruzar el portalón de entrada, uno se adentra en lo que se conoce la Capilla Sixtina extremeña. Mirad el vídeo que Manuel Ríos San Martín ha colgado en sus redes sociales. A mí me parece alucinante y ya tengo en mente una visita próxima.



¿Por qué el cuerpo de Karolina aparece en este lugar tan apartado? Bueno, no te lo voy a contar. Como tampoco te voy a contar por qué los otros crímenes se cometen en el Monasterio de San Juan de la Peña (Huesca), -impresionante también-, o en el Santuario de Aranzazu (Oñati, Guipúzcoa), -única ubicación que he visitado-, cuya construcción simula un barco invertido, en una clara alusión a Noé. Uno no se llega a imaginar lo que le espera al final de una carretera ascendente, estrecha y serpenteante. 

Estructura y estilo

Donde haya tinieblas se compone de un total de ciento seis capítulos de corta extensión, que se distribuyen a lo largo de seis bloques. Cada uno de ellos arranca con una cita del Génesis muy vinculada a la trama. El lector se va a encontrar con una narración ágil, que introduce los puntos de suspense necesarios para invitarlo a continuar con la lectura. 

Escrita en primera persona, a través de la voz de Martínez Gutiérrez, el autor introduce esa parte de crítica que no debe faltar en ninguna novela. Entre otras cuestiones como la moda, principalmente destacan las reflexiones sobre las redes sociales. El inspector cuenta con tres perfiles de Twitter, dos de Instagram, una cuenta en Snapchat y alguna otra en Facebook. Por lo que os he contado del personaje hasta ahora, no podéis pensar que sea una persona hiperconectada. Todo lo contrario. Pero si mantiene tantas cuentas abiertas es, o por motivos profesionales -para ver qué se cuece en las redes como reflejo del devenir del mundo-, o para saber qué hacen sus hijos, como una forma de estar cerca de ellos. Estamos acostumbrados a dar cuenta de nuestra vida a través de las redes. Si no tienes Twitter, Instagram, YouTube, Facebook, Tik Tok,... es como si no existieras. A poco que lo pienses un momento parece una locura pero es así y Martínez lo sabe. Pero eso es una cosa y otra muy distinta es la lucha encarnizada que a veces ocurre en el mundo virtual, las ofensas, el linchamiento, las envidias, la competitividad sin sentido,... En definitiva, los malos rollos.  Ando muy desencantada con el mundo virtual. Por eso asomo lo justo e interactúo lo preciso. ¿Y es contraproducente? Pues sí, lo sé. Porque si no estás metido en todos los fregaos eres un fantasma, pero me da un poco igual. Es que cada vez me siento más alejada de lo que encuentro en redes. Twitter me pone de mal humor. Facebook está perdiendo encanto. Instagram es la única que tiene un punto de belleza. Así que, tengo que darle la razón a Martínez cuando expone, en la primera línea de la novela, que «Las redes sociales son una mierda». 

Y la iglesia también se llevará su ración. Muchos de los escándalos que se han producido en el seno de instituciones religiosas han estigmatizado para siempre la imagen de la Iglesia. Pero Martínez sabe que es «injusto calificar a toda la Iglesia por esos actos». No podemos olvidar que este estamento está formado por hombres y mujeres de toda índole y condición, y que los hechos son imputables a las personas que los cometen, ya sean sacerdotes o monjas, como carpinteros o fontaneros. ¿Que es mucho más cuestionable que personas que forman parte de un universo que predica la bondad, la tolerancia, el amor al prójimo actúen de un modo atroz? Sí, pero no podemos tampoco echar en saco roto esa otra parte de la Iglesia, generalmente difuminada, que se vuelca con los más desfavorecidos. Así que, nuevamente, tengo que darle la razón a Martínez.


«Es injusto calificar a toda la Iglesia por esos actos, bien lo sabía yo, que había sido educado en libertad y criterio propio, que había conocido a religiosos que dieron la vida en misiones enfrentándose, en barrios desfavorecidos, a los clanes de la droga y prostitución más agresivos. El ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor, ya sea dentro de la Iglesia o en la sociedad civil, capaz del perdón y de la venganza más terrible». [pág. 500 -501]


En definitiva, Donde haya tinieblas me ha gustado mucho. No es un thriller que aporte únicamente entretenimiento. La trama está bien urdida, con un atractivo y original punto de partida. Las conexiones entre religión, crímenes y mundo virtual están bien trenzadas. Y la pareja protagonista es interesante, con trasfondo y de los que no se esperan ciertos giros que nos deja fuera de juego. Creo que no me queda mucho más que contaros, por lo tanto, solo resta animaros a leer esta novela, a conocer a Martínez Gutiérrez y a Pieldelobo, que andan a la saga de un asesino que pretende dar un tirón de orejas al mismo Dios. 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

martes, 20 de julio de 2021

MANUEL RÍOS SAN MARTÍN: ❝Me apetecía escribir una novela con trasfondo religioso❞

La huella del mal, publicada en 2019 por Planeta, fue una novela que gustó mucho a los lectores. Vinculada con el yacimiento arqueológico de Atapuerca, Manuel Ríos San Martín nos adentró en una historia de asesinatos que imitaban los enterramientos de los homínidos de hace miles de años. Asesinatos no faltan tampoco en la nueva novela del escritor y guionista madrileño. Su última publicación, Donde haya tinieblas, tiene una fuerte conexión con la religión, la moda, la prostitución de lujo y las redes sociales.  

Hablamos con el autor.

Marisa G.- Manuel, La huella del mal te está dando muchas alegrías. Ahora se está preparando la adaptación para televisión, ¿no?

Manuel R.- Bueno, estamos trabajando en ese proyecto. Una productora compró los derechos y ahora estamos negociando con un par de cadenas de televisión, pero todavía no es cien por cien seguro.

M.G.- ¿Pero tú estás colaborando de algún modo?

M.R.- Sí, sí, lo estoy desarrollando yo. 

M.G.- Esperemos poder verla. Bueno, la nueva novela, Donde haya tinieblas. La trama, a priori, se centra en la desaparición de una modelo, pero eso será la punta del iceberg.

M.R.- Efectivamente. La modelo que desaparece no tiene ombligo. En ese pequeño detalle se concentra todo lo que ocurre en la novela. Al ser modelo, eso me permite adentrarme en el mundo de la moda, en los desfiles, pero también en la parte más oscura de ese entorno. Además, el hecho de que no tenga ombligo conecta con dos personajes de la Biblia que tampoco tienen, que son Adán y Eva. Estos personajes bíblicos, junto con otros, serán muy importantes para la trama.

M.G.- Pero eso no será lo único que ocurra en esta historia. De ahí, iremos pasando a otros hechos. Digamos que te mueves por muchos ámbitos.

M.R.- Es algo que te va pidiendo la historia. Me apetecía escribir una novela con trasfondo religioso. Y luego, con respecto al mundo de la moda, me parecía interesante mostrar un contraste. Antes la gente «seguía» a tal o cual santo. Hoy, a quien se sigue es a los instagrammers. Me gustaba esa dicotomía entre ambos mundos, y también el que se establece entre el arte religioso antiguo y el arte actual, que son todas esas fotos de Instagram. Son mundos que contrastaban muy bien. 

M.G.- Con respecto a la religión, aportas datos que recuerdan a las enseñanzas de los colegios religiosos. Sin embargo, también nos hablas de teorías e hipótesis más sesudas. Habrás tenido que estudiar.

M.R.- Sí, sí, tengo cultura religiosa y es un tema que siempre me ha interesado estudiar desde un punto de vista antropológico. Para esta novela he hablado con expertos en la Biblia, para que todo lo que digo esté basado en una opinión posible, que tenga un sustento teórico creíble. Y por otra parte, lo relacionado con el arte religioso lo he documentado mucho para que todo esté contrastado.

M.G.- Cada uno de los bloques en los que se divide la novela se abre con una cita del Génesis que, obviamente, te habrás tenido que leer.

M.R.- Sí, claro. El Génesis lo traía leído de casa, pero lo he vuelto a leer, efectivamente. Es un pasaje muy bonito con el que se puede montar una película perfectamente, porque está lleno de acontecimientos, con asesinatos, traiciones, y efectos especiales,... Es un relato muy interesante en sí mismo y muy simbólico.

M.G.- Hablas del arte religioso pero también de la arquitectura. Hay varios escenarios importantes en la novela. Uno de ellos, la ermita de la Virgen del Ara,  que es absolutamente fascinante. 


[Fuente: Turismo Badajoz]

M.R.-Pues esa la tenéis cerca. La ermita de la Virgen del Ara está justo en la frontera con Extremadura. De hecho, el pueblo del que se habla en la novela es Guadalcanal, que pertenece a Sevilla.  Si vas a visitarla, te vas a encontrar una iglesia que por fuera es mudéjar, de paredes blancas, en mitad del campo, pero cuando entras, es como una Capilla Sixtina pequeñita. En ningún momento te puedes imaginar esos techos pintados. Es un sitio maravilloso y sorprendente. Este escenario me funcionaba muy bien para la trama porque estéticamente es impactante, y también porque las pinturas de los techos encajan muy bien con lo que quería contar.

M.G.- ¿Pero tú ya conocías este sitio de antes?

M.R.- No, no. Lo encontré por Internet, mientras me documentaba. Estábamos en pleno confinamiento cuando empecé a buscar cierta simbología religiosa y la búsqueda me llevó a esta ermita. Lo primero que hice cuando nos desconfinaron fue ir a visitarla. Si por Internet ya me impresionó, lo que vi en directo me dejó impactado. 

M.G.- Las fotos son impresionantes, sí. Bueno, hablemos de los personajes. Tengo que decirte que me ha encantado el inspector Martínez, que siempre anda en divagaciones.

M.R.- Si, con su pensamiento lateral, como él lo llama (ríe). Es un concepto que ha tenido mucho éxito en redes. Hay muchos lectores que me han dicho que lo del pensamiento lateral es una excusa buenísima para los que son despistados.

M.G.- Cierto. Es un personaje buenísimo. Para ser policía tiene una chispa que te pone la sonrisa en los labios.

M.R.- He apostado por un detective que tiene cierto humor, animoso y con un punto tierno. Lo he querido hacer así porque, después de todo lo que hemos vivido con esta pandemia, pensé que una novela negra con sus momentos duros y con un inspector protagonista que fuese alcohólico, depresivo o enfadado con la vida iba a ser muy duro para el lector.

M.G.- Me gusta también porque es un hombre casero, muy familiar. Su familia tiene tanto peso en su pensamiento como la propia investigación que tiene entre manos.

M.R.- A las mujeres se les pregunta siempre cómo hacen para compaginar la vida laboral con la familia. Bueno, pues yo he querido que, en esta ocasión, sea un hombre el que tenga que buscar el equilibrio entre ambas esferas. Creo que es un punto de vista que está menos explotado, pero en el que hay que pensar porque también los hombres tenemos problemas a la hora de conciliar la vida laboral y familiar. Martínez es un personaje con un punto tierno, que siempre tiene la sensación de que no lo está haciendo bien. Se siente un poco culpable y, en este sentido, muchos lectores se van a sentir identificados.

M.G.- En esa parte personal del personaje has puesto cosas tuyas, ¿verdad?

M.R.- Efectivamente. Martínez tiene gemelos y yo también (ríe). La novela tiene algunos guiños de bromas que nos hacemos en casa. He metido algunos chistes y algunas situaciones de mi familia, como esos gemelos que juegan a la Playstation o Alicia, la hija de Martínez, que le pasa como a mi hija, que no sabe si estudiar enfermería o veterinaria. Hay pequeños guiños familiares que dan mucha credibilidad a la novela.

M.G.- Martínez le pone mote a todo el mundo, está constantemente reafirmándose en su heterosexualidad y tiene un gran problema con los diminutivos.

M.R.- Es que es un tipo que tiene muchas contradicciones. Ha recibido una educación muy clásica, más religiosa y seguramente más machista. Su compañera de equipo es una chica joven, muy feminista, con la que muestra una actitud muy paternalista. Intenta evitarlo pero no puede. El ser consciente de sus fallos, que intenta corregir pero que no consigue, es algo que lo convierte en un personaje muy humano. 

M.G.- Has mencionado a su compañera de investigación, a Nuria Pieldelobo, que ya con ese apellido nos podemos hacer una idea de cómo es el personaje.

M.R.- Es la única a la que Martínez no le pone mote porque, con ese apellido, no puedes ponerle ninguno. Pieldelobo la define perfectamente.

M.G.- Es una mujer que siempre está a la defensiva, muy obsesionada con el papel que juega la mujer en la sociedad. Su actitud tiene un justificación.

M.R.- Sí, más tarde iremos viendo por qué se comporta así. Hay una parte de ella muy agresiva contra el hombre y realmente hay un motivo lógico para ello. Pero yo siempre me pregunto si no sería posible no ser tan agresivos unos con otros, si no pudiéramos llevarnos mejor. Soy bastante partidario de dialogar. Aunque entiendo que hay reivindicaciones que hay que hacer, creo que se podrían hacer de una manera más colaboradora. Tanto mal rollo lo único que provoca es que las posturas se enquisten y sea mucho más difícil llegar a acuerdos. Martínez es de mi mismo parecer y por eso él siempre intenta negociar. A veces lo consigue y otras, pues no.

M.G.- Son personajes muy diferentes pero que se complementan. Él es más analógico. Ella es más digital. Incluso tienen una argumentación muy interesante con respecto a la música. La conexión entre los dos personajes está muy trabajada.

M.R.- Sí, trabajé mucho para que fueran muy distintos pero que cada uno de ellos tuviera sus propias razones. El diálogo entre los boomers y los milenials deja patente que ambas generaciones tienen valores y ambas también tienen carencias. Tenemos una tendencia a criticar a la otra generación sin ver nada positivo. He querido romper un poco con eso.

M.G.- Hay otros muchos personajes: un experto en informática, un cura, una madre rusa, un guardia civil,... Vas manejando diversos secundarios que van complementando la trama.

M.R.- Y algunos están bastante trabajados porque, aunque son secundarios, he intentado que tengan una personalidad muy definida. Por ejemplo, la madre de la modelo desaparecida es una mujer rusa que habla cinco idiomas y los mezcla todos, es una mujer dura pero, a la vez, tiene sentimientos. Por otro lado, el guardia civil comete algún error. El tema de la culpa está muy claro en este personaje, porque tiene un pasado muy turbio y del que no es capaz de perdonarse. 

M.G.- Aparte de la religión, tema de peso en esta historia, las redes sociales también tiene su protagonismo. Componen casi una religión hoy día.

M.R.- Totalmente, pero tiene un punto positivo. La novela negra ha tendido a repetirse en sus esquemas, pero las nuevas tecnologías nos abren nuevas puertas. Las redes sociales son una realidad absoluta, no solo para la gente joven, sino también para la gente de mi generación. Estamos todo el día mirando Twitter e Instagram porque necesitamos estar conectados. Las redes sociales tienen futuro y mucho presente en cualquier novela que transcurra en estos tiempos.

M.G.-  Aparte de buscar buenos escenarios, ¿quién te ha echado un cable para construir la trama de la novela?

M.R.- Por mi trabajo de guionista, la estructura de las tramas las suelo trabajar mucho. En esta ocasión, he contado con una editora externa, con otra guionista y actriz, Victoria Dal Vera, con la que he podido confrontar todo el tema de la estructura. Ella ha sido la encargada de criticar aquello que no le gustaba. Me ha dado su opinión y luego, como autor, he tomado la decisión que creía más acertada. 

M.G.- En las primeras páginas he encontrado un gesto precioso. Dedicas la novela a todas esas personas que trabajaron mientras los demás estábamos encerrados en casa.

M.R.- Me salió solo. Empecé a escribir la novela el fin de semana que nos encerraron. Mientras otras personas tuvieron que salir a trabajar, yo me puse el objetivo de escribir esta novela. Las cajeras, los transportistas, el personal sanitario, la policía,... todos ellos arriesgaron su vida porque no se sabía nada del virus. Creo que lo mínimo que podía hacer es devolverles un poquito de lo que ellos hicieron por mí, así que les dediqué la novela.

M.G.- Un gesto precioso. Manuel, lo vamos a dejar aquí. Me encantaría ver La huella del mal en la tele. Me gustaría mucho ver esta también.

M.R.- Esta es más difícil porque la narración en primera persona lo complica un poco todo pero bueno, de momento es novela y ahora solo deseo que vaya bien como novela. 

M.G.- Un placer volver a ver.

M.R.- Lo mismo digo.

Sinopsis: Solo un asesino en serie en tiempos de Instagram hará que dos policías se pongan de acuerdo: él, un boomer chapado a la antigua; ella, una milenial con ganas de cambiar el mundo.

Una modelo de diecisiete años a la que le falta el ombligo desaparece en Madrid. Los inspectores Martínez y Pieldelobo se hacen cargo de la investigación, pero chocan desde el primer momento. Él es un padre cincuentón y caótico, tierno pero mordaz y un tanto anticuado; ella, una milenial combativa, inteligente y feminista.

Mientras recorren por España lugares misteriosos y templos en apariencia tranquilos, surgen dos hipótesis para desenmascarar a un asesino en serie: o la mafia rusa está detrás de una red de prostitución de lujo o hay un psicópata religioso que pretende enmendarle la plana al mismo Dios.

Este thriller plantea una reflexión irónica sobre la intolerancia, la dicotomía entre pecado y belleza, entre misericordia y castigo, y las relaciones entre el hombre y la mujer como dos seres destinados a entenderse desde el principio de los tiempos.

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