La última conversación de 2024 la mantuve con Celia Santos. Era la primera vez que hablaba con la autora pero no la primera vez que la leía. En 2018 disfruté mucho de la lectura de La maleta de Ana(puedes leer la reseña aquí), una historia que nos hablaba de mujeres y de emigración, el viaje que emprendieron algunas de esas mujeres hacia Alemania, entre los años 60 y 70, en busca de una vida mejor. La autora vuelve a posar la mirada en las mujeres, y nuevamente nos habla de emigración en El país del atardecer dorado, donde recoge el viaje que muchas otras mujeres hicieron a Australia, con el mismo propósito que aquellas que viajaron a Alemania, solo que su llegada al país de los atardeceres dorados escondía luces y sombras.
Recién estrenado este 2025, os dejo con nuestra conversación.
Marisa G.- Celia, un placer saludarte y conversar contigo por teléfono. Y para empezar esta entrevista quería comentarte que yo me leí La maleta de Ana y me encantó, me gustó muchísimo, muchísimo.
Celia S.- Me alegro.
M.G.- Esta última novela la estoy empezando a leer pero llevo muy poquitas páginas. Lo que sí he visto es que está gustando a muchos lectores. Creo que la has presentado en Barcelona, ¿no?
C.S.- Sí, la presenté el miércoles día 20 [se refiere al 20 de noviembre], en Barcelona. Fue la primera presentación y la verdad que muy bien. Para ser un mes de noviembre y entre semana fue muy bien. La sala en la que estuvimos se llenó y bueno, recibí felicitaciones. Por ese lado, muy bien.
M.G.- Esta novela se llama El país del atardecer dorado. Ese país es Australia. Vuelves a poner la mirada en las mujeres, como ya pasó en La maleta de Ana, y en esas mujeres que tienen que abandonar su país, España, en busca de un futuro. Pero, ¿qué cuentas exactamente en esta novela?
C.S.- Pues, en esta novela, aparte del hecho importante y que ya traté en La maleta de Ana, de hablar sobre mujeres que tienen que dejar su país, su familia y todo lo que tienen, para irse a una tierra desconocida, con otro idioma, con otras costumbres, y en este caso, al otro lado del mundo, para poder mantener a sus familias, como digo, aparte de ese hecho, quería dar a conocer la Operación Marta o el Plan Marta, que se urdió a finales de los 50 y principios de los 60. En esa época,la iglesia católica española, junto con la iglesia católica irlandesa asentada en Australia, reclamaba mujeres con la promesa de una oportunidad de trabajo, aunque su verdadera intención era conseguir mujeres que mandaban a Australia para casarlas con hombres solteros y así repoblar el país. Pero claro, esto último ellas no lo sabían. La iglesia aprovechó el desarraigo, la tristeza y la soledad que se crea en una situación de exilio o migración para, por medio de una selección natural, por así decirlo, conseguir que ellas mismas fueran buscando un poco de afecto. De este modo, se conseguía que se casaran, tuvieran hijos, y se formaran familias en Australia. Ojo, familias blancas.
M.G.- Es decir, ellas iban con una idea en la cabeza, una idea que les habían vendido, pero al final se encontraban otra cosa distinta.
C.S.- Claro, claro. Ellas iban con la idea ganar dinero. Ten en cuenta que estas mujeres iban allí con una promesa de trabajo. En Australia iban a cobrar cuatro veces más de lo que cobraban en España. Allí iban a cobrar unas cinco mil pesetas que para los años 60 era un buen sueldo, mientras que España se cobraba unas mil cien pesetas. Eran sueldos ridículos. Y recordemos que en los años 50 hubo una crisis económica brutal, con dificultades extremas y gente que pasaba hambre. En España había mucha hambruna y la gente decidía irse fuera para poder sobrevivir, tanto ellos como sus familias. Lo mismo que se cuenta en La maleta de Ana, que tuvieron que marcharse a Alemania, pues en este caso se fueron a Australia. Y allí se aprovecharon de la necesidad que ellas tenían para llevar a cabo ciertos planes.
M.G.- Yo desconocía por completo esta Operación Marta o este Plan Marta.
C.S.- Yo también, hasta que tropecé con ellos.
M.G.- ¿Y cómo te tropezaste con esta historia?
C.S.- De la forma más sencilla, fue a través de un artículo en un periódico. Leí que hablaban del avión de las novias y la entrevista que le hicieron a una de las martas. Esa mujer se había ido a Australia siendo muy joven y ahora había vuelto, tras jubilarse. Quería pasar su jubilación en España. Fue entonces cuando empecé a investigar y a buscar información, archivos y demás. Al principio, me pareció como algo distópico, como El cuento de la criada, pero no, fue real. Me dije que aquello había que contarlo, aunque me daba algo de miedo porque ya había hablado de mujeres emigrantes. Pero creo que no hay que dejar de hablar de ellas porque tuvieron un papel muy importante en la economía y en la sociedad española.
M.G.- Celia, ¿tú has conseguido hablar con una de estas martas, como se las llama?
C.S.- No. He conseguido hablar con familiares de ellas, con hijos y nietos. Ha sido difícil porque claro, con La maleta de Ana, podía coger un vuelo low cost y plantarme en Colonia pero en este caso, ir a Australia era otra cosa. Pero bueno, he podido hablar con algunos descendientes de vascos que emigraron a finales del siglo XIX o principios del XX.
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M.G.- ¿Y de dónde viene el nombre Operación Marta? ¿Por qué se las llama las marta?
C.S.- Bueno, hace referencia a un pasaje de la Biblia, cuando Jesús va a casa de Lázaro que vive con sus hermanas Marta y María. Jesucristo habla con Lázaro y con el resto de los hombres, mientras que a Marta y a María las mandan a hacer la comida, a lavarles la ropa, y a preparar las habitaciones. Marta se queja y dice que por qué tiene que hacer eso y no se puede quedar a escuchar a Jesús, a aprender, a formarse y entonces Jesucristo le dice que tiene que dar gracias por lo que el Señor les ha encomendado. Y de ahí viene lo de la operación Marta.
M.G.- Como comentas, es verdad que es muy complicado y caro viajar a Australia. Entiendo que entonces, el viaje de estas mujeres tampoco tuvo que ser fácil. ¿En qué condiciones viajaban?
C.S.- Las mujeres de la Operación Marta viajaron en condiciones bastante buenas. Viajaron en avión, aunque tardaban en llegar unos tres días, con nueve o diez escalas. Los vuelos salían de Londres, aterrizaban en España, recogían a las mujeres españolas; luego hacían escala en Roma, recogían a las mujeres italianas; también hacían escala en Atenas, y allí recogían a las mujeres griegas. Iban haciendo diferentes escalas pero viajaban en bastante buenas condiciones. En cambio, los hombres hacían el viaje en barco y tardaban unos tres meses en llegar allí. Para las mujeres el calvario empezó cuando llegaron allí, con la pena, el desarraigo, la tristeza de no conocer a nadie, ni las costumbres, ni el idioma,... Pero el viaje fue bastante amable.
M.G.- Sé que las mujeres que deseaban viajar a Australia tenían que responder a un anuncio en el periódico. ¿Qué requisitos tenían que cumplir estas mujeres para embarcarse en esta aventura?
C.S.- En el anuncio del periódico se pedían tres requisitos. Por un lado, tenían que ser solteras, tener entre 21 y 30 años, y ser católicas. Esos eran los tres requisitos. ¿Qué ocurrió? Pues que se produjo un vacío. Tenían que ser solteras pero en ningún caso se especificó que no debían tener hijos. Y claro, eso es lo que le pasa a Elisa, la protagonista de mi novela. Aproveché esa circunstancia. En una entrevista que publicaron en el periódico, la entrevistada era una madre soltera. Ser madre soltera en España, en los años 50 o 60, era un estigma. No podías salir sola, no tenías oportunidad, ni futuro de nada. Muchas madres solteras se fueron a Australia, pero dejando atrás a sus hijos, con los abuelos. Ellas se establecieron allí y luego los reclamaron. Era una vía de escape para ellas. Pero sí, los requisitos eran tener entre 21 y 30 años, ser soltera y católica.
M.G.- ¿Y no tenían que pagar ninguna cantidad de dinero?
C.S.- No, no tenían que pagar nada. Ellas salían de Barajas y llegaban directamente a Melbourne. Allí se quedaban unos días, o bien en un convento o bien en una residencia habilitada para ellas. Luego las distribuían por el país.
M.G.- Elisa, la protagonista de tu novela es madre soltera. Ella decide marcharse a Australia y digamos que en España tiene un entorno familiar algo complicado. Por eso decide marcharse, ¿verdad?
C.S.- Sí, pero no hagamos mucho spoiler. Ella se marcha a Australia porque su novio de toda la vida, José Ramón, se ha marchado allí también. En España, él era minero sindicalista y no puede seguir en España porque se puede meter en un lío a nivel sindical. No están en un momento como para andar significándose. Su idea es irse a Australia y luego mandar a buscarla para que se vaya con él. ¿Qué pasa? Pues que Elisa se da cuenta de que está embarazada. Y ahí lo dejamos.
M.G.- Lo dejamos ahí, sí.
Bueno, todos sabemos, más o menos, cómo era España en los años 60 pero ¿cómo era Australia? ¿Con qué país se va a encontrar Elisa a su llegada?
C.S.- En aquella época era un país con muchos contrastes. Lo sigue siendo. Es tan fascinante como aterrador. En los años 60, Australia estaba en plena adolescencia, como país. Te podía dar lo mejor y lo peor. Era un país salvaje que había que domar. Te podías encontrar un coche alemán o americano de último modelo, junto con un coche de caballos, con un canguro que pasaba por allí. Los hombres iban armados por las calles. Era un país que estaba creciendo y, justo después de la Segunda Guerra Mundial, con más motivo necesitaban hacer crecer su población. Además, tenían que ser blancos porque los aborígenes estaban en reservas y prácticamente no los dejaban ni respirar, ni pensar por sí mismos. Los aborígenes también serán protagonistas en la novela porque he querido que así fuera.
M.G.- ¿Y cómo era la relación que mantenían, tanto los hombres como las mujeres, con la población aborigen de allí?
C.S.- Prácticamente no había ningún tipo de relación porque los aborígenes estaban escondidos, estaban en reservas. Prácticamente estaban condenados o relegados a los peores trabajos, los más desagradables, los más sucios. Especialmente en las zonas rurales porque en las ciudades no había tantos. Pero si ya en las zonas rurales, los trabajadores europeos tenían poco contacto con nadie, mucho menos lo tenían con los aborígenes. Lo que pasa es que, en mi novela, sí hay un personaje aborigen, Gulara, que tiene una relación muy bonita con la protagonista. Es un personaje que sí tendrá bastante relevancia en la historia.
M.G.- Imagino que, en principio, la vida de estas mujeres se reducía a cuidar del marido, la casa, los hijos. ¿O cuándo llegaban a Australia hacían otro tipo de labores?
C.S.- Como hemos comentado, al principio, ellas iban con la idea de trabajar en casas particulares, como empleadas del hogar. Eran trabajos durísimos y, al poco tiempo, solían pedir el traslado para trabajar en cualquier otro sector. Muchas de ellas terminaban trabajando en fábricas, hospitales, como limpiadoras o en cocinas. Pero claro, al casarse, tenían que cuidar de la familia. Pero había un problema añadido y es que Australia era el país con más mujeres abandonadas del mundo. Muchas veces, los maridos se enganchaban a la rutina del trabajo y estaban fuera de su casa todo el año, ganando mucho dinero, pero llevando una vida un poco de pirata, por así decirlo. Así que las familias quedaban abandonadas y ellas solas tenían que sacar adelante la casa y los hijos.
M.G.- ¿Hay mucha documentación sobre esta operación, Celia? A la hora de escribir esta novela, y partiendo de ese artículo en el periódico, ¿has encontrado mucha documentación?
C.S.- No mucha, la verdad. Me ha costado. Hay archivos, publicaciones, artículos, pero no te tropiezas con cincuenta mil fuentes de información. Hay que buscar, hay que adivinar y averiguar dónde buscar. Espero que cada vez lo pongan más fácil para que la gente sepa lo que ocurrió.
M.G.- Bueno, a raíz de tu novela, yo he empezado a buscar información sobre la Operación Marta. De hecho, encontré una noticia en la que se narraba que se rindió como un homenaje a estas mujeres en Guernica. ¿Tienes constancia de esto?
C.S.- Sí. La mayoría de las mujeres eran vascas. Una población importante de vascos emigró a Australia a finales del siglo XIX y principios del XX. Fueron operaciones de los años 50, a las que se llamó Operación Emú, Operación Eucalipto y Operación Canguro, en las que participaron muchísimos vascos.
Hay una anécdota que siempre me gusta contar. El actor Jacob Elordi, que está tan de moda ahora, es un chico australiano que triunfa en Hollywood pero es nieto de un inmigrante vasco. Ese abuelo se marchó a Australia y luego reclamó a su mujer y a su hijo, el padre del actor. El apellido Elordi es vasco.
Y luego, hay otra anécdota muy curiosa relacionada con los escoceses y con el grupo AC/DC.
M.G.- Sí, lo he visto en tu Instagram.
C.S.- Sí, pues ellos llegaron a Australia con sus padres. Eran nada menos que nueve hermanos y fue allí donde montaron la banda.
M.G.- Es curioso, la verdad.
Celia, y ya para terminar, ¿has descubierto algún pasaje más de la historia en la que poner la mirada y en el que las mujeres sean protagonistas?
C.S.- Siempre, siempre están ahí, Marisa. Creo que me persiguen y están esperando a que termine una novela para tocarme el hombro y decir ahora me toca a mí. Pero bueno, ahí hay dos o tres historias que me están rondando, pero todavía no lo tengo muy claro. Seguro que la protagonista será una mujer.
M.G.- Y espero poder hablar contigo sobre esa nueva novela. Te agradezco muchísimo que me hayas atendido.
C.S.- Gracias a ti, Marisa. Ha sido un placer.
M.G.- Un saludo, Celia.
Sinopsis: Octubre, 1961. Un avión repleto de mujeres despega de Madrid con destino a Australia. Ciento catorce almas, equipadas con sus sueños y temores, se dirigen al fin del mundo.
UN VIAJE AL PAÍS DEL ATARDECER DORADO
UN AMOR IMPOSIBLE DE OLVIDAR
UN SECRETO A PUNTO DE ESTALLAR
Entre los verdes campos de caña de azúcar de Queensland y el dorado del cielo australiano, se alza la plantación Santa Ana. Elisa, una joven asturiana integrante de una iniciativa del franquismo y la iglesia católica para poblar Australia llamada Operación Marta, consigue trabajo en la hacienda aunque ella tiene otro objetivo: encontrar al padre de su hijo, desaparecido tiempo atrás.
Sin embargo, cuanto más investiga, más misterios descubre alrededor de la plantación, de sus patronos y de los duros trabajos de los jornaleros. Bajo la amenazante mirada del sacerdote y el guardián de Santa Ana, Elisa buscará la verdad y hallará la sabia y valiente compañía de los aborígenes del lugar y de aquellos que, como ella, han perdido demasiado para temerle a nada.
Celia Santos escribe sobre la Operación Marta o "el avión de las novias", un viaje histórico en el que cientos de mujeres fueron enviadas a Australia con la esperanza de un futuro mejor. El país del atardecer dorado nos desvela el oscuro enigma oculto tras esa promesa en una historia repleta de amor, esfuerzo y esperanza de la mano de unos personajes inolvidables.
Celia Santos (Bergara, 1972) reside en Barcelona. Durante siete años dirigió la sección de recomendaciones literarias en Tele Taxi TV, así como la web literaria Más que palabras. Tras cursar estudios de narrativa en el Ateneo de Barcelona, ha escrito numerosos relatos y cuentos, en su mayoría dirigidos a un público infantil y juvenil. La maleta de Ana es su primera novela para adultos.
Sinopsis
En los años sesenta y setenta cientos de miles de mujeres españolas emigraron a Alemania para trabajar. Eran heroínas anónimas que se enfrentaban a un mundo nuevo y a menudo hostil solo para ayudar a sus familias. Esta extraordinaria novela es la historia de una de ellas, pero podría ser la de todas.
Es el relato duro pero emocionante de Ana, desde que sale de su pueblo de Ávila con una pequeña maleta de cartón para trabajar en una gran fábrica de Colonia. Es la historia de su juventud, sus dificultades, su complicidad con las otras obreras y su lucha contra las desigualdades sociales, pero también es el relato de su gran historia de amor.
Celia Santos vuelve la vista atrás hacia un episodio clave de nuestro pasado reciente, apenas tratado en literatura, que conectará con la historia familiar y emocional de muchos lectores.
[Información tomada directamente del ejemplar]
Como bien dice la sinopsis, en los años sesenta y setenta España vivió un éxodo masivo. Fueron muchos los jóvenes españoles, hombres y mujeres, que abandonaron sus pueblos y sus ciudades en busca de un futuro mejor. En realidad es lo mismo que estamos viviendo hoy, aunque no a tan gran escala y con el agravante de que, si entonces eran jóvenes que se habían dedicado a la agricultura y la ganadería en su pueblo, simples peones de ciudad o chicas que nunca habían salido del regazo de su madre, hoy hablamos de ingenieros, médicos, enfermeros o científicos. Todos ellos optan un día por hacer la maleta y dejar un país en el que no encuentran un puesto de trabajo y no se les valora. Lo que se ha venido llamando fuga de cerebros. Eso, en cuanto a la emigración. Lo de la inmigración a través del Estrecho y las pateras lo dejamos para otro día por ser tema para un largo debate.
Y sí, de la emigración trata La maleta de Ana, una novela que se construye a dos aguas y con la que la autora Celia Santos debuta en el panorama literario para adultos. Tendremos dos historias, una en el pasado y otra en el presente, que se irán desarrollando de forma paralela en capítulos semi-alternos, con un nexo en común que las mantendrá unidas hasta el final.
El hilo argumental del pasado se inicia en 1962, con una partida llena de tristeza. La joven Ana, hija de una familia humilde con escasos recursos decide marcharse a Alemania dejando atrás todo lo que ha sido su vida, su familia y su pueblo, Villamora de la Sierra en Ávila. El futuro que le espera es totalmente incierto. La joven jamás ha emprendido ningún viaje, y mucho menos de esas características, pero no le queda más remedio. Es la hija mayor y tiene que ayudar a sus padres en la manutención de toda la familia, pues hay muchas bocas que alimentar y muchos agujeros que tapar. El dinero que Ana mande desde Alemania servirá para que Paquita, de ocho años de edad y con la que Ana mantiene una relación muy especial, y los mellizos, César y David, tengan una vida mejor.
En la estación de trenes conocerá a Maricarmen, una joven gaditana que también parte a Alemania. Se convertirán en uña y carne pues la distancia y la melancolía acrecienta la camaradería y en los momentos de mayor debilidad se apoyarán la una en la otra. En Alemania, concretamente en Colonia, les espera la AkSchulz, una gran empresa de automoción dirigida por Otto Schulz. Allí Ana no solo trabajará como peón, en una cadena de montaje, sino que, poco a poco, se convertirá en un personaje clave dentro del engranaje de la fábrica, demostrando su lado más reivindicativo y guerrero. Y unido a todo ello, vivirá una gran historia de amor.
Estamos ante un hilo argumental que nos va a desvelar los entresijos de la emigración a lo largo del cual irán desfilando un importante elenco de personajes como Rainer Schulz, hijo del dueño de la fábrica, Hanno, Pere y Sofía, encargados de los trabajadores, el padre Calleja que ayudará a sus compatriotas en los momentos más complicados, la italiana Lucia y su hermano Peppino, buenos amigos de Ana y Maricarmen, así como Pilar, otra española más en busca de nuevas oportunidades y Klaus Lerman, cuñado de Rainer. Ambos -Pilar y Klaus- serán determinantes en el desarrollo de la historia.
Y en el presente de la novela conoceremos a Cora, una joven quisquillosa que llega a Calarossa del Port, un pueblo de la Costa Brava. En una noche tormentosa y oscura, parece que la joven conduce de forma temeraria y antes de tener un accidente su coche se para junto a un acantilado. Parece nerviosa, inquieta y aturdida. Algo la ha alterado tanto que ha decidido huir de Barcelona sin pensarlo mucho. Junto al acantilado se alza el hostal La Tarongeta. Viendo la inestabilidad de la noche, decide entrar en el hostal, tomar una habitación y pernoctar en el establecimiento. Allí conocerá a Lorenzo, el dueño de la hostería y a Ana, una mujer mayor, con muy malos modos, a la que apodan 'la Alemana'.
Si habéis leído lo anterior habréis establecido el vínculo entre un hilo argumental y otro sin ningún tipo de problemas. Efectivamente, la Ana del pasado es la misma que la del presente. La cuestión es saber cómo aquella joven abulense, a la que dejamos en las primeras páginas haciendo la maleta para marcharse a Alemania ha acabado en la Costa Brava en su edad anciana. Ese recorrido vital, Ávila-Colonia-Calarossa del Port-, constituye el argumento de la novela que Ana narrará a Cora, una historia que también servirá para transformar a esta última en otra persona, en alguien mucho más humano.
El argumento de la novela es el vehículo para hacer un retrato de la España de la época. Los años sesenta se caracterizaron por la miseria y el hambre que asolaba el país lo que provocó un auge de la emigración con la finalidad de buscar un futuro más próspero. Lo mismo os reís pero juro que, en algunos pasajes de la novela, no he podido dejar de pensar en una película española, de esas que se denominan peyorativamente 'casposas' pero que hace un soberbio retrato de la emigración. Me refiero a '¡Vente a Alemania, Pepe!' dirigida por Pedro Lazaga e interpretada por Alfredo Landa, José Sacristán, Tina Sainz, Antonio Ferrandis, Gemma Cuervo, Fernando Guillén y Manuel Summers. Más allá de la vis cómica que tiene este largometraje, la cinta pretende destacar el mensaje de melancolía y tristeza que invadía a los españoles fuera de su entorno. Los inmigrantes se vieron obligados a abandonar su vida, todo lo que habían conocido hasta entonces para ayudar a los que dejaban atrás. Se convirtieron en mano de obra barata y con el fin de enviar el máximo de dinero posible, aceptaban varios trabajos y de todo tipo, sin cabida para el descanso ni mucho menos para las vacaciones.
En el caso de La maleta de Ana, la autora retrata esa vida a la que se vieron abogados muchos jóvenes que metieron sus cuatro cosas en una maleta de cartón. En este sentido, la novela nos ayuda a entender cómo se producían esas peregrinaciones, que pasos tenían que seguir hasta llegar a su destino, los reconocimientos médicos a los que eran sometidos, la fase de clasificación por las que tenían que pasar al llegar a destino, como si fueran animales. Pero la novela no solo examina la emigración desde el punto de vista del emigrante sino que la cuestión también estará enfocada desde el punto de vista del empresario, del alemán que veía llegar trenes y trenes cargados de caras asustadas. ¿Qué sentían al verlos llegar en manadas? ¿Sentían compasión o, por el contrario, los veían como simples objetos de producción? Por eso, creo que de los dos hilos temporales el más importante es el que transcurre en el pasado. La historia de Cora no es más que un instrumento, un vehículo que nos permite retornar a los años sesenta y conocer cómo transcurrió la vida de Ana como obrera en una fábrica alemana. Es esta parte la que más me ha gustado, si bien, los hechos del presente están más vinculados una introspección por parte de Cora.
Centrándonos en los personajes, y por nombrar a algunos, reconozco que Cora me cayó muy mal al principio. Es una joven snob, orgullosa y vanidosa, que no tiene ni idea de lo que cuestan las cosas en la vida pues parece que todo le ha venido siempre rodado. No está acostumbrada a tratar con cierto tipo de personas y tiende a mirar a los demás por encima del hombro pero es un personaje que evoluciona muchísimo y creo que esa era precisamente la intención de la autora. Gracias a la historia de Ana, Cora entenderá el valor de la verdadera amistad, será más consciente de la realidad en la que vive, y sabrá apreciar lo realmente importante.
Pero Ana también evolucionará por su parte, aunque lo hará más obligada por las circunstancias que otra cosa. Cuando llega a Alemania no es más que una muchachita de pueblo, asustada y temerosa pero es inteligente y enseguida se adapta a la nueva situación. En Colonia sacará su lado más fuerte, su carácter más latino y hará uso de los buenos principios que le enseñaron sus padres. Poco a poco, la joven irá ganando confianza y seguridad en sí misma. Le tocará vivir un episodio muy triste que sacará su parte más luchadora y terminará por ocupar, como comenté antes, un papel importante dentro de todo el engranaje laboral.
Escrita en tercera persona, La maleta de Ana cuenta con una estructura clara. Un primer capítulo nos conducirá al pasado, con esa maleta que la protagonista está preparando para marcharse a Alemania. Será una escena que bien podemos imaginar en blanco y negro y que dará paso posteriormente a unos capítulos protagonizados por Cora hasta el momento en el que entabla conversación con 'la Alemana'. Será entonces cuando la vida de Ana en Alemania y las emociones de Cora en el presente se simultaneen en capítulos que se van alternando sin un patrón fijo.
La maleta de Ana se lee con mucha rapidez. No solo cuenta con un argumento interesante, que aborda un total de trece años, sino que además la narración es muy fluida gracias a la abundancia del diálogo.
Estamos ante una novela que nos habla de la lucha y el sacrificio, de la supervivencia y la distancia, del dolor, la envidia y la venganza pero también del amor. Un precioso homenaje a todas esas mujeres que dejaron atrás sus familias y seres queridos para emprender una nueva vida. Por todo esto, La maleta de Ana me ha parecido una lectura entretenida sin más pretensión que hablarnos de la vida de los emigrantes y con un desenlace que encierra una sorpresa final. Muchos de nosotros tendremos a algún emigrante en la familia o habremos oído hablar de alguien que lo dejó todo para iniciar una nueva vida en el extranjero, y creo que esa conexión con el argumento es un buen aliciente para adentrarnos en esta lectura. Pero no quieroacabar la reseña sin mencionar un documental al que Celia Santos hace referencia en la Nota de la autora. El tren de la memoria es un reportaje de TVE en el que se analiza el fenómeno de la emigración española en la década de los sesenta con testimonios reales y vivencias que recuerdan e inspiraron a algunos personajes de esta novela.
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]