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viernes, 28 de mayo de 2021

JULIA ESTÁ BIEN de Bárbara Montes

Editorial: Ediciones B
Fecha publicación: marzo, 2021
Precio: 18,91 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 400
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788466668934
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes leer aquí]

Autora

Bárbara Montes es licenciada en Psicología y diplomada en Turismo. Trabajó como responsable de marketing y comunicación hasta que decidió dar el salto a la psicología, especializándose en niños y adolescentes. Ha publicado cuatro novelas infantiles (serie Rexcatadores, B de Block) y Julia está bien es su primera novela dirigida a un público adulto. En la actualidad vive en Madrid.

Sinopsis

Esta es una novela que nos habla de fracasos generacionales, valentías como ya no quedan y amores de verdad. Una historia sobre dos mujeres que, en el momento más inesperado, compartirán su pasado y su presente, buscando la una en la otra su tabla de salvación.

Sofía es una treintañera que no atraviesa su mejor momento. Recién divorciada y en el paro, decide mudarse a casa de su abuela Julia para cuidarla y, de paso, ahorrarse el alquiler que no puede pagar. Lo que al principio es una solución desesperada se convierte pronto en una especial relación de convivencia entre una anciana cada vez más enferma, que desea narrar su vida antes de que se le acabe el tiempo, y una nieta que, página tras página, irá dándose cuenta de cómo necesita escuchar ese relato.

Las extraordinarias vivencias de la abuela durante la Guerra Civil, cuando arriesgó su vida como parte de un grupo de resistencia mientras el hombre al que amaba estaba preso, se unen en esta novela al reflejo -lleno de ternura y tristeza, pero también de humor- de la rutina de estas dos mujeres que comparten unos días que saben que serán los últimos. Basándose en la historia de su propia familia, la autora trenza una novela que salta una y otra vez de la actualidad al pasado, para contarnos dos historias que tal vez hayan sido siempre una sola.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Muchas son las cosas que hemos aprendido durante esta pandemia. Bueno, muchas son las cosas que deberíamos haber aprendido durante esta pandemia. Una de ellas, a valorar a las personas mayores, escucharlas y dedicarles tiempo, porque ellos fueron los que abrieron nuestro camino. Lo comentaba el otro día en Facebook, cuando publiqué la entrevista con Bárbara Montes (puedes leerla aquí), que me arrepentía de no haberme sentado con mis abuelos, para que me contaran cómo habían sido sus vidas y cómo vivieron la guerra civil. Una amiga respondió: «Piensas que van a estar siempre y que ya tendrás tiempo. Cuando te das cuenta ni tienes el tiempo ni los tienes a ellos». Así es.

Por suerte, Bárbara Montes fue mucho más inteligente que yo. Ella sí se sentó con su abuela. Ella sí compartió parte de su tiempo con Juliana. Ella sí la escuchó. Prueba de ello es la novela que la autora de las novelas infanto-juveniles, protagonizadas por Amanda Black, y escritas junto a Juan Gómez-Jurado, ha publicado recientemente. Hoy os hablo de Julia está bien.

Sofía tiene treinta y nueve años. Está separada y en paro. El combo perfecto. La vida le ha caído encima como un jarro de agua fría y se ha encerrado en sí misma. En tales circunstancias, Sofía tendería a recurrir al apoyo de su madre pero «ella nunca ha sido de esas madres que te dicen lo que quieres oír y te proporcionan consuelo y amor. Ella te dice lo que le da la gana, sigue con su vida y allá tú con tus emociones». Como no tiene otra cosa mejor que hacer, a Sofía le encargan la tarea de cuidar de su abuela Julia. Con ello, todos salen ganando. Ella ganará un dinerillo y tendrá un lugar donde vivir, mientras que la abuela estará acompañada por la nieta. El negocio no le hace mucha gracia. Aunque Sofía adora a su abuela, una ancianita de noventa y seis años, con la que siempre se ha llevado bien, la situación no es más que el reflejo de una vida llena de fracasos.





De perdidos al río, que dice el refrán. Ya que la joven no tiene más remedio que irse a vivir con su abuela, al menos tratará de conocerla mejor. Es la última oportunidad que tiene y apuesta por aprovecharla. Sofía le pide a Julia que le cuenta cosas de su vida, cómo fue su infancia en el pueblo, o cómo conoció al abuelo. Así se inicia el relato de la abuela, que nos llevará de vuelta al año 1934, a San Pedro de Mérida, un pueblecito de Extremadura, donde Julia vivía con sus padres, Pedro y Benita, y sus hermanos Ana, Mercedes, Antonia, Eugenia, Mª Luisa y Fulgencio, y donde pasó la guerra civil.

De este modo, el lector se adentrará en la vida de una muchacha de diecinueve años, residente en un pequeñito pueblo extremeño, de familia numerosa y muy humilde. Por aquellos tiempos y lares, la vida transitaba con cierta calma. No había más que pobreza y todo se reducía al trabajo como sirvienta en casa de la familia más acaudalada del pueblo, pero también había instantes de felicidad. Julia conocerá a Salvador, un joven apasionado por la pintura, del que ella se enamora, aunque a sus padres no les hace gracia. Preferirían que su hija pusiera la vista en otro tipo de muchacho, en alguien que le pueda proporcionar una vida mejor, más confortable, más holgada. Un buen candidato podría ser Ramón, el hijo de los señores en cuya casa sirve la joven, un universitario atractivo, culto y con dinero. ¿Hay mejor partido? Pero donde manda patrón, no manda marinero. Y si tu corazón se enamora de un seguidor de Largo Caballero, tan muerto de hambre como tú, no hay nada más que hacer.  Y así, con esta diatriba sentimental, este tira y afloja entre Salvador y Ramón, debería de haber transcurrido la juventud de Julia si no fuera porque estalla la guerra civil, y todo se recrudece. Ya sabemos lo que aquella contienda supuso -bandos, chivatazos, rencillas, ajustes de cuentas, venganzas-. Julia tendrá que madurar a la velocidad de la luz y enfrentarse a unas circunstancias que jamás hubiera imaginado.  En algún momento se sentirá entre la espada y la pared, y escocerá en su piel el dolor de la separación o de la muerte. 

Al mismo tiempo, y en paralelo al desarrollo de la trama de la abuela, el lector conocerá a Sofía. ¿Cómo una mujer de su talla llega a este punto de desequilibrio? La joven está en ese momento de su vida en el que solo caben dos caminos: dejarse arrollar y caer definitivamente, o levantarse de sus cenizas, cual ave fénix. Mientras va escuchando a su abuela relatarle partes de su existencia, Sofía se enreda en sus reflexiones y analiza cómo ha sido su vida hasta ahora. ¿Ha sido feliz? ¿Se sentía amada por su marido? Para aclarar sus ideas le servirá de ayuda el relato de las vivencias de su abuela. Ella tuvo que plantar cara a la adversidad y tomar decisiones complicadas. Será un gran ejemplo para la nieta, un auténtico referente.



El amor será uno de los pilares de la novela, ese amor pueril, sin mácula, emergente, que nace de los corazones jóvenes. El lector asistirá al comienzo de una relación sentimental, a los nervios y a las mariposas en el estómago, a los primeros besos y a esos instantes en los que los cuerpos se rozan por primera vez. Es el amor de los años treinta, un amor en blanco y negro, pasional pero sincero, tan distinto al amor de hoy, afiliado y adulterado en ocasiones, tan diferente al amor que vive Sofía. Y junto al amor, otros grandes valores de la vida como el espíritu de sacrificio, el compromiso con los ideales, la lucha, el entusiasmo o la dignidad. Serán elementos y cualidades que veremos en los personajes de esta novela.  

Pero estando la guerra civil de por medio, la política ocupará un porcentaje importante en el relato. Aquellos años fueron convulsos en cualquier punto del país y afectaron a todos los ciudadanos por igual. Asistiremos a la huelga general promovida por el PSOE y la UGT y también sentiremos cómo la República comienza a tambalearse. Salvador será el personaje que nos servirá de guía para tomar el pulso del devenir político en Extremadura. Es un revolucionario, un ideólogo, un joven que apuesta por un país basado en la libertad. Sus creencias políticas lo convierten en un joven de mentalidad abierta que sorprende a Julia por su extravagancia:

 


Sofía es una mujer de su tiempo, con las preocupaciones típicas de nuestra era. Su matrimonio se ha venido abajo tras descubrir la infidelidad de su marido. Eso no solamente ocasiona un tsunami sentimental en su vida, sino que también supone renunciar a un trabajo que le gusta, pues trabajaba para la empresa de Álvaro. Sin embargo, este parece arrepentido y anda detrás de la joven, pidiendo una segunda oportunidad. Insiste e insiste, y a Sofía le entran las dudas. ¿Qué debería hacer? ¿Realmente está Álvaro arrepentido y sigue enamorado de Sofía? En ese mar de incertidumbres se debate la joven. Para buscar solución a su caos mental, recurre a sus amigas, pero quien más la ayudará a resolver sus conflictos será la abuela, sin que ni siquiera esta última se percate de ello.

Para mí, la abuela es el personaje estrella de esta novela, el más atractivo. En su juventud, nos encontraremos con una joven noble, algo rebelde -cualidad propia de la edad-, pero de buen corazón. Y, ante todo, valiente. Su cabezonería y testarudez le serán de gran ayuda en los complicados momentos que le tocará vivir, cuando el miedo los paraliza. La abuela se tragó su orgullo siendo joven, arriesgó su vida, y fue víctima de humillaciones y amenazas. Pero ahora, en la vejez, está en esa edad en la que ya todo le importa muy poco. A sus noventa y seis años, dice las cosas como las piensa, sin filtro, y tampoco se esfuerza demasiado en mantener las típicas fórmulas de cortesía ni los convencionalismos sociales a los que siempre estamos encorsetados. Esa falta de inhibición la convierten en un personaje natural, espontáneo, fresco y seductor. Además cuenta con un sexto sentido, un radar interno que le permite saber si algo marcha bien o no a su alrededor. Quizá se deba a que, como es ciega, tiene el resto de los sentidos muy desarrollados y no se le escapa una. Es una mujer divertida que conseguirá enamorarnos.

La relación abuela-nieta no puede ser más entrañable. Es de esas relaciones de algodón, suaves y mullidas. El cariño que Sofía siente por su abuela nos llega a través de las páginas de este libro. La joven entiende que le debe mucho a la abuela, que gracia a ella, y otras tantas mujeres como ella que lo pasaron realmente mal durante la guerra, hoy somos lo que somos. Entiende que le debe mucho a esa mujer, aunque no sepa cómo devolverle todo lo que su abuela ha hecho por ella. 



Julia está bien se sustenta sobre una estructura de sesenta y nueve capítulos, precedidos por un prólogo, que nos adelanta alguna escena de la trama, y culminada por un epílogo. Todo ello es de corta extensión, encontrando bastante diálogo. Se añade también que la narración es muy fluida, con ritmo ágil y cuenta además con su puntito de suspense. A eso hay que sumar a una trama en la que se percibe el cariño que ha puesto su autora. La combinación de todos estos elementos consigue que la novela se lea a buen paso, rápido, avanzando por las vidas de Julia y Sofía. Por destacar algo, hay algunas escenas de sexo, de ese sexo lleno de inocencia, juventud e inexperiencia que están narradas con una gran delicadeza. Da la sensación de que la autora ha puesto todo su esfuerzo en narrar ciertos hechos con sumo cuidado.

Por otra parte, la novela cuenta con un desenlace dulce, un broche precioso que supone un sueño cumplido para la abuela y una deuda saldada para la nieta. Sofía no pudo encontrar mejor modo de devolver a su abuela lo que ha significado para ella, de conseguir que esa anciana recupere un trocito de su juventud. Es de esos desenlaces que te van a arrancar un «Ohhh» reconfortante.

Narrada a dos voces y con capítulos que se alternan entre los dos hilos temporales -el que se inicia en 1934 y el que arranca en 2011- Julia está bien no puede tener una dedicatoria diferente a la que tiene. «Para la abuela» Me ha parecido una historia preciosa, tierna, emotiva, hecha con y desde el cariño más absoluto. Aunque no todo lo que ocurre en Julia está bien es autobiográfico, es decir, aunque no todo lo que le ocurre a Julia le ocurrió a Juliana (la abuela de Bárbara Montes) es muy fácil imaginarse a su abuela en aquellos años, viviendo algo muy similar. A Bárbara Montes le ha quedado una novela para el recuerdo. De una sola vez, ha conseguido que el lector se enamore de esta historia, pero también ha logrado algo más importante, que conozcamos a Juliana porque, como ella misma nos explica en el epílogo:


Lo has conseguido, Bárbara.


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


jueves, 13 de mayo de 2021

BÁRBARA MONTES: ❝Esta novela no es más que una carta de amor a las mujeres de mi vida❞

Amanda Black es una joven de trece años que protagoniza la nueva saga de novelas de aventuras, tras la cual está Bárbara Montes y su pareja Juan Gómez-Jurado. El primer título de la serie se titula Una herencia peligrosa y próximamente verán la luz nuevas entregas. Sin embargo, Bárbara Montes ha compaginado la publicación esta novela infanto-juvenil con la de su primera novela para adultos, que lleva por nombre Julia está bien.

En esta novela, la autora rinde homenaje a su abuela Juliana, extremeña de nacimiento, que sufrió y padeció los rigores de la guerra civil, unos tiempos convulsos en los que también había hueco para el amor. A través del personaje de Julia, Montes nos relata parte de la vida de su abuela, que mezcla con sucesos de ficción, y alterna la vida de la anciana con la de su nieta Sofía, de treinta y nueve años de edad, que no pasa por su mejor momento. 

Hablamos con Bárbara Montes sobre Juliana, Julia, Sofía, Extremadura, la guerra civil y el amor. 

[Fuente: web editorial]
Marisa G.- Bárbara, primera novela de adultos tras cuatro libros infantiles escritos al alimón con tu pareja, Juan Gómez-Jurado. ¿Ha sido complicado el salto de un género a otro?

Bárbara M.- No. Empecé en infantil porque me pareció más sencillo pero luego la vida me puso en mi sitio y entendí que no, que la literatura infantil es mucho más difícil que la adulta. Todo esto vino porque, antes de ponerme a escribir, fui lectora editorial, haciendo informes de los manuscritos que me pasaban. La editora que leía aquellos informes vio algo en mis escritos y me propuso escribir una novela, pero es que yo no me veía capaz. Entonces me propuso escribir algo infantil, a medias con Juan, para que me soltara. Y eso sí lo acepté. Me pareció un caramelo. Además soy psicóloga, especializada en infantil, y me pareció que ahí sí podía llegar. Y así empecé. Pero una vez que te pones a ello te das cuenta de lo dificilísimo que es. Es mucho más complicado agradar a un lector infanto-juvenil que a uno adulto. El lector infantil es muy exigente, como lo aburras en las primeras páginas te suelta y no te vuelve a dar una oportunidad. El lector adulto no necesita esa gratificación inmediata y tiene algo más de paciencia. A lo mejor se aburre en un capítulo pero sigue leyendo.  Así que sí, me gusta mucho escribir para  niños pero me resulta más sencillo llegar al lector adulto. 

M.G.- Sí, los pequeños no se andan con rodeos. Si algo les gusta bien y si no, pues a otra cosa. No tienen mucho reparo en ser totalmente sinceros.

B.M.- Eso es. 

M.G.- Julia está bien es una preciosidad de novela. Es un homenaje a tu abuela que tuvo una vida tan bonita y tan dura. La pobre mía pasó muchas penalidades.

B.M.- Sí. Mi abuela ha sido la mujer más importante de mi vida. Viví más de diez años con ella y dio tiempo a que me contara todo lo que le había ocurrido, con mucha profundidad. La quería muchísimo y me apeteció escribir una novela sobre su vida. ¿Para qué me iba a meter en cosas que no conozco, pudiendo contar una historia tan interesante como la suya? Pero sí te quiero aclarar que no todo lo que ocurre en la novela le ocurrió a mi abuela. Es verdad que he utilizado partes de su vida para construir la historia de Julia, pero también hay una buena parte de ficción. No es una novela biográfica, ni de mi abuela ni mía. Eso sí, lo que es auténtico y real es la relación que existe entre esa abuela y esa nieta. Entre nosotras había muchísima complicidad y mucho amor. 

M.G.- Pero seguramente hay cosas terribles que le pasaron a ambas, a Julia como protagonista de la novela y a tu abuela Juliana. Es que te imagino sentada a su lado, escuchándola con cara de asombro. Sin dar crédito.

B.M.-  Eso por supuesto. Es que cuando conoces a tu abuela, es tu abuela desde que naces. Quiero decir que te cuesta imaginar que tuvo una vida anterior. Desde que has nacido, ves prácticamente a una viejecita, dulce, con su pelito blanco, sus gafas, que te cuente ciertas cosas,... Es que las abuelas, independientemente de la edad que tengan, siguen siendo mujeres con experiencias a sus espaldas pero claro las encasillamos en el papel de abuelas, y parecen que  no han hecho otra cosa más que estar ahí para cuidarnos y mimarnos. Me gustaba muchísimo escucharla porque siempre me pareció muy valiente. Y te la veías ahí, cocinando unas albóndigas buenísimas, y sabiendo por todo lo que había tenido que pasar para llegar a ese momento de su vida.

M.G.- Si es que este país está lleno de abuelos con un pasado tremendo, que lo tienen ahí guardado. A veces, ni nos enteramos. 

B.M.- Claro, y vivieron cosas terribles.

M.G.- Pues sí. La novela está construida a dos tiempos. Por un lado, el pasado de Julia y por otro el presente de Sofía, la nieta. El tiempo que Sofía vive con su abuela le servirá, no solo para conocer más a Julia, sino para conocerse mejor a sí misma. Sofía no pasa por un buen momento.

B.M.- Sofía es una mujer que está prácticamente pasando por una depresión, aunque eso no se dice explícitamente en la novela. Me interesaba mostrar cómo era una depresión, cómo una persona con depresión no se pasa las veinticuatro horas del día llorando. El dolor va por dentro. Y luego, lo de utilizar dos voces distintas fue una decisión totalmente consciente. Quería contar una historia más clásica, la de la vida de Julia que se ubica en 1934, y para eso quería utilizar una voz en tercera persona, una narración mucho más clásica. En cuanto a Sofía, prefería una narración mucho más dinámica. El uso de esas dos voces tan diferentes te ayuda a entender cómo era la vida entonces y cómo es la vida ahora. Hoy en día todo son prisas. Vamos mucho más deprisa a todas partes, y recibimos mucha información mucho más deprisa, también. La voz de Sofía me ayudaba en este sentido y quería hacer de ella una mujer muy real, que me recordara a alguna amiga mía.

M.G.- Dos mujeres que viven el amor de una forma muy diferente. El amor es el epicentro de la novela pero cada una de ella tiene un concepto distinto del mismo. Claro, que también son mujeres de dos generaciones distintas.

B.M.- Sí. En la historia de Julia tenemos ese amor romántico que nos han enseñado a apreciar y a buscar en la vida. Tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres. En los tiempos de Julia, si no se conseguía un amor romántico parecía que no se había alcanzado ningún objetivo vital importante. Sin embargo, el objetivo de Sofía en 2011 es sobrevivir y tirar adelante, y aprender a quererse a una misma, que también es algo muy importante. 

En definitiva, esta novela no es más que una carta de amor a las mujeres de mi vida. Así de sencillo. Es un intento de poner en valor a tus amigas, a tu madre y a tu abuela. A cualquier mujer. Hoy en día, las mujeres necesitamos que nos digan lo muchísimo que valemos porque no nos lo dicen muy a menudo. Nosotras mismas nos castigamos mucho en el trabajo, nos esforzamos por ser las mejores y como madres, constantemente estamos pendientes de no fallar en ese papel. No está mal que, de vez en cuando, alguien nos diga: «Tía, tú vales un huevo». Esta novela es eso, decir a las mujeres que valen mucho y que no importa lo que digan los demás porque aquí van a estar tus amigas para apoyarte y para protegerte cuando lo necesites.

M.G.- Entiendo. Y has comentado que no todo lo que le pasa a Julia, le pasó a Juliana. Es decir, has tenido que inventar y ficcionar. ¿Cómo te has apañado para construir esa parte inventada del pasado de la abuela?

B.M.- Para contestarte a esta pregunta tengo que explicarte cómo trabajo. 

M.G.- Vamos allá.

B.M.- (Ríe) Soy muy organizada. Antes de sentarme a escribir y poner una sola letra, lo que hago es usar un cuaderno de dibujo enorme y ahí construyo toda la genealogía de todos los personajes, sus edades, lo que relaciona unos con otros, etc. Una vez que tengo eso, hago un croquis de lo que va a pasar en cada capítulo, de principio a fin de la novela. Luego empiezo a escribir y los personajes hacen lo que les da la gana. Bueno, no es así exactamente. Los escritores suelen decir que los personajes van por libres, pero no es totalmente cierto porque lo que va por libre es tu cabeza, que sigue pensando en la historia. Tú puedes llevarte cinco, seis o siete horas escribiendo pero el resto del tiempo, hasta que te duermes, sigues pensando en esa historia. Con lo cual, lo que tenías previsto en tal capítulo o este personaje que iba a ser de este modo, cambia radicalmente. Así que, aunque trabaje con ese croquis detallado de todo lo que va a ocurrir, al final la historia va creciendo y va mutando. Eso te obliga a tener que volver atrás, modificar otras cosas y rehacer todo lo que tenías pensado. Pero cambia porque no dejas de darle vueltas, y no porque la historia vaya por libre. En cualquier caso, es mucho más fácil construir alrededor de algo que ya tienes. Yo sabía qué partes de la vida de mi abuela quería contar y lo que tuve que hacer fue construir alrededor de esos fragmentos. Eso es mucho más sencillo que construir de cero. 

M.G.- Entiendo. Y dices en la Nota de Autora que crees que a tu abuela no le hubiera entusiasmado que contaras parte de su historia. ¿Qué crees que te hubiera dicho?

B.M.- «¡Ay, hija, pero cómo pones esto!» (pone voces y ríe)

M.G.- (Risas)

B.M.- Me hubiera dicho eso exactamente. Mi abuela era una mujer muy discreta, muchísimo. No le gustaba nada destacar. Y verse reflejada en un personaje como Julia, le hubiera chocado muchísimo. Pero también hubiera estado súper orgullosa. Me adoraba, y si hubiera sabido que había escrito una novela, se hubiera alegrado mucho. Eso sí, con según qué partes de la historia me hubiera regañado. No le hubiera gustado sentirse reflejada en el personaje de Julia.

M.G.- ¿Y tú qué sentiste mientras la escribías? Imagino que con algunos pasajes te sentirías muy emocionada.

B.M.- Mira, estuve como diez años trabajando en una empresa alemana y no sé, soy como muy cuadriculada a la hora de trabajar. Cuando me pongo, me pongo y ya está. Pero el palo vino después, cuando tuve que corregirla. Mi abuela falleció a los quince días de terminar el manuscrito. Se lo mandé a mi editora, a mis lectores cero, que me hicieron nada, muy pocas correcciones.  Pero, aún así, me tuve que sentar a corregir, a modificar alguna cosa, a ampliar algún capítulo para aclarar algún suceso que no estaba muy definido, y ahí fue donde lo pasé regular. Las correcciones me llevaron más tiempo que escribir la propia novela. Es que, cada vez que me sentaba a releer, era como recuperar a mi abuela que acababa de morir. Me costó muchísimo corregirla. Acababa cada día llorando a moco tendido. La echaba mucho de menos. Cuando pierdes a alguien al que querías mucho, durante un tiempo necesitas que no te lo recuerden y yo, con la novela en plena corrección, la tenía siempre muy presente.

M.G.- Y Juan que ya tiene muchas novelas de adultos a sus espaldas, ¿también te orientó un poco a la hora de componer la historia?

B.M.- No (rotundo y ríe). Juan se leyó un primer manuscrito, me dijo que cambiara alguna palabra y ya está. Y después de la última corrección, ni siquiera se la leyó pero básicamente porque él está trabajando todo el día. No tenía tiempo. Tiré de mi editora y de mis amigos que también son escritores. Además, es que a Juan lo quería mantener un poquito al margen porque suficiente tiene él con lo que tiene. No quería que mi novela le diera trabajo.

M.G.- La acción transcurre en Extremadura, que no suele ser tierra literaria pero claro, allí también hubo guerra civil, y te has tenido que documentar igualmente.

B.M.- En Extremadura es donde mi abuela pasó toda la guerra. Ella era de allí. Me he tenido que leer muchísimos ensayos, muchos artículos de la época, para poder ambientar la novela. Leí muchísimo antes de sentarme. E incluso escribiendo, si detectaba que me faltaba algún detalle, tenía que pararme y comprar algún libro para buscar esa información. Tenía muchos capítulos marcados en rojo para saber que tenía que volver a ese punto de la historia para completar la información. 

Hay dos capítulos en los que se narran los hechos que son más conocidos históricamente. Para contar esa parte, leí todo lo que pude encontrar y me topé con versiones contrapuestas porque son hechos sobre los que los historiadores no se terminan de poner de acuerdo. No sabía cómo enfocar esa parte y al final, cogí todas las notas, las hice un gurruño y las tiré a la basura. Opté por contar esos sucesos tal y como me los contó mi abuela, tal y como ella los vivió. Si es Julia la que está contando esta historia debo plasmar los hechos tal y como ella los vivió. Es decir, como los vivió Juliana.

M.G.- Hiciste muy bien que para eso ella era la protagonista. Y ya para terminar, Bárbara, ahora que has descubierto que la novela de adultos no es mucho más complicada que la infantil, sino todo lo contrario, imagino que seguirás por esta senda.

B.M.- Yo voy a seguir... (duda). A ver qué te digo (risas). Mira, de momento voy a seguir con Amanda Black, porque este año tienen que salir todavía dos libros más, pero también quiero continuar con la literatura para adultos. Así que, de momento, lo que voy a hacer es intentar abarcarlo todo y luego ya me pondrá la vida en mi sitio. Lo mismo, tengo que elegir. 

M.G.- Pero seguro que puedes ir alternando. La novela adulta te ha quedado preciosa, con un personaje adorable y encima, sin ayuda de Juan (risas), con lo que te animo a seguir escribiendo para nosotros. 

B.M.- Muchas gracias.

M.G.- Lo dejamos aquí, te agradezco infinitamente que me hayas atendido y te deseo buena tarde.

B.M.- Lo mismo para ti. Un saludo.

Sinopsis: Esta es una novela que nos habla de fracasos generacionales, valentías como ya no quedan y amores de verdad. Una historia sobre dos mujeres que, en el momento más inesperado, compartirán su pasado y su presente, buscando la una en la otra su tabla de salvación.

Sofía es una treintañera que no atraviesa su mejor momento. Recién divorciada y en el paro, decide mudarse a casa de su abuela Julia para cuidarla y, de paso, ahorrarse el alquiler que no puede pagar. Lo que al principio es una solución desesperada se convierte pronto en una especial relación de convivencia entre una anciana cada vez más enferma, que desea narrar su vida antes de que se le acabe el tiempo, y una nieta que, página tras página, irá dándose cuenta de cómo necesita escuchar ese relato.

Las extraordinarias vivencias de la abuela durante la Guerra Civil, cuando arriesgó su vida como parte de un grupo de resistencia mientras el hombre al que amaba estaba preso, se unen en esta novela al reflejo -lleno de ternura y tristeza, pero también de humor- de la rutina de estas dos mujeres que comparten unos días que saben que serán los últimos. Basándose en la historia de su propia familia, la autora trenza una novela que salta una y otra vez de la actualidad al pasado, para contarnos dos historias que tal vez hayan sido siempre una sola.



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