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lunes, 30 de septiembre de 2019

UNA FAMILIA NORMAL de Alejandra Parejo

Resultado de imagen de una familia normal alejandra parejo

Editorial: Temas de Hoy.
Fecha publicación: septiembre, 2019.
Precio: 20,00 €
Género: Narrativa. 
Nº Páginas: 384
Encuadernación: Rústica con solapas. 
ISBN: 9788499987583
[Disponible en eBook; 
puedes empezar a leer aquí]


Autora

Alejandra Parejo nació un mes antes de tiempo, en febrero de 1990. Una isla del Mediterráneo fue su primer hogar y, hasta hace poco, el único lugar al que consideraba su casa. Licenciada en Publicidad y Comunicación Audiovisual, ha trabajado como copywriter y guionista para agencias y marcas de todo tipo, siendo Atresmedia uno de sus principales clientes. Su pasión por las palabras desde muy pequeña la llevó a estudiar en la Escuela de Escritores de Madrid. Tras decenas de relatos y borradores desechados, a los 29 años publica Una familia normal, su primera novela.

Sinopsis

El mismo día en que le ofrecen uno de los proyectos más importantes de su carrera, Olivia se da cuenta de que está embarazada. Tiene treinta y un años, una relación aparentemente sólida con Mario y una economía estable, pero nada de eso le convence de que ha llegado su hora de ser madre.


¿En qué consiste ser una mujer independiente?
¿Qué significa ser una buena pareja, buena hija, buena amiga, buena profesional?

Mediante saltos temporales que llevan al lector a la infancia de Olivia y de vuelta al presente, entre Madrid y Roma, conoceremos a una niña que se vio obligada a luchar por el amor de sus padres divorciados, a crecer antes de tiempo y a proteger la fragilidad de su hermana. Una hija que aborrecía la sumisión de su madre y que luego se hace adulta para arropar las mismas inseguridades que tanto criticaba en el pasado.

Esta es una novela sobre las tensiones íntimas de una generación marcada por la sociedad desigual en la que creció y por las exigencias morales del presente. Una historia sensible y difícil, tierna y dolorosa, que basa toda su fuerza narrativa en demostrar que a veces no hay decisiones erradas, solo formas de vivir.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Todo camino tiene un inicio y una meta. El sendero que conduce hasta Una familia normal, ha llevado a su autora, Alejandra Parejo, a escribir decenas de relatos y a formarse en una escuela para escritores porque, según su madre, sólo sabe comunicarse a través de la escritura, emborronando lienzos en blanco que le permiten conectar con su interior, manifestarse y, en cierto modo, liberarse porque, tal y como nos dijo en la entrevista que puedes leer aquí, escribir es su forma de encontrar alivio.

Una familia normal es la primera novela de esta joven mallorquina, que un día abandonó su paraíso isleño para enfrentarse al mundo de la publicidad. Pero quiso llegar más lejos y decidió enfrentarse a un proyecto más ambicioso. Así fraguó la historia de Olivia, una mujer de su generación, que trabaja, que tiene padres, hermanos y amigos, con estabilidad económica y sentimental, que busca su lugar, crece y evoluciona, una novela que le ha publicado Temas de Hoy. Desde entonces, Parejo levita sobre el suelo, sonríe a diestro y siniestro, con una mirada llena de luz. 

Olivia es hija de su tiempo. Tiene treinta y un años, es directora de fotografía, viaja frecuentemente para acudir a los rodajes, lleva una vida frenética y padece los males propios de una época en la que nos toca andar siempre corriendo. Ansiedad, pánico, miedos e inseguridades la atenazan. Cada día es un nuevo reto y, precisamente el día que le ofrecen el trabajo más importante de su carrera -un rodaje en Roma-, descubre que está embarazada. Pero se calla. No le dice nada a Mario, su pareja. Debe pensar qué es lo que quiere, si es buen momento para traer un hijo al mundo, si es lo que le conviene, lo que necesita. 



Olivia no recibe la noticia de su embarazo con la alegría y la ilusión que cabría esperar. Una gestación, el nacimiento y la crianza de un bebé acarrea importantes e inevitables cambios en la vida de cualquier persona, y ella no tiene claro si está dispuesta a asumir las consecuencias. Mientras toma una decisión, la vida sigue en el presente y, en paralelo, el lector también tendrá acceso al pasado de la protagonista, pues la novela se vertebra en dos hilos temporales. Para comprender a la Olivia de 2008, tendremos que conocer también a la Olivia de 1998, cuanto tenía once años, cuando vivía con su madre y su hermana pequeña Lu, cuando dejó la isla que era su mundo para marcharse a una ciudad desconocida porque sus padres se divorcian, cuando tiene que acudir a un colegio ajeno, cuando tiene que convivir con un padrastro al que no soporta, para echar de menos a un padre, capitán de barco, que ha estado ausente la mayor parte del tiempo. Cuando le pregunté a Alejandra Parejo por qué eligió esos dos periodos en concreto me respondió que existían varios motivos (te remito a la entrevista). Yo encontré una conexión adicional que tiene que ver con la naturaleza femenina. En 1998, a Olivia le viene el periodo por primera vez. En 2018, se queda embarazada. Me dio por pensar que la autora pretendía establecer una unión entre dos momentos importantes del universo femenino, aquel en el que una niña pasa a convertirse en mujer, y aquel otro en el que, además de mujer, pasa a convertirse en madre, tras quedar embarazada. Eso me hizo pensar en el papel de la mujer, de este tiempo, de todos los tiempos, mujeres que -trabajadoras o no, independientes o no, felices o no-, comparten lo más íntimo de su naturaleza. 

En Una familia normal, el yo interior y las relaciones personales son la base de un historia que navega entre temas como la maternidad no deseada, la independencia, la conciliación familiar, la desigualdad laboral entre mujeres y hombres o las relaciones familiares. Es una novela pegada a la realidad, contemporánea, de la calle, que nace de las reflexiones de las generaciones actuales, cuyas preocupaciones y miedos no se alejan tanto de las anteriores.

Olivia será la protagonista absoluta en una historia por la que también transitan otros nombres. Es un personaje bien definido y con el que es fácil identificarse. Basta con ser una mujer en la treintena, con aspiraciones profesionales, que lucha cada día por ese hueco laboral que se tiene que ganar con uñas y dientes, con una pareja a la que apenas ve, aunque tampoco es algo que le preocupe mucho. Olivia y Mario conforman un universo en el que cada uno tiene su propia galaxia, pues la relación entre ambos no funciona bien y encima compiten profesionalmente. Demasiados obstáculos al que se añade un embarazo que Olivia mantiene en secreto.

Por destacar algún personaje más podría hablar de Lu, la hermana pequeña. El contraste entre ambas salta a la vista desde las primeras páginas. Si Oli es más reservada, más introspectiva, racional y responsable, Lu es una joven alocada, despreocupada, visceral y divertida, que rara vez piensa en las consecuencias.  Es el personaje que aporta un toque de suspense a la trama pues, en el pasado, le ocurrirá algo de lo que apenas tendremos información. Será el lector el que tendrá plena libertad para fabular e imaginar en qué incómodo suceso se ve envuelta.

De Una familia normal me gustan especialmente las conexiones que se establecen entre los personajes, analizar cómo se relaciona Olivia con sus familiares, con sus amigos, con su pareja,... De todo este entramado, destacaría la relación que Oli tiene con Carlota, la madre de Mario. He sentido una fuerte conexión entre estos dos personajes basada en el respeto, la confianza, las confesiones en silencio y el amor. Rompiendo el mito de que suegra y nuera no pueden llevarse bien, Parejo dibuja una unión mucho más profunda y poderosa que la que Oli mantiene con su propia madre. Y es que Olivia siente que su madre no la ha escuchado nunca, mucho más preocupada por atender a su pareja, ese padrastro que ella impone a sus hijas y que no es especialmente amable con las niñas. La madre de Olivia también es un personaje que evoluciona, que necesita su tiempo para entender que había errado el camino, asumiendo una relación tóxica, y que Olivia no entendía. Y sin embargo, ¿cometerá la hija los mismos errores que la madre? 

También me ha gustado mucho el discurso de Olivia cuando es una niña. Creo que en este aspecto, la autora ha sabido dar a su personaje una voz que encaja perfectamente con la forma de pensar de las mentes infantiles, mucho más atentas a lo que les rodea de lo que pensamos, siempre sacando conclusiones erróneas, fruto de la poca información que los adultos suelen dar a los pequeños. 

Escrito en primera persona, todo lo que sucede en 1998 está escrito en presente lo que otorga al texto mucha inmediatez. Me he encontrado un fraseo corto y un ritmo constante, con capítulos muy nostálgicos, cuando Oli recuerda su infancia, y otros especialmente angustiosos, muy bien narrados y muy visuales -tremenda la escena del avión-. Así que, Una familia normal ha sido una lectura que me ha gustado, en la que la información se va desmigando poco a poco, salpicada de interesantes referencias musicales, introspectiva y llena de reflexiones.








 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

martes, 17 de septiembre de 2019

ALEJANDRA PAREJO: 'Escribir es mi forma de encontrar alivio'

Una familia normal ha sido una de las primeras novelas que han caído en mis manos tras el parón vacacional, la primera que leí nada más iniciarse septiembre, una novela que habla de emociones, de decisiones, de alianzas que se rompen mientras otras se forjan, de sueños, de independencia. En Una familia normal conoceremos a Olivia, una directora de fotografía que mantiene una relación con Mario, también director en el mismo ámbito. El día que le ofrecen el proyector profesional más importante de su carrera, descubre que está embarazada y justo la unión de estos dos elementos origina su Big Bang personal. ¿Qué decisión tomar? ¿Qué es lo que más le conviene? Mientras se devana los sesos, sus relaciones con el resto de los personajes se afianzan o se deterioran, peligra su trabajo pero, ¿por qué a Olivia le ocurre esto? ¿Tiene algo que ver su pasado? Lo sabremos porque en Una familia normal también tiene cabida la infancia y adolescencia de la protagonista.

Para hablar de todo esto nos sentamos hace unos días con Alejandra Parejo, una joven con la mirada más limpia que he visto nunca y que debuta con esta primera novela, Una familia normal

Marisa G.- Alejandra, ya que esta es tu primera novela, me gustaría saber cómo ha sido el camino hasta llegar aquí.

Alejandra P.- Mi madre dice que siempre me he comunicado escribiendo pero hasta ahora escribía para mí, ya fuera en los momentos de mucha felicidad o tristeza, para desahogarme yo. Estudié Publicidad y Comunicación Audiovisual y empecé a trabajar en distintas agencias de publicidad, pero no me sentía llena, así que me apunté a cursos de escritura. En Madrid asistí a la Escuela de Escritores, donde hice un curso de narrativa de dos años y, aunque iempre tuve en mente escribir, fue allí donde se hizo más tangible la idea de una novela. Así que, cuando terminé el curso, me puse a escribir. Al tiempo me crucé con Pablo Álvarez, mi actual agente literario y me puso una fecha para terminarla. Todo ha sido pasito a pasito y muy natural.

M.G.- En tu web dices 'Escribo para mí, para los demás, para conectarme y liberarme. Escribo para contar historias: tuyas, mías, inventadas. Escribo para que cierres los ojos y puedas oler, saborear, escuchar y disfrutar'. Se da a entender que escribir es tu vía de escape, es tu necesidad. 

A.P.- Sí. Escribir es mi forma de encontrar alivio. Me alivia escribir lo bueno y lo malo. Ahora estoy escribiendo un diario, como cuando era pequeña, aunque lo hago en digital. Escribir me ayuda a ordenar las cosas, a apreciar todo lo que pasa rápido y no nos paramos a pensar. Creo que no sabría sobrevivir sin escribir. En algunos momentos es como una catarsis.

M.G.- De las que se sale más purificada.

A.P.- Sí, así es. Y a lo mejor son tonterías. Por ejemplo, en el AVE me he fijado en un grupo de compañeros de trabajo. Los hombres se saludan dándose la mano y las mujeres se dan dos besos. Pues escribo eso que observo, esa reflexión, que no es nada importante pero me ha llamado la atención. Ahí queda escrito. Quién sabe si de eso que anoto, algún día no sale algo. 

M.G.- ¿Y cómo surge la idea de escribir esta historia?

A.P.- Pues se me ocurrió una noche que no podía dormir. Y empecé a pensar en dos amigos, que eran pareja, y que se dedicaban a lo mismo, trabajando en el mundo del cine. Me planteé que si esos amigos querían tener un hijo, ¿cómo iban a conciliar? Ahí nació la idea de esta novela. Por entonces yo vivía con Marta, una de mis mejores amigas, y recuerdo que me levanté, entré en el salón y le conté que acababa de tener una idea para una novela. Por supuesto, ella se rió pero lo cuento y me parece como mágico. Surgió así, sin más.

M.G.- La novela se titula 'Una familia normal' pero ¿existen esas familias?

A.P.- En el título hay mucha ironía porque creo que lo normal no existe. Lo normal es lo que nos han enseñado en el colegio, lo que nos han impuesto en política, en religión,... y no es así. Lo normal no existe y menos aplicado a las familias porque, incluso las que aparentan ser normales son las que generalmente tienen muchas más cosas que ocultar. Lo importante no es la normalidad sino tener una familia buena, que sea capaz de escucharte, de comprenderte, que sea un lugar en el que te sientas seguro y en el que puedas ser tú mismo. Eso es lo que comprende Olivia en este viaje interior, que su familia es como es, que los errores y los aciertos de todos nos llevan a un lugar y no pasa nada. Nos han cargado con mucha culpa y eso hace que todos pretendamos tener una familia modélica pero y si no la tienes, ¿pasa algo? Pues no. 

M.G.- La historia se va a desarrollar a lo largo de dos hilos temporales, uno en 1998 y el otro en 2018. ¿Por qué esas dos fechas concretas?

A.P.- Hay varias cosas muy importantes. Empecé a escribir la trama del presente sin el pasado y sentía que me faltaba algo. Me di cuenta que tenía la necesidad de explicar por qué Olivia estaba en ese punto y qué le había llevado hasta ahí. 

También quería remarcar que, entre finales de los años 90 y 2018, cambió nuestra manera de comunicarnos. Nacen generaciones impacientes que necesitan saber de manera inmediata. Era algo que me daba mucho juego a la hora de comparar a la Olivia pequeña con la Olivia mayor. La Olivia del pasado deja la isla en la que vive y se muda a una ciudad. Su padre es marino, vive lejos de ella y le produce mucha frustración saber que Madrid no tiene mar y que los barcos no pueden llegar hasta allí. ¿Cómo va a llegar su padre hasta ella? Lo único que puede hacer es llamarlo por teléfono, o dejarle un mensaje en el contestador, una máquina que guarda tus mensajes pero que no te asegura que llegue a su destinatario. Para mí era muy importante marcar esa diferencia entre lo que significaban antes las ausencias y lo que significan ahora porque doler duele igual pero no es lo mismo. Si la Olivia pequeña viviera en 2018 podría pedirle a su padre que llamara por FaceTime, o podría darle cada mañana los buenos días a través de Whatsapp. 

Por último, me interesaba también ver cómo funciona la voz de un narrador infantil. Pensamos que los niños no se enteran de nada pero saben mucho de lo que está pasando a su alrededor. Lo peor es que sacan conclusiones erróneas de lo que se les oculta. Y encima, no son capaces de poner nombre a sus sentimientos. 


M.G.- Abordas temas como la maternidad, la independencia, la familia, los miedos,... Te metes en un jardín profundo.

A.P.- Es una novela generacional porque trata temas que a la gente de mi generación le preocupa pero creo que también la generación de mis padres puede verse reflejada. Las dudas son muy parecidas aunque tengan otra edad. Es verdad que la sociedad ha evolucionado y con el feminismo se han conseguido muchas cosas pero creo que hay muchos miedos que comparten varias generaciones. Olivia termina entendiendo que se parece a su madre, que se espera de ella lo mismo que se esperaba de su madre a su edad, que ambas tienen y tenían los mismos miedos, las mismas inseguridades. Percatarse de eso supone una forma de perdonar porque la Olivia de once años solo ve a su madre como tal y es ahora, cuando ya es mayor, cuando se da cuenta que su madre, además de ser madre, era una mujer con sus deseos, miedos e inseguridades. 

M.G.- Alrededor de Olivia hay muchos más personajes, como su hermana Lu, su pareja Mario, su jefa Amanda. Me resulta interesante analizar las relaciones de Olivia con los restantes personajes. 

A.P.- Me gusta que me digas eso porque me he esforzado mucho en esas relaciones. Me fui haciendo como fichas en las que anotaba cómo era la relación de Olivia con Lu, o con Mario, o con Amanda. ¿Me preguntaba quién estaba a favor o en contra de una decisión de Olivia? ¿Quién hacía cosas para que ella pudiera avanzar o frenar? Cada uno de los personajes tiene su propia historia y están muy pensados para apoyar o no apoyar a Olivia. Por ejemplo, en la relación con su jefa era muy importante que el lector se pusiera en la piel de Amanda, una mujer que sufre un momento muy dramático en el pasado y que no puede evitar que ese trauma la ponga en contra de Olivia durante un tiempo. En ese punto quería explicar que a las mujeres nos han educado para hacernos la competencia y eso es una realidad. 

En cuando a Lu, Olivia mantiene una relación llena de amor con su hermana que me servía para destacar las carencias de Olivia y las virtudes de Lu. Ellas se complementan y se dan lo que necesitan la una a la otra. Olivia es muy responsable mientras que Lu es más alocada y se deja llevar. Entre las dos consiguen un equilibrio. 

Quería que los personajes me ayudaran a crear una atmósfera que empujara a Olivia a tomar una decisión concreta.

M.G.- Me gusta mucho la relación que mantiene Olivia con Carlota, la madre de Mario. Me parece mágica y es una relación que me ha llenado mucho. Carlota no es su madre, sino su suegra, y de algún modo rompes un mito.

A.P.- El tema de las suegras es muy injusto. Me parece fatal que se piense que todas las suegras son unas brujas, que quieren retener a sus hijos a toda costa. Carlota me ha servido para poner a una mujer en un formato tradicional, una mujer que une a la familia y que hace todo por y para ellos. Pero también una mujer que empatiza con su nuera y que la apoya en uno de los momentos más decisivos de su vida. Para Carlota, Olivia es importante y ella prefiere anteponer la felicidad de la pareja de su hijo a sus propias convicciones. 

M.G.- Con Lu hay un cierto misterio, ¿cierto? Dejas que sea el lector el que idee lo que le está pasando.

A.P.- En la trama de Lu, uno de los problemas del personaje es un momento con su hermanastro en el que no se sabe muy bien qué pasa. Ahí dejé que cada uno imaginara lo que quisiera. Podría haberlo contado pero me pareció más interesante dejar que cada uno pensara. Sobre todo, lo que quería demostrar es que, cuando los adultos no quieren profundizar en algunas cosas pueden pasar otras que son peores. A veces es mucho más fácil sentar a tus hijos y preguntarles qué les pasa, o contarles la verdad, y poner las cosas en su sitio. Si intentas aparentar que no pasa nada, a lo mejor hay otras cosas que pasan alrededor que no las estás viendo. 

Lu pasa por muchas cosas porque no es capaz de verbalizar lo que le duele y prefiere hacerse la loca antes de aceptar que está triste.

M.G.- ¿Te reconoces en alguno de los personajes?

A.P.- Toda la historia es ficción pero es verdad que en Olivia he plasmado muchos de mis miedos y de las preguntas que me hago. Tengo en común con Olivia esa sensación de mudarme de ciudad, de echar de menos, de necesitar el mar: también comparto con ella el miedo a la oscuridad. La oscuridad me parece una metáfora del miedo a la incertidumbre, a no saber,...

M.G.- En 1998, Olivia no entiende que su madre sea tan servicial con Roberto, su segunda pareja tras separarse del padre de las niñas. Pero en 2018 Olivia tiene problemas para conciliar trabajo y familia. Muchas veces me pregunto, ¿dónde se supone que está esa liberación de la mujer? Llevamos una familia, trabajamos, compatibilizamos las dos cosas, y nos ponen trabas,... ¿Realmente estamos mejor?

A.P.- Es que la magia que existe entre Olivia y su madre es darse cuenta de que no están tan lejos la una de la otra. Olivia se acerca mucho a lo que era su madre en muchos ámbitos de su vida. Hoy en día hemos avanzado en muchas cosas pero desde luego no en conciliar. La realidad es que puedes pedirte una jornada reducida, lo que implica que cobres menos y que no puedas evolucionar en tu puesto de trabajo. Por lo tanto, implica perder cosas y eso no es conciliar. Así que la mujer se está liberando pero a la vez se nos están echando encima muchas responsabilidades. ¿Dónde está el equilibrio? Se nos exige ser buenas en todo, de ahí las preguntas que figuran en la contra del libro.

M.G.- Alejandra, hay muchísimas referencias musicales en la novela. ¿Son tus referentes? 

A.P.- Algunos sí. Billy Joel es un cantante que tiene mucho recorrido pero yo lo descubrí hace unos años gracias a un amigo. Lo vi en Nueva York, en un concierto, me fascinó y conecté muchísimo con su música. Zahara sí es un referente y en cuanto a Iván Ferrero, bueno no lo escucho mucho pero justo la canción que aparece en la novela era perfecta para una escena por lo mucho que transmite. Me interesaba toda la música de los 90, con Alejandro Sanz y su disco 'Más'. 

M.G.- Pues no te robo más tiempo. Gracias por compartir este momento con nosotros y espero que la novela funcione muy bien.

A.P.- Gracias a ti por leerla. 

Sinopsis:

El mismo día en que le ofrecen uno de los proyectos más importantes de su carrera, Olivia se da cuenta de que está embarazada. Tiene 31 años, una relación aparentemente sólida con Mario y una economía estable, pero nada de eso la convence de que ha llegado su hora de ser madre. ¿En qué consiste ser una mujer independiente? ¿Qué significa ser una buena pareja, buena hija, buena amiga, buena profesional?


Mediante saltos temporales que llevan al lector a la infancia de Olivia, conoceremos a una niña que se vio obligada a luchar por el amor de sus padres divorciados, a crecer antes de tiempo y a proteger la fragilidad de su hermana. Una hija que aborrecía la sumisión de su madre y que luego se hace adulta para arropar las mismas inseguridades que tanto criticaba en el pasado. 

Esta es una novela sobre las tensiones íntimas de una generación marcada tanto por la sociedad desigual en la que creció, como por las exigencias morales del presente. Una historia sensible y difícil, tierna y dolorosa, que basa toda su fuerza narrativa en demostrar que a veces no hay decisiones erradas, solo formas de vivir.

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