Mostrando entradas con la etiqueta Javier Castillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Javier Castillo. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de enero de 2018

EL DÍA QUE SE PERDIÓ EL AMOR de Javier Castillo

 Editorial: Suma de Letras.
 Fecha publicación: enero, 2018.
 Precio: 17,90 €
 Género: Thriller.
 Nº Páginas: 432
 Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
 ISBN: 9788491291732
 [Disponible en eBook;
 puedes empezar a leer aquí]

Autor

Javier Castillo creció en Málaga, se diplomó en empresariales y estudió el máster en Managemenet ESCP Europe en el itinerario Madrid-Shanghái-París. Ha trabajado como consultor de finanzas corporativas. 

El día que se perdió la cordura, su primera novela, lleva vendidos más de 100.000 ejemplares, ha traspasado fronteras –Italia prepara un gran lanzamiento- y se publicará en México y Colombia. 
Asimismo los derechos audiovisuales han sido adquiridos para la producción de la serie de televisión.
Sinopsis


A las doce de la mañana del 14 de diciembre, una joven llena de magulladuras se presenta desnuda en las instalaciones del FBI en Nueva York. El inspector Bowring, jefe de la Unidad de Criminología, intentará descubrir qué esconde una nota amarillenta con el nombre de una mujer que horas después aparece decapitada en un descampado. La investigación lo sumirá de lleno en una trama en la que el destino, el amor y la venganza se entrelazan en una truculenta historia que guarda conexión con la desaparición de una chica varios años antes y cuyo paradero nunca pudo descubrir.

Un año después de los sucesos ocurridos en Boston, Jacob y Amanda intentan comenzar una nueva vida juntos en Nueva York, pero la aparición de una enorme espiral pintada en la pared del salón de su casa dilapidará para siempre sus planes de futuro.
[Información tomada directamente del ejemplar]
 

Javier Castillo está viviendo un sueño. Parece que la vida se le ha puesto de frente y no hace más que saltar de proyecto en proyecto y de éxito en éxito. Debutó en el panorama literario con El día que se perdió la cordura, una novela que ha contado con una legión de lectores, de la que ya se han vendido los derechos para una serie de televisión y que está siendo traducida a varios idiomas. Fue la primera entrega de una historia que el autor había concebido inicialmente como una trilogía pero que, al final, se ha visto reducida a dos volúmenes, tal y como nos explicó en la entrevista que nos concedió (puedes leer aquí). Y es ahora, con la segunda entrega, cuando cierra las vidas de Stevens, Amanda, Jacob, Kate y Carla, atando los cabos que quedaron sueltos en la primera parte y explicándonos el origen de una secta, germen de la historia y culpable de todas las desdichas de sus protagonistas.

El día que se perdió el amor tiene un inicio tan impactante como la anterior novela. Una chica de unos veinte años, desnuda y con mal aspecto, llega a las puertas del FBI en Nueva York. En su mano porta un montón de papelitos amarillos en los que figuran nombres y fechas. Asegura además que puede ver el futuro. El encargado de la investigación será el inspector Bowring, un hombre al que le persigue la sombra de un caso sin revolver, la desaparición de Katelyn Goldman hace siete años, y de la que no se ha vuelto a saber nada. La aparición de esta joven desconocida lo desconcierta durante el interrogatorio, así como el descubrimiento del cadáver de la joven Susan Atkins, ambos hitos serán el detonador de este hilo argumental, que zambullirán al inspector en la investigación más compleja de su carrera. 

Por otra parte, Jacob Frost y Amanda están más felices que nunca aunque parecen estar en constante huída. La pareja de enamorados viven juntos y se están preparando para ir a visitar a Stevens, padre de Amanda, a la cárcel cuando la vida da un giro descomunal. Jacob recibe un mensaje de voz muy perturbador y al mismo tiempo advierte que hay una espiral pintada en la pared de una de las habitaciones de la casa. Intuye que el pasado les ha vuelto a dar caza y todo se complica aún más cuando un tipo encapuchado sale de la nada y ataca a Amanda, hiriéndola de muerte.

Además, sabremos que Carla lleva cinco años viviendo en un monasterio, integrada en una comunidad. Prácticamente la vida que ha conocido es la que ha tenido en el interior de aquellos muros, acompañada por el resto de los miembros de la secta y a cargo de Bella, la fundadora de la congregación. Allí llegó a los 7 años de edad, tras el accidente que sufrió su familia y que la dejó sola en el mundo. Carla parece feliz aunque en su interior algo parece inquietarla, presiente que su vida no es tal y como se la han contado. En una visita a la biblioteca descubre un papel dentro de un libro, en el que hay escrito 'Te quiero'. La curiosa nota la intriga y comienza a indagar por zonas del monasterio que están vetadas a los miembros más jóvenes.

Estos son los tres pilares sobre los que se sustenta el argumento de El día que se perdió el amor. Cada uno de ellos irá avanzando en una dirección, de manera individual, hasta el punto en el que coincidirán en el tiempo y en el espacio. Estamos ante un thriller con un ritmo frenético en muchos capítulos, siendo estos, por regla general, de corta extensión, una estructura que contribuye a dar vertiginosidad a la trama. La historia que se narra en El día que se perdió el amor es una carrera contra el reloj, en la que cada minuto cuenta. El paso de la vida a la muerte, tan presente en esta novela, pende de un hilo en muchos momentos, situaciones en las que los personajes tienen que actuar con rapidez para evitar las terribles consecuencias. 

Uno de los puntos que más valoro cuando me enfrento a una secuela es la habilidad del autor para refrescar la memoria del lector. A menos que hayas leído cada entrega de una saga, una detrás de otra, lo habitual es que transcurran varios meses, incluso años, entre una lectura y otra. Así, puede ocurrir que algunos detalles importantes de la historia puedan llevar a evaporarse en nuestra memoria y resulta imprescindible que en las entregas sucesivas nos resuman lo que ha ocurrido en la anterior. En El día que se perdió el amor, la historia se inicia sin mucha información de refresco y eso puede dificultar un poco seguir el hilo al relato, pero Javier Castillo sabe que es importante y encuentra los momentos oportunos en la narración para ir intercalando pequeños resúmenes de lo que ha ocurrido en el pasado. He de reconocer que lo hace bien, que elige el punto exacto de la trama en la que se hace necesario el recordatorio y así, paso a paso, vamos construyendo en nuestra cabeza el argumento de la novela anterior que encaja perfectamente con el de esta nueva entrega. 

Nos esperan giros sobresalientes y muy inesperados, tanto que en alguna ocasión me reído por lo bien que me la ha jugado el autor. Algunos pasajes están cargados de muchísima tensión que consiguen atraparnos con intensidad. Es cierto que no todo es impredecible en la novela. Al menos, en mi caso, tardé catorce capítulos de los cincuenta y siete, en intuir quién era la chica desnuda que se persona ante las puertas del FBI. Tampoco es extraño pues el autor deja caer algunos detalles que nos pueden ayudar a establecer alguna conexión. Y es justo añadir que hay partes del argumento muy bien pergeñados, donde los personajes reaccionan con habilidad, donde su comportamiento es muy creíble, donde las pequeñas triquiñuelas que se usan en este género no están metidas con calzador.

Por otra parte, los personajes están bien trazados. Concretamente me ha gustado mucho el inspector Bowring, un tipo con una vida anodina, entregado a su trabajo, hastiado y que ha perdido toda la ilusión. Se siente un fracasado y cree haberse fallado a sí mismo, pues el caso sin resolver de Katelyn Goldmann supone para él una tortura, algo con lo que le cuesta vivir. Su faceta profesional se mezcla con algún drama personal de su pasado, un lastre que va arrastrando y que le ha dejado huella. Todo esto lo hace un personaje muy humano, profundamente afectado por los hechos que dan pie a la investigación que dirige, temeroso de las consecuencias, desconfiado y desconcertado.

Y en el otro extremo está Jacob. No se puede obviar que este thriller cuenta con una importante carga de romanticismo, no en balde la palabra 'amor' figura en el título. Su pasión por Amanda es tan intensa que se convierte casi en desquiciada y eso nos conduce a momentos excesivamente almibarados para mi gusto. Amanda es la razón de vivir para Jacob, es su todo, la ama por encima de todas las cosas y está dispuesto a dar su vida por no perderla como ya le ocurrió en el pasado. Toda esta pasión es admirable pero en la novela se desborda sin remedio y convierte a Jacob en un personaje demasiado intenso.

Pero el personaje que más intriga y suspense genera en la novela es la desconocida chica del primer capítulo.  Prácticamente será una importante incógnita a largo del grueso de la novela, lo que fomenta el juego de las adivinanzas en el lector. ¿Quién es esa joven? ¿De dónde sale? Bueno, eso es algo que tendrás que averiguar con la lectura. Solo te diré, que los hechos casan unos con otros y que, al final, lo que es realmente importante en la novela termina por encajar.

El día que se perdió el amor vuelve a desarrollarse en Estados Unidos, más concretamente en Nueva York, Salt Lake y Quebec. Dos de las tres subtramas tienen lugar entre el 14 y el 15 de diciembre mientras que la tercera ocurrirá nueve año antes. De este modo, los hilos temporales se van alternando, y los capítulos, de corta longitud como ya he comentado,  suelen finalizar con el suspense por las nubes. La tensión narrativa no lleva al punto del cliffhanger pero sí cuentan con intriga suficiente como animar al lector a seguir leyendo, avanzando un capítulos más, uno más, uno más,...

De igual modo se alternan también las voces narrativas. Jacob será el único que nos cuenta la historia en primera persona con lo que tendremos su visión más personal de los hechos. El resto de las subtramas será narrado por un narrador en tercera persona. De este modo, la historia adquiere una dimensión muy global.

Con la prevalencia del diálogo sobre la narración, varios hilos argumentales y temporales, personajes bien perfilados, mucha acción y mucha intriga, El día que se perdió el amor es una digna continuación a la anterior novela del autor malagueño, que cierra con éxito una historia que comenzó con un sueño y empezó a nacer en los trayectos de un tren.


 



[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí: 

martes, 16 de enero de 2018

JAVIER CASTILLO: 'Lo que me importa es que la historia enganche al lector y lo entretenga'

Javier Castillo ha llegado para quedarse. En esa dirección apunta los 100.000 ejemplares que ha llegado a vender de su primera novela, El año que se perdió la cordura, con la que debutó en largo recorrido. De igual modo, nos hace pensar lo mismo las presentaciones a las que asiste una multitud de público, ávido por conocer a un joven autor que ha logrado enganchar a los lectores con una historia llena de tensión y misterio. El autor, que acaba de publicar la secuela -El año que se perdió el amor-,  visitó Sevilla para una firma de ejemplares y, contagiados por el entusiasmo de este malagueño que aún no se cree lo que le está pasando, pudimos conversar con él durante unos instantes. 

Marisa G.- Javier, un placer volver a verte.

Javier C.- Lo mismo digo.

M.G.- Nos vimos no hace todavía un año. Vaya trayectoria buena que ha tenido y está teniendo 'El año que se perdió la cordura'. ¿Cómo lo estás viviendo?

J.C.- Pues con muchísima emoción. La verdad, es que no me creo lo que me está pasando. Todas las presentaciones, las firmas de libros, todo está siendo muy emotivo. Es increíble.

M.G.- Y a todo eso se une que se han adquirido los derechos para una serie en televisión.

J.C.- Efectivamente, fue hace un mes. No te imaginas cómo estoy. Fue un proceso de negociación largo entre varias productoras y luego hubo que tratar ciertos detalles como la ambientación que, por supuesto, no puede ser en Estados Unidos. Pero cuando ya se cerró todo y se firmó, me quedé como flotanto. ¿Esto realmente me está pasando a mí? ¿De verdad van a ser una serie de televisión de una historia que yo he escrito en el tren? No me lo creo.

M.G.- ¿Pero el proyecto llegará a buen puerto? A veces se adquieren los derechos pero la serie no prospera. Esperemos que no sea tu caso porque tengo curiosidad por ver la historia en televisión.

J.C.- Bueno, de momento estamos en el paso inicial pero tiene muy buena pinta porque es una productora muy, muy, muy importante.

M.G.- Ah, estupendo. Y para rematar la faena la novela se está traduciendo a varios idiomas.

J.C.- Al italiano, turco, japonés,... Está siendo...

M.G.- Un pelotazo, vamos...

J.C.- ¡En toda regla! (Risas)

M.G.- No me extraña que hayas tenido que dejar tu anterior trabajo.

J.C.- Sí, lo he tenido que hacer porque era todo muy complicado. Quiero disfrutar de todo lo que me está pasando y con el trabajo era difícil. Si me llegaba una buena noticia de la editorial no podía disfrutarla porque estaba absorbido por el trabajo. Esto es algo que ocurre no ya una vez en la vida sino en cincuenta vidas y he apostado por mi pasión, por lo que realmente quiero desde que tenía catorce años.

M.G.- Entonces esta novela no ha visto el tren, ¿no?

J.C.- Esta novela ha visto el tren en el último párrafo.

M.G.- ¿En serio? (Risas)

J.C.- Sí, sí. Dejé el último párrafo para escribirlo en el tren, sabiendo lo que iba a escribir. Llegué a la estación, cogí el cercanías, me monté, lo escribí y me bajé. Sé que suena ridículo pero lo hice por cariño.

M.G.- (Risas) Suena divertido. Bueno, en nuestro anterior encuentro me dijiste que esta novela ya la tenías escrita. Entiendo que la historia la concebiste para que tuviera dos partes desde el principio.

J.C.- Sí, pero en realidad iban a ser tres partes solo que he querido reunificar las tramas del segundo y del tercero en un único libro porque quería cerrar la historia con un ritmo que me convenciera. La segunda parte no me terminaba de convencer en cuanto a ritmo. Además quería ser honesto porque no se trata de vender más al tener una trilogía, lo que me importa es que la historia enganche al lector y lo entretenga. Era una cuestión de honestidad y de estar convencido con lo que publicaba.

M.G.- Pues no sabes lo que te lo agradezco. Como lectora no soy muy partidaria de las trilogías porque me da rabia estar esperando la publicación de cada libro para llegar al final de la historia.

J.C.- A mí me pasa igual. Da rabia tener que esperar y como no me parecía justo decidí hacerlo así.

M.G.- Javier, cuando estamos en una saga debe resultar muy complicado refrescar la memoria del lector, hacerle rememorar esos detalles que se le pueden haber olvidado por el paso del tiempo y que son importantes para la resolución. ¿Cómo lo has hecho tú?

J.C.- He intentado ir contando fragmentos del libro anterior en momentos muy claves de la trama. Pensé que era mejor hacerlo así antes de ponerme a hacer un resumen al inicio de esta novela del tipo 'En el capítulo anterior,...' (Risas)

M.G.- Entiendo, pero no debe ser fácil elegir esos momentos. 

J.C.- A veces sale de manera natural, aunque te parezca que nunca va a aparecer esa escena que te permita introducir algún recordatorio de la trama anterior.

M.G.- Te confieso que esto es algo que me preocupa en una saga porque, con tantas lecturas, a mí se me van olvidando detalles. En el caso de tu novela creo que lo has hecho bastante bien. En algún momento el lector se puede sentir ligeramente desorientado pero le vas recordando los hechos y vamos atando cabos de tal modo que todo cuadra.

J.C.- Sí, hay que ir leyendo para entender toda la historia.

M.G.- ¿Y por qué inicias esta novela con una escena que se parece muchísimo a la que encontramos al principio de la anterior?

J.C.- Quería hacer un guiño a la anterior. Me interesaba que el lector asociara los dos libros no solo por el título sino que además entendiera que estas son las dos novelas de Javier Castillo y ambas forman un dúo, la cordura y el amor. El inicio de las dos novelas es muy parecido, en la primera aparece un hombre desnudo con una cabeza entre sus manos, y en la segunda es una mujer desnuda la que inicia la historia con un montón de papelitos amarillos en su mano en el que figuran nombres escritos. A partir de ahí los libros son distintos pero comparten el ritmo, el estilo,...

M.G.- Uno de los grandes misterios de esta historia es esa especie de secta que va asesinando a una serie de personas que son potencialmente peligrosas para la humanidad. En la anterior apenas nos dabas información sobre esa comunidad, algo que resuelves en esta entrega.

J.C.- En esta se cuenta todo, sí. Se cuenta el porqué de esa secta, cómo empezó, cómo evolucionó, quién la lidera o por qué uno de los personajes cambia radicalmente. Ese personaje es muy interesante porque vive una situación complicada. Le han contado una historia que cree como cierta pero también tiene el recuerdo de una familia, el amor que sentía por ellos.

M.G.- ¿Pero todo ese pasado de la secta ya lo tenías pensado o has tenido que inventarlo ahora para esta novela?

J.C.- Lo tenía ya pensado, así que esa parte fue fácil.




M.G.- Aunque tendemos a catalogar tus novelas como 'thrillers', tú insistes mucho en que son historias de amor y efectivamente la fuerza del amor, su potencia, es algo que se percibe con mucha nitidez en esta entrega. Tiene muchos tintes románticos.

J.C.- Sí, pero vas a encontrar muchos tipos de amor y no solo el amor de pareja. He querido resaltar el amor a la familia, sobre todo, el que tiene un padre por sus hijas, de una hija por sus padres,... aunque claro, también está el amor de pareja. 

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...