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miércoles, 7 de febrero de 2024

CHINAS (DRAMA - 2023)

Año: 2023

Nacionalidad: España

Director: Arantxa Echevarria

Reparto: Daniela Shiman Yang, Xinyi Ye, Ella Qiu, Pablo Molinero, Leonor Watling, Carolina Yuste,...

Género: Drama

Sinopsis: En un colegio coinciden al comienzo de curso dos niñas chinas de 9 años. Todo el mundo da por hecho que se harán amigas, pero absolutamente nada las une. Lucía es segunda generación de inmigrantes. Se siente absolutamente española y solo piensa en integrarse con el resto de sus amigas del colegio. Desearía tener unos padres “normales” como el resto de sus amigas, pero los suyos le avergüenzan constantemente porque no hablan español, trabajan más de 14 horas en el bazar y ni siquiera le permiten celebrar su cumpleaños en el Burger King. La otra niña es Xiang. Es adoptada y con su rostro delata allá donde va que no es hija de sus padres. Donde va con sus padres españoles, llama la atención. Xiang se pregunta por su familia biológica; ni se siente china ni se siente aceptada ante los demás niños en el colegio. Las dos niñas se cruzarán, separarán y acabarán siendo vitales la una para la otra en la búsqueda de su identidad.

[Fuente: Filmaffinity]

Hoy día, en España, es más que habitual ver a personas de otros países. Y no me refiero a aquellos que vienen de viaje, a hacer turismo, sino a comunidades de otras etnias que se han asentado aquí, que viven y trabajan aquí. He leído que el movimiento migratorio de origen chino se inicia a principios del siglo XX, más concretamente a partir de los años 60, alcanzando un nivel más notorio en la década de los 80, que trajo consigo la proliferación de restaurantes y, más tarde, las famosas tiendas de «Todo a Cien», o lo que hoy conocemos como bazares, donde se vende absolutamente de todo. Atrás quedaron esos primeros establecimientos en los que se vendían curiosos artículos de origen asiático, objetos decorativos que denotaban su procedencia. Hoy es muy difícil no encontrar lo que buscas o necesitas en un bazar chino. Y mucho más difícil si nos adentramos en los macro-almacenes que se sitúan en los polígonos industriales. Así que, estamos más que acostumbrados a convivir con gente asiática pero, ¿qué sabemos de ellos? Seguro que cerca de tu casa hay uno o dos bazares chinos, regentados por familias. Abren un montón de horas al día, todos los días de la semana, y rara vez cogen vacaciones. Que cierre un chino es mal síntoma para la economía. Sabemos que están ahí por si, en algún momento, necesitas algo con urgencia, y todos acudimos a ellos con frecuencia. Lo de «voy al chino» se ha convertido en una frase común entre nosotros. Pero párate un momento a pensar. ¿Tú has visto el bazar chino de tu casa cerrado alguna vez un domingo? ¿Has visto a alguna familia china, que viva y trabaje en España, tomando una cerveza en una terraza? ¿Los has visto en el cine? ¿En el teatro? Ya te digo, no me refiero a la población asiática que viene de turismo, sino a los que viven aquí. Yo, desde luego, a María (así la llamamos) que trabaja en mi tienda china, no la he visto nunca más allá de ese mostrador en el que cobra lo que vende. Siempre está allí, al pie del cañón. Ella, su marido, y sus hijos. Es más, tiene contratada a una chica española. 

Pues bien, movida por la curiosidad de saber más sobre mis vecinos chinos y también por la reseña que leí en Cine y críticas marcianas, me senté estos días atrás a ver Chinas. ¿Qué nos cuenta este largometraje?

La cineasta Arantxa Echevarría, ganadora de dos Goya por Carmen y Lola, vuelve a poner la mirada en esos colectivos marginales y nos trae una película que nos va a permitir acercarnos a dos realidades distintas, que afectan a la comunidad china. Por un lado, conoceremos al matrimonio formado por Sol y Julián. Ellos, como otras muchas parejas españolas, han adoptado a una niña china de nombre Xiang. No sabremos cuándo se produjo la adopción, ni en qué condiciones. A la vida de esta familia llegaremos cuando la pareja decide cambiar a la niña de centro escolar, por problemas de integración.

Por otro lado, Echevarría nos acerca al día a día de una familia china que regenta un bazar en un barrio muy humilde de Madrid. Feng y Shui tienen dos hijas: Rou, es una adolescente que reniega de su nombre y desea llamarse Claudia; y Yun, a la que conocemos como Lucía, una niña pizpireta y simpática, muy integrada en su colegio, que pasa la mayor parte del tiempo con su amiga Susana, una niña española rubia de cara angelical; y que, si vive en España, no entiende por qué no puede adoptar las costumbres de este país.

Xiang es hija única y tiene la suerte de tener unos padres con una economía holgada. Viven en una casa grande, bonita y luminosa. Sus padres la están criando según el estilo de vida occidental y, aunque a la pequeña no le falta de nada, parece que no es feliz. Xiang se siente diferente al resto. Incluso su nombre le parece un lastre. Sus padres son españoles pero ¿ella qué es? Hay una secuencia tensa en la que la misma niña volverá la espalda a su origen, como si no se sintiera identificada con lo que tiene delante. Radica ahí un problema de desorientación, de falta de identidad personal, que provoca un oscuro pozo en el interior de la pequeña. 

Lucía será la otra gran protagonista. Al contrario que Xiang, ella vive en una casa pequeña y oscura. Comparte habitación con su hermana Claudia, y pasa muchas horas en la tienda de sus padres, donde ayuda y hace los deberes, al mismo tiempo. Feng y Shui no conocen otra vida que no sea el trabajo. La familia mantiene las costumbres chinas, están muy apegados a su cultura y tradiciones, y pretenden inculcar su forma de vivir a unas hijas que están creciendo en un entorno muy distinto al que tendrían si vivieran en China. ¿Cómo se gestiona eso?  

De manera colateral, Claudia, la hermana mayor de Lucía, también tendrá su parcela de protagonismo. A los problemas de su hermana pequeña (eso de ser chino en España), se unen también los propios de la adolescencia. Claudia es joven y quiere divertirse con sus amigos pero lo tiene complicado. Por eso recurrirá a lo que recurren o recurrimos todos los que tuvimos su edad, a buscar la manera de salirnos con la nuestra sin que los padres se enteren. El problema está en que los padres, y los abuelos de Claudia, tienen unos planes para la joven que, obviamente a día de hoy, no encajan en la tradición occidental. 

Chinas irá explorando la realidad de estas dos familias que, a pesar de venir de un estrato social muy distinto, casi comparten los mismos problemas -el choque cultural de sus hijos-. A todo esto, el racismo mostrará también su peor cara y también el entorno en el que se mueven cierto segmento de la población juvenil.

Qué me ha gustado de esta película y qué no me convenció

Al margen de que Chinas nos deja ver un trocito de vidas de unos vecinos a los que conocemos poco, a mí me han gustado mucho los contrastes que nos presenta su directora. Y no me refiero solamente a las diferencias entre asiáticos y españoles, sino a lo distinto que puede ser tu vida, dependiendo de dónde te coloque la suerte y el destino. Xiang y Lucía son dos niñas asiáticas, proceden del mismo lugar y, sin embargo, sus vidas no pueden ser más diferentes. Eso no quiere decir que una sea más feliz que la otra porque, más allá de problemas puntuales, y por paradójico que parezca, Lucía, la que tiene menos, es la que parecer ser más feliz que Xiang.

El otro contraste pivota sobre el problema generacional. No es lo mismo ser un chino, nacido en China, y residente en España, que ser un chino que ha nacido y reside aquí. Los puntos de vista son totalmente opuestos. Mientras que Feng y Shui se dedican únicamente a trabajar, recluidos en su pequeña burbuja, sin relacionarse prácticamente con nadie, más allá de los clientes de la tienda, y sin haberse molestado en aprender español, sus hijos -Claudia y Lucía-, dominan el idioma perfectamente, conocen las costumbres españolas, las aceptan (o eso quieren) como suyas y se relacionan sin ningún tipo de problemas con otros españoles, o con personas de otros países. Es cierto que, el hecho de ser de otra etnia acarrea alguna broma de mal gusto, pero saben convivir con ello, quieren integrarse, formar parte de la misma sociedad que el resto de las personas que los rodean. ¿Cómo van a mantener unas costumbres que, aunque son respetables, no dejan de ser ya obsoletas y fuera de lugar en el país que viven? Eso provoca una brecha entre padres e hijos y, si lo piensas, ambos tienen razón. Los padres de Lucia dejaron su país atrás para labrarse un futuro y trabajan duro para darles a sus hijas educación y alimento. Pero sus raíces no están en España, sino en China. Llegaron a este país cargados con una mochila llena hasta arriba de las particularidades de su propia cultura. Ellos quieren transmitir su legado, que sus hijas no olviden de dónde vienen. Sin embargo, también tienen razón las niñas, que han nacido en este país y forman parte de él. Para ellas, China queda muy lejos. En fin, es algo complicado.

También me ha gustado el retrato multicultural que muestra la película. Cómo, en un espacio pequeño, conviven jóvenes de diferente raza. Se relacionan y salen de copas. No hay ningún problema en sus relaciones. Eso sí, en ese entorno, veremos a la mujer ejerciendo un papel denigrante, y más si eres de otro país. La integración y el ser aceptada puede acarrear un elevado coste. Al mismo tiempo, señalo el dibujo que se hace de la vida en los barrios más periféricos de las grandes ciudades, un reducto que para muchos queda muy lejos, casi como si no existiera.

Chinas es una película que me ha producido mucha ternura. Tiene momentos complicados, porque los hijos y los padres vivirán situaciones que no son agradables y sentirán en su propia piel lo que es la decepción, el rechazo, o la frustración, pero también hay otros divertidos. Los ojitos con los que Susana ve todo lo que es habitual en Lucía y su mundo te arranca una dulce sonrisa. Las conversaciones entre ellas están llenas de inocencia. Y los sueños de Lucía son tan pequeñitos que es inevitable que te robe el corazón.  

Ahora bien, desconozco la labor de documentación que habrá hecho Echevarría, para encarar esta película. Hablo desde la más absoluta de las ignorancias, pero debo decir que, en algún momento, el desarrollo de los hechos me ha parecido algo exagerado. Alguna secuencia nos muestra el desprecio y el racismo llevado a un cierto extremo. Lamentablemente, gente que odia a los que no tienen su color de piel hay muchísimas, pero me parece que ese racismo está más dirigido a otras culturas. Me refiero, principalmente a árabes y africanos. No percibo tanto racismo contra los asiáticos como contra las personas de piel más oscura. Lo mismo estoy equivocada pero es la percepción que tengo y por eso, algunas escenas me han parecido algo exageradas. 

Por anotar otra cuestión que no me ha convencido, debo mencionar el desenlace. Me ha resultado abrupto, precipitado, y demasiado abierto. Máxime teniendo en cuenta que el metraje alcanza casi las dos horas.

Interpretación y reparto

Estamos ante una película en la que se pone el centro de atención sobre los niños. Y en Chinas brilla una sonrisa por encima de todas las demás. Lucía te va a conquistar con su luz. Es una niña que vive donde le ha tocado vivir y que sueña con ser igual que el resto de sus compañeros de clase. Por eso tratará de llevar a cabo un plan, lleno de inocencia e ingenuidad, movida únicamente por el deseo de sentirse otra niña más. Interpretado por Shiman Yang, su trabajo está lleno de naturalidad y espontaneidad. Diría lo mismo de su amiga Susana (Valeria Fernández). Las niñas no interpretan. Ellas simplemente juegan.

Hay que nombrar también el papel de Shui, la madre de Lucía, a la que el guion le tiene reservadas unas cuantas escenas importantes. A mí me ha gustado mucho cómo la actriz Yeju Ji refleja la tristeza, la impotencia, o el desconcierto, a la hora de cuidar a sus hijas y tratar de retenerlas dentro de la cultura asiática.

El reparto cuenta con dos nombres muy conocidos. Por un lado, el de Leonor Watling, que se meterá en el papel de Sol, la madre de Xiang. Vamos a ver a una mujer que lo pasa mal. A las dificultades propias de ser madre y velar por la vida de un niño, se une que ese niño, además, no es biológico. Y por rizar más el rizo, ni siquiera es occidental. Sol naufraga en un mar de dudas. Quiere hacer lo mejor para su hija pero, a veces, se encuentra con un muro frío y desangelado. ¿Cómo ve Xiang a Sol? El trabajo de Watling, como me suele ocurrir cuando la veo en pantalla, no me llena. 

El otro nombre conocido es el de Carolina Yuste, una cara que cada vez vemos más en la gran pantalla. Yuste se mete en el papel de Amaya, una vecina que tiene una estrecha vinculación con Lucía. Amaya trata de mediar en favor de la niña, pero los padres de Lucía son muy estrictos. Su papel es meramente anecdótico.


En definitiva, poco más os puedo contar. Si me preguntáis si merece la pena ver Chinas, mi respuesta será sí. Es una aproximación interesante a una cultura distinta a la nuestra, y a una problemática que, aunque nos queda cerca porque todos conocemos a personas chinas, a la vez nos queda lejísimo. Siempre es interesante saber más, y conocer mejor a las personas con las que tratamos con frecuencia. 

La he visto en Orange TV





Tráiler:


miércoles, 16 de enero de 2019

CARMEN Y LOLA (DRAMA -2018)

Año: 2018

Nacionalidad: Española

Director: Arantxa Echevarría.

Reparto: Zaira Morales, Rosy Rodríguez, Moreno Borja, Carolina Yuste, Rafaela León.

Género: Drama.

Sinopsis: Carmen es una adolescente gitana que vive en el extrarradio de Madrid. Como cualquier otra gitana, está destinada a vivir una vida que se repite generación tras generación: casarse y criar a tantos niños como sea posible. Pero un día conoce a Lola, una gitana poco común que sueña con ir a la universidad, dibuja graffitis de pájaros y es diferente. Carmen desarrolla rápidamente una complicidad con Lola, y ambas tratarán de llevar hacia adelante su romance, a pesar de los inconvenientes y discriminaciones sociales a las que tienen que verse sometidas por su familia.

[Fuente: Filmaffinity]



Los Goya honran a la etnia gitana en esta edición. Carmen y Lola junto a Entre dos aguas nos cuentan la vida de jóvenes gitanos. Y es que lo gitano está de moda, o al menos, despierta mucha curiosidad con sus costumbres tan arraigadas, con sus tradiciones y su forma de pensar que, si bien es cierto que ha quedado un tanto obsoleta para los tiempos que corren, ellos siguen fiel a su cultura. Son muchos los programas de televisión que se empeñan en enseñarnos su forma de vivir, aunque en algunos casos tengo la impresión que lo único que pretenden es ridiculizarlos, todo lo contrario a las muchas asociaciones que se dispersan por España, cuyo objetivo es proteger y preservar esta cultura, mostrar sus raíces más ancestrales y fomentar la integración. Y en este sentido se mueve el trabajo de la cineasta Arantxa Echevarría, que debuta en los largos con Carmen y Lola.

'¡Qué guapa está esa novia, olé, olé, olé... ! (Ponedle música aflamencada y algunas palmas) porque esto es lo primero que oiréis cuando el largometraje comienza a rodar dando paso a una imagen que os va a impactar. Veremos a una joven hermosa, Carmen, ataviada con un traje de novia lleno de encajes y pedrería, una corona enorme y unos pendientes infinitos. No parece muy feliz. No, en ese momento. Pero Carmen es una gitana de las de toda la vida, muy tradicional, que sigue sin rechistar los dictámenes de su padre. Una buena gitana se educa para casarse pronto con un gitano bueno, cuidar de la casa, de su marido y todas las criaturas que vengan, que ojalá sean muchas. Y en esas está Carmen, comprometida con Rafa con quien contraerá matrimonio en breve cuando solo tiene 17 años. Pero en su camino se cruza Lola, la prima de Rafa, otra gitana guapa, algo más joven, grafitera pero también más tímida e introvertida y es que Lola es diferente. Eso dicen en el barrio. Bueno, en el barrio dicen que es rarita. A ella le da igual. Su sueño es terminar sus estudios y convertirse en maestra. Ni loca quiere oír hablar de novio, aunque su madre no hace más que insistirle para que deje los estudios un poco apartados, para que se arregle, para que se maquille un poco y se deje ronear por los gitanos solteros que asisten al culto. Pero nada de eso interesa a Lola. Pronto sabremos qué le ocurre. Bastará con que entre a escondidas en un ciber, se siente delante de un ordenador y teclee las palabras 'lesbianas en Madrid'. Pues sí, Lola es lesbiana. Una deshonra para su familia. Un castigo divino. Una enfermedad a erradicar. Una conducta aberrante. Todo eso tendrá que oír. 

Arantxa Echevarría ajusta el guion para una presentación de ambas jóvenes, de ambas familias sin alargarse en exceso. Y cuando ya están las bases asentadas, da el golpe maestro, teje un encuentro fortuito entre Carmen y Lola, y habrá un cruce de miradas y una caricia inocente. El drama está servido porque Lola se enamora de Carmen. Dos mujeres. Bueno, ¿y qué pasa? Dos mujeres gitanas. ¡Ah, acabáramos! Lo que pasará después lo dejo en el aire pero os adelanto que el largometraje transita por un camino de dudas, de rechazo, de reconciliación con uno mismo y de actos valientes porque, sin duda, Carmen y Lola son dos mujeres valientes, dos mujeres de las que aprender y sobre todo, dos mujeres libres. 

Sinceramente no apostaba mucho por este largometraje. Me interesa muchísimo la cultura gitana, me llama la atención su forma de vivir, la unión familiar tan poderosa, la vida tan limitada de las mujeres, el destino tan predeterminado pero temía encontrarme con algo que ya conocía, que ya había visto demasiadas veces, un cúmulo de tópicos. Pues no. La temática no puede ser más original. Jamás se me había pasado por la cabeza la homosexualidad femenina entre los gitanos, porque entre los hombres, algún caso he conocido pero una mujer gitana, una de esas mujeres criadas como lo ha sido Carmen, con un destino tan perfectamente dibujado, eso jamás me lo había planteado. Y en este sentido Carmen y Lola me ha parecido brillante y no solo eso sino también educada y respetuosa con el tema y la etnia. La película está rodada con mucha ternura, con mimo, con cuidado para mostrarnos no solo los prejuicios que seguimos teniendo contra los gitanos, sino también, y lo más importante, lo difícil que lo tiene una joven gitana cuando descubre que le gustan las mujeres. ¿Qué puede hacer en ese caso? ¿Qué salidas le quedan? Pocas y todas muy complicadas. Las veremos en este largometraje.  

Carmen y Lola es pura verdad. No dudas ni un solo instante de la veracidad de los hechos. Estamos ante una película que nos habla de los gitanos más gitanos, de esos que siguen vendiendo su género en los mercadillos, de esos que apenas tienen estudios y tampoco quieren escolarizar a los hijos porque en el instituto solo hay drogas, alcohol y violadores, le dirá Paco, el padre de Lola a su mujer Flor, nos hablará también del 'pedío' o lo que es lo mismo de la pedida de mano. Todo un acto investido de rigor y formalismo en el que el padre del novio se acerca a la casa de la novia, habla con su futuro consuegro y acuerdan el desposorio. Al minuto siguiente celebran una gran fiesta en la que todos están invitados, con un despliegue de bebidas y comidas, muy caseras y simples, pero ahí nadie se queda con hambre ni con sed. Si hay que endeudarse, se endeuda uno porque, no todos los días se casa un hijo. Esto es así y punto. Carmen y Lola nos hablará de la forma de vivir de estos hombres y mujeres que trabajan vendiendo sus frutas, sus antigüedades,... que no quieren más que poder ganar para vivir, que crían a sus hijos siguiendo unas líneas muy concretas y que jamás se alejan de su Dios, al que invocan en comunidad con grandes exclamaciones y al que rezan con fervor. 

'¡Flor, por mi raza que te estallo! ¡Vuélvete muda!', le dirá Paco a su mujer Flor en un ataque de ira. Será una de las muchas expresiones que oiremos en los diálogos, en los momentos más tensos, expresiones sacadas del día a día y que vienen acompañados por unas interpretaciones ante las que me quito el sombrero. Desconozco si alguno de los personajes principales tiene trayectoria interpretativa o cinematográfica, por lo que he leído creo que no, pero a mí me han dejado de piedra en algunas escenas. Paco (Moreno Borja) tiene una fuerza descomunal en los momentos más complicados, tanta que deja al espectador clavado en su asiento sin moverse un ápice. Por su parte, Flor (Rafaela León) posee el papel de mediadora, más suave, más conciliadora y quizá por eso su interpretación me resulta más floja, menos verosímil pero solo hasta el momento en el que estalla la tormenta. Justo cuando conozca la verdad que oculta su hija, Flor estalla como un vendaval y entonces es fácil creérsela porque la vemos rota por dentro, pero rota de verdad. Y luego tendremos a la pareja, a Carmen (Rosy Rodríguez) a la que veo más forzada, algo más eclipsada por una Lola (Zaira Romero) que te roba el alma, con sus ojos tristes y melancólicos, con su identidad oculta a los demás, que sufre, llora y se hunde pero tiene las ideas tan claras... 

'Las gitanas por no tener, no tienen ni sueños', dice nuestra Lola. Debe ser verdad pero para eso hay películas como Carmen y Lola que muestran al espectador no solo lo manido de la etnia gitana sino todo eso de lo que no se habla, que hay que ocultar y que solo se puede combatir con valentía. Lola y Carmen sueñan, sueñan con vivir junto al mar, juntas. Dejo en el aire si lo conseguirán o no, pero al menos habría que intentarlo, ¿no?

Por cierto, no he mencionado el desenlace. No esperéis una historia con un cierre sólido y compacto. No cabe en una película como esta y que aborda una temática como esta. No puede ser. La escena final nos dejará con la esperanza de ver un día por la calle a una Carmen y a una Lola sumamente feliz. Ojalá. 

En definitiva, me ha gustado mucho esta película. Quizá los minutos previos a la explosión dramática se ralentiza un poco, y eso le resta algún punto, pero el tsunami que nos espera bien merece la pena. Sí, me ha gustado la historia, la dirección, la interpretación y hasta algunos temas de la banda sonora, como ese ¡Hiere! que Lola canta con su coro en el culto. 

Yo que tú no me la perdería. Está nominada como Mejor Película, como Mejor Dirección Novel, Mejor Actor Revelación (Moreno Borja) y Mejor Actriz Revelación (Rosy Rodríguez y Zaira Romero), entre otros... Espero que se reconozca lo que hay que reconocer.   




Trailer:


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