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martes, 19 de septiembre de 2023

SANDRA AZA: ❝Siempre quise escribir un thriller histórico sobre Madrid en el siglo XVII y la Inquisición❞

Sandra Aza es un nombre conocido por muchos lectores. Basta con hacer una búsqueda por Internet para comprobar que su primera novela, Libelo de sangre, ha sido leída por no pocas personas. Y no solo eso, sino que fue una obra elogiada y recomendada. Si he de ser sincera, el nombre de Sandra Aza no me sonaba más allá de ver algún comentario en Twitter, así que, cuando me propusieron conversar con ella, me puse las pilas, y traté de averiguar quién era realmente la persona que se escondía tras una novela que había cosechado tan buenas opiniones. Primero, indagué sobre la autora y descubrí que Sandra es una mujer madrileña, abogada de profesión, a la que los procesos judiciales y los juicios le quitaban demasiado tiempo para lo que era verdaderamente su pasión, la escritura. Así que, colgó la toga y opositó, para tener un trabajo que no le robara tanto tiempo y, de este modo, poder encontrar la manera de compaginar laboro y escritura. 

Y sobre la novela, comencé a leerla, no sin antes informarme sobre su trama. En primer lugar, leí que este título había sido publicado en 2020 por otro sello editorial, distinto al que lo distribuye ahora -Planeta-. No me pareció extraño. Cuando una novela tiene éxito, en ocasiones es rescatada por otra editorial y la obra vive una especie de resurrección. Libelo de sangre traslada al lector al Siglo de Oro, concretamente a 1620. En el Madrid del siglo XVII, donde el oropel convive con la miseria más absoluta, Sebastián Castro y su esposa son acusados falsamente de sacrificar a menores cristianos para llevar a cabo rituales. La Inquisición toma cartas en el asunto y de la persecución y apresamiento consigue librarse Alonso, el hijo mayor del matrimonio. Con la ayuda de dos pícaros, el muchacho tratará de liberar a sus padres y eximirlos de toda culpabilidad.

Sandra Aza visitó Sevilla la semana pasada y tuve la oportunidad de sentarme a conversar con ella. Ahí va nuestra conversación.

Marisa G.- Sandra, un placer conocerte y un placer tenerte aquí en Sevilla, con este novelón que has escrito y que se llama Libelo de sangre. Empezamos esta entrevista con dos preguntas. Por un lado, entiendo que esta es tu primera novela. Y, por otro,  creo que Libelo de sangre se publicó en 2020 y ahora la rescata la editorial Planeta. ¿Es así?

Sandra A.- Sí. Bueno, lo que pasa es que es una reedición y claro, como la he escrito de arriba a abajo, pues la verdad es que es un libro nuevo. Se puede considerar un libro nuevo, vamos.

M.G.- Eso te iba a preguntar, si habías modificado mucho la historia de 2020 o no. ¿Mismo título pero una historia diferente?

S.A.- A ver, la trama argumental es un poco igual pero, vamos, está reescrito de arriba a abajo, realmente.

M.G.- Y tú, ¿por qué te sientas a escribir? Esa inquietud por escribir, ¿de dónde viene?

S.A.- Creo que desde siempre. He escrito desde que tengo uso de razón. Hay personas que dibujan, pero mi manera de pasármelo bien era escribir. 

Siempre tuve en la cabeza la idea de escribir un thriller histórico sobre Madrid en el siglo XVII y la Inquisición. Son dos temas que me gustan muchísimo. Madrid en el Siglo de Oro y la Inquisición. Pero claro, ejerciendo la abogacía era muy difícil porque la abogacía y la literatura son incompatibles. Las dos necesitan muchísima dedicación y ninguna de las dos tiene horario. Era prácticamente imposible ponerme a escribir. Y digamos que la historia estaba dentro de mí, y fue creciendo y creciendo, hasta que llegó un momento en el que no me dejaba en paz. Era como, no quiero dejar mi profesión, no quiero dejar mi vida, porque estoy muy a gusto, me encanta la abogacía, y no quería meterme en una aventura como esta porque yo no sabía lo que era. Me lo imaginaba. Pero incluso lo que me imaginaba que es no lo es porque esto requiere un sacrificio y una dedicación absoluta. Sin embargo, el sueño de escribir una novela pudo más que todo lo demás. Al final, me obligó a aparcar mi vida para darle vida a ella.

M.G.- Fue una decisión muy valiente porque nunca se sabe cómo va a funcionar una novela.

S.A.- Claro, fue un salto al vacío. Lo que pasa es que, al plantearme dejar la abogacía, me tenía que buscar otra cosa porque las facturas me iban a seguir llegando y tenía que seguir pagando la hipoteca. Entonces, me saqué unas oposiciones y ya, con un horario un poco más definido, pude compaginar el trabajo y la escritura. 

M.G.- Llama la atención que, siendo tu primera novela, que para escribirla has dejado tu trabajo y has opositado, no te aventuras con una historia sencilla y breve, sino que te metes en un relato de casi novecientas páginas, y con todo lo que ocurre dentro de la novela. 

S.A.- Sí, sí, ya te digo. Es que la novela estaba dentro de mí. Simplemente fue un embarazo. Se fue gestando, creciendo, y cuando ya estuvo formada dentro de mí, entonces fue cuando empezaron las contracciones. Fue como un parto pero además, el parto de la elefanta porque tardé un montón de tiempo. Al principio, solo tenía el germen en la cabeza pero esto empezó a crecer, a crecer, a crecer. Y seguía escribiendo, seguía mi instinto, me iban surgiendo tramas,... Al final, la historia fue conectando ella sola porque yo iba escribiendo y me preguntaba de vez en cuando cómo iban a engarzar todas esas tramas con el germen inicial de la novela, pero un buen día ocurrió la magia. De repente, ¡pum!, todo conectó, todo encajó y todos los personajes encontraron su lugar en el puzle. Pero vamos, al principio no tenía ni idea de que iba a ser así de gorda. Pido disculpas al lector.

M.G.- No, no, no te disculpes.

Bueno, esta novela se titula Libelo de sangre, algo que la mayoría desconocemos qué es. ¿Qué es un libelo de sangre, Sandra?

S.A.- Los libelos de sangre eran acusaciones falsas. Se culpaba a los judíos de secuestrar niños cristianos para torturarlos, crucificarlos, y después coger su sangre y utilizarla en rituales oscuros. Esto ocurría realmente así. Se han sucedido en España y en toda Europa, desde tiempos inmemoriales.

M.G.- Cuéntamos que va a encontrar el lector en la novela

S.A.- Lo que el lector va a encontrar en la novela es un doble crimen ritual. Encuentran a una doncella violada hasta la muerte y a un muchacho, al que le han extirpado el corazón. Nadie duda de que se trata de un crimen ritual y el pánico se extiende por la Villa porque claro, que una mujer haya sido violada, pues no pasa nada, pero que a un muchacho le hayan extirpado el corazón, esto ya tiene visos de herejía y no gusta nada. 

A partir de ahí, las elucubraciones empezarán a correr en los mentideros y pronto surge un libelo de sangre contra un escribano de la Villa, Sebastián Castro y su mujer. Cuando la larga sombra de la Inquisición, que será la encargada de investigar lo sucedido, cae sobre ellos, Alonso, el hijo mayor del matrimonio, conseguirá escapar. Este muchacho de trece años será el verdadero protagonista de la novela y tratará de buscar la manera de rescatar a sus padres. Eso lo obliga a meterse en los bajos fondos de un Madrid desconocido para él porque, hasta ahora, ha vivido entre algodones. Pero ese Madrid es muy duro y sórdido, muy peligroso, del que él lo desconoce todo. Contará con la ayuda de dos pícaros indigentes, que se las saben todas en ese mundillo. Ellos representan la nobleza, el símbolo de la amistad. No tienen nada que ofrecerle, salvo la amistad. Con Alonso correrán toda una aventura, y ellos le ayudarán a mantenerse en pie, y a seguir adelante con su único objetivo, el de rescatar a sus padres. 



[Si quieres oír nuestra conversación, dale al play]


M.G.- Y en ese proceso de rescatar a sus padres, no sé si lo podemos desvelar, tú ya me lo dices, Alonso quiere estudiar. Cuéntamos un poco qué es lo que pretende este joven.

S.A.- Para rescatar a sus padres busca todos los medios para hacerlo. Él descubrirá que las cosas en la vida no son tan fáciles, que cuestan mucho, que se necesita mucho más que buena voluntad para conseguir las cosas y que es mucho más fácil que se dé la injusticia que la justicia. Y al ver las grandes injusticias que hay entre ellos, con la acusación de sus propios padres que son inocentes, le surge la vocación de defender, honrar y servir a la justicia.

M.G.- Y como este personaje va a ejercer la profesión a la que tú has estado vinculada mucho tiempo, no sé si a Alonso le has prestado cosas de tu personalidad, a la hora de encarar un proceso.

S.A.- Bueno, no lo sé. Creo que todos los personajes tiene un poco parte de mí, incluido los malos malísimos. Han nacido todos de mí, con lo cual, todos tienen algo de mí. Los malos, también. Mi gente me decía que era una sádica por las cosas que se me ocurrían. No sé, creo que todos los personajes tiene un poquito de mí. Alonso tiene algo de mí, por supuesto, como su voluntad, su coraje, sus ganas de tirar para adelante. Pero si me preguntas si me siento identificada con algún personaje, te diría que con ninguno y con todos porque, al final, todos han nacido de mi tintero, ¿no?

M.G.- Es una novela amplia, casi novecientas páginas. Es cierto que Alonso será el protagonista principal pero aparecerán muchos más personajes secundarios. He leído sobre algunos de ellos y me llama la atención sor Casilda.

S.A.- Sí, sor Casilda es la monja tornera de la inclusa. La inclusa era una institución muy importante en la época porque eran tiempos en los que llovían los niños abandonados. Además, es una institución que ha perdurado a lo largo del tiempo, y que tiene muchas historias con mayúscula y también muchas historias con minúscula, por la crudeza y lo doloroso de entrar en los lares del olvido, que le llamo yo. Era atravesar el torno y te quedabas hasta sin nombre. Esto, en aquella época, tenía muchísima importancia porque es que era tal la cantidad de niños que llegaban a la inclusa que las monjas tenían que alquilar amas de cría y ofrecerles un jornal. Había muchas mujeres que venían de Toledo y Guadalajara para ofrecerse como candidatas. Había tantos niños abandonados que, en Toledo y Guadalajara, había más niños incluseros que oriundos. Era un aluvión de niños abandonados.

M.G.- Estamos ante una novela que se ubica en ese Madrid, del que hablaremos un poco, pero que cuenta con temas como la lealtad, la amistad, el amor. No nos podemos olvidar del Santo Oficio. Todos conocemos las cosas que hacían, los ajusticiamientos, la coraza, las llamas, las hogueras. Tú, a la hora de escribir esta novela, imagino que habrás hecho una incursión bastante profunda en lo que era la Inquisición. ¿Con qué te has encontrado?

S.A.- Pues me he encontrado con la sorpresa de que nos han contado cosas que no eran así, que la Inquisición no era como nos la han contado. Era una institución muy dura, extremamente dura, pero a la vez era un tribunal muy riguroso. Tenía un procedimiento muy regulado, muy respetado y bastante garante dentro de lo que era la época. Y desde luego, la Inquisición española era muchísimo más garante que el resto de las inquisiciones europeas, cuando nos han contado todo lo contrario. Parece que la Inquisición española era sanguinaria, un desmadre de cremaciones y torturas. Y bueno, al ahondar en la institución e irme a los archivos, porque en la Inquisición española se transcribían todos los procedimientos, al leer esas transcripciones, descubro que, en tres siglos y medio, el número de sentencias no superaba las diez mil. Estamos hablando de trescientos cincuenta años y oye, diez mil personas, pues tampoco estaba tan mal. Es que, en la cruzada contra los cátaros, en un solo día se mataron a veinte mil personas. Pero claro, nos ha quedado el sambenito, y nunca mejor dicho porque era la túnica que le ponían a los reos inquisitoriales, de la Inquisición sangrienta. Y resulta que la Inquisición española era la menos sangrienta de todas las europeas.

M.G.- Pero había falsas acusaciones y quemaban a gente que no era culpable.

S.A.- Sí. A ver, desde luego, había muchos inocentes que terminaban en la hoguera pero los delitos de hoguera en la Inquisición eran muy, muy, muy extremos. No era tan habitual como nosotros pensamos, ni siquiera con las brujas. Tanto que se dice de los juicios de Zugarramurdi, resulta que de las veintinueve mujeres encausadas, murieron seis quemadas y otras cinco murieron en prisión. Una de ellas hasta se suicidó. El resto se salvó precisamente por un inquisidor. Se habla mucho de Torquemada pero no tanto de Alonso de Salazar y Frías, que fue el que consiguió salvar a estas mujeres del delito de brujería. 

En Libelo de sangre lo que hay es una trama en la que se muestran los engranajes de la Inquisición, pero los de verdad, sin alimentar el morbo ni para contar cosas que no existían. Lo que se cuenta en Libelo de sangre con respecto a la Inquisición se ajusta al rigor histórico. No hay morbo, pero tampoco hay intención de lavar la cara porque la tiene sucia. La Inquisición española era lo que era, pero eran más sangrientas las europeas. Era un tribunal duro en el que te juzgaban por decir «lo juro por Dios». No se podía tomar el nombre de Dios en vano. Eso, en España, era peligrosísimo. De ahí salió la expresión «pardiez». Para no decir «por Dios» se decía pardiez. 

M.G.- Ah, qué curioso.

S.A.- Y también se decía «voto a bríos» porque bríos era como Dios. En vez de decir «juro por Dios», decían «voto a bríos». Como juraras por Dios en público te metías en un problema.

M.G.- Pues te iba a preguntar por el escenario pero, aprovechando lo que comentas, adelanto la pregunta sobre la documentación. Has tardado cuatro años en construir esta novela. Has leído mucho, pero habrás aprendido mucho también.

S.A.- Una barbaridad. Sobre todo he aprendido humildad. Ha sido un baño de humildad brutal, porque claro, yo empecé la historia pensando que sabía mucho. Y cuando me enfrenté a la página en blanco, a la hora de describir cosas, lo que comían, a qué hora se levantaban, cómo hablaban, cómo se comportaban,...  me di cuenta que no tenía ni idea de nada. Entonces, empecé a profundizar en ese periodo previo de documentación que se extiende a lo largo de toda la novela. En cada capítulo había un reto, buscar el detallito para describir cómo eran las ventanas de la casa de los pobres, si tenían cristales o no. ¿Dónde bebían? ¿En una taza o en un vaso? ¿Eran de cristal, de hojalata o de qué? ¿Cómo se expresaban? ¿Qué vestían o qué llevaban en los pies? El suelo de las casas, ¿cómo era? ¿De madera, de barro o de tierra? Ese fue mi baño de humildad porque creía saber mucho y me di cuenta que lo ignoraba todo.

M.G.- ¿Quizá, lo más difícil ha sido transcribir o retratar la forma de hablar de aquella época?

S.A.- A mí me costó. En Libelo de sangre, se entienden perfectamente todas las palabras porque no es castellano antiguo pero es verdad que en esa época no te llamaban cobarde, sino temebrisas. O, en vez de maleante, te decían asustasierpes. Si eras rico, eras un dueño. Si eras pobre, un lamecharcos. Ese tipo de expresiones que en aquella época eran muy habituales y se han perdido totalmente. Pero eran bonitas. Puedes insultar con una elegancia brutal. Y es que, hasta al destinatario del insulto, le puede hacer hasta gracia. Son expresiones que se podrían recuperar. El castellano es tan rico que es una pena que lo limitemos a una serie de expresiones y dejemos fuera otras tantas que lo hacen más rico y más bonito. 

M.G.- Libelo de sangre transcurre en Madrid. Una ciudad que ha sufrido muchos cambios desde entonces. ¿Cómo era la vida en ese Madrid? 

S.A.- Había bastante pobreza. Estamos en el barroco. Estaba el brillo de la Corte pero, detrás de esos reflejos que eran tan brillantes y que no te dejaban ver más allá, había muchísima indigencia, muchísima mendicidad, muchísima necesidad. Pero, al mismo tiempo, era una ciudad chispeante, vibrante, hipnótica,... Era mágica. Por sus calles paseaba Quevedo, Góngora o Lope de Vega. Vas paseando por Madrid, por el centro, y sabes que ese suelo lo pisó Lope de Vega o que en esa casa murió Cervantes. Y también tienes la cárcel de la Corona, y puedes ver las mazmorras. También Velázquez andaba por allí, por el Alcázar, como pintor de cámara de Felipe IV. Estaban los corrales de comedia donde se representaban las obras de Lope, con Lope como público. Era fascinante. Era una ciudad con mucha indigencia y mucha necesidad porque todos venían a la Corte a buscarse la vida pero, al mismo tiempo, era una ciudad con mucho ingenio. Hasta para pedirte una limosna te hacían una copilla o te hacían una poesía.

M.G.- Y los personajes se van moviendo por las calles de Madrid hasta el punto de que decides añadir un apéndice, unas notas históricas. Muchas de ellas relativas precisamente a las calles, aclarando que tal calle es hoy esta otra. Vas dando apuntes para que el lector se ubique bien dentro de la ciudad.

S.A.- Sí. Tenemos, por un lado, el mapa que está en el interior del libro. Es el primer mapa que hubo de Madrid. Además, coincide con la época porque el mapa retrata la ciudad entre 1614 a 1622, mientras que la acción de la novela se inicia en 1620. Y, por otro lado, tenemos las notas históricas al final del libro que sirven para indicar al lector que tal calle antes se llamaba de un modo y ahora de otro. 

M.G.- Por ir terminando. Escribes una novela histórica, imagino que también te gusta leer el género. No sé si tienes algún referente.

S.A.- Me gusta mucho autores como Jorge Molist o Gonzalo Giner. También me gusta mucho una trilogía de Kate Mosse o las novelas de Matilde Asensi. Y por supuesto, me gustan mucho los escritores del Siglo de Oro. 

M.G.-Como última pregunta, he leído que algunos lectores han comentado que, en el desenlace, quedan algunos flecos sueltos como si se dejara una puerta abierta para una segunda parte. No sé si es esa la intención.

S.A.- El libro termina. Tiene su desenlace pero la historia es susceptible de seguir.

M.G.-Entonces, hay intención de una segunda parte.

S.A.- Sí, sí,... Como es susceptible de seguir, creo que voy a seguir.

M.G.- Sandra pues lo dejamos aquí, con este pedazo de novela que has escrito. Un placer tenerte en Sevilla y poder conversar contigo.

S.A.- Muchísimas gracias. Ha sido un placer.


Sinopsis: Un doble y salvaje asesinato; un ritual hereje; una familia destrozada por la Inquisición. El Siglo de Oro como nunca te lo han contado.

Rigor, suspense y un estilo narrativo impecable se unen en Libelo de sangre.

Durante el crudo invierno de 1620 un espantoso crimen ha sembrado el pánico en cada rincón de Madrid: una joven ha sido violada y enterrada junto a un niño al que le han extirpado el corazón. Nadie en la Villa duda de que se trata de un asesinato ritual, y pronto surge en los mentideros un «libelo de sangre» contra el escribano Sebastián Castro y su esposa, una acusación falsa que culpa a los judíos de sacrificar a menores cristianos para realizar magia negra.

Por suerte, Alonso, el hijo mayor del matrimonio, ha conseguido escapar de la Inquisición, encargada de investigar el delito, y de sus horribles métodos; pero ahora deberá enfrentarse a otros peligros no menos terribles: el frío, el hambre y a los miserables que pueblan las calles.

Devastado y sin más ayuda que la de dos pícaros vagabundos, intentará llevar a cabo el único objetivo que lo mantiene con vida: rescatar a sus padres.

Cuando la fe en Dios encendía corazones, pero los delitos contra ella prendían hogueras.


jueves, 9 de marzo de 2023

ALBERTO CALIANI: ❝Algunas críticas demoledoras son muy ingeniosas❞

La otra tarde conversé telefónicamente con Alberto Caliani. El autor ceutí acaba de publicar su quinta novela, La sombra del impostor, (Ediciones B). Si tuviéramos que ponerle una etiqueta a esta novela sería la de histórica, pero los que acostumbran a leer a Alberto saben que lo suyo es mucho más que novela histórica. Caliani ha conseguido crear lo que él llama un blockbuster literario, una mezcla de géneros, en los que no falta la historia, el suspense y hasta el humor, con la que los lectores pasan un buen rato. No le gusta la novela seria como tal, sino que él prefiere, en primer lugar, divertirse mientras escribe y, en segundo lugar, divertir al lector mientras lee.

En La sombra del impostor, Caliani nos traslada al siglo XVI. Tendremos dos hilos argumentales. Uno nos introduce en las conspiraciones que tienen lugar en la Italia del Renacimiento para desbancar a las familias más poderosas. Y otra, a través de la cual conoceremos a una joven ingeniera perseguida por el Santo Oficio, al saberse que ha construido un peculiar invento. 

Todo esto y mucho más en la conversación que sigue.

 [Fuente: Twitter autor]

Marisa G.- Hola, buenas tardes, Alberto. Soy Marisa de Sevilla.

Alberto C.- Hola, Marisa, ¿cómo estás?

M.G.- Muy bien. Un placer saludarte. Es la primera vez que hablamos y espero que no sea la última.

A.C.- Esperemos, esperemos.

M.G.- Bueno, me gustaría hablar de la última novela que acabas de publicar, que se llama La sombra del impostor. Si te parece bien, podemos hablar un poco sobre la novela.

A.C.-Muy bien.

M.G.- Creo, si no me equivoco, Alberto, que esta es ya la quinta novela.

A.C.- Efectivamente. 

M.G.- Has escrito también thriller, tienes novelas con temática sobrenatural y la anterior, al igual que esta, son novelas históricas. Pero tú no te ciñes a la novela histórica, sino que tú haces ahí como una mezcla de género.

A.C.- Desde mi primera novela, El secreto de Bocaverde que fue mi debut, siempre he mezclado género. Siempre he sido la pesadilla del librero porque no saben dónde colocar mis libros.  No soy el típico autor que dice que escribe romántica, thriller, o histórica. Yo mezclo todo de forma que se hace un género prácticamente muy identificable. Lo mío es muy identificable dentro de lo que es el thriller histórico. Es lo que estoy haciendo desde que estoy en Ediciones B, y es lo que la editorial quiere. Ellos me animan a seguir haciendo esto porque, según ellos, lo que yo hago lo hace muy poca gente. Y eso además atrae a la gente del thriller a la histórica, y a la gente de la histórica al thriller. Tengo un espectro bastante más amplio.

M.G.- Por eso tú dices en Twitter que si te gusta la novela histórica te atrapará y si no te gusta, empezará a gustarte. Por esa mezcla de géneros que mencionas.

A.C.- Sí. Bueno, eso no lo he dicho yo. Eso lo ha dicho Marketing.

M.G.- Bueno, pero queda muy bien.

A.C.- Pero sí que es muy acertado, es muy acertado. En mi tiempo libre no leo histórica casi nunca. De hecho, escribí La conspiración del rey muerto por dos razones. Una, porque un amigo tenía un montón de documentación que me pasó, y yo escribí la novela. Y dos, lancé por los aires un ejemplar de Los Pilares de la Tierra. Me parece una novela maravillosa. Ken Follett es un maestro pero no soy público para él. Que te explique en veinte páginas todo lo que ha estudiado sobre las catedrales cuando puedo verlo en una fotografía... Me pregunté qué hacía este hombre del siglo XXI, explicando una cosa como si fuéramos del siglo XVIII y no tuviéramos acceso a fotografías, a documentales y demás.

Mucha gente que se ha leído Los Pilares de la Tierra me ha confesado que esas partes se la saltaban. Yo he preferido escribir una novela histórica que se lea a ritmo de thriller. Escribí La conspiración del rey muerto, que fue mi primera novela histórica, y nadie se ha saltado páginas, y eso que tiene setecientas páginas. Y a raíz de ahí, la editorial me pidió que escribiera novela histórica, pero de esta forma que te cuento. Y ahí estoy.

M.G.- Y ahí estás.

A.C.- Sí, donde inicialmente no quería pero mira, está gustando. (Ríe)

M.G.- Bueno, pero te ha salido bien la jugada. Conozco a lectores que ya la han leído entera y están lanzando por redes sociales unas opiniones con las que te tiene que dar todo un subidón. He leído decir a una chica que conozco que es la mejor novela histórica, por catalogarla, que ha leído mucho tiempo.

A.C.- Mira, cuando salté a la arena de la novela histórica, salté aterrorizado porque la novela histórica es la ópera de la literatura. Si se hace histórica, se presupone que la persona que lo hace es alguien que tiene unos conocimientos muy elevados de historia. La mayoría de mis compañeros sí tienen esos conocimientos. Son historiadores, son gente que se documentan hasta la saciedad. Pero claro, yo salto a la arena con El puño del emperador aterrorizado absolutamente. Y digo, a ver, ¿dónde me estoy metiendo? Bueno, a la gente le encantó. Pero hay mucha gente que son académicas, puristas, y me dijeron que sabían que lo que yo quería hacer era divertir, que la novela estaba bien documentada. Yo no investigo ni voy a descubrir nada nuevo. Simplemente me documento y no estoy un año o un año y medio metido en una biblioteca mirando facsímiles para escribir el libro. Eso, no. Y me dieron dos premios y todo. Y ahora, con esta novela, con La sombra del impostor, pues también me ha aterrorizado entregarla porque claro, después de la aceptación tan buena que tuvo la otra, me pregunté si sería capaz de entregar algo la mitad de bueno. Pero todo el mundo me está diciendo que esta es mucho mejor que la anterior, que está enganchando mucho más.

M.G.- Hay gente que a la que le está gustando muchísimo. Me consta porque me lo han dicho. En cualquier caso, aparte de esas opiniones tan buenísimas que está cosechando el libro, a ti no te dan miedo las críticas. Y si son demoledoras, tampoco pasa nada. Eres un autor que se toma las críticas negativas bastante bien.

A.C.- Sí, vamos a ver. Es que llevo ya muchos años y tengo una edad. Me hace mucha gracia ver a compañeros que le ponen una mala crítica y se suben por las paredes y echan espumarajos. Eso a mí me divierte mucho. Cuando una crítica está bien fundada se aprende muchísimo. Pero es que hay gente que se cabrea porque la novela no es lo que esperaba. Y coge, enciende el ordenador, se va al Goodreads, y te planta una crítica demoledora. A mí eso me hace gracia, y no me enfado. Me hace gracia el cabreo del tío porque el pobre hombre esperaba otra cosa y se ha sentido engañado. No me puedo enfadar por eso. 

Algunas críticas demoledoras son muy ingeniosas. Con La iglesia tuve una crítica que me hizo mucha gracia. Me escribieron que la novela era como El exorcista narrada por Melendi. Eso me hizo una gracia impresionante. (Ríe)

M.G.- Bueno, te lo tomas bien. Y aparte de que hay críticas, que si, como tú dices, están bien fundadas, pues el autor también puede aprender.

A.C.- Mucho, mucho, mucho, mucho, mucho. Las primeras que obtuve con El secreto de Bocaverde, y con las primeras novelas, me ayudaron a mejorar mucho. Pero ya, entre tú y yo, Marisa, a estas alturas que está uno ya resabiado, como las vaquillas de las capeas, lo que me digan me da igual. Yo sé lo que funciona y lo que no. Y si esto no funciona para ti, para mí, sí.

M.G.- Bueno, pues ya está. Vamos a centrarnos en La sombra del impostor. Yo sé que tú no quieres que se hable mucho de la novela para no destripar.

A.C.- Es que es un campo de sorpresas. Cada vez que das un paso, te explota una mina. 

M.G.- Pero leemos la sinopsis y sabemos que es una novela en la que aparecen muchos personajes, de los que luego hablaremos. Pero, por dar pequeñas pinceladas, Alberto. La novela transcurre en el Renacimiento, sobre 1500 y pico, y hay dos hilos argumentales. Ahí te dejo yo la pelota en tu tejado para que tú cuentes un poco lo que quieras sobre la novela.

A.C.- El primer hilo argumental se desarrolla en Italia, sobre todo en Turín. Era una ciudad emergente, pero pequeña. No tenía tanta importancia en aquella época como ahora, tan turístico y demás. Nicolás Maquiavelo quiere efectuar un plan maestro para eliminar a las familias más potentes de Italia en aquella época, como los Medici, los Sforza, los Borgia, y sentar en el Vaticano al hijo de Dante Sorrento, que es arzobispo de Turín. De esa forma, lo que se pretende es unificar Italia. Ese es el fin loable que persiguen. ¿Y cómo lo van a conseguir? Bueno, la novela es muy maquiavélica y emplearán los medios más terribles que uno se pueda imaginar. 

Y por otra parte, veremos la persecución de una ingeniera. No se dice en la novela, pero su padre trabajó con Leonardo da Vinci. Ella conserva planos de Leonardo da Vinci, que tampoco se menciona pero es así. Y si hay futuras entregas de estos personajes, de eso se hablará. La mujer será perseguida por un inquisidor, el peor inquisidor que uno pueda imaginar, Zephir de Monfort.  Si yo he hecho villanos malos, Zephir se lleva la palma. Pero es que yo tenía muchas ganas de tener a mi propio Darth Vader.

M.G.- (Río) Creo que te ha salido muy, muy negro.

A.C.- Los escritores tenemos ese poder. He querido tener siempre un Darth Vader y creo que me ha salido un Darth Vader igual de perro que el de George Lucas. Estoy muy contento con mi Darth Vader. 


[Si prefieres oír nuestra conversación, dale a play]

M.G.- Esta es una trama muy negra donde hay conspiraciones, traiciones, persecuciones. Pero yo sé que tú vas intercalando pizquitas de humor.

A.C.- Sí, porque para mí es fundamental. Yo soy muy oscuro en las escenas oscuras. Raro es el capítulo en el que el lector no me suelta una maldición que va en contra de mi difunta madre. Yo lo acepto, como lo aceptará mi madre desde el más allá, porque tienen razón. Cuando te voy a describir algo, a veces puedo llegar al desmayo. A mí no me tiembla el pulso para cargarme a quien sea. Como nos están grabando la conversación, diré que a quien sea en la novela, no a quien sea en la vida real.

M.G.- Ya, hombre, ya.

A.C.- Es que nos escucha todo el mundo. (Ríe). Me gusta, de vez en cuando, darle un descanso al lector.

Soy un autor muy de diálogos. Casi todas las tramas en mi novela se explican con diálogo. Y me gusta que siempre haya algún personaje locuaz y con retranca que es el que más me divierte. En este caso, ese personaje es Dino D'Angelis. Este personaje, cuando habla con Arthur Andreoli, lanzándose tiros el uno al otro, me ha divertido muchísimo. 

M.G.- El primero que se divierte eres tú.

A.C.- Es que, si no te diviertes con una novela... Esa novela podrá ser muy instructiva pero... Además es que yo soy así en la vida normal. Y tengo una teoría. Una persona aburrida es incapaz de hacer una novela divertida. No quiero hablar, pero conozco a gente, a compañeros, que son gente muy seria y hacen novela muy seria. Serán mejores que las mías, pero coño, son muy serias. No te diviertes. A ver, mis novelas son serias pero me gusta rodearlas de un halo divertido y entretenido. De esa forma te entra mejor. Es como echarle sacarina o azúcar al café.

M.G.- Bueno Alberto, no me has contado porque tampoco te he preguntado. ¿Cuál fue el detonante para escribir esta novela? ¿Qué es lo que te llama la atención para plantearte meterte en el Renacimiento y mezclar las conspiraciones en Italia con el Santo Oficio?

A.C.- Lo del Santo Oficio fue porque me lo dijo Carmen Romero, la editora de Ediciones B. Carmen Romero tiene una mente que se dispara en diez segundos. Yo le explico la trama de La sombra del impostor y me dice, vale, pero mete también una trama española con esto, esto y esto. Pero eso fueron diez segundos, diez segundos. Y dije vale, de acuerdo, perfecto. Y a mí se me encendió todo. No me dijo nada más. Solo me dio tres pinceladas.

M.G.- Porque tú solamente querías escribir algo sobre el Renacimiento.

A.C.- Sí, sí, sobre las guerras secretas allí. Pero claro, llega Carmen... A Carmen hay que escucharla. Si tú eres escritor y tienes la suerte de sentarte con Carmen Romero, ábrete de orejas. Eso está claro. Si te sientas frente a ella tienes a la mente más preclara en la industria de la literatura. Además es que a ella le gusta. Mientras más salvaje sea la cosa, mejor. Ella no te va a decir que te estás pasando. No, no, no. Te da una libertad maravillosa. Estoy súper encantado. 

Y mi segunda editora, igual. También es una maravilla. Es que me ha tocado un binomio maravilloso.

M.G.- Y Alberto estamos hablando de novela histórica. Tú hablas de las tramas que se desarrollan en Italia, en Turín, durante el Renacimiento. Hay personajes reales de los que ahora hablaremos, pero tú aquí obviamente, te basas en hechos reales, pero metes mucha ficción.

A.C.- Claro, claro, claro. Aquí la mayoría de los personajes, la mayor parte, son ficticios. Por ejemplo, sí sale el Duque de Saboya, aparece Carlos I,... Poco más. Bueno, el juez Beccuti existió. Y también metí al principio a un médico que era real, pero pensé que si sus herederos viven, me iban a demandar. Así que le cambié el nombre porque hace unas cuantas perradas por ahí. De hecho, lo que hace es prácticamente real, pero no quise meterme en tinglados porque oye, que a uno tampoco le gusta que hablen mal de su tatarabuelo. Y lo quité por respeto a la familia.

M.G.- La lista de personajes que aparece al principio de la novela es tremendísima. He contado sesenta y dos personajes en total. ¿Cómo haces para manejar a tanta gente?

A.C.- Pues mira, Marisa, no lo sé. Hay gente que me pregunta ¿cómo haces eso? Pues debe ser un don, porque no me cuesta trabajo. Si te fijas, cada personaje tiene su trasfondo. Aparece lo que le ha pasado, lo que le está pasando, cómo piensa,... Cada uno es cada uno y tienen su personalidad propia. Y los secundarios también están muy trabajados. Disfruto mucho con los personajes. 

Es muy raro que yo tenga una novela con pocos personajes, incluso La Iglesia, que es una novela que es mucho más corta, que todo se desarrolla en una semana, tiene menos personajes, pero están todos construidos con mucho mimo. Me gusta mimarlos porque los personajes son los hijos de los autores. Tenemos que mimarlos, aunque después nos los carguemos y los torturemos.  Eso es otra cosa.

M.G.- Y entre esos personajes aparece uno que es muy atractivo porque se ha escrito mucho sobre él, solo que en tu novela, bueno, aparece un poco más camuflado, que es Maquiavelo. No es voz cantante.

A.C.- Mira Marisa, vamos a hacer el spoiler que hago siempre. Es una novela de Maquiavelo, pero sin Maquiavelo, porque palma en el capítulo uno. Pero está constantemente presente en la novela. Y hacer una novela de Maquiavelo sin Maquiavelo es un reto. 

La vida de Maquiavelo es muy interesante, sobre todo su final. La última fase de su vida es muy bonita para llevarla a la literatura, pero no es mi estilo. A mí me gusta más, como lo que decía el de Airbag [se refiere a la película dirigida por Juanma Bajo Ulloa, en 1997], que haya hondonadas de hostias, que haya puñaladas traperas, flechazos, callejones oscuros, y todo siniestro y sombrío.

¿Qué hubiera pasado si Maquiavelo hubiera tenido un sucesor? Eso es realmente de lo que trata la novela. Es maquiavélica, con un montón de conspiraciones muy maquiavélicas y es maquiavélica en el sentido más peyorativo de la palabra. Pero Maquiavelo tampoco fue un hombre tan malo. En ese sentido, se le ha tratado bastante mal. Yo me leí El príncipe, para saber de qué iba el tema, y ahí no se trata de algo tan maquiavélico ni se dice que el fin justifica los medios. Únicamente es un tratado político diferente a lo que era la prensa de la época. Es una cosa mucho más moderna que se podría aplicar casi al día de hoy.

M.G.- A nosotros nos ha transcendido la parte más negativa del personaje.

A.C.- Sí, sí, sí. Maquiavelo tiene una cara de tío desagradable y sabelotodo, que provoca rechazo. Le pasa como a Rasputín. Son caras que las ves y te provocan rechazo y hasta casi miedo. Yo creo que son los cuadros los que han gestado la impresión que tenemos de ellos. Nosotros, todavía, nos fijamos mucho en el aspecto físico y es que Maquiavelo tiene cara de comadreja.

M.G.- Me interesa también que me hables de las mujeres de la novela, que hay unas cuantas, y sobre todo de algunas de ellas, que son así como que muy potentes. Mujeres que para su época eran muy distintas.

A.C.- Sí, sí. Estudiando documentos, artículos y demás, eso de que la mujer estaba tan, tan, tan, tan denostada en la antigüedad... Vale que no podían ejercer pero las mejores médicos eran mujeres, eran las curanderas. Aunque es verdad que no estaba bien visto que ejercieran, iban a buscarlas a sus casas donde ellas aplicaban sus remedios a los enfermos.

En esta novela quise meter a una ingeniera, una especie de constructora, de inventora, más que una ingeniera. Lo que pasa es que usé ese término para que el lector lo entendiera más fácilmente. A veces hay que tener un poco de flexibilidad con los términos.

En la historia tenemos muchas mujeres. De una de ellas no se puede hablar. Otra es Margherita, la hermana de Maquiavelo.  Esta es la esencia mala de Maquiavelo. Es lo que se nos viene a la mente cuando decimos que algo es maquiavélico. Es la mamma, la que domina a la familia, es la que mueve los hilos. La tengo físicamente en mi mente. Para mí sería Michelle Pfeiffer.

M.G.- Con esa mirada fría y gélida.

A.C.- Sí, sí, esa mirada que te juzga cuando te mira.

Y luego está Leonor. Es una chica que ha vivido bastante bien toda su vida, y de repente, se encuentra en peligro. Pero le echa narices y no da un paso atrás. Además, como tiene que proteger a un desgraciado, que es medio tonto, y le podemos quitar el «medio», pues le echa valor.

Leonor es un personaje que me encanta. Es feúcha, pequeñita, con una nariz gigantesca pero es un personaje que enamora a la gente.

M.G.- Y te tengo que preguntar por Sevilla. Me llevé una sorpresa cuando supe que aparecía en tu novela. Estamos hablando de Italia, y aparece Florencia, aparece Turín, pero también aparece Sevilla. Incluso figura un pueblo cercano, Carmona. ¿Cómo fue lo de meter a Sevilla en la novela? ¿Cómo se vivía en aquellos años por aquí?

A.C.-Bueno, se vivía un poquito mejor y peor que en otros sitios. Era casi capital. Como Sanlúcar de Barrameda. Eran como los aeropuertos internacionales. Todo ocurría allí, porque allí llegaban o de allí partían los barcos para el Nuevo Mundo. Sevilla, junto con Toledo, eran las ciudades más importantes. Madrid era una mierda en aquella época. El centro era Toledo. Hasta que Felipe II no instala la Corte en Madrid, Madrid era una ciudad más. 

Sevilla era donde la gente montaba sus negocios. Era un gran centro neurálgico. Y en Sevilla se viviría mejor porque había más riqueza, pero también se viviría peor porque había más delincuencia y pillaje. En aquellos puertos de mar tenían que reunirse una serie de gentuza importantísima, gente que se quería ir al Nuevo Mundo. ¿Y por qué puse Sevilla? Pues muy fácil, porque yo quería poner un auto de fe y lo puse en Sevilla. 

M.G.- Se celebraban en la plaza de San Francisco.

A.C.- Exactamente. Ahí es donde Daniel está mirando pasar... Bueno, no contemos mucho más. 

M.G.-  Dices tú que no te documentas excesivamente, sino solamente lo que te hace falta. Pero te escuché aquella charla que tuviste con Gómez-Jurado y me llamó mucho la atención saber que, para ser un libro de setecientas páginas, lo has escrito muy rápido.

A.C.- Sí, sí, sí. Es que cuando me pongo a escribir, trabajo una barbaridad. Muchas horas. Además no soy de esos que dicen que le tiene que venir la musa. Si dices eso, no eres profesional. Si te tiene que venir la musa no te dediques a esto. Tienes que sentarte cada mañana, abrir el ordenador y enfrentarte al procesador de textos. Hasta que no acabes un capítulo, no te levantes. Si no eres capaz de hacer eso, olvídate. Búscate otra cosa. 

M.G.- Para cerrar esta entrevista, Alberto, ¿qué dirías?

A.C.- A todo el que se enfrente a una de mis novelas le diría que no espere un tratado de historia, que abra la mente, y que esté dispuesto a pasárselo en grande. Si hay algo en lo que todos los lectores coinciden es que mis novelas son para divertirse. Para eso escribo y por eso soy feliz. Me gusta hacer blockbusters literarios, que es como me gusta a mí llamarlos, y que jamás se podrán pasar al cine porque serían carísimos.

M.G.- Alberto, ha sido un placer conversar contigo. Y seguimos en contacto. 

A.C.- El placer ha sido mío. Muchas gracias.

M.G.- Gracias a ti. Un saludo.


Sinopsis: Turín, siglo XVI. Esta es una historia sobre hombres corruptos que persiguen un fin noble, y hombres nobles que cometen atrocidades.

También es un relato de locura y superstición; de un inquisidor implacable y de una joven ingeniera adelantada a su tiempo; de un padre y un hijo que se odian y se necesitan; de un buscavidas sin escrúpulos que descubrirá que vale más de lo que él mismo cree; de una adolescente que huye de sí misma hasta encontrarse al borde de la muerte, y de un misterioso asesino invisible que acecha entre las sombras.

Pero, sobre todo, es una epopeya de violencia e intrigas para acabar con el papa de Roma y con las poderosas familias que mantienen dividida a una Italia debilitada por la guerra. Y todo ello, respaldado por una gran mentira que perdurará a través de los siglos.

lunes, 25 de septiembre de 2017

CAMPANAS DE DUELO de Fernando de Artacho.


  Editorial: Algaida.
Fecha publicación: noviembre, 2016
 Precio:  20,00 €
Género: Ficción histórica.
Nª Páginas: 456
Edición: Tapa dura
ISBN: 978-84-9067-699-8
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]
Autor

Fernando de Artacho nació en Sevilla. Es doctor en Historia y licenciado en Derecho por la Universidad Hispalense, abogado de su Ilustre Colegio, y cursó estudios de doctorado en Historia en la citada institución. También ha realizado estudios de Ciencias Políticas y  Sociales en España y Portugal. Es Diplomado en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. 

Asiduo colaborador en revistas especializadas y medios de comunicación escritos, ha publicado más de una treintena de libros, entre los que destacan Manuscrito sevillano, Los Caballeros Veinticuatro del Puerto de Santa María, Padrón de Nobles e Hijosdalgos de la ciudad de Sevilla en el siglo XVIII, Estudio de las Reglas de la Primitiva Archicofradía de la Coronación de Espinas de 1567 o La Nobleza sevillana a través del Privilegio de Oratorios; posteriormente ha publicado un ensayo titulado Los otros Alba

Es presidente de la Academia Andaluza de la Historia, de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, de la Real Academia Belgo-Española de la Historia y de la Real Academia de la Mar, entre otras varias academias instituciones españolas y extranjeras.

Desde hace algunos años alterna la labor investigadora con la divulgación histórica, en novelas como Hija de la Iglesia (2004), Las dos verdades (2005), El enigma de la Santa Espina (Finalista del Premio Novela Ateneo de Sevilla), La gubia del alumbrado (I Premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica), El trono y el altar, Narraciones y Leyendas y el almirante Mediohombre. 

Sinopsis

En la noche del 15 de mayo de 1570, coincidiendo con la visita a Sevilla del rey Felipe II, las campanas de la iglesia de la O, en Triana, comienzan a doblar misteriosamente a muerto, con el toque específico que proclama el fallecimiento del rey. 

Por mandato del Cardenal se encarga una nueva cerradura cuya llave deberá colgársela el párroco al cuello y no quitársela ni para dormir. Pero en las noches siguientes se repite el mismo toque fúnebre, incluso a pesar del retén de vigilancia apostado en la iglesia. La clave de tan singular suceso parece residir en Antón González, campanero de la parroquia, a quien la malicia y las mentiras habrían conducido a la hoguera de la Inquisición casi setenta años antes. 

Don Lope de Céspedes y el caballero Rodrigo de Alvarado se harán cargo de revisar el proceso inquisitorial contra el desventurado campanero. Y a partir de ese momento, como si se hubieran abierto las puertas del infierno, una serie de extraños sucesos sacudirá la ciudad.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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Sin ser lectora fervorosa de novela histórica, siempre me siento atraída por los nuevos trabajos que Fernando de Artacho va publicando, especialmente si cuenta con una mezcla de otros géneros. En esta ocasión, el autor nos trae una nueva propuesta que viene envestida por una cubierta en la que se anuncia un apasionante thriller histórico y una sinopsis que nos habla de un misterioso repicar de campanas en una iglesia sevillana, concretamente la parroquia de la O, en Triana, un templo que se sitúa a escasos metros de mi casa y por cuya puerta paso muy a menudo.

La cosa no podía pintar mejor, así que me dispuse a preparar la mesa, con sus viandas y su buen vino, para devorar esta novela que, continuando con el símil culinario, proponía un sugerente menú teniendo como primer plato el misterioso toque fúnebre de las campanas de mi vecina iglesia, coincidiendo con la visita a Sevilla del rey Felipe II en el mes de mayo de 1570. Los toques a muerte se repetirán en las noches siguientes, siempre de la misma forma pero sin un origen conocido, pues el campanero asegura que no son obra suya. Entonces, ¿quién hace sonar las campañas? ¿Qué anuncian?

Con estos mimbres, desde el comienzo de la novela es inevitable que los lectores se sientan atraídos y quedemos enganchados a la historia desde su primera página. Sin duda, la trama me ha parecido inquietante y original, así como el contexto histórico que abarca el reinado de Felipe II, con la Inquisición desplegando sus redes por toda la sociedad de la época. Y es que pronto el Santo Oficio cobrará gran protagonismo en la novela. 

Sería justo destacar el amplio trabajo de documentación que ha realizado Fernando de Artacho. Es algo a lo que nos tiene acostumbrados y en esta ocasión no iba a ser menos. No se trata solo de la profundidad y la rigurosidad con la que nos demuestra los procedimientos del Santo Oficio, sino también el reflejo y los detalles de la época en la que se enclava la trama. Y centrándonos en la Inquisición, no cabe duda de que fue una época convulsa. Se respiraba el miedo a ser denunciado falsamente, ya fuera por envidia, celos o cualquier otra artimaña que acabara con el denunciado ante un tribunal de la Inquisición. Había que demostrar la inocencia enclaustrado en lúgubre sótano, soportando el hambre, la sed e inimaginables torturas. Todo esto ocurría en el Castillo de San Jorge, sede del temido tribunal en Sevilla- muy cerca de la parroquia de la O y por ende, muy cerca de mi casa. Los autos de fe tenían lugar en la plaza de San Francisco y aunque al pensar en ellos y en el Santo Oficio nos imaginamos que todo era fruto de tremendas injusticias, la novela nos demuestra que eran procesos de lo más garantistas en su época y un modelo de ejercer el Derecho, algo con lo que yo no contaba y que me ha hecho  pensar cómo serían el resto de juicios a los que te podías ver enfrentado. 

Pero si podía ser relativamente fácil verse envuelto en serios problemas por una falsa denuncia, más difícil era sin duda que un veredicto erróneo pudiera ser revocado y corregido, devolviendo su integridad y el buen nombre al condenado, hubiera fallecido ya o no. Sin destripar nada de la novela, a través de sus páginas nos podremos hacer una buena idea de ello.

De igual modo, Fernando de Artacho dibuja un certero reflejo de la sociedad de la época, retratando costumbres, los distintos gremios existentes, los protocolos y la facilidad con la que se podían adquirir nuevos apellidos que dieran lustre al linaje y poder así escalar en la sociedad sevillana, –aplicando al pie de la letra el “Dadme doblones y os daré blasones”-. Es este un punto más a favor de la novela pues el lector se siente habitante del siglo XVI, paseando por las calles sevillanas. Entre todas esas costumbres retratadas, el autor rescata una que me resulta peculiar y que aún llega a nuestros días. Se trata de la procesión de Impedidos y Enfermos de la citada parroquia de la O, una procesión que pretende llevar la Comunión a aquellas personas que, por incapacidad o enfermedad, no pueden acudir a la iglesia. Así, cada año, en uno de los domingos del mes de mayo, se cuela a través de las ventanas de mi casa, bien temprano, el tintinear de una campanita que anuncia la llegada de la procesión y sus discurrir bajo mis balcones.



martes, 17 de enero de 2017

ENTREVISTA a JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ-SEVILLA (El tesoro del Alcázar).

Autor

Manuel Sánchez-Sevilla (Sevilla, 1974) es un escritor que se caracteriza por narraciones sencillas y que nos transporta en el tiempo con sus novelas. Su debut literario, Como la vida misma, fue un compendio de relatos cortos donde la humanidad caracterizaba cada historia. Gaia Augusta (2011) fue su primera novela histórica y con la que ha cosechado éxitos de críticas tanto en España como en Sudamérica. En El Enigma de las Seis Copas (2013) nos traslada a la Al-Andalus profunda, donde misterio y ciencia se dan la mano.

Sinopsis

Sevilla, 1809. Las tropas de Napoleón han entrado en España y por todas partes resuenan noticias de saqueos y pillajes. Los representantes de las principales familias de la ciudad, reunidas en la iglesia de San Francisco, deciden ocultar las riquezas al invasor; maese Rodrigo de Vega, notario de la ciudad, será el único que conozca el destino de tan fabuloso tesoro. 

En los meses siguientes sólo Cádiz logrará resistir el empuje del ejército francés. La ciudad de Sevilla es ocupada y José Bonaparte, hermano de Napoleón y rey de España, quiere dar normalidad a su gobierno, por lo que decide celebrar un baile en el Alcázar de Sevilla.

En esos mismos días, el capitán Guillot ya está sobre la pista del tesoro y dispuesto a hacerse con él. Pero la muerte de maese Rodrigo cuando los soldados franceses entran en su casa puede sepultar para siempre el paradero de las riquezas... a no ser que una muchacha que fue vista por allí poco tiempo antes sepa algo. Esa mujer será a partir de entonces el objetivo de todas las tropas francesas acantonadas en la ciudad.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar] 

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Antes de terminar el año 2016 pudimos sentarnos con Manuel Sánchez-Sevilla, seudónimo de este autor sevillano, para hablar de Sevilla, el Alcázar y su última novela, publicada bajo el sello de Algaida y titulada El tesoro del Alcázar, una novela que ya fue reseñada en este blog y que puedes leer . Fue un encuentro que tuvo lugar lindando el mes de diciembre pero debido a que mi último mes del año fue tortuoso y además se cruzaron las fiestas navideñas, la publicación de la entrevista quedó un tanto relegada hasta el día de hoy, en el que ve la luz.

Mis impresiones sobre El tesoro del Alcázar podéis conocerlas en la reseña que publiqué en su día (puedes leerla aquí). Sin duda leer sobre tu ciudad conlleva un interés adicional que a todo lector nos gusta encontrar. Si a ello se une que se trata de una novela en la que asoma el misterio, con un tesoro escondido, y que además retrata una época, creo que el disfrute está servido. Pues bien, aquí os dejo la conversación que mantuvimos con Manuel Sánchez-Sevilla. En realidad las preguntas las formuló mi colaborador ocasional, Juan S, al que doy las gracias por su labor. Esto es lo que nos contó.


Juan S.- Manuel, ¿es cierto que tu novela está basada en hechos reales?


M. Sánchez.- Sí, es cierto. Al menos, la génesis del libro sí es real, con la llegada de los franceses y las familias acomodadas que escondieron sus objetos de valor para evitar que se los arrebataran. A partir de ahí, ya surgió la idea del tesoro en el Alcázar.

J.S.- Tras leer tu novela, si uno sustituye el Alcázar por una isla, nos encontramos con una auténtica novela de aventuras, casi que hasta con sus piratas  que engancha desde las primeras páginas. ¿Esto va surgiendo poco a poco o está premeditado?

M.S.- Para mí, enganchar al lector desde el principio es una obsesión. Mis anteriores novelas tienen el mismo corte. Para mí el mejor premio que puedo recibir es saber que cuando un lector se termina de leer mi libro se lo ha pasado de escándalo y, además, como son novelas históricas, me parece fundamental  que también conozcan algo más de nuestro pasado, como en este caso, que el lector aprenda sobre Sevilla en el siglo XIX. Eso es lo que a mí me interesa, que los lectores tengan ganas de que publique la siguiente novela porque saben que van a pasar un buen rato de lectura. Por eso intento que mis historias sean trepidantes desde la primera página.

J.S.- No está tan lejana esta novela de aquellas otras que cuentan historias de piratas porque en El tesoro del Alcázar también vemos expolios y robos, en este caso, de obras de arte, como por ejemplo la Inmaculada de Murillo.

M.S.- Efectivamente. Fue tan famoso aquel robo que dejó de llamarse la Inmaculada de Murillo para llamarse la Inmaculada de Soult y acabó en el Louvre.

J.S.- Algo curioso que he detectado en tu novela es que la población no veía con tan malos ojos a los franceses. La economía iba bien, había trabajo,... ¿Podemos pensar que había más afrancesados de lo que se suponía?

M.S.- Sí, sí,... Lo que pasa es que ganamos la guerra y cuando eso ocurre, la gente que ha abrazado al que ha venido de fuera deja de estar bien vista y por eso desapareció mucha documentación que podía, en un momento dado, comprometer a muchos. La ciudadanía se llevaba bien con los franceses porque no tenían para comer y cuando ellos llegaron resurgió la economía y a todos les fue mejor. 

En los años que los franceses estuvieron aquí se celebraba el Día del Emperador en la ribera del Guadalquivir, una fiesta total... Y afrancesados eran también los que hicieron La Pepa porque muchas de las ideas que se recogen son ideas francesas. La Pepa es tan afrancesada que cuando llegó Fernando VII la abolió porque lo dejaba sin poderes.

J.S.- ¿Qué hubiera pasado si no echamos a los franceses de aquí?

M.S.- Pues que estaríamos mucho mejor de lo que estamos. No me cabe la menor duda. Es verdad que tenemos una idiosincrasia diferente a los franceses en muchos sentidos pero hubiéramos asimilado muchas de sus ideas, la revolución industrial hubiera llegado antes de lo que llegó, más cultura,... Estaríamos mucho mejor de lo que estamos ahora pero bueno esta es nuestra Historia, es lo que hemos vivido y tampoco podemos renegar de ella. No solo hay cosas malas en nuestra Historia.

J.S.- Manuel, a través de tu novela se advierte que tienes un dominio del Alcázar absolutamente bestial, no solamente en relación a su historia sino también en lo que se refiere a las estancias. ¿Cómo te has documentado?

M.S.- El Alcázar siempre me ha llamado la atención. Es un edificio impresionante que atrae a todo el mundo. Fíjate que hasta los de Juego de Tronos han rodado en su interior. En relación a la distribución de las estancias no es algo difícil. En muchas guías encuentras información pero sí que es verdad que me adentré un poco más profundamente en la historia de cada una de las salas y descubres datos tan curiosos como la sala donde los Reyes Católicos dan la autorización para ir a las Américas, conoces un poco más sobre el Patio de las Doncellas o sobre los jardines exteriores, quizá lo que menos se conoce... Pero escarbando un poco más te enteras que debajo del Alcázar hay otro, o que hay pasadizos y demás donde se podría haber guardado un tesoro, ¿por qué no? 

De todos modos te cuento que sí me he permitido alguna licencia. Por ejemplo, yo soy un enamorado de la pastelería Ocho en La Campana y tenía que salir en mi novela, aunque no cuadraran las fechas. De todos modos, la sociedad sevillana de la época está retratada como era, la animadversión y a la vez el agradecimiento a los franceses estaba en el ambiente, las traiciones,... Todo eso, que es verdad, queda plasmado en el libro más allá de las licencias.

J.S. ¿Y no te parece que el Alcázar está eclipsado a nivel turístico en Sevilla? ¿Queda oculto detrás de otros monumentos? Te lo comento porque creo que fuera de Sevilla, no tiene tanto renombre.

M.S.- En Sevilla tenemos un problema. Tenemos tantas cosas y todas tan bonitas o especiales, que resulta muy difícil que todo tenga la misma consideración. De todos modos, el hecho de que se haya rodado Juego de Tronos en el interior del Alcázar le va a dar un repunte tremendo. El Alcázar es una de nuestras joyas y tiene que ser explotada al máximo. A mí me parece un acierto todas las actividades culturales que se hagan a su alrededor como las visitas nocturnas y otras tantas.

J.S.- Bueno, tú has puesto tu granito de arena con tu novela, ¿no?

M.S.- Pues mira, si alguien de fuera se lee la novela y a raíz de eso le apetece viajar a Sevilla y visitar el Alcázar se va a alegrar y yo más todavía. Los mejores embajadores no son los anuncios publicitarios sino somos los propios sevillanos.




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