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jueves, 2 de julio de 2026

ÁLVARO PAVÓN: ❝Somos hijos de Roma, Atenas y Jerusalén❞

A Álvaro Pavón lo conocí a mediados de mayo. El joven sevillano vive en Bruselas, y trabaja en el Parlamento europeo. Cuando me llegó su libro, y leí su breve (dada su juventud) biografía, me impresionó. No era un nombre conocido pero firmaba Sila, el origen del dictador. Empecé a leer. ¿Quién era este joven? ¿Y quién era Sila? A medida que indagaba más en el autor y en el protagonista de la novela, más impactada me sentía. Aquella novela parecía escrita porque alguien curtido en estas lides, no solo en lo que a narrativa se refiere, sino en el manejo del contexto histórico. Mis sospechas se confirmaron cuando me senté a hablar con él. Abajo tienes la sinopsis de la novela y aquí va nuestra conversación.  

Marisa G.-  Álvaro, un placer tenerte en Sevilla, conocerte, y leer Sila, el origen del dictador. Es tu primera novela, pero no sé si la primera novela que escribes.

Álvaro P.- Tengo un manuscrito de una novela ambientada en el antiguo Egipto, que algún día verá la luz, pero mi editor tenía muy claro que quería a alguien que contara historias ambientadas en la antigua Roma. Creo que hay una atracción, una fascinación por esa época entre los lectores, y a mí Roma, me encanta. 

M.G.- En tu biografía se explica que estudiaste filosofía, has indagado en la filosofía griega y latina. Imagino que, a raíz de ahí, de esa incursión en la filosofía griega y latina, empiezas a interesarte por todo lo que es la antigüedad clásica.

A.P.- Sí, claro. Empiezas a estudiar lo que piensan los filósofos, Sócrates, Platón, pero también te interesa saber por qué piensan lo que piensan. Te interesas por la ciudad donde se han criado, donde han filosofado, y eso te lleva al momento histórico, al contexto, y al final acabas absorto en todo eso.

M.G.- Has comentado que Roma tiene algo que fascina a los lectores, pero ¿qué es ese algo que acapara tantas novelas históricas?

A.P.- Siempre digo que en Roma nos reconocemos nosotros mismos, reconocemos nuestras inquietudes, nuestros problemas como sociedad, e incluso a nivel individual. Con el antiguo Egipto no ocurre eso. También son seres humanos pero en Egipto prima lo exótico, lo diferente a nosotros. Con Roma, no. En la historia de Roma nos leemos a nosotros mismos.

M.G.- De ellos hemos heredado muchas cosas, que usamos incluso hoy día. 

A.P.- Somos hijos de Roma, Atenas y Jerusalén. La fuerza de atracción de Roma es incomparable.

M.G.- Centrándonos en la novela, tengo que confesarte que jamás había oído hablar de Sila. No sabía nada de él, ni he leído nada sobre su figura en ninguna otra novela histórica, que yo recuerde. Ni siquiera en cine. Mi primera pregunta con respecto al protagonista es: ¿cómo llegas a Sila?, ¿y por qué decides escribir una novela centrada en su figura?

A.P.- Creo que la primera vez que leí sobre Sila fue en Plutarco. Él escribió biografías sobre personajes que ya eran personajes históricos para él. Plutarco escribe en época de Trajano y Sila es de la época republicana. Para Plutarco, Sila es un personaje del pasado, de cuya vida se pueden extraer enseñanzas. Sus biografías me marcaron mucho. Y a los romanos les apasionaba leer estas biografías sobre sus antepasados, biografías que nosotros seguimos leyendo. Cuando leí sobre Sila en Plutarco, llama mucho la atención la cantidad de contradicciones del personaje, su complejidad. Fue un joven patricio pero su familia se arruina, así que parte de una situación muy desventajosa. Pasa unos años de vida muy desenfrenada que dañará su reputación pero, por vicisitudes del destino, reconstruye su fortuna y eso le permite iniciar su carrera política que, al final, le conducirá a una dictadura. Todos estos elementos llamaron mucho mi atención. He pasado muchos años interesándome por su figura, aprendiendo, documentándome. Y producto de todos esos años es esta trilogía. 

M.G.- Después hablaremos de esa trilogía pero ¿Sila es tan sólo un gran desconocido para mí o también lo es para todos esos lectores que solamente leen novela histórica?

A.P.- Bueno, el lector de novela histórica romana, creo que es un lector especializado, es un tipo de lector nicho, que conoce las convenciones del género, tiene expectativas, está muy bien informado y quiere aprender. Al mismo tiempo, quiere saber si el autor está a la altura, si tiene los conocimientos que el lector ya tiene. No es un lector que parta de cero. A este tipo de lector probablemente sí le suena el nombre de Sila. De hecho, Posteguillo lo ha sacado en el primer libro de esta saga dedicada a Julio César, en Roma soy yo. Ahí ya aparece el nombre de Sila, y eso probablemente contribuye a que al lector le suene más. 

Pero en cine sólo aparece en una miniserie que hicieron sobre Julio César, y te estoy hablando del año 2002. Ahí aparece un Sila maravilloso, en el primer capítulo, interpretado por Richard Harris, que también haría de Marco Aurelio en Gladiator, y luego hizo de Dumbledore en la primera película de Harry Potter. Fue un actor maravilloso.

[Clic, si quieres oír nuestra conversación]

M.G.- Y la imagen que se dio de Sila en esa miniserie, ¿concuerda mucho con lo que tú has leído sobre él?

A.P.- Creo que lo adaptaron bien. Se ve esa faceta de Sila, que puede ser cruel pero, a la vez, tiene su retranca. Resulta gracioso en el sentido que, por las circunstancias, puede resultar macabro. Creo que supieron conjugar muy bien sus dos facetas. Ya lo mencionaba Plutarco, que era un dictador, pero luego se iba de fiesta con sus amigos, de clase social muy inferior, reía, bebía, y se dejaba persuadir y convencer por estos amigos. Digamos que se dejaba influenciar. Pero era un dictador temido, con su punto de crueldad.

M.G.- Dictador y cruel, pero en la faja de la novela se dice que era enemigo y amigo, aunque a mí lo de amigo y dictador, no sé yo hasta dónde me cuadra.

A.P.- Claro, eso es lo que me fascina de Sila. Es fácil decir que era un dictador y que mandó matar a mucha gente, que era un psicópata, pero el psicópata concibe a las personas como instrumentos. Sin embargo, Sila, en su época de marginalidad, durante su juventud, hizo una serie de amistades y mantuvo relaciones sentimentales que lo acompañarán toda su vida, incluso cuando ha prosperado, ha recuperado su fortuna y se abre camino en política. Lo fácil hubiera sido deshacerse de esos personajes, olvidarse de sus amigos de farándula, de clase social inferior, pero no lo hace. Durante toda su carrera política los mantiene a su lado y en plena dictadura reconocerá que tiene tal amante, o tal relación homosexual, que sus amigos son actores. A la élite política eso le sienta fatal, pero él mantiene a sus amigos a su lado. Así que también tiene ese punto de lealtad, de humanidad. Todas esas complejidades, todas esas luces y sombras, me parecen muy atractivas.

M.G.- Y cambió el destino de Roma. ¿Cómo era la Roma, antes de Sila, y cómo fue después?

A.P.- Cuando Sila se proclama dictador, él concibe su dictadura como un periodo necesario para hacer las reformas de calado que necesita la República para sobrevivir. Antes de Sila, la República había entrado en una fase de decadencia. La violencia política se había vuelto el pan nuestro de cada día. Había muchísimos problemas sociales que ya se habían cronificado. Al ganar guerras civiles, Sila ve la oportunidad de cambiar Roma, puede hacer lo que quiere hacer, sin que nadie le chiste, para salvar la República y así lo hace. Cuando considera que su labor ha terminado, abdica y se marcha al campo. Fue algo que me impactó. A Sila no lo tuvieron que asesinar como ocurrió con Julio César, que pretendía perpetuarse en el poder. Sila cumple dos años de dictadura sangrienta y a los dos años, cumplida su misión, se retira. Ni siquiera se quedó en Roma. Creo que trató de imitar a Solon, uno de los grandes legisladores griegos. Solon redactó las leyes de los atenienses y luego se va de viaje por el Mediterráneo. Deja las leyes para que el pueblo las ponga en práctica y él se va para no ser un elemento distorsionador al que pudieran recurrir para impugnar tales leyes. Esto es algo que denota mucha inteligencia política. Morirá poco después, pero muere con la convicción de que su sistema político perdurará. El problema con Sila es que él introduce al ejército en la ecuación política. Siendo general, coge a sus legiones, los mete en la ciudad, y zanja de ese modo la discusión política, por la fuerza de las armas. Ese ejemplo es lo que condena la República y es con lo que Julio César se va a quedar. 

M.G.- A los escritores de novela histórica os ocurre que, a veces, tenéis que rellenar muchas lagunas. ¿Hay muchas partes ficcionadas en esta novela?

A.P.- En esta primera novela hay más porque relato sus primeros treinta años de vida, de los que hay menos información. Son los años de marginalidad, de vida alegre,... De esa época sólo tenemos pinceladas y supuso un desafío para mí. Entiendo que los ensayistas e historiadores no pueden inventarse cosas. Pueden especular pero sus especulaciones están muy restringidas, pero los novelistas es otra cosa. No soy historiador y puedo ir más allá, sugerir lo que pudo haber pasado en esos años. Ahí está la gracia. Sabes que Sila vivió su juventud en ese periodo histórico y, a la vez, conoces los principales hechos históricos que sucedieron en esos años y entonces, te preguntas cómo le impactaron, de qué manera participó, qué impresión tenía,... Todo eso es lo atractivo, ver cómo todo lo que ocurre a su alrededor va forjando su carácter y se convierte en dictador. Lo que ocurrió durante esos primeros treinta años de vida tiene un peso enorme en su carrera. De ahí, el título, el origen del dictador.

M.G.- Hay un montón de personajes en la novela, hasta el punto de que has tenido que poner un dramatis personae al inicio. ¿Cómo ha sido manejar a tanto personajes, además, personajes históricos?

A.P.- Ha sido un desafío. Con la novela quería mostrar que Roma no era una arcadia feliz y que fue llegar el dictador y, de repente, todo cambió. No fue así. Hubo una decadencia previa, una República que se va corrompiendo, degenerando y todo eso ocurre, no por la decisión de una persona, sino que hay muchos actores que van a ir contribuyendo a la degeneración del sistema. A veces, ocurre de forma maquiavélica porque hay personajes maquiavélicos, de estos hay bastantes en la novela, o porque, aun teniendo buenas intenciones, saben que, para triunfar en Roma, tienen que hacer cosas cuestionables desde un punto de vista ético. Todos ellos contribuyen a que la República se vaya por el sumidero, por eso era tan importante que la novela fuera coral. 

M.G.- Y siendo una novela coral, quería preguntarte por otros personajes, como Mario. Pero a mí me interesan mucho los personajes femeninos. ¿Hay algún personaje femenino que quisieras resaltar?

A.P.- Bueno, no son exactamente protagonistas. La sociedad romana era una sociedad masculina, patriarcal, en el sentido más correcto de la palabra. La voz cantante la tenía el pater familia y la mujer queda en una posición más subordinada pero, incluso en esa situación, la mujer romana ejerce algún tipo de influencia y eso se ve en esta novela. Hay personajes femeninos muy potentes, aunque más discretos que los masculinos. Por ejemplo, señalaría a Nicópolis, personaje histórico real, amante de Sila durante varios años. Por el nombre griego, parece una mujer de origen extranjero. No era romana propiamente pero sí fue una mujer independizada económicamente, una mujer que incluso mantuvo económicamente a Sila durante varios años, una mujer mayor que él. Sobre ella recae la sospecha de haber ejercido la prostitución, porque se cree que su independencia económica procede precisamente de eso, de haber ejercido la prostitución de alto standig. Aunque, todo esto no es más que una especulación de los historiadores. A mí me interesaba explorar esa relación entre la mujer independizada económicamente en el mundo antiguo y su voracidad sexual. En el imaginario de la antigua Roma, una cosa estaba relacionada con la otra.

Luego, otro personaje que me gusta mucho es Fulcinia, la madre de Mario. Es un personaje histórico y sobre ella sólo conocemos su nombre. He tenido que inventar su personalidad y también su longevidad, porque no sabemos cuándo falleció, hasta cuándo estuvo presente en la vida de Mario, o si murió antes o después de su marido. Este personaje me ha servido para representar a ese arquetipo de mujer ambiciosa, que vive su ambición a través de su hijo. Es algo que se ve también en Yo, Claudio, con Libia, la esposa de Augusto, que quiere que Tiberio sea emperador a toda costa. Fulcinia es un personaje secundario pero en todas sus escenas ella tiene el control y su figura es muy determinante en la construcción psicológica del personaje de Mario.

Y, por último, está Lusia, la esposa de Mario. Es un personaje inventado pero igualmente me ha servido para representar una serie de cosas. Era importante introducir a este personaje, pero no quiero contar mucho más porque sería hacer spoilers.

M.G.- De acuerdo. Y a ver, Sila, el origen del dictador es la primera entrega de una trilogía. Luego vendrán Sila, soldado de Roma y Sila, dictador de Roma. ¿Pero estas novelas están ya escritas o estás en ello?

A.P.- Estoy en ello.

M.G.- Es que llama mucho la atención que, si abrimos la solapa trasera del libro, aparezcan ya las cubiertas de las próximas novelas.

A.P.- Sí, es una apuesta de mi editor y, hasta cierto punto, un salto de fe, que creo que se verá recompensado con creces. Estoy escribiendo el segundo libro. Estoy muy contento con lo que llevo escrito. Creo que si estoy contento con el primero, el segundo va a ser mejor. Voy a contar más cosas de un Sila más maduro. Si en esta primera novela, los personajes se encauzan, en la segunda se van a desplegar, con todo lo que eso conlleva. Estoy disfrutando mucho de la escritura de este segundo libro. Y en cuanto al tercero, tengo hecho el esquema. En cierto modo, será el más fácil porque es el momento histórico del que tengo más documentación, así que será cuestión de decidir qué primo y qué no primo, qué muestro y qué no muestro. No es necesario enseñar todo lo que ocurrió sino aquello que tenga moraleja detrás, que me sirva para el drama. Va a ser más una labor de selección.

Lo que yo le dije a mi editor es que quería hacer una historia sobre Sila. Se la vendí y él me la compró. Estaba encantando, desde el primer momento, pero le comenté que no podía hacerlo en un solo libro porque no podía abarcar toda su vida en un solo volumen y él me dijo que lo hiciera en dos más.

M.G.- Así, sin presión alguna.

A.P.- Bueno, creo que el primero ha sido más complicado porque no tenía oficio. Además, nunca había trabajado con un plazo de entrega, nunca había hecho una escaleta. Al principio, mi editor me decía que le ofreciera una escaleta de todos los capítulos y le contestaba que no sabía cuántos capítulos iba a tener el libro, ni cuáles iban a ser,... Para mí todo esto era un hobby, pero ahora ya lo hago con oficio. Ahora tengo la experiencia del primero, que ha sido más complicado, tenía que inventar más. Pero los personajes ya tienen su personalidad y ruedan solos. Lo único que espero que no se me vaya mucho de páginas.

M.G.- Última pregunta, Álvaro. Entiendo que eres lector de novela histórica.

A.P.- Sí, me gusta mucho. Evidentemente me he inspirado en Santiago Posteguillo. Me ha ayudado mucho en el apartado técnico. En cuestión de contenido, me he inspirado en Colleen McCullogh, una autora australiana que ya falleció. Tiene una saga de novelas históricas. Desde el primer libro, ella mostraba esa sordidez de la República, que me parecía muy importante ilustrar. Ella peca mucho más que yo de erudición, hace digresiones demasiado pesadas. Hoy en día, un editor le diría que tiene que replantear la historia porque puede resultar pesado. Su libro, El primer hombre de Roma, lo he tenido casi de consulta, de referencia. 

M.G.- Álvaro no tengo más preguntas, no te quiero robar más tiempo. Ha sido un placer tenerte por aquí. Tienes tarea por delante y espero verte con la siguiente.

A.P.- Eso espero cuando publique Sila, soldado de Roma. Gracias.

Sinopsis: Roma, 121 a. C. La República se tambalea en medio de una grave convulsión política marcada por la violencia en las calles y los asesinatos de senadores. Lucio Cornelio Sila, un joven patricio, es desheredado por su padre, pues este lo considera indigno del legado familiar por su vida disoluta. Despreciado por la alta sociedad romana y obligado a valerse por sí mismo, deberá aprender a manejarse con astucia y sin escrúpulos para recobrar la buena fortuna en un mundo donde reinan la lucha por el poder, la traición y la supervivencia del más fuerte, lo que pondrá a prueba su lealtad, integridad y ambición. Pero este solo será comienzo de su épico viaje desde la irrelevancia social hasta lo más alto del gobierno, donde Sila transformará la faz de Roma para siempre.

En su primera novela, Álvaro Pavón captura la esencia de la antigua Roma antes del Imperio, mostrando el lado más sórdido de su sociedad, su política y sus personajes, e inicia una épica trilogía sobre la historia del hombre que, antes de Julio César, dinamitó la República y marchó sobre Roma para instaurar una cruel dictadura.

martes, 31 de marzo de 2026

LUIS ZUECO: ❝Alrededor de los "Caprichos" de Goya se originó un juego en los salones literarios de la época❞

Estamos en plena Semana Santa, una época en la que muchas personas aprovechan los días de fiesta para desconectar, para viajar, para leer. Y aquí vengo yo, a proponeros una lectura que no defrauda, que no solamente te permite revisitar una época, sino conocer a unos de los grandes pintores de nuestro país, Francisco de Goya. El juicio de Luis Zueco conduce al lector al epicentro de la época más desconocida de Goya, una novela que se asoma al proceso inquisitorial al que fue sometido el pintor zaragozano, tras la publicación de una colección de grabados que tituló Caprichos. Goya, que por entonces era pintor de cámara y gozaba de un gran prestigio, costeó de su propio bolsillo la edición y publicación de ochenta estampas de carácter satírico con las que pretendía dejar en evidencia a una sociedad llena de vicios y a unos estamentos que abusaban de su poder. Sobre este asunto, y sobre el proceso de gestación de La maja desnuda, Zueco escribe una novela que desvela la verdadera naturaleza de Goya.

El autor, nacido en Borja, visitó Sevilla hace unas semanas. Creo que es uno de los autores más agradecidos, uno de los que más se involucra en todos los sentidos, cuando se embarca en una nueva aventura literaria, uno de los que más se preocupa a la hora de tender puentes con sus lectores. No sé cuántas vueltas a España habrá dado Luis Zueco desde que publicara aquella trilogía medieval. Con la última novela, nos ha dado una sorpresa. Y es que el #zuecotour, como ha denominado su gira de promoción, viene motorizado. No ha sido difícil ver a Luis llegando a las ciudades con un vehículo serigrafiado en el que se puede leer: «Leer a Luis Zueco es viajar en el tiempo».

De esto, de la novela, y, por supuesto, de Goya, hablamos durante nuestro encuentro. Os dejo con la entrevista.

Marisa G.- Luis, un placer tenerte en Sevilla. Estábamos hablando de esta promoción tan intensa que estás teniendo. La última vez que hablamos te comentaba que eras uno de los autores más involucrado en tus promociones pero me ha hecho gracia descubrir que esta vez te tenemos incluso motorizado, con un vehículo serigrafiado con el que recorres España. Me ha parecido algo práctico y divertido.

Luis Z.- Y con la familia.

M.G.- Sí, y con la familia.

L.Z.- Ha sido un paso más. No sé qué será lo siguiente. Todo ha sido precisamente por lo que comentabas, por la gira anterior, que fue tan intensa. No se me hicieron difíciles los viajes pero sí lo fue estar sin mi hija y sin mi mujer. Pensé que eso no podía volver a ocurrir. ¿Cómo podía solucionarlo? Pues viajando juntos. Mi hija es todavía pequeña. Tiene cinco años y puede faltar al colegio pero claro, ¿cómo hacerlo para mover los trastos, las maletas, con mi hija? Tenía que conseguir un vehículo. Se lo dije a la editorial y les pareció buena idea rotular un coche, hacer una especie de gira o de tour, en ese vehículo. Y así llevamos un mes. Está gustando mucho a la gente. 

M.G.- Te mueves de un lado a otro haciendo promoción.

L.Z.- Sí, de una punta a otra de España. He estado en Bilbao, Logroño, Burgos, Vitoria, Málaga, Córdoba, Cádiz, Sevilla,...

M.G.- Pues hablemos de tu última novela, El juicio. Has pasado de la Reina Isabel, con aquella trilogía del mundo nuevo o del nuevo mundo, de Colón, del siglo XV y XVI a la figura de Goya y al siglo XVIII y principios del XIX. ¿Por qué se te ocurre escribir una novela sobre Goya? ¿Hay algo de homenaje a un paisano?

L.Z.- Es mucho más complejo que eso. Llevaba muchos años queriendo hacer una novela con Goya. Lo había hablado muchas veces con mi editora pero tenía que ser algo especial. Goya muere con ochenta y cuatro años y en su vida pasaron muchas cosas, tenía que encontrar algo. No tenía ninguna prisa. Así que estuve estudiando el tema. No me fijo en una época, ni en un personaje. Lo que me mueve es una idea. 

Por otro lado, quería hacer una novela sobre el arte. Es una materia que me gusta mucho. En un principio quise estudiar Historia del Arte, aunque luego estudié Historia en general. Me gusta mucho la pintura. No la del principio del XIX, sino la de finales o de principios del siglo XX, pero bueno, al final, no deja de ser pintura. Así que tenía todas esas ideas. Se juntaron todas las posibilidades y me planteé escribir una novela en la que explicará qué es el arte, una novela que respondiera a esa pregunta, con Goya como protagonista, al que tenía sentado en el banquillo. Así busqué un episodio de la vida de Goya que me sirviera para arrancar. Me costó mucho pero, al final, encontré los Caprichos, algo misterioso, poco conocido, un episodio importante en la vida y en el arte de Goya, y así surgió la idea.

M.G.- Si te digo la verdad, desconocía ese proceso inquisitorial al que someten a Goya porque del pintor se ha escrito mucho, se han hecho películas. Y no sé, creo que tenemos una imagen de Goya muy sesgada. Y tú, en esta novela, nos hablas de un Goya muy distinto.

L.Z.- Es que Goya está lleno de estereotipos. Siempre se han centrado en la época final del pintor. Si te das cuenta, todas las ficciones se centran en su época final.

M.G.- En Burdeos.

L.Z.- Eso pero, ¿por qué? Y da igual que sea ensayo, novela, cine,... Es algo que no entiendo. Cogemos al hombre cuando ya tiene ochenta años, que no son los ochenta años de ahora, en un momento de su vida en el que está en Francia, fuera de su país, derrotado, cansando y enfermo. ¿Por qué? Habría que cogerlo en su apogeo, ¿no? Y es en ese momento en el que yo me he fijado, cuando es pintor del rey, una persona muy influyente y, ¿por qué no decirlo? poderosa, fuerte, que rompe y cambia el arte. Pero claro, es más difícil cogerlo ahí por eso nadie se atreve. En ese momento era un Goya divertido, social, que por las mañanas está con el rey, por las tardes habla con la duquesa de Osuna y luego se va de vinos con su amigo Moratín. Ese es el Goya verdadero y no esa especie de genio loco que hemos visto muchas veces.

[Si te apetece escuchar nuestra conversación, dale clic al vídeo]

M.G.- Creo que tenía unos cincuenta y tres años cuando publica los Caprichos, una colección de ochenta estampas que lo colocó en el punto de mira de la Inquisición. ¿Por qué siendo un pintor de cámara tan prestigioso se arriesgó a publicar los Caprichos, que tantos problemas le reportaron?

L.Z.- Y muchos gastos económicos, porque la publicación la pagó él.

M.G.- Se autoeditó, por decirlo de algún modo.

L.Z.- Sí, se autoedita, y paga el anuncio en la primera página del periódico algo que costaba muchísimo dinero. ¿Y por qué lo hace? Porque, en el fondo, es un idealista, un ilustrado, un liberal. Goya no podía quedarse con los brazos cruzados porque no le gustaba lo que veía por las calles de Madrid. Una cosa era lo que se veía en los palacios, que es lo que él retrataba de día, y otra lo que ve cuando recorre las calles de Madrid, llena de mendigos, de huérfanos, de prostitutas, de ignorancia y de abusos. No podía dejar todo eso atrás y actúa publicando los Caprichos y jugándosela. No tenía ninguna necesidad. Aquello no le reportaba ningún beneficio, sino todo lo contrario. Le trajo muchísimos problemas. 

M.G.- La Inquisición lo sentó en el banquillo hasta tal punto que se vio obligado a retirar de la venta esa colección de grabados, que cada vez se hacía más famosa. Pero aquel proceso inquisitorial no derivó en nada. Goya se libró. ¿Cómo fue? ¿Tuvo apoyo del rey?

L.Z.- Se libró porque, en primer lugar, retira los Caprichos de la venta a los pocos días. Ojo, aquello fue una derrota para él. Y en segundo lugar, porque se había preparado para lo que iba a venir. Cuando el dibuja los Caprichos lo hace de forma muy ambigua, por eso son tan complicados de entender. Tiene que hacerlos de ese modo para que, cuando vengan a por él, porque sabe que van a venir, nadie pueda acusarlo de forma clara. Si le dicen que sus dibujos acusan al clero, o a la nobleza, él puede responderles que no es así, que no se trata ni del clero, ni de la nobleza, ni de nada que pudiera incriminarle. Lo tenía todo preparado pero, incluso así, lo pasó muy mal durante los cuatro años que tuvo esos grabados en su casa. Al final, tuvo la brillante idea de entregárselos a la Corona. Por eso se salva. De otro modo, él sabe lo que le hubiera pasado.

M.G.- Entre los capítulos de la novela vamos a ver esas ilustraciones, esos grabados. No están los ochenta, imagino. 

L.Z.- No, no. Son muchos.

M.G.- Yo he tenido la curiosidad de verlos todos. Me he metido en la página web de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde se pueden ver. Y al hilo de lo que has comentado antes, es cierto que son muy ambiguos. Se ve claramente ese trasfondo alegórico y satírico que tienen los grabados, se nota el propósito, pero en muchos de ellos no encuentro la conexión entre el dibujo y el título al pie que podemos leer. Me ha costado mucho conectar imagen y título.




L.Z.- Es intencionado. El título no te explica el grabado. Te lo complica aún más. Desconocemos si los títulos fue idea de él o Moratín lo ayudó. Esos títulos no van a explicar nada, sino que van a confundir todavía más al que los mira.

En la novela se cuenta una vía de explicación. Hubo algunos ilustrados de la época que escribieron anotaciones manuscritas explicando cada grabado. En España, tenemos tres ediciones con anotaciones, una en la Academia en Madrid, la otra es propiedad de un coleccionista de Pontevedra y la última está en Zaragoza. Debajo de cada estampa, se escribieron cuatro o cinco líneas para explicar el dibujo. Esas anotaciones las hicieron gente de la época y no sabemos si eran correctas o no. 

M.G.- Eran interpretaciones propias.

L.Z.- Sí, pero claro, como son anotaciones contemporáneas, podemos decir que son bastante veraces. Y hay más ejemplares así. En Boston hay otro. Es que los dibujos eran tan complicados que la gente hacía eso, anotaciones.

En la novela, hay un momento en el que los personajes tienen que buscar esos ejemplares con anotaciones manuscritas, para que la protagonista principal pueda entenderlos. Lo que Goya hizo en los Caprichos fue una genialidad. Creó algo ambiguo para protegerse pero también algo que te impulsara a reflexionar, a mirar la imagen y a tratar de encontrarle una explicación. Alrededor de los Caprichos se originó un juego en los salones literarios de la época. Abrían el libro por cualquier página, miraban la imagen y tenían que explicar lo que significaba. Reflexionaban sobre la imagen, pero lo mismo esa estampa en concreto los estaba criticando.

M.G.- La colección empieza con un autorretrato del propio Goya y eso me llamó la atención. Siendo una colección con la que se hace crítica de los vicios de la época, ¿por qué pone un autorretrato suyo como estampa inicial?

L.Z.- Bueno, es que los pinta él y los publica él. Ese grabado está firmado como Francisco de Goya, pintor. ¿Y por qué lo hace? El grabado, en aquel momento, era un arte menor pero, al poner su autorretrato al inicio, lo que Goya está diciendo es que los grabados también son arte. Está dando mucho valor al grabado, lo está poniendo, por primera vez, a un nivel muy alto. En esa época no había museos, no era fácil ver un Velázquez. No se sabía quién era Velázquez. Goya hizo copias de Velázquez en grabados para popularizar las obras del pintor, aunque no salió bien.

M.G.- En la Academia están las planchas originales, ¿no?

L.Z.- Sí. Es algo único. Otros artistas también trabajaron el grabado pero sus planchas se perdieron porque siempre se reutilizaban tras la estampación. Se pulían de nuevo y se reutilizaban para otro grabado. Con Goya, tuvimos la suerte de que las guardó en casa. Permanecieron así hasta que las recuperó la Academia de San Fernando mucho tiempo después. Y tenemos las planchas de toda la serie. No sólo tenemos los Caprichos. También tenemos los Desastres de la guerra, los Disparates y la Tauromaquia. Lo tenemos todo. Es una locura. Por eso han salido nuevas ediciones posteriormente. Los Desastres de la guerra y los Disparates no se publican en vida de Goya. No se atrevió. Se publicaron cuarenta años después precisamente porque se habían conservado las planchas. Lo más sencillo del mundo es que se hubieran perdido porque, además, hubo una guerra de por medio, y esas obras no se hubieran conocido nunca. No se conserva una colección de planchas de cobre originales de otra artista tan importante como Goya en ningún lugar del mundo.

M.G.- Al final del libro incorporas un montón de material para disfrute del lector. Podemos leer el anuncio que Goya publicó, en el Diario de Madrid. Un anuncio costeado por él mismo, con un texto larguísimo. Me sonreí al leerlo porque él define estas estampas como asuntos caprichosos.

L.Z.- Sí. Era la manera de hablar de la época. Y dice que son de su invención. Es muy revolucionario porque está diciendo que eso lo ha creado él, que no lo ha copiado, que nadie se lo ha pedido, ni nadie se lo ha encargado. Son unos caprichos y de su invención. Es un texto muy bueno. Buenísimo.

M.G.- Sí. Y los ejemplares se vendían en una tienda de perfumes que había justo bajo su taller.

L.Z.- Sí, justamente, en los bajos de su edificio. Allí vendían licores y perfumes, y más cosas, como abanicos o productos un poco de lujo. Era un único punto de venta de Madrid.

M.G.- Luis, creo que has tenido una primera edición en las manos, ¿no?

L.Z.- Sí, he tenido varias, claro. Ha sido clave para la novela. En casa tengo una quinta edición. Es muy buena. Está muy bien encuadernada y es de finales del siglo XIX. Tenía que tener una para poder ojear los grabados y poder tocarlos. Pero claro, necesitaba ver una primera edición. De hecho, necesitaba ver varias primeras ediciones para compararlas. ¿Y qué ocurrió? Pues que, viendo la edición que está en la Biblioteca Histórica de la Universidad de Zaragoza, ojeándola, y pasando las páginas, me di cuenta de que estaba mal estampada. Tiene fallos de estampación. Por ejemplo, la estampa no está centrada en la página sino que está un poco más baja. En la siguiente página, está un pelín torcida o están mal numeradas o como si el número hubiera secado mal y la tinta se hubiera corrido un poco. Y dándole vueltas a eso, me pregunté cómo podía pasar eso si era un libro de lujo, un libro caro y para las élites. ¿Cómo estaba tan mal hecho? ¿Cómo tenía esos fallos? Parece que se había hecho a toda prisa pero, ¿por qué? Y es que Goya tenía que haber publicado los Caprichos antes. Los tenía terminados desde hacía dos años. Iban a publicarse con otro título, con otra portada diferente pero no los publica. ¿Por qué? No lo sabemos. Yo creo que los publica aprisa y corriendo porque el gobierno está cambiando y se va a quedar sin amigos en el gobierno. Si tarda un poco más, ni siquiera le hubiera salvado el retirarlos de la venta. Así que hace una estampación rápida y los pone a la venta. Tenía prisa en publicarlos porque si no, no hubiera podido hacerlo. 

M.G.- Y cuando Goya publica los Caprichos, ya estaba sordo, ¿no? Creo que fue a los cuarenta y nueve años.

L.Z.- Se queda sordo a raíz de una enfermedad muy grave. Se recupera en Sanlúcar de Barrameda, en la casa de un comerciante muy importante, Sebastián Martínez, que casualmente tiene una colección de arte maravillosa. ¿Sabes ese cuadro de Leonardo da Vinci que se vendió hace poco, el más caro del mundo? Pues, en teoría, era suyo. Su colección de arte es muy importante y tiene muchos grabados británicos. Todos esos grabados los vio Goya. Él se recupera allí, y también en Doñana, con la duquesa de Alba, pero le queda la secuela de la sordera. Se piensa que él empezó a dibujar los Caprichos en Cádiz. ¿Por qué? Porque empezó a dibujar otra vez en cuadernos. Él dibujo en cuaderno de joven, y por eso tenemos el Cuaderno italiano y luego tenemos otro cuaderno que lo empieza allí, en Cádiz.

M.G.- ¿Y cómo influye esa sordera en el juicio ante la Inquisición? ¿Y cómo haces para darle voz en la novela?

L.Z.- [Ríe] Es complicado. La sordera es complicada en los diálogos, sí. Con su mujer se comunicaría con gestos, con la mirada. Hay cosas que se entienden dentro de una pareja. Pero con los demás, necesitaría una pizarra o una libreta, no sé. Pero, por otra parte, y aunque no había lenguaje de signos, sabemos que Goya aprende a usar el alfabeto manual, a dibujar letras con las manos. En los anexos de la novela se explica.

M.G.- También se cuenta que se sometió a estimulación eléctrica.

L.Z.- Claro, por intentarlo que no quede. Y también tenemos la duda si aprendió a leer los labios. Yo creo que sí. ¿Cómo no va a aprender Francisco de Goya a leer los labios? Lo que imagino es que lo ocultaba de manera intencionada. Que no le interesaba que se supiera. Yo conozco a gente que lo hace. No es que sean sordas pero sí tienen poca audición y saben leer los labios pero no lo dicen. Imagínate que alguien habla mal delante de ti pensando que eres sorda pero te estás enterando de todo. Es una ventaja, ¿no?

M.G.- Total.

Bueno, estamos hablando mucho de los Caprichos pero en la novela abordas también otra cuestión importante, sobre otro cuadro muy importante de Goya, la gestación de La maja desnuda. Y para ello introduces a un personaje, el de Angélica Díaz. Aquí ya tiras de ficción.

L.Z.- Claro porque no sabemos quién es.

M.G.- Pero ¿no se supone que la modelo fue la duquesa de Alba?

L.Z.- Eso es una invención. Lo que pasa es que decir que la modelo era la duquesa de Alba hacía que el cuadro valiera más, económicamente y no artísticamente. Con cualquier cuadro, si sabemos quién es el retratado, vale más. Y si encima es la duquesa de Alba, el precio se dispara. Pero no, no pudo ser la duquesa de Alba. Además es que está demostrado. También se dijo que fue Pepita Tudó, la amante de Godoy pero no, no, tampoco. En realidad, no sabemos quién es. Hay expertos que dicen que no hubo modelo. ¿Por qué? Pues porque los desnudos femeninos estaban prohibidos en la época. Ninguna mujer se iba a atrever a hacer algo así. Da igual que fuera duquesa o campesina. Es que acabaría con su vida, con la suya y con las de sus hijos, nietos,... La iban a marcar para siempre. Además, con un desnudo como el del cuadro, con esa postura, esa mirada,... Goya podía pintar de memoria. Podía pintar a una mujer desnuda sin necesidad de modelo, aunque a mí, en este caso, me cuesta creer que no hubiera modelo. Además era un encargo de Godoy, y conociéndolo, ¿no iba a querer Godoy que el cuadro fuera sobre una mujer real? Creo que tuvo que haberla pero no de cuerpo entero, sino sólo de la cara, por ejemplo... Creo que tuvo que haber una modelo que le sirviera de inspiración.

M.G.- Que no fuera reconocible, ¿no?

L.Z.- Exacto. Es con esa idea con la que juego en la novela. Ahí he tenido que ficcionar porque no sabemos quién fue. Puedo decir que su modelo fue un personaje de ficción. Lo que no puedo decir es que esa persona existió realmente.

M.G.- Me llama la atención que luego pintara La maja vestida.

L.Z.- Esa es otra clave de la novela. La maja desnuda tiene sentido porque es un capricho de Godoy. Es un encargo que él le hace para su gabinete secreto, que está dentro de su palacio, y donde hay más desnudos, como la Venus del espejo de Velázquez. Pero La maja vestida no tiene ningún sentido. Pinta ese cuadro un año después y también es un cuadro para exhibir en ese gabinete, donde sólo hay desnudos. ¿Para qué quieres una mujer vestida ahí? Bueno, en la novela se explica. 

M.G.- Uno de los grandes retos de tus novelas es que siempre mezclas muchos personajes de ficción con personajes reales. Eso conlleva la dificultad de traer al personaje real a nuestro tiempo.

L.Z.- No es tan difícil realmente. Le damos mucha importancia a que es novela histórica pero es novela y ya está. Si entiendes la época, la vida del personaje histórico y la respetas, cuando te metes en la novela te tienes que olvidar de donde estás. Tienes que disfrutar de la trama y ya está. Para mí, compaginar personajes de ficción con personajes históricos no me supone ningún problema. Los trato igual. El personaje de ficción lo creo, le doy una personalidad, le doy las reglas de la época, unas características. Lo mismo pasa con el personaje real, sólo que esas características me vienen impuestas. Una vez que sabes cuál es la diferencia entre uno y otro, no tiene que dar ningún pudor trabajar con ambos.

M.G.- Entiendo, pero perfilar al personaje y no alejarse de su verdadera personalidad...

L.Z.- No es complicado si lo tienes claro desde el principio. ¿Cómo funciona Goya? ¿Qué cosas puede o no puede hacer? Sabiéndolo, tiras adelante y ya está.

M.G.- A nivel documentación, ¿qué te ha supuesto escribir esta novela? Porque tienes muchas tablas en lo que se refiere a novela histórica y aunque te guste el arte, esta novela conlleva ese componente adicional. Imagino que has tenido que explicarle a lector cómo se hacían los grabados, por ejemplo. Habrás tenido que involucrarte mucho en las técnicas pictóricas de Goya.

L.Z.- Sí, claro. Esta novela tiene una documentación histórica, pero otra artística, que no es la misma. Hace años, quizás no hubiera podido haber escrito esta novela porque no me hubiera manejado con tanta soltura, ni hubiera entendido esa diferenciación. ¿Por qué? Porque en la parte histórica hay más certezas, pero en la artística hay muchas interpretaciones. Tenemos cuadros que son de un pintor y, de repente, sale un estudio y dice que no es cierto. Hay diferentes expertos que dan diferentes opiniones para la misma obra, diferentes puntos de vista. Tenía que abarcarlos todos, hablar con expertos. Para escribir una novela sobre Goya, no puedes decir que has leído todos los libros que hay sobre el pintor porque con eso no basta.  Primero, tienes que tener las obras delante, tocarlas y hablar con la gente. Tienes que discutir, dialogar y plantear hipótesis, y que ellos también te digan qué creen o qué dudas tienen. Y ha costado. Me ha costado mucho. Había leído un libro muy importante sobre Josefa, la esposa de Goya. Justo cuando estaba terminando la novela, se publica un estudio sobre esta mujer. El título aparece en la biografía. Ya estaba en la parte final de la novela pero me propuse leer ese libro para coger alguna idea. Fue complicado hacerme con él porque era un estudio de una institución local. Lo pedí y cuando me llegó a casa, resulta que era un libro de mil páginas. ¡Madre del amor hermoso! ¡Mil páginas! No me había fijado en eso cuando lo compré y tampoco se me había pasado por la cabeza que fueran mil páginas. Pues nada. Lo dejé todo parado y me puse a leer y saqué tres detallitos de la vida de Josefa pero que son muy importantes. Luego también me puse en contacto con una experta que me pasó un estudio sin publicar todavía. Y justo antes de que saliera la novela, Taschen sacó una recopilación de toda la obra gráfica de Goya, una recopilación brutal. Pues venga, a comprarla. A veces pasan cosas así. La documentación para una novela como esta es complicadísima. 

M.G.- Luis, vamos acabando. Hemos empezado hablando de la promoción, de tu familia. Siempre tienes palabras muy bonitas para ellas, sobre todo, para tu hija. Nunca tienes problemas para ir con ellas a todos lados. Es fácil verlas en las presentaciones. Se involucran o las involucras tú.

L.Z.- Mi hija es muy pequeña todavía. Lo que hace ahora es firmar ella las novelas.

M.G.- ¿Sí?

L.Z.- Sí, pone corazoncitos. Intentamos que no esté en las presentaciones porque entonces, la presentación la tiene que hacer ella. Es que tiene que estar al lado de su padre. Y en una presentación que hicimos en Valladolid, entró muy rápido cuando yo estaba todavía firmando y se puso a mi lado, a firmar con corazoncitos. Y un corazoncito es hasta gracioso. Pero luego empezó a dibujar dos corazoncitos, tres, cuatro,... Y si eran pequeños, dibujaba también estrellas. Aquel día se desmadró. Tuvo que venir mi mujer a rescatarla. Pero ellas están encantadas. Es una experiencia para ella. Además, la gente me pregunta por ella. Y empieza a darse cuenta de las cosas.

M.G.- Cuando sea más mayor, recordará todo esto.

L.Z. - Sí, efectivamente, pero ya hay cosillas.

M.G.- Bueno, Luis. Lo dejamos aquí. Un placer tenerte otra vez en Sevilla, un placer leerte, y nada, para la próxima nos vemos.

Sinopsis: 1799, Madrid. Francisco de Goya y Lucientes, pintor de cámara del rey, anuncia la puesta en venta de un lujoso libro de estampas titulado los Caprichos. Aunque las ventas son un éxito, dos semanas después de publicarlo, Goya lo retira del mercado. Durante los meses siguientes su escandaloso contenido comienza a correr como la pólvora. ¿Por qué Goya esconde su obra más personal? ¿De qué tiene miedo?

Es entonces cuando la joven Angélica Díez llega junto a su padre a Madrid para empezar una nueva vida. La capital se ha convertido en un lugar de contrastes, donde convergen las ideas ilustradas que se propagan por Europa e instituciones como la Santa Inquisición, que se resiste a morir.

Para darse a conocer en la sociedad madrileña, Angélica acude a Goya y le pide un retrato. Sin embargo, la joven ignora que este los unirá en una peligrosa trama relacionada con la Inquisición, los Caprichos y un rumor que podría acabar con el maestro: se dice que Goya ha pintado a una mujer al desnudo.

Mientras la Inquisición intenta juzgar al pintor como un último golpe de efecto para mostrar su poder, Angélica descubrirá algo que Goya siempre supo… No hay arma más afilada que el arte para cambiar la Historia.

viernes, 14 de marzo de 2025

OPERACIÓN LENA DE Macarena Zambrana

 

Editorial: Algaida Editores
Fecha publicación:enero, 2024
Precio: 21,95 €
Género: novela histórica
Nº Páginas:480
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 978-84-9189-881-8
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]


Autora

Macarena Zambrana nació en Sevilla en 1983. Es licenciada en Derecho por la Universidad de Sevilla, abogada en ejercicio, y apasionada de la lectura y de la escritura. Comenzó su incursión en las letras tras llevar a cabo una terapia narrativa. Operación Lena es su primera novela; una ficción histórica de dos mujeres cuyo nexo de unión es el hallazgo del abrigo que arropó a la mujer que cambió el rumbo de la Segunda Guerra Mundial.

Sinopsis

Sola y completamente rota tras la muerte de su madre, Ángela aterriza en Londres dispuesta a buscar ese punto de inflexión que cambie su visión pesimista de la vida. Blitz es el punto de partida de una historia que comienza con una chica derrotada. Un abrigo vintage y una nota remontará a Ángela a la Segunda Guerra Mundial, para conocer a una mujer fascinante... La mujer que dio nombre a una operación que cambió el rumbo de la historia.

[Información tomada directamente de la web de la editorial]


Vengo a rendir homenaje. Seguro que muchos ya sabéis que la rama de ficción de Algaida Editores ha desaparecido. En lo que a mí respecta, tengo mucho que agradecer a esta editorial. Fue la primera que me tendió la mano cuando me adentraba en este mundillo y, a lo largo de los años, he entablado amistad con algunos editores, jefes de prensa y comerciales. Por eso, y porque una de las últimas novelas que leí de esta editorial me gustó mucho (y todavía se puede conseguir en librerías) no quería dejar pasar la oportunidad de hablaros de Operación Lena.

Antes de entrar en materia, me gustaría daros algunos apuntes sobre la autora, Macarena Zambrana. Abogada de profesión, llegó al mundo de la literatura por necesidad, buscando una terapia. Ella misma lo cuenta en la entrevista que pude hacerle (y que puedes leer aquí). Macarena perdió a una hija hace unos cuantos años. Buscando salir de aquella situación tan dolorosa encontró en la escritura un refugio donde liberaba sus emociones. Fue así como empezó a unir letras, aunque su pasión por la escritura y la lectura ya venía de antes. A veces la vida te pone en una terrible tesitura, una experiencia amarga, de la que también se puede extraer algo positivo.

Ahora sí, hablemos de la novela. Operación Lena se vertebra en dos líneas temporales. Por un lado, lo que sería el presente de la novela (año 2015), vamos a conocer a Ángela, una mujer a la que no le gusta llamar la atención. Por otro lado, la autora nos hará viajar hasta el año 1944. Estamos en plena Segunda Guerra Mundial. Estamos en Auschwitz. Esta parte de la historia está protagonizada por Lena. Pero vayamos por parte.

Ángela

La acción de la novela se inicia con este personaje, de treinta y cinco años de edad, a bordo de un avión. Nerviosa, arrastrando miedos y complejos, Ángela huye del dolor. Está rota por dentro y se siente totalmente desubicada«No sabes lo jodidamente difícil que es vivir sintiendo que vas sin rumbo. No es que no tenga valor para tomar decisiones, es que simplemente no sé qué tengo que hacer con mi vida», le dirá a Beatriz Santandreu, psicóloga de profesión, pero también antigua compañera de pupitre. El avión que ha tomado Ángela tiene como destino la ciudad de Londres. Viaja sola, aunque no del todo. Le acompaña un libro, No digas que fue un sueño de Terence Moix, y entre las páginas de la novela, una fotografía.

«Se trataba de una mujer embarazada, vestía un jersey rojo de cuello vuelto y estaba de pie, delante de una ventana dando la mano a una niña de unos seis años». [pág. 11]

Ángela porta sobre su espalda un enorme peso. Su madre acaba de fallecer y ella, que invirtió tanto tiempo de su vida en sus cuidados, se siente ahora totalmente perdida. Y es que, cuando una se ha dedicado tanto tiempo a hacer lo mismo y, de repente, su foco de atención desaparece, todo se le hace un mundo y no atina a imaginar cómo será su vida a partir de ahora.

La relación entre madre e hija nunca fue fácil. A la sombra de un padre ausente y del que no se podía ni hablar, se unió la personalidad de una progenitora dominante y exigente. Fría y distante, «mi madre nunca nos hizo felices porque ella no lo era», llegará a confesar. A Ángela no le quedó más remedio que quedarse a su lado, cuando la madre enfermó. Máxime cuando su hermana decidió marcharse y huir de una familia donde la palabra amor no se materializaba jamás. Pero han sido años tratando a su madre, cuidándola y ahora que no está, Ángela siente que no tiene un objetivo en la vida. Animada por su amiga Beatriz, emprenderá un viaje a Londres con una misión, encontrarse a sí misma, aprender a escucharse y despertar de nuevo la ilusión.  

«Quiero que compres un billete de ida sin fecha de regreso. Vete con poca ropa. Una vez allí, déjate llevar por los días, la gente, el viento y la vida. Deja que las energías te empujen, disfruta de ti y del inmenso placer de conocerte». [pág. 16]

En la ciudad del Támesis, se alojará en el barrio de Candem Town, el más alternativo de Londres. Allí conocerá a varias personas, como Irune, con la que entablará una relación muy intensa porque ambas se complementarán

«Irune y Ángela eran muy diferentes, sin embargo, juntas hacían un binomio perfecto. La mañana se llenó de risas y momentos divertidos entre las dos. En algunos de los rincones más emblemáticos del barrio sacaron fotos juntas para el recuerdo. A Ángela le costaba entender que esa desconocida le hubiese aportado tanto en apenas unos días». [pág. 138]

También conocerá a Chay, el camarero de un Starbucks, con una vida tranquila y serena.

Ángela, Irune y Chay serán tres personajes que, a poco que los conozcamos, descubriremos que tienen muchos puntos en común. 

En ese viaje a Londres, Ángela descubrirá muchas cosas. No sólo encontrará su lugar en el mundo, sino que la imagen que tenía de su madre cambiará radicalmente, a raíz de un descubrimiento. 


Lena

Viajemos ahora a uno de los campos de concentración más conocidos del nazismo. Hasta allí llega la otra protagonista de esta novela.

«Magdalena Wiesel tenía diecisiete años y viajaba en el tren que llegó a Auschwitz el 23 de febrero de 1944». [pág. 22]

La mayoría de nosotros ya sabemos lo que encontró Magdalena (Lena) cuando llegó al campo de concentración: miseria, hambre, un número tatuado y la muerte, en la mayoría de las ocasiones. Pero Lena es una mujer «testaruda, inteligente, romántica, impulsiva y risueña» y está dispuesta a sobrevivir. Contará con la ayuda de Jonás Golik, «un chico inquieto, divertido, apuesto, generoso», con inmensas ganas de vivir. Jonás y Lena se conocieron en la infancia y, por avatares del destino, coincidirán ahora y se reencontrarán en el campo. Él será asignado al Kommando Kanada, donde se clasificaban y se seleccionaban las pertenencias de los prisioneros llegados a Auschwitz. Ella acabará hacinada con otras mujeres en el barracón 23, donde recibirá consejos de otras prisioneras.

«-No permitas que esta gente te haga creer que no puedes hacer algo. Eso es lo único que nos queda y lo único que nos permite tener esperanza. Aférrate a tus recuerdos, y busca en ellos lo que necesitas para sobrevivir aquí dentro». [pág. 39] 

¿Qué le va a suceder a Lena en Auschwitz? ¿Morirá en la cámara de gas? ¿Logrará huir o sobrevivir? Obviamente, no puedo contarte nada de esto. Sí os diré que le va a tocar convivir con todo el horror que habitaba el campo, con los experimentos, con los abusos o la humillación. Y hasta ahí os puedo contar.

Candem Town y Auschwitz

Polos opuestos. Los escenarios son protagonistas en esta novela y Macarena Zambrana nos va a permitir sumergirnos en dos mundos distintos. Por un lado, el barrio de Candem Town, con sus vecinos peculiares, sus tiendas vintage, sus mercados de comida callejera y ese aire alternativo que impregna sus calles. Ángela pasará las primeras noches en Londres alojada en el hotel Little Family, regentado por Mery, «una mujer regordeta, de unos sesenta y pocos años, con aspecto bonachón, bajita y con unas gafas de pasta roja». Mery es una mujer que inspira confianza, que se convierte en un lugar reconfortante al que acudir, dentro de las paredes de ese coqueto hotel.

En la cara opuesta, el campo de concentración, con el pabellón médico, donde se llevan a cabo terribles experimentos y donde la trata de blanca era uno de los atractivos para los oficiales nazis. La novela nos va a permitir conocer la distribución del campo, las diversas estancias y las tareas a las que cada prisionero era asignado.

Pero no serán los únicos escenarios. Operación Lena nos va a permitir viajar a través de los personajes por ciudades como Varsovia, Madrid o Lisboa. 

Qué me ha gustado de esta novela

Bueno, debéis de saber, porque no lo he dicho hasta ahora pero seguro que os lo vais a imaginar, que ambas historias tendrán un nexo en común. Zambrana articula una trama en la que, de algún modo, el pasado se convierte en presente. De esta manera, la propia vida de Lena terminará por conectar con la de Ángela de la forma más inesperada. Pero el lector podría disfrutar igualmente si cada una de estas tramas fueran independientes una de la otra. Lena y su paso por Auschwitz nos abrirá las puertas al episodio más negro de la historia de la humanidad. Siempre digo que nunca sabremos lo suficiente sobre lo que ocurrió durante la persecución de los judíos y el Holocausto. Operación Lena -y de este nombre os hablaré un poco más adelante- me ha descubierto datos que desconocía. Por ejemplo, nunca había leído que hubiera una facción del nazismo que estuviera en contra de los planes de Hitler. Hasta este momento, para mí, pensar en los nazis era pensar en la ignominia, en la barbarie, en el sinsentido. Sin embargo, no todos los alemanes, no todos los nazis, veían con buenos ojos el horror, la muerte y la destrucción que se sentaba sembrando en el mundo. Operación Lena indaga sobre esta cuestión a través de un par de personajes, algún miembro de la SS del que descubriremos que, al contrario de lo que podríamos pensar, posee cierta dosis de humanidad, un toque de moral y una pizca de conciencia. Pero, ¿por qué Alemania odiaba tanto a los judíos? Si os digo la verdad jamás me había planteado esta pregunta. Pues en esta novela se profundiza sobre este tema y esas páginas (más las venideras) me han resultado muy interesante.

En cuanto a Ángela, ¿quién no se ha sentido perdido alguna vez? Este personaje que, por cercanía temporal, vamos a entender como más parecido a nosotros, no deja de ser una mujer que trata de buscar su lugar en el mundo después de una pérdida. El duelo de Ángela, la necesidad de recuperar el control de su vida y sentirse viva de nuevo no nos va a resultar indiferente. A través de este personaje entenderemos que la vida es una noria, que hoy estamos abajo pero mañana nos puede sorprender y elevarnos a las alturas. Asomarse al resurgir de Ángela, cuál ave fénix, ha sido muy emotivo y entrañable.

Los personajes son humanos. Cada uno de ellos arrastra sus penas y miserias, como lo hacemos cada uno de nosotros. Y, a pesar de ello, también tendrán tiempo para amar y reír. 

Pero lo más interesante de esta novela es que, cuando crees que simplemente se trata de dos historias alejadas en el tiempo con un nexo en común, la trama se complica. Junto a los personajes, el lector tendrá que desenredar una madeja que, por motivos que no voy a explicar, permanece enmarañada, pero también vivirá una aventura que, ahora sí, llevará por nombre Operación Lena. No es ficción. Durante la Segunda Guerra Mundial se llevó a cabo una operación a la que se le puso este nombre. ¿Qué se sabe de esta operación? Podéis encontrar muchos datos en la novela pero, a grandes rasgos, os puedo decir que fue un plan que se trazó para debilitar la posición del Führer en Europa. Y lo que creías una novela sobre casualidades de la vida, se convierte en una historia de espías, contraespionaje, o servicios de inteligencia, incluso con la presencia de personajes reales que te van a sorprender.

Estructura y estilo

Con un total de ochenta y tres capítulos, numerados, titulados y de corta extensión, la primera toma de contacto con esta historia será en primera persona. Lo que siente Ángela en ese primer capítulo, a bordo de un avión, dará pie a una narración en la que se irán mezclando las voces narrativas. Concretamente, cada inicio de capítulo viene narrado en primera persona, como un vehículo directo que trata de aproximarnos aún más a un personaje.

A través de diversos flashbacks la autora nos hace viajar al pasado de algunos personajes, especialmente en el caso de la trama más lejana en el tiempo, para ver cómo era la vida de esos hombres y mujeres que terminaron con sus huesos en Auschwitz. De igual modo, Zambrano acostumbra a saltar de un personaje a otro de forma rápida, casi como si se tratara de diversas secuencias cinematográficas, que nos van a permitir conocer y de manera simultánea la situación que viven todos ellos en un determinado momento.


Con algún toque de intriga y suspense que se enfatiza con el avance de la lectura, una trama mucho más compleja que lo que cabría esperar, en Operación Lena se habla de dolor, de la traición y de la pérdida, pero también de la amistad, el amor y el reencuentro con el pasado. Cierto es que algún diálogo me pareció algo flojo pero debo admitir que Macarena Zambrana articula bien la historia, con un desenlace que resuelve todas las incógnitas.

A mí me gustó y, por tanto, la recomiendo.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí en tapa blanda y aquí en Kindle



jueves, 2 de mayo de 2024

LAURA MARTÍNEZ-BELLI: ❝Siempre busco historias que toquen mis dos lados: México y España❞

A Laura Martínez-Belli la conocí en el último Certamen Internacional de Novela Histórica que se organiza en Úbeda cada año. Entonces, acudió a la ciudad de los Cerros para presentar La otra Isabel, una novela con la que se pretendía rescatar la figura de Isabel Moctezuma, princesa mexicana que tuvo una hija con el conquistador español, Hernán Cortés. Ahora, la autora nacida en Barcelona, pero con una sólida vinculación a la ciudad de México, publica La mesa herida (Espasa), un libro que primero vio la luz en esa ciudad y del que ahora podemos disfrutar los lectores españoles.


La mesa herida es una emotiva e interesante novela, que gira alrededor de la figura de Frida Kahlo. La famosa pintora mexicana, convertida hoy en un icono pop, pintó en 1940 un cuadro titulado tal y como Martínez-Belli nombra su novela, de grandes dimensiones, de corte alegórico, y con el que la pintora pretendía plasmar sus emociones tras descubrir la infidelidad de Diego Rivera con su hermana Cristina. 

Movida por el deseo de poner su arte al servicio del Partido Comunista, Frida Kahlo envió este cuadro a Moscú en el año 1947. Según se desprende de la novela, la pintura no tuvo buena acogida entre los soviéticos. Tiempo después, aquel cuadro desaparecerá. ¿Qué pasó con él? En esta novela, Laura Martínez-Belli fabula lo que pudo suceder. Lo hará a través de dos hilos narrativos. Uno protagonizado por la propia Frida Kahlo y otro encabezado por una joven rusa, de nombre Olga Simonova, que quedará fascinada con la obra de la pintora mexicana.

Martínez-Belli estuvo la semana pasada en Sevilla y pude conversar con ella. Os dejo con la entrevista. 

Marisa G.- Laura, un placer tenerte aquí en Sevilla y volverte a ver después de que te viera en Úbeda, donde fuiste a presentar tu anterior novela, La otra Isabel. En aquella novela hablabas de México y en esta, La mesa herida, a través de Frida Kahlo, también. Sé que has estado viviendo en México durante mucho tiempo y que tu obra literaria, hasta ahora, gira alrededor de esa ciudad. ¿Qué significa México para ti?

Laura MB.- Uff, México para mí es el descubrimiento de la vida. Fue un rayo de luz que se abrió en el cielo. Fue todo muy bonito y viví allí muchas experiencias. Yo llegué a México con veinte años, un momento muy especial en la vida de cualquier persona. Fue mi nacimiento, digamos, a la vida adulta y bueno, una pasión, un primer enamoramiento también.

M.G.- La mesa herida, como digo, es el título de tu nueva novela pero también el  nombre de un famoso cuadro de Frida Kahlo. La trama de esta novela gira alrededor de la pintora y de esta obra. ¿Cuál fue tu motivación para fijarte en Frida y en este cuadro? 

L.MB.- Fue el propio arte. Es decir, primero llegó La mesa herida, el cuadro, y luego la figura de Frida Kahlo, porque La mesa herida incluía una historia. Yo siempre busco historias que toquen mis dos lados: México y España. Al menos, lo intento. Y en esta ocasión, surgió esta historia de arte robado y desaparecido, algo tan misterioso, con ese cuadro tan grande, que viaja a Moscú y luego desaparece en Varsovia, durante los años de la Guerra Fría; un cuadro que, además, es de Frida Kahlo. Al saber todo eso, pensé que ella estaba reclamando mi atención y tuve que rendirme a su presencia tan fuerte. Si yo tenía un pequeño micrófono a través del cual poder hablar sobre mujeres desconocidas o mujeres artistas, porque hay muchas mexicanas muy interesantes, ¿por qué no hablar de Frida Kahlo? Es verdad que, bueno, escribir otra novela sobre Frida... Pero es que el cuadro es que engloba todos mis temas literarios. Es un cuadro que habla sobre la maternidad frustrada, sobre el engaño, sobre la pérdida, sobre el deseo de ser madre, también sobre el amor a la naturaleza, el teatro del mundo en el que nos representamos. Todo eso, que son mis temas literarios, y en medio de todo, Frida. Entonces pensé que, si iba a escribir esta historia, tenía que hacerlo de un modo diferente, como no se hubiera contado antes.

M.G.- El cuadro nace a raíz de un desengaño amoroso que sufre Frida. Ella pilla a Diego Rivera con su hermana Cristina, sobre una mesa y sobre esa mesa, Frida pinta el cuadro. Un cuadro que desaparece, si no me equivoco, en el año 1955 y Frida fallece en 1954. Es decir, nunca supo que el cuadro había desaparecido.

L.MB.- No, nunca lo supo. Ella lo dona a la Unión Soviética en el año 47 porque, desde el año 45, se empezaron a restablecer las relaciones diplomáticas entre México y la URSS. Así que, en el año 47, el cuadro se envía a Moscú. Ella nunca se entera de que el cuadro desaparece, no vuelve a tener noticias del cuadro porque en esos años es cuando a ella la someten a diversas operaciones. Frida se pasó un año entero en un hospital de México. La sometieron a operaciones durísimas, las más duras de su vida. Terminaron amputándole una pierna en esos años. Así que ella nunca más vuelve a pensar en La mesa herida. Si alguna vez preguntaba por el cuadro le decían que estaba en Rusia. Y ella lo daba por bueno, si saber que, al llegar a Moscú, el cuadro lo habían mandado a bodegas. Diego le ocultaba la verdad por no lastimarla. 

Después de la muerte de Frida, Diego sí se empeñó en que el cuadro regresara a México. Al principio, organizó todo un entramado para llevar a cabo una exposición de arte mexicano que tenía que viajar por los países del Este. No se sabe muy bien qué pasó pero el cuadro se perdió. Pero ella nunca se enteró de eso. 

M.G.- Que desaparezca un cuadro de esas dimensiones... Porque era bastante grande.

L.MB.- Casi dos metros... Y además una tabla. Eso fue una de las cosas de más complejidad para mí. Es decir, un lienzo lo enrollas y lo puedes sacar en un tubo o en lo que sea, pero una tabla requiere una logística mucho más compleja. 

La novela me la iba dando la propia historia. Ha sido un reto muy divertido y simpático. Además, yo trabajé un tiempo en compañías de seguros para obras de arte antes de ser escritora y durante la escritura me iba acordando mucho de todos esos robos que estudiábamos, de cómo trabajábamos con la Interpol. Ha sido como volver un poco a mis orígenes y poner en práctica todo lo que había aprendido en esos años, como por ejemplo, cómo se reentela un cuadro, cómo lo puedes sacar,... Y luego en Varsovia, ahí con mi mapa, viendo qué rutas podían tomarse para sacar el cuadro del país... En fin, que ha sido muy bonito.

M.G.- Ha sido un proceso interesante de investigación.

L.MB.- Ha sido muy divertido porque, como siempre digo, escribir novela histórica es como nadar con manguitos. Algunos me oirán y dirán, ¿pero qué está diciendo esta mujer? Pero creo que la histórica te proporciona una red. Tú puedes dar un triple salto mortal y no te la pegas, porque la historia está abajo, te ayuda y te sostiene. Pero cuando no existe esa red, tienes que hacer que todo sea verosímil, que todas las piezas encajen. Eso es lo más bonito de novelar. Después de La otra Isabel, que esta tan histórica, esta novela me ha dado la oportunidad de ficcionar y eso me hizo darme cuenta de lo difícil que es conseguir que todas las piezas del rompecabezas encajen y también que es un reto ponerte el listón más alto. Creo que un escritor debe subirse el listón con cada novela porque, para hacer lo mismo que has hecho otras veces... Es que entonces llega un momento en el que no te sorprendes ni tú.

M.G.- Ni tú ni los lectores. Pero, volviendo al cuadro, vemos una pintura muy peculiar. Ella fue dibujando los elementos que conforman su vida y vemos a un cervatillo, a dos niños, que se dicen que son los hijos de Cristina; también hay una figura amorfa que parece que la abraza; un esqueleto,.. En fin, que es un cuadro muy alegórico.

L.MB.- Totalmente alegórico y simbólico. Y eso también fue lo que me llamó la atención. Al ver el cuadro, me pregunté: si Frida pintaba su realidad, ¿qué quiso pintar aquí? Y ahí se hace un ejercicio de ir empatando su vida con el cuadro. ¿Qué quiere decir con este cuadro? ¿Qué significa esa sangre, las heridas, o las ausencias que se ven? Porque, al final, la mesa es una mesa vacía. Y Diego, que para ella era el centro del universo, no aparece en el cuadro. Hay algo que puede ser Diego, pero jibarizado, empequeñecido, monstruoso. Para mí ha sido fascinante intentar desentrañar qué significa el cuadro.


[Si quieres leer nuestra conversación, dale al play]

M.G.- Se ha escrito mucho sobre este cuadro, del que salió una noticia que anunciaba su supuesta reaparición. Pero eso quedó ahí, sin más, ¿no? [puedes leer la noticia aquí]

L.MB.- Yo creo que ese cuadro es una copia. He podido ver el cuadro retratado en el catálogo de Varsovia, que fue la última vez que se publicó una foto oficial del cuadro, y he visto ese otro que se supone que es el original y son diferentes. La cara de Frida, la cara del cervatillo,... no es igual. Y luego resulta que el que apareció es una tela, es un óleo sobre lienzo. Partiendo de ahí, los expertos a los que consulté para escribir La mesa herida juran y perjuran que es una copia. Es que me acababan la conversación. Me decían que, como era una tela, no había nada más que hablar. Y ahí acababa la conversación. El original es una tabla, así que es imposible ahora sea una tela. Pero bueno, tú sabes que el engaño en el arte es todo un arte, nunca mejor dicho. 

M.G.-  Hay mucha trampa en este mundillo.

Bueno, la novela se sustenta sobre dos hilos narrativos. Estamos hablando mucho de Frida, porque ella protagoniza una parte de la historia transcurre en México, desde el año 35 hasta la muerte de la pintora y del mismo Diego. Pero también están esos capítulos titulados Más allá. En esos capítulos, Frida nos habla en primera persona.

L.MB.- Sí, desde el más allá. Justamente por lo que comentábamos antes, porque ella se muere en el 54 y el cuadro desaparece en el 55. Entonces, el aliento de Frida no llegaba hasta el final de la novela, pero yo sabía que esta novela necesitaba que Frida hablara hasta el final. Llegó un momento en el que esos capítulos de Frida desde el más allá hacían falta y me hacían falta como lectora, no ya como escritora. La extrañaba como lectora. Por eso se me ocurrió que hablara desde el más allá y claro, así, ella tiene una omnisciencia que no tiene viva y eso me ayudó a explicar muchas cosas.

M.G.- Y el otro hilo narrativo transcurre en Moscú. Esa parte de la historia la va a protagonizar una joven llamada Olga, a la que le gusta pintar. De algún modo, el cuadro de Frida Kahlo va a llegar a sus manos y ocurrirá algo que no vamos a contar.

L.MB.- Sí. Olga es el reflejo de todas esas personas que hemos visto alguna vez un cuadro de Frida Kahlo y nos hemos quedado enganchados. Ella no entiende el cuadro. No sabe si le gusta o le disgusta pero lo mira y sabe que ahí hay algo importante. Olga se da cuenta de que está ante algo importante, pero no sabe por qué. 

En ese momento, Frida no era nadie. Su marido, Diego Rivera, era el importante. En México la conocían como la esposa de Rivera pero en Moscú no era nadie. Pero, a pesar de todo, se impone el arte por el arte. En la novela, el arte es un símbolo de salvación, es aquello que te libra de la censura, de la represión, del silencio. Olga sabe que tiene que salvar el cuadro, aunque no sabe por qué. Hasta la gente le dirá que por qué arriesga su vida por un cuadro tan feo, que no vale nada. Pero a ella le da igual lo que le digan. La misma obsesión que Frida tenía por Diego, la tiene Olga por el cuadro. Hay otros muchos paralelismos entre las dos.

M.G.- Del hilo que transcurre en Moscú, cuentas cosas muy interesantes. No olvidemos que estamos en la época del Telón de Acero. Me gusta mucho el personaje de Olga. Me lo está haciendo  pasar bien. Es una mujer muy atrevida, que va tomando decisiones.

L.MB.- Irá creciendo. De hecho, entre los lectores, habrá equipo Olga y equipo Frida. A mí me hace mucha gracia que la gente tome partido por una de las dos. A Frida se la conoce más pero Olga es más novedosa y engancha más. Pero también, otras personas que no conocen tanto la historia de Frida, me dicen que les encantan las dos partes. Pero es verdad que hay quien ha cogido parte por una o por otra porque, a la vez que Frida se va haciendo más pequeña, Olga va creciendo. Frida se va haciendo más pequeñita no por otra cosa,  sino por la enfermedad. Dentro de todo tiene la resistencia y la resiliencia de ser una mujer súper fuerte en un cuerpo muy estropeado, muy enfermo, pero creo que de ella nos contagia su cabeza y sus ganas de vivir. Es su resistencia y su amor lo que admiramos de ella. La última frase que pinta en un cuadro es ¡Viva la vida! Una mujer que sufre tanto y pinta eso... 

M.G.- Era vitalista.

L.MB.- Sí, vitalista. Y es con eso con lo que conectamos, muchas generaciones después. De todos modos, es verdad que Olga no se empequeñece ante la fuerza de Frida. Es algo que hay que hacer notar porque Frida podía llegar a ser un agujero negro que lo fagocita todo, y Olga no se deja eclipsar.

M.G.- Olga trabaja en un organismo, en la Voks, que supuestamente tenía como objetivo fomentar las relaciones culturales entre países pero luego su misión es otra distinta. 

L.MB.- Claro, la propaganda funciona así. Te hace creer que hay libertad. Un estado represivo nunca te va a decir que vives en un estado represivo. Siempre te van a decir que hay libertad, que te van a dar cosas que merecen la pena. Lo que no merece la pena de ver no te lo mostramos para que no se corrompa tu alma. Pero, en el fondo, lo que se está haciendo es coartar la libertad. 

M.G.- Cierto. Bueno, volvamos a Frida y a Diego. A ella la vamos a ver muy atormentada. Lo pasó muy mal. Y no solo por los problemas de salud que tenía sino también por el amor. El amor no se puede obviar cuando se habla de Frida y Diego. En la novela se dice que lo suyo no era un matrimonio, sino una cadena perpetua. Ese amor los consumía pero no podían vivir el uno sin el otro.

L.MB.- Era una relación enfermiza. Diego muere dos años después que ella porque, de verdad, no podían vivir el uno sin el otro. Era enfermiza de libro. Si Freud coge a Frida y a Diego escribe un libro. Pero también se admiraban mucho. Quizá la palabra que define su relación no sea amor. No tenían una relación marital. De hecho, cuando vuelven a casarse, cada uno vivía en su casa. Eran casas que estaban unidas por un puente. Cuando uno quería ver al otro, cruzaban el puente. Es así como Frida se entera de que Diego está con Cristina, cruzando el puente. Estaban separados pero también estaban el uno para el otro, en caso de necesidad. Había amor, había admiración, pero era un amor enfermizo. Era una relación tóxica, como se llaman ahora. 

M.G.- Se amaban, se admiraban, pero ambos eran muy infieles. Cada uno tenía sus cosas.

L.MB.- Sí, porque tenían una relación abierta. Lo suyo no era carnal, era intelectual. La veneración que ella tenía hacia él era un poco como la de Dalí por Gala, ¿sabes? Ese tipo de relaciones que tienen los artistas. Pero Frida no era su musa. Ella era otra artista más. 

M.G.- Sí, porque ella va ganando terreno en el mundo del arte.

L.MB.- Bueno, ya ves que ahora, a él se le conoce por el esposo de Frida.


M.G.- Laura, los dos personajes femeninos están atravesados por el mismo dolor. Uno de los temas que tocas en la novela es la maternidad o la imposibilidad de tener hijos. Frida tuvo tres abortos, si no me equivoco, y a Olga la vamos a ver también en una situación complicada. Esa maternidad está flotando en la novela.

L.MB.- La maternidad es una palabra que atraviesa toda la novela, porque esa es la herida de Frida, no la infidelidad. Ella llevaba bien la infidelidad. Los dos eran infieles. De alguna manera, llegó un momento en el que si ella lo perdonaba. Sin embargo, la maternidad, el no poder llevar a buen término un embarazo, ese era su dolor. Porque sí se quedaba embarazada pero su útero estaba muy mal y no los retenía. Ese no poder conservar un bebé dentro, eso a ella la mató. Y en la pintura depositó todo ese cariño que no pudo dar porque era sumamente cariñosa. Esa fue la Frida que yo encontré y la que quise reflejar en la novela. Era cariñosa, maternal, fraternal, bondadosa, muy generosa, perdonaba,... Se pasaba de buena, como diríamos hoy. Pero lo de la maternidad le dolió muchísimo. Así que la maternidad atraviesa toda la novela, incluso a nivel subtextual. Por un lado, Frida no puede ser madre y Olga, tampoco, o ha tenido algunas pérdidas. Pero, por otro lado, también está la madre Rusia, la tierra a la que pertenezco, ser hija de la tierra. La maternidad está en todo el libro.

M.G.- Tú conoces muy bien México porque has vivido allí muchos años pero otros escenarios de la novela son Moscú y Berlín. ¿Esos escenarios como los has tratado?

L.MB.- Pues con muchísima imaginación. Para mí, escribir de México o de España no me causa ningún problema. Enseguida me transporto, veo, siento, como, huelo, o vivo. No tengo problema. Pero, de repente, tengo que irme a Moscú, en esa época además, y claro, eso fue un reto para mí. Porque el reto de esta novela no ha sido Frida, sino, entre comillas, Berlín y Moscú. El hacer sentir que estás allí, en esa época tan gris. Ese ha sido el verdadero reto pero también ha sido fascinante. Me ha encantado. Me costó, sudé tinta, pero creo que lo logré.

M.G.- El próximo 13 de julio se conmemora el 70 aniversario de la muerte de Frida. ¿En México se organizan actos? ¿Se celebra de algún modo especial?

L.MB.- No, no. A lo mejor alguna cosa de alguna institución, pero no. De hecho, creo que el sitio donde menos gracia hace, y esto pongámoslo con mucho cuidado, es en México porque ellos sienten que, de alguna manera, Frida está sobrevalorada. Por supuesto, que la mitad la venera, pero luego hay otra mitad a la que Frida le cae mal. A esa otra mitad, le parece que Frida no es eso. Pero eso es muy mexicano también.

M.G.- El renegar...

L.BM.- Sí, el renegar un poco de tus figuras emblemáticas. Tiene que venir alguien de fuera a decírtelo y a explicarte por qué la vemos con esta veneración. Y entonces ellos, como que lo aceptan. Seguro que habrá alguna exposición en la Casa Azul o en la casa estudio de Diego Rivera, pero a nivel calle, no.

M.G.- Ya te entiendo. Bueno, Laura lo vamos a dejar aquí. No sé si nos volveremos a ver en Úbeda con esta novela.

L.BM.- No lo sé, pero si puedo ir, iré aunque sea a hacer bulto [ríe]

M.G.- Lo dejamos aquí. Gracias.

L.BM.- Muchísimas gracias

Sinopsis: ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar para salvar la obra de Frida?

México, 1935. Cuando descubre que Diego le es infiel con su hermana Cristina, Frida, que atraviesa un periodo de depresión ligado a su imposibilidad de ser madre, utiliza el dolor como inspiración para crear La mesa herida, una enigmática pintura de gran formato que años después formará parte de la primera exposición de artistas mexicanos en la Unión Soviética.

Moscú, 1947. Olga, una burócrata rusa con una existencia tranquila y comprometida con el Partido, reencuentra su pasión por el arte al conocer la impactante obra de la pintora mexicana. Sin embargo, su vida dará un vuelco cuando se vea envuelta en un oscuro complot para destruir el cuadro. ¿Hasta dónde estará dispuesta a llegar para salvar el trabajo de la artista?

Traiciones, heridas, robos, falsificaciones y tráfico de arte se entretejen en este emocionante thriller histórico, inspirado en hechos reales, que nos lleva a descubrir uno de los misterios más grandes de la plástica mexicana: la desaparición de una pieza única que lleva más de medio siglo perdida.


 
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