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jueves, 25 de junio de 2026

ELVIRA MÍNGUEZ: ❝Escribo sobre mujeres porque soy mujer❞

La pasada primavera, Elvira Mínguez se alzó con el Premio Primavera de Novela con su libro La educación del monstruo. A Mínguez la conocíamos principalmente como actriz de cine y televisión. Recientemente ha participado en el rodaje de Sira, continuación de El tiempo entre costuras, cuyo estreno está previsto para finales de este año, o para principios del 2027. Pero también la conocemos por otros muchos trabajos, dada su larguísima trayectoria en el mundo audiovisual. Recientemente la hemos podido ver interpretando a una cocinera en la película La cena o en las series Marbella, expediente judicial o Vida perraSin embargo, desde que en 2023 publicara La sombra de la tierra, llevada a la televisión, compagina su faceta de actriz con la escritura. 

La educación del monstruo nos habla de tres mujeres, Águeda, Olvido y Matilde, y de tres épocas conectadas. Con una estructura compleja, que entrelaza los tres hilos temporales, esta nueva novela de Elvira Mínguez hace una incursión en el pasado, en la memoria y los recuerdos y en la inmigración española en los años 60, pero también aborda una cuestión más intensa, como es la verdadera naturaleza del ser humano. 

A su paso por Sevilla, tuve la oportunidad de sentarme a hablar con Elvira Mínguez y me contó todo esto.

Marisa G.- Elvira, un placer tenerte otra vez en Sevilla. Qué alegría verte de nuevo.

Elvira M.- Gracias.

M.G.- Bueno, me estoy leyendo tu libro. Voy por la página 200 y vaya…

E.M.- Alguna escena que duele, ¿no?

M.G.- Sí, duele, duele. Pero, en primer lugar, muchas felicidades por tu premio, por el Premio Primavera de Novela. Con la anterior ya te dieron el premio de la crítica en Castilla y León.

E.M.- No, no, quedé finalista.

M.G.- Ah, pues había leído que habías ganado.

E.M.- No, me enteré hace poco porque me lo dijo mi editora pero fui finalista. A mí no me dieron ningún premio.

M.G.- Bueno, pues finalista. Pero ahora sí, con La educación del monstruo te llevas un premio. Ha sido como llegar a la literatura y besar el santo porque la anterior funciono muy bien, hasta el punto de llevarla a televisión, con una serie en la que fuiste guionista.

E.M.- Y directora.

M.G.- Y directora, exactamente.

E.M.- La verdad es que para mí ha sido una sorpresa. Lo del premio pues, qué quieres que te diga, que ha sido algo muy bonito. No me lo podía ni imaginar, te lo aseguro. A pesar de las nominaciones en cine y de los premios pues, no sé, este premio me ha hecho una ilusión que no me ha hecho ningún otro.

M.G.- Llegados a este punto, en el que estás viendo que tus historias y tu forma de escribir gusta a los lectores, ¿has llegado a pensar que, de saberlo, te hubieras puesto a escribir mucho antes?

E.M.- No, no. Estoy convencida de que la escritura ha llegado cuando tenía que llegar. En el fondo, esto no es más que otra forma de contar una historia. Es una manera de narrarme a mí misma. Me parece que es algo que ya hablamos con la novela anterior. Creo que todos necesitamos narrarnos. A la hora de concebir personajes, a la hora de escribir, lo hago de esta manera gracias a todos los años que llevo en lo otro, en el cine. Mi cabeza es visual. Me levanto y paso mucho tiempo visualizando, imaginando, tratando de transcribir al papel lo que veo. Y la manera de concebir a los personajes es la misma que uso cuando interpreto. Los voy creando a base de ir creando atmósferas.

De un modo u otro, voy aplicando lo que he ido aprendiendo durante estos treinta años de interpretación.

M.G.- La primera novela la has llevado al cine, con Carmelo Gómez, además. ¿Cómo es ver tu historia escrita en formato audiovisual? 

E.M.- Cuando escribo no pongo caras, salvo con el personaje que interpreta Carmelo en La sombra de la tierra. Es verdad que, cuando creé a ese personaje, tenía a Carmelo en la mente. Pero en La educación me ha pasado igual. No pongo caras. Cuando los escribo, me imagino cómo se rascan, cómo se mueven, cómo se giran o cómo cogen algo. Y yo hago los mismos movimientos, práctico para ver cómo se extienden los dedos, o cómo hacen esto otro. Puedo tener una idea vaga en cuanto a las descripciones pero no tengo un rosto.

O sea, supongo porque de alguna manera como yo los interpreto, a la hora de escribir, os admiro a ver cómo se rascan, cómo se mueven, cómo se giran, cómo cogen algo, cómo se agachan y lo voy haciendo, ¿sabes? Muchas veces práctico para ver si es entonces extiendo los dedos, no sé qué, no sé cuál. Creo que no sé si será eso, pero no tengo ninguna cara.


[Para escuchar nuestra conversación, clic en el vídeo]

M.G.- La educación del monstruo tiene tres hilos temporales, muy conectados unos con otros. Vamos a ver a los mismos personajes en tres etapas distintas de su vida. A los lectores que se acerquen a este Premio Primavera, ¿qué le contarías sobre esta historia?

E.M.- La educación del monstruo es una novela negra, es un thriller. Es una investigación que va a llevar a cabo Matilde, uno de los personajes. En el año 2014, vamos a ver a Matilde en Madrid y en Valladolid. Ella tiene un niño de cinco años. El niño está jugando, tira la pelota fuera de casa y sale corriendo tras ella. Matilde se va a asustar mucho. Sale detrás del niño. Es un acto reflejo. De repente, conecta con su memoria, con algo que le ocurrió, pero que no acaba de entender muy bien. Es lo que los especialistas llaman un recuerdo involuntario. Se rompe la linealidad del tiempo y lo que pasó hace tiempo se vuelve presente. Riñe al niño, lo manipula con el miedo para que no vuelva a hacer lo que ha hecho. Mira al niño de un modo distinto. Ella se ve como si fuera un monstruo. Matilde no sabe lo que le ocurre, por qué ha reaccionado así, y trata de averiguar qué demonios le ha pasado. De ahí, la veremos en su infancia, en los años 76 y 77. La vamos a ver en el colegio donde estudiaba, un centro dirigido por una monja, la hermana Olvido. Por esos años, en Valladolid rondaba un violador que atacaba a las niñas. Toda la ciudad vive envuelta en ese clima de miedo. 

Por otro lado, también vamos a conocer a los personajes en el año 63. Águeda, la madre de Matilde, y su hermana Teresa, emigran a Alemania, a la ciudad de Düsseldorf.

Poco a poco, con cada hilo temporal, y mucho antes que Matilde, el lector irá uniendo las piezas. De alguna forma, he tejido un tapiz. De hecho, Matilde es vestuarista y se expresa usando términos relacionados con los tejidos, y las texturas.

M.G.- Es un estructura más compleja con la anterior. ¿Cómo te has desenvuelto a la hora de manejar tres tiempos?

E.M.- En un momento determinado pensé en hacerlo por etapas. Por un lado, la parte de Alemania, luego los años 70 y, al final, la de 2014. Pero así no me funcionó. Es lo que te decía, la historia es un tapiz y he ido tejiendo al mismo tiempo que se iba desarrollando la historia. Ha sido más difícil o más pesado hacerlo así porque, cualquier hilo que moviera en una época, modificaba absolutamente todo. Tenía que hacer como encajes de bolillos para un lado y para el otro. 

M.G.- La novela aborda muchos temas pero, de todos ellos, destaca o sobresale esa emigración de españoles a Alemania durante los años 60. Cuentas en la novela que esos españoles, que dejaron este país para buscar una vida mejor, cuando llegan allí se encuentran miseria igualmente, mucha soledad y mucha nostalgia. Se ve muy bien en el personaje de Teresa, de Águeda, o de su marido.

E.M.- Me encanta que me comentes esto. Supongo que a todos los escritores les pasará igual pero, en mi caso, a la hora de documentarme, sufro del síndrome del impostor. Yo no hago un proceso de documentación previo sino que me voy documentando a medida que voy escribiendo, que se me van ocurriendo cosas. En este sentido, cuando me documenté sobre la emigración a Alemania, me topé con algo que me pareció alucinante. Y es que no solo había emigración legal, sino también ilegal. Ellos se marchaban a un país en el que se habla un idioma que no conocen, con un clima durísimo. Y hay algo muy importante que les pasa a todos los emigrados. Tienen que poner buena cara ante sus familias, hacerlos creer que todo va muy bien y que van a ganar mucho dinero. Todos ellos sufren una decepción muy grande porque no se cumplen sus expectativas. Todo esto me pareció muy interesante, como hablar también de la emigración ilegal. Los que emigraban de manera ilegal tenían mucha más libertad para dejar un trabajo y buscar otro que aquellos otros que fueron de manera regular, a través del Instituto de la Emigración. 

M.G.- Pero, ¿en qué consistía esa emigración ilegal? ¿No llevaban permiso de trabajo o cómo era?

E.M.- Te daban un permiso de turista. Algunos entraban y salían, pues depende, algunos lo hacían por Holanda. El visado duraba sólo tres meses. A los tres meses tenían que salir y volvían a entrar con un nuevo visado. Claro, entraban sin un contrato firme pero, al mismo tiempo, eso le daba mucho margen para dejar un trabajo e irse a otro, si se cometían muchas injusticias en el trabajo o si no se les pagaba bien.

M.G.- Y tocas otros muchos temas de mucha importancia. Vamos a ver escenas muy machistas, abordas el tema de la religión a través de esa monja, que se llama Olvido, o el maltrato, la culpa, el pasado que siempre vuelve, ese pasado que tanto trabajo cuesta dejar atrás.

E.M.- Sí, por eso las dos frases de inicio de la novela, la de Virginia Woolf y la de Elias Canetti. Mira me he dado cuenta que hay dos temas que son muy importantes para mí y que, imagino, serán recurrentes. Uno es la memoria y el otro, el tiempo. 

La memoria la necesitamos para construir nuestra identidad. La construimos en base a lo que hemos vivido. Está siempre ahí, permanece, por mucho que le queramos dar vueltas. Sobre la memoria hay muchos estudios pero, realmente, todavía no se sabe tanto como se debería saber. Cuando Matilde tiene ese recuerdo involuntario, ¿cómo se construye un recuerdo? ¿Cuáles son los mecanismos? Creo que la memoria es un tema clave para el ser humano.

M.G.- Los españoles que emigraban de forma legal a Alemania, lo hacían a través del Instituto de Emigración. Luego, cuando ya estaban allí, acudían a esos centros culturales españoles, que eran como un reducto de España en el extranjero. En la novela vamos a verlos en esos centros, donde se sentían, un poco como en casa, y son escenas muy entrañables.

E.M.- Eran centros donde no solamente se reunían los españoles que vivían en el extranjero sino que también eran lugares que permitían al régimen franquista controlar lo que había allí. Incluso Cáritas ejercía también este tipo de labor. De alguna forma, el régimen vigilaba de qué forma calaban las ideas democráticas. El régimen quería seguir controlando, incluso a la gente que vivía fuera de España. En el caso de los personajes de la novela, vamos a ver a Matilde, a Olvido y a Águeda, las tres mujeres protagonistas, que son auténticas heroínas y que se posicionan en contra del sistema. Águeda llega a denunciar en Alemania los malos tratos que ella ve en su casa y se dirige al centro español para denunciarlo allí pero no, no servía. Ellos sabían lo que ocurría en todas las casas, y funcionaban como centros informativos.

M.G.- Águeda, Olvido y Matilde van a ser los tres pilares de la novela. Águeda me roba el corazón. Matilde me recuerda mucho a las madres de hoy, que sobreprotegen a sus cachorros. Y Olvido es esa religiosa que se cuestiona incluso la existencia de Dios. Me parecen tres personajes con una identidad muy rotunda.

E.M.- Sí. En el caso de Matilde, su monstruo es la sobreprotección.  

Algo muy importante en la novela, y de ahí el título, es la existencia de un monstruo real. Hablo de Javier. Como es una novela negra, no estoy haciendo ningún tipo de spoiler. Pero luego, lo que más me interesa es lo que me pasó escribiendo la novela. Quise colocar al lector en un sitio en el que él fuera capaz de reflexionar sobre cuál es el monstruo. ¿O cuáles son los monstruos que no quiero ver? ¿Cuáles son los que desconozco? ¿Cuáles son los que voy a dejar en herencia a mis hijos? Esa era la reflexión que a mí me interesaba.

Cada una de estas mujeres lucha contra el sistema de una manera determinada. Águeda y Olvido denuncian, pero Matilde, lo que hace, de alguna manera, es denunciarse a sí misma. Pone en tela de juicio todo lo que sabe hasta esa conversación final que mantiene con su tía Teresa.

Con respecto a Olvido, te diré que yo soy atea por convicción y por voluntad propia pero he estudiado en un colegio religioso.

M.G.- Has estado en un colegio de monjas.

E.M.- Sí, cuya directora era Olvido pero no la Olvido de la novela.

M.G.- Es que se nota un montón.

E.M.- Todo lo que tiene que ver con el mal me ha interesado siempre muchísimo. Olvido no se cuestiona si existe Dios o no, sino que lo que se cuestiona es si Dios es bueno. 

M.G.- Que exista maldad en Dios.

E.M.- Exactamente. ¿Dios es malo? Esa es la pregunta a la que Olvido intenta dar respuesta. Ese es su monstruo, cómo ella puede sentir, en un momento determinado, que las bases del catolicismo se pongan en tela de juicio. ¿Qué ocurre si insertamos, como variable de la ecuación, la maldad de Dios?

Y en el caso de Águeda, su monstruo es la culpa. Cuando ella se encuentra con un Javier que está despertando a la sexualidad, ella empezará a culparse.

M.G.- Pero Elvira, independientemente de nuestros monstruos internos, hay otros monstruos que surgen a raíz del entorno en el que se crían, o eso pensamos. Es el caso de Javier, un personaje que sufre mucho, pero ¿ese monstruo es víctima de su entorno o el monstruo existe por naturaleza?

E.M.- Esa es una de las cuestiones que el lector tiene que responder. El monstruo, ¿nace o se hace? En el caso de Javier, es un niño abandonado, un niño que ha sufrido maltrato por parte del padre y, por tanto, sus circunstancias pueden llegar a ser un detonante para la construcción de una psicología y una personalidad monstruosa. Pero, además, hay que sumarle otros ingredientes al puchero de Javier, como es ese despertar sexual, o cómo Águeda se va transformando para él en un icono virginal. Todos esos ingredientes son los que acaban configurando al monstruo. Pero monstruosa es también la actitud de Águeda hacia su hija, la educación que le da, la responsabilidad que le echa encima. Y monstruosa es también la superprotección que ejerce Matilde sobre su hijo. O monstruoso es el silencio de las familias de todas esas niñas violadas.

M.G.- Uno de los hilos argumentales transcurre en Valladolid, en tu Valladolid natal, en los años 70.  ¿Vamos a ver la Valladolid de tu infancia?

E.M.- Sí, absolutamente. En los años 70, había un famoso violador en Valladolid, el violador del ascensor, pero indagando en hemerotecas, leí que, en España, en un sólo día, atrapaban hasta a dos violadores. Hubo momentos en lo que había hasta cuatro. En esos años, Franco ya había muerto pero cuando vivía, eran delitos de los que ni se hablaba. Denunciar que eso ocurría en un régimen dictatorial era algo imposible. Los policías no tenían ni preparación psicológica para enfrentarse a eso. Por eso a Olvido le gusta la psicología y ella, junto al comisario Gutiérrez, se encargará de empezar o de intentar aclarar lo que ocurre.

Por entonces, había mucho miedo en Valladolid. Recuerdo que, para ir a jugar a casa de una amiga, te tenía que llevar un hermano mayor. No te dejaban estar sola en la calle, y todo ese miedo fue calando, poco a poco. 

M.G.- Elvira, y hablando de la documentación, he leído que has hecho uso de una novela gráfica, un género que me encanta, pero al que los lectores se acercan poco. Me ha resultado un dato llamativo.

E.M.- Las novelas gráficas me encantan. De regalo de Reyes siempre pido una novela gráfica. Carlos Sanz me habló de esa novela que me ha servido de inspiración, en la que se habla de una emigración ilegal. Me fue muy útil porque, a partir de ahí, empiezas a buscar información por otro lado.

M.G.- Sí, una cosa te lleva a otra. 

Elvira, tus novelas son siempre de mujeres fuertes y potentes. Y me voy a meter en un jardín porque, ya que escribes tanto sobre mujeres, quisiera preguntarte si, el concepto que tenemos hoy de feminismo está bien entendido o, por el contrario, estamos metiendo en el mismo saco cosas que nos perjudican.

E.M.- Creo que, en un momento de crisis, la mujer pierde cualquier avance que se haya conseguido. Si hay que recuperar ciertas posiciones, las posiciones que se van a vender son las de las mujeres. En ese sentido, vivimos en un momento terrible. Debemos ser conscientes que todas tenemos una responsabilidad de guarda y cuidado de unas con otras. Pero no estoy hablando de feminismo, sino de sentido común. Escribo de mujeres porque soy mujer. Creo en la igualdad de derechos porque soy mujer. Creo en mi libertad y en mi individualidad, porque soy mujer. En los momentos en los que estamos, hay que estar por encima de ciertas cosas, y no perdernos con cosas que sólo nos puede colocar al borde del precipicio.

M.G.- Sí. Bueno, actriz, escritora, madre. ¿Cómo se compagina todo?

E.M.- Duermo poco, lo digo siempre. 

M.G.- Poco, ¿cuánto es?

E.M.- Pues, normalmente unas seis horas. Soy muy inquieta y tengo mucha energía. Luego, es verdad que no tengo el talento de la gestión del tiempo, pero con los años he aprendido a tener la capacidad de priorizar. Tengo muy claro cuál es mi prioridad número uno, mi familia. Si tengo que dejar cualquier cosa por ellos, lo dejo. Tengo también muy claro que la interpretación, el cine o la dirección de la serie es un oficio, como la escritura. Y la vida es otra cosa. Cuando tengo la fecha de entrega muy cerca, me llevo el ordenador a todos lados, pero cuando me apetece estar tirada, también me tiro. 

M.G.- Pues Elvira, muchas gracias por atenderme. Un placer hablar contigo.

E.M.- Muchas gracias a ti.

Sinopsis: Una historia inquietante y profundamente humana que explora cómo el miedo y la memoria pueden marcar una vida para siempre.

Pensamos que el monstruo siempre es el otro: un desconocido que se lleva a una niña en un coche blanco, un hombre que ataca en una calle desierta... ¿Qué pasa cuando descubrimos al monstruo que todos llevamos dentro?

Matilde es la madre entregada y sobreprotectora de un niño de cinco años. Un recuerdo involuntario será el detonante que la lleve a buscar el motivo de esta sobreprotección, que entiende cada día más dañina para su hijo y para ella misma.

Esta es también la historia de la madre de Matilde, Águeda, una joven que en 1963 emigró a Alemania con su familia y convivió bajo el mismo techo con un hombre y su hijo adolescente, un muchacho silencioso que aprendió demasiado pronto el lenguaje de la humillación.

En esta búsqueda Matilde regresará a su infancia, al Valladolid de los años setenta, y a su colegio, dirigido por la hermana Olvido. La ciudad vive sobrecogida por una serie de secuestros y violaciones a niñas que siembran el pánico mientras un silencio ominoso se instala en las familias.

La educación del monstruo es una novela sobre cómo se fabrica la violencia, cómo el miedo se transmite de generación en generación y cómo todos participamos, a veces sin saberlo, en la construcción del depredador.

Porque el monstruo no aparece de la nada.

Se forma en los márgenes.

Se alimenta del silencio.

Y alguien, en algún momento, le enseñó a serlo.


martes, 27 de enero de 2026

DANI GARCÍA: ❝La cocina de nuestras madres y abuelas está a años luz de la que hacemos hoy❞

Soy muy aficionada a los programas culinarios. Me encanta ver cómo otros son capaces de hacer grandes platos con dos pimientos, un ajo, un tomate y un trozo de pan. Me entran muchas ganas de levantarme del asiento y de preparar comida para un regimiento. Prueba de ello es la cantidad de libros de recetas que tengo en casa, desde aquel mítico 1080 recetas de Simone Ortega. Pero la realidad es que luego no tengo mucha paciencia y, como decía mi madre (raro es que no la mencionara) la cocina es amor y (generalmente) tiempo

Lo que es indiscutible es que este país cuenta con grandes cocineros y cocineras. La gastronomía española, dentro y fuera de la alta cocina, así como sus profesionales siempre dan la talla. El mundo se queda corto para algunos de ellos, por ejemplo, para Dani García, chef andaluz, con tres estrellas Michelin y que cuenta con un buen número de restaurantes a lo largo y ancho del planeta. Hace unas semanas, Dani visitó Sevilla para promocionar su nuevo libro Cocina como en casa con Dani (Espasa) y sobre su afición a la cocina, su trayectoria y su nuevo recetario estuvimos hablando un rato. Os dejo con la entrevista.

Marisa G.- Dani, un placer tenerte en Sevilla y un placer conocerte en persona. Sólo te conozco por los medios de comunicación y por redes. Si te parece, vamos a hablar de este libro, Cocina en casa como Dani. Por romper un poco el hielo, tú que tienes varias estrellas Michelin, y muchos restaurantes, ¿cómo se gestiona todo un negocio de estas magnitudes? Porque no podrás estar en todo.

Dani G.- Pues con un buen equipo. Al final, uno tiene que ser sensato y consciente de que tú no puedes llegar a todos lados. El único secreto en situaciones de éxito es rodearte de gente que es incluso mejor que tú. Y eso es lo que hago. Y sólo se gestiona de esa manera, con un buen equipo y con mucha gente detrás.

M.G.- Acabas de publicar este nuevo libro. ¿Es el primero o hay otros anteriores?

D.G.- No, hemos hecho un montón. Hice uno con Espasa cuando estuve en la tele. Es verdad que hacía mucho tiempo que no hacíamos un libro porque he estado muy liado. Para un libro tienes que tener un poco más de tiempo.

M.G.- Corrígeme si me equivoco. Este libro se enfoca en la cocina de antaño pero sin renunciar a la innovación. ¿Es así?

D.G.- Sí, exactamente. En el fondo, el título lo dice todo: Cocina en casa como Dani. Hay muchos Dani de la cocina. Está el Dani García de la alta cocina, de los restaurantes con estrella Michelin, el Dani de la cocina casual, mucho más desenfadada y sin tanto estiramiento, por llamarlo de alguna manera. Y luego está el Dani García de la industria alimentaria. 

Es la primera vez que hago un libro así. Hice uno con mi madre. Ese es el Dani García en su casa, pura y dura, con su familia, cocinando cosas que aprendí de mi madre y de mi padre, aunque a mi manera y visto también desde el tipo de vida que han tenido mis hijas, que tanto han viajado conmigo. Una ya vive en Dubái y la otra estudia en Boston. Son niñas muy viajadas. Este libro aborda el tipo de cocina que yo hago en casa.

M.G.- Pero en la introducción del libro sí hablas de tu madre y de tu abuela. 

D.G.- Sí, porque ese ADN es indisoluble. Haga lo que haga, haga el tipo de cocina que haga, siempre estarán ahí mis cimientos y la base que aprendí con mi madre y mi abuela.

M.G.- El legado que ellas te dejaron.

D.G.- Sí. Por ejemplo, en el libro hay una receta de unas albóndigas con tomate pero yo le añado un poco de kimchi, o le pongo una ensalada de col y pepino. Son recetas que están más al día.

M.G.- Eres andaluz, malagueño. Nuestra gastronomía es muy rica y entiendo que, en cierto modo, será un puntal importante en tu cocina.

D.G.- Sí, como pasa con mi madre y mi abuela. Creo que el sitio en el que naces y en el que cocinas, con los productos de tu entorno, está en tu ADN y eso es muy difícil de sacar. Aunque quisiera, sería muy difícil. Además, me sale de manera natural, por lo tanto, Andalucía siempre está presente en mi cocina.

M.G.- Los cocineros, como tú en tu caso, no renunciáis a publicar libros de recetas, aunque Internet nos abre las puertas a ese mundo. Incluso, vosotros mismos compartís recetas por redes sociales. ¿Resulta rentable, interesante para los lectores, publicar un libro de receta?

D.G.- No lo hago por una cuestión de rentabilidad, ni de negocio. Para eso me gano la vida haciendo mil millones de otras cosas y no me puedo quejar. Pero siempre he tenido un poco esa sensación de acercamiento a la gente, al público. A un público más normal, de la calle, digamos. Mi vida empezó, sobre todo en lo que es alta cocina, en los restaurantes de tres estrellas y, lamentablemente, no todo el mundo puede ir porque son caros. Pero siempre he tenido un poco ese puntito de querer acercarme a un público mucho más normal y devolver a mucha gente lo que he aprendido por el camino. Lo hago por eso, por estar mucho más cerca de la gente y por ayudarlos a cocinar en casa. Evidentemente, esto no es un business como tal.

M.G.- Si revisamos las recetas del libro, vamos a encontrar frituras o grasas. No es un libro healthy, como busca mucha gente.

D.G.- También hay ensaladas o verduras a la parrilla. Honestamente, no es un libro enfocado al mundo healthy. Hay una receta de un mac and cheese, que no es precisamente el plato menos calórico del mundo. No, no es un libro así. El día que me sienta y me diga: Oye, voy a hacer un libro de 80 recetas, pero realmente que todas sean healthy, pues lo haré. Pero ahora mismo no es la intención. Aunque, como te digo, sí puedes encontrar ciertas recetas, bastantes, que te van a dar ese punto healthy.

M.G.- ¿Y qué ingredientes son necesarios? He leído una receta en la que hace falta yuzu kosho, que no sé qué es.

D.G.- Hay kimchi, o yuzu kosho, cosas que son un poco más complejas de conseguir. Pero no hay muchos ingredientes así. Me propuse no usar tecnología porque no todo el mundo tiene una Thermomix en casa. Sí es más fácil que tengan un microondas, así que cocinemos con microondas.

Pero con respecto a los ingredientes, sí hay algunos que son más difíciles de conseguir pero hoy día, nada es difícil realmente. Te metes en Amazon, pides yuzu kosho y al día siguiente lo tienes en tu casa. 


[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]


M.G.- Volviendo a la introducción, dices: "he vuelto a ese lugar, la cocina de casa, porque ahí es donde empezó todo, donde se come de verdad". Y me voy a quedar con esa frase donde se come de verdad.

D.G.- Vivimos en una época de redes sociales, en un mundo un poco fake, en el que todo se ha ido distorsionando. Y la comida, también. Hoy día, la comida se ha ido desdibujando y no es comparable a la que yo viví con mi madre. La que conocimos cocinando con las madres y las abuelas está a años luz de la que se hace hoy. La vida nos ha llevado a una situación en las que estamos un poco más estresados, tenemos más prisa, menos ganas de meternos en la cocina y de pringarnos. Este libro también refleja un poco la situación que vivimos actualmente. Lo que intento decirte es que se pueden hacer cosas buenas, rápido y bien, y sin quince ingredientes. Quiero que te quites ingredientes y que te quites pasos. Es la parte más importante del libro. 

M.G.- Tú que tienes restaurantes en varios lugares del mundo, en concreto, en Emiratos Árabes, ¿cómo se entiende la gastronomía allí, en comparación con la que entendemos aquí?

D.G.- Dubái es uno de los sitios del mundo en el que están todas las cocinas y todos los conceptos del mundo. En Qatar, igual. Tengo restaurante en Dubái y en Doha. Son ciudades mucho más alucinantes de lo que pensamos. Dubái es cuatro veces Londres. Me refiero a que te puedes encontrar los restaurantes que quieras y comer lo que quieras. En Madrid, por ejemplo, lo que no puedas encontrar lo encuentras seguro en Dubái. Allí están los mejores cocineros del mundo, están las mejores marcas del mundo y te puedes encontrar todo tipo de cocina porque hay mucha gente de todo el mundo. Vas a encontrar grandísimos indios, grandísimos libaneses, grandísimos restaurantes de todo tipo. Son sitios en los que la gente, a nivel de gastronomía, tiene la mente mucho más abierta. Otra cosa es la cocina local. Es decir, la cocina local de allí es la que es, que está muy buena también, ojo, está muy rica, pero también es incomparable, evidentemente, a la nuestra.

También debemos ser conscientes de que, en España y en Andalucía, en particular, tenemos una serie de cosas que solo es similar a Japón. Japón tiene un producto alucinante y una cultura gastronómica alucinante. Nosotros también y no podemos encontrar eso en todos lados porque no lo hay. Te vas a Inglaterra, a Escocia, a Irlanda, ¿cuál es la cocina tradicional de esos países comparada con la nuestra? O Estados Unidos. Hay sitios donde hay grandes productos, como en Los Ángeles, donde hemos abierto un restaurante nuevo hace poco. Te da la sensación de que no hay nada pero tienen grandísimos productos, pero no tienen el bagaje cultural y gastronómico que nosotros tenemos.

M.G.- Y las cartas de los restaurantes de Dubái y Doha, ¿los tienes que adaptar a su paladar o podemos encontrar los mismos platos de un restaurante español?

D.G.- No, pero eso te pasaría en Marbella, en Madrid o Barcelona. No hace falta irte tan lejos. La carta de Leña en Barcelona tiene una serie de connotaciones diferentes a las que encuentras en la carta de Madrid o Marbella, que es una carta enfocada al público local, y utilizamos gamba roja u ofrecemos unos canelones, que son un plato tradicional de allí, o espardeñas. Son platos que no tenemos en Leña. En cada ciudad donde abrimos un restaurante, la carta es muy concreta. En Hungría, pues ofrecemos sabores más húngaros. Es también más divertido para mí. Primero porque aprendo mucho y segundo porque no tengo que hacer siempre lo mismo, ni un corta y pega constante.

M.G.- El libro está dividido en varias secciones. Encontramos desayunos, almuerzos, cenas, ensaladas, salsas. Hay una sección que me encanta, Antojos y picoteos. Me gusta porque lo del hambre emocional lo llevo fatal, pero es que en esa sección propones, desde unos nachos hasta una tarta. Eso es tener mucha hambre emocional.

D.G.- Es una tarta en el microondas, creo recordar. Pero también está el tartar de salchichón. Son cosas de muy picotear, de antojos. Los malagueños estamos muy apegados al salchichón de Málaga. 

Todas las secciones del libro están muy enfocadas a las situaciones que vivo en mi casa, desde desayunos a postres. Pero luego, hay días en los que tienes un antojo, o tienes más tiempo, o es un sábado especial y ahí te propongo hacer alta cocina pero sin dramas. Recojo todas las posibilidades. Voy a hacer la comida y me siento a ver una peli, no quiero estar cocinando mientras los demás están viendo la película. Luego está la sección de los platos que más han triunfado en redes sociales, como la tortilla. 

Tenía claro que no quería un índice con entradas frías, calientes, sopas, pescados, carnes,... 

M.G.- No un índice aburrido.

D.G.- Exacto, sino algo más real. Creo que mucha gente se va a sentir identificado con las diferentes secciones.

M.G.- Mencionas la tortilla y este libro recoge  una receta de tortilla a la que le añades una cucharada de mayonesa, pero no al lado, sino dentro. ¿Qué se consigue con eso?

D.G.- Se consiguen dos cosas. Una de ellas es la cremosidad y la otra es el sabor a aceite de oliva puro, único. Habitualmente, si vas bien de pasta, fríes la patata en aceite de oliva pero no todo el mundo puede hacerlo. Con esta receta te doy la posibilidad de no tener que freír la patata en aceite de oliva, porque te va a salir mucho más barato. Haces una mayonesa con bastante menos aceite de oliva del que necesitas para freír que le añades a la masa de la tortilla, una vez que haya reposado un poco. Añadida la mayonesa, la masa se blanquea y sólo te queda cuajarla un poquito. Eso te da un sabor a aceite de oliva puro y fresco. Brutal.

M.G.- Lo probaré. 

D.G.- Y luego encima la cuajo con mantequilla. Sé que es un poco polémico, entre comillas, pero también te digo, honestamente, que el cuajado con mantequilla lo hago porque quiero que se quede blanquita. No quiero que tueste porque no me gusta el sabor del huevo tostado en esta pureza de tortilla.

M.G.- Debo confesarte que me noqueó una receta de algo tan simple como freír patatas. ¿Qué tiene de especial tu receta?

D.G.- Bueno, es que, la primera inercia de cualquier persona es freír las patatas con el aceite a toda leche y ese es el primer error garrafal. Diría que, primero, la patata la tienes que prefreír a 150 grados. Necesitas que se cocine primeramente por dentro y que suelte todo el agua. Si las echas al aceite a toda leche, lo que consigues es que la patata de queme por fuera y se quede semicruda por dentro. Hay muchos trucos para freír patatas bien. La patata la tienes que limpiar bien y secarla todo lo posible, para que tenga el menor agua posible. No hace falta echarle sal porque, al final, la sal sólo consigue que suelte más líquido y ese líquido es el que precisamente necesitas que desaparezca del aceite. Luego, cuando las echas al aceite para que empiece a cocinarse, verás que se forma una burbuja más grande. Necesitas que la patata empiece a cocinarse y vaya perdiendo toda su agua. Irás notando que, poco a poco, la patata empieza a flotar, el sonido se suaviza, y ahí es cuando hay que darle el toque fuerte, para que se fría de verdad. Es que hay una mala tendencia, sobre todo en los amateurs. Cuando la gente escucha la palabra freír piensa que tienen que poner el aceite a 180 grados y no es así. 

M.G.- Te entiendo. Dani, habitualmente los libros de recetas incorporan, no sólo los ingredientes, y el paso a paso, sino también, a veces, los tiempos de preparación o de cocción. Son datos que no encontramos en tus recetas. ¿No los considerabas importantes?

D.G.- Bueno, te puedo decir que, por ejemplo, para cocinar una alcachofa en el microondas necesitas cuatro minutos pero si empleas una alcachofa que es la mitad de la mía, pues en vez de cuatro minutos necesitarás dos. O si es el doble de grande pues necesitarás el doble de tiempo. Es todo más complejo.  Lo importante es la didáctica, la forma en la que expliques la receta y luego los truquitos que te pueden ayudar.

M.G.- Hablando de postres. Recoges en el libro una receta de gofres de plátanos exprés. En Internet encontramos muchas recetas dulces en las que se sustituye la harina por manzana o plátano triturado. No lo he probado y tiene un aspecto muy apetecible pero, ¿el sabor es equiparable a cocinar de la forma tradicional?

D.G.- Lo que es natural es natural y si lo cambias no es igual. Es como la barra de pan sin gluten. Te la puedes comer, sí, pero no es equiparable a una barra de pan con gluten. Esa es la realidad. Nunca va a saber exactamente igual. No es lo mismo un hamburguesa de carne que una hamburguesa vegana, aunque físicamente parezcan lo mismo. Yo soy de los que apuestan por las cosas tal como son porque, al final, son muy difíciles de mejorar. Se puede, sí, porque mi mujer lo hace. Para hacer un gofre se necesita una máquina que da calor y ella hace algún tipo de puré, sin meterle gluten ni harina y te hace un gofre decente. Y puede estar bueno pero cuando hace la recta de gofres, de verdad, tradicional, tienes que hacerla como es. No hay tu tía. 

M.G.- Y al renunciar a los azúcares, las harinas, la nata,.. ¿no estamos boicoteando demasiado el mundo de la cocina?

D.G.- Bueno, estamos intentando cuidarnos mucho más. Esa es la realidad. Te propongo muchas recetas pero no te diría que comieras mac and cheese cada día. Son muchas calorías. Lo que pasa es que tenemos que tener un equilibrio porque también hay que vivir.

M.G.- Disfrutar de la comida.

D.G.- Claro. Por ejemplo, no bebo alcohol ni fumo pero sí tengo adicción a ciertas cosas gastronómicas que me gustan. ¿Cómo voy a dejar de comer jamón? ¿Por que tenga grasa? No. Y hay un montón de cosas así que me gustan. Intento no beber lactosa porque me sienta mal pero si un día voy a un restaurante francés, sé que me voy a atiborrar de mantequilla y nata. Bueno, un día puedo hacerlo.

M.G.- Y para eso también están las pastillas. 

D.G.- También.

M.G.- Dani, para ir terminando, en tu casa, ¿existe el arroz de los domingos? Y cambia arroz por otro alimento, por cordero, no sé... ¿Hay alguna preferencia en ese día?

D.G.Hay uno de chuletas, que me gustan los domingos. Pero es verdad que, como he estado toda mi vida metido dentro de una cocina, lo que me gustaba hacer los domingos era salir a comer fuera. Somos mucho más de ir los domingos a comer a restaurantes que de cocinar en casa. Eso sí, días como los que hemos tenido en Navidades, que ha llovido tanto, me encanta quedarme en casa y cocinar. Y sí, en muchas ocasiones, lo que es cae es un arroz.

M.G.- El libro cuenta con fotografías. Te vemos con tus hijas. ¿Alguna de ellas seguirá tus pasos?

D.G.- No. Como te digo, una vive y trabaja en Dubái. Estudió cinco años de moda en Londres y lleva trabajando en la central de Dolce Gabbana. Y la pequeña estudia Business Analytics en Boston.

M.G.- No te han salido cocineras...

D.G.- Y el niño que aparece en las fotos, es el hijo de mi mujer pero se ha criado conmigo toda la vida. Es más cocinillas pero ni lo veo, ni quiero que lo haga. Va para ingeniero.

M.G.- Muy bien, Dani. Pues un placer conversar contigo.

D.G.- Muchas gracias.


Sinopsis: Recetas del día a día con todo el sabor de Dani García.

Este no es un libro para cocinar como un chef… es para hacerlo como Dani García, que cuando llega a casa, se pone el delantal y cocina para sus hijos. Como hacían su madre y su abuela, siempre con amor y diversión.

Cocina en casa como Dani reúne recetas sinceras, sabrosas y alcanzables: desayunos para arrancar el día con ganas, platos con flow, trucos virales y postres que parecen de restaurante. Sin dramas ni postureo, solo comida rica, con todo el sabor y de una vida entre fogones.

Un viaje de vuelta a lo esencial: cocinar, compartir y vivir alrededor de la mesa.

 

martes, 15 de julio de 2025

PILAR GONZÁLEZ ÁLVAREZ: ❝Lo sobrenatural, la magia, o lo paranormal es una constante en mis novelas❞

No conocía a Pilar González, a pesar de ser escritora residente en Sevilla. Cuando me llegó su novela Solo la lluvia (Espasa) no esperaba encontrarme con alguien que ha había publicado con anterioridad. Siempre es un placer conocer a nuevos autores. En este caso, Pilar González nos presenta una historia negra, un thriller, que tiene como protagonista a Candeloria Navarro, una medium que colaborará con la policía en la resolución de un asesinato, que todavía no se ha cometido.

Os dejo con la entrevista.

M. González.- Pilar, un placer conocerte. Eres de aquí, nacida aquí.

P. González.- Soy sevillana, sí.

M.G.- Y no te conocía. Esta ciudad no es muy grande, aunque sí hay bastantes escritores. A ti no te conocía pero me alegra hacerlo ahora. Y esta no es tu primera novela, así que, para empezar, me gustaría que me contaras sobre tu trayectoria literaria.

P.G.- Pues, si no recuerdo mal, empecé a publicar en el 2004. Lo que ocurre es que, en aquella época, lo que escribía eran libros de autoayuda y de desarrollo personal, relacionados con mi profesión. Me pareció que era una buena forma de dar a conocer a más gente qué tipo de técnicas trabajaba. Así que, publiqué un primer libro, de nombre El despertar de... Era un poco novelado pero iba sobre el crecimiento personal o el crecimiento interior. Luego, tuve un parón bastante grande pero en 2015 volví a publicar sobre ese tema. Publiqué varios libros y, desde entonces, no he dejado de hacerlo. 

Conocí la autopublicación a través de Amazon y eso me llevó a publicar también ficción, que es lo que realmente me gusta escribir. Me fue bastante bien, así que, he seguido publicando prácticamente una vez al año.

M.G.- Pues sí que tienes trayectoria. Y esta novela la dedicas a la Hermandad de Escritores. Cuéntame qué es eso.

P.G.- Pues es un grupo de escritores. Al principio, casi todos éramos autopublicados. Éramos como los hombres o las mujeres orquesta porque había que hacer de todo, aparte de escribir, maquetar, diseñar la portada, las correcciones,... Todo el trabajo. A veces, se nos hacía un poco cuesta arriba y era algo muy solitario. Así que fuimos empezando a conectar a través de las redes y formamos un grupito de apoyo que ha sido fundamental para la mayoría. Luego nos hemos ido conociendo en persona, hemos tenido encuentros y hemos formado una hermandad maravillosa para mí. Algunos de ellos ya están publicando con editorial como, por ejemplo, Lara Beli que el año pasado escribió un libro maravilloso que se llama Libre es mi corazón, sobre Rosalía de Castro. No sé si las conoces.

M.G.- No, no. 

P.G.- Tuvo muchísimo éxito. Bueno, pues en la hermandad nos hemos ido apoyando, al principio, a nivel literario, nos hemos leído, nos hemos hecho sugerencias editing unos con otros,... Por eso se lo dedico a ellos.

M.G.- Un gesto muy bonito. Pues en Solo la lluvia, vamos a conocer a Candeloria Navarro, una mujer muy especial, de la que después vamos a hablar. Ella empieza a colaborar con la policía para resolver varias investigaciones criminales. Se dice de esta novela que es un drama psicológico, un thriller sensorial y con toque de realismo mágico. Todo eso, ¿cómo se combina?

P.G.- Cuando empecé a escribir ficción, de lo que me di cuenta es de que me gusta mezclar géneros. No sé por qué pero me sale así. Y, en esta novela, efectivamente hay un poco de suspense, un poco de misterio y también un poco de ficción histórica. Es como un cóctel molotov que parece que ha quedado bastante bien, según las opiniones que empiezo a recibir. Está gustando bastante. Siempre mezclo géneros. Y luego está el tema sobrenatural, la magia o lo paranormal, como quieras llamarlo. Es una constante en mis novelas, a excepción de una.

M.G.- Te interesa el tema.

P.G.- Sí, es un tema que me atrae y que me sale casi de manera inconsciente.

M.G.- Pilar, tengo una curiosidad tonta. ¿Por qué Candeloria y no Candelaria?

P.G.- Porque la novela está ubicada en Galicia, en A Coruña. Buscaba un nombre que significara luz, llama, como una guía. Lo primero que se me ocurre es Candela pero quería un nombre que fuera más gallego. Y existe Candelaria pero luego encontré que Candeloria es un nombre más antiguo y que se ha castellanizado como Candelaria. Así que, aunque Candeloria está ya en bastante desuso, aún se emplea y es más gallego que Candelaria. Por eso lo elegí. 


[Si quieres escuchar nuestra conversación, clic al vídeo]

M.G.- Y es muy original, sí. Bueno, pues hemos dicho que Candeloria es una mujer muy especial porque tiene un don. ¿Qué don es ese?

P.G.- Ella tiene un don que vive como si fuera una condena. Tiene la capacidad psíquica o extrasensorial de conectar con personas que han fallecido. O, más bien al contrario, son las personas fallecidas las que contactan con ella. Ella no hace nada para que eso ocurra. Y lo vive como si fuera un castigo, una condena o una maldición. Es algo que la tiene aterrada desde pequeñita y, de alguna manera, la ha aislado. Siente que la rechazan por eso, que su madre ha querido que siempre fuera un secreto. 

M.G.- E incluso los médicos no le dan ningún tipo de credibilidad. No lo ha tenido nada fácil.

P.G.- Claro, los médicos piensan que tiene esquizofrenia, epilepsia,... Lo que se suele decir cuando se tiene algo que no típico ni normal. A eso se le añade también que no es una persona muy agraciada. Siempre ha tenido tendencia a engordar un poquito. No es que fuera obesa pero tú sabes, los niños se metían con ella, se reían de ella, la apodaban albóndiga,... Bueno, todo eso va conformando su carácter y ella se ha sentido acomplejada, aislada, como un bicho raro.

M.G.- Generalmente, las personas que tienen este don les viene de herencia. No sé si es el caso de Candeloria.

P.G.- No. En este caso no hay ningún antecedente. 

M.G.- Y la relación que tiene con sus padres es un poco...

P.G.- Sí, sobre todo con el padre, que la rechaza. La madre, aunque no lo lleva bien, sí que la sobreprotege, en alguna medida.

M.G.- Pilar, algo que me llama mucho la atención y me gustaría que me explicaras. En la novela se cuenta que este tipo de don también se puede entrenar, que no es necesario nacer con él.

P.G.- Sí, sí, sí.

M.G.- Y eso, ¿cómo se hace?

P.G.- Hay una asociación. 

M.G.- ¿La UME?

P.G.- Sí, la Unión de Mediums y Espiritistas, aunque esta es inventada. Hay otros muchos grupos que existen desde hace muchísimo tiempo. Creo que uno de los primeros fue el Club Fantasma, del que hablo en el libro, que se fundó en 1800 aproximadamente. En este tipo de asociaciones se reúne para hablar sobre temas sobrenaturales, sobre espiritismo y cosas así. Y ellos mantienen que ciertas capacidades se pueden desarrollar a base de entrenamiento.

M.G.- Y digamos que hay un elemento natural que tranquiliza a Candeloria y que da título a la novela.

P.G.- Sí, el libro se llama Solo la lluvia porque, de alguna manera, es el elemento que a ella la calma. La lluvia hace que el miedo desaparezca. Es como un bálsamo para ella. La frase "solo la lluvia" aparece en el texto en bastantes ocasiones. Me pareció un título ideal.

Fíjate que yo empecé el libro con la idea de otro título y acabé cambiándolo porque me di cuenta de el título tenía que ser Solo la lluvia. Y no sólo porque es un elemento importante para la protagonista, sino también porque era más acorde al tono de la novela, con el clima del escenario principal. Me pareció un título bonito y evocador. 

M.G.- Hemos dicho que ella ayuda a la policía a resolver ciertas investigaciones criminales. De hecho, lo que ella pretende, al tener una premonición, es tratar de evitar que se cometa un asesinato. ¿Ese podría ser el núcleo de la trama?

P.G.- Sí. Hasta ese momento lo que haya ha experimentado son visiones de seres que se le aparecían, que habían fallecido. Pero ahora, por primera vez, tiene una visión de algo que todavía no ha ocurrido, que ocurrirá en el futuro. A partir de ahí ella se plantea si hay posibilidad de poder evitar una muerte. Es una cuestión que está muy relacionada con el tema del destino, un tema que planea por toda la novela. 

M.G.- Si se puede cambiar el destino.

P.G.- Exacto. Empieza a dudar sobre si el destino se puede cambiar. Su intención es evitar que ocurra lo que todavía no ha ocurrido.

M.G.- ¿Te consta que la policía recurra a este tipo de personas para resolver casos? Es algo que vemos mucho en las películas. 

P.G.- Sí, me consta. Me estuve documentando para ver si precisamente es así. A nivel internacional, hay más casos. En España también pero parece que aquí hay como un poquito de...

M.G.- ...reticencia.

P.G.- Sí. Pero hay casos en los que se recurre, como fue en el caso de Marta del Castillo.

M.G.- Me suena que en el caso Madelaine, también. 

P.G.- En el caso de Marta del Castillo no fue concluyente, no fue resolutivo, pero se hace.

M.G.- Y esa colaboración de Candeloria con la policía va a traer ciertas repercusiones a nivel personal. No sé si podemos contar mucho sobre esto. 

P.G.- Sí, porque la sinopsis ya habla de un amor imposible. Candeloria va a vivir un amor idealizado, un amor utópico, que, de alguna manera, y aunque ella sepa que no es correspondida, le va a dar cierto sustento, cierta esperanza. 

M.G.- Le crea ilusión.

P.G.- Sí. Hay una tensión emocional que se irá manteniendo a lo largo de toda la novela. 

M.G.- Hay un personaje real del que yo desconocía su existencia, un mago, de nombre Dai Vernon. ¿Qué tiene que ver este personaje con la historia?

P.G.- Eso se preguntan muchos lectores. Sobre todo, hasta casi la mitad de la novela. Es que hay dos tramas que, en apariencia, parecen independientes. Sin embargo, hay un momento en el que ambas van a converger. Me pareció interesante ir alternando ambas tramas y hablar de un personaje real, alguien que tuviera que ver con el mundo del ilusionismo y dotarlo, como licencia literaria, un poquito más allá en el tema de la magia. Es lo que te puedo contar.

M.G.- ¿Pero cómo llegas a este personaje?

P.G.- Llego a este personaje cuando me surge la idea de incluir a alguien que fuera real. Me gusta incluir en mis novelas algo de ficción histórica. Fui buscando y, al principio, pensé en Houdini, pero era demasiado conocido. Hay muchos libros y películas sobre él. Quería a alguien que fuera famoso en su mundo pero no demasiado fuera de él. Y encontré a Dai Vernon. Me pareció que podía encajar muy bien. Pero he tenido bastante dificultad con su biografía. Hay muchos manuales sobre sus trucos, sin embargo, sobre su vida hay muy poquita documentación. He tenido que ficcionar algunas lagunas que había. Y dentro de lo que he encontrado, he tratado de ser lo más fiel posible. 

M.G.- Se dice que Vernon llegó a engañar a Houdini. ¿Cómo fue eso?

P.G.- Precisamente, en la novela, hay un capítulo en el que explico cómo fue. Houdini era un poquito soberbio. Él decía que si veía un truco tres veces podría descubrirlo. Vernon le hizo un truco que Houdini vio no sé cuántas veces y no fue capaz de descubrirlo. Vernon aprovechó eso como reclamo publicitario en su tarjeta de visita. 

M.G.- Y no nos podemos olvidar del inspector de policía con el que va a colaborar Candeloria. Víctor Garrido es un hombre que también arrastra lo suyo.

P.G.- Sí. Víctor es andaluz, sevillano. Fue destinado a A Coruña como inspector de policía. Es un hombre muy profesional, muy amable, que respeta mucho a Candeloria. Ella se siente respetada y eso hace que le atraiga. Aparte de que lo ve guapo y todo eso. Lo que pasa es que él pasa por un proceso trágico, que va a conmocionar su vida. A raíz de ese hecho para a entrar en una situación muy depresiva y Candeloria le va a servir de apoyo.

M.G.- Antes has comentado que también has escrito un par de libros de desarrollo personal. En esta novela, también vamos a ver algo de eso, ¿no? Digamos que Candeloria va a evolucionar.

P.G.- Sí, es algo que me parecía importante.

M.G.- Ella busca como esa aceptación y esa paz interior que le ha faltado toda su vida.

P.G.- Claro. La necesidad de aceptación es un tema muy universal, con el que nos podemos identificar. ¿Quién no necesita ser aceptado? No es necesario tener grandes traumas. Creo que todos, de manera innata y natural, necesitamos ser aceptados. Y en el caso de Candeloria, mucho más por todos los complejos que tiene, por cómo la tratan, porque se ha sentido aislada y rechazada siempre. En la novela se plantea ese estigma social, cómo se actúa frente a lo diferente.

M.G.- A lo raro.

P.G.- Sí, a lo raro, también.

M.G.- Antes hablabas de la documentación. No sé si has tenido que hablar con mediums. 

P.G.- Sí, sí.

M.G.- ¿Y qué te cuentan?

P.G.- Mi hermana tiene algo y conozco un poco del tema. Pero aparte me he documentado. Internet es una fuente de documentación impresionante, maravillosa. He leído libros, he visto documentales, vídeos,... pero también he preguntado a expertos. El tema de la documentación es muy amplio y, por suerte, hoy día es de fácil acceso.

M.G.- Hay diferentes tipos de mediums.

P.G.- Sí, sí,... 

M.G.- ¿Y en qué se diferencian unos de otros?

P.G.- Bueno, lo explico también en un capítulo. Hay algunos que tienen clarividencia, es decir, que pueden ver a personas o a otro tipo de seres. Hay otros que tiene clariudencia, que no ven, pero escuchan a alguien que les habla. Por eso, muchas veces, estas personas son tachadas de tener alucinaciones. Hay otros que son psicomotólicos, los que pueden mover objetos. Hay muchos tipos, sí.

M.G.- Y la acción transcurre en Galicia, en A Coruña. ¿Por qué eliges esa ubicación exactamente?

P.G.- Me parecía que era interesante por el clima, con la lluvia, el viento, las nubes y todo gris. Quería darle ese tono a la novela. Estuve buscando posibles escenarios. Ya conocía A Coruña. Es una ciudad muy bonita y tenía otros lugares que me venían bien. Aparecen distintos municipios de A Coruña. El año pasado volví a visitar la ciudad para recorrer algunos lugares que salen en la novela.

M.G.- Pilar, no tengo más preguntas que hacerte. Te agradezco mucho que me hayas atendido y espero que tengas mucha suerte. 

P.G.- Muchas gracias a ti.


Sinopsis: Entre el destino y el libre albedrío, una novela llena de magia, amor y redención.

Candeloria Navarro es médium. Desde niña, se le presentan seres del pasado que han convertido su vida en un pozo de soledad: durante mucho tiempo padece miedos que solo la lluvia calma. Además, siente complejo por su tendencia a engordar y se percibe diferente.

Su don, para ella una maldición, le permite mantener una colaboración exitosa en algunos casos de desaparecidos que investiga Víctor Garrido, inspector de la Policía Nacional en A Coruña. Así, en 2018, Candeloria tiene una premonición: está a punto de cometerse el asesinato de una mujer. A partir de este momento, se pregunta si el destino puede cambiarse y buscará a la posible víctima con la ayuda del inspector. La cuestión se complica cuando se enamora del policía, un amor imposible, y por la conexión de su presagio con Dai Vernon, un famoso ilusionista que vivió en el siglo xx al otro lado del Atlántico, en Magic Castle, precursor de la «magia de cerca» y que en 1970 construyó un reloj de bolsillo muy peculiar, la única pista que parece concluyente. ¿Logrará ella evitar el crimen?

Una novela apasionante, en la que la magia, el misterio y la recreación histórica se dan la mano para denunciar el estigma social al que se ven sometidas las personas que no siguen determinado canon y que te atrapará entre sus páginas.


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