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jueves, 30 de julio de 2026

ANTONIO PUENTE MAYOR: ❝Cuando estudiaba filología, veía la novela como algo inalcanzable❞

Conozco a Antonio Puente Mayor hace muchos años, casi desde el momento en el que se abrieron las puertas este espacio. Conocidísimo en el mundo literario sevillano, Antonio es alma inquieta. Decir que es guía turístico de profesión es quedarse verdaderamente corto porque, cada una de sus pasiones las convierte en su modo de vida. Periodista, locutor de radio, dramaturgo, escritor. Antonio Puente Mayor es un compendio de muchas cosas y todas ellas vinculadas con el mundo de la comunicación, de la cultura, de la literatura y de la divulgación de la lectura. No en balde ha impartido diversos cursos y talleres, ha organizado jornadas literarias, o ha dirigido varios clubes de lectura.

A lo largo de los años ha publicado un significativo número de libros, que van desde la literatura infantil, pasando por los ensayos, las guías turísticas y las novelas. Recientemente ha visto la luz La abadía de hielo, que publica con Roca Editorial, una novela en la que aúna todas esas pasiones que os comento.  La abadía de hielo hará viajar al lector por tierras riojanas. Su protagonista, Alba Villén, es guía turística, encargada de acompañar a un singular grupo hasta la abadía de Valvanera, donde se cometerá un crimen. Aislados entre los muros de la abadía, con motivo de un temporal de nieve, los integrantes del grupo tendrán que averiguar quién es el asesino, un juego del que disfrutará el lector.

La semana pasada tuve la oportunidad de conversar con Antonio Puente Mayor. Más allá de los consabidos treinta minutos de interviú, dedicamos casi toda la tarde a charlar de un sinfín de cosas interesantes y curiosas. Pero, ahí va sólo la charla en relación con esta nueva novela.

Marisa G,- Antonio, un placer charlar contigo. Tengo la suerte de poder hablar contigo con frecuencia.

Como sabes, he leído tu novela. La he disfrutado. He intentado averiguar quién es el malo de esta historia y la verdad es que no lo he conseguido. Pero para empezar, te conocemos literariamente, principalmente por tus ensayos y tus novelas históricas. Sin embargo, con La abadía de hielo cambias de género, te adentras en el misterio, al más puro estilo de Agatha Christie. ¿Por qué este cambio y cómo te has sentido moviéndote en estas aguas? 

Antonio P.M.- Bueno, pues porque yo quería hacer una novela que combinara muchas de mis pasiones. Por un lado, el mundo del turismo, que es de lo que parte la novela. La guía turística, Alba Villén, me representa a mí, a mis compañeros, a aquella generación que vivimos el turismo de grupos, de turismo de los tour operadores, de los circuitos nacionales. Ella representa a todos los que vivimos en una época dorada del turismo.  Quería rememorar una novela sobre aquella época. Le debía un libro a mis compañeros de trabajo y a muchos amigos que he hecho durante más de 23 años de guía. No quería combinar todo eso a través de un ensayo o un libro de anécdotas. No lo veía claro, y se me ocurrió la idea de la novela, que la tenía en la cabeza desde hace muchos años. 

Soy un entusiasta de los libros de Agatha Christie desde que era un chaval. Tenía 13 años cuando leí Diez negritos, luego leí a Arthur Conan Doyle, y con ellos me inicié y me enamoré de la lectura. 

M.G.- Pero ¿te ha sentido cómodo en este género o te has encontrado con muchas trabas? 

A.P.M.- No, me he encontrado comodísimo. De hecho, podría decirte que ha sido de los libros me ha resultado más fácil de escribir, que me ha salido más rápido. Lleva una estructura que he tenido que trabajar durante bastante tiempo para que todas las piezas encajen y, sobre todo, para que todos los personajes tengan un móvil para poder cometer el crimen. Esa ha sido la mayor dificultad y dosificar la información a lo largo de la novela. Que el lector fuera conociendo a los personajes, fuera haciendo el viaje con ellos y, al mismo tiempo, tratara de averiguar quién es el asesino. Pero luego, el viaje que hacen, para mí ha sido muy fácil porque me lo sé de memoria. Lo he realizado infinidad de veces, durante más de veinte años. Los lugares que describo en la novela los tengo en mi cabeza, no me hace falta ni ver fotos. Me conozco los aromas, las comidas, y todos los sitios que describo 

Además, ha sido muy bonito hacer un homenaje a amigos de allí. En la novela aparecen recepcionistas de hotel, camareros, párrocos de los pueblos de allí, la gente del monasterio. Todas esas personas son, como digo, casi parte de mi familia. Los he visto crecer, casarse, tener hijos,... Ha sido muy emocionante poder volcar todo eso en la novela. 

M.G.- La abadía de hielo narra un crimen cometido en el interior de una abadía, de la que luego hablaremos, y de donde es imposible escapar porque hay un temporal de nieve. Esta novela se clasifica en lo que se llama el whodunit, quién ha cometido el crimen, pero también se le aplica la etiqueta de travel mistery, algo de lo que jamás había oído hablar. 

A.P.M.- Sí, que a mí me conste, es un género que no se ha trabajado nunca en España, o si se ha trabajado, ha sido de manera más circunstancial o transversal. El travel mistery es un género que se desarrolla en el mundo anglosajón. Agatha Christie ya lo usaba en varias de sus novelas, como Muerte en el Nilo o Asesinato en el Oriente Express. Pero yo he querido traerme este género a España porque veía que no había nada parecido en nuestro país, un crimen dentro de un circuito turístico, en el que todos fueran viajeros. Creo que el resultado ha sido muy positivo. A la gente le ha gustado muchísimo y todos los mensajes que estoy recibiendo de la gente me dicen que han disfrutado, no solo con la resolución del crimen, sino con el viaje en sí.

Uno de los mensajes que más me ha emocionado es el de una persona de La Rioja, a la que no conozco de nada y que me dijo que había disfrutado mucho no sólo porque la trama ocurriera en su tierra, sino porque había aprendido muchas cosas de la propia Rioja. Como guía turístico, he investigado mucho para contarles a mis turistas, como leyendas, curiosidades históricas, detalles de los paisajes por donde vamos, datos que la propia gente de La Rioja no conoce. Creo que el travel mistery es un género que tiene bastante recorrido en España, siendo como es nuestro país, tan turístico. Pienso que he abierto un camino, y me gustaría que hubiera una continuación. Estoy trabajando en una posible saga, basada en los viajes de Alba Villén. Esperamos que a la gente le siga gustando.


[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]

M.G.- Es verdad lo que comentas. Cuando leemos una novela que transcurre en nuestra propia ciudad, aprendemos mucho. Creo que sabemos menos de nuestra propia ciudad que la gente que viene de fuera.

A.P.M.- Totalmente. Lo ampliaría a España en general porque, de nuestra localidad, pues conocemos menos los monumentos que de otros lugares a los que has ido de vacaciones o de viaje. En líneas generales, España es una gran desconocida para los propios españoles.

He publicado tres guías de viaje de España. Por ejemplo, en un libro que publiqué con Planeta, hablo de lugares de Cataluña que los propios editores de Barcelona no conocían. Me quedé muy sorprendido cuando me dijeron que de los 100 lugares que se recogían en el libro, no conocían ni la tercera parte. Es algo que me sorprende mucho, porque tenemos un país maravilloso. No hace falta salir de nuestras fronteras para poder disfrutar. En mi libro, La vuelta al mundo sin salir de España, donde comparo cincuenta y dos lugares con cincuenta y dos países, aparecen playas maravillosas, cuevas, yacimientos arqueológicos,... Muchas veces vamos al Caribe buscando playas exóticas o buscamos castillos impresionantes con fantasmas y, sin embargo, tenemos la provincia de Guadalajara, lugares subterráneos, o lugares submarinos en Las Canarias,... Tenemos absolutamente de todo y es una pena que no conozcamos más y disfrutemos más de nuestro propio país. Pongo en valor viajar fuera, al extranjero, pero pienso que hay que descubrir más nuestras ciudades y nuestros pueblos, en los que hay muchos tesoros.

M.G.- Total. Hemos hablado de Agatha Christie, pero, ¿qué le debe la literatura de misterio a Agatha Christie? ¿Podríamos decir que Agatha Christie es la pionera en literatura de misterio? 

A.P.M.- No fue la primera que hizo novela policíaca, pero sí fue la que la popularizó. De eso no tengo ninguna duda. Hubo intentos anteriores, pero está claro que la edad dorada de la novela policíaca clásica llega a partir de los años 30, de los años 40, que es cuando ella empieza a publicar estas novelas. Ella triunfa con El asesinato de Roger Acroy, que es una novela que rompe los esquemas de la literatura policíaca. A partir de ahí, va a crear un género con el que consigue que mucha gente que no leía, se acerque a la lectura o al mundo de la literatura, y eso tiene muchísimo valor. 

Hay escritores, como Agatha Christie, a los que admiro, porque tienen la capacidad de hacer que, gente que tiene otras aficiones y no se acercan a los libros, empiecen a leer. A mí eso me parece increíble. Ella tuvo ese poder de convocatoria como en España puede tenerla Arturo Pérez-Reverte, al que siempre he respetado. Su capitán Alatriste podría tener un equivalente a Hercules Poirot, en la literatura inglesa.

Agatha Christie tuvo una vida apasionante, una mujer adelantada a su tiempo que siempre me ha fascinado. He seguido sus pasos. He estado en Inglaterra, he estado en Tenerife, en Puerto de la Cruz, donde se alojó después de divorciarse. Allí hay una escalinata dedicada a ella, con los nombres de sus novelas. La ratonera y Diez negritos las he montado en teatro, y tenía muchas ganas de escribir una novela que siguiera las pautas de sus libros, pero adaptada al siglo XXI.

M.G.- La novela transcurre en 2003 y de eso hablaremos más tarde. Pero centrándonos en una de las protagonistas, en Alba Villén, la guía turística. Teniendo en cuenta que esta novela está muy vinculada con tu carrera profesional, que llevas ejerciendo durante más de veinte años, imagino que esta novela tendrá muchos puntos autobiográficos. Y luego, me surge la duda de, si tiene estos elementos autobiográficos, por qué optar por una protagonista mujer y no hombre. Meterte en la voz de una persona de otro género será más complicado.

A.P.M.- Sí, la novela tiene tintes autobiográficos, aunque no todo lo que hace Alba Villén lo he hecho yo. De todos modos, sí que muchas de mis experiencias las vive ella, como esos nervios de la primeriza, el hecho de que sea su primer trabajo, sus veinticinco años, y que la acción transcurriera en 2003, cuando España era tan distinta a como es hoy. Eran años de turismo analógico. No había GPS sino que usábamos mapas de carretera y los teléfonos móviles eran muy primarios. El año 2003 es importante porque fue el año en el que yo empecé como guía turístico. 

Alba bebe de mí. Elegí que fuese una mujer porque es una profesión muy femenina, en la que hay muchísimas mujeres. En mi grupo de guías, con una plantilla de veinte personas, la mayoría eran mujeres y he aprendido mucho de ellas. Ser mujer en esta profesión suponía todavía más dificultad que ser hombre. Es una profesión muy solitaria, en la que tienes que estar muchos días fuera de casa, y que te dificulta mucho conciliar. He visto cómo muchas de mis compañeras, cuando decidieron formar una familia, tuvieron que abandonar la profesión y las que no lo hicieron, tuvieron dificultades graves, dejando a sus bebés en casa con sus maridos, lo que implicaba que las criticaran o que tuvieran problemas. Quería ponerme en la piel de una chica que empieza su carrera, con esos primeros miedos y esas primeras dificultades, a las que se suma el hecho de ser mujer. Además, Alba tiene una relación amorosa complicada y ahí lo dejamos.

M.G.- Sí. Bueno, me lo he pasado muy bien leyendo esta novela, y no sólo por el misterio sino porque ocurren muchas cosas insólitas entre el grupo de viajeros. Hay muchas trifulcas entre ellos. ¿Esto suele ser así? ¿Qué es lo más rocambolesco que te ha ocurrido como guía turístico?

A.P.M.- He intentado condensar en un único viaje anécdotas de diez o doce viajes. Evidentemente, no todo esto ocurre en un solo viaje, sino que he cogido algo de aquí, otra cosa de allá, pero todo, todo, salvo el crimen, es real. Todo nos ha pasado. El que lea la novela sabrá que tuvimos un choque con el autobús en una calle de Logroño, o que el autobús se quedará aislado, sin nevada y sin crimen, claro. Todos los detalles, todas las anécdotas, todo lo que ocurre entre los pasajeros, con escenas un poco subidas de tono,... Todo eso ha ocurrido. Siempre digo que es una profesión que despierta muchas pasiones porque estás de vacaciones, desconectas durante una semana y en esas circunstancias, la gente hace cosas que no se plantea hacer en su día a día. Trabajo en algo donde la gente es feliz pero los roces son inevitables o hay gente que no cuadra con el tono del grupo. Todo esto, para una novela, era un material muy potente.

M.G.- Algunos de los personajes están basados en personas reales pero, ¿fácilmente identificables? ¿Ellos se pueden llegar a reconocer?

A.P.M.- Creo que, en algunas facetas, sí. Hay personajes que están calcados de la realidad. Algunos de mis compañeros tienen hasta miedo. En la presentación me preguntaban si aparecían en la novela, si eran el asesino,... (Ríe). Me han escrito muchos conductores de autobús y eso me ha emocionado mucho porque me han dicho que la novela les ha tocado la fibra, que se les han saltado las lágrimas, porque hemos hecho juntos ese viaje y saben que todo lo que cuento es real. Es bonito que los compañeros se vean pero no es un reflejo directo. He cogido una pieza de una persona, otra de otro compañero,... Por ejemplo, el físico de Alba, con esa cicatriz en el brazo, corresponde a una compañera que conocí en aquella época. Hay una serie de detalles que, cuando mis compañeros los lean, les va a gustar y a emocionar. Es algo que estoy viviendo todos los días porque estoy recibiendo mensajes de toda España.

Y otra cosa muy especial es que me han escrito los caballeros de Valvanera, una de las instituciones más antiguas que hay en La Rioja. Grandes personalidades de La Rioja están vinculadas a la virgen de Valvanera, la patrona. La abadía donde ocurren los hechos en la novela, la abadía de Valvanera, está a mil metros de altura y estos caballeros me escribieron, contándome que habían leído la novela con cierto recelo, por si contaba algo que no debía contar pero están muy contentos porque había dejado en muy buen lugar a la abadía, a la virgen de Valvanera y a todo lo que ella representa. La virgen de Valvanera va mucho más allá de lo religioso.

Este es un lugar que, paradójicamente, no es muy conocido fuera de allí. Para mí, Valvanera es muy especial. He visitado lugares religiosos en muchos puntos del mundo pero el misterio gira alrededor de Valvanera y su virgen, me parece una cosa muy bonita.

M.G.- Entre los personajes tenemos a una enfermera, a un empresario, a un profesor, a una telefonista. ¿Qué criterios sigues a la hora de elegir a uno u otro?

A.P.M.- Sobre todo que hubiera variedad. Quería que hubiera diferentes profesiones, diferentes estratos sociales y también diferentes procedencias. Creo que esto le aportaba riqueza al libro y también reflejaba la realidad. He tenido la suerte de que, en estos veintitrés años de carrera he llevado a gente de todos los lugares de España, incluso de Hispanoamérica. El hecho de elegir diferentes profesionales te aportaba juego a la hora de recelar de los personajes. Tenemos un profesor universitario, como has dicho, a una enfermera, a una señora mayor de Cádiz, que viaja con su nieto..., que me recuerda al primer viaje que hice con mi abuela. Rosario se inspira en mi abuela, en esa gracia que tenía, echada para delante, de edad pero de espíritu joven. Mi abuela está presente en esta novela.

Y luego hay un locutor de radio, otra de mis pasiones y el mundo del teatro, soy dramaturgo, director de teatro y fui actor durante muchos años. En la novela están recogidos todos los ambientes en los que me he movido.

Por supuesto, está el monasterio y sus monjes, personajes que existieron. 

M.G.- A mí me han entrado muchas ganas de visitar la abadía, después de leerte. Entiendo que es un lugar visitable. Pero te escuché decir en la presentación que ya no hay monjes benedictinos como sí vemos en la novela.

A.P.M.- En la abadía, durante más de mil años, ha habido monjes benedictinos. Estaban ligados a Montserrat. Cuando yo empecé a ir, conocí a una comunidad que cada vez se iba mermando más. Eran personas muy mayores. Hubo un momento en el que la orden se reforzó con monjes venidos de Hispanoamérica, especialmente de Panamá, pero llegó un día en que el número era tan insuficiente que tomaron la decisión de abandonar Valvanera. Eso supuso un shock en La Rioja. No se conocía la abadía sin los monjes benedictinos. Entonces, el arzobispado se puso manos a la obra y consiguió que otra orden, el Verbo Encarnado, se interesara, procedente de Argentina. Es una orden joven, de los años 80 y han hecho una labor excepcional porque son muy jóvenes y tienen muchas ganas de trabajar. 

La abadía está abierta, casi todo el día, fundamentalmente las puertas de la iglesia, y se puede visitar el camarín de la virgen, se puede subir y verla. También hay un museo dedicado a la historia del monasterio, un claustro que en la novela lo vamos a ver en obras porque así estaba en 2003.

M.G.- Lo hemos comentado antes. Que la novela transcurra en 2003 es algo necesario porque no existían móviles, no había tanta posibilidad de comunicación como hoy día y eso provoca que el aislamiento sea aún mayor. 

A.P.M.- Se trataba de eso. Me tenía que ir a un año así porque contribuía a construir atmósferas que son totalmente reales. No he llegado a visitar la abadía con nieve pero sí días antes de importantes nevadas, y me informé de cómo vivían cuando las carreteras quedaban cortadas. Me hablaron de las máquinas quitanieves de Logroño y del punto de meteorología de La Rioja que está situado en el propio monasterio. Diariamente, un monje avisa a la Agencia Estatal de Meteorología para darle información sobre la temperatura exacta.

M.G.- Durante la presentación dijiste una cosa con la que estoy totalmente de acuerdo. Las novelas, si son entretenidas, bien pero si además de entretenidas te enseñan algo, muchísimo mejor, entonces. Y eso se cumple en esta novela. Ya te digo que me han entrado muchas ganas de visitar Valvanera. Conozco parte de La Rioja pero la abadía no. Y esta novela permite viajar al lector sin levantarse de su asiento y esa es una forma de viajar, preciosa.

A.P.M.- Sin duda. Siempre intento que mis libros entretengan pero también enseñan algo. En este sentido, estoy recibiendo comentarios maravillosos de gente de todos los niveles culturales, desde estudiantes universitarios, amas de casa,... Hace poco recibí un mensaje de una catedrática de la Universidad de Sevilla en el que me comentaba que, aunque conocía parte de La Rioja, como tú, le he descubierto rincones que desconocía.

Fíjate que Valvanera, curiosamente, es un punto que no suele estar en los itinerarios turísticos. Todo el mundo visita San Millán de la Cogolla, con el monasterio de Yuso, patrimonio de la humanidad por la Unesco. Los monjes de Valvanera siempre me decían que todo el dinero y todas las ayudas iban a parar a Yuso y a Valvanera nunca les tocaba nada, que allí sólo iban los romeros pero no los turistas. Por eso, cuando llegábamos nosotros con un grupo de viajeros nos daban las gracias. Tuve la suerte que una empresa sevillana, de mi barrio de Triana, Triana Viajes y Puente Club Tour Operador, apostara por Valvanera, desde el principio, cuando nadie lo hacía. Gracias a esta apuesta, hemos ido una y otra vez, hemos abierto camino y ahora son muchas las empresas turísticas las que visitan Valvanera.

M.G.- ¿Tú aprendes algo nuevo cada vez que visitas La Rioja?

A.P.M.- Siempre, Marisa, porque, no solamente voy a los monumentos, sino que tengo conversaciones maravillosas con los riojanos.

Hace dos semanas, me escribió la hija de David Moreno, una institución en La Rioja. Es uno de los bodegueros más famosos y más importantes. Creó la primera bodega enoturística de La Rioja, la primera bodega que se abrió al turismo. El mundo bodeguero es antiquísimo. En La Rioja se hace vino desde el siglo XIX y se creó la denominación de origen. Pero no fue hasta el siglo XX, cuando David Moreno pensó en hacer una bodega abierta al turismo, para hacer catas. Tuve la suerte de conocerlo, de conocer a sus hijas, y que ellas me escribieran y me dijeran que les había emocionado mucho que mencionara a su padre en la novela, y que hablara de todo ese mundo o de Badarán, un pueblo muy pequeñito, que tiene un lema maravilloso: "Badarán, vino, chorizo y pan". Esa es la triada del pueblo, las tres cosas que disfrutan mis clientes cuando los llevo.

La gente de La Rioja es maravillosa. Si no viviera en Andalucía, sin lugar a dudas, elegiría La Rioja. La gente es cálida, acogedora y, sobre todo, sencilla. Son gente muy humilde, gente que pueden haber hecho grandísimas fortunas en los años 80 con el tema del vino, que poseen varias bodegas, pero siguen viviendo en sus pisos, junto a gente obrera. A mí es algo que me sorprende y que no he visto en ningún rincón del mundo. 

M.G.- Hablemos de la estructura de la novela. No es una narración lineal en la que juegas con el presente y con un pasado reciente. Vas contando lo que ocurre en el presente de la novela pero, alternativamente, nos retrotraemos a los dos o tres días previos a la llegada a la abadía. ¿Por qué?

A.P.M.- La aplicación es muy sencilla. Si hubiera escrito el libro de manera lineal, hubiera sido un viaje aburrido. Si no planteo el crimen hasta el penúltimo día, todo lo demás no dejaría de ser nada más que un tour turístico, atractivo desde el punto de vista pedagógico, pero sin tensión. Lo ideal era mostrar el crimen en las primeras páginas del libro e ir luego reconstruyendo las horas previas al crimen.

Esta novela bebe mucho del mundo de la televisión y de las películas. Ahora mismo, el mundo de la literatura vive un momento muy complejo, de mucha evolución. Todos los thrillers, todas las novelas de misterio y suspense beben mucho del ritmo cinematográfico y de las series. Por eso yo he planteado la novela con capítulos cortos, con ese cliffhanger típico, que te deja con ganas de seguir leyendo un capítulo más. Si coloco el crimen al final, hubiera sido muy tedioso para el lector y se hubieran encontrado con una resolución muy rápida.

M.G.- Tienes razón. Y antes has comentado de pasada que probablemente veamos a Alba Villén en más aventuras. ¿Esto se puede confirmar?

A.P.M.- Sí. Hay  una segunda novela en preparación. Me queda todavía el ok del editor y del comité de Penguin Random House, una gente que trabaja de manera excepcional. He tenido la suerte de empezar desde abajo y conocer todas las facetas de la creación de un libro. Empecé con un sello casi familiar, con mi mujer, tuvimos un libro que llevó a ser finalista del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, que para nosotros fue una sorpresa alucinante. Mis libros están en los cinco continentes, sobre todo los infantiles, algo dificilísimo. El hecho de ir poco a poco, conociendo el mundo del libro, pasar de una editorial más pequeña, a una andaluza, luego a La esfera de los libros, a Planeta, y ahora estar en Penguin Random House, que era el sueño de mi vida, la verdad es que ha superado todas mis expectativas.

Cuando estudiaba filología, escribía poesía, teatro, pero me decía que jamás escribiría novela porque era algo muy difícil Veía la novela como algo inalcanzable y los novelistas me parecían gente muy consagrada a la novela durante años. Pero he tenido la suerte de ir poco a poco, seguí los consejos de mis profesores, empecé con el relato corto, gané varios premios que me dieron confianza y autoestima, de ahí pasé a la novela juvenil, y cuando vas creciendo poquito a poco te vas asentando. Llegar ahora a Penguin Random House es como jugar de juvenil en un equipo regional a pasar a jugar en la Champions League. Creo que, ahora mismo, estoy un momento que, por edad, por profesionalidad y por preparación, es el más adecuado. 

M.G.- Como última pregunta. Sabemos lo que tiene que tener una novela y un escritor para complacer al lector pero, ¿qué tiene que tener un guía turístico para no aburrir a los viajeros?

A.P.M.- Sobre todo, seguridad. Puedes ser muy simpático, ser muy culto, tener mucho conocimiento, pero la persona que va a un viaje, y te lo digo por mi experiencia de tantísimos años, va nerviosa, con la tensión de no saber qué va a pasar o por dónde los vas a llevar. A pesar de los móviles, todo es incertidumbre por eso es importante que cuando el viajero llegue al punto de encuentro vea que el guía tiene seguridad y confianza en sí mismo. 

Recientemente he dado un curso en la Universidad Pablo de Olavide, sobre guías turísticos, y a mis alumnos les he dicho que los primeros diez minutos son claves. Tienes que ser simpático, mostrar seguridad, no tener dudas, responder a todo y estar concentrado. 

M.G.- Antonio, un placer hablar contigo. He disfrutado mucho leyendo la novela, me lo he pasado muy bien. Me apunto volver a La Rioja y te agradezco mucho que me hayas atendido.

A.P.M.- A ti, muchas gracias.


Sinopsis: Alba Villén, una joven guía turística, se enfrenta a su primer viaje en grupo por La Rioja. Tras recorrer Logroño y otros enclaves llenos de encanto, una tormenta inesperada los obliga a refugiarse en el monasterio de Valvanera, en plena sierra de la Demanda. Aislados, incomunicados y rodeados de silencio, lo que parecía un lugar seguro pronto se convierte en una pesadilla cuando uno de los turistas aparece muerto.

¿Será capaz Alba de descubrir la verdad antes de que la nieve lo cubra todo?

La abadía de hielo es un travel mistery adictivo, lleno de giros y atmósferas inquietantes, donde el placer del viaje se mezcla con el lado más oscuro del ser humano.

jueves, 25 de junio de 2026

ELVIRA MÍNGUEZ: ❝Escribo sobre mujeres porque soy mujer❞

La pasada primavera, Elvira Mínguez se alzó con el Premio Primavera de Novela con su libro La educación del monstruo. A Mínguez la conocíamos principalmente como actriz de cine y televisión. Recientemente ha participado en el rodaje de Sira, continuación de El tiempo entre costuras, cuyo estreno está previsto para finales de este año, o para principios del 2027. Pero también la conocemos por otros muchos trabajos, dada su larguísima trayectoria en el mundo audiovisual. Recientemente la hemos podido ver interpretando a una cocinera en la película La cena o en las series Marbella, expediente judicial o Vida perraSin embargo, desde que en 2023 publicara La sombra de la tierra, llevada a la televisión, compagina su faceta de actriz con la escritura. 

La educación del monstruo nos habla de tres mujeres, Águeda, Olvido y Matilde, y de tres épocas conectadas. Con una estructura compleja, que entrelaza los tres hilos temporales, esta nueva novela de Elvira Mínguez hace una incursión en el pasado, en la memoria y los recuerdos y en la inmigración española en los años 60, pero también aborda una cuestión más intensa, como es la verdadera naturaleza del ser humano. 

A su paso por Sevilla, tuve la oportunidad de sentarme a hablar con Elvira Mínguez y me contó todo esto.

Marisa G.- Elvira, un placer tenerte otra vez en Sevilla. Qué alegría verte de nuevo.

Elvira M.- Gracias.

M.G.- Bueno, me estoy leyendo tu libro. Voy por la página 200 y vaya…

E.M.- Alguna escena que duele, ¿no?

M.G.- Sí, duele, duele. Pero, en primer lugar, muchas felicidades por tu premio, por el Premio Primavera de Novela. Con la anterior ya te dieron el premio de la crítica en Castilla y León.

E.M.- No, no, quedé finalista.

M.G.- Ah, pues había leído que habías ganado.

E.M.- No, me enteré hace poco porque me lo dijo mi editora pero fui finalista. A mí no me dieron ningún premio.

M.G.- Bueno, pues finalista. Pero ahora sí, con La educación del monstruo te llevas un premio. Ha sido como llegar a la literatura y besar el santo porque la anterior funciono muy bien, hasta el punto de llevarla a televisión, con una serie en la que fuiste guionista.

E.M.- Y directora.

M.G.- Y directora, exactamente.

E.M.- La verdad es que para mí ha sido una sorpresa. Lo del premio pues, qué quieres que te diga, que ha sido algo muy bonito. No me lo podía ni imaginar, te lo aseguro. A pesar de las nominaciones en cine y de los premios pues, no sé, este premio me ha hecho una ilusión que no me ha hecho ningún otro.

M.G.- Llegados a este punto, en el que estás viendo que tus historias y tu forma de escribir gusta a los lectores, ¿has llegado a pensar que, de saberlo, te hubieras puesto a escribir mucho antes?

E.M.- No, no. Estoy convencida de que la escritura ha llegado cuando tenía que llegar. En el fondo, esto no es más que otra forma de contar una historia. Es una manera de narrarme a mí misma. Me parece que es algo que ya hablamos con la novela anterior. Creo que todos necesitamos narrarnos. A la hora de concebir personajes, a la hora de escribir, lo hago de esta manera gracias a todos los años que llevo en lo otro, en el cine. Mi cabeza es visual. Me levanto y paso mucho tiempo visualizando, imaginando, tratando de transcribir al papel lo que veo. Y la manera de concebir a los personajes es la misma que uso cuando interpreto. Los voy creando a base de ir creando atmósferas.

De un modo u otro, voy aplicando lo que he ido aprendiendo durante estos treinta años de interpretación.

M.G.- La primera novela la has llevado al cine, con Carmelo Gómez, además. ¿Cómo es ver tu historia escrita en formato audiovisual? 

E.M.- Cuando escribo no pongo caras, salvo con el personaje que interpreta Carmelo en La sombra de la tierra. Es verdad que, cuando creé a ese personaje, tenía a Carmelo en la mente. Pero en La educación me ha pasado igual. No pongo caras. Cuando los escribo, me imagino cómo se rascan, cómo se mueven, cómo se giran o cómo cogen algo. Y yo hago los mismos movimientos, práctico para ver cómo se extienden los dedos, o cómo hacen esto otro. Puedo tener una idea vaga en cuanto a las descripciones pero no tengo un rosto.

O sea, supongo porque de alguna manera como yo los interpreto, a la hora de escribir, os admiro a ver cómo se rascan, cómo se mueven, cómo se giran, cómo cogen algo, cómo se agachan y lo voy haciendo, ¿sabes? Muchas veces práctico para ver si es entonces extiendo los dedos, no sé qué, no sé cuál. Creo que no sé si será eso, pero no tengo ninguna cara.


[Para escuchar nuestra conversación, clic en el vídeo]

M.G.- La educación del monstruo tiene tres hilos temporales, muy conectados unos con otros. Vamos a ver a los mismos personajes en tres etapas distintas de su vida. A los lectores que se acerquen a este Premio Primavera, ¿qué le contarías sobre esta historia?

E.M.- La educación del monstruo es una novela negra, es un thriller. Es una investigación que va a llevar a cabo Matilde, uno de los personajes. En el año 2014, vamos a ver a Matilde en Madrid y en Valladolid. Ella tiene un niño de cinco años. El niño está jugando, tira la pelota fuera de casa y sale corriendo tras ella. Matilde se va a asustar mucho. Sale detrás del niño. Es un acto reflejo. De repente, conecta con su memoria, con algo que le ocurrió, pero que no acaba de entender muy bien. Es lo que los especialistas llaman un recuerdo involuntario. Se rompe la linealidad del tiempo y lo que pasó hace tiempo se vuelve presente. Riñe al niño, lo manipula con el miedo para que no vuelva a hacer lo que ha hecho. Mira al niño de un modo distinto. Ella se ve como si fuera un monstruo. Matilde no sabe lo que le ocurre, por qué ha reaccionado así, y trata de averiguar qué demonios le ha pasado. De ahí, la veremos en su infancia, en los años 76 y 77. La vamos a ver en el colegio donde estudiaba, un centro dirigido por una monja, la hermana Olvido. Por esos años, en Valladolid rondaba un violador que atacaba a las niñas. Toda la ciudad vive envuelta en ese clima de miedo. 

Por otro lado, también vamos a conocer a los personajes en el año 63. Águeda, la madre de Matilde, y su hermana Teresa, emigran a Alemania, a la ciudad de Düsseldorf.

Poco a poco, con cada hilo temporal, y mucho antes que Matilde, el lector irá uniendo las piezas. De alguna forma, he tejido un tapiz. De hecho, Matilde es vestuarista y se expresa usando términos relacionados con los tejidos, y las texturas.

M.G.- Es un estructura más compleja con la anterior. ¿Cómo te has desenvuelto a la hora de manejar tres tiempos?

E.M.- En un momento determinado pensé en hacerlo por etapas. Por un lado, la parte de Alemania, luego los años 70 y, al final, la de 2014. Pero así no me funcionó. Es lo que te decía, la historia es un tapiz y he ido tejiendo al mismo tiempo que se iba desarrollando la historia. Ha sido más difícil o más pesado hacerlo así porque, cualquier hilo que moviera en una época, modificaba absolutamente todo. Tenía que hacer como encajes de bolillos para un lado y para el otro. 

M.G.- La novela aborda muchos temas pero, de todos ellos, destaca o sobresale esa emigración de españoles a Alemania durante los años 60. Cuentas en la novela que esos españoles, que dejaron este país para buscar una vida mejor, cuando llegan allí se encuentran miseria igualmente, mucha soledad y mucha nostalgia. Se ve muy bien en el personaje de Teresa, de Águeda, o de su marido.

E.M.- Me encanta que me comentes esto. Supongo que a todos los escritores les pasará igual pero, en mi caso, a la hora de documentarme, sufro del síndrome del impostor. Yo no hago un proceso de documentación previo sino que me voy documentando a medida que voy escribiendo, que se me van ocurriendo cosas. En este sentido, cuando me documenté sobre la emigración a Alemania, me topé con algo que me pareció alucinante. Y es que no solo había emigración legal, sino también ilegal. Ellos se marchaban a un país en el que se habla un idioma que no conocen, con un clima durísimo. Y hay algo muy importante que les pasa a todos los emigrados. Tienen que poner buena cara ante sus familias, hacerlos creer que todo va muy bien y que van a ganar mucho dinero. Todos ellos sufren una decepción muy grande porque no se cumplen sus expectativas. Todo esto me pareció muy interesante, como hablar también de la emigración ilegal. Los que emigraban de manera ilegal tenían mucha más libertad para dejar un trabajo y buscar otro que aquellos otros que fueron de manera regular, a través del Instituto de la Emigración. 

M.G.- Pero, ¿en qué consistía esa emigración ilegal? ¿No llevaban permiso de trabajo o cómo era?

E.M.- Te daban un permiso de turista. Algunos entraban y salían, pues depende, algunos lo hacían por Holanda. El visado duraba sólo tres meses. A los tres meses tenían que salir y volvían a entrar con un nuevo visado. Claro, entraban sin un contrato firme pero, al mismo tiempo, eso le daba mucho margen para dejar un trabajo e irse a otro, si se cometían muchas injusticias en el trabajo o si no se les pagaba bien.

M.G.- Y tocas otros muchos temas de mucha importancia. Vamos a ver escenas muy machistas, abordas el tema de la religión a través de esa monja, que se llama Olvido, o el maltrato, la culpa, el pasado que siempre vuelve, ese pasado que tanto trabajo cuesta dejar atrás.

E.M.- Sí, por eso las dos frases de inicio de la novela, la de Virginia Woolf y la de Elias Canetti. Mira me he dado cuenta que hay dos temas que son muy importantes para mí y que, imagino, serán recurrentes. Uno es la memoria y el otro, el tiempo. 

La memoria la necesitamos para construir nuestra identidad. La construimos en base a lo que hemos vivido. Está siempre ahí, permanece, por mucho que le queramos dar vueltas. Sobre la memoria hay muchos estudios pero, realmente, todavía no se sabe tanto como se debería saber. Cuando Matilde tiene ese recuerdo involuntario, ¿cómo se construye un recuerdo? ¿Cuáles son los mecanismos? Creo que la memoria es un tema clave para el ser humano.

M.G.- Los españoles que emigraban de forma legal a Alemania, lo hacían a través del Instituto de Emigración. Luego, cuando ya estaban allí, acudían a esos centros culturales españoles, que eran como un reducto de España en el extranjero. En la novela vamos a verlos en esos centros, donde se sentían, un poco como en casa, y son escenas muy entrañables.

E.M.- Eran centros donde no solamente se reunían los españoles que vivían en el extranjero sino que también eran lugares que permitían al régimen franquista controlar lo que había allí. Incluso Cáritas ejercía también este tipo de labor. De alguna forma, el régimen vigilaba de qué forma calaban las ideas democráticas. El régimen quería seguir controlando, incluso a la gente que vivía fuera de España. En el caso de los personajes de la novela, vamos a ver a Matilde, a Olvido y a Águeda, las tres mujeres protagonistas, que son auténticas heroínas y que se posicionan en contra del sistema. Águeda llega a denunciar en Alemania los malos tratos que ella ve en su casa y se dirige al centro español para denunciarlo allí pero no, no servía. Ellos sabían lo que ocurría en todas las casas, y funcionaban como centros informativos.

M.G.- Águeda, Olvido y Matilde van a ser los tres pilares de la novela. Águeda me roba el corazón. Matilde me recuerda mucho a las madres de hoy, que sobreprotegen a sus cachorros. Y Olvido es esa religiosa que se cuestiona incluso la existencia de Dios. Me parecen tres personajes con una identidad muy rotunda.

E.M.- Sí. En el caso de Matilde, su monstruo es la sobreprotección.  

Algo muy importante en la novela, y de ahí el título, es la existencia de un monstruo real. Hablo de Javier. Como es una novela negra, no estoy haciendo ningún tipo de spoiler. Pero luego, lo que más me interesa es lo que me pasó escribiendo la novela. Quise colocar al lector en un sitio en el que él fuera capaz de reflexionar sobre cuál es el monstruo. ¿O cuáles son los monstruos que no quiero ver? ¿Cuáles son los que desconozco? ¿Cuáles son los que voy a dejar en herencia a mis hijos? Esa era la reflexión que a mí me interesaba.

Cada una de estas mujeres lucha contra el sistema de una manera determinada. Águeda y Olvido denuncian, pero Matilde, lo que hace, de alguna manera, es denunciarse a sí misma. Pone en tela de juicio todo lo que sabe hasta esa conversación final que mantiene con su tía Teresa.

Con respecto a Olvido, te diré que yo soy atea por convicción y por voluntad propia pero he estudiado en un colegio religioso.

M.G.- Has estado en un colegio de monjas.

E.M.- Sí, cuya directora era Olvido pero no la Olvido de la novela.

M.G.- Es que se nota un montón.

E.M.- Todo lo que tiene que ver con el mal me ha interesado siempre muchísimo. Olvido no se cuestiona si existe Dios o no, sino que lo que se cuestiona es si Dios es bueno. 

M.G.- Que exista maldad en Dios.

E.M.- Exactamente. ¿Dios es malo? Esa es la pregunta a la que Olvido intenta dar respuesta. Ese es su monstruo, cómo ella puede sentir, en un momento determinado, que las bases del catolicismo se pongan en tela de juicio. ¿Qué ocurre si insertamos, como variable de la ecuación, la maldad de Dios?

Y en el caso de Águeda, su monstruo es la culpa. Cuando ella se encuentra con un Javier que está despertando a la sexualidad, ella empezará a culparse.

M.G.- Pero Elvira, independientemente de nuestros monstruos internos, hay otros monstruos que surgen a raíz del entorno en el que se crían, o eso pensamos. Es el caso de Javier, un personaje que sufre mucho, pero ¿ese monstruo es víctima de su entorno o el monstruo existe por naturaleza?

E.M.- Esa es una de las cuestiones que el lector tiene que responder. El monstruo, ¿nace o se hace? En el caso de Javier, es un niño abandonado, un niño que ha sufrido maltrato por parte del padre y, por tanto, sus circunstancias pueden llegar a ser un detonante para la construcción de una psicología y una personalidad monstruosa. Pero, además, hay que sumarle otros ingredientes al puchero de Javier, como es ese despertar sexual, o cómo Águeda se va transformando para él en un icono virginal. Todos esos ingredientes son los que acaban configurando al monstruo. Pero monstruosa es también la actitud de Águeda hacia su hija, la educación que le da, la responsabilidad que le echa encima. Y monstruosa es también la superprotección que ejerce Matilde sobre su hijo. O monstruoso es el silencio de las familias de todas esas niñas violadas.

M.G.- Uno de los hilos argumentales transcurre en Valladolid, en tu Valladolid natal, en los años 70.  ¿Vamos a ver la Valladolid de tu infancia?

E.M.- Sí, absolutamente. En los años 70, había un famoso violador en Valladolid, el violador del ascensor, pero indagando en hemerotecas, leí que, en España, en un sólo día, atrapaban hasta a dos violadores. Hubo momentos en lo que había hasta cuatro. En esos años, Franco ya había muerto pero cuando vivía, eran delitos de los que ni se hablaba. Denunciar que eso ocurría en un régimen dictatorial era algo imposible. Los policías no tenían ni preparación psicológica para enfrentarse a eso. Por eso a Olvido le gusta la psicología y ella, junto al comisario Gutiérrez, se encargará de empezar o de intentar aclarar lo que ocurre.

Por entonces, había mucho miedo en Valladolid. Recuerdo que, para ir a jugar a casa de una amiga, te tenía que llevar un hermano mayor. No te dejaban estar sola en la calle, y todo ese miedo fue calando, poco a poco. 

M.G.- Elvira, y hablando de la documentación, he leído que has hecho uso de una novela gráfica, un género que me encanta, pero al que los lectores se acercan poco. Me ha resultado un dato llamativo.

E.M.- Las novelas gráficas me encantan. De regalo de Reyes siempre pido una novela gráfica. Carlos Sanz me habló de esa novela que me ha servido de inspiración, en la que se habla de una emigración ilegal. Me fue muy útil porque, a partir de ahí, empiezas a buscar información por otro lado.

M.G.- Sí, una cosa te lleva a otra. 

Elvira, tus novelas son siempre de mujeres fuertes y potentes. Y me voy a meter en un jardín porque, ya que escribes tanto sobre mujeres, quisiera preguntarte si, el concepto que tenemos hoy de feminismo está bien entendido o, por el contrario, estamos metiendo en el mismo saco cosas que nos perjudican.

E.M.- Creo que, en un momento de crisis, la mujer pierde cualquier avance que se haya conseguido. Si hay que recuperar ciertas posiciones, las posiciones que se van a vender son las de las mujeres. En ese sentido, vivimos en un momento terrible. Debemos ser conscientes que todas tenemos una responsabilidad de guarda y cuidado de unas con otras. Pero no estoy hablando de feminismo, sino de sentido común. Escribo de mujeres porque soy mujer. Creo en la igualdad de derechos porque soy mujer. Creo en mi libertad y en mi individualidad, porque soy mujer. En los momentos en los que estamos, hay que estar por encima de ciertas cosas, y no perdernos con cosas que sólo nos puede colocar al borde del precipicio.

M.G.- Sí. Bueno, actriz, escritora, madre. ¿Cómo se compagina todo?

E.M.- Duermo poco, lo digo siempre. 

M.G.- Poco, ¿cuánto es?

E.M.- Pues, normalmente unas seis horas. Soy muy inquieta y tengo mucha energía. Luego, es verdad que no tengo el talento de la gestión del tiempo, pero con los años he aprendido a tener la capacidad de priorizar. Tengo muy claro cuál es mi prioridad número uno, mi familia. Si tengo que dejar cualquier cosa por ellos, lo dejo. Tengo también muy claro que la interpretación, el cine o la dirección de la serie es un oficio, como la escritura. Y la vida es otra cosa. Cuando tengo la fecha de entrega muy cerca, me llevo el ordenador a todos lados, pero cuando me apetece estar tirada, también me tiro. 

M.G.- Pues Elvira, muchas gracias por atenderme. Un placer hablar contigo.

E.M.- Muchas gracias a ti.

Sinopsis: Una historia inquietante y profundamente humana que explora cómo el miedo y la memoria pueden marcar una vida para siempre.

Pensamos que el monstruo siempre es el otro: un desconocido que se lleva a una niña en un coche blanco, un hombre que ataca en una calle desierta... ¿Qué pasa cuando descubrimos al monstruo que todos llevamos dentro?

Matilde es la madre entregada y sobreprotectora de un niño de cinco años. Un recuerdo involuntario será el detonante que la lleve a buscar el motivo de esta sobreprotección, que entiende cada día más dañina para su hijo y para ella misma.

Esta es también la historia de la madre de Matilde, Águeda, una joven que en 1963 emigró a Alemania con su familia y convivió bajo el mismo techo con un hombre y su hijo adolescente, un muchacho silencioso que aprendió demasiado pronto el lenguaje de la humillación.

En esta búsqueda Matilde regresará a su infancia, al Valladolid de los años setenta, y a su colegio, dirigido por la hermana Olvido. La ciudad vive sobrecogida por una serie de secuestros y violaciones a niñas que siembran el pánico mientras un silencio ominoso se instala en las familias.

La educación del monstruo es una novela sobre cómo se fabrica la violencia, cómo el miedo se transmite de generación en generación y cómo todos participamos, a veces sin saberlo, en la construcción del depredador.

Porque el monstruo no aparece de la nada.

Se forma en los márgenes.

Se alimenta del silencio.

Y alguien, en algún momento, le enseñó a serlo.


jueves, 14 de mayo de 2026

SERGIO SARRIA: ❝Me molesta mucho la visión simplista que se tiene de Sevilla❞

En 2025, se emitió la serie Cuando nadie nos ve en plataforma. Fue una serie que me gustó mucho porque transcurría en un pueblo sevillano, en Morón de la Frontera, donde se ubica una de las bases americanas que hay en España. Me gustó también porque tenía, como telón de fondo, la Semana Santa andaluza. Así que el punto de partida me resultaba original. Con un reparto encabezado por Maribel Verdú, la serie narraba la investigación por parte de la Guardia Civil, de una serie de asesinatos, cometidos en el pueblo, en los que, de un modo u  otro, los militares estadounidenses podían estar involucrados. 

Más allá de sus guionistas, la persona que estaba tras aquella serie es el escritor, y también guionista, Sergio Sarria. Autor de la novela adaptada a televisión, publicó la segunda entrega, Terral, en 2023. Recientemente, ha cerrado la trilogía con Dios sabrá vengarnos

Ahí va nuestra charla.

Marisa G.- Sergio, un placer tenerte por Sevilla. Eres andaluz, también. 

Sergio S.- Sí, y he vivido los dos últimos años en Sevilla. 

M.G.- Bueno, pues un placer tenerte aquí. Por empezar con la entrevista. Eres novelista y guionista. Tu nombre está detrás del guión de muchas series que conocemos y estás muy vinculado al Intermedio.

S.S.- Exacto.

M.G.- ¿En qué medida te ayuda el trabajo, o la técnica que utilizáis a la hora de elaborar guiones, para escribir la novela?

S.S.- Utilizo muchas herramientas de guión para escribir. La gente que es puramente literatura tiene un talento natural para desarrollar la novela, sin tener que desarrollarla. Es decir, se basan mucho en su propio criterio para ir escribiendo sobre la marcha. Eso, para un guionista, es como un suicidio. El guionista necesita tenerlo todo previamente desarrollado, todas las tramas, todos los arcos de personaje. Tiene que tener claro qué conflicto hay, cómo se desarrolla y luego, cuando lo tiene todo, ponerse a escribir.

Por otro lado, la forma de meterle ritmo es muy de televisión, que cada capítulo termine en alto. Ese tipo de cuestiones son muy de la tele.

M.G.- Y muy efectivas porque, al tratarse de un thriller, es lo que hace que el lector esté enganchado. 

S.S.- Exacto. Eso es muy útil, pero estoy en contra de escribir una novela pensando que va a ser una serie. Cada cosa tiene su formato. Tienes que pensar la novela como una novela, aunque tengas herramientas de guion. Hay que ser respetuoso con la gente que lee. 


[Si prefieres oír la entrevista, clic al vídeo]


M.G.- Esta novela, Dios sabrá vengarnos, cierra la trilogía de Lucía Gutiérrez. ¿Concebiste el proyecto como una trilogía o fue resultado del feedback que recibiste con la primera novela?

 S.S.- Lo que ocurrió fue que, cuando la tenía terminada, la editorial le vio potencial. Lucía era un personaje que tenía muchas aristas, que se podía desarrollar mucho más, dotarla con otros sucesos, e ir alargando su vida. Así que escribí la segunda y ahí ya tuvimos claro que sería una trilogía. Y, de momento, ya está. Tenía en mente hacia donde quería que fuese Lucía para la segunda y la tercera novela. 

M.G.- Todo lo que es la evolución del personaje. 

S.S.- Exacto. Por ejemplo, desde una primera novela, en la que tiene ese tonteo con el alcohol, pasando por una alcoholemia severa, y llegar a una tercera parte, en la que ya tiene que enfrentarse a sus problemas. 

Aunque en  los thriller hay un conflicto, lo que realmente me interesa es el conflicto que los personajes tienen consigo mismos, la idea que tienen de ellos mismos se enfrenta a la idea de lo que realmente son. 

En el caso de Lucía, quería crear una atmósfera en la que siempre hubiera un responsable de sus problemas, que tuviera a alguien a quien culpar, ya fuera institucional, una pareja, un hijo,… Pero en esta tercera parte ha llegado el momento de pararse y ver quién es realmente, de aceptar sus responsabilidades y de asumirlo.

M.G.- Enfrentarse a sí misma. 

S.S.- Exacto. Me parecía más poético que tu último adversario fuera uno mismo.

M.G.- La primera novela la publicas con Espasa y las dos últimas con Libros Cúpula. Aunque ambas pertenecen al Grupo Planeta, ¿por qué ese cambio de sello?

S.S.- No te sabría decir. Son decisiones editoriales. Al final, creo que el lector no asocia una novela a una editorial u a otra, más bien la asocia a un personaje. 

M.G.- Me leí la primera novela y vi la serie. En su momento, fue tema de conversación en mi trabajo porque tengo una compañera que vive en Morón y además su marido es militar de la base. Pero claro, me faltaría por leer la segunda y esta tercera. ¿Es necesario leerlas en orden?

S.S.- No. Se pueden leer de forma independiente. Es verdad que hay pequeñas subtramas que se van arrastrando de una entrega a otra, pero son casos distintos y se pueden leer de forma independiente.

Lo de Morón fue increíble. Ha sido la única vez que me he sentido bestseller. Hubiera deseado que la novela llevara una faja que pusiera: Bestseller en Morón de la Frontera.

M.G.- ¿Sí? (reímos)

S.S.- No te puedes ni imaginar. Hice la presentación allí y no cabía más gente en el Casino. Había gente esperando en la calle, y estuve firmando hasta las doce de la noche. Fue una locura. Lo disfruté muchísimo y, de repente, te das cuenta que la elección de un sitio puede conllevar muchas cosas. Estuve hablando con el alcalde sobre los trabajos directos que había generado la serie, de la repercusión que había tenido. Todo eso me dio mucha alegría.

M.G.- Claro, el pueblo agradece ese tipo de proyectos.

S.S.- Y como andaluz, uno se alegra…

M.G.- Sí, de generar empleo en tu tierra.

S.S.- Es lo más gratificante que me ha pasado, sí.

M.G.- Bueno, tres novelas: Cuando nadie nos ve, Terral y Dios sabrá vengarnos. El título de esta última suena a sentencia, a presagio,… Apuestas por títulos que sugieren muchas cosas al lector.

S.S.- Hay algo curioso. Son títulos que vienen de canciones. Como una rata, intento arrastrar a la gente que escucha esas canciones (ríe). Terral es una canción de Pablo Alborán y Dios sabrá vengarnos es la letra de una canción de Yung Beef, pero la popularizó Los Planetas, y que dice «Dios sabrá vengarnos, Dios es grande siempre». Es una canción que habla de la relación que tiene una persona con Dios, algo que aparece en la novela. Lucía, por primera vez, se enfrenta a sus problemas, a través de algo que es muy sui generis, algo muy andaluz, como la relación que una persona tiene con Dios, sobre todo a través de la Semana Santa.

Hay un documental que me gusta mucho y no sé si habrás visto. Se llama Dolores, guapas y guapas, y habla un poco de la comunidad LGTBI dentro de la Semana Santa. Uno de los participantes en el documental comentaba que hablaba con la Macarena y le contaba de todo, que estaba saliendo con un chico, y que no le parecía trigo limpio. ¿Tú, qué opinas?, le preguntaba a la Macarena. Me pareció algo tan bonito. Es algo que, desde fuera, desde Madrid o Barcelona, no entienden y nos ven, a veces, como fundamentalistas o tal. Pero es que hacer eso, ni siquiera implica una creencia, es otra cosa. Es una forma de desahogarse, como si lo hicieras con una amiga o un amigo. Pues todo eso, lo quería trasladar a la novela, porque me parece algo muy nuestro y poco tratado. 

M.G.- Pues, en esta novela, la acción se inicia en Huelva pero inmediatamente nos vas a trasladar a Sevilla, justo en plena Feria de Abril. ¿Por qué eliges esta ciudad, esa semana en concreto y el año 2019? 

S.S.- Porque, justo en ese año y en esa semana, tuvo lugar una anomalía que sólo ha ocurrido tres veces. Es decir, que la Feria de Abril coincida con unas elecciones. La última vez que ocurrió algo así fue en el año 2019. Lo quise aprovechar porque no es algo habitual. Es que, como tú sabes, en esas circunstancias el escenario es bastante lamentable. Cuando vienen los políticos de fuera, en plena feria, y le colocan el traje de flamenca y ves… (ríe) 

M.G.- …que no, que aquello no… (reímos). 

S.S.- Claro. De por sí, me parecía que era algo bastante cómico. En la novela recreo un momento, basado en hechos reales. Hubo dos políticos, del mismo partido, que tuvieron que hacerse una foto juntos, pero es que se odian a muerte. Y los ves en las fotos, los dos juntos,… Fue aquel momento que vivió Susana Díaz y Pedro Sánchez, que coincidieron en la feria y no se soportan. 

M.G.- Tuvieron que hacer el paripé. 

S.S.- Exacto. Me pareció algo muy guay porque siempre trato de buscar momentos luminosos. En Sevilla, la Semana Santa tiene un sentido muy lúdico, no es como la Semana Santa de Soria o la de Zamora. Aquí es más festiva. Son escenarios luminosos, como la propia Feria, pero luego, por detrás, hay muchas sombras. 

M.G.- Te iba a preguntar precisamente por ese contraste que se ven en tus novelas. 

Y con respecto a los asesinatos que se cometen en Huelva, están muy vinculados con un político y su familia. 

S.S.- Eso es. 

M.G.- Si un thriller pone el foco de atención sobre la política, ¿la intriga y el suspense están asegurados? 

S.S.- Creo que sí. En este caso, me interesaba que el candidato fuese de un partido de corte progresista. Por un lado, se mantiene un discurso de sostén a la inmigración pero, por detrás estás ocultando o ayudando a encubrir un asesinato. ¿Cómo te enfrentas a eso? Es lo que te comentaba antes. El discurso de defender que eres esto o lo otro pero, en realidad, eres otra cosa distinta. ¿Cómo proyectas un mensaje a la opinión pública si realmente llevas una vida que va por otro sitio? Me parecía algo muy interesante, más allá de la propia trama de corrupción. Yo no quería una corrupción financiera, sino que me interesaba llevar al personaje a otras cloacas. 

M.G.- Los investigadores de los crímenes serán el inspector Montoya y Lucía Gutiérrez. ¿Qué Lucía vamos a encontrar en esta novela, en comparación con las dos entregas anteriores? 

S.S.- A una persona que deja de poner excusas y deja de responsabilizar a los demás. Lo intenta hasta que ya no puede más. Ella está encubriendo también porque ya no trabaja en la Guardia Civil, pero sí trabaja en esto de los asesinatos, de manera encubierta. Ella se auto convence que es por un bien mayor, que es para detectar dónde están esos policías corruptos y ponerlos a disposición judicial. En realidad, si para compensar una ilegalidad o algo deshonesto, haces otra deshonestidad, pues te pones al mismo nivel. Cuando ella se da cuenta de eso, es cuando empieza realmente el viaje de Lucía, es cuando empieza a plantearse que, quizá, ella es igual que toda esa gente a la que lleva sacando a la palestra y ajusticiándola toda su vida. Eso era algo que me parecía interesante. 

M.G.- Sergio, recuerdo a Lucía como una persona muy mordaz, en la primera novela. No sé si sigue igual. 

S.S.- Sí, pero justo por lo mismo. Además, es que a mí me cuesta tomarme en serio y con mis personajes me pasa igual. Creo que, además, es como un alivio de luto el estar en un escenario árido, hablando de cosas muy serias, pero metiéndole un poco de humor, o de ironía. Lo que tú dices, mordaz. Y más aún, me apetecía que todo eso se diera en el caso de una mujer.

Yo trabajo en la tele y estoy hasta aquí (se señala la frente) de los personajes. Cuando se trata de una comedia, las mujeres son normalmente como pepitos grillos, son la consciencia de los otros. No son personajes graciosos por sí mismas, para eso están los tíos. Así que me apetecía tener a una mujer que se pueda equivocar, que se pueda reír de sus equivocaciones y que sea contradictoria. 

M.G.- Después de haber visto a Maribel Verdú interpretando a Lucía Gutiérrez, es inevitable pensar en la actriz cuando hablamos de ella. 

S.S.- Totalmente. Con las dos entregas anteriores, como todavía no había serie, no estaba condicionado. Pero, con esta última, me costó. De repente, había una cara, una voz concreta. Eso me ha influenciado. Ella contaba cuestiones de su interpretación que luego he intentado recrear. Es la primera vez que he escrito al personaje un poco condicionado, después de verlo en pantalla. 

M.G.- ¿Y qué te pareció su interpretación? 

S.S.- Me ha encantado. 

M.G.- ¿Participaste en el guion? 

S.S.- No pude porque yo estaba en otra productora y por el tema de la exclusividad, no pude. Pero trabajaron en el guion gente a la que quiero mucho, que son amigos, como Dani Corpas, que es el creador, o Isa Sánchez o Germán Aparicio. Gente con la que normalmente escribo y de Andalucía, que fue lo único que pedí al saber que yo no podía participar. Intenté que todos fueran guionistas andaluces porque me estoy cansando de la visión que se tiene fuera. Sobre todo, con los temas de los que hemos estado hablando, de la Semana Santa, de la vida en los pueblos andaluces. Que la persona que escriba el guion, sepa de lo que está escribiendo. 

M.G.- Claro y que no utilice estereotipos. Te entiendo. 

S.S.- Justo. 

M.G.- Pues hemos hablado de política, pero en esta novela también tocas el tema de la televisión, asunto que tú conoces bien. Y lo haces a través de un personaje que se llama Bruna Pinheiro. ¿Nos vas a mostrar lo que ocurre detrás de las cámaras? 

S.S.- Yo quería partir de personajes con luces y sombras. Quería que el lector empatizara con Bruna porque es una presentadora de televisión, con más de 50 años, y eso en la tele implica que te vayan relegando. Y no es que lo diga yo. Basta con poner la tele en prime time, salvo que seas la reina de las mañanas. Ahí sí puedes tener la edad que sea. 

M.G.- Porque el público de esos programas también tiene una cierta edad. 

S.S.- Exacto. Pues quería partir de esa idea y luego utilizar otra cosa que normalmente suele ocurrir con sucesos, que el periodista entable una relación de amistad con la víctima para usarlo en su propio beneficio. Estás utilizando una desgracia para aprovecharte. Lo hemos visto, por ejemplo, en el caso de Rocío Wanninkhof, o en cualquier otro. Siempre hay un periodista que entabla amistad con la víctima y lo utiliza. De este modo, al lector no le queda claro si el periodista es buena persona o no, porque todos, en un momento dado, podemos ser algo perversos. 

M.G.- Y ese lector va a visitar otras ciudades además de Sevilla. Se va a mover por Madrid, por Hendaya, por Portugal, aunque Sevilla será el escenario más importante. Y además va a recorrer Sevilla desde el centro hasta la periferia. Toda la ciudad, y todos sus barrios, serán protagonistas.

S.S.- Me gusta mucho Sevilla y he venido mucho. Hasta el punto de comprarme una casa y venirme a vivir aquí. Pero, después de veinte años en Madrid, siempre me ha molestado mucho la visión simplista que se tiene de Sevilla. Fuera se tiene la idea de que Sevilla es sólo la Semana Santa y la Feria de Abril. Pero Sevilla son muchas Sevilla. Está la Sevilla del barrio de San Julián, que no tiene nada que ver con la Sevilla del barrio de Los Remedios, aunque todos sean sevillanos. Por ejemplo, el underground sevillano no está en el imaginario colectivo. En ese imaginario están sólo los estereotipos. Y yo quería indagar más en otro tipo de barrios que también los hay, porque existe una Sevilla más conservadora y otra más vanguardista. Por lo que sea, esa otra parte de Sevilla no tiene representación fuera de aquí. 

M.G.- Se quedan con una idea muy sesgada de la ciudad. 

S.S.- Claro, pero esa Sevilla también existe y es maravillosa. Y también se mueve, y hace teatro, danza, tal… Me interesaba que esa Sevilla también estuviera presente en la novela. 

M.G.- Y cada capítulo está dedicado a un día de feria porque la acción transcurre a lo largo de toda esa semana. Eso es muy de guion y es una estructura que tú incorporas siempre en estas novelas.

 S.S.- Sí, exacto. Me parece interesante hacerlo así porque de este modo le creas expectativas al lector, o al espectador de una serie. Por ejemplo, si la Semana Santa empieza un Domingo de Ramos y termina el Domingo de Resurrección, sabes que la resolución será ese último día. Y con la feria pasa lo mismo. El último día de feria se sabrá todo. En Terral era igual. El último día de terral llega la promesa de conocer qué ha ocurrido. Eso te hace indagar más, querer saber más, acercarte con más ganas al final. Creo que hacerlo de esta forma, que cada día tenga su protagonismo, resulta más interesante para el lector. Porque todo cambia. No es lo mismo el Domingo de Ramos o la noche del pescaíto, que un Viernes Santo, en el que cambia hasta la forma en la que la gente se viste. Es un juego interesante. 

M.G.- Leí en una entrevista que concediste, tras la publicación de la primera novela, que, para ambientarte, habías estado escuchado marchas de Semana Santa, mientras escribías. Y pensé, bueno, como esta última transcurre durante la Feria de Abril, lo mismo se ha ambientado escuchando sevillanas. 

S.S.- Creo que la relación con mi ex pareja terminó por las marchas procesionales (ríe). Tuvo que ser un infierno para ella. Es que eran ocho horas escuchando marchas. 

M.G.- Algunas son bonitas pero otras…

S.S.- Sí, sí, pero claro… Cuando escribí Cuando nadie nos ve estaba en Madrid y necesitaba vincularme de alguna manera con Sevilla, con la Semana Santa. Podía haber puesto incienso pero eso ya me parecía demasiado (ríe). Pero un redoble de tambores ya me llevaba directamente al olor a incienso, al olor a azahar. Todo ese tipo de cosas me ayudaba. 

Todo esto tiene que ver también con la formación audiovisual. Trabajar así, de alguna manera es ir componiendo. Si estoy escuchando una marcha algo más épica, de alguna manera eso se va a trasladar a la historia. 

M.G.- Antes me comentabas que, como buen guionista, escribes siempre con una escaleta.  ¿Varía mucho esa escaleta inicial con el resultado final?

S.S.- No, pero sí. Me explico. Cuando escribo novelas, dejo espacios más abiertos. Escaleto y lo tengo todo más o menos cerrado, pero no lo hago como en una serie. En la serie, lo dejo todo completamente cerrado. Sin embargo, en novela intento dejar espacios por si la escritura me va llevando hacia otros lugares. Así que, a veces, modifico o introduzco algo que no tenía previsto. La escaleta la tengo lista en un par de semanas o un mes pero, con la novela, me llevo liando con ella un año y medio o dos. La novela tiene un tiempo de reflexión más amplio y más profundo. Sería tonto no incorporar las cosas que van surgiendo sobre la marcha. Por eso dejo ese espacio. 

M.G.- Hay una cierta flexibilidad, entonces. 

S.S.- Sí, porque, si no, resulta menos divertido. Por ejemplo, en la novela hay un personaje que no lo tenía muy pensado pero, de repente, me entusiasmó. Cuando empiezas a escribir, te das cuenta que hay personajes más secundarios pero que pueden tener más recorrido. 

M.G.- ¿Y vamos a ver estas dos últimas entregas en formato audiovisual? 

S.S.- No lo sé. Ojalá. Es algo que nunca se sabe. Puede entrar en proceso de adaptación, caerse luego,… No lo tengo claro. A día de hoy, sólo está Cuando nadie nos ve. 

M.G.- La serie estaba muy bien. Me gustó mucho. 

S.S.- Sí, creo que está bien. Y justo por el momento que está viviendo ahora Málaga, me apetecería hacer esa serie allí, para hablar de ese proceso de gentrificación que están viviendo las ciudades. Creo que sería interesante que una plataforma nacional mostrara cómo la gente ha sido expulsada de la ciudad a los pueblos. Es algo que me parece fortísimo. 

M.G.- Para terminar, y centrándonos en tu faceta de guionista, un par de preguntas. ¿Eres más fan de series de muchas temporadas con un montón de capítulos o de miniseries? 

S.S.- De miniseries. Me enganchan más. Los universos cerrados tienen menos posibilidades de agotarse. A veces ves una tercera temporada o una cuarta y sientes que están estirando en exceso, que la historia se podía haber cerrado, como mucho, con dos temporadas. Soy más partido de que todo sea solomillo y para que todo sea solomillo, tiene que ser corto. Seis capítulos, para mí, es perfecto. Y en una sola temporada, mucho mejor. 

M.G.- Y lo segundo no es una pregunta sino una petición. Recomiéndame una serie española que no me pueda perder. 

S.S.- La última que me ha gustado mucho es Querer de Alauda Ruiz. Me encantó. Y luego, como comedia, Arde Madrid de Paco León. Me fascina. Ha sido una de las series que más me han marcado. 

M.G.- Pues ninguna de las dos las he visto, así que tomo nota. 

S.S.- A ver qué te parecen. 

M.G.- Sí. Sergio, un placer saludarte. Me ha encantado hablar contigo. 

S.S.- Igualmente. Gracias a ti.

Sinopsis: El desenlace final de la trilogía de Lucía Gutiérrez es un thriller adictivo y brutalmente contemporáneo que revela las cloacas del poder, el crimen y la impunidad en una España donde la verdad solo estorba.

En un asentamiento de temporeros en el cementerio de Lepe (Huelva), un incendio deja dos cadáveres y una culpable perfecta: Sabali Idrissi, joven marroquí sin papeles, convertida por los medios en «la asesina del cementerio» antes siquiera de declarar. El caso, que suena a trámite rápido, acaba en manos del inspector Montoya y de Lucía Gutiérrez, exguardia civil expulsada del cuerpo, que no tardan en conectar el suceso con el hijo del candidato progresista a la alcaldía de Sevilla. Un escándalo incómodo que estalla en plena campaña electoral y que se trata de silenciar por todos los medios hasta que se celebren los comicios municipales.

Mientras Montoya y Gutiérrez tropiezan una y otra vez contra las cloacas del poder, encuentran una aliada inesperada, la presentadora de televisión Bruna Pinheiro, que huele en Sabali el reportaje que puede impulsar de nuevo su carrera: abusos en los campos de fresa, racismo institucional, corrupción policial y política. Pero cada minuto de audiencia tiene un precio, y alguien tendrá que pagarlo.

Crimen, política y espectáculo se mezclan durante una inusual campaña electoral, que coincide con la feria de abril de Sevilla, en una novela muy actual sobre quién escribe el relato y quién termina en la hoguera.


 

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