jueves, 25 de junio de 2026

ELVIRA MÍNGUEZ: ❝Escribo sobre mujeres porque soy mujer❞

La pasada primavera, Elvira Mínguez se alzó con el Premio Primavera de Novela con su libro La educación del monstruo. A Mínguez la conocíamos principalmente como actriz de cine y televisión. Recientemente ha participado en el rodaje de Sira, continuación de El tiempo entre costuras, cuyo estreno está previsto para finales de este año, o para principios del 2027. Pero también la conocemos por otros muchos trabajos, dada su larguísima trayectoria en el mundo audiovisual. Recientemente la hemos podido ver interpretando a una cocinera en la película La cena o en las series Marbella, expediente judicial o Vida perraSin embargo, desde que en 2023 publicara La sombra de la tierra, llevada a la televisión, compagina su faceta de actriz con la escritura. 

La educación del monstruo nos habla de tres mujeres, Águeda, Olvido y Matilde, y de tres épocas conectadas. Con una estructura compleja, que entrelaza los tres hilos temporales, esta nueva novela de Elvira Mínguez hace una incursión en el pasado, en la memoria y los recuerdos y en la inmigración española en los años 60, pero también aborda una cuestión más intensa, como es la verdadera naturaleza del ser humano. 

A su paso por Sevilla, tuve la oportunidad de sentarme a hablar con Elvira Mínguez y me contó todo esto.

Marisa G.- Elvira, un placer tenerte otra vez en Sevilla. Qué alegría verte de nuevo.

Elvira M.- Gracias.

M.G.- Bueno, me estoy leyendo tu libro. Voy por la página 200 y vaya…

E.M.- Alguna escena que duele, ¿no?

M.G.- Sí, duele, duele. Pero, en primer lugar, muchas felicidades por tu premio, por el Premio Primavera de Novela. Con la anterior ya te dieron el premio de la crítica en Castilla y León.

E.M.- No, no, quedé finalista.

M.G.- Ah, pues había leído que habías ganado.

E.M.- No, me enteré hace poco porque me lo dijo mi editora pero fui finalista. A mí no me dieron ningún premio.

M.G.- Bueno, pues finalista. Pero ahora sí, con La educación del monstruo te llevas un premio. Ha sido como llegar a la literatura y besar el santo porque la anterior funciono muy bien, hasta el punto de llevarla a televisión, con una serie en la que fuiste guionista.

E.M.- Y directora.

M.G.- Y directora, exactamente.

E.M.- La verdad es que para mí ha sido una sorpresa. Lo del premio pues, qué quieres que te diga, que ha sido algo muy bonito. No me lo podía ni imaginar, te lo aseguro. A pesar de las nominaciones en cine y de los premios pues, no sé, este premio me ha hecho una ilusión que no me ha hecho ningún otro.

M.G.- Llegados a este punto, en el que estás viendo que tus historias y tu forma de escribir gusta a los lectores, ¿has llegado a pensar que, de saberlo, te hubieras puesto a escribir mucho antes?

E.M.- No, no. Estoy convencida de que la escritura ha llegado cuando tenía que llegar. En el fondo, esto no es más que otra forma de contar una historia. Es una manera de narrarme a mí misma. Me parece que es algo que ya hablamos con la novela anterior. Creo que todos necesitamos narrarnos. A la hora de concebir personajes, a la hora de escribir, lo hago de esta manera gracias a todos los años que llevo en lo otro, en el cine. Mi cabeza es visual. Me levanto y paso mucho tiempo visualizando, imaginando, tratando de transcribir al papel lo que veo. Y la manera de concebir a los personajes es la misma que uso cuando interpreto. Los voy creando a base de ir creando atmósferas.

De un modo u otro, voy aplicando lo que he ido aprendiendo durante estos treinta años de interpretación.

M.G.- La primera novela la has llevado al cine, con Carmelo Gómez, además. ¿Cómo es ver tu historia escrita en formato audiovisual? 

E.M.- Cuando escribo no pongo caras, salvo con el personaje que interpreta Carmelo en La sombra de la tierra. Es verdad que, cuando creé a ese personaje, tenía a Carmelo en la mente. Pero en La educación me ha pasado igual. No pongo caras. Cuando los escribo, me imagino cómo se rascan, cómo se mueven, cómo se giran o cómo cogen algo. Y yo hago los mismos movimientos, práctico para ver cómo se extienden los dedos, o cómo hacen esto otro. Puedo tener una idea vaga en cuanto a las descripciones pero no tengo un rosto.

O sea, supongo porque de alguna manera como yo los interpreto, a la hora de escribir, os admiro a ver cómo se rascan, cómo se mueven, cómo se giran, cómo cogen algo, cómo se agachan y lo voy haciendo, ¿sabes? Muchas veces práctico para ver si es entonces extiendo los dedos, no sé qué, no sé cuál. Creo que no sé si será eso, pero no tengo ninguna cara.


[Para escuchar nuestra conversación, clic en el vídeo]

M.G.- La educación del monstruo tiene tres hilos temporales, muy conectados unos con otros. Vamos a ver a los mismos personajes en tres etapas distintas de su vida. A los lectores que se acerquen a este Premio Primavera, ¿qué le contarías sobre esta historia?

E.M.- La educación del monstruo es una novela negra, es un thriller. Es una investigación que va a llevar a cabo Matilde, uno de los personajes. En el año 2014, vamos a ver a Matilde en Madrid y en Valladolid. Ella tiene un niño de cinco años. El niño está jugando, tira la pelota fuera de casa y sale corriendo tras ella. Matilde se va a asustar mucho. Sale detrás del niño. Es un acto reflejo. De repente, conecta con su memoria, con algo que le ocurrió, pero que no acaba de entender muy bien. Es lo que los especialistas llaman un recuerdo involuntario. Se rompe la linealidad del tiempo y lo que pasó hace tiempo se vuelve presente. Riñe al niño, lo manipula con el miedo para que no vuelva a hacer lo que ha hecho. Mira al niño de un modo distinto. Ella se ve como si fuera un monstruo. Matilde no sabe lo que le ocurre, por qué ha reaccionado así, y trata de averiguar qué demonios le ha pasado. De ahí, la veremos en su infancia, en los años 76 y 77. La vamos a ver en el colegio donde estudiaba, un centro dirigido por una monja, la hermana Olvido. Por esos años, en Valladolid rondaba un violador que atacaba a las niñas. Toda la ciudad vive envuelta en ese clima de miedo. 

Por otro lado, también vamos a conocer a los personajes en el año 63. Águeda, la madre de Matilde, y su hermana Teresa, emigran a Alemania, a la ciudad de Düsseldorf.

Poco a poco, con cada hilo temporal, y mucho antes que Matilde, el lector irá uniendo las piezas. De alguna forma, he tejido un tapiz. De hecho, Matilde es vestuarista y se expresa usando términos relacionados con los tejidos, y las texturas.

M.G.- Es un estructura más compleja con la anterior. ¿Cómo te has desenvuelto a la hora de manejar tres tiempos?

E.M.- En un momento determinado pensé en hacerlo por etapas. Por un lado, la parte de Alemania, luego los años 70 y, al final, la de 2014. Pero así no me funcionó. Es lo que te decía, la historia es un tapiz y he ido tejiendo al mismo tiempo que se iba desarrollando la historia. Ha sido más difícil o más pesado hacerlo así porque, cualquier hilo que moviera en una época, modificaba absolutamente todo. Tenía que hacer como encajes de bolillos para un lado y para el otro. 

M.G.- La novela aborda muchos temas pero, de todos ellos, destaca o sobresale esa emigración de españoles a Alemania durante los años 60. Cuentas en la novela que esos españoles, que dejaron este país para buscar una vida mejor, cuando llegan allí se encuentran miseria igualmente, mucha soledad y mucha nostalgia. Se ve muy bien en el personaje de Teresa, de Águeda, o de su marido.

E.M.- Me encanta que me comentes esto. Supongo que a todos los escritores les pasará igual pero, en mi caso, a la hora de documentarme, sufro del síndrome del impostor. Yo no hago un proceso de documentación previo sino que me voy documentando a medida que voy escribiendo, que se me van ocurriendo cosas. En este sentido, cuando me documenté sobre la emigración a Alemania, me topé con algo que me pareció alucinante. Y es que no solo había emigración legal, sino también ilegal. Ellos se marchaban a un país en el que se habla un idioma que no conocen, con un clima durísimo. Y hay algo muy importante que les pasa a todos los emigrados. Tienen que poner buena cara ante sus familias, hacerlos creer que todo va muy bien y que van a ganar mucho dinero. Todos ellos sufren una decepción muy grande porque no se cumplen sus expectativas. Todo esto me pareció muy interesante, como hablar también de la emigración ilegal. Los que emigraban de manera ilegal tenían mucha más libertad para dejar un trabajo y buscar otro que aquellos otros que fueron de manera regular, a través del Instituto de la Emigración. 

M.G.- Pero, ¿en qué consistía esa emigración ilegal? ¿No llevaban permiso de trabajo o cómo era?

E.M.- Te daban un permiso de turista. Algunos entraban y salían, pues depende, algunos lo hacían por Holanda. El visado duraba sólo tres meses. A los tres meses tenían que salir y volvían a entrar con un nuevo visado. Claro, entraban sin un contrato firme pero, al mismo tiempo, eso le daba mucho margen para dejar un trabajo e irse a otro, si se cometían muchas injusticias en el trabajo o si no se les pagaba bien.

M.G.- Y tocas otros muchos temas de mucha importancia. Vamos a ver escenas muy machistas, abordas el tema de la religión a través de esa monja, que se llama Olvido, o el maltrato, la culpa, el pasado que siempre vuelve, ese pasado que tanto trabajo cuesta dejar atrás.

E.M.- Sí, por eso las dos frases de inicio de la novela, la de Virginia Woolf y la de Elias Canetti. Mira me he dado cuenta que hay dos temas que son muy importantes para mí y que, imagino, serán recurrentes. Uno es la memoria y el otro, el tiempo. 

La memoria la necesitamos para construir nuestra identidad. La construimos en base a lo que hemos vivido. Está siempre ahí, permanece, por mucho que le queramos dar vueltas. Sobre la memoria hay muchos estudios pero, realmente, todavía no se sabe tanto como se debería saber. Cuando Matilde tiene ese recuerdo involuntario, ¿cómo se construye un recuerdo? ¿Cuáles son los mecanismos? Creo que la memoria es un tema clave para el ser humano.

M.G.- Los españoles que emigraban de forma legal a Alemania, lo hacían a través del Instituto de Emigración. Luego, cuando ya estaban allí, acudían a esos centros culturales españoles, que eran como un reducto de España en el extranjero. En la novela vamos a verlos en esos centros, donde se sentían, un poco como en casa, y son escenas muy entrañables.

E.M.- Eran centros donde no solamente se reunían los españoles que vivían en el extranjero sino que también eran lugares que permitían al régimen franquista controlar lo que había allí. Incluso Cáritas ejercía también este tipo de labor. De alguna forma, el régimen vigilaba de qué forma calaban las ideas democráticas. El régimen quería seguir controlando, incluso a la gente que vivía fuera de España. En el caso de los personajes de la novela, vamos a ver a Matilde, a Olvido y a Águeda, las tres mujeres protagonistas, que son auténticas heroínas y que se posicionan en contra del sistema. Águeda llega a denunciar en Alemania los malos tratos que ella ve en su casa y se dirige al centro español para denunciarlo allí pero no, no servía. Ellos sabían lo que ocurría en todas las casas, y funcionaban como centros informativos.

M.G.- Águeda, Olvido y Matilde van a ser los tres pilares de la novela. Águeda me roba el corazón. Matilde me recuerda mucho a las madres de hoy, que sobreprotegen a sus cachorros. Y Olvido es esa religiosa que se cuestiona incluso la existencia de Dios. Me parecen tres personajes con una identidad muy rotunda.

E.M.- Sí. En el caso de Matilde, su monstruo es la sobreprotección.  

Algo muy importante en la novela, y de ahí el título, es la existencia de un monstruo real. Hablo de Javier. Como es una novela negra, no estoy haciendo ningún tipo de spoiler. Pero luego, lo que más me interesa es lo que me pasó escribiendo la novela. Quise colocar al lector en un sitio en el que él fuera capaz de reflexionar sobre cuál es el monstruo. ¿O cuáles son los monstruos que no quiero ver? ¿Cuáles son los que desconozco? ¿Cuáles son los que voy a dejar en herencia a mis hijos? Esa era la reflexión que a mí me interesaba.

Cada una de estas mujeres lucha contra el sistema de una manera determinada. Águeda y Olvido denuncian, pero Matilde, lo que hace, de alguna manera, es denunciarse a sí misma. Pone en tela de juicio todo lo que sabe hasta esa conversación final que mantiene con su tía Teresa.

Con respecto a Olvido, te diré que yo soy atea por convicción y por voluntad propia pero he estudiado en un colegio religioso.

M.G.- Has estado en un colegio de monjas.

E.M.- Sí, cuya directora era Olvido pero no la Olvido de la novela.

M.G.- Es que se nota un montón.

E.M.- Todo lo que tiene que ver con el mal me ha interesado siempre muchísimo. Olvido no se cuestiona si existe Dios o no, sino que lo que se cuestiona es si Dios es bueno. 

M.G.- Que exista maldad en Dios.

E.M.- Exactamente. ¿Dios es malo? Esa es la pregunta a la que Olvido intenta dar respuesta. Ese es su monstruo, cómo ella puede sentir, en un momento determinado, que las bases del catolicismo se pongan en tela de juicio. ¿Qué ocurre si insertamos, como variable de la ecuación, la maldad de Dios?

Y en el caso de Águeda, su monstruo es la culpa. Cuando ella se encuentra con un Javier que está despertando a la sexualidad, ella empezará a culparse.

M.G.- Pero Elvira, independientemente de nuestros monstruos internos, hay otros monstruos que surgen a raíz del entorno en el que se crían, o eso pensamos. Es el caso de Javier, un personaje que sufre mucho, pero ¿ese monstruo es víctima de su entorno o el monstruo existe por naturaleza?

E.M.- Esa es una de las cuestiones que el lector tiene que responder. El monstruo, ¿nace o se hace? En el caso de Javier, es un niño abandonado, un niño que ha sufrido maltrato por parte del padre y, por tanto, sus circunstancias pueden llegar a ser un detonante para la construcción de una psicología y una personalidad monstruosa. Pero, además, hay que sumarle otros ingredientes al puchero de Javier, como es ese despertar sexual, o cómo Águeda se va transformando para él en un icono virginal. Todos esos ingredientes son los que acaban configurando al monstruo. Pero monstruosa es también la actitud de Águeda hacia su hija, la educación que le da, la responsabilidad que le echa encima. Y monstruosa es también la superprotección que ejerce Matilde sobre su hijo. O monstruoso es el silencio de las familias de todas esas niñas violadas.

M.G.- Uno de los hilos argumentales transcurre en Valladolid, en tu Valladolid natal, en los años 70.  ¿Vamos a ver la Valladolid de tu infancia?

E.M.- Sí, absolutamente. En los años 70, había un famoso violador en Valladolid, el violador del ascensor, pero indagando en hemerotecas, leí que, en España, en un sólo día, atrapaban hasta a dos violadores. Hubo momentos en lo que había hasta cuatro. En esos años, Franco ya había muerto pero cuando vivía, eran delitos de los que ni se hablaba. Denunciar que eso ocurría en un régimen dictatorial era algo imposible. Los policías no tenían ni preparación psicológica para enfrentarse a eso. Por eso a Olvido le gusta la psicología y ella, junto al comisario Gutiérrez, se encargará de empezar o de intentar aclarar lo que ocurre.

Por entonces, había mucho miedo en Valladolid. Recuerdo que, para ir a jugar a casa de una amiga, te tenía que llevar un hermano mayor. No te dejaban estar sola en la calle, y todo ese miedo fue calando, poco a poco. 

M.G.- Elvira, y hablando de la documentación, he leído que has hecho uso de una novela gráfica, un género que me encanta, pero al que los lectores se acercan poco. Me ha resultado un dato llamativo.

E.M.- Las novelas gráficas me encantan. De regalo de Reyes siempre pido una novela gráfica. Carlos Sanz me habló de esa novela que me ha servido de inspiración, en la que se habla de una emigración ilegal. Me fue muy útil porque, a partir de ahí, empiezas a buscar información por otro lado.

M.G.- Sí, una cosa te lleva a otra. 

Elvira, tus novelas son siempre de mujeres fuertes y potentes. Y me voy a meter en un jardín porque, ya que escribes tanto sobre mujeres, quisiera preguntarte si, el concepto que tenemos hoy de feminismo está bien entendido o, por el contrario, estamos metiendo en el mismo saco cosas que nos perjudican.

E.M.- Creo que, en un momento de crisis, la mujer pierde cualquier avance que se haya conseguido. Si hay que recuperar ciertas posiciones, las posiciones que se van a vender son las de las mujeres. En ese sentido, vivimos en un momento terrible. Debemos ser conscientes que todas tenemos una responsabilidad de guarda y cuidado de unas con otras. Pero no estoy hablando de feminismo, sino de sentido común. Escribo de mujeres porque soy mujer. Creo en la igualdad de derechos porque soy mujer. Creo en mi libertad y en mi individualidad, porque soy mujer. En los momentos en los que estamos, hay que estar por encima de ciertas cosas, y no perdernos con cosas que sólo nos puede colocar al borde del precipicio.

M.G.- Sí. Bueno, actriz, escritora, madre. ¿Cómo se compagina todo?

E.M.- Duermo poco, lo digo siempre. 

M.G.- Poco, ¿cuánto es?

E.M.- Pues, normalmente unas seis horas. Soy muy inquieta y tengo mucha energía. Luego, es verdad que no tengo el talento de la gestión del tiempo, pero con los años he aprendido a tener la capacidad de priorizar. Tengo muy claro cuál es mi prioridad número uno, mi familia. Si tengo que dejar cualquier cosa por ellos, lo dejo. Tengo también muy claro que la interpretación, el cine o la dirección de la serie es un oficio, como la escritura. Y la vida es otra cosa. Cuando tengo la fecha de entrega muy cerca, me llevo el ordenador a todos lados, pero cuando me apetece estar tirada, también me tiro. 

M.G.- Pues Elvira, muchas gracias por atenderme. Un placer hablar contigo.

E.M.- Muchas gracias a ti.

Sinopsis: Una historia inquietante y profundamente humana que explora cómo el miedo y la memoria pueden marcar una vida para siempre.

Pensamos que el monstruo siempre es el otro: un desconocido que se lleva a una niña en un coche blanco, un hombre que ataca en una calle desierta... ¿Qué pasa cuando descubrimos al monstruo que todos llevamos dentro?

Matilde es la madre entregada y sobreprotectora de un niño de cinco años. Un recuerdo involuntario será el detonante que la lleve a buscar el motivo de esta sobreprotección, que entiende cada día más dañina para su hijo y para ella misma.

Esta es también la historia de la madre de Matilde, Águeda, una joven que en 1963 emigró a Alemania con su familia y convivió bajo el mismo techo con un hombre y su hijo adolescente, un muchacho silencioso que aprendió demasiado pronto el lenguaje de la humillación.

En esta búsqueda Matilde regresará a su infancia, al Valladolid de los años setenta, y a su colegio, dirigido por la hermana Olvido. La ciudad vive sobrecogida por una serie de secuestros y violaciones a niñas que siembran el pánico mientras un silencio ominoso se instala en las familias.

La educación del monstruo es una novela sobre cómo se fabrica la violencia, cómo el miedo se transmite de generación en generación y cómo todos participamos, a veces sin saberlo, en la construcción del depredador.

Porque el monstruo no aparece de la nada.

Se forma en los márgenes.

Se alimenta del silencio.

Y alguien, en algún momento, le enseñó a serlo.


martes, 23 de junio de 2026

CHERRY CHIC: ❝Debemos dejar de presionar a la mujer con el tema de la maternidad❞

Hace mucho tiempo que la novela romántica ya no se considera un género menor. Respaldada por un buen número de autoras que centraron sus anhelos literarios en el amor y en el desamor, la novela romántica ha ido asentándose y ganando terreno con el paso de las décadas. Todos somos capaces de recordar el nombre de aquellas pioneras que hablaban de jóvenes apuestos, de jovencitas tímidas, de amores prohibidos, o de corazones encendidos. Consideradas hoy como autoras clásicas, sus historias se siguen leyendo con avidez y han dado pie a generaciones y generaciones de mujeres (y de hombres) que han querido ahondar en uno de los temas más populares de la literatura. 

Lorena, conocida en el mundo literario como Cherry Chic, es una de esas autoras.  La joven malagueña inició andadura hace una década, publicando en plataforma digital y ganando, con cada nueva historia, más y más lectores. O más y más lectoras porque, como ella dice, sus novelas van eminentemente dirigidas a un público femenino. 

Giulia, el amor y un puñado de lavanda es su nueva novela, que nos conduce a Valdelila, donde coexistirán Giulia y León. La primera porque acude a una emergencia familiar. El segundo porque él y su familia llevan viviendo en este pueblo andaluz desde siempre. Enredados en un fake dating, y a pesar de ser la cara y la cruz de una misma moneda, Giulia y León descubrirán que no son tan distintos y entre ellos surgirá la magia. Pero Cherry Chic no solo nos cuenta una historia de amor sino que además aborda cuestiones importantes de nuestro tiempo. 

Cherry Chic estuvo la semana pasada en Sevilla y pude charlar con ella. Ahí va nuestra conversación. 

Marisa G.- Lorena, un placer tenerte en Sevilla y conocerte. Yo no sabía nada de ti, a pesar de que tienes muchísimas novelas publicadas, y es la primera vez que leo algo tuyo. Como no te conocía, para empezar, me gustaría que me contaras quién es Lorena o Cherry Chic y cómo empezaste a escribir.

Cherry C.- Pues empecé a escribir empecé cuando tenía ocho años, aproximadamente. Fue en una Olivetti. Mis padres me apuntaron a mecanografía. Siempre digo que fue de ese modo como me enamoré, primero, de las teclas y ya después, de la escritura. Al principio, lo hacía por entretenimiento, porque me gustaba y era un hobby, pero, con diez, once, o doce años, ya empecé a escribir mis propias historias. Me gustaba mucho pero ni soñaba con que algún día terminara siendo escritora. En 2016 autopubliqué por primera vez.

M.G.- Y desde entonces has publicado muchísimo. Casi todo, autopublicado, salvo las dos últimas novelas, creo.

C.C.- Sí, en total llevo más de veinte títulos. La verdad es que tuve mucha suerte. Empecé a autopublicar en Amazon en una época de oro. Por entonces, salimos muchas autoras nacionales de romance, que no había tantas. Lo que más había eran autoras internacionales. Creo que tuve un golpe de suerte, unido también a muchos golpes de trabajo, evidentemente. Y muchas noches sin dormir, también. 

M.G.- Sí, porque la suerte no lo es todo.

Y todas tus novelas son de género romántico. ¿Crees que este es un género cuya demanda se mantiene estable o cada vez está más solicitado por los lectores? 

C.C.- Pienso que está viviendo una época dorada. La novela juvenil romántica ha sufrido una especie de boom. Hay gente joven que lee muchísimo. Sobre todo, son chicas porque, al final, es un género que mayoritariamente va destinado a mujeres. Pienso que la novela romántica cada vez va a más y a mí me alegra muchísimo que sea así.

M.G.- Pero tus novelas tienen un componente más adulto, ¿no? Tocas temas que están más enfocados en gente de cierta edad.

C.C.- Sí, tengo otras novelas que son más juveniles, pero ésta, por ejemplo,  es una novela romántica adulta, con temas y reflexiones muy para la mujer del día a día. Es verdad que me lee gente muy joven y que pueden aprender algo con la lectura pero, mayoritariamente, el público de estas novelas son mujeres adultas. 

M.G.- La novela se llama Giulia, el amor y un puñado de lavanda. Se dice que esta es una novela sobre personajes que llevan demasiado tiempo huyendo de sí mismos y de otras cuestiones que vamos a ver en la historia. No siempre somos lo suficientemente valientes como para enfrentarnos a según qué cosas. Me gustaría que nos contaras un poco sobre esta historia y a qué se van a enfrentar estos personajes.

C.C.- Giulia es una joven de veinticinco años, de descendencia italiana y española, que vive en Los Ángeles. Ella va a recibir una llamada y se verá obligada a volver a Valdelila, un pueblo perdido en el sur de España, en Andalucía. Su prima Fiorella tiene una urgencia familiar y ha reunido a toda la familia. Giulia cree que será cosa de un par de días, que el problema se va a solucionar y regresará pronto a Los Ángeles. Ella está muy acostumbrada a huir hacia delante. Sin embargo, cuando llega, no tiene más remedio que quedarse varios meses en Valdelila, sin imaginar que eso va a cambiar totalmente su vida. 

Al mismo tiempo, tenemos a León. Es un hombre muy anclado a Valdelila. Vive con su familia, con su madre, con su padre y con su hermana. Está muy enfadado por las cosas que le han ocurrido en el pasado. Está siempre muy enfadado, en general. Tiene una personalidad muy fuerte, pero va a ser muy bonito verlos a los dos juntos.


[Clic vídeo para escuchar nuestra conversación]

M.G.- Has comentado antes que es un género más enfocado al público lector femenino. Pero conozco a autoras de novela romántica que dicen tener también lectores masculinos. En tu caso, ¿también es así?

C.C.- Sí, sí tengo algunos. Me da mucha alegría cuando me viene algún chico o el novio o el marido de algunas de mis lectoras y me dice que también se han leído la novela. Pero será como un 3% del público final. Mi público objetivo es mayoritariamente femenino. Creo que las mujeres nos enfocamos más en las emociones, reflexionamos más sobre el amor, sobre los sentimientos,.. Pienso que los hombres se centran más en el thriller y en la novela negra.

M.G.- Giulia y León son los personajes principales. Como has comentado, son dos personas muy distintas. En ellos se cumple esa máxima que dice que los polos opuestos se atraen, ¿verdad?

C.C.- Sí. Si no fuera porque la novela tiene ese componente del fake dating, ese cliché de fingir una relación, que tan de moda está ahora, creo que Giulia y León no se hubieran encontrado nunca. O no habrían estado juntos el tiempo suficiente como para darse cuenta de que, realmente, no son tan diferentes. A priori, puede parecer que sí porque ella es una persona extrovertida, inmadura, mimada,... Ella misma lo admite. Sin embargo, él es muy serio, muy gruñón, y muy introvertido. El tiempo que pasan juntos les ayudará a ver que no son tan distintos.

M.G.- Y ese choque de caracteres provoca también escenas cómicas y de humor.

C.C.- Efectivamente. Y eso unido a las voces infantiles que vamos a ver en la novela también genera muchos puntos de comedia. Me divirtió mucho escribir esta novela. Sobre todo, porque me gusta mucho manejarme entre la comedia y el drama, sin ser excesiva. Hay cierto drama, que puede arrancarte alguna lagrimita, pero nada desbordante. Es un drama que no convierte la historia en algo increíble. 

M.G.- ¿Y qué emociones van a atravesar la relación de amor entre Giulia y León?

C.C.- Evidentemente es una historia romántica, y eso será lo más importante de la trama, pero ellos van a descubrir muchas cosas de sí mismos. Giulia, por ejemplo, va a descubrir que lleva huyendo toda su vida. En cambio, él descubrirá que vive anclado a un lugar para no afrontar lo que no quiere ver. Cada uno de ellos hará un camino de auto-conocimiento muy interesante. 

M.G.- Hay más personajes. Me gustaría que resaltáramos a Fiorella y a su hijo Giuliano.

C.C.- Giuliano me ha robado completamente el corazón. Es un niño que sale ya en el capítulo uno. Es un personaje que permite ver al lector de qué manera puede afectarnos la infancia sin darnos cuenta. Cómo, por una mala gestión, una mente inocente puede verse abrumada y atosigada hasta el punto de sentirse completamente infeliz. Todo eso lo vamos a ver al principio de la novela. Y todo eso, como consecuencia de su madre. 

Giuliano irá evolucionando. Al principio, es como un mini-adulto pero se convertirá en lo que es, un niño de seis años. Ningún niño debería cargar con las responsabilidades y con las emociones de los adultos que le rodean.

M.G.- Su madre, Fiorella, está en medio de un conflicto, que me lleva a preguntarte por la maternidad y la crianza.

C.C.- Sí. Yo soy madre de dos niñas. Tenía muchas ganas de hablar de la maternidad en una de mis novelas. Mi maternidad es muy tradicional. Estamos mi marido, mis hijas y yo. Pero no dejo de ver que hay otras realidades, otros tipos de maternidad. Son cuestiones de las que no se habla mucho. ¿Cómo es la maternidad cuando no te la esperas? ¿O cómo es esa maternidad cuando no eres tú la que pare? ¿O esa otra, cuando el niño al que tienes que cuidar no es un bebé sino un niño de cinco o seis años? ¿O cómo es esa maternidad cuando no es deseada o cuando es incluso obligada?

M.G.- Son preguntas muy interesantes. Al final del libro, en Agradecimientos, hablas de esas amigas que son madres, o de las que quieren serlo o de las que por desgracia, no pueden. Leyendo esa parte del libro me acordé de una anécdota que me contó una vez una autora. Ella había escrito un libro sobre la maternidad y relataba que, a una amiga suya, no hacían más que preguntarle cuándo iba a ser madre. La machacaban mucho con eso y ella mantenía un silencio sepulcral. Y es que la pobre había sufrido no sé cuántos abortos y para ella era un tema muy delicado.

C.C.- Claro. Creo que hay dos cuestiones importantes. Por un lado, el tema de los abortos sigue siendo algo tabú. No se habla de esta cuestión con naturalidad. Yo misma he tenido dos abortos. Cuando lo hablaba con otras personas, descubrí que había mucha más gente que también habían sufrido abortos y no lo habían dicho. Por otro lado, debemos adquirir la costumbre de no preguntarle nunca a una mujer cuándo va a ser madre. No sólo cuando ya tiene hijos. Recuerdo que, cuando tuve a mi primera hija, ya había gente que me preguntaba cuándo iba a tener el segundo hijo. Nadie es consciente de la realidad de una persona,  cómo está en su casa, a nivel económico, a nivel social o emocional. Debemos dejar de presionar a la mujer con este tema. La maternidad es preciosa cuando es deseada. Pero cuando no llega, o cuando llega sin que se la desee, se convierte en un infierno.

M.G.- Pues sí.

Bueno, la novela no solo se centra en el aspecto romántico sino que aborda también los grandes males de nuestro tiempo, el hecho de que siempre llevemos prisas, que no vivamos el presente, que nos sintamos fuera de lugar... Son temas que tocas, de manera transversal en la novela.

C.C.- Sí. Con respecto a Giulia, no deja de ser una vuelta a sus raíces, a sus veranos de infancia. Ella se pasa la vida persiguiendo sus metas pero ni siquiera está segura de que siga creyendo en ellas. Ni se ha parado a pensar si es feliz o no. Creo que esto es una enfermedad que nos atañe a muchísima gente. Pueden pasar cinco, diez o quince años, tratando de conseguir un objetivo sin pararnos a pensar si realmente nos merece la pena, si es lo que queremos. A veces se trata simplemente de irse a un pueblo y vivir tranquila porque todo lo que tenías, en realidad, te sobra y vives enferma de ansiedad. Creo que ahí hay una reflexión muy profunda.

M.G.- Has mencionado las raíces, nuestras raíces, poner de nuevo los pies en el lugar del que vinimos, el lugar en el que vivieron nuestros abuelos, nuestro padres,... A veces, esas raíces es la mejor medicina para los males que padecemos en el siglo XXI. 

C.C.- Es que no nos paramos a mirar de dónde venimos, sino que sólo prestamos atención a todo lo que estamos logrando. Eso es un error. 

Soy de pueblo y sé que hay mucha gente de ciudad que sufre lo mismo que Giulia. Ella ha visitado el pueblo de sus abuelos muchas veces, mientras vivieron. Pasaba allí los veranos, pero, en el momento en el que los abuelos fallecen, el vínculo con el pueblo se pierde. La casa del pueblo se muere, desaparece. Ya no hay sitio al que volver, ya no quedan raíces que tocar. Empiezas a olvidarlo todo y todo resulta muy triste.

M.G.- Valdelila es el pueblo en el que transcurre esta historia. Es un pueblo del sur de España, de Andalucía. Pero, los personajes tienen nombre de origen italiano. Hay un motivo para ello sobre el que tú ya has comentado algo. 

C.C.- Sí. Giulia tenía abuelos españoles e italianos. Ella tiene referentes de un país y otro pero León no, León y su familia es de Valdelila. Es un pueblo muy típico del sur. Tiene olivos, caballos, hay un río que lo atraviesa. Y los vecinos, pues se meten en la vida de todo el mundo porque creen que tienen derecho a eso. Creo que los lectores andaluces se van a sentir muy identificados. Y los lectores de otras comunidades van a aprender un poquito de nuestra cultura, de nuestra forma de convivir.

M.G.- Pero la elección de que el pueblo fuera andaluz, ¿es algo intencionado? ¿Querías que la novela transcurriera en un pueblo andaluz?

C.C.- Sí, no es mi primera novela que sitúo en Andalucía, aunque sea de forma ficticia. No será tampoco la última. Estoy muy orgullosa de donde vengo. La novela romántica se centra muchas veces en ciudades como Madrid o Barcelona. Son ciudades muy bonitas pero no nos olvidemos de lo increíble que es Andalucía. Se presta mucho a la novela romántica y me parece espectacular.

M.G.- Sé que es un pueblo ficticio pero no sé si te has inspirado en un pueblo concreto o es la suma de varios... 

C.C.- Vengo del valle del Guadalhorce y te diría que, cualquier pueblo del interior de Sevilla, o de Córdoba, serviría para inspirar una novela romántica. Al final, somos pueblos hermanos y compartimos muchas cosas. Con esta novela, todos los andaluces se van a sentir identificados.

M.G.- La edición es una preciosidad, con esos cantos decorados.

C.C.- Es maravillosa. Además, con esos tonos en lila que la hacen tan atractiva. Cuando la vi por primera vez, fue como asomarme a Valdelila y a Casa Lavanda de golpe. Fue como amor a primera vista.

M.G.- Lorena, no te he preguntado de dónde viene el seudónimo de Cherry Chic. Esto te lo habrán preguntado muchas veces y puedo entender que alguien quiera escribir bajo seudónimo, por aquello de separar la vida personal de la profesional pero, ¿por qué Cherry Chic?

C.C.- Sí, quería mantener el anonimato pero la elección del seudónimo es bastante absurda. Cuando empecé a autopublicar en Amazon, me ayudó una amiga que sabía cómo iba la plataforma. Estábamos haciendo la ficha de autora y me escribió porque necesitaba poner el nombre o el seudónimo. En ese momento, yo estaba comiendo cerezas y le dije que pusiera cherry, que sonaba bien. Y ella eligió el chic como apellido. Sonaba bien y así se quedó. Por entonces, no tenía ni idea de que, diez años después, iba a estar haciendo promoción con Planeta y contando esta historia (ríe).

M.G.- Bueno, es una manera de serle fiel a tus orígenes, ¿no?

C.C.- Sí. Y de tener los pies en la tierra. Cuando vuelvo a mi pueblo, soy Lorena y no Cherry Chic.

M.G.- Es bonito. Bueno, cuéntame, ¿a qué autores de novela romántica empezaste a leer?

C.C.- Soy muy fanática de Susan Elizabeth Phillips. Creo que es la responsable de que yo quisiera empezar a escribir novelas románticas, con esas tramas en las que las familias tienen tanto peso. Y también me gusta mucho Nora Roberts. Sus novelas son un gran clásico. Recuerdo que me volvía loca con sus series familiares porque me costaba mucho conseguir todos los volúmenes. Y luego, pues también soy muy fan de Lisa Kleypas.

M.G.- ¿Y de la novela romántica más contemporánea? 

C.C.- Pues recomendaría a Alice Kellen, por ejemplo. Es una compañera que adoro y escribe maravillosamente bien. En España, hay muchas autoras, cada una con su estilo. Está Myriam M. Lejardi  Violeta Reed, Joana Marcus o Elisabet Benavent. Todas tienen su sello muy marcado. Todas nos diferenciamos y eso es muy bonito.

M.G.- Has estado en la feria de Madrid hace poquito.

C.C.- Sí. Ha sido increíble porque, además, nunca había estado con un lanzamiento tan cercano a la feria. Sacamos el libro un miércoles y ese fin de semana estuve en la feria. La gente se acercó a hablar conmigo. No hablábamos del libro porque acababa de salir y no lo habían leído todavía. Venían a comprármelo a mí. Pero sí me comentaban las expectativas que tenían, lo bonita que era la edición,... Había gente que vino a comprarlo para regalarlo. Fue todo muy bonito.

M.G.- Muy bien, Lorena, pues no tengo más preguntas que hacerte. Me ha encantado verte, conocerte y leerte.

C.C.- Igualmente. Gracias.


Sinopsis: Tres corazones rotos, una mentira y un verano que lo cambia todo.

Giulia entra en Valdelila como quien entra en un ayuntamiento para hacer una gestión, y no en el pueblo de los veranos de su infancia, al que no ha vuelto desde hace diez años. Por eso se siente sobrepasada al descubrir una casa aún marcada por la lavanda de sus abuelos, a una familia que se sostiene como puede y a un niño que pone su mundo patas arriba.

León lleva años aferrado a una rutina autoimpuesta. Se ha ganado a pulso la fama de gruñón oficial del pueblo, y le parece perfecto. Solo quiere la vida que ha construido a base de silencios y que su madre deje de atosigarlo para que se enamore, como si ella fuera un hada madrina y el amor, algo que se pudiera elegir. Por eso ni él mismo se entiende cuando termina fingiendo una relación con la chica que conduce como el diablo y que ha conseguido que todo Valdelila la recuerde por sus fechorías de adolescente.

Entre rutinas caóticas, roces cargados de tensión y una atracción que ambos intentan ignorar en vano, Giulia y León descubrirán que las mejores historias empiezan cuando las barreras caen.

Una novela romántica y profundamente emocional sobre segundas oportunidades, relaciones que sanan y el riesgo —necesario— de volver a sentirse en casa.

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