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martes, 5 de marzo de 2024

MACARENA ZAMBRANA: ❝Esta novela te enseña que hay algo más y que cambiar es una elección❞

La semana pasada tuve la oportunidad de conocer y hablar con Macarena Zambrana. Nacida en 1983 y natural de Sevilla, Zambrana ejerce en el mundo del Derecho, pero se considera una apasionada de la lectura y de la escritura. Fruto de dicha pasión, y de un duro revés de la vida, nace la que es su primera novela, titulada Operación Lena (Algaida Editores). 

Si le echas un vistazo a la cubierta del libro descubrirás un símbolo que a todos nos suena. La esvástica que figura en el título nos hace entender a qué tipo de novela nos enfrentamos. Operación Lena es una ficción histórica de dos mujeres cuyo nexo de unión es el hallazgo del abrigo que arropó a la mujer que cambió el rumbo de la Segunda Guerra Mundial.

¿Pero qué se sabe de esa operación? Parece que muy poco. De hecho, yo misma pensé que pertenecía a la ficción de la novela y no es así. Realmente, la Operación Lena se llevó a cabo durante la Segunda Guerra Mundial. Pero sobre esa cuestión ya os hablaré cuando publique la pertinente reseña. De momento, os dejo con la entrevista.

Marisa G.- Macarena, un placer hablar contigo esta tarde. Operación Lena es tu primera novela. Quizá me estoy metiendo en un terreno que no debo, pero se dice en tu biografía que tu incursión en las letras se debe a una terapia narrativa. Creo que ahí hay un tema delicado... 

M.Z.- Si quieres, te cuento. Mira, hace ocho años, falleció mi segunda hija. Entonces inicié una terapia narrativa que me funcionó más que ninguna otra. La psicóloga se dio cuenta de que con esa terapia yo liberaba emociones a través de las letras. A partir de ahí empecé a escribir. Tenía cuadernos repartidos por toda mi casa pero no escribía con esta complejidad. Escribía emociones, cómo me sentía. No era un diario tampoco ni algo que yo hiciese de forma continua, sino cuando me nacía o me apetecía. Empecé a sentir que las letras eran para mí como una vía de escape, me parecía que los problemas eran menores si los plasmaba en un papel. O las cosas bonitas que me pasaban, si las plasmaba en un papel, las volvía a vivir al leerlas tiempo después. Así que sí, mi incursión en las letras se inicia a través de una terapia narrativa, aunque yo siempre quise escribir. Desde pequeñita me inventaba historias con la gente que me rodeaba cuando estaba en una sala de espera, o cuando coincidía en el tren con otras personas. 

M.G.- A veces, de un golpe duro sale algo positivo.

M.Z.- Sí, sale algo.

M.G.- ¿Y por qué escribes una novela centrándote en el Holocausto, los campos de concentración, como fondo? ¿Por qué elegir esta temática y no otra cosa diferente?

M.Z.- Yo sé que esto te va a sonar muy extraño, Marisa, pero me quedé mucho más tranquila cuando escuché a Paloma Sánchez Garnica decir lo que te voy a contar ahora. Ella dice que los personajes llegan sin que tú los llames. No los inventas. Yo no los inventé. Decidí sentarme delante de un folio en blanco y empezar a escribir. Escribí esta novela tal y como la puede leer el lector hoy. No había mapa, no había planteamiento. Empecé a escribir, iba escribiendo capítulos y era como ver la serie Friends. Yo nunca sabía que iba a ocurrir en el capítulo siguiente. Eso me lo iban marcando los personajes al día siguiente, con el ritmo de la música de piano que me ponía. Escribía con la música de Norman Duke. Con esa misma playlist, empecé y terminé Operación Lena y era con lo que se movían las emociones que me llevaban a escuchar a los personajes. Ellos simplemente se sentaron allí. Así que yo no elegí esa temática. Fue la temática la que me eligió a mí. Hasta tal punto de que el nombre de Lena llega a mí antes que la propia operación. Lena es un diminutivo de Magdalena. Llevaba escribiendo sesenta o setenta folios, cuando me da por poner Lena en Google. Le doy a intro y aparece delante de mí la Operación Lena. Ahí es cuando nace esa necesidad de contar una historia que los historiadores todavía no les han dado respuesta. Se la he dado yo. Y lo he hecho a través del nombre de esa mujer que llega a mí para contarme una operación muy controvertida, de la que se sabe poco, pero de la que yo he dado muchos datos reales. 

Es cierto que esta novela es ficción histórica pero está basada en la realidad. He respetado la historia haciendo ficción. La he hecho creíble sin ser real.

M.G.- Soy de esos lectores a los que nos gusta leer sobre la Segunda Guerra Mundial, la persecución de los judíos, los guetos,... Cuando alguien me dice que se escribe mucho sobre la guerra civil, o sobre la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, digo lo mismo, que siempre se puede aprender algo. Este es el caso de Operación Lena, un suceso del que no tenía ni idea.

M.Z.- Cuando a mí me sale la Operación Lena, lo primero que hago es llamar a mi amigo Juan Eslava Galán, un gran historiador de la Segunda Guerra Mundial. Le pregunto si tiene datos, porque me quiero documentar, pero no había artículos en Internet. No encontraba información. Creo que encontré uno o dos artículos.

M.G.- Yo he buscado y no he encontrado nada.

M.Z.- Efectivamente. Y él me dice que no tiene ni idea de esa operación. Llamó a un par de amigos licenciados en Historia y les preguntó lo mismo. No sabían nada. Entonces, me di cuenta de que tenía la oportunidad de presentarles a esos lectores que son como yo, inquietos, la ocasión de investigar y darles a conocer una parte de la historia cuyas puertas se están abriendo ahora mismo. 

Aunque ha habido mucha información sobre el nazismo y el Holocausto, ahora estamos conociendo muchos datos de los que hasta ahora no se hablaban. Por ejemplo, de la trata de blancas de los nazis. Esto está de actualidad ahora mismo y, sin embargo, nunca se había hablado de la prostitución en los campos de concentración. Hoy, gracias a la novela El barracón de las mujeres nos estamos haciendo eco de todas esas mujeres que sufrieron de manera tan tremenda. Porque, al sufrimiento del Holocausto, hay que añadir también el sufrimiento que conlleva estar sometida a la prostitución. Es que tenían relaciones más de treinta veces al día. Y en Auschwitz estaban bastante mejor.

M.G.- Sí, era peor en Ravensbrück.

M.Z.- Sí. Te digo que todavía, tantos años después, estamos conociendo datos de una parte de la historia que seguía estando desconocida. Y habrá operaciones que no habrán visto todavía la luz pero la verán. La Operación Lena ha sido una de ellas. 

[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]

M.G.- Pues estamos hablando de esta operación y de la mujer que da nombre a la misma pero, para los que no hayan leído todavía la novela, hay que decirles que cuenta con dos hilos argumentales. Uno ocurre en el presente y otro en el pasado. Cuéntale un poco al lector qué va a encontrar en esta novela.

M.Z.- Va a encontrar una ventana de esperanza a una persona que esté atravesando un proceso de duelo. Cuando alguien está atravesando un proceso de duelo, quiere saber cuándo termina y cómo va a terminar. Entonces, al leer Operación Lena, las personas se van a dar cuenta de que todo proceso doloroso termina y que de ti depende cambiar la situación que hay a tu alrededor, porque si tú cambias, cambia todo. Ese es el mensaje que yo lanzo a través de Ángela que representa o puede representar a cualquiera de nosotros o cualquiera de las personas que tienen un diagnóstico de depresión, que ya van por más de tres millones, y a cualquiera de esas personas que se han planteado en algún momento acabar con su vida, que cada año se suman más personas, más suicidios en este país. Es decir, tenemos graves problemas de salud mental. No sabemos enfrentarnos a los problemas que nos rodean con las emociones que sentimos porque no tenemos herramientas. Entonces, esta novela es una ventana de esperanza. Son las dos caras de una misma moneda. Son las dos formas de enfrentarte a una realidad. Ángela o Lena. Y dentro de nosotros viven las dos. Tú decides cómo enfrentarte a la situación que te toca vivir. Afortunadamente, no nos ha tocado vivir esa parte de la historia que le tocó vivir a Lena, pero sí vivimos en una época en la que hemos normalizado los trastornos de ansiedad. Hemos normalizado quedarnos en la zona de confort y vivir en depresión. Hemos normalizado ser infelices. Y nos aferramos a eso de una forma que nos impide tomar decisiones. Esta novela te enseña que hay algo más y que cambiar es una elección.

M.G.- Pues esa Ángela que mencionas es la protagonista del presente de la novela. Es una mujer que, de un día para otro, decide marcharse a Londres como un ejercicio terapéutico. Es verdad que estás hablando de una mujer que no sabe enfrentarse ni tomar decisiones porque este personaje arrastra mucho lastre. Es una mujer que ha vivido bajo el amparo y la sombra de su madre, y ahora que su madre ha fallecido, no sabe cómo moverse en el mundo.

M.Z.- Sí. Es una persona que tiene dependencia emocional y además es victimista. Es alguien que se hace víctima de su propia tragedia y culpa al mundo de todo lo que la rodea. No se ha percatado todavía, pero lo hará a lo largo de la novela, de que ella es la única causante de que su vida no haya cambiado. Ella siempre dice que no le pasa nada más allá de ir a comprar tomates a la tienda de la esquina. Es que tú no permites que te pase nada. Es que tú no te permites vivir. Es que no te permites sentir.

Hay una historia detrás de Ángela, de su niñez, que no vamos a desvelar pero sí podemos decir que su madre no le inculca la necesidad de sufrir. En la vida también hay que sufrir para ser feliz, para vivir, para aprender. Tienes que sufrir pero su madre no se lo permite, sino que la protege. Y Ángela lo que hace es aferrarse a ese nido, donde su madre la tiene metida sin disfrutar, sin vivir, sin tener experiencias, sin conocer el amor, y sin tener amigos. Y cuando su madre desaparece, Ángela se encuentra sola ante la incertidumbre absoluta. Ya no tiene guía. Para ella, la vida es como si un ciego caminara sin un perro guía. Así se siente en el momento en el que pone los pies en Londres. En el momento en el que ella empieza a tomar decisiones, a dejarse fluir, a permitir que gente se acerque a ella, a abrirse, es cuando empieza a ver la luz entrar en su vida. Por eso cambia todo.

M.G.- Es bonito verla en esa transformación. El lector la verá pasar desde la oscuridad a lo más luminoso.

M.Z.- Es muy bonito. Además, iremos viendo por capítulos, cómo la progresión del personaje es ascendente. Hay una serie de personajes que irán llegando a su vida, y que le van a aportar mucho de positivo. 

Hubo un lector cero que me dijo que no se creía que a Ángela, de pronto, todo empezara a irle bien. Y yo le pregunté: «¿Tú crees que le va todo bien, de pronto? ¿No crees que simplemente ella ha cambiado su visión de la vida? ¿Que ha cambiado esa visión pesimista de la vida que tenía?». Ella lo veía todo en negativo. No hablaba con nadie, todo el mundo era un enemigo, y no se permitía conocer a nadie porque quizá le hiciese sufrir. Ángela no se permitía tener una amiga, por si le era desleal. Entonces, lo que hace es abrirse al mundo. No es que le vaya todo bien, es que está empezando a tener experiencias positivas. Y negativas, pero también positivas.

M.G.- Y en ese abrirse al mundo, juega un papel muy importante las personas que se va a encontrar en Londres. Hay un personaje que me encanta. Irune y ella me parecen la noche y el día. Se complementan muy bien. 

M.Z.- Mira, todos los personajes de la novela llegaron a mi vida menos Irune. A ella la traje yo, y te explico. Tengo unas amigas maravillosas pero dos ellas fueron las que siguieron conmigo este camino de la novela. Ellas, Laura y Aurora, fueron leyendo la novela por capítulos junto a mí. Son completamente diferentes pero forman un binomio perfecto. Las dos crean a Irune. Por una parte, está esa Irune que aconseja a Ángela y que le inyecta ese germen del cambio. Porque Ángela comienza a cambiar gracias a Irune, gracias a todos esos consejos que le da. Y esa Irune es mi amiga Aurora. La que es serena, la que es tranquila, la que siempre te escucha sin juzgar.

Y luego está la otra. A Laura da igual lo que tú le cuentes, la tragedia que sea, da lo mismo, porque siempre te va a hacer algún comentario que te hace reír. Ella va a ir siempre con una camiseta de Campofrío llena de manchas y le va a dar igual todo. Ella te va a demostrar que la vida son pequeñas cosas. Laura y Aurora son dos personas que me hacen sentir tremendamente afortunada. Sentí la necesidad de regalárselas a Ángela, así que hice el binomio y salió Irune.

M.G.- Pues en el pasado de la novela veremos a Lena Wiesel, pero también veremos a Jonás Gölik. Ambos son judíos y ambos acabarán en Auschwitz. Y los dos, obviamente, lo van a pasar mal. Pero, en el caso de Jonás, también vivirá situaciones con un alto mando nazi que lo van a sorprender. 

M.Z.- Claro, cuando Jonás llega al campo, se encuentra con un alto mando alemán. No es uno cualquiera sino uno que formaba parte del gabinete de Hitler. Lo que le ocurre a Jonás con ese personaje él no lo entiende. Hay una historia que no vamos a desvelar. Sólo diré que habrá un nexo de unión entre Jonás y el Brigadeführer. Este último personaje me gusta mucho porque él representa la posibilidad de cambio que tenemos todos, en cualquier momento de nuestra vida. Es un hombre al que le han inculcado unos principios desde la cuna, que lo han adoctrinado, con un padre militar, que siente además que le está fallando al nazismo, a su padre, a todo el mundo. Sin embargo, él decide cambiar, seguir esa posibilidad que todos tenemos. 

M.G.- Entre los temas que tratas en la novela, aparte del espíritu de supervivencia que vamos a ver en Lena y Jonás durante el Holocausto, o el renacimiento de sus cenizas en Ángela, hay otro tema que atraviesa la novela y que afecta a varios personajes. Me refiero al duelo que va a afectar a Ángela, a Chai, a Jonás, a Irune,... Todos están atravesados por el duelo.

M.Z.- El gran mensaje de esta novela es que todas las guerras terminan alguna vez. Las internas, también. Ese mensaje se lo lanza Jonás a Lena en el gueto, cuando todavía no han sido deportados al campo de Auschwitz. Él le dice a ella que todas las guerras terminan alguna vez y, mientras tanto, que se aferre a sus sueños. Ese es el mensaje con el que quiero que el lector de esta novela se quede. Pero lo que hay que entender es que hay que atravesar ese duelo, que hay que pasarlo. No puedes darle la espalda a emociones como la tristeza o el dolor. Tienes que interiorizarlas, tienes que abrazarlas, tienes que aprender de ellas. Es muy difícil porque es el momento en el que te tienes que ver las caras contigo mismo y sentir tus carencias, pero también es el mejor momento para aprender. Si eres capaz de sacar provecho de esas situaciones, vas a ser capaz de mejorar. De hecho, todos los personajes de la novela que atraviesan su propio duelo mejoran. pero mejoran porque cambian de forma, a través del dolor. Cambiar duele.

Cuando escribía el personaje del Brigadeführer, pensaba lo mucho que ha debido de sufrir este hombre. Cuánto sufre una persona que se da cuenta que su vida ha cambiado, que se ha desenamorado de su pareja después de cuarenta años de relación y que ya no lo quiere. Cuánto se sufre para llegar a entender que has cambiado y que tienes que dar un paso más para poder ser feliz. Es que eso duele, duele mucho. Y todos esos personajes que consiguen avanzar en la novela y tienen esa evolución, lo hacen porque han atravesado ese duelo a través del cambio.

M.G.- Macarena, te estoy escuchando y, para ser tu primera novela, parece que la escritura de esta novela te ha resultado fácil. No sé si en algún momento has tenido bloqueos o dificultades.

M.Z.- En esta novela, no. En la que estoy escribiendo ahora, sí. Pero Operación Lena fluyó sola. Fue un proceso de creación súper bonito y rápido, porque Operación Lena se escribió en diez meses. Sólo escribía de noche, como hora y media, y los fines de semana. Así durante diez meses. Y luego un año más para las correcciones. No tuve ningún bloqueo porque no siento que yo haya hecho algo. Lo único que he hecho ha sido transcribir algo que me han contado.

M.G.- Como si tú fueras el vehículo.

M.Z.- Efectivamente, es que es así. De hecho, ni siquiera me documenté en exceso. Yo me iba documentando de determinados datos que creía que tenía que darle al lector, pero no quería documentarme en exceso porque me daba mucho miedo que eso estuviese limitando mi capacidad creativa y dejase así de escuchar a los personajes. En el momento en el que supe que en Auschwitz había un prostíbulo, simplemente me limité a escuchar a Lena. No quería saber cómo era el prostíbulo real. ¿Hubo un prostíbulo en Auschwitz y es como yo lo he trasladado a la novela? Probablemente, no. He trasladado lo que ella me ha contado. 

Mi amigo Juan [se refiere a Eslava Galán] me dijo una frase que a mí me encanta. Él dice que una novela de ficción deber ser creíble sin ser real, y para eso no te puedes documentar en exceso porque entonces deja de ser ficción y se convierte en un ensayo. Estamos hablando de historia, de ficción histórica. Si tú te documentas en exceso, ¿dónde está la creación? ¿Dónde está la ficción? Si yo hubiese sabido más datos, probablemente habría limitado a los personajes. He preferido no saber más y escucharlos a ellos.

M.G.- Pues qué curioso. Siempre había escuchado que era al revés, que los autores tienden a documentarse muchísimo.

M.Z.- Pero entonces no hay creatividad. Si te documentas mucho, ya lo sabes todo. Permite hablar al personaje, deja que hable tu creatividad, deja que hable lo que está dentro de ti. Ya sé que puedo saber si miro en Google pero estamos haciendo ficción histórica y estamos escuchando a unos personajes que son ficción. Permíteles darle vida, y solamente les vas a permitir tener vida si los escuchas a ellos sin limitarlos.

M.G.- Bien, hablemos de los escenarios. Ángela se va a Londres y reside en Camden Town. Estoy disfrutando mucho de esa parte, de esos paseos de Ángela por el barrio. Conozco Londres y, si nada lo impide, regreso en unos meses. No sé si has tenido que usar mucho Google Maps para ubicarte, si conoces la ciudad,... Cuéntame. 

M.Z.- Estuve en Londres. Fue mi refugio hace casi ocho años. El verano en el que falleció mi hija,  también iba a nacer mi primer sobrino. Presa del pánico, yo no sabía cómo enfrentarme con tanto dolor al nacimiento de mi sobrino. Así que me fui a Londres. Huí. Tengo muy pocos recuerdos de aquellos días, pero sí recuerdo perfectamente los dos días que pasé en Camden. Y fui muy feliz. Así que he querido regalarle a Ángela ese lugar, ese espacio, donde yo conseguí evadirme del dolor.

Afortunadamente, la vida me permitió estar en el nacimiento de mi sobrino porque no nació hasta que yo llegué. Como te digo, Londres fue para mí un refugio que es donde yo la ubico a ella. Yo no me quedé en Camden Town pero lo visité mucho. Lo visité tanto que me lo aprendí de memoria y fotografié aquellos lugares en mi memoria. Tal y como Ángela los ve, así los vi yo. Yo misma me crucé con las personas con las que Ángela se cruza.

M.G.- Con los que van haciendo malabares por las calles, con la gente que lleva rastas,...

M.Z.- Sí. Yo he escuchado a ese guitarrista que ella escucha. Sus sonidos eran los míos. Se los he regalado. 

M.G.- Es muy bonita verla en el hotel Little Family. Sé que no existe ese hotel pero debería existir. Es un sitio precioso.

M.Z.- Sí, pero tú no te preocupes porque, cuando vaya a Londres, lo buscaré, porque yo soy así. Buscaré el Little Family. Ahí es donde Ángela aprende la primera lección, que la vida algunas veces no es como tú quieres que sea, pero eso no significa que vaya a ser mala. Y Mery, la dueña del hotel, le cuenta esa historia tan bonita, que ella tenía otros planes para esa casa, otros planes para su vida, como crear una familia y no ha podido hacerlo. Pero la vida sí le permitió crear otra familia que mantiene siempre su casa llena. Mery le regala unos momentos muy bonitos a Ángela. Es un personaje fugaz pero le ofrece calor humano. 

M.G.- Y hablando de la estructura de la novela, me has comentado que la escribes tal y como te va saliendo. Cada capítulo empieza con un pequeño párrafo en primera persona, una reflexión. A veces no sabemos quién habla. Otras, lo podemos intuir.  ¿Por qué intercalar esos pequeños párrafos en primera persona y después retomar la tercera?

M.Z.- Mira, cuando yo me puse a escribir, yo no tenía ningún tipo de técnica narrativa. No sé escribir. Lo único que sé es poner el alma en todo lo que hago. Y con la novela, hice lo mismo. Tanto puse el alma que, cuando me senté delante del folio en blanco, lo primero que me salió fue el pensamiento que tuve cuando sobrevolé París, a la semana de morir mi hija. Y ese pensamiento es lo primero que el lector se encuentra al abrir Operación Lena. A partir de ahí, sentí la necesidad de obligarme a sacar un pensamiento de mi interior, algo que fuese más parte de mí que del personaje. Me pareció una idea bonita. Algo que surgió y no fue premeditado. Me pareció necesario que el lector tuviera la oportunidad de meterse dentro del personaje. Esos párrafos que aparecen en primera persona son el alma de los personajes, de los que luego tratará el capítulo. Lena te está cogiendo de la mano, te está llevando a un barracón, y te está diciendo lo que está sintiendo en ese momento. No te está diciendo que lo veas. Está haciendo que lo sientas tú. 

M.G.- En cualquier caso, en el mismo capítulo vas cambiando de una voz a otra. Hay mucho baile de escena. Pasas de un personaje a otro. ¿No te resultó dificultoso ir cambiando constantemente, ir saltando de un personaje a otro?

M.Z.- No. Yo lo veía así. Es más, soy abogada y tremendamente recalcitrante. En las demandas, los abogados tendemos a ponerlo todo y cuando te digo todo es todo. Créeme si te digo que hay muchas cosas que quité del borrador de Operación Lena. Eslava Galán me dijo que no hacía falta que describiera con tanta minuciosidad -caminó dos pasos, se dio la vuelta, giró un poco el poco,...-. Pero es que para mí era muy fácil transcribir algo que yo veía con tanta claridad. No me costó. Simplemente era una espectadora. Yo estaba allí. Estaba viendo cómo se estaba comportando el Brigadeführer y cómo se estaba comportando Jonás. Por ejemplo, cuando al padre de Jonás le pasa lo que le pasa en el gueto, yo lo estaba viendo. Estaba viendo a Jonás en la ventana mirando a su padre. Y estaba viendo también al Brigadeführer en el coche. ¿Cómo le voy a quitar al lector la oportunidad de vivir eso desde todas las perspectivas?

M.G.- Yo la estoy disfrutando mucho, Macarena. Me has dicho hace un momento que estás con tu segunda novela y que no está fluyendo tan rápido como esta. No sé si nos puedes contar algo.

M.Z.- Es una novela negra. Escribo desde las emociones y ahora me encuentro en un momento de mi vida en el que siento que puedo bajar a las profundidades de la oscuridad. Es una novela sobre una organización de quince hombres, que están empeñados en demostrar que el mal está en el ADN de las mujeres. Hablamos de Biblia, hablamos de brujas, hablamos de silenciar a las mujeres también en el mal, porque las mujeres han sido silenciadas incluso en el mal. Los grandes asesinos son hombres. Y habla de eso.

M.G.- Pues ahí lo dejamos. De momento, nos quedamos con Operación Lena. Te agradezco mucho esta conversación y que tengas mucha suerte con esta y con la que venga.

M.Z.-  Gracias, muchas gracias.

Sinopsis: Sola y completamente rota tras la muerte de su madre, Ángela aterriza en Londres dispuesta a buscar ese punto de inflexión que cambie su visión pesimista de la vida. Blitz es el punto de partida de una historia que comienza con una chica derrotada. Un abrigo vintage y una nota remontará a Ángela a la Segunda Guerra Mundial, para conocer a una mujer fascinante... La mujer que dio nombre a una operación que cambió el rumbo de la historia.



viernes, 7 de julio de 2023

MAMÁ de Edmundo Díaz Conde


Editorial: Algaida
Fecha publicación: marzo, 2022
Precio: 20,95 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 368
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-9189-82-07

Autor

Edmundo Díaz Conde nació en Orense en 1966. Se licenció en Derecho, carrera que, por convicción, no ha llegado a ejercer jamás. Ha trabajado como asesor editorial y colaborado, entre otras publicaciones, con El Correo de Andalucía y la revista cultural Mercurio. Residió en Orense, Santiago de Compostela, Madrid y, actualmente, en Sevilla.

 Su primera novela, Jonás el estilita, mereció el III Premio Ciudad de Badajoz. Su siguiente obra, La ciudad invisible (finalista del XXXIII Premio Ateneo de Sevilla). A éstas le siguieron: El club de los amantes, El veneno de Napoleón (finalista del Premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio 2008), El príncipe de los piratas (2013), El hombre que amó a Eve Paradise (XLVII Premio de Novela Ateneo de Sevilla en 2015) y La locura de la señora Bale en 2020.

Sinopsis

UNA HISTORIA TAN CONMOVEDORA COMO REAL.

UNAS CARTAS SECRETAS QUE CAMBIARON SUS VIDAS 

Cuando Edmundo Díaz Conde, personaje y narrador de esta novela, es un adolescente, descubre las cartas de amor que oculta su madre, una modista de Alta Costura de Orense, firmadas por un escritor consagrado. Treinta años después de abandonarla y dejar de hablarse con ella, Edmundo busca al famoso novelista que propició la infidelidad de su madre, y tal vez su éxito en la Alta Costura, para acabar averiguando una verdad aún más dramática de lo que nunca imaginó. Vuelve el autor, quizá, más versátil de su generación para contarnos una historia sobre los sueños y las ilusiones, sobre el perdón y la redención. Una intriga inolvidable, rigurosamente documentada a través de las cartas reales, que sacudirá la fibra sensible del lector y lo mantendrá en suspenso hasta el final.

[Información tomada directamente del ejemplar]


«Nunca, hasta entonces, había pensado en escribir sobre mi madre.

Y nunca, jamás, deseó mi madre que airease nada suyo en mis libros.

Escribir sobre ella, apasionada y pudorosa como fue, con un profundo sentido del drama escénico, me parecía una traición.

Me la imaginaba llevándose la mano al pecho, abatida por mi ingratitud, mientras me preguntaba, entre suspiro: "¿Cómo pudiste, Caifás?". Para mi madre, Caifás era lo peor. Estaba al nivel de Judas. Y, en resumidas cuentas, a mí se me caería el alma a los pies.

Y, claro, el hecho de que su amante hubiera sido un  novelista, reconocido y respetado, añadía más leña al fuego: así pensé durante años.

Hasta que, después de lo ocurrido en los últimos meses, me decidí.

Lo contaría todo, todo, cuidándome de no mencionar el nombre del novelista».

[pág. 13]

 

La cita anterior corresponde a la primera página de la nueva novela de Edmundo Díaz Conde.  Mamá ha sido una novela esperada, al menos, para mí. Y leída, como se leen las novelas de las que sabes con antelación que no vas a salir indemne. Independientemente de nuestro bagaje personal, de las relaciones materno-filiales que hayamos forjado cada uno, Mamá te tocará irremediablemente el corazón, porque todos hemos sido hijos. Porque todos hemos tenido una madre.

Este es el inicio de una reseña en la que espero poder transmitir las emociones que me han zarandeado durante la lectura. Pero para ser el principio, voy a empezar por el final. Y es que, en el desenlace me derrumbé. Os diré que soy de lágrima fácil, vaya eso por delante. Pero, incluso así, es difícil mantener la compostura en las páginas finales. Es muy complicado y doloroso ver a una madre en cierto trance. Es demoledor echar la vista atrás cuando entiendes que apenas queda tiempo hacia delante, y comprobar lo ingrato, lo infame, que hemos podido ser. 

Si desmembramos un poco la sinopsis de esta novela podríamos colocar en una lista una serie de palabras que seguro alertan la curiosidad del lector: adolescente, azar, cartas de amor, oculta, madre, escritor consagrado. ¿Qué lector puede resistirse a este combo de palabras? En resumidas cuentas, ese es el hecho que narra Mamá, el hallazgo por parte de un adolescente de las cartas de amor que durante un tiempo su madre recibió por parte de un novelista consagrado. Ese es el punto de partida, el hecho que desbarata por completo la imagen que el hijo tiene de la madre, el suceso que hace añicos la relación materno-filial. Y, a partir de ahí, el aluvión de acontecimientos que fueron marcando y alejando a un hijo de su madre.

Cuando conocemos al protagonista y al narrador de esta historia que, por cierto, también se llama Edmundo, es escritor y reside en Sevilla, nos encontramos a un hombre adulto, sin apenas ingresos, pero con la ilusión de convertirse en un gran escritor, casado con Ada y padre de dos gemelos de 4 años, Leo y Sira. En ese punto de su vida está cuando recibe el mensaje que ningún hijo quisiera leer. Fiona, una mujer rumana encargada de cuidar a la madre de Edmundo, escribe al protagonista para comunicar que la mujer está gravemente enferma. Estamos en noviembre del año 2020. Y Edmundo acude a Orense, donde reside su progenitora.

Han pasado treinta años desde que Edmundo dejó su ciudad natal. Treinta años desde que no ha vuelto a pisar la casa familiar, que recordaba más grande. Treinta años desde que no ve ni habla con su madre. Ni siquiera en fotografía, porque él se encargó de romper a pedazos aquellas en las que la mujer posaba. ¿El motivo? El hallazgo de aquellas cartas.


«Deseé irme con todas mis fuerzas, largarme de donde había volado treinta años antes.

Y, a pesar de ello, ardía en deseos de releer las cartas del viejo cofre, las cartas que habían labrado nuestra perdición y nos habían hecho infelices». [pág. 26]


El regreso en tren a Orense, el retorno a la ciudad, y el reencuentro con su madre dará paso el grueso de la historia. Será entonces cuando, volviendo atrás en el tiempo, conozcamos al Edmundo niño, adolescente y adulto, así como a su familia. La madre, Mary, era modista de alta costura. 


«Le gustaban los cuentos de hadas y los sueños, la música clásica, las cosas bonitas, ensayar con el coro los sábados por la tarde, tocar su viejo armonio con olor a barniz... Y, no obstante, mi madre no hacía más que coser todo el rato». [pág. 31]

 

En cuanto al padre, Pegerto, que así se llamaba, aunque Mary se empeñó en llamarlo siempre Ramón, «era rácano, un marido fiel y un perfecto cabeza de familia, por abstención». Guardia civil de profesión, Pegerto era un hombre «estilizado y pulcro como un pincel, tenía la frente de una amplitud engañosa, la cabeza alargada y algo de un Paul Newman rústico».

De momentos vividos en familia, el narrador nos dará toda clase de detalles. La narración está colmada de anécdotas, algunas divertidas, como aquella que protagoniza su padre cuando reciben visitas en casa. Y también formarán parte importante del relato las clientas de Mary, o las jóvenes que aprendieron a coser con ella, todo un mundo de mujeres y telas en el que Edmundo se sentía cómodo.


«Aún me parece estar viendo la mesa de roble ovoidal llena de tijeras, patrones, jaboncillos grises y azules, dedales, bobinas, agujas, alfileres, por todos lados hilos y más hilos de color blanco profundo de los pespuntes. La máquina de coser Singer, de hierro negro, en un rincón». [pág. 49]


Poco a poco irá desgranando su vida. Lo que su madre esperaba de él, sus inicios en la escritura, la relación entre sus padres, los sueños de la madre, los años universitarios, el primer amor de juventud, los sacrificios, el avance de la moda gallega,... Y siempre de fondo, aquellas cartas, el hallazgo de aquellas letras de amor que cambiaron para siempre la visión que el narrador tendrá de su madre y de su padre, aquellos papeles que lo quebraron todo. La palabra «infidelidad» se instala en su cerebro y Edmundo empieza a elucubrar. Como si un sortilegio le hubiera arrebatado la venda de los ojos, el narrador comienza a construir un mapa familiar en su cabeza. ¿Por qué mi madre hace esto? ¿Por qué dice aquello? ¿Por qué viste de este modo? ¿Acaso se la ve más feliz? En ese engranaje a medida todo encaja para Edmundo. Bueno, eso parece. Las heridas abiertas necesitan respuesta y a eso va el narrador, en busca de réplica. Lo hará en dos ocasiones. Pero lo que hable con el famoso novelista queda al resguardo de las páginas del libro, dando pie a un desenlace en el que entra en juego una carta distinta y que, ni por asomo, me podía imaginar. Un final en el que, ya nos lo advirtió Edmundo, hay detalles que, ahora sí, encajan, pero encajan a la perfección.

Qué me ha gustado de esta novela

No se puede negar que esta novela, de corte intimista y personal, no está exenta de intriga. Se aúnan en estas páginas lo mejor de la literatura de introspección, con esa pizca de suspense que hace que el lector también haga sus propias cábalas. Somos así los humanos, curiosos por naturaleza, aunque ese interés, en ocasiones, es malsano. Alrededor de la identidad del conocido escritor, Edmundo irá dando pistas, sin desvelar jamás su nombre: nacido en Galicia; reside en Barcelona; firma con un seudónimo; moreno y espigado;... Inevitablemente, porque sí, porque somos de carne y huesos, comenzarás a rebuscar en tu cabeza el nombre que se esconde tras esas cartas. Pero pronto entiendes que qué más da, que lo que realmente importa es esa decepción que el hijo siente. El dolor.

Hay varios aspectos que me gustaron de la novela. Mamá me parece un ejercicio valiente de honestidad. Más allá del porcentaje de realidad que rezume la historia (de lo que hablaré más abajo) hay que reconocer que el narrador opta por quedarse a pecho descubierto. Cuenta lo que vio, lo que pensó, lo que descubrió y admite sus errores (si los hubo). A largo de la narración no es extraño que aflore el sentimiento de culpabilidad que vendrá acompañado por el arrepentimiento.  Y es que Mamá viene a poner todo en su sitio y supone para Edmundo una manera de pedir perdón, de expiar sus pecados, y también, posiblemente, de encontrar algo de paz.

No es nada complicado sentir empatía por el narrador. No importa si tú nunca has encontrado cartas de amor dirigidas a tu madre, si nunca has pensado en la posibilidad de una infidelidad por su parte. Todo hijo, en su recorrido vital, ha tenido sus más y sus menos con la persona que nos dio la vida. ¿Cuántas veces te has peleado con tu madre? ¿Cuántas veces has pensado que tu madre se equivocaba, cuando el que te equivocabas eras tú? Debo admitir que en algún momento me he enfadado con Edmundo. ¿Por qué permaneciste callado después de saber? ¿Por qué optaste por seguir en la lejanía, aunque pendiente de ella? Me entraron ganas de zarandearlo para que espabilara, para que recolocara todo en su lugar antes de que fuera demasiado tarde. Pero también he sentido mucha tristeza por él. No es fácil ser madre y no siempre es fácil ser hijo. Y el tiempo pasa inexorablemente y no siempre somos conscientes de que, si hoy no hablas, lo mismo mañana será demasiado tarde. 

Y quizá esta historia no sea 100% real pero si no lo es, se le parecerá mucho. Ayuda a aportar credibilidad la incorporación del escaneo parcial de las cartas y el conjunto de fotografías que intercala el autor, y que muestran esa cinta que Mary cosía a sus creaciones, dejando huella del paso de la prenda por sus manos, o los albaranes en los que tomaba detalle de los encargos. Hay también recortes de prensa en la que vemos a un jovencísimo Edmundo, ganador de algún premio de poesía. Un pieza periodística de letra menuda, difícil de leer pero que yo me he empeñado en descifrar con la ayuda de una lupa,  en la que me he encontrado las declaraciones de alguien que parecía mayor de los 14 años con los que contaba.

Y ese final que me trasladó a otro final en mi propia vida. Por eso dije al principio que me hundí. No será la primera vez que me pasa. No será tampoco la última.  

Edmundo, ¿realidad o ficción?

Que el Edmundo de la novela comparta tantas cosas con el Edmundo escritor da que pensar. Él aclara en la presentación de la obra (que puedes leer aquí), que aquellas cartas existieron y que también habló con el novelista que las envió, pero no todo es real. De todos modos, la línea entre la biografía y la novela me parece muy difusa y, aunque ahora acostumbramos a usar el término auto-ficción, se me antoja que aquí hay más «auto-» que «ficción». Sea como fuere, he tenido en todo momento la sensación de que la persona que ha escrito estas palabras sigue siendo aquel niño que soñaba con ser escritor, que amaba a su madre por encima de todas las cosas, a pesar de que sus sentimientos han bailado tanto con el paso de los años.  Si lo que pretendía el narrador o el autor era pedir perdón, creo que lo ha conseguido. Aunque yo siempre he creído que una madre perdona antes incluso de que sintamos el deseo de pedirles perdón.

Estructura y estilo

Dividida en tres bloques, más un prólogo, Mamá está narrado sin seguir una línea recta. Salvo alguna excepción, cada capítulo es como una pieza independiente de un puzle, descripciones de lo que él define en las páginas iniciales como viñetas. La narración avanza a base de recuerdos, que asaltan al autor aquí y allá. 

Con un léxico coloquial, empleando términos como «los tíos», «la pasta» o el verbo flipar, pero no exenta de una prosa elegante y poética, el narrador ocasionalmente se dirigirá al lector, con la intención de involucrarlo.


No sé qué más contaros. Mamá es un libro que me ha hecho pensar en lo que verdaderamente tenemos. Estamos solos, y lo único que importa realmente es la familia. Sí, ya sé que hay familias y familias, pero vosotros me entendéis. Esta novela ha ratificado ese pensamiento que he ido forjando con los años, a base de sinsabores y lágrimas, la idea de que hay que decir lo que sientes antes del final, cuando todavía estás a tiempo; que, en la vida, te harán daño, pero si te has equivocado debes rectificar; que hay cosas que han podido doler mucho pero que, a la postre, no merecen la pena. Insisto en que esta lectura conmueve. Reitero que a mí me ha llenado de tristeza en algún momento, pero no por eso hay que alejarse de ella. Más bien al contrario. Ver los errores del prójimo puede ayudarnos a corregir los nuestros. ¿Y si hay otros hijos lectores que también se hayan alejado de sus padres? ¿Y si esta lectura te hace ver que quizá estés equivocado? Lo dice Edmundo de este modo tan bello:


«Deploraba la mayor parte de mi vida.

Haber despilfarrado el amor de los míos, la fe de quienes habían depositado en mí, ya no digo su esperanza, digo su ternura, y esperaban una cierta clase de gratitud por mi parte. No veía más que equivocaciones en mis actos, huidas, mentiras, errores y más errores que desafiaban la edad de la inocencia y la edad de las experiencias». [pág. 303]


Entonces, bien habrá valido la pena su lectura.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


martes, 30 de mayo de 2023

Presentación MAMÁ de Edmundo Díaz Conde

El pasado 20 de abril tuvo lugar la presentación de una novela muy esperada. Edmundo Díaz Conde (Ourense,1966) daba a conocer su última publicación, a la que ha titulado Mamá (Algaida Editores). Conozco a Edmundo hace una década cuando, sentados en una desaparecida cafetería cultural, conversamos una tarde sobre El príncipe de los piratas, publicada en 2013. Desde entonces hemos coincidido poco pero cuando lo hemos hecho siempre ha fluido entre nosotros una conexión que trasciende la literatura. En nuestras charlas, a veces se coló en algún momento la palabra madre o padre. En alguna circunstancia hemos aludido a lo que ha supuesto para nosotros la pérdida de nuestros progenitores. Por eso, cuando supe del título de esta última novela se me hizo un nudo en la garganta. Me figuraba que Mamá sería esa última conversación con su madre, o como él mismo dijo en la presentación, una solicitud de perdón.

La sinopsis de Mamá nos habla de un adolescente que, por puro azar, encuentra unas viejas cartas en el fondo de un baúl. Son cartas de amor, cartas dirigidas a la madre del narrador, redactadas por un escritor consagrado. Aquel hallazgo fue un golpe inesperado para el joven. Algo pasa entre madre e hijo, algo que aleja a uno de la otra. Y el runrún de esas cartas sigue acompañando al narrador. Quien nos cuenta esta historia, que también se hace llamar Edmundo, decide un día pedir cuentas a aquel hombre que se atrevió a escribir a su madre. 

La presentación de Mamá estuvo conducida por el periodista y también novelista Andrés González-Barba. Tras los pertinentes agradecimientos a los presentes y la librería que acogía el acto, González-Barba resumió brevemente los tres tipos de escritores que, a su juicio, y tras una larga trayectoria como periodista cultural en el periódico Abc,  existen en el panorama literario. Habló de aquellos que son excéntricos, pocos accesibles a la hora de entrevistarlos; de los modestos y buenas personas, entre los que incluyó a Eduardo Mendoza o Antonio Muñoz Molina; y, por último, de aquellos otros que se han convertido en amigos, como es el caso de Edmundo Díaz Conde, quien «además es muy buen escritor»

Comentó el periodista que la lectura de Mamá le provocó sensaciones contradictorias. «Me suponía un reto enfrentarme a una novela muy distinta a lo que había hecho Edmundo previamente». Añadió que estamos ante una novela muy personal en la que se narra la propia historia de la madre del autor, pues Mamá es un relato basado en hechos reales. 

Partiendo del hallazgo de unas cartas, «que tienen un trasfondo muy interesante», hay que señalar que Mamá encaja en lo que hoy llamamos auto-ficción aunque, según el autor, el ochenta por ciento de lo que se cuenta en estas páginas es real. El hecho de que el autor y el narrador compartan nombre y también ciertos aspectos personales, obliga al lector a preguntarse qué es real y qué no lo es, en una suerte de juego de espejos en los que el lector verá reflejado tanto al escritor como al narrador.

Aseguró González-Barba que esta novela tiene un importante sabor gallego. Edmundo Díaz Conde presenta la ciudad de Ourense y permite al lector hacer un «recorrido magistral por las distintas calles y las tiendas, como esa librería en la que él solía comprar los libros de pequeño». 

Sobre el estilo literario, apuntó que en Mamá es tan importante la historia como la forma en la que la misma está contada. «Edmundo nos habla de forma íntima como si fuéramos un pequeño auditorio». Para el periodista, la forma que el autor tiene de atrapar al autor es seña de identidad. Destacó el importante ejercicio de introspección que Díaz Conde ha tenido que hacer, rescatando episodios que podía tener olvidados, en un proceso que, sin duda, en algún momento ha tenido que resultar doloroso.

Acabó su intervención recomendando la lectura de Mamá, aconsejando que se hiciera de manera sosegada para disfrutar de cada frase y de cada emoción.

A continuación cedió la palabra al autor que, con música de fondo y sin poder mirar a los ojos de su auditorio, recalcó que el ochenta por cierto de lo que se narra en Mamá es real. «Y el otro veinte por ciento restante pudo haber pasado así». También aseguró que esta novela es auto-ficción, que parte de la realidad, pero ésta queda modificada a través de los recursos narrativos. «Es lo que necesitaba para que esta novela alcanzara su plenitud», afirmó. 

Para contar el origen de esta novela, el por qué de su escritura, Edmundo Díaz Conde se lanzó a la lectura de diversos pasajes. Y es lo que vas a encontrar en el siguiente vídeo.


[Si quieres escuchar al autor y conocer más detalles de la novela, dale al play]


Habló de su madre, del hallazgo de esas cartas que tanto le marcaron, del escritor que las escribió. Ocho de esas cartas están escaneadas e intercaladas entre los capítulos del libro. Habló de la infidelidad de una madre, de la deslealtad a un padre, y del dolor de un hijo. Confesó haberse quedado vacío tras escribir esta novela, sin saber si esa sensación es positiva o no. Y que esta novela, en definitiva, y sintiéndose un mal hijo, no es más que una solicitud de perdón, «aunque no sirva para nada porque ella ya está muerta».

Sinopsis: UNA HISTORIA TAN CONMOVEDORA COMO REAL UNAS CARTAS SECRETAS QUE CAMBIARON SUS VIDAS.

Cuando Edmundo Díaz Conde, personaje y narrador de esta novela, es un adolescente, descubre las cartas de amor que oculta su madre, una modista de Alta Costura de Orense, firmadas por un escritor consagrado. Treinta años después de abandonarla y dejar de hablarse con ella, Edmundo busca al famoso novelista que propició la infidelidad de su madre, y tal vez su éxito en la Alta Costura, para acabar averiguando una verdad aún más dramática de lo que nunca imaginó. Vuelve el autor, quizá, más versátil de su generación para contarnos una historia sobre los sueños y las ilusiones, sobre el perdón y la redención. Una intriga inolvidable, rigurosamente documentada a través de las cartas reales, que sacudirá la fibra sensible del lector y lo mantendrá en suspenso hasta el final.


viernes, 2 de diciembre de 2022

MITOLOGÍA DE HARRY POTTER de Nerea Riesco

Editorial: Algaida
Fecha publicación: noviembre, 2022
Precio: 21,90 €
Género: divulgación
Nº Páginas: 304
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-9189-776-7
[Disponible en ePub;
puedes empezar a leer aquí]

Autora

Nerea Riesco es doctora en Comunicación y licenciada en Periodismo. En 2002 publicó Ladrona de almas. Ganó el Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla con El país de las mariposas (2004). Ars Magica (2007) fue finalista del Premio Espartaco. Le siguieron en 2010 El elefante de marfil y el poemario Desnuda y en lo oscuro, Tempus (2014), Las puertas del paraíso (2015), Los lunes en el Ritz y Todo lo que sé sobre los dragones (2018). En 2019 publicó su manual de escritura Coaching para escribir un bestseller. Y en 2022 la novela La ciudad bajo la luna. Los derechos de sus obras están vendidos en doce países. 

Para más información: www.nereariesco.com

Sinopsis

La saga de Harry Potter está plagada de referencias universales que J.K. Rowling ha destilado de la historia, los mitos y las leyendas, así como de obras de autores clásicos de la literatura, para inspirarse y dar riqueza a su obra. Seres fabulosos como dragones, elfos, duendes, brujas, centauros, unicornios, Merlín o Circe. Leyendas como la de la piedra filosofal, el cancerbero o el ave Fénix. Sin olvidar objetos mágicos: varitas, escobas voladoras, bolas de cristal, cartas del tarot...De esta manera, la autora de la saga ha bebido de mundos reales e imaginarios, abarcando en su recorrido desde el antiguo Egipto, Grecia o Roma, pasando por la China o Japón, llegando hasta el templo de Salomón. Aprovechando que durante este año se celebra el 25º aniversario de la publicación del primer volumen de la saga, Mitología de Harry Potter analiza todos estos ingredientes universales que le aportan magia y credibilidad a una de las obras más exitosas de los últimos tiempos.

[Información tomada directamente del ejemplar]

Qué me gusta un libro que se aleja de la novela. Será porque tengo ese género tan trillado, que a mi interés cada vez le agrada más desviarse hacia otros derroteros, buscando otras historias que sacien mi curiosidad. Y mira que nunca me he dejado atrapar por el universo Potter -no he leído ni uno solo de los libros, ni tampoco recuerdo haber visto alguna de sus películas en su totalidad-, pero, como a lo largo de los años he regalado más de un volumen de la saga de J.K. Rowling, y encima en el título del libro que os hablo hoy, figura la palabra «mitología», no he podido evitar meter la nariz entre las páginas de lo último que ha publicado Nerea Riesco, Mitología de Harry Potter, editado por Algaida Editores.

Digo que no he leído nunca los libros protagonizados por ese mago de gafitas redondas pero sí he visto cómo mi sobrina crecía leyendo desde la primera entrega hasta la última. Aquella niña tiene hoy treinta años y, aunque ya hace mucho que no la veo con un libro de Rowling en las manos, sé que Potter es un referente y una huella indeleble en su infancia y adolescencia. Seguramente a tus hijos, o incluso a ti, les pase lo mismo, que el universo de Hogwarts los arrastró. Si es así, me apuesto lo que sea a que, en alguna escapada a Londres, os habéis acercado hasta King Cross Station para localizar el andén 9 y 3/4. ¿A que tienes una foto junto a ese carro de maletas que medio engulle el muro? ¿A que, en ese lugar, has soñado con traspasar la pared para pasear por ese mundo que nos espera detrás, lleno de magia blanca pero también de magia negra? Soñar es gratis y además maravilloso.

¿Pero cómo es ese mundo que Rowling imaginó y convirtió en un universo maravilloso para millones de lectores? ¿Alguna vez te has parado a pensar de dónde sacó la autora todas sus ideas para escribir estos libros? Pues hoy tienes la respuesta. Nerea Riesco se ha sumergido de lleno no solo en Hogwarts y sus peculiaridades, sino también en otros muchos libros para explicarnos en qué se basó Rowling para crear esa otra realidad en la que todo era posible. Y antes de meterse en harina, nos cuenta en unas páginas introductorias que la autora echó mano de la mitología de diversas culturas, -Egipto, Grecia, Roma, India o China - y también de autores clásicos, y a partir de ahí, creó buena parte de esos seres extraordinarios que nos dio a conocer con sus libros.


«Todas estas criaturas han habitado desde tiempos inmemoriales los bosques, lagos y mares de nuestra imaginación». [pág. 11]

 

Por eso no nos son tan ajenos, como tampoco lo es el latín que usan a la hora de pronunciar hechizos o conjuros. Porque Rowling, con estudios en filología clásica y francesa, empleaba el latín para dar mucha sonoridad a los hechizos, con independencia de que fueran gramaticalmente correctos. Lo que le importaba era el efecto que producía al pronunciarlos.

Mitología de Harry Potter se compone de un total de cuatro capítulos (Animales fantásticos, Seres Extraordinarios, Objetos mágicos, Adivinación), y cada uno de ellos está dividido en subcapítulos. Por ejemplo, en el capítulo primero, Riesco nos habla del Ave fénix, de los centauros, de los unicornios, de los dragones o de los grifos. En relación a estos últimos, se nos explica el origen de estos animales, su carácter o su naturaleza. ¿Sabías que el nombre de Gryffindor, una de las escuelas de Hogwarts, significa «grifo de oro»?

En el capítulo segundo, la autora se centra en los espíritus, los gigantes, los trolls y, lo que más me atrae, los magos y brujas famosos.  El tema espíritus es conocido para todos aquellos que nos guste lo paranormal, las novelas y las películas de miedo. Estoy convencida de que serías capaz de nombrarme a unos cuantos. Sin embargo, ¿cómo son los espíritus en Hogwarts? Nos cuenta Nerea Riesco que entre los fantasmas más comunes y Peeves, el poltergeist de Hogwarts, hay ciertas diferencias. Si los primeros son translucidos, Peeves «dispone de una construcción sólida», de tal modo que ni nos puede atravesar ni nosotros podemos atravesarlo a él. No obstante, también es un ente que siente debilidad por los niños, al igual que sus congéneres.

Y aunque no hayas visto mucho sobre el mundo Potter, seguro que te suena el nombre de Rubeus Hagrid. ¿No recuerdas a un tipo grandote con largas barbas? Fue el primer amigo de Harry. La autora nos explica qué relación mantiene Harry con Hagrid, cuál es el origen de los gigantes, de dónde proceden, cómo son sus cuerpos, o cuáles son los gigantes más conocidos de la mitología y de la historia. 

Pero centrándonos en el subcapítulo magos y brujas, ¿cómo no dedicar una sección a Merlín o a Morgana? Nos cuenta Nerea que Merlín poseía el don de la profecía, «aunque en realidad se limitaba a describir lo que iba a suceder en el futuro porque ya había estado allí, puesto que vivía hacia atrás». Nos hablará también de Circe, de Paracelso o de Ptolomeno. Y de otros que jamás había oído como Cliodna, que pertenece a la mitología irlandesa. Según la leyenda, tenía tres pájaros mágicos, «capaces de curar a los enfermos con su canto». También habrá un espacio dedicado a Nicolás Flamel, del que Harry tiene conocimiento a través de un cromo.

Pasamos ahora al capítulo tres, tan apasionante como los otros dos. En esta sección veremos bolas de cristal, varitas mágicas y escobas volando, pero también podremos leer sobre la famosa piedra filosofal o los viajes en el tiempo. ¿Cómo no relacionar a Harry Potter con varitas y escobas? Es imposible. ¿Con qué objeto te quedarías tú? La elección es difícil. A priori, y como dice Nerea Riesco en ese capítulo, es muy seductor disponer de una escoba voladora que no gaste en combustible y la puedas «aparcar» en cualquier sitio. Pero, oye, que también molaría tener una varita mágica y transformar lo feo en bonito. En estas páginas, la autora nos cuenta que la bola de cristal, usada para adivinar el futuro, no aparece hasta la Edad Media. Sin embargo, los orígenes de la cristalomancia se remontan mucho más atrás en el tiempo. 


«Una de las bolas de cristal más famosas de la historia es la que perteneció al matemático, experto en navegación ocultista y astrólogo británico John Dee, al que siempre he imaginado como una especie de Dumbledore del siglo XVI». [pág. 182]


Y en cuestiones de escobas voladoras, no todas son iguales. En Hogwarts, la hay de varios tipos: Nimbus 2000, Cometa 260, Barredora, o Saeta de Fuego.  «Las escobas de Hogwarts son la versión de las motos de alta cilindrada en el mundo muggle». Sea como fuere, son un elemento esencial en la escuela de J.K.Rowling, sobre todo si quieres formar parte de tu equipo de quidditch.

Lo de las varitas mágicas también viene de lejos. Alucinante la relación que existe entre el material de las varitas y tu fecha de nacimiento porque a todos no nos vale la misma varita. Por eso, Ron tiene problemas con la suya, porque en realidad, no le pertenece sino que la heredó de su hermano Charlie. Según la imagen que te pongo a continuación, ¿de qué material tendría que ser tu varita? La mía, de Serbal, nombre que no he escuchado en mi vida.




Y así llegamos al último capítulo, donde Nerea nos habla sobre las artes adivinatorias. La astrología, la cartomancia o la quiromancia serán algunos de los temas que colmarán las páginas de esta sección.


«Los estudios de adivinación del mundo mágico de Potter no son producto de la fecunda imaginación de su creadora. Buena parte de ellos son más que reales en nuestro mundo no mágico». [pág. 227]


Así que, en este capítulo, nos daremos un baño de realidad y nos sumergiremos en los tiempos pasados para descubrir el origen de las constelaciones, el significado de los números, el valor de las cartas del Tarot, o algo muy curioso como es la Ornitomancia, es decir el arte de adivinar el futuro, basándose en la observación del vuelo y el canto de los pájaros


En definitiva, esto es, grosso modo, lo que puedes encontrar en Mitología de Harry Potter, un libro del que se desprende la gran labor de documentación que ha tenido que hacer su autora. El volumen está repleto de ilustraciones, fotografías, imágenes, grabados o dibujos que hace muchísimo más ameno esta lectura. Lectura que, por otra parte, te recomiendo que hagas a pequeños sorbos. 



Dice Nerea Riesco que «Este libro es para los admiradores de J.K. Rowling que deseen adentrarse un poquito más en el origen de su historia más célebre». ¿Eres uno de sus admiradores? ¿Conoces a alguien que creció con los libros de esta saga? ¿Alguien que soñara con convertirse en Harry, en Hermione o en Ron? Si no es así, da igual, porque, más allá de todas las referencias a Harry Potter, la información que contiene este volumen es tan interesante que su lectura, nada académica, sino cercana y amena,  te atrapará.


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



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